Blogia
BEISBOL 007

DOS SEGUNDOS LE BASTABAN A CHÁVEZ PARA MATAR A TAYLOR

chavez hook a taylor

 

 

 

Por Andrés Pascual (publicado el 10 de Sep del 2009)

La ciudad de Filadelfia está considerada, junto a Nueva York y Detroit, como las más importantes plazas boxísticas de la verdadera “Edad de Oro” del pugilismo.

Hubo un momento en que en la ciudad, que también albergaba a los Filis de la Liga Nacional del béisbol de Grandes Ligas y a los Elefantes Blancos de Connie Mack, los legendarios Atléticos de la Liga Americana,tenía funcionando a todo vapor 41 gimnasios, incomparable a los casi 80 del Nueva York de esa época y ligeramente inferior a Detroit.

 

Eran los años en que el show boxístico se concentraba en el Este del país; fuera de Estados Unidos, La Habana funcionaba con más que relativa importancia.

El éxito estaba justificado por el dinero de estas ciudades y por la capacidad de sus promotores, quienes, a diferencia de solo dos de importancia hoy, hacían más variable la oferta y las posibilidades de los pugilistas.

Filadelfia fue la ciudad en la que estaba asentado uno de los mejores promotores de todos los tiempos, Herman Taylor, que preparó más de 20 peleas para Robinson en la ciudad; igualmente era la base de operaciones del gángster Blinky Palermo, Zar del boxeo para la división Atlántica por la Cosa Nostra, de igual forma que otro mafioso, Frankie Carbo, para el Oeste.

En Filadelfia preparó Palermo el robo de la pelea y del campeonato mundial welter contra Kid Gavilán, por incumplimiento de su esquina con las condiciones previas exigidas; tres años y medio antes, la intervención de este poderoso individuo del bajo mundo había ayudado a Gavilán a ajustarse el codiciado cinturón de campeón mundial contra Johnny Bratton…

En cuanto a memorabilia, Filadelfia es una joya para el pugilismo americano, en ella actuaron como entrenadores varios de los mejores de todos los tiempos desde George Benton, Jack Blackburn, Yank Durhan, Adolph Ritacco, Slim Jim Robinson, Sam Solomon, Jimmy Wilson…

La ciudad fue escenario de varias de las más importantes batallas del ring de todos los tiempos, comenzando por la pelea Dempsey-Tunney en el estadio Sesquicentenario con más de 120,000 fanaticos en 1926; allí peleó Robinson más de 20 veces, Gavilán, Bob Montgomery, Ike Williams, Beau Jack, Marciano, Chocolate, Sixto Escobar, Greb, Louis…

Boxeadores del nivel de Jersey Joe Walcott, Battling Levinski, Tommy Loughram, Gil Turner, Midget Wolgast, Joe Frazier, Joey Giardello, Tony Galento, Filadelfia Jack O’Brien, Jimmy Beecham, Bernard Hopkins, Jack Blackburn, Sugart Hart, Johnny Saxton, Sony Liston y Meldrick Taylos, entre otros, son nativos de esa ciudad.

Filadelfia también fue una plaza de importancia capital para el boxeo amateur de Estados Unidos, a través del programa nacional Guantes de Oro;  fue en ella donde, por primera vez, se otorgó el llamado Cinturón de Diamantes, algo que, cuando se repite en estos tiempos, se le adjudica a Jose Sulaimán sin explicar la historia, que no tuvo nada que ver con el mandamás del CMB como creador de la faja emblemática, que solo se entregaba en el nivel aficionado.

Del fuerte movimiento amateur de Filadelfia en el boxeo salió, durante los ochentas, Meldrick Taylor, que logró un impresionante récord aficionado de 99-4 y representó a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1984 en la ciudad de Los Angeles. Con 17 años recién cumplidos, el boxeador ganó la medalla de oro de ese torneo.

Meldrick Taylor se hizo profesional en 1984 y debutó tres meses después de que concluyeron los Juegos Olímpicos, en el Madison Square Garden, con nocao en el primero contra Luke Leece en pelea a 6 rounds.

Estiloso, con velocidad, bueno técnicamente y con pegada aceptable, le tenían en sus inicios como un futuro atracción de taquilla de una década con más de cinco grandes boxeadores que pertenecen a la inmortalidad absoluta.

En 1988 noqueó a Buddy McGuirt en el round # 12 de un pleito a quince con el cinturón junior welter en juego.

Entonces, en marzo de 1990, se concertó la unificación del peso  contra el mejicano Julio César Chávez, que llegó a la pelea con récord de 66-0; mientras Taylor presentaba 24-0-1, el empate contra el excampeón mundial amateur de La Habana-74 en la división ligera y de Montreal-76 en el mismo peso, Howard Davis.

La pelea pasaría a la historia como una de las más controversiales de todos los tiempos. Nadie puede dudar que Meldrick Taylor, con buen boxeo y desde afuera, con entradas y salidas rápidas a media distancia, dominó por lo menos 7 rounds; sin embargo, a partir del 8vo. los golpes de Chávez comenzaron a minar la resistencia del filadelfiano: cada gancho que el mejicano le conectaba se reflejaba en la cara de Taylor con una mueca de dolor evidente y comenzó a ceder bajo el efecto de impactos bestiales de un aporreador soberbio, que siempre supo donde dolía más.

Al round doce llegaron con Taylor aventajando en dos tarjetas a Chávez y ocurrió una de esas malas intervenciones de las esquinas, similar a la que le costó la pelea a Diobelis Hurtado contra Pernell Whitaeker, cuando le dijeron que, si no ganaba ese round, perdía la pelea, obligándolo a intercambiar con un hombre cuyo terreno era precisamente ese.

A pesar de que hizo un esfuerzo notable, los golpes recibidos le causaron pequeñas fracturas en las costillas y una lesión en los riñones; habían hecho todo lo que faltaba para que no se pudiera llevar la pelea y no solo eso, sino que perdiera por nocao técnico decretado piadosamente por el referí Richard Steele, que, cuando intervinó solicitándole respuesta, con la vista perdida, miró a su esquina y no pudo hablar, estaba noqueado de pie, circunstancia que sólo los boxeadores que han estado en semejante situación pueden certificar.

El reloj marcaba 2 minutos 58 segundos del round doce y último; a dos escasos segundos de la gloria estuvo Meldrick Taylor; pero, tal vez, a esos mismos de una muerte segura, porque Chávez le hubiera tirado no menos de 6 golpes arriba y abajo a mansalva y, como no pasó, nadie puede opinar subjetivamente sobre las consecuencias posteriores.

Tan fuerte castigo recibió Meldrick Taylor, que, hoy, sufriendo de demencia boxística, se puede asegurar que la enfermedad se la originó el castigo brutal a que lo sometió Chávez en cinco rounds. Según The Ring, fue la pelea del año 1990.

En 1992 la sombra de Meldrick Taylor le ganó por decisión unánime el campeonato welter FIB a Glenwood Brown; el 9 de mayo de 1992, Terry Norris lo noquea en 4 rounds por el campeonato mundial superwelter, pleito que fue un abuso contra un boxeador mucho más fuerte y el 31 de octubre del propio 1992, Crisanto España lo anestesia en 8 rounds quitándole la versión welter en su poder.

Todavía, en 1994, pelea en revancha por la faja junior welter el 17 de septiembre contra Julio César Chávez, que lo horizontalizó en 8 rounds en Las Vegas.

A Richard Steele se le culpa por la derrota de Taylor ante Chávez en Marzo de 1990; a mi modo de ver no debía ser así: Taylor no pudo articular palabra cuando el referí le preguntó si podía seguir; porque no estaba allí…estaba noqueado de pie y tan duro y recio fue el castigo que jamás se recuperó, la cantidad de lesiones que hubo que tratarle fueron tantas que contribuyeron a que nunca más regresara al plano de boxeador de primera línea que había sido.

Ese era el estilo de Chávez, acondicionado al instinto homicida de gladiador eminente, de aporreador salvaje cuyo objetivo era la destrucción absoluta; ganó la pelea y, el lugar que ocupa en la historia del pugilismo, dice a las claras que el crimen hubiera sido manchar el récord del mejicano, uno de los mejores boxeadores de la historia, dejando correr el tiempo que restaba para colocar una decisión en la esquina de un boxeador que, nadie lo dude, estaba noqueado.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres