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BEISBOL 007

Musica Latina / EL CORSO

Musica Latina / EL CORSO

 

 

Pete Cuban y dos bailarinas danzan en El Palladium Ballroom para 1965, NYC. 

Foto de ©Martín Cohen

 

 

Por: ©Max Salazar

Versión al español de: ©Ian Seda

El artículo se tomó del libro: Mambo Kingdom: Latin Music In New York

de: Max Salazar, editado en el 2003

Fotos de ©Martín Cohen

 

        El 1ro de mayo de 1966, el salón el Palladium - la meca de los bailadores del mambo en Nueva York- cerró sus puertas por última vez. El Chez José, localizado en el Hotel Park Plaza en la Calle Setenta y Siete de la 50 Oeste, entre el Parque Central del Oeste y la Avenida Columbus, se convertiría en el nuevo lugar de reunión. Era un club elegante y exclusivo con puertas dobles negras que llevaban a unas escaleras que descendían desde la entrada que estaba al nivel de la calle. El Chez Jose abrió una tarde de un viernes de mediados del 1965, con la orquesta de Larry Harlow como su primera atracción. No había una propaganda o anuncio diciendo los nombres de las orquestas que estarían presentándose, por lo que los bailadores nunca sabían quien iba a tocar hasta que entraran al salón.  Aún así el club tuvo tremenda atracción y acogida. Entre 1965 y 1970, la élite de las orquestas nuevayorkinas de salsa, charanga y boogaloo brindaron su delirante música, atrayendo a personas elegantemente vestidas que bailaban hasta bien entrada la madrugada.

 

        Luego de que el Chez José cerrara en 1970, el nuevo lugar de encuentro sería el Corso en la Calle Ochenta y Seis de la 205 Este, saliendo de la esquina de la Tercera Avenida. El establecimiento abrió sus puertas por primera vez en 1927, pero hasta el final de la Segunda Guerra Mundial fue un restaurante que proveía servicio predominantemente a los Americanos - Alemanes que vivían en el vecindario. Tan tarde como para el 1968, cuando Tony Raimone se convirtió en el dueño, el Corso aun presentaba principalmente "música continental" de Europa. Raimone había sido un cliente particular del Corso por espacio de catorce años antes de decidir comprarlo. Inauguró su recién adquirido negocio para el mes de mayo y tuvo como atractivo la presentación de la orquesta de Glenn Miller, dirigida por Buddy DeFranco. El grupo de Miller fue seguida por la banda de Lionel Hampton, pero ninguna de estas orquestas atrajo a las masas.

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Pete Bonet cantando y Joe Cuba en las congas.

 En el  Eva’s Intimate Lounge, NYC agosto/72. 

La foto es de ©Martín Cohen

 

 

 

Una tarde, Pete Bonet, vocalista nacido en Santurce, Puerto Rico, persuadió al dueño para que lo dejara promover una noche de música latina. Bonet había grabado recientemente uno de los álbumes mas vendidos, Soul Drummer, con la orquesta de Ray Barreto. Es así como contrata la orquesta de Barreto y llena toda pulgada cuadrada del club. De manera subsiguiente, Bonet y su hermano Julio llenaron el club cada atardecer de miércoles a domingo al contratarse orquestas de arraigo popular como las de Tito Puente, Machito, Eddie Palmieri, Johnny Pacheco y José Fajardo, así como también la Orquesta Broadway, la Típica Novel y la Sonora Matancera.  Al público de los miércoles por la noche se le trataba con espectáculos especiales, donde Cuban Pete, Mike Vásquez, Freddie Ríos, Carlos Arroyo y Mike Ramos, además de otros muy conocidos bailadores, emocionaban a los espectadores con las exhibiciones de sus pasos de baile mas recientes.

 

 

A la der. La leyenda del Corso Cuban Pete. Foto de ©Cuban Pete y  a la izq.  Las leyendas del mambo: Mike Ramos y Freddie Ríos. Foto de ©justsalsa

 

        El 2 de agosto de 1968, la orquesta de Pete Bonet, compuesta por doce integrantes y dirigida por Louis Ramírez, hizo su debut en el club. El grupo impacto a los bailadores con composiciones y arreglos originales de Ramírez que me recordaron al sonido de Tito Puente (escuchen al álbum de Bonet de 1968 The Odds Are On y también al álbum de 1969 con el sello Fania Pete & Louie: The Beautiful People). Los hermanos Bonet estaban en racha, por lo que se fueron al estilo latino los lunes en la noche, lo que atrajo a los aficionados que anteriormente iban a los espectáculos de Jazz-Latino en el Village Gate. Contribuyendo a la popularidad del Corso estaban los anuncios, como éste que escribí, titulado "El Corso, la Casa del Sonido Típico", para la recién fundada revista Latin New York:

 

          ¿Alguna vez se ha sentido solo y sin saber que hacer? ¿Quieres conocer a una hermosa muñeca y   bailar al son de una música que los va a agitar a ambos? Si tu respuesta fue sí, visita el Corso cualquier  lunes, miércoles, viernes, sábado o domingo por la tarde. No importa cual sea el problema que tengas, una vez pases por los portales a la entrada del Corso, la música típica te va a pegar y te va a ayudar a escapar de tus problemas por algunas horas. Algo diferente siempre está ocurriendo. Alguien siempre esta siendo infectado por esta música.

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La Orquesta Broadway: De izq. a der. 1. Eddy Zervigón, flauta de madera de 5 llaves;  2. Kelvin Zervigón, Guiro; 3. Ira Herscher, Piano; 4. Enrique Vélez, Timbales; 5. Helio Romero, Cantante; 6. Roberto Torres, Cantante; 7. Jose Valente, Conga ; 8. David Herscher, Bajo; 9. Abraham Norman, Violín; 10. Ruddy Zervigón, Violín; en plena época del Corso.  La foto es cortesía de ©Eddy Zervigón.

 

 

 

        El público a capacidad que se dio cita el Día de las Madres del 13 de mayo de 1973 fue infectado por la música típica de la Orquesta Broadway, Ray Barreto, y Johnny Pacheco. Eddie Zervigón, flautista y director de la orquesta Broadway, emocionó a los bailadores con su excitante "Pa’Africa" de su grabación más reciente. Trate de imaginar sus rápidos dedos moviéndose en una flauta negra de madera soplando un acorde menor en un registro bajo y luego subiendo tres octavas por encima de cada otra nota. Trate de imaginar el sudor bajando por la nariz de Ray Barreto mientras canta el coro y sus manos azotan el cuero de sus tambores. ¿Puede visualizar a Johnny Pacheco sufriendo con una fiebre, incapaz de cantar y pidiéndole a una muñeca latina que cante el coro en su lugar ya que su garganta afligida no le permite llegar a las notas altas? Mírelo y escúchelo en la Casa del Sonido Típico. ¡Pase por el Corso y quede infectado!

 

        Y en el artículo que escribí para el número de agosto del 1973 de Latin New York, hablé sobre el público a capacidad que se había dado cita dos meses atrás para escuchar el nuevo sonido electrificado de Eddie Palmieri en el Corso.

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Ahora que mama no está aquí. . .

Nick Marrero e Ismael Quintana.  NYC 1972. Foto de Martín Cohen.

 

 

La gran asistencia fue como la gente que se alineaba en la Quinta Avenida para saludar al Gran Mariscal de la Parada Puertorriqueña. Estaban parados formando un semicírculo alrededor de la tarima y mirando hacia arriba donde el pianista; otros llenaban cada pulgada cuadrada del débilmente iluminado club.  Con brazos extendidos y ágiles dedos cosquilleando el montuno para "Pa’Huele", Palmieri, inclinando su cabeza hacia arriba, ojos cerrados, y llevando una expresión de satisfacción sensual, parecía haber quedado anestesiado por su propia música. La nueva "Pa’Huele" fue destacada por el amplificado y agitante arte de Alfredo de la Fé, cuya cabeza, hombros y brazo derecho se agitaban y estremecían espasmódicamente mientras su arco pasaba sobre las cuerdas…Siguiendo el solo hipnotizante de tres minutos de De la Fé, fue la excitante  flauta de Mario Rivera y un inspirado y  sin precedente solo de los diestros dedos del bajista Andy González, que hicieron esta canción aún mejor que la versión grabada. "Pa’ Huele" fue tan increíble que cada número interpretado posteriormente no pudo elevar la adrenalina al mismo nivelHerencia Latina

 

 

Andy Gonzalez, para 1974. Foto de ©Martín Cohen

 

 

 

        Hubo muchas noches inolvidables en el Corso, pero la que más disfruté fue cuando  Vicentico Valdés y Tito Puente se reunieron luego de su separación de veintiún años atrás. En 1954, un mal entendido entre los dos músicos resultó en que Valdés abandonara la orquesta de Puente para formar su propio grupo, el cual fue un éxito inmediato. Por años los latinos de Nueva York anhelaban que estos dos músicos se pusieran en contacto y enterraran el pasado.

 

        El 18 de abril de 1975 la unión histórica entre Tito Puente y Valdés  se dio en el Corso. A la 1:00am, poco después de que el conjunto de Johnny Pacheco había terminado con una electrizante guaracha.  La poca alumbrada sala de baile de momento se vio prendida con las luces blancas del techo, mientras los bailadores se apresuraban para encontrar un lugar donde poder apreciar el espectáculo. De acuerdo a Machito y a Miguelito Valdés, el Tito Puente de mediados de los setenta era una persona madura que había expresado su deseo de estar en el mismo anuncio que Tito Rodríguez y Vicentico Valdés. La anticipación de lo que sucedería luego era el pistón que movía mi creciente adrenalina.

 

        Marty Arrett, el maestro de ceremonias del Corso, comenzó la histórica ocasión dándole la bienvenida a Puente luego de una ausencia de dos años y medio. El peli-blanco de Puente, vestido magistralmente en un traje azul y corbata roja, se inclinó ante la ovación del público y le hizo una señal a Mike Collazo, cuyo redoble acompañaba las palabras de Arrett: "Señoras y señores, el Rey, Tito Puente, y Vicentico Valdés."

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El Rey Tito Puente. Foto de ©Martín Cohen

 

 

 

        Un estridente aplauso y una ovación de pie le siguieron. Valdés, vestido con un jacket safari de colores crema, camisa deportiva y pantalones ligeros de verano, se liberó del grupo de mujeres que lo rodeaba, sonrió, caminó tranquilamente hacia Arrett, le dio la mano, aceptó el micrófono, le hizo una señal afirmativa a Puente, y comenzó a cantar la balada "Corazón No Llores". Tres baladas más siguieron; cada una causando un entusiástico aplauso. Cuando la familiar introducción a "La Gloria Eres Tu" comenzó, los estrepitosos aplausos y pitos ahogaron a Valdés. En solo segundos me vi transportado al año 1952.  Imaginé el suave vibráfono de Puente y tuve visiones de los que bailaban de "cachete a cachete" en la pista de baile del abarrotado Palladium. Cuando la banda comenzó a tocar "Babarabatiri" y siguió con "Abaniquito", los patrocinadores reaccionaron como locos. Era uno de los muchos momentos históricos en la historia de la Música Latina que se desarrollaron entre 1969 y 1985 en El Corso, la "Casa del Sonido Típico Latino."

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Entre amigos, Tito Puente, Miguelito "Babalu" Valdés (al centro) y con un puro en la boca,

a su izq. Vicentino Valdés. Fotos: Archivo Familia Valdés.

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