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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

LARUSSA, PIE EN TIERRA POR “LOS SUYOS”

Por Andrés Pascual

       Cuando el manager Tony Larussa aprecia a un jugador es “contra viento y marea”: intentó limpiarle la imagen a Mark McGwire, al que llevó a San Luis, en cuanto pudo, como trainer de bateo; para él, nadie ha sido mejor relevista que Dennis Eckersley y argumenta, con mil y un conceptos analíticos, su compromiso.
       Al revés, si desprecia, casi es odio lo que aparenta, como contra José Canseco que, mientras podía y sin tener en cuenta los batazos que decidían para el Oakland, contribuyentes, a fin de cuentas, al desarrollo de su leyenda, de vez en cuando se le escuchaba comentar que “tal vez haya algo raro ahí”. Tan lejos llegó, que le informó al cubano que había sido cambiado al Texas durante un juego, con el artillero en el círculo de espera; aunque, honesto es decirlo, si se pone bravo, nadie sabe lo que puede hacer, porque, a Mark, en un partido de postemporada, le envío, en conteo de dos strikes, a un emergente de poca clase para que le diera “el último palo”.
      Al Pujols es un fenómeno del beisbol, si no está entre los más de 100 que faltan por cantar de “la lotería de la muerte deportiva”, hasta hoy, no se puede dudar en colocarlo junto a los mejores bateadores de todos los tiempos; a palo limpio se ha ganado su reputación indiscutible: 9 All Stars, promedio de 41 jonrones, 123 impulsadas y .331 en sus diez años de carrera en los que ha conectado, único en el juego, 30 ó más cuadrangulares en cada uno, 6 Bates de Plata y 2 Guantes de Oro, 3 MVP con un segundo lugar la campaña pasada…
     Es “el Hijo Predilecto” de Tony Larussa en la hora presente quien, como acostumbra, hace lo que sea por “el vástago postizo”.
     El estratega de los Cardenales acaba de “plantearle bronca” al Sindicato de Jugadores porque, según dijo, “están presionando a Pujols con lo del contrato” y, agregó, “estoy viendo cómo la Unión controla a muchos jugadores”. Lo anterior debería ser ripostado fehacientemente por el gremio, porque, dicho así, huele a suciedad que, tal vez, alcance la intimidación y hasta la extorsión…Y lo que dije es un entredicho, pero…
     Sin embargo, Michael Weiner, J’ de la Unión, le confesó a AP que “no hemos discutido sobre números ni con el jugador ni con Danny Lozano, su agente”.
      El club de Missouri tiene preferencia, hasta cinco días después de concluida la Serie Mundial, para negociar con el pelotero antes de que se declare agente libre. John Mozeliak, Gerente General del San Luis, explicó que no necesitan “un trato apresurado, pero tienen que acordar los términos”.
      Lozano está detrás del récord de 275 millones de Alex Rodríguez y se comenta que quiere 300 para su representado; Pujols, que ha dicho que el dinero no es, en su caso, lo esencial, se sienta a esperar por la fabulosa cifra y no pone reparos en que se maneje esa barbaridad.
      Larussa, como siempre, no ha dudado en decir lo que sea que contente a su protegido; aunque, en esta oportunidad, haya sido una declaración de guerra contra el segundo más poderoso Sindicato de Millonarios (que eso es), de Estados Unidos.
     Quizás el abogado-genio de la direccion del juego de pelota, razonablemente, esté asustado por la posibilidad de perder semejante pelotero, ¿Quién no?

Pie de grabado: La posibilidad de perder a Al Pujols en el mercado del “agente mercenario”, posiblemente tenga a Larussa enfermo y con insomnio.

 

“YO NO SOY UN HEROE; LOS HEROES NO REGRESAN”, BOB FELLER

 

Por Andrés Pascual

       Un libro necesario en el librero de todos los amantes del beisbol debería ser “Baseball’s Dead of World War II: A Roster of Professional Players Who Died in Service”, que en español sería “Muertes del Baseball en la Segunda Guerra Mundial: Un Roster de Jugadores Profesionales que Murieron en Servicio”; el material es duro de leer, doloroso más bien.
      Cada vez que se escribe sobre los jugadores movilizados hacia los campos de batalla o hacia los regimientos llamados de entretenimiento, el interés incide en los años perdidos por las estrellas convocadas al Servicio Militar y la afectación que tuvieron esas ausencias en sus records; fueron muchos y esta es otra diferencia que tienen a su favor los peloteros de hoy, que no juegan bajo la presión que significa “cumplir con el llamado de la patria en campos y ambientes de guerra real”.
     Según la investigación del autor, pocos bigleaguers sirvieron en el frente de combate; pero los que lo hicieron, incluyendo a cuatro miembros del Salón de la Fama, están debidamente documentados por Bedingfield.
     En el libro existen dos historias paralelas; la primera, de jugadores de ligas menores que lograron sobreponerse a serias lesiones para cumplir su sueño de jugar aunque fuera por poco tiempo en Grandes Ligas; la segunda, los que no pudieron por la extrema gravedad de la lastimadura.
    Pero la indagación se enfoca en los 127 jugadores que perdieron la vida en servicio, quienes murieron en todos los teatros de la contienda incluyendo batallas mayores en el Pacífico y en Europa. Como el Ténico de 5to. Grado Joe Pinder, que fue condecorado póstumamente con la Medalla de Honor por su valor durante el desembarco del  Dia-D. Curiosamente, el 6 de junio de 1944, se cumplía el 6to. aniversario del juego sin hits ni carreras que el soldado Forrest “Lefty” Brewster lanzó en la Liga de la Florida; el ex lanzador, un paracaidista de la 82 División Aerotransportada, perdió la vida atacando posiciones alemanas dentro de Normandía, cerca de las inmediaciones de Sainte-Mere-Eglise. Elmer Wright, otro ex jugador de las Menores, también perdió la vida ese día.
    Nueve ex peloteros de circuitos menores murieron en la Batalla de Guadalcanal y otros seis estuvieron entre las 6821 bajas en Iwo Jima; entre ellos, el Primer Teniente Jack Lummus, que recibió póstumamente la Medalla de Honor por doblegar sólo tres posiciones enemigas y Harry O’Neil, que actuó en un juego para los Atléticos de Filadelfia en 1939, estuvo entre las bajas de la batalla mencionada.
    El otro ex bigleaguer que perdió la vida en la 2da. Guerra Mundial fue el piloto de la Aviación Capitan Elmer Gedeon, cuyo avión se precipitó a tierra en Francia. Gedeon estuvo brevemente con los Senadores de Washington en 1939.
   Cinco ex peloteros recibieron la Medalla de Plata, tres la de Bronce, cinco la Cruz de Vuelos Distinguidos y otro la Cruz de la Marina.
   Según el autor del libro no se menciona que 15,000 asistentes de vuelo y de transporte aéreo perdieron la vida durante la Segunda Guerra Mundial, incluidos en ese numero 16 ex jugadores de beisbol  que servían en la Fuerza Aérea y en el Cuerpo de Marines.
   El nombre más conocido entre los prospectos del beisbol, Billy Southworth jr. hijo del manager de igual nombre que pertenece al Salón de la Fama, estuvo entre los primeros jugadores en inscribirse voluntariamente al servicio militar en 1940. Como piloto de B-17 y después de completar su numero de misiones de combate en 1943, se convirtió en instructor y en 1945, durante un vuelo de rutina en un B-29, su avión se estrelló en un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto LaGuardia, perdiendo la vida.
   El 25 de enero de 1945 el Sargento Earl “El Lefty” Springer fue asesinado en Nenning, Alemania y se encuentra sepultado en el Cementerio Americano de Luxemburgo. Cada año, como homenaje a los soldados americanos que dieron la vida por liberar a su país, el residente del pueblo, Jean Folschette, pone flores en la tumba de Springer, alguien al que no conoció personalmente mucho menos como ex jugador profesional de beisbol en su país.
     El libro de Gary Beinsfield es un tributo supremo a aquellos hombres vinculados al beisbol para que su sacrificio no quede en vano; es el homenaje permanente a los héroes auténticos, los que, como dijo Bob Feller, “nunca regresaron”.


Pie de grabado: Cinco años y medio, dos guerras y una grave lesión en el cuello fue el saldo de la participación de Ted Williams


 

SPAHN, 201; MARICHAL, 227 innings



Por Andrés Pascual

       Estadio Candlestick Park, 2 de julio de 1963. De visita los Bravos de Milwakee a la Costa Oeste, para celebrar una serie de rutina con los Gigantes de San Francisco; 15,921 fanáticos en la instalación, ni siquiera soñaron que esa noche serían testigos de uno de esos juegos en los que la resistencia y la efectividad del pitcheo sería puesta a prueba. Más que rara, ave en extinción aquella demostración de pitcheo y, yo diría que, tan rápido como se extinguió ese tipo de partido, así ha desaparecido la clase de pitchers como los que se enfrentaron esa noche.
        El verdadero significado de “duelo de pitcheo”  lo desarrollaron, aquel 2 de julio de 1963, el zurdo Warren Spahn y el derecho dominicano Juan Marichal: dos de los mejores pitchers de todos los tiempos que, con justicia, pertenecen al Salon de la Fama del Béisbol.
        Durante la campaña, Warren Spahn ganó 23 de los 363 triunfos que obtuvo durante toda su carrera; mientras, Marichal recorría el sendero victorioso en 25 oportunidades de los 243 que muestra su record de por vida.
      Si algo caracterizó a Warren Spahn y a Marichal, fue su espectacularidad en el box y…su control. En el caso de Spahn, se cuenta que una vez dijo que solo necesitaba 12 pulgadas de home para lanzar strikes; imagínese eso en un zurdo, con uno de los mejores cambios de velocidad del pasatiempo, capaz de tirar sliders y curvas, también a muy buena velocidad.
     Ese año Spahn lanzaba en su vigésima temporada en Grandes Ligas  y el dominicano en su 4ta.Warren Spahn gano 20 ó más juegos durante 13 temporadas y el paisano de Joaquín Balaguer lo hizo en 6.
      En 1963, el zurdo del Milwakee celebró su cumpleaños 42 y, tres meses después del juego, el quisqueyano cumplió 26.
       Este año pasado, se cumplieron 47 de la celebración de uno de mas dramáticos e interesantes duelos de pitcheo de la era mododerna.
       La noche del 2 de julio de 1963, los Bravos de Milwakee salieron al terreno del Candlestick Parck  con la siguiente alineación: Lee Maye, CF; Frank Bolling, 2B; Hank Aaron, RF;  Eddie Mathews, 3B; Norman Larker, 1B; Cleon Jones, LF; Del Crandall, C; Roy McMillan, SS y Warren Spahn como pitcher y noveno bate.
      Durante el juego, actuaron como suplentes Denis Menke, de Eddie Mathews y Dillart de Cleon Jones en el leftfield.
       El Milwakee de 1963 era un club de indudable poderío al bate. Solo piense que el un-dos de tercero y cuarto, eran Hank Aaron y Eddie Mathews.
      Por su parte, los Gigantes comenzaron con Harvey Kuenn, 3B; Willie Mays, CF; Willie McCovey, LF; Felipe Alou, RF; Orlando Cepeda, 1B; Bailey, C; Jose Pagan, SS; Hiller, 2B y Juan Marichal, pitcher y noveno al bate…Durante el juego, Jim Davenport bateó de emergente por Pagan y Bowman se quedó jugando el campocorto.
       Aquella noche, el poderío al bate de ambos clubes se vio silenciado por la tremendísima actuación de los dos serpentineros y, al llegar al noveno, la pizarra mostraba un amistoso empate a ceros. Algún jugador de los Gigantes contó años después que, al finalizar la novena, el manager Alvin Dark le quiso aplicar la grúa al quisqueyano; pero el joven se negó a salir con la frase: “…mientras ese viejo este ahí; yo no salgo de aquí…”. En el inning 14, los Gigantes llenaron las bases con dos outs, pero Spahn sacó a Bailey en rolling de frente a Pagan en el campocorto.
       Después del noveno, el dominio fue absoluto por los dos pitchers, salvo la complicación de Spahn que mencioné. Durante las últimas ocho entradas del juego, Marichal permitió 2 hits y retiró a 17 en fila.
      Entonces llegaron al inning 16, último de un juego que no podía concluir ajeno al drama y la tensión desarrollada por los dos pitchers…
      La entrada la abrió Harvey Kuenn cediendo el primer out en elevado a la tercera base; entonces, al filo de la una de la madrugada, Willie Mays telescopió un lanzamiento de Spahn sacándola contra el aire a 400 pies por todo el left-center del incómodo estadio para bateadores que era Candlestick Park. De esa forma, concluía el gran duelo de Warren Spahn contra el dominicano Juan Marichal…después se dijo que a Spahn se le había quedado alto un screwball en la zona.
        El zurdo concluyo con la barbaridad de 201 lanzamientos y Marichal con 227, ambos guarismos, dos jugos y algunos lanzamientos de la mayoría de los pitchers de hoy que, ni porque lancen solo 100 envíos, están acreditados para realizar semejante faena.
        Fue un juego maratónico de 16 innings y 4 horas diez minutos de actividad en el terreno.
        A Spahn le dieron 9 hits en 15.1 entradas y a Marichal 8 en 16; Marichal, 4 bases por bolas y 10 ponches; Spahn, una base con dos chocolates.
        Los Mejores bateadores del juego fueron Menke, Bolling y Crandall con 2 hits cada uno por los Bravos y por los Gigantes, Cepeda y Bowman con dos hits, además del jonrón decisivo de Willie Mays.
       Hoy no se puede jugar un partido de esa clase; en primer lugar, el Comisionado Bud Selig es capaz de decretar un “blackout” de circunstancias especiales después del inning 12 y llamarlo a empate…Si lo hizo con un Juego de Estrellas, aunque en aquel se acabaron los pitchers; pero, a ciertos efectos, da lo mismo, ¿Quién puede adivinar las ocurrencias de este individuo?
          Lo otro que lo impide, es que no podría continuar el lanzador por lo de los 100 envíos, pero, lo peor, está por llegar: observe su reloj y la pizarra y tenga en cuenta que, muchas veces, en estos tiempos dicen que superiores, cuando transcurren 4 horas, el juego no está aún en el noveno; lo que significa que, posiblemente, se necesiten 3 días y miles de conversaciones de aburridísimos coaches-científicos de esta era, con cada pitcher, para poder terminar un extrainning como aquel que se jugó la noche del 2 de julio de 1963, hace ya la friolera de 47 años, en el Candlestick Park, entre los Bravos de Milwakee y los Gigantes de SanFrancisco.
        Warren Spahn pudo haber debutado en Grandes Ligas en 1941; pero un incidente con el manager de los Bravos, entonces en Boston y apodados Abejas, le devolvió desde el spring trainning a las ligas menores, el incidente consistió en que incumplió la orden de golpear a un bateador en el entrenamiento;  por tal razon, Casey Stengel le mandó de nuevo a una sucursal del club hasta el año siguiente, en que integró el staff.
        Durante sus inicios, Spahn poseía una recta poderosa y le pitcheaba a Stan Musial, el mejor bateador contra él en su carrera, tratando de poncharlo; el tremendo artillero de los Cardenales le bateaba con facilidad. Pero, cuando comenzó a dominar, hacia 1946-47, el screwbal y el cambio de velocidad, al que se refería Branc Rickey como “fantasma”, pues el dominio del pitcher se hizo valer contra el extraordinario bateador zurdo.
     Warren Spahn está, desde 1973, en el Salón de la Fama. Falleció hace 7 años en Oklahoma.
      Juan Marichal lanzaba a 3/4. Así lo hizo en la Primera Serie Mundial Juvenil, celebrada en Ciudad Méjico, en 1956; así le propinó tres ponches de relevo en el octavo a la novena cubana. Pero, en 1959, un manager de Liga Menor le sugirió que lanzara por encima del hombro y, sobre esta forma de entregar la bola, además de su recta tremenda, agregó a su repertorio curvas, cambio…traducido todo en 243 victorias y un nicho en Cooperstown.
Pie de grabado: Warren Spahn fue un fenómeno del pitcheo en Grandes Ligas

ESE DINERO COSTABAN WALTER JOHNSON, JOE CRONIN Y KILLEBREW JUNTOS

Por Andrés Pascual

       Los Nacionales de Washington acaban de dar un “palo con bases llenas” en el sentido de una rareza extraordinaria: Jason Werth, el jardinero de Los Filis de Filadelfia que jugó para el club cuáquero sin etiqueta de estrella, fue firmado por los capitalinos por 7 años y 126 millones de verdes, que desmenuzado en la cantidad anual que recibirá, se llevará a casa para pagar escuela privada para niños si los tiene, manicure dos veces a la semana para la esposa con peluqueria el sábado por la tarde, un buen Range Rover con otro BMW y mansión con piscina y vacaciones en Niza el nunca desperdiciable guarismo de 18 millones…
       ¿Qué está pasando en el beisbol profesional americano? Hace algunos años se comentaba sobre la necesidad de poner un tope salarial y ajustar los contratos de los jugadores a la realidad. Entonces se decía que nadie del espectáculo deportivo merecía ganar 200 millones y el entonces dueño del Texas se sumó a la preocupación de moda ofreciéndole 252 millones a Alex Rodríguez; después los Yanquis, tan efectivos en desperdiciar el dinero como inefectivos son sus jugadores a la hora cero en el terreno, lo llevaron hasta 270. Es una peligrosa espiral que nunca se podrá detener porque son muchos clubes y hay escasez de verdaderas superestrellas, lo que provoca una lucha a muerte en el mercado del mercenario (léase agencia libtre)
        A pesar de todo, el neoyorquino antesalista de los inquilinos de Yanqui Estadio es un superestrella de hoy, con los vicios de hoy e inmerso en el flagelo del escándalo por esteroides desde edad juvenil; pero aun así, es un jugador franquicia del famoso club.
       Pero lo del Washington no tuvo nombre cuando cerró el contrato con Werth; a veces pienso que los engañaron creyendo que se llevaban a Ryan Howard en un paquete y cuando abrieron…Pum, el bombazo, que es un decir, pero eso parece…
       Jason Werth no ha sido elegido nunca al Juego de Estrellas, tuvo votaciones para JMV en el 2010 con 8 y en el 2009, su mejor año en jonrones y en impulsadas, con 36 y 99, con 17.
      En 8 campañas en Grandes Ligas acumula 138 dobles, 15 triples, 120 jonrones y 406 empujadas, su promedio de por vida es de .272 y fildea para .986.
      Werth promedia 96.8 juegos jugados; 314.8 veces al bate; 15 jonrones; 50.7 impulsadas; su embasamiento alcanza .367 y su slugging es de .481. Todo en 8 años de servicio.
      A los 31 años, nadie debe esperar que el nuevo jardinero de los Nacionales se convierta en un artillero capaz de hacer ver como bueno el desperdicio de dinero por el cual le contrataron. Posiblemente no se esté ante otro Walter Dropo, el gigantón inicialista que, por un par de temporadas y pasado de 30 años, produjo buenos números en jonrones e impulsadas para los Medias Rojas de Boston a finales de los 40’s y principios de los 50’s. Entre Dropo y Werth lo único que se parece es la estatura, porque ambos miden 6’5.
      Esto es una nueva y extraña era que acaban de inaugurar los Nacionales de Washington con respecto al tope salarial, más peligrosa que cuando Texas decidió desequilibrar la razón y el buen tino de las oficinas de clubes con Alex Rodríguez. Esto de ahora quiere decir que, para ganar entre 15-20 millones jugando pelota en lo que fueron las Grandes Ligas, no se necesita ser estrella, sino uno que salga a jugar una posición y batee un poco, no tiene que ser exagerado, solo un poco…

Pie de grabado: Sin ser una estrella se llevara 18 millones a casa anualmente durante 7 años

 

HOY SE ENTIENDE MENOS EL ASTERISCO AL RECORD DE MARIS


Por Andrés Pascual

      Cuando Roger Maris superó por un miserable jonrón sin esteroides el récord de Babe Ruth de 60 por 61 jonrones, la sociedad americana era básicamente conservadora.
       Y a Maris le colocaron un asterisco sobre su marca como equivalente de lo mal hecho, fundamentado en catálogos de justificaciones en contra del zurdo de los Yanquis: 154 juegos contra 162; un juego suspendido en el 5to. capítulo y varias cosas más que, viéndolo bien, son ridículas.
      Tanto influyó el asunto de la persecución del récord de Ruth en Maris, que necesitó tratamiento para los nervios y sufrió de pérdida prematura de cabello; un manager le colocó un nudillista de relevo, Hoyt Wilhelm, no para detener una rebelión, sino para que no bateara el # 61 contra el Baltimore; la prensa de Nueva York, con la honrosa excepción del Más Grande, Dan Daniel, rezando porque no lo diera. Solo sus compañeros y, sobre todo Mantle, le apoyaban en esa difícil causa.
      Cuando Mark McGwire rompió el récord de Maris, ya su acompañante en la carrera por la marca, Sammy Sosa, podía venir al plato y darle un gran abrazo y un gancho al estómago como felicitación extraña;  dos lesbianas o dos homosexuales hombres se besaban en cualquier esquina de cualquier ciudad de Estados Unidos con total inmunidad legal; una pasante le practicaba felacio a un presidente en la Oficina Oval y los héroes modernos del beisbol, casi todos,  llevando a cabo el más soberbio escándalo de la historia del pasatiempo…Esto no es una sociedad liberal, en realidad nadie sabe lo que es y, en  este ambiente putrefacto, se produjo la marca de McGwire primero, sin asterisco hasta hoy; ni tampoco la que impuso otro de los individuo que también pisoteó los parámetros de la honestidad después: Barry Bonds.
      También en movimiento dudoso, que el record de Mickey Mantle,  con 18 jonrones en Series Mundiales, se colocara como uno más en la casilla de postemporada… no existe la mínima diferencia como afrenta entre lo que le hacen a Mickey Mantle hoy con lo que le hicieron a Roger Maris hace 49 años.
      Para complicar más el asunto, en 1961, año del récord de Maris y primera campaña de 162 juegos en los calendarios, Sandy Koufax rompió el de ponches para el circuito nacional de Chrsty Mathewson, impuesto en 1903, y jamás se ha visto un asterisco que lo trate con desprecio.


FOTO:   Rogers Maris y Sadaru Oh

LA TRIPLE CORONA DE CAMPEON DE BATEO Y LA EDAD

Por Andrés Pascual

       Como galardón otorgado al esfuerzo del jugador en el terreno, la Triple Corona es tan vieja como Matusalén, que en el beisbol supone desde el siglo antepasado y Paul Hines, Hugh Duffy y Tip O'Neill la obtuvieron en 1878, 1894 y 1887. 
        Quizás el premio más joven sea el de Jugador Mas Valioso en Serie Mundial, que lo conceden a partir de 1962; el Cy Young, desde mediados de los 50's.
        A la Triple Corona del bateo no se le puede colocar la coletilla de "suerte necesaria", esto no es cuestión de 2 horas; sino de 6 meses y más de 490 veces al bate de juego diario. Es asunto de clase profesional, multiplicada por tres durante el, o los dos mejores años de la carrera de un bateador excepcional de Salón de la Fama, que no por gusto todos los que la ganaron están en el recinto como, contradictoriamente, la mayoría abismal de los miembros de Cooperstown, que jugaron posiciones diarias, no la obtuvieron; entre ellos Babe Ruth, Hank Aaron, Willy Mays, Mike Schmidt o Barry Bonds con todo y los esteroides.
        Dicen los eruditos que los mejores años de un jugador de beisbol están comprendidos entre los 25-35, porque están "hechos" para el juego; lo que quiere decir totalmente desarrollados en todos los sentidos: biológico, atlético y psíquico.
        Esta bien, pero Ted Williams bateó .388 a los 39 años en 1958… ¿Qué paso ahí? Bueno, con este señor, solo con este, pasó lo que tenía que pasar: es uno de los tres mejores bateadores de la historia junto a Cobb  y Ruth y, en cuanto a la ciencia de batear, un máster de ingeniería. 
      En 1958 le quedaba suficiente fuerza en las muñecas, vista en el plato y tacto para golpear la bola que hizo a ese promedio de .388 superior al .406 de 1941 con solo 22 años de edad, precisamente, porque ya tenía 39. 
   Este individuo nunca fue clasificado como inmaduro a la hora de hacerle swing a una pelota: nació, creció y se fue con la edad de Ted Williams al bate; es decir, sin edad. Como dato de ampliación significativo, Williams obtuvo la Triple Corona, en 1938, con el Minneapolis de la Asociación Americana, a los 19.
       Barry Bonds logró lo mejor de su carrera después de los 35, pero no vale la pena compararlo con Williams, no existe la mínima posibilidad de que este fantoche se eleve al firmamento verdaderamente estelar del bateo de grandes ligas y todo el mundo sabe las razones.
       Hace algún tiempo, en un cruce de correos con Peter Gammons, me dijo: "por condiciones naturales, tal vez Ryan Braunn y Al Pujols…" o se le olvidó, que lo dudo; o no lo considero por razones inexplicables, el caso es que dejó fuera a Alex Rodríguez; yo, particularmente, no lo hubiera hecho en aquel momento; hoy, porque esta envejeciendo y se le observa bajando la curva de desempeño ideal por las circunstancias que sean; si lo considero, sería a propio riesgo: empezaron los dolorcitos aquí o allá, y pasó de 35, último del límite de alto rendimiento y 4 más que la que tenían Lou Gehrig y Frank Robinson cuando la obtuvieron, hasta hoy, los bateadores de mayor edad en lograrla.
      La edad supuestamente adecuada para conquistar el codiciado y difícil premio es entre 26-29 años; sin embargo, alguno la obtuvo con 23, otro con 24, otro más con 25 y los dos de 31 que mencioné:

LIGA NACIONAL:

Paul Hines, jardinero, nació en 1855, la ganó a los 23, en 1878

Hugh Duffy: jardinero, nació en 1866, la ganó en 1894, a los 28 .440 de promedio.

Roger Hornsby: intermedista, nació en 1896, la ganó por primera vez en 1922, a los 26 años y promedió .401

Chuck Klein: jardinero, nació en 1904, la obtuvo en 1933, a los 29.

JoeMedwick: jardinero, nació en 1911, la conquistó a los 26, en 1937

LIGA AMERICANA:

Tip O'Neill, jardinero, nació en 1868, la obtuvo en 1887, a los 29 años y promedió .445.

Napoleón Lajoie: intermedista, nació en 1874, la obtuvo en 1901, a los 26 años, bateó .426

Ty Cobb: jardinero, nació en 1886 y la conquisó en 1909, a los 23 años

Jimmy Foxx: inicialista, nació en 1907 y la ganó en 1933, a los 26

Lou Gehrig: inicialista, nació en 1903, la alcanzó en 1934, a los 31

Ted Williams: jardinero, nació en 1918 y la obtuvo en 1942, a los 23

Mickey Mantle: jardinero, nació en 1931 y la ganó a los 25, en 1956

Frank Robinson: jardinero, nació en 1935 y la ganó a los 31, en 1966

Carl  Yasterzemski, nació en 1939 y la conquistó a los 28, en 1967.

       Son los ganadores de la Triple Corona; nunca con más de 31 años la ganó alguien, por lo que Pujol, Cabrera  y quién sabe quiénes más que estén en promedio de edad de mejor juego, pueden obtenerla; pero con Alex Rodríguez ocurre algo que no dije y acaso sea de mayor consideración para que no la deba ganar: en el joven circuito  hay bateadores de promedio mejores que él y, si se viene a ver, que muchos de los que visten uniformes de grandes ligas en calidad de estrellas: Ichiro y Mauer, dignos de la mejor era del beisbol; doman con facilidad al difícil potro de los .300. Tal situación, a mi modo de ver, en cuanto a promedio de bateo, es un escollo tremendo no solo para Alex Rodríguez, sino para quien aspire en la Liga Americana a la Triple Corona, tal vez por un buen rato



Ted Williams Thread | http://www.baseball-fever.com/showthread.php?58624-Ted-Williams-Thread
Pie de grabado: Ted Williams la obtuvo a los 19 en 1938 y, a los 23, en 1942, en Grandes Ligas

CURIOSIDADES, RECORDS Y HECHOS NOTABLES

CURIOSIDADES, RECORDS Y HECHOS NOTABLES

 

CURIOSIDADES, RECORDES Y HECHOS NOTABLES

Por Andrés Pascual
 
       Babe Herman, de los Rojos de Cincinnatti, es uno de los grandes bateadores que quedan del "buen tiempo ido" que no pertenece a Cooperstown y sus méritos como artillero nadie los puede negar…Sus detractores, comúnmente, justifican la injusticia con "era un mal fildeador". Pero el 10 de julio de 1935, haciendo lo que aprendió con calificación excelente, Herman dio el primer jonrón en juego nocturno contra los Dodgers de Brooklin.
      Jackie Robinson no solo fue el primer jugador negro oficialmente reconocido en actuar en Grandes Ligas en la era moderna; sino el primero en recibir el premio de Novato del Año en 1947. Varias temporadas después le cambiaron el nombre al galardón por el de Trofeo Jackie Robinson; pero todo el mundo lo sigue llamando por el nombre anterior.
     Respeto cualquier opinión; pero las exageraciones tendenciosas no…Resulta que en el libro "Beisbol al Sur de la Frontera", un investigador de una universidad de la Florida, americano y mayor de edad, John Virtue, expone que fue la Liga Mejicana de la era Pasquel la primera en integrar el béisbol, ¿Cuál es la razón para desinformar gratuitamente al público así?  La Liga Cubana de Béisbol Profesional, que nació integrada en aquel lejano ya diciembre de 1878, fue durante más de 50 años el único circuito beisbolero integrado. Incluso durante la primera década del siglo pasado, no solo jugadores negros cubanos actuaban ahí (Méndez, 1908; Bustamante, 1902…); sino que los negros americanos integraron clubes cubanos durante esa etapa como Rube Foster, Patriarca de las Ligas Negras; o John Henry Lloyd, el mejor y más completo jugador sepia de la historia..
      También desinforma el "analista" que la aparición de los Havana Cubans fue una manipulación del Béisbol Organizado para bloquear la posibilidad de que Jorge Pasquel acabara con las Grandes Ligas, pero no dice que Baldomero "Merito" Acosta hacía gestiones desde 1940 para colocar un club de Liga Menor en La Habana y que fue el precio del azúcar lo que se llevó "el gato al agua" por el crecimiento del poder adquisitivo en la capital cubana.
       En 1912 el doctor Joseíto Enríquez cumplió se sueño de inscribir en el Beisbol Organizado un club solo de cubanos. Así nació el Long Branch de la liga New York-New Jersey, que ganaron por 18 juegos de diferencia en 1913 y lo integraron todos los estrellas blancas de la época desde Luque y Miguel Angel hasta Inocente Mendieta y Armando Marsans.
       Si algo tengo en cuenta para analizar el caso Pasquel como, más que una locura, una estupidez, es que a los jugadores negros lo que les interesaba eran los estadios de su país en Grandes Ligas; ante la novedad de la caída del muro racial en 1947, nadie pudo evitar que firmaran con clubes del Béisbol Organizado; incluso viejos y lesionados, preferían las Ligas Menores estadounidense que cualquier otra; entonces, ¿Con qué contaban los Hnos. mejicanos para tamaño empeño? Lo de los Pasquel fue una osadía insensata: un millonario mejicano no podía enfrentar a 16 ó más americanos con ningún éxito; sin embargo, dieron bonita pelea durante menos de un minuto de round…
        El 27 de junio de 1917 el catcher de los Bravos Hank Gowdy se convirtió en el primer jugador de Grandes Ligas en entrar al Servicio Militar durante la Primera Guerra Mundial y en octubre del año siguiente Eddie Grant, ex antesalista de los Filis de Filadelfia, en el primer pelotero de Ligas Mayores muerto en combate.
       En realidad la racha de juegos consecutivos de 2130 de Columbia Lou Gehrig comenzó el primero de junio de 1925 cuando sustituyó como bateador emergente al shortstop Pee Wee Wanninger. El juego fue contra los Senadores de Washington. Pero el 6 de mayo del propio año, Wanninger reemplazó al torpedero Everett Scott finalizando la anterior de este jugador de 1307, hasta ese momento, la más prolongada en el béisbol.
        Jim Edmons corrió más hacia atrás que Willie Mays en la Serie Mundial de 1954 para fildear un batazo por el centro de espaldas al home; incluso, se tuvo que zambullir por la pérdida del equilibrio al llegar a la lomita que nadie sabe a qué inteligente se le ocurrió hacer en ese territorio. Esta jugada es conocida como "La Atrapada" y sucedió el 10 de junio de 1997, en Kansas City, cuando el extraordinero jardinero central jugaba para Anaheim.
        El 1ero. de mayo de 1920 Babe Ruth bateó su primer jonrón en uniforme yanqui; se lo dio al zurdo Herb Pennock, del Boston. El pitcher fue compañero del Bambino en los Medias Rojas y, poco después, se reunirían en los Bombarderos. La estancia de Pennock en el club del Coronel Ruppert le trilló el camino a Cooperstown.
       Mickey Mantle le dio a una bola que rebotó en los asientos del right, zona alta, del estadio de Detroit y, cuando la revisaron, tenía rota una parte del cuero. ¿Qué clase de jugador que podía batear esos descomunales estacazos y luego correr de home a primera en 3.3 segundos?
        En un club de mala muerte que solía visitar en Nueva Jersey, Ty Cobb le respondió al animador del local que, "…hoy solo podría batear .280"; sorprendido y satisfecho porque había sometido a la era antigua con la respuesta de uno de sus íconos, el tipo le preguntó, "¿Como asi?" y el Melocotón de Georgia, afinando la puntería, le disparó: "Ten en cuenta que tengo 73 años y estoy enfermo…"
         Después de observar al Rey Carlos de los Gigantes de Nueva York, Carl Hubbell, ponchar en fila a Ruth, Gehrig, Foxx, Simmons y Joe Cronin en el Juego de Estrellas de 1934, el inmortal infielder Frankie Frisch comentó: "Detrás de este tipo puedo jugar 15 años más. No necesita ayuda."
         Cuando en 1951 el narrador del Salon de la Fama conocido como la Voz de los Yanquis, Mell Allen, le preguntó a Vic Raschi que cual era su mejor lanzamiento, el serpentinero le respondió: "…cualquier línea, roletazo o fly que vaya hacia el territorio de Rizzuto…"
Pie de grabado: Esa bola se estrelló a 565 pies del home en 1954. Fue contra Chuck Stobbs, de Washington

DETALLES NACIONALISTAS DE LA SERIE DEL CARIBE

 


Por Andrés Pascual

       Para encender más pasiones de las que bordean cualquier competencia; para reafirmar el “caliente nacionalismo” que, de un tiempo a esta parte, se ha apoderado del alma hispanoamericana, los países miembros de la Confederación que asisten a la Serie del Caribe, han convertido el encuentro de finales de febrero en otro teatro de “cara a cara con el enemigo” y, si bien es verdad que un opositor deportivo es un enemigo, como quiera que se vea, por encima de las dignificaciones hipócritas de los manuscritos y de los manifiestos contemplados bajo el manto de “la hermandad entre países hermanos”, el problema es que, cuando cambian o alternan el nombre de los uniformes del club ganador, que se lo ganó en la competencia de las ligas invernales del área, le están extrayendo el zumo a la esencia de la confrontación, que nació para enfrentar novenas campeonas de circuitos bien definidos, por la, nadie sabe si enfermiza opción de internacionalizar el torneo, como otra serie más por países de esas que, en realidad, no valen un centavo, como el mal llamado Clásico Mundial. Solo la Liga Venezolana, a pesar del “populismo chavista”, mantuvo el de su campeón, Caribes, en el uniforme.
      Antes, cuando la primera etapa, los clubes portaban sus nombre y, en una manga, un diseño de la bandera del país que representaban.
      En estos tiempos, muchos cronistas ni mencionan el nombre del equipo, sino el de la nación, ¿Por qué ocurre esto? Porque los Padrecitos de la Confederación no atienden el hecho, que no es una violación de estatutos (invitar a Castro si lo es y, sin embargo…), pero pudiera ser la primera piedra para cosas peligrosas después y, todo esto no es más que un entredicho periodístico.
     Los Yaquis de Ciudad Obregón ganaron y lo hicieron bien, aunque necesitaron de la ayuda de los Toros del Este, que sacó de circulación a los Criollos Brujos con una lechada de altura y dos errores de “colegial” del shortstop Figueroa que, podrá ser un fenomenal fildeador según algunos, pero, por lo ridículo y costosos de las marfiladas, con 2 outs, que permitieron que bateara Aza el tribey impulsador de dos, se convirtió en uno de los símbolos de errores garrafales que embarcaron a su equipo en juegos decisivos, como aquel del venezolano Camaleón García en la de 1954, que provocó la eliminación del Pastora ante el Caguas de la primera etapa en un duelo insólito y dramático entre Rubén Gomez y Thornton Kipper.
     Sin atracciones de taquilla, sin estrellas locales o regionales; sin refuerzos de nombre y clase y con la resignación de Puello Herrera a no poder o a no saber hacer algo mas que asimilar una pelota clase A en el terreno, la Serie del Caribe, a pesar de la fanfarria promocional, es un vegetal, que depende de que le retiren los “tubos” que la alimentan y le suministran oxígeno. La asistencia en Mayagüez dio la tónica y…sonó la trompeta del Juicio.


Pie de grabado: El error de Figueroa recordó, por lo ridículo y decisivo en el score del juego, el de Camaleón García en la tercera base del Pastora.

 

¿CUANTO LE QUEDA AL BEISBOL PROFESIONAL VENEZOLANO?

 


Por Andrés Pascual

       Posiblemente Hugo Chávez utilice una coartada especial para descabezar la Liga Venezolana de Beisbol Invernal en relación con la intervención (robo a caja destemplada) de la propiedad privada, que se fundamentaría en “no patrocinadores, no beisbol profesional”; las recientes suspensiones de RCTV y varias estaciones televisivas, además de otras tantas de radio, se ejecutaron según decreto, pero amparado en el incumplimiento de compromisos impositivos con mayor dosis ideológica que otra cosa.
      Ya nadie duda del rumbo de Chávez: “proa al futuro a través de las plácidas aguas del mar de felicidad por las que navega el casco cubano, a punto de encallar contra el iceberg de su propia insuficiencia” Por lo pronto, a pesar de su petróleo, ya los venezolanos deben estar comprando sus lamparitas de kerosene o quinqués, como le decimos en Cuba…
      Hay una similitud extraordinaria entre los casos de Cuba y Venezuela: Castro liquidó la pelota profesional en el momento de mayor esplendor y más productivo como primer deporte y pasatiempo nacional; Chávez va a hacer lo mismo con el venezolano, también en su mejor momento y, el espacio que le está abriendo al balompié. tiene como objetivo, igual que en la Isla Esclava, suplantar el fanatismo nacional de un deporte por otro hasta constituirlo en deporte preferencial.
       ¿Podría ocurrir eso en Venezuela? Por qué no, ocurrió en Cuba y, hasta ahora, el desgobierno venezolano es una copia al papel carbón del castrocomunismo con su partido socialista, la aceptación del marxismo como ideología personal y de obligada imposición masiva del casi dictador y toda esa berraquería estúpida y peligrosa del “movimiento bolivariano”. Eso no lo puede dudar nadie. Lo que interesa saber es cuándo estará “a punto de caramelo” el plumazo que haga públicas y oficiales la guillotina contra el profesionalismo, sobre todo en beisbol y boxeo y, después, culpar al Imperialismo y a los oligarcas “pityyanquis” de la desaparición arbitraria por imposición del deporte rentado que, apuesto lo que sea, se va a justificar con la frase más estúpida y meridianamente mentirosa e hipócrita jamas dicha al efecto, slogan perdedor de Castro en 1962: “Otro triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”
       Entonces deberán decidir aquellos liga grande de la tierra del Patón Carrasquel entre quedarse en su patria expropiada como entrenadores inoperantes, dirigidos por cubanos “calificados para tratar ideológicamente con un alumnado necesitado de adoctrinamiento; pero alertas para cruzar la frontera a la primera oportunidad”, o continuar jugando en Estados Unidos por algunos millones y en calidad total de “enemigos de su patria” por tan agresivo gesto…
       En ese momento, Chávez tendrá jugadores insignias casi retirados y novatos desconocidos que “darán el paso al frente”; incluso una parte mínima e incompetente de la crónica del sector quedará allí, como dueños absolutos de la difusión en prensa plana y radio-televisiva del nuevo deporte “sin máculas” y un público, “ militante y entusiasta”, llenará a reventar el día inaugural de la Serie Venezolana Amateur I, preparada  para defender su status de “mejor pelota del mundo después de la castrista”.
       El beisbol es un deporte que hace el éxito deportivo, artístico y económico del jugador hispano en Norteamérica y no es del agrado de los comunistas relacionar el éxito de “su gente”, célula originaria de “la masa proletaria y militante” que se persigue, con el mercado “brutal y explotador” del imperialismo yanqui.
      Es necesario que el jugador de pelota venezolano entienda en qué lugar se encuentra la perspectiva a corto plazo de su futuro; que entiendan que esto no es un juego, que cuando más de 30 cubanos ayudaron con su esfuerzo a hacer más fuerte la liga venezolana durante los 60’s y los 70’s, no estaban actuando en La Habana con los equipos tradicionales criollos, sencillamente, porque una fuerza mayor y ajena a los intereses del país, les arrancó su beisbol y su patria.
      ¿Que no puede pasar allí? ¿Qué no ocurre diariamente en Venezuela que no se haya hecho por Castro antes? Quiero una sola razón que me convenza…Solo una.


Pie de grabado: A la pelota profesional venezolana le queda menos que al célebre merengue a la puerta de un colegio

 

MAS DECADENTE QUE PERDER UN CAMPEONATICO

Por Andrés Pascual

       José Ramón Fernández, El Gallego, Zar del deporte castrocomunista, ex instructor de la Escuela Militar de Fulgencio Batista que también mandó en “la rama” de Educación, informó que la instancia profesional del beisbol japonés, sin definir si profesional o semi-pro, le brindaría un par de cursillos a entrenadores castristas en La Habana y en Santiago de Cuba. Debería escribir “sin comentarios”, sin embargo, voy a sacarle “las tiras de pellejo” a esta situación, que no es una más en la larga lucha de la dictadura (el 1ero. de enero se cumplieron 52 años) contra la pelota cubana.
       Según el tipo, 3 entrenadores, enviados desde la tierra de Toshiro Mifune, le impartirían “mínimo técnicos” (expresión que pusieron de moda durante los 60’s con aquella de “lápiz, cartilla, manual, alfabetizar, alfabetizar, venceremos…), sobre el juego de pelota a similares cubanos que, por tal razón, hay que ponerlos en el plano de los soviéticos cuando Castro se empeñó en enseñarlos a jugar pelota y les enviaba entrenadores y a algún que otro equipo de los llamados Castro B (no confundirse, nunca Cuba).
       Bateo, fildeo, corrido de las bases, pensamiento “técnico-táctico”, pitcheo…de la forma como Fernández lo enfocó y por utilizar ciertos recursos de la personalidad del oriental aplicadas al juego como “entrenamiento duro”, pues, que nadie dude que lo religioso debe estar presente en el nuevo modelo de preparación. Cuando perdió contra Japón en el segundo de los mal llamados clásicos, el propio tirano “orientó” en una Reflexión que había que hacer las cosas a lo japonés, por lo que, muchos, estábamos preparados para el cambio y solo faltaba la fecha de lo que será una catastrófe que adelantará la muerte (es lo que buscan), del pasatiempo.
      Detrás queda una huella de magnificencia, de grandeza a la que Japón nunca se le hubiera podido acercar; porque la pelota cubana era una réplica a escala menor del Beisbol Organizado, que hubiera continuado adecuándose al modernismo de los tiempos y manteniendo la misma distancia del resto, Latinoamérica o Japón, a su favor. Pero la llegada del castrismo, que acabó con el país, destruyó y pisoteó tan trascendental deporte en Cuba.
      Olvidada o desconocida está la serie que jugaron los Gigantes de Tokio, en 1956, contra una mezcla de novatos y veteranos de los Cubans, que no le interesó a nadie, porque no tenían nada interesante que ofrecer en el terreno y, con concurrencias inferiores a 2,000 fanáticos, los cubrió la prensa por asignación obligada de cortesía que por otra cosa.
      Lo más peligroso que dijo el “espadón” en la reunión del Comité Olímpico Cubano fue que: “había que elevar el nivel del balompié, de gran popularidad entre los jóvenes del país”, eso se sabe, es la ofensiva final que concluye con el desplazamiento del beisbol por el fútbol. La contribución decisiva al descabezamiento del otrora deporte nacional, de verdadero alto rendimiento por su trascendencia internacional y por sus resultados.
      El individuo repitió lo dicho por el Hermano en Jefe sobre cualquier medida de mejoras a la pelota; sencillamente, no hay, de ahora en adelante, el deporte que recibirá atención es el social, como la educación física generalizada (¿Regresan los Fisminutos?) para que, si a los americanos se les ocurre, como hacen desde 1960, encuentren una población combativa y preparada, capaz de escribir las páginas de la historia trágica que le faltan al libro inconcluso del sátrapa, que no ha podido cerrar porque no se ha concretado su sueño-epílogo: un Sagunto o Numancia de corte tropical en el Mar Caribe.
      De momento, quienes deben leer las entrelíneas (como le sugirió Alonso Quijano a Sancho), es el pueblo. En ellas están escondidas, con respecto al futuro del beisbol cubano, más cosas que en los manuscritos de Nostradamus con respecto al fin del mundo. Y hablo de aquellos a quienes todavía les gusta el juego de pelota en la isla, para ver si no los intercepta Inmigración con los pies mojados y pueden llegar al Sun Light Stadium con las extremidades secas.


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Pie de grabado: Al Gallego Fernández le encargaron que echara, sobre las esperanzas fanáticas, el célebre “cubo de agua fría”

DINERO Y ATRACCION DE TAQUILLA O MUERTE POR INANICION

Hasta en algunas ciudades americanas con clubes de Grandes Ligas, la confrontación principal es contra la ausencia de público en las gradas…
       Por ejemplo, Miami, a la que nadie puede ver como “vieja y tradicional”, en el sentido de amor por el beisbol y apoyo decidido con la presencia fanática en el estadio a ningún equipo en particular; a pesar de que participaron del movimiento de ligas menores desde la década de los 30`s y de que tuvieron alguno de interés en el beisbol sepia desde esa fecha también; que le ha dado albergue a todas las clasificaciones una vez que fue admitida en el concierto de las Grandes Ligas con los Marlins en 1993, porque la gerencia de este club no maneja la utilidad ni con honestidad ni con inteligencia, año tras año, caminan la peligrosa cuerda floja de la baja asistencia.
      Pero este club tiene una gerencia que se las trae: mintieron sobre los ingresos recibidos por el impuesto de lujo, que hicieron que el equipo fuera menos pobre de lo que se creía para que les construyeran un estadio gratis y, cada vez que pueden, se desprenden de los jugadores atractivos para la taquilla, como ocurrió antes con Miguel Cabrera y hace muy poco con Dan Uggla, por lo que se descuenta el malestar en el banco del club y la dificultad que se avecina para lograr el team-work.
      En Puerto Rico se acusa al draft colegial americano como culpable directo de la baja producción de jugadores con respecto al ayer de Clemente, Rubén Gómez o Rubén Sierra, lo que incide en las gradas de la liga invernal, que ya tuvo que suspender un campeonato, porque las finanzas del circuito estaban más secas que una naranja al sol durante mes y medio.
      México tuvo una pelota no solo atractiva durante una época, sino de calidad elevada; tan generosa financieramente que logró convencer a muchos jugadores, americanos y cubanos, para que abandonaran al Beisbol Organizado como objetivo supremo personal y se establecieran en la patria de Juárez. Fueron los años llamados “la era Pasquel”, durante los 40`s, en que la casi totalidad de las estrellas negras americanas y cubanas actuaron allí.
      Al concluir catastróficamente en lo financiero el experimento con la caída del muro racial y la terminación de la guerra, que provocaron la recuperación absoluta del beisbol en Estados Unidos, la década de los 50`s fue de alternativas en cuanto a clase profesional, pero con gran apoyo popular, que se mantuvo durante la siguiente y recuperó parte de la calidad que una vez tuvo, cuando el circuito azteca fue invadido por el jugador cubano que ya no volvería a jugar otra vez en su patria, ni desde esta.
       El renacer, sin estar claro sobre el dato, se mantuvo quizás hasta finales de los 70’s, cuando un grupo notable de grandes jugadores nativos concluian sus carreras de inmortales en un circuito mucho más fuerte que lo que a veces algunos creen, desde la década anterior: al lado de Angel Scull, de Andrés Ayón, de José Ramón López…se escribieron las leyendas de Héctor Espino, de Celerino Sánchez, de Ron y Moi Camacho, del Diablo Montoya, de La Malita Torres, de Aurelio Rodríguez, de Leo Rodríguez, de los López… México también ayudó a construir otras leyendas cubanas como Tony Castaño y Wilfredo Calviño en la dirección de equipos, o las de Roberto “Musulungo” Gutiérrez y Armando Rodríguez como “umpires”, o la del venezolano Teolindo Acosta y el americano Barney Serrelll, entre varios.
       Sin embargo, la pelota mejicana de hoy no forma parte del plato fuerte del fanático local, que lo ocupa únicamente el balompié, ¿Qué le pasó al beisbol azteca para que sufriera esa estrepitosa caída de popularidad?
      Sin la autoridad que tiene el cronista mejicano para opinar sobre su beisbol, tengo el atrevimiento de decir que los directivos de esta pelota mejicana no tienen ni la personalidad del de otra época ni su visión para resolver posibles problemas antes de que sucedan y mantener la liga exitosa con movimientos financieros brillantes; tal vez hasta escasean del amor absoluto, que debe ser pasión, para operar un circuito que ostenta la categoría de triple A en niveles saludables en todos los órdenes.
      Con casi toda la Media volcada en función del balompié desde que Televisa se convirtió en transnacional de televisión a través de Univisión, por efecto de la obligada necesidad de ser acogida en toda América la programación de ese imperio, no era posible que se aceptara como preferida en audiencia una emisión en español que no fuera a base de aquel deporte.
        Y el caso mejicano es raro: el beisbol y el boxeo son los deportes que producen atletas de nivel realmente estelar en la competencia universal (en cuanto al primero, las Grandes Ligas), como no ocurre con el balompié, cuya clase es francamente mediocre, pero tiene todo el dinero que haga falta, toda la promoción y todo el fanatismo depositado en un campeonato profesional que no puede compararse con ninguno de los europeos ni con el de Brasil o Argentina, por ejemplo.
       Si el beisbol está en problemas hasta en Estados Unidos en cuanto a niveles de audiencia, digamos que de Serie Mundial y Juegos de Estrellas, ¿Qué se puede esperar en otros países donde la competencia contra este es feroz?
       Quizás los hombres de las oficinas de la Liga Mejicana hubieran podido hacer más por mantener la promoción en lugar destacado; tal vez no, no hay algo que pueda proponer al efecto; pero, si como se comenta, el régimen castrista autoriza la firma como profesionales de sus jugadores a un grupo de países que excluye a Estados Unidos, la Mejicana tiene que asegurar la mayor cantidad posible del talento antillano a ver qué pasa con el tiempo.
        Ahora bien ni managers ni entrenadores; porque esos, a fin de cuentas, por incapaces y desfasados, tienen una buena parte de la culpa de la caída en barrena del ayer poderoso beisbol cubano. Y no se puede pegar un parche con saliva de cotorra
     

Pie de grabado: Con Espino y Celerino Sánchez, el beisbol mejicano se despidió del carácter competitivo en el firmamento deportivo  azteca.
Autor.   Andrés Pascual     / Cronista Cubano del diario de Las Americas de Miami
   EXCLUSIVO PARA BEISBOL  007

 

RETIRARON EL NUMERO DEL ULTIMO PROFESOR

 


La semana pasada se produjo la ceremonia de retiro del # 31 de los Bravos en una solemne ceremonia en el Omni CNN Center de Atlanta, lo de “solemne” , porque, cuando se trata de los virtuosos de cualquier deporte, de esos que demostraron con su faena y su conducta que la superestelaridad sí existe, por decadentes que sean los tiempos, el hálito de respeto, místico casi, cubre la fiesta, con esa rara combinación de la alegría con la tristeza porque, sin dudas, no se volvera a ver en acción a un inmortal de factura clásica y genuina.
       Gregg Madduxx lucía gafas fuera del terreno, se vestía con respeto y elegancia, como hace un catedrático de cualquier universidad, hablaba como los profesores y era un verdadero maestro desde el box en Grandes Ligas…Nadie podría pedir más gloria que la que acumuló este hombre; ni más inteligencia; ni más astucia. No solo es el último de los grandes; sino el mejor en los últimos 20 años, que llegó al béisbol de hoy como un regalo de la Providencia, para recordarle a todo el mundo que, en medio de la apatía, el desgano, la vagancia, la poca clase profesional y moral de que hacen galas los peloteros de hoy, siempre habrá un titán para recordarle al decepcionado que, aún, puede encender el televisor y disfrutar de una faena memorable en el deporte de las bolas y los strikes. Ya no estará más el tremendísimo pitcher en el béisbol activo y, lo peor, independientemente de que todavía hay buenos pitchers, como ese, lamentablemente, ninguno.
       Cada actuación de Gregg Madduxx era una clase maestra, un banquete para el fanático conocedor que, por lo mismo, aprecia como ningún otro departamento del juego el de la serpentina, si cabe, lo más próximo a “científico” que hay en el pasatiempo.
       El sello del pitcher, al que acaban de retirarle el número de su jersey los Bravos de Atlanta, era el de un lanzador de indudable factura de la “vieja escuela”, con el concepto de que el control es el arma fundamental de un pitcher y la localización de los envíos de Madduxx era impecable, pero control no es buscar y producir strikes por el centro; sino en el lugar en el cual el bate no alcance la esféride y, todavía, le quede la sospecha al umpire de que era tan buena como para colocarle una banderilla al bateador. En el caso dE Madduxx el centro era sorpresivo, para retratar sin esperarlo el artillero.
      Lanzador de recursos, que agarraba la pelota hasta con tres y cuatro dedos, si bien no poseÍa esa velocidad espantosa de que hacÍan gala Clemens y Randy Jonson, su recta, en el orden de las 89-93 millas, se movía “como rabo de lagartija”, tanto que, al tirarle, le conectaban mal; además, tiraba un buen slider, buena curva y un sinker efectivo. Pero eran su increíble control y su cambio de velocidad lo que contribuyeron, en mayor medida, a construir la leyenda.
      Competitivo de la gorra a los spikes, lo demostró en cada salida al montículo cerrandole espacio a a los bateadores contrarios continuamente y defendiendo su territorio con los dientes, de tal forma bueno fildeando que era, ni más ni menos, que un quinto jugador de cuadro que se hizo merecedor de 18 guantes de oro.
      En los discursos dedicados al gran pitcher, se habló de que pertenecía a una “escuela” de los Bravos de Atlanta en el departamento del pitcheo, al lado de Tom Glavine y John Smoltz; todavía yo no sé la razón por la que se empeñan en usar términos ni confiables ni ortodoxos con respecto al caso, sencillamente, ese club tuvo la suerte de contar con tres pitchers de factura inmortal a la vez, que les caracterizó la seriedad, la moral, la clase profesional y que hicieron, en la relación con su público, un contrato de inviolable importancia, condiciones todas olvidadas por el representante del pitcheo de una era que no puede competir con la clasificacion Triple A del ayer de gloria, maestría y vergüenza profesional salvo 4 ó 5 buenos pitchers que quedan; entonces, a la manera de los grandes del ayer, se dieron a la tarea de lucir su grandeza cada juego de cada temporada en que actuaron para el Atlanta, haciendo el 75 % de la brillante y grandiosa historia del club durante 13 campañas.
      En esto de hacer coincidir grandes pitchers en una etapa, los Bravos, con la rotación Madduxx-Glavine-Smoltz, repitieron los momentos de grandeza que gozaron los fanáticos que asistían al County Estadio durante los cincuentas, cuando estuvieron asentados en Milwakee y encabezaba el staff el increíble Warren Spahn, el tremendísimo zurdo que decía que nunca le importaba la zona de strikes del árbitro de turno detrás del home, porque se conformaba con doce pulgadas.
      A Spahn le acompañó en aquella rotación, inolvidable para los fanáticos que tuvieron la dicha de verlos, Lew Burdette, un pitcher derecho que descartaron los Yanquis de  Nueva York  que les ganó tres veces en la Serie Mundial de 1957 a los Mulos de Mickey Mantle, Yogi Berra y Whitey Ford.
      Si algo distinguió a Greeg Madduxx como pitcher, fue que no se le podía adivinar, jamás los bateadores lo hicieron “avisados” contra este fenómeno y, uno de los pocos, acaso el único que le bateó como quiso, fue su equivalente de grandeza y clase en el departamento del bateo: Tony Gwynn.
       Madduxx debutó con los Cubs de Chicago el 3 de septiembre de 1986 y apareció en su último juego de Grandes Ligas el 27 de septiembre de 2008. Cuatro clubes le tuvieron como parte oficial de sus staffs: los Cachorros, los Bravos de Atlanta, los Dodgers de Los Angeles y los Padres de San Diego, pero fue en sus siete años en el Chicago y en sus 13 con Atlanta, que se insertó, por derecho propio, entre los mejores pitchers de la historia.
       Con los Bravos, desde 1993 hasta el 2003, gano 194 juegos y 3 premios Cy Young. En toda su carrera acumulo 355-227 con 3.16 de promedio de limpias por juego; apareció en 5008.1 innings y ponchó a 3371 bateadores con solo 999 basas por bolas y 35 blanqueadas; de 740 juegos que abrió, completó 109.
       La descripción mas justa de Gregg Madduxx la hizo en la ceremonia de retiro de su glorioso número 31 su “viejo manager de mil batallas” con los Bravos, Bobby Cox, cuando dijo: “…Si lo que me preguntan es quién es Gregg Madduxx, para mí, el más inteligente, el más astuto, el competidor por excelencia y, como Mickey Mantle, el compañero inigualable…”
       Definitivamente, el mejor pitcher de su era, al que ni los delincuentes del esteroide pudieron imponérsele…mucho mejor que cualquiera, como quiera que se llame.


Autor:    Andrés Pascual     /Cronista Cubano del diario de Las Americas de Miami


     Exclusivo para Beisbol 007




   

Javier Vazquez puede ser una caja de sorpresas

Javier Vazquez puede ser una caja de sorpresas

 


Dicen que fue la “química” entre el manager de los Marlins Edwin Rodríguez y el pitcher Javier Vázquez lo que decidió a este por Miami: ambos boricuas, ambos de la cuna de la plena, Ponce y el hecho de que el director del club surfloridano entrenó a un hermano del recién llegado.
      Se ha comentado también que, según palabras del propio serpentinero, renunció a un par de contratos multianuales, porque “estoy más cerca de Puerto Rico y en ambiente”, algo que ampara con “mi familia se sentirá mejor aquí…”
     Cuando Javier Vázquez llegó a las Grandes Ligas por una de las “puertas estrechas del pasatiempo”, los desaparecidos Expos de Montreal, sencillamente se le auguraba un futuro más que promisorio, estelar: resistencia de “pitcher de hierro” en el orden de los muy pocos que lo han sido en los últimos 20 años; buena velocidad, entre 93-95 millas, buena curva, mejor slider y un cambio nada desechable… ¿Qué más se le pide a un novato en casos como este?
     Los Marlins se ven en los playoff con la adquisición de Vázquez, según la gerencia, es lo que le faltaba a la rotación para completar los seis pies de profundidad… ¿Habrase visto cosa igual? Si este es el tipo de jugadores destinados a diseñar otros “milagrosos del wild card”, estamos fritos aquí desde ya.
     El lanzador no es el mismo que alguna vez causó grata impresión en fanáticos y eruditos: según Mike Axisa y publicado en el sitio de desarrollo fangraphs.com el pasado 29 de noviembre, los surfloridanos firmaron por 7 millones, sin dar más detalles, a un pitcher veterano que, quizás, esconde una lesión por la vertiginosa caída de la velocidad de sus lanzamientos hasta el orden de 82-83 mph en primer inning de juego, a 84-86 como promedio en 7 entradas sostenidas. Y, verdaderamente, el cambio no es efectivo cuando no se tira duro y esa velocidad es por debajo de la de práctica de bateo. Para pitchear en Grandes Ligas con 88-90 mph hay que llamarse Gregg Madduxx y ¡Cuidado!
     Si algo era notable en Vázquez fue su disposición y la capacidad ante el trabajo: como el cubano Liván Hernández, siempre estaba en su trinchera en cada batalla, entregando la cantidad necesaria de entradas para aliviar los pésimos sistemas de relevo que infectan al beisbol y que se llevan, por su mal trabajo, sumas de dinero mucho más que generosas increíblemente.
     Hoy por hoy, nadie puede asegurar que el puertorriqueño pueda cumplir a cabalidad con las expectativas por las que se le contrató: no se sabe si podrá continuar con su función de “pitcher de hierro” ni si volverá a recetar las cantidades de ponches que acostumbraba; además, como segunda condición negativa, al posible padecimiento por encima del chequeo médico reglamentario, sus 35 años…
     No es la hecatombe que sufrió cada vez que estuvo con los Yanquis lo preocupante en el pitcher; a fin de cuentas, el tipo es un pitcher de Liga Nacional básicamente; si no los colaterales.
      Hay que esperar a que arranquen los motores del 2011 para comprobar si Edwin Rodríguez propuso al pitcher exitoso que le ayude a proteger su puesto de trabajo; o fue el famoso “cabo tirado” al compatriota que, cuando lo boten, como un tsunami, se llevará por delante todo lo que tocó; principalmente la silla del manager del club.


AUTOR:    Andrés Pascual   /Cronista Cunano diario Las Americas de Miami

                              EXCLUSIVO PARA BEISBOL  007

UN CORRING SUICIDA Y ESPECTACULAR DE WILLIE MAYS



La VII Serie del Caribe se celebró en Venezuela, en el Estadio Universitario de Caracas, en 1955 y tuvo como contendientes al Almendares, por Cuba; al Santurce, por Puerto Rico; al Magallanes, por Venezuela y al Carta Vieja por Panamá.
      Para la Serie del Caribe Cuba reforzaba con un pitcher, con un catcher; o con ambos, como el Habana en 1952, que llevó a Andres Fleitas y al pitcher Thomas Fine, autor del único no hit no run lanzado hasta hoy en estos eventos; por tal razón, una estrella de Grandes Ligas y no solo el mejor pelotero cubano; sino hispano de la época, Orestes Miñoso, solo asistió a 2: las veces que ganó su club, el Marianao, en 1957 y 1958.
     La VII Serie del Caribe la ganó el Santurce, con Magallanes, Almendares y CartaVieja detrás; los Azules concluyeron en segundo lugar en fildeo; pero últimos en bateo y, aunque dieron 5 jonrones, su promedio fue de .190 por .290 con 8 cuadrangulares de los boricuas.
     Para el primer juego de la primera vuelta entre Almendares y Santurce, fueron seleccionados como abridores por los managers Herman Franks, de los Cangrejeros y, Bobby Bragan, por los Alacranes, Sam Jones, de Grandes Ligas y Joe Hatten, también de los circuitos mayores. Si bien la derrota del año anterior del propio Almendares se justificó con la ausencia de Rocky Nelson y un trabajo deficiente del novato Julio Bécquer al bate en sustitución del artillero americano, este año no habría justificaciones, porque el Almirante estaba en la inicial y en el cuarto turno del orden al bate.
    Pero el club del Cangrejo Mayor, Pedrin Zorrilla, presentó el más poderoso orden al bate de todos tiempos en Series del Caribe, con Willie Mays, Roberto Clemente, Búster Clarkson, George Crowe, Harry Chiti, Bob Thurman, Luis Rodríguez Olmo y Don Zimmer, entre otros. Bill Greason, Rubén Gómez, Garabato Sackie y Sam Jones fueron los ases de la serpentina con los que el Santurce mantuvo el trofeo ganado el año anterior por el Caguas para Puerto Rico.
   Con un juego agresivo al bate y una buena labor de Hatten, el Almendares llegó al 6to. con ventaja de 6-1 y, en ese inning, ocurrió el desastre: Willie Mays, que había sido anulado durante sus primeras 12 veces al bate, reencontró su forma con un jonrón en el juego anterior contra el venezolano del Magallanes Ramón Monzant; a partir de ahí, fue prácticamente imparable, logrando conectar de 12-10 de todas las dimensiones; entonces el cuadro del Almendares, el famoso cuadro azul, se puso totalmente al garate ante rollings que, normalmente, eran fildeados con facilidad por las manos prodigiosas de Willy, de Héctor y de Al Federoff, por lo que el club boricua anotó 4 sucias y puso el juego 6-5; entonces, con bases llenas y Clemente en primera como tercer bate que había recibido base por bolas, entró Willie Mays a la caja de bateo. Ya Roger Bowman había remplazado a Hatten y, en conteo de 1 bola y dos strikes, el centerfielder de los Gigantes conectó una línea bárbara que sobrepasó a Earl Rapp en el leftfielder y rechinó contra el muro, el corrido de Mays, nunca vuelto a repetirse, fue suicida y espectacular, porque se deslizó en home encima de Clemente, que era un gran corredor, calculándose que dio la vuelta en algo menos de 12 segundos para un jonrón dentro del terreno.
        Con score 9-6 perdió el club añil el partido, después volverían a perder otro contra los boricuas y uno contra Venezuela y Panamá.
       Según Gonzalo Naranjo, que lanzó 10 campañas para el Almendares y fue testigo presencial de la jugada, el pitcher Bowman se enredó a golpes contra  Earl Rapp, que jugó en el left, bajo imputación de que le había “cogido miedo a la cerca”  en la conexión de Mays; pero, en aquella época, no eran como las de hoy, sino de bloques;  en cuanto a la vuelta al cuadro, según Naranjo y todos los que asistieron a la serie, nunca vieron algo igual, ni en Cuba, ni en Grandes Ligas, ni en ningún lado…
AUTOR   :    Andrés Pascual  /  Cronista Cubano de beisbol y boxeo del Diario Las Americas de Miami/
     EXCLUSIVO PARA BEISBOL  007

PEOR QUE EL BEISBOL ORGANIZADO CON LAS MINORIAS

 


 Hay regulaciones en las grandes ligas que tienen que ver con la admisión de cuotas de minorías en niveles de dirigencia de oficina y/o de terreno; por supuesto que no fueron hechas para cumplir con los hispanos; sino con los negros americanos. Pero a fuerza del empuje por la clase del jugador latino en el grueso de las estrellas del pasatiempo, pues la parte central, suramericana y caribeña, se logró “colar” en la fiesta.
       El caso cubano es aparte, porque el primer hispano que cumplió funciones como dirigente de un club de liga grande fue Mike González cuando, de forma interina, dirigió la edición de los Cardenales de San Luis de 1938. El reglano integraba la plantilla del club como coach desde dos años antes y Adolfo Luque fue, durante esa época, entrenador de pitcheo de los Gigantes de Nueva York.
       En 1958-60, Regino Otero trabajó como coach de los Rojos de Cincinnatti, que agregaban a la plantilla a un scout de primer orden en el entrenamiento y manager de éxito en el invierno de varios países y en el verano mejicano: Wilfredo Calviño.
   Después, en 1969, con el San Diego, Preston Gómez se convirtió en el primer manager de minorías del beisbol a tiempo completo, antes de que los Indios de Cleveland contrataran a Frank Robinson en los setentas. El primer negro en actuar como manager de un club de liga grande fue Gene Baker, infielder de los Piratas de Pitt. Quien, como interino, sustituyó en dos juegos a Danny Murtaugh en 1960 y, dos años después, dirigió en Triple-A; el primero, en funciones de oficina-terreno, el ex jugador y manager de los Monarcas de Kansas City, Buck O’Neill, como coach con los Cubs de Chicago, para los que antes había trabajado como scout con el mérito por la firma de Ernie Banks y de Lou Brock.
     Poco a poco los hispanos se han ido haciendo presente con mayor o menor éxito en funciones de administración o como managers, con Felipe Alou y Ossie Guillén considerables en rango de exitosos, seguidos por Carlos Tosca, Freddie González, Luis Pujol, Tony Peña, Cuqui Rojas, Manny Acta, Edwin Rodríguez o Tany Pérez.
       El problema es que, mientras a veces se critica lo que ocurra con los managers o candidatos hispanos en el Beisbol Organizado, no se toma en cuenta que el Caribe, cada año y en todos los países, tiene uno ó más importados, preferentemente americanos.
        Desde la época de los cubanos Dihigo, Salazar o Cheo Ramos en México, Venezuela, Dominicana…hasta la “era” Regino Otero en Venezuela y Castaño o Calviño en casi todo el Caribe y tierra azteca, existe el problema
        En toda la historia del beisbol cubano actuaron tres managers americanos: Lefty Gómez, durante lo que se conoció como la división del beisbol por efectos de la suspensión, por el Beisbol Organizado, de quienes fueron a México tentados por el dinero y el éxito efímero de la “era” de los Pasquel; Billy Herman, a quien el Cienfuegos le quedó grande, porque no pudo, no supo o no quiso entender el tipo de beisbol apasionado que se jugaba en Cuba y Bobby Bragan, que condujo a los Alacranes del Almendares al campeonato dos veces, con un peculiar estilo de protesta ante el hombre de peto, careta y escobilla.
        Pero, con el paso del tiempo, el incremento del importado para dirigir,  específicamente cubanos o americanos, creó, en muchos países del área, una situación solo validada como menosprecio del talento nativo.
        Este año, en todo el circuito invernal hubo, por lo menos, un manager americano.
       El problema que prevalece, con respecto a importar dirigentes americanos en el terreno, se debe a que los dueños de clubes del área confían menos en el éxito nativo que el Beisbol Organizado en las minorías.
        Para mí no hay otra forma de ver el problema y nadie debe aplicar aquello de que “al nacional no le juegan porque no lo respetan”. Los hispanos no son incapaces por una circunstancia de divorcio entre la personalidad y la responsabilidad. Lo que ocurre es que en el Caribe no se le da oportunidad al nacional en la creencia, casi complejo arcaico para estos tiempos, de que, “si es americano, tiene que saber mas…”.



Andrés Pascual     / Cronista Cubano del Diario de Las Americas
Exclusivo para BEISBOL 007  

 

EL CAMBIO DE CLUB QUE LE CONSIGUIO UN INQUILINO A COOPERSTOWN: ...



Por Andrés Pascual
       En medio de un beisbol ajeno a la tradición, contra la que ha colaborado mucho la prensa, que se deja llevar por el apetito insaciable de intereses involucrados que solo persiguen objetivos monetarios y, con el menor grado posible de amor por el pasatiempo nacional, de vez en cuando aluden a jugadores que, sin pertenecer a la falsa estirpe moderna de “superjugadores” solo por los batazos que conectaban en frecuencia y distancia bajo efectos de esteroides, y hago énfasis en “conectaban”; así como en “falsos dioses del juego”, porque se aprecia un descenso preocupante en las cantidades y las dimensiones de esos batazos, de vez en cuando aluden, repito, a verdaderos estrellas del juego “estilo antiguo”, que son para quienes la habilidad tenía como ingredientes la inteligencia, la picardía, la pimienta y la entrega absoluta en el terreno.
       Ha ocurrido en estos días, cuando el increíble Omar Vizquel igualó al Maestro de Maestros, su compatriota Luis Aparicio, en el segundo lugar en hits conectados entre campocortos. 
      Aparicio fue tan bueno que el Salón de la Fama creció en importancia al tenerlo allí; porque, con su juego, le devolvió al beisbol, junto a Nellie Fox y Orestes Miñoso, la capacidad de ganar con la aplicación del juego veloz, de pie en el acelerador. Es decir, trajo de vuelta al juego de pelota la velocidad en el corrido de las bases, verdadero sentido de la ofensiva en grandes ligas: la base robada, el hit and run o una base más con el batazo conectado.
        Y Vizquel salió de Seattle para hacerle espacio a Alex Rodríguez, un juvenil que prometía un mundo y que ha cumplido con las expectativas; pero al que azotó el delincuente flagelo moderno y nunca podrá escapar al calificativo de “mentiroso”.
        El cambio de club permitió que se desarrollara, más que como estrella como inmortal, a través de Cleveland y San Francisco, la última maravilla del campocorto que, cuando se retire, los alienados que votan controversialmente para el Templo con sede en Cooperstown, le irán a buscar a su casa, porque ese no podrá faltar ni sí, como han hecho otras veces, lo forzaran injustamente estos “padrecitos del voto” de la Asociación de Cronistas.
        Omar Vizquel, tal vez el mejor torpedero de la historia que, cuando concluya, poseerá todos los números importantes de su posición en una carrera realmente larga y, eso, también le hace un virtuoso, es un miembro legítimo y obligado de Cooperstown, que fue capaz de sobreponerse al cambio para el cupo al jovencito que un día también estará ahí; aunque, realidad y decencia de por medio, no debería.




Autor:   Andrés Pascual      /Cronista cubano de beisbol y boxeo del Diario las Americas de Miami