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BEISBOL 007

IMPRESIÓN DE SANDY SADDLER

saddler solo otra buena

 

 

 

Por Andrés Pascual

“Nací en Cuba, en Camaguey, a los 4 años mis padres me llevaron a Tampico, a los 6 al Sur de Estados Unidos, pero soy cubano…” así le respondió el inmortal peso pluma Sandy Saddler a Eladio Secades, en el Gimnasio Jordan, el 9 de Abril de 1947. La madre de Sammy Davis también era cubana, pero el “entertainer” decía que era boricua porque tuvo cierto roce con una casa distribuidora antillana.

En aquel momento el fuerte boxeador de los plumas tenía 60 ganadas en 62 pleitos, incluyendo las dos victorias que logró en la Ciudad de los Palacios; en 1945, perdió una vez la decisión judicial en su país y jamás había visitado el suelo, ese año noqueó a 15 consecutivamente, doce de ellos no llegaron al segundo.

Aquellos años de boxeo tan romántico como sangriento, circulaba la historia de la afectación por la altura de la ciudad de los peleadores foráneos que llegaban a cumplir un compromiso a México, decían que les afectaba la respiración y la fuerza, en algunos cubanos como Gavilán y Conguito Camagueyano lo ratificaron los seconds, pero, contra Malacara, Saddler no se sentó nunca y se mantuvo bailando entre rounds de un pleito a 10.

El debut en México de Saddler fue contra el doble campeón pluma y ligero Leonardo López, los apostadores que llenaron aquella noche la Arena Coliseo comprometían la vida por su monarca; sin embargo, la impresión que causó “el yankee” en su esquina antes de lanzarse al ataque fue tan grata como peligrosa: negro, al decir de Eladio Secades, “un negro de brillo en la piel y en los ojos como Kid Chocolate y con la seguridad del cubano en su potencia; hombros amplios, brazos largos y piernas férreas”.

Cuando sonó la campana, al centro del ring saltó una fiera, un torbellino que, desde el primer momento, le hizo entender a todos que le haría pagar caro a López la osadía de enfrentarlo: lo castigó con ambos puños, lo desbarató en los clinches, lo destrozó materialmente en los dos episodios que necesitó para noquearlo.

Mientras unos expertos decían que estaban ante un monstruo del boxeo, para otros Leonardo López estaba virtualmente acabado, en franca decadencia. Para hacer un reporte definitivo era necesario una segunda prueba…

Y el segundo oponente de Saddler en México fue Carlos Malacara, conocido por los cubanos, según Secades, “a Malacara quizás le haya arruinado su larga y brillante carrera por lo brutal del ataque, por el castigo inmisericorde que recibió aquella noche”.

En el segundo le conectó un golpe a la cabeza que tuvo al mexicano 6 segundos en la lona, se paró “por macho” y por macho siguió peleando de pie, noqueado, recibiendo uno de los más brutales ataques que, hasta aquel momento, recordaba el público azteca.

Al décimo llegó el pugilista sangrando por todos lados, los ojos, la nariz, la boca…fue un crimen no intervenir con la piedad que requirió el momento, un crimen del referí y de la esquina de Malacara; a partir del 5to, todo el público pedía la toalla salvadora que nunca llegó.

Secades escribió que el castigo recibido por el boxeador mexicano no tenía límites ni en lo deportivo ni en lo humano.

Para el cronista cubano, acostumbrado, desde 1928, a ver pelear como periodista a tantos asesinos del ring, lo mismo mexicanos, que cubanos, que americanos, que había visto derrochar la sangre en cantidades más que generosas, la fotos de Malacara cuando iba del ring al camerino eran espantosas.

La voz unánime del público cuando terminó el pleito era la acusación generalizada contra el referí y los seconds del chamaco, basado en que, por ese camino. Malacara terminaría haciéndole compañía a Chango Casanova en un manicomio.

Lo que hizó Sandy Saddler contra López y contra Malacara fue una invitación al retiro por adelantado, no era posible recibir tanto con tanto valor sin que el castigo no dejara huellas en poco tiempo.

Contó Eladio que el victimario de López y de Malacara “chapurreaba” el español, lo aprendió con su padre, deseoso de volver a Cuba y con su madre, que tenía toda su familia en Camaguey.

Eladio Secades escribió “si vuelve a calzar los guantes en México, Saddler provocará paranoia en la ciudad, porque ocupa todos los titulares de interés en las planas deportivas, es la figura del momento…”

Cuando los promotores decidieron importar al boxeador sepia, jamás un extranjero había llegado tan callado, con menos fanfarrias y menos propaganda que Sandy Saddler, cuando destruyó a dos ídolos locales, ningún otro peleador extranjero, hasta aquel momento, se había marchado con tan exitosa auréola de aceptación popular y crítica como él.

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