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BEISBOL 007

La gloria del boxeo Sugar Ray Leonard cumple 60 años

 

Getha Leonard llamó Ray Charles al quinto de sus siete hijos en honor al famoso genio invidente del blues y el soul. Y así sin saberlo le marcó el ritmo que lo llevaría a ser aclamado por multitudes, pero no por talento musical, sino para dar y no recibir golpes sobre pies ligeros y a una velocidad inusitada.

Ese niño Ray Charles Leonard, cuyo padre Cicero era empleado de un supermercado que en la Marina fue campeón de las 156 libras, llegaría a ser una leyenda del boxeo, una leyenda con dulce apodo: “Sugar” Ray Leonard que hoy cumple 60 años de edad.

¿POR QUÉ ES GRANDE?

En estos tiempos en los que cualquier peleador que corre se puede autoproclamar el más grande con base en lo que cobra, no en lo que entrega en el ring, recordar a Sugar Ray Leonard es una reconciliación con el arte de fistiana.

Pensar que este hombre nacido en Wilmington, North Carolina el 17 de marzo de 1956 no parecía muy interesado en el boxeo en su niñez a pesar de que Roger, su hermano mayor, lo practicaba, llegó a colgarse la medalla de oro en los Olímpicos de Montreal 1976 tras un carrera amateur con foja de 145 victorias y 5 derrotas (75 KO’s).

Leonard, al principio de su andar por los rings no profesionales trataba de emular a Joe Frazier, pero luego descubrió que los estilos de Mohammad Ali y Sugar Ray Robinson le atraían más. El amage, la cintura el caminar con estilo, el bolopunch.

Cuenta la leyenda que un coach amateur le acomodó el mote de “Sugar” y las comparaciones con el gran Robinson empezaron, pero el joven que luego se avecindó en Maryland construyó su propia gloria en los encordados.

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En su libro, “The Big Fight: My life in and out of the rings” Leonard cuenta que a pesar de sus tres títulos de los Guantes de Oro y el éxito olímpico en peso Ligero no quería seguir la ruta del profesionalismo, pero un inesperado infarto de su madre y su padre atacado por meningitis y tuberculosis, hicieron que sus planes de estudiar Administración de Empresas y Comunicaciones en la Universidad de Maryland se hicieran humo y se sumara al boxeo de paga para poder sostener a su familia.

Así empezó una de las trayectorias boxísticas más seguidas en la historia, del hombre que junto con Roberto “Mano de Piedra” Durán, Marvin Hagler y Tommy Hearns formó un cuarteto que movió más aficionados y dinero en la década de los 80, con peleas que por lo regular respondieron y superaron las expectativas.

Se ciñó cinturones en cinco divisiones distintas, algo sin precedentes en su época: Welter, Superwelter, Medio, Supermedio y Semicompleto.

Inducido al Salón de la Fama en 1996 y proclamado por The Ring Magazine yKO como el boxeador de la década de los 80, fue el primer gladiador del ensogado que acumuló 100 millones de dólares en ganancias, al enfocar la atención de público, televisión y promotores en las categorías que el transitó durante su carrera.

El sitio especializado Boxrec señala el hecho que entre noviembre de 1979 y septiembre de 1981 enfrentó a Wilfredo Benítez, Roberto Durán (dos veces), Ayub Kalule y Thomas Hearns, quienes contaban con un récord combinado de 177-1-1. Algo inédito, porque, sólo quizás como lo hizo en su momento Julio César Chávez dio la cara a los oponentes más duros cuando eran más fuertes. Caminó con gracia en el ring mientras soltaba combinaciones inverosímiles, pero nunca rehuyó ni al combate fuera del ring ni a un buen intercambio dentro de él. Algo tendrían que aprender de esos grandes los que sólo presumen dinero.

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Las batallas más recordadas serán siempre los dos episodios contra Durán, donde primero cayó para luego hacer que el glorioso panameño terminara diciendo “no más”.

También los choques ante Thomas Hearns y Marvin Hagler, donde sorprendió al apagar con golpes el poder de la 'Cobra de Detroit', y con polémica retirar en decisión dividida a la 'Maravilla'. Habría una segunda pelea contra Hearns, que terminó en empate.

Paradójicamente con el personaje que inspiró a su madre a nombrar Ray, Sugar tuvo como mayor contrincante a un problema en los ojos que puso en riesgo su vista.

En 1982, cuando se preparaba para pelear con Aaron Pryor descubrió que tenía desprendida de la retina del ojo izquierdo. Eso precipitó su retiro y una inmediata operación para resanar el daño.

Fue y vino del boxeo desde ese momento y su récord (36-3-1) no se engrosó más que siete peleas más en 15 años, para finalmente decir adiós al caer con Héctor “Macho” Camacho en 1997.

Larga vida a Ray Charles Robinson quien vio la luz para darle brillo al ring.

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