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BEISBOL 007

EL POQUITO DE VINO TINTO QUE FALTABA

cotto vs canelo

 

 

 

Por Andrés Pascual

La pelea entre Miguel Coto y Saúl Álvarez se deslizaba por la peligrosa ladera del desfase histórico, sin agresiones personales, sin que mediara una acusación de ningún bando, sin una miserable amenaza, sin una frase despectiva; es decir, parecía la promoción de cualquiera de las grandes batallas del ring de la historia de antes de 1990, aunque el flagelo lo inició Alí a principios de los 60’s.

Entre lágrimas por cada reencuentro, entre palabras entresacadas del diccionario romántico que empleaba José A Buesa EN SUS PEOMAS, languidecía hastiado un fanático que no está diseñado para escuchar cosas tan desagradables y divisoras como amor, hermandad…

El boxeo es una guerra y el elemento que suplió la calidad del gladiador es la ofensa personal o de grupo, como que a nadie le pueden hacer el cuento de que existe la hermandad boricua-mexicana porque nunca ha sido verdad, entonces la promoción de la pelea, que sabía soso, tenían que tonificarla, había que “arreglar el potaje”.

Cuando Reynoso dijo que Coto había enfrentado a bultos solamente, habló con el alma en la mano, eso fue lo que siempre creyeron y eso fue lo que soltaron cuando los autorizaron a reabrir el capítulo del odio regional, que existe desde que Dios hizo a ambas nacionalidades.

La verdadera campaña promocional para la pelea Coto vs Canelo acaba de empezar de la única forma que acepta el vulgo (de vulgares), repleta de fouls, de ataques al cuerpo después que sonó la campana, con golpes de codo y, sobre todo, CON MUCHOS GOLPES BAJOS, ofensas personales que, tal vez hasta incluyan el ámbito familiar ¿Qui lo sai?

Necesitaba un toque de vino tinto el asado, quizás hasta UN PAR DE EMPUJONES, UN GOLPE POR ENCIMA DEL MOLOTE LANZADO POR CUALQUIERA DE LOS DOS en cualquiera de las presentaciones promocionales que quedan, incluya…

No puede ser de otra forma, porque no pueden comportarse diferente y, amarrados, con la boca sellada, no podía mantenerlos nadie tanto tiempo, a fin de cuentas, es el único arma de los pandilleros de hoy, que saben que, cómo espectáculo, vende si reflejan el odio e inyectan las bajas pasiones que, muchas veces, confunden con la realidad, sentando un peligroso precedente. YO LO ESPERABA.

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