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BEISBOL 007

RIGONDEAUX NO ES EL BOXEO CUBANO

Por Andrés Pascual
 
Guillermo Rigondeaux no es un prodigio del boxeo, sino un peleador eminente de una distancia que no puede catalogarse larga, porque es más alejada que esta, entra cuando quiere a la media y golpea, entonces sale de nuevo a su rutina de tirar poco y correr mucho, que deja un sabor amargo en a boca del contrario que no pudo “boxear” y en la del público, que ve esta disciplina como un intercambio de golpes, buscando la forma de que, en el fragor, te conecten lo menos posible, pero nunca corriendo.
 
El supergallo no es el boxeo cubano, como él, excesivamente defensivo de la manera que no gusta, solo Lara se le compara y no siempre, porque, el grueso de pugilistas de la nueva ola cubana en el profesionalismo combaten, se fajan ganen o pierdan.
 
El antillano pega duro sin nocao punch, pero sacrifica la pegada en provecho de su seguridad que es ganar sin arriesgar…
 
Ni Rigo ni sus apoderados han concluido que no boxea en los amateurs ni en Cuba, donde se exige poco y se conoce menos, no acaban de establecer diferencias entre uno y otro circuito, entre una y otra filosofía: al pugilista rentado lo evalúa el público, que lo puede meter entre montañas de dólares y a púpilo en PPV, o lo descalifica totalmente, con la perspectiva de condenarlo a pelear en la línea de 2da opción estelar, la televisión abierta, por cantidades ridículas para quien han hecho más propaganda que a Mantequilla, a Chocolate y a Gavilán juntos. Cuando un boxeador es así en el terreno profesional, no triunfa convincentemente, porque demuestra un grado inaceptable de desprecio por la opinión “del respetable”, que pone el dinero para hacerlo exitoso o destruirlo según la ocasión.
 
El doble campeón mundial, eso sí, es el peleador más rápido de piernas de la actualidad; tampoco es “un dechado de técnica”, porque nadie puede asegurar si domina la distancia adentro, ni el golpe básico para este campo, el uppercut, por lo menos no se le ha visto emplearlos, ni mover el torso en la media en “wavings” y, si un peleador no está capacitado para boxear “pegado” y golpear desde ahí, perdón, pero no puede ser considerado un pugilista completo ni de “exquisita técnica”.
 
Durante el proceso de calentamiento a base de ofensas, preludio al bout Nonito-Rigondeaux, escribí 3 artículos en los que consideraba al asiático incapaz de batir al zurdo cubano, porque entendí rápido que su jefe de esquina no sería suficiente para establecer un plan ganador desde el inicio del pleito, que debíó haber sido, con obligación meridiana, parar al filipino en medio del ring, sin perseguir a quien no podría ni cortarle el paso, Robert García, por la nociva herencia del nacionalismo de sus ancestros, hizo lo contrario del ABC del boxeo y propuso una pelea al revés, porque era el cubano quien buscaba lo que estaba en poder de su pupilo, entonces tenía que obligarlo a boxear, al intercambio o le “echaba al público y al árbitro” encima si persistía en correr, García no quiso no pudo o no supo aguantar a Donaire y el resultado fue una derrota desmoralizante más para él que para el peleador.
 
Si el zurdo cubano aprende o pone en función del oficio lo que es obligado para ganar sin sobresaltos críticos, si tira el upper, si pelea infight, si intercambia y sale a base de pasillos laterales cortos y rápidos, entonces pudiera convertirse en el mejor peleador del mundo. Sin embargo, tanto tiempo en el vicioso ring aficionado, posiblemente nunca le permita hacer los arreglos necesarios a su estilo.
 
Ahora Santa Cruz dice que Rigondeaux “no es invencible”, pero, si logran la pelea y repite los errores del paisano de Pacquiao, regresará a México golpeado, vencido y desmoralizado, únicas alternativas para quienes se empeñen en imponer la fuerza persiguiendo a una liebre

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