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BEISBOL 007

Veinte años sin Monzón

El domingo 8 de enero de 1995 murió en un accidente automovilístico, con 52 años.

BUENOS AIRES -- Carlos Monzón nació un 7 de agosto de 1942 "En un piso de tierra", como aclara en su libro, "Mi verdadera vida". Allá, en el barrio San Javier de Santa Fe, había hambre, inundaciones y pobreza. Monzón no fue ninguna excepción, solo que para él, el modo de abrirse camino en la vida fue vender diarios o repartir leche. Hasta que un día... Nadie sabrá nunca por qué, pero entró en un gimnasio de boxeo. Después de todo -estamos hablando de finales de la década del 50- ser boxeador era también tener la chance de lograr un prestigio. Y Carlos Monzon se metió a un gimnasio para irse poco después.

 

Para 1960, buscó a un técnico que ya era famoso en Santa Fe, don Amílcar Brusa. "Hubo cosas que no me gustaron y yo quiero que me entrene usted, don Amílcar". Nunca se tutearon y formaron un binomio extraordinario. Brusa entrenaba boxeadores en el club Unión. Monzón, fanático del club Colón -los dos equipos rivales por antonomasia en Santa Fe-, aceptó entrenar en ese gimnasio.

Brusa detectó que estaba ante un hombre casi raquítico y le puso todo lo que tenía. Preparador físico, medico... y su experiencia. Tras la clásica carrera amateur, que no fue descollante en títulos -en los números, ganó 79 y perdió 8-, llegó el profesionalismo. Fue el periodista santafecino Julio Cantero quien lo bautizó "Escopeta" por el tremendo impacto que lograba con su larga derecha a la cabeza... Brusa, a través de otros boxeadores, como Roberto Chetta, tenía llegada en el Luna Park.

Era un tipo serio y sus peleadores daban siempre espectáculo. "Debutó en 1963 como profesional. Era la época en que se peleaba seguido -recordó Brusa-, con decir que entre ese año y el 64, Carlos hizo 22 peleas y solamente una de ellas en Santa Fe". Fue también por esos años que Carlos perdió sus tres únicos combates como profesional frente a Antonio Aguilar, en el Luna Park de Buenos Aires, Felipe Cambeiro en Brasil y Alberto Massi, en Córdoba, en septiembre de 1964: su última derrota. De los tres se tomó desquite.

 

Eran tantos los que había en la división de peso mediano que Juan Carlos "Tito" Lectoure, el promotor del Luna Park, organizó el campeonato o torneo "Eduardo Lausse". Había grandes candidatos como Celedonio Lima, o Carlos Salinas, Antonio Aguilar o Francisco Gelabert, o... ¿Saben quién ganó? Carlos Monzón: la pelea final fue ante Carlos "Kirk Douglas" Salinas, diciembre de 1965, por puntos. Se ganó el derecho a pelear por el campeonato argentino y no solamente le ganó una vez, sino dos a Jorge Fernández. En la primera, el 3 de septiembre de 1966, de un solo golpe lo arrastró casi de esquina a esquina en el ring. De ahí en más, y aunque jamás llenó el estadio Luna Park, Tito Lectoure le fue armando una carrera, que incluyó un empate contra el durísimo Bennie Briscoe -Monzón se cansó de pegarle- en mayo de 1967. ¿Y cómo era ese Carlos Monzón inicial?

Largo, lento, de brazos y piernas finitas, parecía como robotizado: izquierda-derecha, en uno-dos y luego cross de izquierda a la cabeza. Luego, armar la guardia, volver a empezar, sin apuros. Resultado: iba lastimando, minando energías, deteriorando al rival. Hasta el final. Establecía la larga distancia, la que más le convenía (media 1,81m) y tirando el torso hacia atrás, esquivaba los mandobles que sus rivales, más bajos, se veían obligados a lanzar de lejos. Vinieron los rivales norteamericanos, fueron cayendo uno por uno, y Carlos Monzón comenzó a insinuarse en el ranking de peso mediano, en una época en donde solamente existía una entidad, la Asociación Mundial de Boxeo y comenzaba a hacerse fuerte el Consejo Mundial...

Lectoure, que había logrado las chances para que Horacio Accavallo y Nicolino Locche llegaran a campeones mundiales -ambos en Japón en 1966 y 1968, respectivamente- sintió que si coronaba a un argentino en una de las categorías que eran de las grandes vedettes del boxeo -el peso mediano- se metería en la historia grande. Estamos hablando de la división en donde reinaron, entre otros, Ray Sugar Robinson, o Jake LaMotta. La categoría en la cual reinaba el gran Nino Benvenuti, ex campeón olímpico en Roma, una figura extraordinaria para el boxeo europeo que también supo triunfar en el Madison de Nueva York, "Cuando el Madison era el Madison y Las Vegas prácticamente no existía", como nos dijo Benvenuti, alguna vez...

 

Sus tres peleas con Emile Griffith fueron de alto nivel y lo afirmaron en el boxeo norteamericano. Tenía, entonces, 34 años. Lectoure, finalmente, consiguió la oportunidad para el 7 de noviembre en el Palazetto dello Sport de Roma. Monzón viajó con el escepticismo de la mayoría en el equipaje. ¿Podría un boxeador tan frio y lento vencer al gran Benvenuti? Solamente Monzón, Lectoure y Brusa estaban seguros de que se podía. Lectoure le pago a Monzón un sueldo durante dos meses, para que no se subiera a un ring. "A ver si te lastimás y la pelea no se hace". Las negociaciones habían sido muy largas para el joven empresario y temía que algo le complicase su sueño. Fue una delegación sencilla. Además de Monzón, Brusa y Lectoure, viajaron el preparador físico Patricio Russo Seibane, que vendió su auto con tal de estar, y Juan Alberto "Ardillita" Aranda, campeón argentino welter junior. Se sumó José Menno, un "sparring" de lujo, porque lo habituó a Carlos a la pelea friccionada y física en la corta distancia. Es bueno aclarar que Brusa -ex boxeador de peso pesado- también incursionó mucho en la lucha y también le enseñó a Carlos muchas palancas en la pelea corta. Claro que la historia la escriben los boxeadores y esa noche Monzón fue implacable, salió desde el primer asalto a demoler al campeón y lo quebró, física y anímicamente. No le dio chance alguna. Cuando empezó el 12mo asalto, Brusa le dijo al oído: "Carlos, ese hombre está listo, vaya y póngalo nocaut". Y Monzón obedeció.

 

Lo demás... parece historia reciente, aunque no lo es. Ya pasaron cuatro décadas de aquellos años 70, cuando Monzón conquistó Europa... París, Copenhague, Monte Carlo, Roma... Fue dejando un tendal de apellidos importantes a su paso... Denny Moyer, Tom Bogs, Bennie Briscoe, Emile Griffith, Jean Claude Bouttier...

 

En febrero de 1974, el mismísimo Alain Delon organizo su pelea con José "Mantequilla" Nápoles (cubano-mexicano, campeón mundial welter de fino boxeo). Y, bajo la carpa de un circo, en París, Monzón lo demolió. El gran Angelo Dundee marcó el retiro de Nápoles, que había recibido una tremenda paliza, al comienzo del sexto round. Y mientras Julio Cortázar se inspiraba para escribir el cuento "La Noche de Mantequilla", Paris y Europa se rindieron a los pies de Monzón, aunque el Consejo Mundial de Boxeo lo desconoció por negarse a la prueba antidóping. Los festejos en el Lido... las finas ropas del mejor corte y los mejores perfumes... El Mercedes Benz Pagoda y el Rolex Presidente...Su romance lleno de pasión con Susana Giménez, tras el tormentoso rodaje de La Mary, efectuado luego de su victoria ante "Mantequilla". Se cuentan que las escenas amorosas eran más que escenas y que, a veces, Monzón echaba a todo el mundo del estudio...

 

No podía faltar Nueva York en su historia, y en el legendario Madison Square Garden, para junio de 1975, noqueó a Tony Licata. El show, organizado por Don King, incluyó a dos argentinos peleando por primera vez por un campeonato mundial. Víctor Galíndez venció a Jorge Ahumada por el título medio pesado. Y, cuando concluyó la velada, el show continuó, a través de pantallas gigantes de televisión, con el gran Muhammad Alí, enfrentando a Joe Bugner en Malasia. Ese era Carlos Monzón. Se codeó con reyes y príncipes, con estrellas del cine internacional -Alain Delon, Jean Paul Belmondo, Omar Sharif y Mickey Rourke fueron sus mayores seguidores-, fue proclamado el deportista más elegante de Europa y eso sì; cuando tenía que entrenar, entrenaba...

 

Se separó de su esposa, Beatriz, más conocida por "Pelusa", para irse a vivir con Susana. Se contaron otros amoríos fugaces e intensos con estrellas del cine, Úrsula Andress incluida. Por fin vino la pelea unificatoria por el campeonato mundial con Rodrigo Valdéz, en Monte Carlo, con el príncipe Raniero en el ring side, con todo el glamour en la primera fila. En el primer combate, el 26 de junio de 1976, "Rocky" Valdéz -uno de los grandes orgullos del boxeo colombiano- expuso su corona del Consejo. Y en la revancha, el 30 de julio de 1977, Monzón retuvo las dos coronas. En ambas ocasiones -habría que decir en ambas batallas, porque eso fueron- el santafecino se impuso por puntos. Eran aquellos, los tiempos de las peleas a 15 asaltos...

Fue en la revancha en la que Valdéz derribó a Monzón en el segundo asalto, con una derecha en cross a la cabeza. "La mano que te tira es la que no ves -nos dijo tiempo más tarde- y lo malo es que, a esta la vi venir y no pude esquivarla". Monzón se miró al espejo en su camarín, se vio un corte en la nariz y se dijo: "A Monzón no le pega nadie". Para ese entonces, Tito Lectoure se había separado del equipo, disconforme con la inclusión del empresario Cacho Steinberg y de la decisión de Monzón de llevar a Susana Giménez a las peleas. Sin embargo, cuando concluyó la revancha con Valdez, Monzón lo llamó a Tito para que subiera al ring y fue entonces cuando le confesó al oído: "Esta fue mi última pelea, Tito, no quiero más". Un mes más tarde, en el hotel Sheraton de Buenos Aires, en una noche de gala, anunció su retiro: en total efectuó 100 peleas, con tantos 87 triunfos, de los cuales definió 58 antes del límite, 3 derrotas, 9 empate y 14 defensas exitosas de la corona, un record histórico que se mantuvo durante años A ese Monzón queremos evocar, el gran campeón con los guantes puestos. Lamentablemente, la vida lo llevó por otros caminos.

En la madrugada del 14 de febrero de 1988, en Mar del Plata, murió Alicia Muñiz, su ex compañera y madre de su hijo, Maximiliano. Fue declarado culpable de homicidio simple, con 11 años de prisión. Le faltaba poco para salir de la cárcel. Tenía derecho a salidas restringidas y permiso laboral para enseñar boxeo en UPCN, de Santa Fe. De hecho, iba abandonar el penal dentro de siete meses, ya que se le había rebajado la pena. El domingo 8 de enero de 1995 por la tarde, cuando regresaba de un asado, sobrevino el accidente. Monzón viajaba en un Renault 19 color gris. Fue en el paraje Los Cerrillos, a unos 38 kilómetros al este de Santa Fe, cuando el vehículo voló a más de 10 metros y fue a dar contra un árbol.

Quedó tendido a varios metros. Lo acompañaban su amigo Jerónimo Mottura y su cuñada Alicia Fessia. Solamente la mujer se salvó y contó luego que Carlos había querido sintonizar la radio para escuchar un partido de futbol de Unión, que justamente ese día, no jugaba... Se habló de una misteriosa camioneta que habría estado siguiendo al vehículo, pero nunca se supo la verdad. Cuando hallaron su cadáver, faltaban el Rolex Presidente y un crucifijo de oro que lo acompañaba siempre. Murió de cara al cielo, la espalda en su amada tierra santafecina, murió ya libre de cargos, dolores, tragedias y también de glorias y de fortunas. Murió Carlos Monzón, a los 52 años... ya pasaron veinte años... Veinte años sin Monzón.

 

Por Carlos Irusta
ESPN.com 

 

 

 


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