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BEISBOL 007

Ken Norton y el boxeo criollo

 

No diré mucho más que lo que ya se ha dicho acerca de Ken Norton, el exboxeador del peso completo que murió el pasado miércoles a los 70 años de edad en una clínica de Arizona, abatido por una larga enfermedad agravada después de haber sufrido una apoplejía hace unos cuatro o cinco años.

En esta nota me explayaré únicamente en el relato o recuento de las que consideró son las tres circunstancias o episodios más interesantes de su ejecutoria en el cuadrilátero (una brillante ejecutoria por otra parte: fue campeón del mundo, aunque a medias, y cerró su actuación en la disciplina con marca de 42 victorias y apenas 7 reveses, a más de unas tablas, en 50 combates), dos de tales circunstancias que le vincularon directamente con la historia no escrita por completo del boxeo profesional de Venezuela y una tercera que ató indisolublemente su nombre al de Muhammad Ali y le dio una notoriedad jamás perdida ante la legión de quienes fervorosamente siguen la disciplina en cualquier parte del orbe.

Sorpresa en California
No podría afirmarlo, so pena de caer en un error, pero me parece recordar que la primera ocasión en que se oyó en Venezuela el nombre de Norton, un exmarine de la armada de Estados Unidos --nacido  como Kenneth Howard Norton en Jacksonville, Illinois, el 9 de agosto de 1943, según lo señalado por The Boxing Record Book,  libro de consulta que me ayuda en casos de esta índole--, fue cuando se anunció en las páginas deportivas locales que el peso completo sucrense  José Luis García  enfrentaría a un temible invicto que contaba a los anestesiados por salidas, 15 de 16 ( un tal Sam Wyatt le aguantó seis tramos, en lo que fue la segunda pelea para Norton), quien ya era mencionado y calificado como la promesa más firme de la máxima división y sin dudas enfilado hacia el grupo de élite en que descollaban Muhammad Ali, Joe Frazier y George Foreman, entre otros.

Para los expertos, García sería tan solo un escalón, un manso e indefenso cordero que sería sacrificado por Norton para continuar de tal modo su aparentemente incontenible tránsito en procura de las grandes bolsas.

A la sazón, el criollo buscaba abrirse una senda exitosa bajo la protección de Ramiro Machado y del veterano entrenador Willie Ketchum, con oscuras peleítas del 3x4 y un Don Equis en el boxeo, Cuando ambos subieron al ring de Los Ángeles (no estoy del todo seguro si fue en el Felt Fórum) nadie era tan audaz como para colocar un centavo de dólar a favor del venezolano. ¿Cómo podía detener un boxeador, de apellido García, conocido sabría Dios por quién,  a un Norton imbatido en la estelar de aquella noche del 2 de julio de hace 43 años, con apuestas a su favor en proporción de 100 a 1?

Como sucede y seguirá sucediendo de tanto en tanto, en el boxeo y en otra cualquiera actividad, esa vez los pronósticos se desplomaron, para asombro del mundo boxístico: García se "fajó" desde la campana inicial, cambió golpes con Norton sin dar un paso atrás, y terminó por demoler al hasta entonces jamás vencido por la vía del nocaut técnico en el asalto número ocho.

Por supuesto, la contundente victoria colocó al criollo en una vitrina especial, como un potencial enemigo para los grandes de la división. No fue así, desafortunadamente. Para el oriental aquella proeza fue como el canto del cisne. García, ya en la mira de los promotores para una posible pelea con Muhammad Ali, perdió inopinadamente el tiempo y la brújula –jamás supe con  certeza qué ocurrió en su caso- y se hundió en el anonimato en tanto que Norton, luego del percance, reemprendió su ruta hacia la cúspide  y acumuló 13 éxitos consecutivos, 10 antes del límite, hasta la histórica batalla con Ali, de la que hablaré más abajo y a continuación.

Cinco años después del tropezón frente a García, Norton enfrentó otra vez al ya descolorido púgil de Cariaco y lo noqueó en cinco capítulos, exactamente el 14/08/75. Y de García nunca más se supo.

La mandíbula rota de Ali
De Norton, sin embargo, si se supo más y mucho. La hilera de 13 triunfos en sucesión al reemprender el camino colocaría a Norton en un mismo ensogado con la más rutilante estrella del firmamento boxístico universal, el exCassius Clay, Muhammad Ali, hoy aquejado del Mal de Parkinson, con 71 años a cuestas y una sombra de lo que fue, física y mentalmente.

El encuentro, por la faja de EEUU, tuvo lugar el 31 de marzo del 73 y luego de 36 minutos de encarnizada lucha, Norton terminó con el brazo en alto. Unos pocos minutos después de conocerse el fallo de los jueces, Ali ingresó a un hospital de Los Ángeles con diagnóstico de fractura de la mandíbula.

Muhammad afirmó que sintió el crujido del hueso en los primeros segundos del primer round y, adolorido todavía, a la mañana siguiente recibió en su cuarto de enfermo a Norton, quien, seguramente por mera gentileza, dijo a quien le oyera que no enfrentaría otra vez al musulmán, "porque el tipo pega muy duro", o algo así.
Naturalmente, era una aseveración piadosa y sin fundamento real. Un nuevo pleito entre ambos con seguridad llenaría la plaza, con suculentas bolsas para los dos. Así, el 10 de septiembre del mismo año volvieron a medirse, en discusión del cinturón que tenía Norton, pero esta vez el carismático púgil de Louisville tomó venganza a los puntos, en otra pelea de violentas acciones de comienzo a fin.

Los dos rivales cerraron su ciclo de choques con una tercera pelea el 28 de septiembre del 76 con el trono mundial de por medio y Muhammad Ali impuso su boxeo para un segundo triunfo sobre el exmarine por el camino de las tarjetas.

Una gandola arrolló a un hombre
Norton, por supuesto, ya era un nombre que inspiraba respeto en el concierto de los coliflores y resultaba, además y por eso, un buen atractivo para los promotores y para los aficionados, que lo habían  etiquetado como "el que le rompió la mandíbula a Ali".

Por tal motivo a nadie sorprendió que se le designara como contrincante de George Foreman en la segunda defensa que haría éste de la corona ganada ante Joe Frazier, a quien pulverizó en dos vueltas el 22 de enero del 73 en Kingston, Jamaica,  y que retuvo contra el boricua José Román en Tokio en apenas unos minutos del episodio de apertura.

La plaza elegida fue Caracas y el escenario sería el Poliedro. La fecha: 23 de marzo del 74.

Para el momento yo era el redactor que cubría la fuente del boxeo para un diario de circulación nacional y me tocó reseñar el antes, el en y el después del combate.
Recuerdo como si fuera hoy que al frente del Poliedro se desempeñaba en rol de administrador o gerente general el consagrado e inolvidable músico valenciano, el querido Aldemaro Romero...

Supe entonces de las muchas tribulaciones de Aldemaro en los prolegómenos de la pelea, por discusiones y reuniones constantes con la empresa promotora, cuyo nombre borré de la memoria, por los caprichos y exigencias de todo tipo por parte de Foreman y de su comitiva; con  la debida atención que debió prestar a los personajes del mundo del boxeo que nos visitaron en la ocasión, entre tantos de ellos los excampeones del mundo, y todos miembros del Salón de la Fama de ese deporte, tales como Ali; el más grande rey de los semicmpletos en la historia, Archie Moore, aun dueño del récord de todos los tiempos de 194 peleas ganadas, con 141 kos. en 228 presentaciones (perdió 26 y entabló 8), y el letal y también mítico exsoberano de los plumas Joey "Sandy" Saddler, un viejo conocido de los viejos aficionados de casa ya que aquí hizo papilla a a Oscar Calles (1947), Kid Barquerito y Lino García (1947), Luis "Miura" Monagas y José Alberto "Dum Dum" Díaz (1948). Pedro Firpo y Pauli Jackson (1950) y, finalmente Jackie Blair y Baby Ortiz  (1954), liquidados todos entre vel primero y el quinto round, con excepción de Díaz, quien se sostuvo hasta el octavo asalto. Él y Moore servían de asesores y técnicos en el clan de Foreman.

También se contó entre las celebridades asistentes el famoso promotor Don King, quien no se apartaba de Ali y de quien estaba a la sombra. En alguna parte leí hace un par de días que también estuvo entonces en Caracas el inmortal Joe Louis. No lo desmiento categóricamente, pero salvo que mi memoria me juegue una trastada, el legendario "Bombardero de Detroit", para cientos de expertos el mejor peso pesado en los anales del boxeo, no formó parte del grupo de los visitantes a quienes Aldemaro sirvió de anfitrión y que tantos quebraderos de cabeza le dieron al insigne compatriota, muy en especial y entre todos el introvertido campeón Foreman.

Fue esa pelea del Poliedro, presenciada a casi casa llena por unos 10 mil aficionados,  un suceso sin historia. Más apropiado: una pelea de historia breve y desigual en la que Norton resultó un muñeco sin cuerda frente a Foreman.  Para describirla basta el antetítulo: en el Poliedro una gandola arrolló a un hombre. No habían transcurrido más de dos minutos de acción del segundo acto cuando Norton se desmadejó en la lona, convertido en puré por una izquierda seguida de un derechazo brutal.

Poco después del desenlace Ali dijo a la prensa que él consideraba que tenía buena parte de culpa en la derrota experimentada por Norton. "Llegué tarde al local. Salí con retardo del hotel y por eso no pude hablar con Norton. Le habría dicho cómo pelearle a Foreman, cómo se le puede ganar".
¿Una "ronca", una bravuconada más de Ali? Unos meses más tarde, en Kinshasa, Zaire, la antigua Leopoldville, Ali probó que en efecto poseía la fórmula para batir a Foreman. Si tienen la posibilidad de ver el viejo video de esa refriega, montada por Don King el 30/10/74, verán a Muhammad todo el tiempo de espaldas a las cuerdas, resistiendo los embates de Foreman, y verán la relampagueante ofensiva desatada por el "Bocazas", que dejó sin título y humillado al perdedor en apenas ocho capítulos.

En cuanto a Norton el resto de su carrera boxística concluyó con más penas que glorias el 11 de mayo del 81, aplastado en un round por Gerry Cooney,  malamente apodado "La Esperanza Blanca", esperanza jamás hecha realidad...
Basta por ahora.

 

Jesús Cova


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