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BEISBOL 007

¿A QUIEN LE IMPORTA ESE JUEGO HOY EN DIA?

Por Andrés Pascual

       El Juego de las Estrellas le importa poco a los jugadores establecidos de hoy, como Dereck Jeter, que no va a estar ahí con sus más de 3,000 hits; o como a Josh Beckett, que el Bostón informó que “está en duda su participación”.
       Alex Rodríguez tiene un desgarramiento en el menisco…en los últimos 20 años, o la Liga Nacional o la Americana, han iniciado sin el pitcher elegido como # 1 alguna vez, ahora mismo, recuerdo a Gregg Madduxx…
       A la hora de hablar de récordes o de actuaciones dignas de tenerse en cuenta como difíciles de romper o de igualar, casi siempre viene al caso la racha de juegos seguidos bateando de hit de Joe Dimaggio o el último promedio de .400 de Ted Williams (ambos en 1941) que, en realidad, son más monumentales e imponentes a medida que pasa el tiempo.
       El Juego de las Estrellas, esa fiesta que algunos llaman Clásico de Verano, tiene más de 75 años de vida: el 1ero. se efectuó en Comiskey Park, Liga Americana, en 1933 y se convirtió en leyenda más que por ser el primero, porque el pitcher de los Gigantes, Carl Hubbell, Rey del Tirabuzón, ponchó consecutivamente a Lou Gerigh, a Babe Ruth, a Jimmie Foxx, a Al Simmons y a Joe Cronin, todos, como el propio lanzador, inquilinos de Cooperstown.
       Antes era un verdadero honor ser elegido y, yo no sé por qué, estaban allí “a la hora señalada”, sin excusas ni pretextos.
       En 1945 se canceló por problemas con el transporte y, en 1961, en Fenway Park, se concluyó empatado por la lluvia en 9 entradas; pero en el 2002, por orden del Comisionado, el encuentro se convirtió en algo sin sentido de la competencia cuando, al vaciarse los bullpens de ambos clubes, se decretó blackout en el onceno.
        Para estimularlo, impusieron desde el 2003 la ventaja como sede de apertura de la Serie Mundial a la liga que gane el juego de estrellas; antes era alternativa.
       Desde 1985  se celebra la competencia de jonrones el día previo al partido.
       Nadie puede dudar que hoy se gastan el dinero en festejos fastuosos; que esos dos ó tres días son parte de la memoria permanente de quien los viva y disfrute…Es la verdadera aplicación del concepto de Bill Veek de que “cada fanático un rey, cada juego un carnaval”.
       Los jugadores bisoños de hoy, de primer año, se fascinan; o aquellos que saben que fue un milagro de la Providencia que estuvieran en racha en junio y se les seleccionara. Antes, para Williams fue un acontecimiento de “niño con juguete nuevo” y para Musial, Aaron, Mays…año tras año.
        En esta era (nadie me puede convencer de que esté equivocado), para los superpeloteros de esteroides y HGH, de mucho dinero y poco alma; de absoluto irrespeto por el público, en especial por los niños que los adoran, el juego de estrellas debe ser como una especie de pesadilla de media temporada; a fin de cuentas, “no da dinero” y hay que lidiar con “ese público antipático” y con la prensa con cara hipócrita de buena gente.
         Revise cuántos jugadores iniciaron la temporada en lista de enfermos y a cuántos han ido adicionando o recayendo en la lesión hasta hoy; a pesar de las dietas, de los sistemas de preparación, de spikes que se “agarran” más al terreno y de terrenos-platos que ni piedras tienen; a pesar de que un outfielder se desliza desde el left hasta el center con el pecho y no se corta ni se hinca; a pesar de que las cercas son más mullidas que un colchón King de jet-set. A pesar de todo se lesionan en cantidades más que sospechosas… ¿Por qué ocurre eso hoy?
         Pero le voy a apostar algo, ¿A que el martes no se lesionará ninguno? Esto, todo, alrededor del Juego de las Estrellas, es un relajo sin forma humana de que se pueda imponer el concepto de responsabilidad individual sobre los jugadores que deben asistir por voto fanático.
         Al principio me referí a los llamados récordes difíciles o inalcanzables que quedan, de 60 ó más años de duración, a los que les incluyo las 191 carreras impulsadas de Hack Wilson en 1930.
          Sin embargo, los 24 juegos de estrellas jugados por Stan Musial y sus 6 jonrones en este tipo de encuentro son, sobre todo la primera, las marcas más difíciles de romper que tiene el beisbol; porque, con el asco que sienten los peloteros modernos por el evento, dudo mucho que ninguno alcance a jugar en 15.





  Ya no hay jugadores ni de la moral ni de la clase de estos

 

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