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¿Recuerdan? ¡La salsa!

 

 

DIEGO A. MANRIQUE

Chocante, chocante: hay más bibliografía sobre la salsa en inglés que en español. Sospecho que se debe a la incomprensión de nuestra industria cultural ante una música montaraz y machista, tan ajena al DRAE. De ahí mi maravilla ante el libro de Leopoldo Tablante, El dólar de la salsa (Iberoamericana). Que nació como tesis de doctorado en, atención, una universidad francesa. Eso trae implícito su castigo: mucho aparato teórico, bastante jerga académica, invocaciones rituales a Barthes, Bourdieu y Baudrillard. Pero estamos ante un trabajo único. Verán, los tomos salseros en castellano suelen ser ferozmente militantes: la piedra fundacional, El libro de la salsa (1980), de César Rondón, se parecía mucho a un arrebato apasionado, lo que explica que haya acumulado tantas objeciones.

En El dólar de la salsa no hallarán valoraciones de discos o artistas. Subtitulado Del barrio latino a la industria global de fonogramas, 1971-1999, Tablante describe el contexto social y el desarrollo comercial de la salsa. Hace bien en evitar los juicios musicales: quizás haya una relación inversamente proporcional entre creatividad y expansión, en el trayecto de Spanish Harlem a Miami Beach.

Aparte, Tablante puede así esquivar el Problema Cubano. En esos años, por las aberraciones de la Guerra Fría, la potente cantera afrocubana desapareció del mercado mundial. Los cubanos, eso sí, se cocían en su indignación: aseguraban que lo que circulaba internacionalmente como salsa era música cubana, otra jugada yanqui.

No conviene menospreciar la irradiación cultural de Cuba sobre el resto del Caribe

Una exageración: los ingredientes de aquel ecléctico caldo incluían elementos nada cubanos. En todo caso, lo prodigioso es que los puertorriqueños, tan chovinistas a la hora de elegir opciones vitales, se definieran mediante una música esencialmente ajena. Tablante especula sin paracaídas: que el son cubano contenía "evocaciones nómadas” equivalentes a los traumas migratorios de los boricuas. Mejor recordar la capacidad de irradiación cultural de la Isla Grande, con o sin embargo. El sociólogo Quintero Rivera se quejaba en 1998 del “cubanocentismo que padecemos en el Caribe”, respondiendo a unas afirmaciones particularmente miopes de Cabrera Infante.

Acertó Jerry Masucci, capo de Fania Records, al optar por una palabra flexible como “salsa” para universalizar la música de losnuyoricans, cuya experiencia urbana era similar a la de tantos barrios humildes en el continente. Y sí, Masucci se reveló como un sinvergüenza a la hora de pagar a los músicos (despojó incluso a su socio, el indispensable Johnny Pacheco). Pero tampoco resultaron modélicos sus sucesores como reyes de la colina: Ralph Mercado yEmilio Estefan.

Tablante reconoce la picardía de Masucci. Convenció a publicaciones como Billboard. Financió películas que proporcionaron visibilidad a sus artistas: Our latin thing y Salsa (olvídemos The last fight, protagonizada por Rubén Blades como ¡boxeador!). Subvencionó la revista Latin New York. Pagaba para que sus discos sonaran en la radio latina –refractaria a la crudeza callejera de algunos vocalistas- o para que Tito Puente reapareciera en la televisión nacional.

Masucci tuvo grandes intuiciones. Como haría Chris Blackwell con elreggae, subió los precios de los LPs: sabía que, si se vendían baratos, consumidores y minoristas considerarían la salsa un producto de segunda categoría. También patinó: con CBS, pactó elaborar discos de Fania All-Stars con potencial de crossover. Mejunjes que desconcertaban a aficionados y novatos: en sus peores momentos, tendían a ser disco music levemente sazonada o smooth jazzconvencional.

Como Mercado o Estefan, Masucci soñaba con crear una Motown latina. Demasiada distancia: Berry Gordy Jr. diluía el soul para su consumo interracial, con unos músicos inicialmente mansos. Masucci trabajaba para un público tan pobre como heterogéneo. Además, le tocó manejar la salsa brava, abundante en intérpretes ariscos –Willie Colón iba de gansta en muchas portadas- o conceptualmente ambiciosos, como Blades. La fantasía de Masucci desembocaría en la salsa romántica. Que apenas conservaba sabor de barrio ni se diferenciaba mucho de lo que ofrecían Julio, El Puma, Roberto Carlos y demás baladistas. Para semejante viaje, no necesitábamos alforjas.

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Eran nueve las bolas malas para lograr base por bolas

 

 

 

PARA MIÉRCOLES 3, FEBRERO 2016…

JUAN VENÉ EN LA PELOTA…

Coral Gables, Florida (VIP-WIRE).-

“Hablaban tan bien de mí que pensé ya había muerto”… J.V.-

-o-o-o-o-o-o-

Como cada miércoles, hoy es Día del Correo. Por favor, manden nombre, apellido y lugar desde donde escriben. Muchas gracias.

Aaron D. Suárez L. de Valencia, pregunta…: “¿Por qué en Venezuela y en las Ligas del Caribe duran tanto los juegos, y en Grandes Ligas no, y por qué no hay triple corona en el pitcheo?”.

Amigo doble A…: Hace 15 años que tanto en las Mayores como en México, en Venezuela y en el resto del Caribe, tratan de bajar la duración de los juegos. Hace 40 años, difícilmente pasaban de dos horas, hoy día difícilmente bajan de cuatro. Lo que más alarga el espectáculo es lo que tardan los peloteros en salir al campo y regresar al dugout cada tres outs. Pero también las pantomimas payasescas de los bateadores de hoy día. Los ejecutivos de las Ligas y los umpires son culpables de no haber mejorado esa situación… Y sí hay Triple Corona de pitcheo: victorias, efectividad y strikeouts.

Ernesto Noguera, de Mérida, Yucatán, pregunta…: “¿En el total de jonrones de un bigleaguer en su carrera se incluyen los conectados en postemporadas?”.

Amigo Erno…: Son dos cuentas diferentes. Nada de lo hecho en postemporada se agrega a lo de las temporadas regulares.

Germán Villegas C. de Caracas, expone y pregunta…: “Unos amigos que no son seguidores del beisbol, veían accidentalmente un juego por televisión y me comentaron…: ‘Es desagradable ver a los peloteros así, metiéndose los dedos en las narices y masticando gomas o tabaco con las bocas abiertas y escupiendo. Muchos televidentes estarán comiendo a esta hora y además es mal ejemplo para niños y jóvenes’… ¿Quién puede hacer algo?”.

Amigo Yemán…: Los ejecutivos de las Ligas.

Abelardo Cupul M. de Tizimín, Yucatán, pregunta…: “Si un manager pide tiempo y se va con el picher en su primera visita, y le pide la bola al tirador y luego se la regresa a escondidas, ¿es obligatorio el cambio o es opcional?”.

Amigo Abe…: De corazón he tratado de comprender lo que preguntas, pero mi intelecto no llega hasta allá. Si puedes, por favor, mándame la traducción.

Marcel Ramírez, de Maracay, pregunta…: “¿Un comentarista dijo que en la época de la bola muerta la base por bolas era con nueve lanzamientos malos y no cuatro como hoy en día, ¿eso es cierto?”.

Amigo Chelo…: No es cierto y sí es cierto. No, porque “la época de la bola muerta” fue hasta 1923, cuando Babe Ruth y los Yankees se mudaron del Polo Grounds al recién construído Yankee Stadium. Y 34 años antes ya se había establecido la base por bolas con cuatro. Y sí, porque en 1879 se inauguró la BB con nueve, poco después bajaron a ocho, después a siete, a seis, volvieron a siete, más tarde a cinco. Hasta que en 1889, quedó en cuatro, y hasta hoy. Nada tiene que ver eso con la bola muerta.

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

Jbeisbol5@aol.com

@juanvene5

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Receta del día: pasta con pollo a la mantequilla y ajo

(Caracas, 02 de febrero. Noticias24).- Queremos animarte que cada día descubras lo maravilloso que es cocinar, es por ello, que este martes queremos que te atrevas a realizar una rica pasta con pollo a la mantequilla y ajo y dejes a todos con la boca abierta.

 

 


Ingredientes

- 1/2 kg de pechuga de pollo en cuadritos.

- 4 cucharadas de mantequilla.

- Aceite de oliva.

- 1/4 kg de pasta Rotini.

- Sal.

- Pimienta.

- 1/4 kg de pimenton rojo.

- 1/4 kg de pimenton amarillo.

- Cuatro cebollines pequeños rebanados (solo la parte verde).

- Dos ó tres cucharadas de mayonesa.

- Tres dientes de ajo

Preparación

Echar cuatro cucharadas de mantequilla en un sartén hasta que se derritan y seguidamente añadir el pollo picado en cubos hasta que el pollo cambie de color.

Después añadir tres dientes de ajo finamente picados para que se cocine junto con el pollo y sazonar con sal y pimienta al gusto. Una vez que el pollo se encuentre doradito resérvalo.

Después de cocinar la pasta, agrégale un poco de sal y pimienta, luego agrega el pollo junto con el pimentón rojo, amarillo y el cebollin.

Finalmente, agrega la mayonesa, revuelve y sirve como quieras.

Listo, disfrútalo.


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Nuevas historias del ring La gloria también golpea

La recreación de las batallas y hazañas de los hombres ha sido un tema primordial de la literatura. De ahí se nutren las modernas epopeyas del deporte como una vertiente donde pueden coincidir el periodismo y la literatura. En La gloria también golpea. De la Hoya vs Chávez 1 (La Dulce Ciencia Ediciones), que se presenta este sábado, Alejandro Toledo continúa esa tradición y así lo plantea desde este prólogo.

 

... y todo fue cristales rotos,
el mismo silencio de espejos apagados
alguien cae,
alguien cae.
Rafael Acevedo
Balada del Caesar’s Palace

Los hombres, atrapados en un presente eterno, creamos nuestras propias mitologías. Acaso el surtidor principal de esa saga íntima es la infancia, “el espejo en el que nos seguiremos mirando”, dice el escritor Francisco Tario. Mi infancia transcurre en los años sesenta del siglo xx y está llena de instantáneas deportivas: como imagen inaugural, me veo atravesar uno de los túneles del Estadio Olímpico rumbo a un encuentro nocturno entre el equipo de la Universidad Nacional y el América, cuando Enrique Borja era estrella universitaria, hasta encontrarme de pronto con el paisaje extraordinario de una cancha iluminada; poco después en ese mismo foro, el 19 de octubre de 1968, vi al estadunidense Richard Fosbury conquistar la medalla dorada olímpica con su nueva forma de ejecutar el salto de altura. Esa memoria mía cierra el 21 de junio de 1970, al atestiguar desde las gradas altas del Estadio Azteca, llevado ahí por el abuelo paterno, la coronación de Brasil ante Italia por cuatro goles a uno. Tenía yo entonces sólo siete años de edad.

EL REINADO 
DE MOHAMED ALI

Aunque la figura que domina mi niñez es boxística: Cassius Marcellus Clay, Mohamed Ali, a quien desde esa década y hasta mediados de la siguiente vimos en casa con sus grandes peleas, desde sus enfrentamientos con Sonny Liston de 1964, en el primero de los cuales conquistó el cinturón de los pesos completos (y considerando el famoso “golpe fantasma” del segundo encuentro), hasta sus combates históricos con Joe Frazier y George Foreman. El acontecimiento implicaba el reacomodo de muebles alrededor de la televisión, que se convertía entonces en una invitada más a la mesa. Así como por ese tiempo Julio Cortázar en Rayuela puso a ejercitar a la novela, haciéndola dar saltos de un capítulo al otro, en el cuadrilátero Mohamed Ali parecía volar como mariposa aunque picaba (o pegaba) como abeja. Resume Joyce Carol Oates esa carrera: “El estilo del joven boxeador, enfrentado a un mortífero golpeador como Sonny Liston, consistía simplemente en adelantarse a sus ideas y maniobras: nunca antes, y nunca después, ha desplegado un peso pesado un estilo semejante, una inimitable combinación de inteligencia, sagacidad, gracia, irreverencia, astucia. Era tan deslumbrante el talento de Ali en su juventud que no estaba del todo claro si de hecho él tenía lo que los boxeadores llaman coraje, la capacidad de seguir peleando cuando ha sido lastimado. En años posteriores, ya reducida la velocidad de Ali, emergió un boxeador nuevo y más complejo, un boxeador más grande aún, podría decirse, como en la trilogía de combates con Joe Frazier”.

Un poco para recordar dicha época, para seguir haciéndolo, vi hace unas semanas el documental Facing Ali (Pete McCormack, 2009), con entrevistas a algunos de los rivales de Ali, caleidoscopio de testimonios entrañables de lo que rodeó a esas peleas históricas y dibujo a la vez de lo que puede ser la curva de gloria y decadencia en la vida de un boxeador.

La frontera última, el punto que no debe ser cruzado en el pugilismo, es la pelea extra, aquella que se libra por orgullo o dinero en el declive de una carrera y ya en condiciones físicamente vulnerables. Ali no tuvo una sino dos de esas peleas, contra Larry Holmes la primera y Trevor Berbick la segunda; esto ya a comienzos de los años ochenta, cuando pudo retirarse luego de vencer a Leon Spinks en 1978 (que lo había derrotado meses antes), y obtener por tercera ocasión el título de campeón de los pesos completos. Dijo entonces Ali: “Peleé demasiado tiempo, recibí demasiados golpes, por esto tengo mucha suerte de estar aquí hoy y poder alardear de esta forma. Ahora seré un campeón eterno, me iré de forma limpia”. No se fue de esa manera, aceptó aún esas dos batallas de la sinrazón; y parte de su estado físico actual puede deberse, como sugiere el documental, tanto a una predisposición al mal de Parkinson como a esos golpes de más recibidos entonces. El documental es un entrañable acto de respeto y amor por parte de sus contrincantes, uno de ellos George Foreman, que dice estas palabras: “Hoy en día, cuando veo a Mohamed Ali veo a un héroe. Olviden todo eso de que era de una minoría étnica, y da igual que los héroes pierdan un brazo o una pierna, siguen siendo hermosos gracias a lo que hicieron”.

Es lo que mejor guarda mi memoria boxística, el reinado de Ali, que me tocó vivir en mi infancia y gran parte de mi adolescencia. Acaso, como una suerte de eco lejano, a veces vienen a mí también las voces de los narradores televisivos de entonces, como un rumor que es parte del soundtrack de la niñez; escucho además esa cantinela del “Mío, mío, mío, mío” de José Ángel Mantequilla Nápoles, quien así atesoraba el cinturón recuperado; o, acaso de más lejos, quizá de la memoria colectiva, el inmortal “Todo se lo debo a mi manager y a la virgencita de Guadalupe” de Raúl El Ratón Macías.

“YO QUE CONFUNDO
EL JAB CON EL UPPERCUT”

Asistí de niño a algunos entrenamientos como aprendiz de boxeador en el Centro Cultural Miguel Hidalgo y Costilla, mas nunca subí al ring; o sólo un par de veces, en un gimnasio del centro de la Ciudad de México, al recibir algunas enseñanzas inesperadas por parte de aquel actor-luchador conocido como Frankenstein, cuyo nombre real era Nathanael Evaristo León Moreno, presencia frecuente en las cintas del Santo y Blue Demon... La lucha, aclaro, no es para mí un deporte, es sólo circo; un circo que puede ser rudo, pero que no implica una competencia justa. El ring en el que combatí al llegar a la edad adulta fue otro, el del periodismo cultural y la crítica literaria, hasta convertirme, unos diez años más tarde y por los oficios de Ramón Márquez, en cronista deportivo para el diario El Universal.

El equipaje que cargaba al llegar a esa redacción era el que ahora he mostrado, del todo insuficiente al asistir a una función y observar, para convertirla en texto, una pelea, incluso de las que aún se realizaban en la Coliseo en la disputa de cinturones nacionales, en una época de no grandes brillos en el boxeo local, cuando la televisión había relegado las funciones sabatinas al dominio del Pago por Evento, y los únicos que se emocionaban por los golpes eran los apostadores, el público más regular de esa arena. Me identificaba entonces con estos versos del cubano Nicolás Guillén:

Yo que confundo el jab con el
uppercut,
canto al cuero, los guantes,
el ring... Busco palabras
las robo a los cronistas deportivos
y grito entonces: ¡Salud, músculo
y sangre,
victoria vuestra y nuestra!
Héroes, también titanes.
Sus peleas
fueron como claros poemas.
¿Pensáis tal vez que yo no puedo 
decir tanto,
porque confundo el jab con el 
uppercut?
¿Pensáis que yo exagero?

Para entender qué pasaba en el cuadrilátero, no con ojos de aficionado sino como alguien que pretende convertir en crónica aquello que ocurre entre las cuerdas, acudí a los libros (Hemingway, Cortázar, Norman Mailer, entre otros, en la búsqueda del boxeo narrativo); y uno de mis mejores managers fue un título que ya cité por lo que en él se dice de Mohamed Ali, Del boxeo, de la escritora norteamericana Joyce Carol Oates.

Frecuenté los gimnasios, claro: el Margarita, el Nuevo Jordán, el Romanza, y entre peras y costales (y no entre peras y manzanas) conversé con los entrenadores y sus muchachos. Eran los últimos años del dominio de Julio César Chávez como campeón superligero; los combatientes más regulares eran Ricardo Finito López y Daniel Zaragoza, pupilos de Ignacio Beristáin. Miguel Ángel González, El Mago, estaba obsesionado con enfrentar al Golden Boy, Óscar de la Hoya. El boxeo femenino empezaba a surgir y teníamos, sobre todo, a La Poeta del Ring, Laura Serrano. Indagué poco en el pasado, sólo profundicé, creo, en la historia trágica de Salvador Sánchez, de quien busqué a sus padres y a su entrenador, Cristóbal Rosas, que me refirió las últimas horas en la vida de Sal Sánchez. Me entretuve, más bien, en ese que era el presente del boxeo mexicano, y que hoy es ya historia.

Intentaba, sobre todo, aprender a mirar una pelea, lo que no es fácil. ¿Cómo atrapar esos movimientos, esos golpes, que ocurren a la velocidad del viento? Asistí una noche a una pelea de Mike Tyson en Las Vegas que duró sólo tres o cuatro golpes; en México no se había transmitido en televisión abierta y el editor esperaba para la medianoche, a más tardar, una crónica extensa. Me encontré solo entre la multitud. Tuve que correr al hotel en donde me hospedaba y subir con gran prisa a la habitación, donde tenía lista una complicada conexión con el diario por la vía del cable telefónico (antes de que se perfeccionara el Wi-Fi) y mandé lo que pude teclear con la urgencia del cierre. ¿Qué había ocurrido en esos noventa segundos de acción efectiva? ¿Cómo hacer la crónica de ese instante?

Tuve que suplir mis carencias como observador directo del deporte (ejercicio que requiere una ardua educación de la mirada) con un reporteo exhaustivo, siguiendo este método básico: ir con los peleadores a que hicieran el recuento, o cuento, de sus carreras y sus combates; hablar con sus entrenadores para que narraran el trayecto completo de su pupilo; y cotejar lo recopilado de viva voz con las crónicas, ya que una gran parte de la historia del boxeo mexicano no está en los libros, escasos, insuficientes, sino dormida en las hemerotecas. Pude así recrear batallas como aquella del 9 de agosto de 1985 en Miami en la que Daniel Zaragoza exponía por vez primera el cinturón mundial gallo ante el colombiano Miguel Happy Lora:

Zaragoza nunca había besado la lona. Dos veces se derrumbó esa noche. En el cuarto asalto (en que ocurrió la primera caída) acabó tan mal que lo quisieron reanimar con sales de amoniaco. En el quinto (segunda caída) dio la maroma y terminó en una esquina neutral.

Confesó después de la pelea: “Realmente no recuerdo haber caído en el cuarto ni en el quinto round. Sí recuerdo haber estado en la lona después de recibir un gancho al hígado, pero luego de eso no recuerdo nada. Creo que tuve una laguna mental entre el momento de la primera caída y el noveno round”.

Se mantuvo en pie milagrosamente. Y consiguió así, como por instinto, que no lo noquearan, pues el colombiano buscó por todos los medios destruirlo. El nuevo campeón, Miguel Happy Lora, felicísimo, reconoció al final que estaba extenuado, que tenía los brazos adoloridos. Tiró demasiados golpes.

EL ÚLTIMO DE LOS ÍDOLOS

Una experiencia extrema fue el acompañamiento que hice de Julio César Chávez y Óscar de la Hoya en su viaje promocional por los Estados Unidos, jornadas que aproveché para charlar, en uno o en otro avión o en las pausas entre conferencia de prensa y conferencia de prensa, con los peleadores. La relación de lo que ocurría en el presente me llevaba a la historia de cada cual, para narrar así sus vidas paralelas (diría Plutarco). Era una oportunidad algo esquizofrénica de convivir con ambos, como el reportero que brinca durante el día de una a otra trinchera en la víspera de una gran batalla.

La posibilidad de realizar en el periodismo estos acercamientos en la vida de los peleadores se debía en gran parte al editor, Ramón Márquez, que abrió las páginas de la sección deportiva a lo que dieran las capacidades del reportero, con planas enteras por llenar siempre y cuando se utilizaran para contar buenas historias. Era una libertad y una exigencia. Él había crecido en el oficio con Manuel Seyde, en el viejo Excélsior; y aprovechó esas enseñanzas cuando estuvo a cargo de las páginas deportivas del también viejo unomásuno y de El Universal. Porque esa condición, la de poder escribir con largueza, no siempre se cumple (o rara vez) en el medio periodístico mexicano.

Hace tiempo, en una charla radiofónica a la que ambos fuimos invitados para hablar del estado actual del periodismo deportivo, el periodista Sergio Guzmán, pupilo de Ramón Márquez (y quien heredó la sección deportiva del unomásuno), recordaba una distinción establecida por la actriz María Félix entre las mujeres guapas y las bonitillas: la primera se prepara, cuida su arreglo interior y exterior, se cultiva; la segunda no se preocupa por nada de eso y cree que sólo por su apariencia será celebrada. La prensa deportiva actual, concluía Sergio Guzmán, es bonitilla; se toma como divisa aquello de que una imagen dice más que mil palabras, cuando esas mil palabras en buena prosa pueden decir tanto como la imagen, o completarla, dialogar con ella, enriqueciéndose ambos discursos, el de la fotografía o el diseño y el de la escritura, y enriqueciendo al fin la experiencia del lector. Lo ideal, pues, es que la crónica deportiva recupere esa guapura que en otros tiempos ha tenido.

O se puede acudir a otros medios. El documental de Diego Luna sobre Julio César Chávez, realizado en 2007, muestra las posibilidades que hay en la pantalla para contar una historia compleja, como puede ser la de un boxeador exitoso, incluido el contexto social (la pobreza de la que emerge, el contacto inevitable con la mafia del narcotráfico) y político (en este caso, la forma en que Carlos Salinas de Gortari se sirvió de su amistad con el campeón para afianzarse en la silla presidencial, y la consecuente venganza de Ernesto Zedillo, que persiguió fiscalmente al superligero). Chávez es quizá la última gran figura de nuestro pugilismo, el último gran ídolo. Como sucedió con Ali, también le fue difícil retirarse y después de las dos peleas que perdió contra Óscar de la Hoya arrancó una gira del adiós en la que dolorosamente se fue dando cuenta del paso del tiempo. Su llanto, luego de un combate final, cierra la cinta.

HAZAÑAS CONTADAS
Y POR CONTAR

Destaco dos esfuerzos regionales por contar la historia del boxeo. Uno es el libro La fábrica de boxeadores en Tijuana (2012), de Omar Millán; y el otro Lauro El Tigrillo Salas: nocaut al olvido (2013), de Héctor Leal. Con imágenes y palabras ambos títulos se enfrentan al pasado boxístico. El de Leal tiene la circunstancia de ser el primer título sobre pugilismo que se edita en Monterrey, dedicado al que fue su primer campeón mundial, el peso ligero Lauro Salas, que triunfó en los años cincuenta. El libro sobre Tijuana aborda la cuestión fronteriza, el escalón del que muchos se sirvieron, incluido el mismo Julio César Chávez, para arribar a los torneos internacionales. “De hecho, el boxeo jamás ha sido un juego”, dice Jon Lee Anderson en el prólogo del tomo tijuanense, “sino más bien una forma de vida, una carrera basada en el rito de supervivencia más antiguo —combatir físicamente para preservar la propia vida— que se transformó en espectáculo. Y, como tal, le ha ofrecido a jóvenes de todo el mundo, y de todos los credos y razas, una ruta posible para escapar de la pobreza.” En cuanto a los peleadores mexicanos, esa ruta suele pasar por Tijuana.

Otros ejercicios recientes se me vienen a la cabeza. Está, por ejemplo, la obra de teatro Baños Roma (2013), de Jorge Vargas —presentada en distintos foros—, que asume la experiencia documental: un grupo de teatreros viaja a Ciudad Juárez en busca de José Ángel Mantequilla Nápoles, del que se tiene la referencia que entrena jóvenes en un gimnasio del lugar, y testimonian tanto el estado físico del ex campeón, enfrentado al fantasma de olvidar el nombre de su compañera de vida mas no su cariño por ella, como la situación de violencia social de Ciudad Juárez, los rounds diarios, sin límite de sangre, en una guerra sin cuartel. Y esto se convierte en una acción real, efectiva: rescatar el gimnasio Baños Roma, que estaba en el abandono, y también la memoria del ídolo haciéndola presente.

O pienso en el periódico mensual Esquina boxeo, editado por un grupo de jóvenes a los que entusiasman tanto los golpes poéticos de la gran literatura como las hazañas del cuadrilátero, creadoras para ellos de instantes epifánicos, donde se mezclan el dolor y la rabia con la posibilidad de acceder a la gloria. Estos jóvenes leen las peleas como si fueran libros, con pasión, subrayando sus puntos clave, y viceversa. Son, además, enciclopedias andantes, como si hubieran nacido con el pasado del boxeo pegado a la piel.

La del boxeo mexicano es una historia siempre por escribirse, pero de la que se han contado ya algunos episodios memorables. El ayer es esquivo, mas es posible ir tras él y atraparlo, aunque luego vuelva a huir. Se encuentra uno con él en muchos ámbitos. En la literatura, en Las glorias del gran Púas (1978), el retrato que hace Ricardo Garibay de Rubén Olivares; o en la recopilación de testimonios de José Ramón Garmabella de seis Grandes leyendas del boxeo (2009). En el cine tenemos Campeón sin corona (1945), de Alejandro Galindo, que no le pide nada en efectividad dramática a Toro salvaje (Raging Bull, 1980), de Martin Scorsese. Se habla, por cierto, de que el director estadunidense decidió subir la cámara cinematográfica al ring, para que los peleadores tiraran hacia ella sus golpes más certeros, luego de observar Pepe el Toro (1953), de Ismael Rodríguez.

Hace poco me encontré casualmente con Guantes de oro (1961), de Chano Urueta, cuyo mayor acierto es reunir a viejas glorias del boxeo mexicano, grandes figuras de los años cuarenta y cincuenta, que en el filme apadrinan a una estrella naciente. Hay un momento memorable, emotivo, en el que Antonio Andere presenta en el cuadrilátero a esos quince veteranos y dedica a cada uno de ellos unas frases, síntesis de su paso por las cuerdas. Los puros alias, a veces, son ya una cifra significativa. Empieza con Luis Arizona, El Hombre de la Macana. Sigue con Firpo Segura, Leonardo López y Chucho Nájera, peleador éste, dice Andere, que “dejó la profesión que tanto amó por una tragedia en el cuadrilátero”. Toca el turno de un hombre con lentes oscuros y bastón, del que se comenta: “El valor, la casta que en cada una de sus peleas pusiera este peleador, lo hizo perder todo, inclusive la vista, ¡el enorme Lupe González!” Aparecen también Rodolfo Ramírez, El Rielero; Pedro Ortega, El Jaibo; Luis Castillo, El Acorazado de Bolsillo; Gonzalo Rubio; Carlos Malacara; Tomás López, El Conscripto, y Nicolás Morán, El Chintololo. Deja para el final a los que podrían considerarse como los más queridos, quienes recibirán esa noche los mayores aplausos. El primero: “Y aquí tienen ustedes a una de las más grandes glorias del boxeo mexicano, al señor don Luis de la Villanueva, el patito feo de nuestro boxeo, ¡el eterno, el inconmensurable y único campeón Kid Azteca!” Y luego, sin mediar palabras, la arena estalla en un enorme alarido. Al vuelo, comenta Andere: “El público ha reconocido a su ídolo antes de ser presentado, una de las páginas gloriosas más grandes del boxeo mexicano, el auténtico campeón mundial sin corona, a quien podría considerarse como una propiedad nacional, ¡el inconmensurable, el extraordinario Chango, Rodolfo Casanova!” Se me ocurre esto: alguien que mire la cinta se preguntará cuáles fueron las hazañas de esos peleadores, y no encontrará en la literatura a la mano mucho que lo saque de esa duda; y acaso alguien más, en el futuro, tomará ese momento fílmico como pretexto para indagar en esas quince historias de garra boxística. Y así, de una en una, o de quince en quince, es como podría empezar a escribirse la gran historia del boxeo nacional.

EL BOX Y LA NADA

Antes de concluir quisiera detenerme en el presente, ese, éste, en el que vivimos atrapados. Hubo para nuestro pugilismo una década perdida, en la que cesaron en televisión las transmisiones sabatinas —como ya lo dije— por apostar al Pago por Evento (que no obtuvo en México los resultados económicos que en Estados Unidos), y los foros tradicionales del Distrito Federal, la Arena Coliseo y la Arena México, se apagaron para el boxeo cambiando de giro hacia la lucha libre, afianzándose ésta como espectáculo popular citadino. Concluyeron sus carreras, entre otros, Julio César Chávez, Daniel Zaragoza y Ricardo Finito López. Estos últimos responden ya a otro modelo de peleador: no el que se entrega a los excesos, con el coctel usual de los nuevos amigos y las muchas mujeres, para terminar en una pobreza similar a la que se tenía al empezar, sino aquel que administra sus bienes y asegura una vejez tranquila. En esa misma línea quizá pueda ubicarse a Juan Manuel Márquez, quien ha librado grandes peleas y es hoy, a poco tiempo del retiro, la figura más sólida. No es casualidad que tres de los cuatro púgiles mencionados proven- gan del gimnasio Romanza, la casa de Ignacio Beristáin, verdadero hacedor de campeones.

De pronto, hace no mucho tiempo, la televisión se acordó del boxeo. Las dos empresas dominantes volvieron a invertir en él, retomaron las transmisiones de los sábados por la noche, en un contexto quizá árido para el deporte, sumido en una crisis grave, con pocos buenos entrenadores y no muchas grandes figuras en el panorama nacional. Eso no ha importado: se fabrican ídolos con rotundos golpes de publicidad, y ésta, a la hora de la función televisada, es excesiva: se rompió en pantalla aquello de los tres minutos de acción efectiva y un minuto de descanso, ahora son casi tres minutos de pelea y tres de anuncios. Domina el dinero sobre el ring. La prensa se une a las porras y aguarda su tajada. Mediante el patrioterismo exacerbado se busca imponer héroes, a los que se les construye una carrera cómoda, con rivales de bajo perfil, y que se extravían al enfrentar los duelos importantes. Ocurrió en septiembre de 2013, hasta caer en lo ridículo, con Saúl El Canelo Álvarez, que acompañó en el cuadrilátero a Floyd Mayweather Jr., quien al notar las carencias del mexicano lo boxeó sin urgencia de nada, como si estuviera ante un sparring muy novato.

Lo que me lleva a pensar que para las televisoras la nada inflada, el vacío más aparatoso, de mucho ruido y mucho color, el boxeo fantasma de estos días, también puede ser un gran negocio..


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Frederich Cepeda: De Japón a Colombia y de Colombia al quirófano

Frederich Cepeda: De Japón a Colombia y de Colombia al quirófano
El destacado pelotero espirituano Frederich Cepeda Cruz fue intervenido quirúrgicamente este jueves en la rodilla de su pierna derecha por especialistas delcomplejo ortopédico Frank País, de La Habana

Contactado por Escambray vía telefónica, Cepeda comentó sentirse bien tras la operación en la misma rodilla donde fue operado en el 2008: “En esa oportunidad me habían rebajado el menisco y ahora fue extirpado completamente, pues según los médicos estaba destrozado. La operación fue un éxito, de hecho, me siento bastante bien, con las molestias naturales después de una intervención de este tipo”.

Cepeda comentó las razones de la operación pocos días después de regresar de la liga colombiana, hacia donde partió a inicios de este año y apenas pudo jugar con los Tigres Claro de Cartagena.

“Ya esa lesión me venía molestando desde hace algún tiempo, pero durante un juego en Colombia me resentí, por eso debí interrumpir mi contrato y decidí asumir lo que ya los médicos me habían recomendado”.

El multilaureado jardinero espirituano tuvo palabras de elogio para el personal médico y paramédico que lo atendió en el Frank País. “Como mismo sucedió la vez anterior, luego de la recuperación que será de varios meses, podré estar en los terrenos de juego”, dijo.

Hace exactamente ocho años, Frederich fue operado en este propio centro para reparar una lesión del cuerno posterior del menisco que padecía desde el 2002.

Unos tres meses después pudo participar en la Olimpiada de Beijing, evento donde sobresalió como uno de los mejores bateadores cubanos: 308 de average, 11 anotadas, dos jonrones, cinco impulsadas y 654 de slugging.

El yayabero ha sido perseguido por las lesiones, pues en el 2013 terminó abruptamente la temporada con los Gallos por una luxación del tendón del tercer dedo de la mano izquierda. Otras han pasado más silenciosas en su hombro, su codo…

Pese a ellas, ha rendido de manera estable en todas las campañas beisboleras y eventos internacionales como los Clásicos Mundiales del 2009 y el 2013.

En el 2015 Cepeda terminó su contrato de dos temporadas con los Gigantes de Yomiuri en la Liga Japonesa de Béisbol tras ser el primer pelotero cubano en incursionar en el profesionalismo nipón y resultó el jugador más valioso de la Serie del Caribe, además de obtener la medalla de bronce en los Panamericanos de Toronto.

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Yankees cuarentones de 2016 y el joven shortstop holandés

 

 

 

PARA DOMINGO, ENERO 31, 2016…

JUAN VENÉ EN LA PELOTA…

Coral Gables, Florida (VIP-WIRE).-

“Jamás rompas el silencio, si no es para mejorarlo”…Ludwig van Beethoven.-

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En más de 20 años los Yankees no habían enfrentado un caso tan difícil como el de 2015, cuando el mánager Joe Girardi tuvo que conseguir qué nombre escribir en la alineación en vez de Derek Jeter.

“Ahora me siento muy cómodo” dijo ayer Girardi para esta columna, “porque Didí (Gregorius) no solo se ganó el puesto, sino también la aceptación de los fanáticos”.

Ese holandés de Ámsterdan, quien celebrará sus 26 años de edad el 18 de febrero, demostró dominio total de la posición en toda jugada posible y algunas imposibles también. Cierto que al comienzo se le vió desconcertado por el pitcheo de una Liga que no conocía, porque su record anterior, de más de 600 apariciones en el home-plate era todo en la Nacional, con Rojos y Diamondbacks. Pero después del Juego de Estrellas comenzó a conectar muy bien y a demostrar dominio de la zona de strike, por lo que logró 294 de promedio y 762 de embasado más slugging en esa segunda mitad de la campaña.

Nadie ha dicho que alcanzará la ofensiva, de Jeter, pero los scouts estiman que bateará sobre 270 con unos 15 jonrones por temporada.

Al fin y al cabo, una vez los Yankees tuvieron que sustituír a Babe Ruth y más tarde a Joe DiMaggio, a Mickey Mantle y a Whitey Ford.

Los planes de los Yankees por ahora son, Gregorius shortstop, por lo menos mientras Jorge Mateo, de 20 años, se gradúa de bigleaguer. En clase A, 2015, Jorge robó 82 bases en 99 intentos, es decir, no solo vuela, sino que se embasa frecuentemente. En la lista de los 100 mejores prospectos de todo el ámbito de las menores, Mateo es númeo 30.

Pero los Yankees deben renovarse en otras áreas. Por ejemplo, Alex Rodríguez llegará a sus 41 en julio, Carlos Beltrán a los 39 poco después de inaugurarse la temporada y Mark Teixeira 36 también en abril.

El asunto no es tan sencillo como conseguir un equivalente a Didí Gregorius para sustituir a cada cuarentón con su ácido úrico y los demás achaques.

Sin embargo, para la bataola abril-octubre 2016, los Yankees van bien, muchachos van bien.

RETAZOS.- ** Además de Jorge Mateo, los Yankees tienen a otros dos entre los mejores 100 de las sucursales, Aeron Judge, outfielder, bateador de poder, de 24 años, número 31 en ese grupo; y el receptor Gary Sánchez, de 23 años, 59 entre los cien de la historia… ** El slugger mexicano Japhet Amador cobrará 22 millones de dólares en Japón por sus dos primeras temporadas con los Tohoku Rakuten Golden Eagles. Ya fue presentado a la sociedad nipona del beisbol, pero hasta ayer sábado no aparecía en el róster del equipo. Sin embargo, el mánager, Masataka Nashida, anunció que lo alineará como tercero o cuarto bate… ** ¡Los Tres Reyes Magos vienen del Oriente y tienen muchas monedas de las que son más potentes…

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

@juanvene5

jbeisbol5@aol.com

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Zou Shiming se apuntó nocaut técnico sobre Natan Coutinho Por: Staff Izquierdazo

El boxeador de Top Rank dos veces medallista olímpico, Zou Shiming, tuvo actividad el día de hoy en la ciudad de Shanghái en su país natal. El púgil chino no había peleado desde marzo del 2015 cuando perdió frente al tailandés Amnat Ruenroeng en lo que fue su primera oportunidad de ganar un campeonato del mundo, esa noche se disputó el de peso mosca de la FIB.

En la función de este sábado Zou Shiming venció por nocaut técnico al brasileño Natan Coutinho, quien llegaba invicto con 10 nocauts en 12 victorias. Con el triunfo de hoy el peleador asiático de 34 años mejoró su marca a 7 peleas ganadas y 2 nocauts, con 1 derrota.

Durante la misma velada el japonés Ryota Murata logró mantener su record invicto (9-0, 6 KO's) noqueando en apenas dos runds al argentino Gastón Vega.

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Kovalev volvió a triturar a Pascal

 

 

 

CANADÁ – Sergey Kovalev destruyó en siete rounds a Jean Pascal y retuvo el título semicompleto de la Asociación Mundial de Boxeo, Federación Internacional de Boxeo y Organización Mundial de Boxeo.

El ruso mostró su poder desde el inicio, dominó la contienda y conservó lo invicto. Su marca es de 29 triunfos, un empate y 26 nocauts.

Pascal inició agresivo, fue a buscar a Kovalev, quien guardó un poco las armas y mantenía su distancia. Un jab del ruso puso en la lona al local, pero el réferi marcó resbalón.

El campeón no desperdiciaba golpes, mantenía un ritmo pausado a diferencia del retador, éste tenía un ataque muy desorganizado, de un golpe le quería arrancar

Pascal conectó sólidos golpes, hizo que Kovalev pusiera tierra de por medio. El campeón reaccionó al final del tercer asalto, con el jab abrió la defensa y con la derecha hizo que el local se tambaleara.

El ruso empezó fuerte, pegó un poderoso y destructor recto de derecha a Pascal, quien valiente aguantó de pie, aunque después salió por piernas, el contendiente al título estaba en malas condiciones, pero tenía un gran corazón. Al quinto capítulo, la pelea era del visitante.

Antes de iniciar la séptima vuelta Freddie Roach quiso detener la pelea, pero Pascal le pidió un round más.

Kovalev era como un gato que jugaba con el ratón en el round siete. El ruso era dueño de la pelea y casi todos los golpes que lanzaba daban en el cuerpo o cara de su enemigo. Pascal se veía lento, sin fuerza y con pocos reflejos.

Roach no vio nada en su pupilo y detuvo la contienda antes del inicio del octavo rollo. Freddie fue inteligente, Pascal recibía castigo innecesario y no se veía oportunidad alguna de poder derrotar a Kovalev.

El final de la pelea Adonis Stevenson retó violentamente a Kovalev

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Carlos Correa, como Jeter, Ripken, A-Rod. y Tejada

 

 

 

PARA JUEVES 28, ENERO 2016…

JUAN VENÉ EN LA PELOTA…

Coral Gables, Florida (VIP-WIRE).-

“Esa vecinita mía está más manoseada que mouse de computadora de biblioteca”… La Pimpi.-

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La pregunta de la semana…: Hoy jueves 28, la Liga Americana cumple 116 años de haber sido formada con ocho franquicias, rósters de 14 peloteros cada una y calendario de 140 juegos. ¿Cuáles fueron esos ocho equipos fundadores?

La respuesta…: Atléticos de Philadelphia, Somersets de Boston, Nationals de Washington, Tigres de Detroit, Medias Blancas de Chicago, Cerveceros de Milwaukee, Azules de Cléveland y Orioles de Baltimore.

Shortstop al bate.- Apenas tras haber celebrado sus 21, y después de su campaña de Novato del Año en 2015, el shortstop puertorriqueño de los Astros, Carlos Correa, es consierado por los scouts a la altura de los mejores bateadores de la posición. Desayunada ayer en “El Camarón Borracho”, de Miami Bach, con un amigo scout, quien no trabaja para la organización de Houston, y me dijo…: “Correa puede batear como lo hacían los shortstops que cambiaron el bateo en los de la posición, Ral Ripken, Miguel Tejada, Alex Rodríguez, Derek Jeter”. El primer trabajo de Carlos, aún niño, fue como peon en las construcciones, bajo las órdenes de su papá…

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“Quien no se haya tomado un sabroso trago de licor en su vida, que tire la primera piedra… ¡Y ciudado con lo que vas a quebrar, mentiroso!”… Dick Secades.-

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La odisea de Piazza.- Cuando Tom LaSorda dejó de ser mánager de los Dodgers, para pasar a consejero, se empeñó en que saliera de Los Angeles Mike Piazza, quien ya tenía temporadas de 40 jonrones. El nuevo mánager (1998) era Dave Johson, después de LaSorda, Bill Rusell y Glenn Hoffman. Y el catcher que tenían, Tod Hundley. En el cambio del 14 de mayo de ese ‘98, los Dodgers recibieron de los Marlins cinco peloteros, Manuel Barrios, Bobby Bonilla, Jim Eisenreich, Charlos Johson y Gary Sheffield. Y mandaron a Florida a Tod Zeile junto con Piazza. Pero apenas ocho días más tarde, ¡¿quién sabe por qué?!, los Marlins pusieron a Piazza a volar hacia Flushing, Nueva York, de donde recibieron a Geoff Goetz, Preston Wilson y Ed Yarmail. 10 peloteros involucrados en las dos negociaciones, que finalmente pusieron a Mike Piazza rumbo al Hall de la Fama de Cooperstown y a los honores en Citi Field del retiro de su número 31, antes del juego nocturno del sábado 30 de Julio, con los Rockies de visita…

Oídos ciegos, ojos sordos.- Nadie oye el clamor de los restos del antioqueño, Luis (Jud) Castro, abandonados en Nueva York desde 1941, sin siquiera una lápida. Traté en la Embajada de Colombia, en el Consulado de Miami, en la Alcaldía de Medellín, en la Gobernción de Antioquia y con Alfonso Saer. Es el cadáver sin doliente del primer bigleaguer latinoamericano del siglo XX…

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“Si un hombre fuera guapo e inteligente a la vez, sería una mujer”… Lady Vaga.-

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

Jbeisbol5@aol.com

@juanvene5

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AMB haría excepción por Cotto

Le ofrecen pelear por el súper campeonato junior mediano condicionado a un choque más tarde contra Erislandy Lara

Boxing 2012: Miguel Cotto Media Workout NOV 19

El presidente de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Gilberto Jesús Mendoza, está firme en su plan de reducción de los múltiples títulos por división que hay en su organismo.

En pocas palabras, no dará marcha atrás a su decisión, pero también tendrá que honrar su palabra sobre un último ofrecimiento previo a decidir sobre la reestructuración que enfrenta ahora como líder en propiedad.

Mendoza Jr., cuyo organismo se ha caracterizado por tener hasta cuatro campeones en una división (súper campeón, regular, unificado e interino), reveló que le ofreció al excampeón peso mediano puertorriqueño Miguel Ángel Cotto, la oportunidad de disputar este año el súper campeonato de la división de las 154 libras, el mismo que ganó Floyd Mayweather Jr. en el 2013 luego de vencer al mexicano Saúl ‘Canelo’ Álvarez.

Ante el supuesto retiro de Mayweather Jr., el cetro quedó vacante y actualmente va en vías de ser eliminado, si es que Cotto no decide disputarlo.

La única condición que tendrá Cotto o quien salga victorioso de ese choque, sería enfrentar de forma directa al actual campeón en propiedad, el cubano Erislandy Lara.

“Ya dije que la meta es reducir al máximo los títulos. Actualmente el súper campeonato de las 154 libras no está disponible y está cerrado. De la única forma que podríamos reabrir esa posibilidad es que Cotto decida disputarlo y que luego el ganador de esa pelea enfrente a Erislandy Lara”, explicó. “Mi mejor opción es que enfrente en estos momentos a Lara. La otra opción es reabrir el título de súper campeón simplemente porque soy un hombre de palabra y fue un ofrecimiento que le hice a Cotto previo a mi reflexión con respeto a la reducción de los títulos”, indicó.

Actualmente, Cotto evalúa dos sólidas opciones para un posible pleito el 4 de junio: enfrentar en revancha al mexicano Saúl ‘Canelo’ Álvarez o un choque en un peso intermedio (149 libras) ante el también extitular azteca Juan Manuel ‘Dinamita’ Márquez, quien precisamente reveló el martes que hará unas dos peleas en el 2016 antes de enganchar los guantes. Una de ellas podría ser Cotto.

“Si Cotto hace la revancha con ‘Canelo’ pues nosotros nos olvidamos del título nuestro. (La oferta del súper campeonato) Fue algo que surgió producto de una conversación durante la Convención de la AMB en diciembre. Fue una oferta que hicimos antes de plantear la política. Y la meta a corto plazo es que una vez haya un ganador, ese iría contra el campeón regular que es Lara y eliminaría el súper campeonato”, añadió.

La opción también haría que Cotto se convirtiera de paso muy posiblemente en el último súper campeón de la AMB.
Mendoza sin embargo reiteró en que su plan continuará en vías de reducir a un campeón por división. Precisamente son el peso welter y el súper welter, las dos divisiones que actualmente cuentan con un campeón regular y un interino. En las 160 libras, Gennady Golovkin es el súper campeón; Daniel Jacobs es el titular regular y el venezolano Alfonso Blanco, de apenas récord de 12-0, 5KO’s, es el monarca interino.

Cotto fue campeón junior mediano de la AMB hasta el 2012. ‘Canelo’ Álvarez cargó con ese cinturón también hasta el 2013, y Márquez reinó en el peso pluma de 2003 a 2006.

 

http://elvocero.com/amb-haria-excepcion-por-cotto/

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