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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

LOS MANAGERS BUENA GENTE NO GANAN CAMPEONATOS…‏

Por Andrés Pascual

      A pesar de lo que dijo la gerencia a finales del año pasado sobre Edwin Rodríguez y la vibrante ratificación del hoy ex manager con: “lo queremos por muchos años ahí”, siempre tuve la impresión de que el puertorriqueño era tan “interino” como Jack McKeon, pero, quizás, el individuo no lo entendió.
      En las relaciones de trabajo de los dueños de clubes de Grandes Ligas con la prensa; mientras más repitan algo, más lejos de la verdad están. Ni McKeon va a estar ahí mucho más allá de lo que ya planificaron.
     Desde el año pasado los Marlins esperan por “el director”, el verdadero, el que les interesa y, si Edwin Rodríguez hubiera ganado con el club en vez de caer en esta lamentable racha de derrotas, cuando la gerencia recibiera la señal para deshacerse de él y dejarle el camino libre al objetivo, “hubieran sucedido cosas…”, por supuesto, todo esto es material de “entredicho”, pero vale, porque la historia y los acontecimientos cuentan para algo.
      Vamos a estar claros, según muchos cronistas que asisten con frecuencia religiosa a la catedral del beisbol de Miami en funciones profesionales, Edwin es una excelente persona, sus relaciones con los jugadores iban de bueno a tan bueno que podía, como sucedió, provocar la anarquía por permitirle “la majadería constante” a Hanley Ramírez, que necesita una llave maestra en el cuello siempre o su temperamento lo lleva al juego apático y desganado, capaz de provocar sospechas con influencia negativa en el banco. No ha sido una vez y, la segunda etapa de McKeon, la inauguró “protestando contra la renuncia”, haciendo ver su “inconformidad” contra el nombramiento al llegar tarde a la primera actividad, lo que le valió una bronca con Logan Morrison a quien, parece, sí le interesa la estabilidad del equipo
       Jack McKeon no es el mejor manager de las Grandes Ligas, incluso sus decisiones disgustan muchas veces y producen derrotas, nadie lo puede negar, que con los Marlins se evidenció después que gano; pero la Oficina, yo no sé si por americano, por mayor de edad o por lo que sea lo escucha y le concede, lo que no logró Rodríguez, incluso ni Fredy González, que vieron cómo se le iban de las manos jugadores necesarios para metas que se escapaban tan rápido como los peloteros envueltos en cambios o por la agencia libre.
       Una vez que el club llegó al punto crítico (todavía no ha tocado fondo) casi a mitad de temporada, el veterano campeón del 2003 se hizo necesario y, como siempre, la primera medida que tomó fue mal entendida por el shortstop quisqueyano, al considerar su cambio al cuarto bate en la alineación como “una muestra de reconocimiento” en vez de como se debe analizar, ni más ni menos que obligarlo al compromiso, a responsabilizarlo con lo que ocurra en un turno de tamaña responsabilidad. El primer día lo dejó en el banco porque llegó tarde; mañana, si no se recupera, lo propone como material de cambio y lo van a complacer.
        Eso fue lo que Edwin Rodríguez, por bueno, no quiso no supo o no pudo hacer y le costó el puesto por la vía adelantada de su renuncia.
        Sin dudas que, a casos como el de Edwin, decente y honesto, son a los que se ajusta el viejo adagio de Leo Durocher: “los managers buena gente no ganan…”
         El boricua necesita un club que le ponga en las manos lo que necesita, no como los locales, que le exigen ganar con 6 peloteros en el terreno bajo pena de muerte si no. Si encuentra el trabajo con una oficina preocupada, clara en su actitud, tendrá éxito; porque, en el Sur de la Florida, el contendiente serio en la división no son ni Filadelfia ni Atlanta, sino la gerencia que, hasta hoy, su compromiso con el respetable ha sido de “complacerlo a medias”, dejando inconcluso el primer capítulo de una novela que ya tiene 18 años en la editorial; a pesar de las dos Series Mundiales ganadas.



 Los Marlins lo mismo ilusionan que desengañan.        



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MCKEON, CONTRATADO A ESA EDAD, SOLO EL‏

 

Por Andrés Pascual

       Connie Mack nació el 22 de diciembre de 1862 y falleció en Filadelfia el 8 de febrero de 1956. Lo eligieron al Salón de la Fama en 1937 por el grupo que denominaron Comité del Centenario.
       Como jugador actuó 10 años (11 sep. 1886-29 agosto 1896) y, como manager, 53; su debut como piloto, a los 31 años en 1894, fue como director-jugador de los Piratas de Pittsburg hasta 1896.
       En 1901 regresó pero con los Atléticos de Filadelfia, club que compró y dirigió en el terreno durante 50 campañas, hasta 1951. Con Mack recibieron el apodo de los Elefantes Blancos. En 1937 y 1939 compartió el banco como manager, los dos años ocupó el 7mo. lugar; pero ganó 9 veces la Americana y 5 Series Mundiales; posee varios récordes en las Mayores como timonel y, en 1905, fue de los que se dio (13 clubes enviaron scouts) un viaje a Cuba para ver al “mejor shortstop de la época”: Luis “Anguila” Bustamante, que tenía un solo defecto, no era blanco. Dirigía de traje y sombrero hongo.
       Las campañas de 1929-30 y 31, tuvo el mejor club del beisbol, superior a cualquier edición de los Yanquis por jugadores como Grove, Ehmke, Walberg, Quinn, Earnshaw, Rommel y Shaw como pitchers; o Cochrane, Foxx, Collins, Dykes, Mulo Hass, Al Simmons o Joe Bishop en el cuadro.
        Cuando vendió a sus mejores jugadores por apremios monetarios, lloró al ver a Grove y a Jimmy Foxx en traje del Boston Red Sox, o a Mickey Cochrane de manager-jugador del Detroit.
        Clark Griffith, el Viejo Zorro, hizo debutar a Rafael Almeida y Armando Marsans mientras dirigía al Cincinnatti en 1911, de ahí su predilección por el jugador cubano siempre. Lo eligieron a Cooperstown en 1946 por el Comité de Veteranos y, como Mack, fue jugador, manager y dueño, murió a los 85 en octubre de 1955.
        Debutó como manager a los 32 años con el Chicago White Sox en 1901 y concluyó en 1920 con los Senadores de Washington, a los que había adquirido. Ganó 2 campeonatos y una Serie Mundial, en 1932 y, cuando el club se derrumbó al año siguiente, lo desbandó, comenzando por su yerno,  un shortstop, manager y Comisionado miembro del Salón de la Fama llamado Joe Cronin.
        John McGraw, el Napoleón del beisbol, acaso lo más grande que haya dirigido el juego, un manager jugador que comenzó con los Orioles de Baltimore en 1899 como director e hizo su historia desde 1901 con los Gigantes, que intentó romper la barrera racial con Charles Grant en 1903, primero y con José de la C. Méndez en 1909 después; dirigió durante 33 años, pero debutó a los 26. Falleció a los 59 en 1936; único que mantuvo su nivel competitivo al cambiarse de la bola muerta a la viva en 1920 y el primero que hizo los ajustes para cambiar el juego del “suelo al aire”  por  los batazos de largo metraje. También está instalado en Cooperstown.
        A los 80 años, los Marlins nombraron manager “interino” a Jack McKeon; en el boxeo, un campeón interino es, realmente, el número uno en el escalafón; en pelota, alguien que va a estar ahí hasta que aparezca el que se quede con el puesto, a veces es el mismo…
        McKeon es un manager de 15 campañas en Grandes Ligas y de 17 en las Menores que nunca jugó en el nivel de bigleagues Fue catcher y lo han escogido Manager del Año; además, tiene una Serie Mundial ganada en el 2003 con el club que ahora reclama sus servicios con urgencia crítica.
         A pesar de la edad en que dejaron de dirigir Mack, Griffith o McGraw, no hay comparación posible con el recién reestrenado por los Agujas, que debutó con el Fayettville clase B en 1955, a los 25 y en las Mayores con el Kansas City, en 1973, a los 43; es decir, contratado a los 80, solo Jack McKeon, sin ningún tipo de dudas ni de competencia.







 

 Connie Mack debuto como manager en 1894, a los 31 años.

JACK Y LA TAREA MACKEON DEL INDIO


Por Andrés Pascual

       La tónica de Contratación de gerentes Por los clubes de las Grandes Ligas Modernas, hace rato Que descartó poner al anciano, pueden envejecer al timón, de como Bobby Cox y Tony LaRussa, Pero sí les encomienda la OFRECE Jóvenes, Lozano HASTA Cierto punto y Con El Impulso y la Energía Que, Dicen los entendidos, es patrimonio Único de jóvenes CASI.
       Los Marlins rompieron la imaginaria Regla y regresaron al estilo de Época en Que los Cachorros de Chicago le dieron un Leo Durocher sin club Peor Que En El ELLOS Rendimiento general de Equipo, Pero Con JUGADORES de Alto Voltaje en la Plantilla de como Billy Williams, Glenn Hoffman, Ferguson Jenkins, Ron Santo y Ernie Banks."Lipidia" tampoco pudo arreglar El Desastre Que provocó "el colegio de entrenadores" de Phil Wrigley.
       Jack McKeon, de 80 Años, volvera al Frente de la novena miamense Con Idéntico Objetivo Que En El 2003: rescatarla del valle de lágrimas Que se supone mar Una racha de derrotas considerables, en Aquella Ocasión, estaba separado del Primero, en julio, Por 6 juegos; Hoy, sin Poco Más Lejos, en Junio.
        Ayer tuvo un Iván Tras el párrafo plato Que manejara personal de la ONU Joven y de Posibilidades, Encabezado Por Josh Beckett y, del saco de las ligas Menores, le Sacaron "un conejo de la suerte" con dos nombres: Dontrelle Willis, Que se impuso convincentemente ESE Año y El Monstruo Miguel Cabrera, de Uno de Los Cinco Mejores bateadores de Grandes Ligas hace buen rato ya.Con organismos europeos de normalización Elementos niveló la nave, remontó La Diferencia y gano ¡Hasta la Serie Mundial.Also McKeon tenia 8 años y 2 ó 3 millones de puros fumados Menos.
       El pitcheo del club recibe Que es Lo Único comparable al Año milagroso; embargo de pecado, he aquí un suero Primero Que Deba atender, PORQUE los està asfixiando la crisis de personería Colectiva, en los Casos de Nolasco y de Aníbal Que, Cuando estan en forma absoluta , he aquí Nadie dude, hijo de los Mejores y Más confiables del Circuito, PORQUE Johnson està en Lista de lesionados.
       Yo creia, en pre-Temporada, Que El club estaba solo Preparado párrafo Dar Un buen Espectáculo de agreement un su modica Plantilla salarial y Por Lo Jóvenes e inexpertos hijo Que, Hoy he Creo Mismo.Sin embargo, aunque no TIENEN Líder, pueden HACER Algo mas Que reconciliarse con La Casilla de las Victorias, PORQUE EL hombre una carga no solo es de la ONU anciano virtual, sino de la ONU Experimentado director-scout de Mas de 40 Campañas en El oficio y, ESO , Supuestamente, You can Ayudar.


 McKeon Regresa con "viejos Brios"

 

ABRUPTA CONCLUSION DEL “SUEÑO BORICUA” EN EL BEISBOL‏


Por Andrés Pascual

       Bueno, abrupta, aunque esperada. Esta vez la gerencia no utilizó su omnipotencia, que les permite anunciar que el manager había sido despedido y chirrín chirrán. No, dejaron que fuera el propio dirigente quien presentara su renuncia, ¿Negociada para amilanar la mala impresión de otra cesantía? En casos como el de la administración del club de la ciudad, lo lógico es suponer que nunca se sabrá, porque hubiera sido muy difícil responder algunas preguntas engorrosas. Pero Larry Beinfest le estaba dando vueltas al “monigote”.
        Posiblemente Edwin Rodríguez no pudo manejar situaciones de estabilidad emocional dentro del club, porque no supo preverlas: cuando se perdió la primera serie de esta racha que nadie sabe cuándo concluirá, se inició el derrumbe del bateo.
        A estas alturas, la inexplicable salida del equipo de Cody Ross no vale la pena analizarlo; pero le regalaron 7 millones a Javier Vázquez para contentar a… ¿A quién? Bueno, esas cosas podían verse a la distancia como capaces de provocar un problema, porque quedaban en el ánimo colectivo como la enfermedad crónica y residual: para cuando aparecieran los agentes necesarios.
        Claro que un slump colectivo es posible y una mala racha en ganados y perdidos, lo malo es la duración que tenga, que se vaya de las manos y no se pueda manejar, como ahora mismo.
         Para solucionar los graves problemas de los Marlins, que ya afectaron al pitcheo, hay que reconocer que, cuando no existen en la plantilla los jugadores veteranos que puedan ser estabilizadores entre el dugout y el terreno, el problema es, más que preocupante, crítico.
         Edwin Rodríguez no podía escapar a esta sublevación en silencio por varios factores ni, mucho menos, ayudar a resolver los problemas por su inexperiencia y porque, tal vez, los jugadores no lo creyeron capaz de empeños mayores.
         Lo peor que le pudo ocurrir fue que Hanley Ramírez, en el vórtice del huracán, “le depositara todo su apoyo”.
         Si se decidieran por Jack McKeon, que una vez ganó con el club en medio de una racha parecida, aunque  después perdió y decepcionó, estaría bien, porque este individuo sabe manejar a los jóvenes y es especialista en resolver crisis heredadas (y en crear las propias), pero ahora hace falta, con urgencia, el primero. Cualquier selección que efectúen debe ser alguien que pueda manejar a la juventud. Pero, ensayos con otros recién llegados, tan inexpertos como Edwin, no; eso sería más de lo mismo.
         Al modo mío de ver las cosas, esto no es un problema técnico de bateo ni de otros experimentos como cambios constantes del orden ofensivo, sencillamente, es la explosión de la fuerza interior de los inconformes que, por lo que se observa, son la mayoría.
         Tal vez esté equivocado; pero, a la primera oportunidad de cambios, deben deshacerse de Hanley Ramírez, que es un freno al juego alegre y al team work. Pronto, porque todavía vale en el mercado, como reflejo del momento en que fue considerado una promesa.
         Quizás los Yanquis, ante el envejecimiento de Jeter y tan dados a recibir jugadores de ese tipo, estarían dispuestos a soltar un par de buenos peloteros por el quisquellano.






  Sin experiencia no se puede manejar a un club bisoño.

LUCES Y SOMBRAS SOBRE EL ESTADIO DEL CERRO

Por Andrés Pascual
       Cualquier información proveniente de La Habana, sin importar si fabricada por periodistas del régimen que por corresponsales de agencias internacionales autorizadas, tiene, como lo leyó, “t-i-e-n-e” que ser editada en el exterior. Si los jefes de páginas no conocen los temas, pues deben indagar por el asesoramiento correcto, por el contrario, comprometen la inteligencia, la tan manoseada calidad de “lo objetivo y, sobre todo, la norma cívica, que si traspasa los límites de “lo neutral”, puede convertirse en una vulgar pieza de defensa de la maquinaria político-ideológica que impusieron en Cuba desde 1959.       Por ejemplo, según una nota de Prensa Asociada, el Granma informó sobre la “inauguración” del nuevo complejo lumínico del Grand Stadium de La Habana, que es su nombre verdadero, luego de 2 años sin luces porque, “las que tenía, en estado crítico, se bajaron por peligrosidad para el público”.       ¡Dos años sin pelota nocturna de serie nacional en La Habana! Según AP, la fuente oficial y primaria confirmó que la demora se produjo porque “se buscaban buenos precios, cada vez más caros para países del III Mundo”.       La capital cubana, sin posibilidades de asistir al beisbol nocturno desde hace 49 años, puede dar ganas de cualquier cosa, menos de vivir allí… este tipo de ingrediente, al que no se arriesga el corresponsal destacado allá, es obligatorio comentarlo cuando se publique aquí.       El horror del contubernio, posiblemente con el régimen, no con la agencia, es repetir “la casa del Industriales, el equipo más ganador del beisbol cubano”; otras veces llaman a la novena que más jugadores que “arreglaron juegos” haya tenido en sus rósteres en el mundo, “símbolo de la pelota cubana”; o “el más popular en la historia de Cuba”.        Yo no me opondría si dijeran que ese equipo, representante fiel del estado de corrupción individual y colectiva más grande de la historia de Cuba en lo deportivo, lo llamaran el “símbolo, el más popular o el más ganador de la era castrista”; pero, al utilizar el lenguaje del Granma a través de las agencias de prensa, penetran como cómplices el mundo de segregación nacional, de división segmentaria de la sociedad creado por el castrismo para dividir, porque Cuba y su pelota existen antes de 1959 y de 1962, les guste o no a algunos.        El club más ganador en la historia del beisbol cubano, con 24 títulos, es el Almendares, los inolvidables Alacranes Azules, también el único símbolo posible de la pelota que, unas vez, mandó el juego después de Estados Unidos.        El estadio del barrio Carraguao, Cerro, no admite el adjetivo legendario ni por un solo acontecimiento deportivo después de febrero de 1961, su grandeza proviene porque, en su grama, se instaló un ring para que Kid Gavilán defendiera su faja welter; para que el elenco del circo Ringling ejecutara sus maravillas de entretenimiento; para que se jugaran tres Series del Caribe en su terreno y una Serie Mundial Amateur; para que un equipo de arriesgados profesionales americanos jugaran pelota en automóviles y para que desplegaran sus extraordinarias condiciones peloteros como Conrado Marrero, Jim Bunning, Orestes Miñoso, Brooks Robinson, Camilo Pascual, Luis Aparicio, Héctor López,  Jackie Brandt o Leonardo Cárdenas, entre otras muchas verdaderas estrellas del pasatiempo, algunos defendiendo los colores de clubes del champion profesional, o los de sus países en el amateurismo o en el campeonato de la Confederación, que se inauguró allí en 1949.        En el Cerro, durante el spring training de 1959, Sandy Koufax enfrentó a Don Newcombs en juego Cinci-Dodgers y, en 1956, los Gigantes de Tokio llegaron a La Habana a perder contra novatos de los Cubans y a aprender cómo jugaban a la pelota apasionada y pimentosa los Reyes del juego en el Caribe de entonces.         En 1995, Juan Marichal nos dijo al fallecido comentarista deportivo Sarvelio del Valle, al ex pitcher añil Orlando Peña y a mí que, “lo único que me faltó en el beisbol fue ganar la Liga Cubana pitcheando por el Almendares”, por supuesto, en el estadio que, si en realidad se tira un cambio efectivo en el juego político nacional alguna vez, tiene que llamarse Bobby Maduro para tratar de componer en algo la deuda moral y material.          Por todo eso y más, en los periódicos que crean que esas informaciones desde Cuba “son noticia”, tienen que editarlas, porque aquí no solo están quienes lo conocen todo, sino los que hicieron la leyenda.

 

 

 

LOS LANZAMIENTOS “BRUJOS” DE LIVÁN HERNÁNDEZ‏


Por Andrés Pascual

        Vamos, que hay una tónica malintencionado y pretenciosa de establecer un rollo propagandístico alrededor del los peloteros cubanos que han huído en los últimos 10 años, cuyo objetivo es confundir para mantener un ranking que ya no es posible.
         Por aquí hay quienes olvidan que no están en Cuba, que no circula el Granma ni que es obligado opinar en una sola dirección, por lo que el fracaso del jugador cubano, “cosecha castrista”, es milimétricamente analizado y expuesto de forma cruda, que es como esta proteína mantiene sus propiedades.
         El pitcher Yunieski Maya casi está declarado descarte por el Washington; al fenómeno Chapman se le han complicado las cosas desde que descubrió que, para ganar aquí con 105 m/h, hay que poner la bola a buen recaudo del bate enemigo en zona de strike, porque te pueden lastimar; a fin de cuentas, un pitcher de los 50’s-60’ tiró a 109 y no pudo jugar en el Baltimore. Son las Grandes Ligas, algo que se olvida por el ex triunfalismo prefabricado a veces y que se desconoce absolutamente por el niño cubano, que es el que tiene que saber para poder crecer y competir en calidad de astro “old cuban fashion”.
         A propósito se olvida, se esconde o se minimiza el trabajo de Liván Hernández, que llegó en edad juvenil; es decir, en condiciones de comenzar a aprenderlo todo como Dios manda, por lo que se puede afirmar que es un producto netamente facturado por el beisbol profesional.
       Sin embargo, destacan sus problemas de índole legal con el hambre malsana de quien espera el castigo ejemplarizante que hunda su palmarés deportivo y hablo de “entre cubanos”.
         ¿Por qué razón Liván es el mejor pitcher nacido en Cuba después de 1962?  Porque, como tal vez 4 ó 5 más, sea el único con la estirpe tradicional del jugador cubano histórico; quizás porque siempre pensó que, desde su posición como primer pitcher juvenil que lanzó un no hit no run en una Serie Mundial de la categoría, sus triunfos eran suyos, no de quienes han sido los únicos contribuyentes a la debacle generalizada del beisbol nacional y eso cuenta, porque “abre las entendederas”.
         Liván Hernández es el 5to. pitcher más ganador entre cubanos en los anales de las Grandes Ligas, nueve juegos detrás de Camilo Pascual y, si su récord es de 170-171 hasta hoy, se debe a la cantidad de encuentros perdidos por margen de una ó dos careras, descontando la cantidad de veces que le han sustituido con ventaja y un relevista lo ha perdido.
         Valor, valor y más valor…ese es el secreto de este extraordinario pitcher cubano que, porque le sobra el coraje, por su control y porque no le huye la pelota a nadie, es que le conectan jonrones con frecuencia, pero, por lo mismo, domina.
          Con una curva en cambio impresionante, con la velocidad con que ya no se puede estar en este nivel de juego; sin embargo, se levanta imponente en el montículo cada vez que le toca la faena. El día de trabajo en la rotación de Liván Hernández, con seguridad que estará allí, porque es uno de los últimos pitchers de hierro del beisbol, uno de los hombres reales del pasatiempo que se dispondrá a pitcher hasta “mañana por la noche” si es necesario.
          No hay que comparar a Vinent ni a Lazo con Camilo Pascual o con Luis Tiant, para derrumbar esa falacia creada en oficinas sin intención deportiva, utilice a Liván como referencia y se cae todo el adamiaje político.
          Este pitcher, no lo dude nadie, sí es uno de los mejores serpentineros cubanos de todos los tiempos. Si aquel que usted piensa del período 1962-presente “no llego porque…” lo siento, el Hijo del Duque está aquí y haciendo historia.

Pie de grabado: Como el Premier ayer, siempre Liván hoy.

 



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LOS MARLINS, CON DESCRIPCION Y SIN CRÍTICAS‏

Por Andrés Pascual

       A la palabra crítica se le teme más que al Diablo en la prensa del sector deportivo miamense; sin embargo, su significado, tan infantil como contundente es, “ejercicio del criterio”.
       En la ciudad, con respecto a los Marlins, lo normal es que se describa un juego, que se exagere el valor de un recién llegado a un puesto en el que sustituyeron a otro igual o mejor; o que, cuando el club, como ahora mismo, amenace con romper cualquier récord negativo como perdedores, no se encuentren palabras para presentar la hecatombe por medio del análisis adecuado, realista y aceptable para los lectores, que saben mucho y son mayoría.
       Este año, que he comentado poco sobre el club y no se ha publicado aquí, sin embargo, he tenido alguna razón “mirando hacia adelante”.
       Es porque se hacen amistades entre la dirección, incluso en la gerencia, o por relaciones paisanistas que conspiran contra la credibilidad y el objetivismo, que se pierde la perspectiva del cronista, que está ahí para ayudar al fanático a que comprenda lo que, por sí mismo, no puede.
       Claro que resulta difícil decir, entender o publicar algo que se necesita tiempo para comprobarlo, pero ese es un riesgo que hay que correr, de otra forma ni Shirley Povich ni Dan Daniel tuvieran trascendencia desde hace más de 70 años.
       A la mano la indisposición de la oficina para rellenar “huecos” peligrosos con el jugador de actuaciones notables, capaz de erigirse en el líder que no tienen y que contribuya al team work como Dios manda, ¿Qué queda? Con guerrillas se desgasta al contrario, pero no se puede ganar una guerra, a pesar de Napoleón y la campaña de Rusia, o de Tito y Mijailovich durante la Guerra Mundial II en Yugoslavia: esto es pelota, son las Grandes Ligas y lo que cuenta es el cash, como decía Luis Sarría en el boxeo: “no tirandito, no ganandito”, aquí, si no hay dinero, a pesar de las sorpresas, la victoria se pone más lejos que un jonrón de Mickey Mantle a la zurda.
      Los Marlins están preparados para dar guerra sin ilusiones de campeonato, a fin de cuentas, tienen un equipo joven, con jugadores con condiciones que, al modo mío de ver las cosas, en el futuro, con algún refuerzo adecuado; cuando adquieran más experiencia para asimilar la derrota y el slump de alguno de sus mejores bateadores, pues podrán dar batalla por el primer lugar; hoy no, porque nunca clubes casi novatos, sin la contribución obligatoria del veterano que estabilice situaciones peligrosas en el estado de ánimo, han podido ganar en este nivel.
      Con un manager sin experiencia de dirección en Grandes Ligas, con un trainer de bateo también nuevo en el nivel, se esfuma cualquier posibilidad: 100 % de inexperiencia no le abren las puertas al 50 % de postemporada.
      En el caso de Edwin Rodríguez, está sucediendo algo que comenté en algún momento: no puede ser exitoso el manager híbrido de sistema, es decir, que aplique groseramente el concepto “librito”, más docto para la gradería, más estable, que levante menos pasiones y que desazone poco; tanto como el intuitivo, que pone nerviosos al público, a la gerencia y a medio mundo, porque crea, como en el ajedrez, que inició una combinación que fructificará 15 jugadas después; no, aquí son 9 en el terreno y 9 innings si no hay empate.
      Recuerde esto: el pitcher abridor de 3.00 clp por juego o menos, si admite 3 y tiene dos en bases, ya explotó; es un error dejar que lo maten a palos, aunque el relevo no sea confiable, o se provocará la hecatombe personal del individuo al ponerle el promedio histórico una ó más carreras por encima de lo que trabaja, con el consiguiente malestar general de todo el equipo.
      Recurrencias de este tipo crean las condiciones que afectan a toda la novena. Si continúan dirigiéndolos así, pudieran tener problemas mucho mayores cuando se deslome completamente el pitcheo y, con este, la defensa del cuadro.







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DENIS MARTÍNEZ, SIEMPRE EN EL TINTERO‏


Por Andrés Pascual

       Se ha convertido en un vicio establecer un sistema de quejas y lamentos por los “olvidos” que cometen los miembros de la Asociación de Cronistas que votan para Cooperstown: con “el nombre de… que tiene que estar ahí primero que…”, le disparan la montaña de números fríos que justifique que “el bueno es el mío…”
      Uno de los casos en que se demuestra menos razonamiento y sentido común es cuando comparan a Orestes Miñoso con Jackie Robinson en detrimento del intermedista del Brooklin…eso no es parcialidad, sino una sonora falta de respeto a sí mismo que en nada beneficia al Idolo de Perico. Entre Robinson y el cubano no existe la mínima posibilidad de comparación, porque el ex colegial de UCLA es símbolo de cambios de una época que no solo afectaron al deporte americano, además de una estrella que también llego tarde a las grandes ligas.
       El Salón de la Fama se lo merecen los que ya están y no hay razones para justificar que el suyo no esté elegido bajo sospecha de que otro le haya escamoteado la opción, que es a lo que más se parece la estrafalaria exigencia; o que, como casi se sugiere, se haya dejado a uno para poner al otro con mala intención ¡Ah, que el jugador de mis simpatías, por paisanismo, o por lo que sea tenga meritos y no integre el recinto, son otros cinco pesos.
       La más grande injusticia cometida contra un jugador cubano, además de los años que mantuvieron en el limbo a Méndez y a Torriente, ha sido no elevar a Alejandro Oms que, si bien no era como Cristóbal, porque tenía menos brazo, se puede decir que era mejor que el 25 % de los jugadores de ligas negras que están allí. Y ¿David Concepción, Al Oliver, Harold Baines…?
       Pancho Coimbre fue un superestrella de la gorra a los spikes y parece que está prohibido mencionar su nombre donde lo escuchen los oficiales que tienen que ver con semejante bochorno en el recinto.
         Reconozco a Oliva, a Tiant, a Miñoso; pero una barbaridad, lo que se dice una falta de respeto por la clase en el terreno de juego es que, aparentemente, al Caballero y al Idolo de Ponce  los tengan más prohibidos de las listas de candidatos, si cabe, que lo que el talibán las piernas descubiertas de una mujer, porque no es posible.
         Y a la hora de la lista anual de flagelados del beisbol, nadie reclama el derecho del nicaragüense Denis Martínez. ¿Tiene el ex lanzador derecho clase como para considerar otra injusticia la miopía voluntaria del jurado? Al modo mío de ver las cosas, sí: 23 años en las Mayores con Baltimore, Montreal, Cleveland, Seattle y Atlanta que se cumplieron a base de coraje limpio, que incluye la lucha contra la adicción a la bebida; record de 245-193 que, en cuanto a victorias, es el pitcher más ganador entre latinos; promedio de limpias de 3.70; con 562 juegos abiertos, 122 completados y 30 lechadas; 3999 2/3 entradas con 2145 ponchados y 1165 bases por bolas.
         En 1991, Denis lideró la liga nacional con 9 juegos completos, 5 lechadas y 2.39 clp juego. En 1979 había quedado primero en entradas lanzadas con 292.1 y 18 completos.
          Pero, en 1981, temporada corta por la huelga de jugadores, concluyo con 14-5, siendo esas 14 victorias la máxima cantidad obtenida por pitcher alguno en la Americana.
         En 1991, lanzando para los Expos de Montreal, encendió a los Dodgers con el fuego perfecto de su slider mortal, su buena curva, su recta que se movía como un “jubo” y, sobre todo, lo que le identificó en el juego: su valor a toda prueba y su determinación ante la victoria.
          ¿Qué Denis Martínez no tiene condiciones para el Salón porque no ganó 20 juegos (tuvo 4 temporadas de 16)? Entonces habría que revisar a los bateadores que no quedaron sobre .300 ni dieron 300 jonrones ni empujaron 1600 carreras, a ver quién con qué se justifica uno sobre otro
           Hay otro detallito de esos que les encanta mencionar a los americanos de la Asociación: el tipo fue un líder con mala suerte, unas veces por militar en un equipo malo y, otras, porque asomó el hocico la traidora lesión…pero estuvo ahí 23 años, que se dice fácil y, bajo cualquier circunstancia, es un número, más que positivo, significativo: fue un pitcher, no una damisela del tiempo actual.


 

CUANDO LA YERBA DE VERDAD ERA VERDE‏

 

Por Andrés Pascual

      
       Una vez, hace más de 10 años, en un terreno de pelota de Miami Lakes, una periodista americana de Televisión Pública nos convocó a Pedro Ramos, a Enrique Izquierdo, al ex pitcher amateur Pedro “Pico” Prado y a mí para que le dijéramos qué creíamos sobre la gestión del tirano en la pelota cubana; luego continuó con Jackie Hernández, Borrego Alvarez…
       El documental, que se llamó “Donde la yerba es más verde”, tenía detrás a algunas figuras procastristas americanas, como Peter Bjarkman, y lo completaron en Nueva York con entrevistas a José Valdivieso y Lorenzo “Habichuelas” Gómez; aunque de la participación del último no tengo seguridad. Ni Pico ni Izquierdo ni Pedro Ramos ni yo quedamos “vivos” luego del corte y la edición.
       La televisión pública americana quería una imagen adulterada del profesionalismo cubano para acomodar las loas a la caricatura de beisbol que juegan allá, hoy en absoluta fase de desaparición. Por lo que trataban de que fuera el glorioso profesional quien les dijera que aquellos a quienes ni conocían, no solo eran buenos; sino mejores que ellos.
      En 1936, un agente de Rafael Leónidas Trujillo viajó al campo de entrenamiento de los Piratas de Crawford con la encomienda de firmar para un campeonato a Satchel Paige. El contrato sería entre 6 y 15,000 dólares.  Recordando a Satch, Jimmy “Cool Papa” Bell dijo una vez: “si había dinero y un auto, iba a pie a la luna…”. Pero Trujilo le mandó más dinero al pitcher para que firmara a otras figuras del club de Gus Greenlee, entre ellas, al propio Bell y a Josh Gibson; Satchel llevó a otros 4 jugadores de los Piratas y Rodolfo Fernández otros dos; uno, de Kansas City y, el otro, del Cleveland Buckeyes. El resto de americanos incluyó a Herman Andrews, Sam Bankhead, Bob Griffith, Leroy Matlock, Cy Perkins y Harry Williams.
     Nueve jugadores sepias americanos y 9 cubanos que fueron Rodolfo y José María Fernández, dúo de hermanos estelares del beisbol de Ligas Negras y de la liga cubana; Tony Castaño (blanco), Cuco Correa, Silvio García, Rafael “El Viboreño” Quintana (blanco), Lázaro Salazar como manager-jugador; Miguel Solís y Huesito Vargas.
      Un solo dominicano, Enrique Lantigua y el boricua Orlando “Perucho” Cepeda, padre de Peruchín, integraron la novena que fue la unión de los clubes de la capital Escogido y Licey.
        Así se formó, en honor al dictador y con su dinero, el mejor club quisqueyano de todos los tiempos: Los Dragones de Ciudad Trujillo.
        Las Aguilas Cibaeñas tuvieron como principales estrellas al pitcher Chet Brewer, que perdió un juego contra Paige 2-4 sin permitir hits y a los cubanos Santos Amaro, Martín Dihigo, Luis Tiant padre; además, Juan Estando “Tetelo” Vargas, estrella dominicano de la época.
        La presencia cubana en las Estrellas Orientales fue con Julio Rojo, Pedro Arango, Carlos Blanco, Ramón Bragaña, Yoyo Díaz, Cocaína García, Alejandro Oms, Javier Pérez y Rogelio Terán.
        El calendario de juegos fue entre marzo 28 y julio 11 y lo ganaron los Dragones, que estuvieron 0-3 en las primeras tres de 7 series que jugaron; pero terminaron con 18-13 y las Aguilas con 13-15.
        Josh Gibson fue el champion bate con .453 y 21 empujadas; Làzaro Salazar llegó delante en triples con 5 y en anotadas con 31; Silvio García metió 14 biangulares, disparó 38 hits y compareció 128 veces al home plate; mientras que Dihigo y Santos Amaro se abrazaron con 5 jonrones cada uno. Satchel Paige terminó con 8-2 y Don Martín con 6-4.
        Esa campaña fue la última del beisbol en Dominicana durante 14 años; la caída del precio del azúcar y otros problemas económicos adversos provocó la ausencia. Cuando regresó, en 1951, por iniciativa de Tiant Tineo, de nuevo se copó de cubanos, pero descartados del Champion Invernal o del Beisbol Organizado.
        Si no observa en las relaciones de jugadores a Marrero, a Consuegra, a Isidoro León, a Natilla Jiménez, a Luis Suárez, a Napoleón, a Félix del Cristo, a Virgilio Arteaga, a Jorocón García, a Fleitas, a Roberto Ortiz, a Agapito Mayor, a Adrián Zabala… entre más de 50 estrellas, es porque pertenecían al circuito amateur; si tampoco a Estalella, ni a Fermín Guerra, ni a Gilberto Torres, ni a Juan Montero ni tal vez otros casi 100 profesionales blancos, fue porque pertenecían al Beisbol Organizado.
       Con esta historia, ¿Acaso cree alguien que, ni metafóricamente, esa yerba fue verde alguna vez después de 1961?


 

 Oms jugó para Estrellas Orientales, Dihigo para Aguilas Cibaeñas y Salazar dirigió y jugó para los Dragones, en la foto, en traje de los New York Cubans

LOS PELOTEROS CUBANOS MÁS COMPLETOS POST 1959‏


Por Andrés Pascual

       Para referirse a los infielders o outfielders, incluso catchers, nunca se debe utilizar el término “bateadores”; sino jugadores de posición, porque no es lo mismo analizar a un grupo de jugadores de posición que a un grupo de bateadores, analizando los que quepan en el grupo de cinco herramientas.
      ¿Quiénes serían los jugadores cubanos más completos posteriormente a 1959? Por posiciones y en número de dos ó más, a mi juicio, estos:

Receptores: Joaquín Azcué, Paulino Casanova y Ollie McFarland

Inicialistas: Rafael Palmeiro, Tani Pérez, Julio Bécquer.

Intermedistas: Tony Taylor, Cuqui Rojas y Tito Fuentes

Antesalistas: Mike de la Hoz

Campocortos: Leonardo Cárdenas, Bert Campaneris, Zoilo Versalles, Humberto Fernández y Alexei Ramírez.

Outfielders: Tony Oliva, Haitiano González, José Cardenal, José Tartabull, José Canseco, Román Mejías y Angel Scull.

       Todavía dejo fuera a peloteros como Hilario Valdespino, Leo Posada o Chico Ruiz que, junto a otros profesionales, deberían ser usados en un segundo equipo…
        La mayoría de esos peloteros brillaron en el beisbol profesional durante toda la década de los sesentas, parte de los 70’s; incluso principios de los 80’s (menos Ramírez) y, si la dictadura no le permitió al pueblo de Cuba seguirlos aquí o en otros países, no hay razón para despojarlos de su nacionalidad ni desconsiderarlos, cuando se sabe que fueron mucho mejores que el resto de la cosecha castrista hasta el día de hoy, ni opacarles los récordes ni sus grandes actuaciones en el beisbol rentado.   
    ¿Qué usted no los vio? Está bien, pero, recuerde que no está allá y aquí se escribe, o se debe, para gente que sí vieron a Oliva y a Cárdenas, por ejemplo, no para la población que no quiere acabar de reconocer cómo está distribuido el mundo ni que el beisbol castrista, que vive de la historia pre 1959 para escapar de la frustración por la catastrófe de “su beisbol”, se encuentra en una etapa de decadencia tal como nunca antes.
     A la hora de comentar sobre el beisbol cubano post 1959, bajo ninguna circunstancia ni German Mesa ni Rey Anglada pueden colocarse por delante de Leo Cárdenas ni de Cuqui Rojas. Lo contrario sería una exagerada y continuada forma de fanatismo político de rutina equivocada. El poco seso, el desconocimiento o el apasionamiento por una ideología perdedora, no pueden producir errores tan soberanos ni garrafales.


  Ningún catcher castrista ha sido como Azcué



Stan Musial fue mejor que Mays y Aaron

Por Andrés Pascual

           Los jonrones  y una prensa deportiva moderna que se entretiene, muy a menudo, en circunstancias ajenas al juego de pelota, con actitud de evidente contribución en la factura de un tipo especial de fanático, confundido en su apreciación del juego histórico y presente, son los responsables de que se sirvan en bandejas de plata, como campañas de injusta devalorización, las actuaciones superiores de muchos jugadores del pasado de raza blanca con respecto a otros de raza negra, a tal extremo viciosas que, cuando se habla de un supertope de bateadores, nadie le hace justicia a Stan Musial, quien debería mencionarse por encima de Willie Mays y de Hank Aaron; porque, sencillamente, fue mejor bateador que ellos en Grandes Ligas.
          Lo mismo ocurre entre Jackie Robinson y el ex intermedista del Detroit Charles Gheringer o Roger Hornsby, no solo mejores bateadores que el ex Dodger (el cardenal, un 2 triples coronas, 3 por encima de .400 y .340); sino, en el caso del intermedista de los bengaleses, mucho mejor segunda base también. En otro caso, este entre blancos, en el team de los mejores 30 peloteros del siglo, confeccionado en 1999, no solo dejan fuera a Gheringer; sino que Mark McWire fue seleccionado con Lou Gehrig en perjuicio de Jimmy Foxx, milla y media mejor que el ex atlético esteroirizado. Son solo algunos detalles…
          Los Cardenales significaban “joseo” en Grandes Ligas, exponentes máximos de la pimienta en el juego (no por gusto Pepper Martin fue un Cardenal), un club que nunca se daba por vencido: de Gashouse Gang, a quienes el fanático cubano de antes identificaba como la Pandilla del Gasómetro.
          Con orgullo pasean por el firmamento de las Grandes Ligas el mérito de ser el único club que tiene un record ganador en Octubre contra los Yanquis de Nueva York, pues le ganaron 3 Series Mundiales contra una de los inquilinos del Bronx. Notable fue la de 1926 con un grupo de inmortales como Alexander, Hornsby, Bottomley, Franckie Frisch…y más meritoria aún, porque se produjo contra el equipo de Ruth, Gerigh, Meusel, Lazzeri, Combs, Dugan…
         En los Cardenales, que han tenido a través de la historia tantos jugadores de clase y vergüenza profesional, nadie como “El Hombre”, su jugador franquicia histórico y uno de los cinco más importantes a la hora de enumerarlos: Stan Musial.
        “El Polaco” es uno de los cinco mejores bateadores en los anales del pasatiempo y en estos, decadentes y ridículos, no le toman en cuenta con la importancia que merece; porque, por ejemplo, ni Mays, ni Aaron, ni Frank Robinson son superiores a Musial como bateadores. A no ser que la clase profesional de la artillería en el juego de pelota haya sufrido cambios y sea mejor quien tenga desventaja numérica.
         Stan Musial jugó 22 campañas con los Cardenales (1941-63), concurrió 10972 veces a la caja de bateo y fue líder una vez en este departamento; anotó 1949 carreras y encabezó a los anotadores de la Liga Nacional 5 veces; 3630 hits con 6 liderazgos; 8 veces al frente en la Nacional en dobles y su total, 725; 177 triples con 5 veces delante de todo el mundo con 20 en dos temporadas (43 y 46) y 18 en 1948; 475 jonrones; 2 campeonatos en impulsadas y un gran acumulado de 1951; 7 campeonatos de bateo y .331 de promedio de por vida; 6 veces líder en total de bases y 6164 de por vida; 1599 bases por bola con un liderazgo; 6 veces delante en slugging y .559 como acumulado total; 696 ponches consumidos con uno cada 16 veces al bate como promedio y 32 por temporada y fueron 1962 y 1963, sus años finales, en los que más lo poncharon con 46 y 43; 24 Juegos de Estrellas (1959, 60 y 61 se jugaron dos por año); 3 MVP y 4 veces segundo en la votación.
       Willie Mays, considerado por muchos uno de los más completos de todos los tiempos, no puede competir con Musial como bateador ni aunque resuciten los Padres del Béisbol y lo traten de imponer. No hay forma de poder colar esa guayaba entre limones: en 22 temporadas en el Big Show, estuvo 10882 veces en el plato bate en ristre sin liderazgos anuales; anoto 2062 veces con dos temporadas encabezando el Viejo Circuito; 3283 hits con un año delante; 523 dobles sin modo de que pudiera encabezar a los bateadores en biangulares en ninguna temporada; 140 triples y tres liderazgos, uno de ellos con 20 en 1957; 660 cuadrangulares y 4 veces en la punta; 1903 impulsadas con insuficiencia para liderar ningún año; 1464 bases por bolas con un año como líder; un campeonato de bateo con el más alto promedio anual que obtuvo .345 y .302 de por vida; 1526 ponches, con uno cada 7 veces y 69 por temporada; un liderazgo en bases por bolas recibidas y 1464; 3 en total de bases y 6066; 23 Juegos de Estrellas con 2 MVP y dos veces segundo en la votación y 3 en tercero.
       Hank Aaron consumió 12364 turnos oficiales al cajón de bateo, casi 2000 más que Mays y Musial; anotó 2174 veces con 3 delante en el departamento; produjo 3771 hits con dos al frente en la liga; 624 biangulares y 4 liderazgos; 98 triples; 755 jonrones y 4 liderazgos, nunca bateó más de 47; impulsó 2297 con 4 al frente; promedió .305 general y ganó dos títulos de bateo con .328 y con .355 en 1959, el más alto promedio que lograra en un año; 4 campeonatos en slugging y .555 de por vida; 1402 bases por bolas; 6856 total de bases recorridas con sus batazos y ocho liderazgos; 1383 ponches recibidos con 1 cada 9 veces al bate y 60 por temporada como promedio; 24 All Star; un MVP y 4 veces como tercero en la votación. Todo en 23 temporadas en las Mayores.
      Si observa que Musial concluyó con .331, Mays con .302 y Aaron con .305, solo con eso, ni si Dios baja del cielo le pueden imponer a ninguno de los dos como mejores bateadores que el descendiente de polacos… ¿Por qué se hace eso? ¿Quién sabe? Ahora, desde hace rato, son señales de los tiempos injuriosos, decadentes y, sobre todo, muy peligrosos.

Mucho mejor bateador que Mays, Aaron o Frank Robinson

LOS CLUBES DE NOVATOS NO JUEGAN EN OCTUBRE‏

 


Por Andrés Pascual

       Según Juan Fanático, en Series Mundiales no consta el team cuya plantilla pueda ser considerada novata o de muy poca experiencia en todos los departamentos del juego y los Marlins de este año clasifican como tal.
        Un cuadro con jugadores de relativa experiencia en capacidad de utility, como Bonifacio; de segundo año que rinde como un veterano consagrado, como Gaby Sánchez; de algunas campañas, pero con poca confianza depositada en él previamente, como Omar Infante y de tanta promoción y responsabilidad a cuestas que se ha visto aplastado, como Hanley Ramírez, no está apto para el Premio de Octubre.
        Logan Morrison, Cris Coghlan y Mike Stanton son un trío prometedor de outfielders, de tantas condiciones como inexperiencia para mantener su juego cuando el club caiga, como ahora, en la nada envidiable racha de 0-8.
        ¿Líder? perdón, creo que no lo tienen y lo que más se parece al personaje es Gaby Sánchez, que se le ve hecho y autoritario como para influir positivamente en sus compañeros.
        Sin embargo, porque es temperamental, Hanley Ramírez nunca lo será. Puede batear si logra sobreponerse a residuos de la mala imagen que se hizo entre sus co-equiperos que, tal vez, no lo crean capaz de encabezar el arreglo de la mala racha de hoy y eso influye en el estado de ánimo, en el carácter y la personalidad de alguien que es joven, pero se creyó Roberto Clemente.
        Stanton, con un mundo de facultades, slugger a la manera antigua, tampoco está en condiciones de echarse la novena en los hombros todavía.
        Y, en la pelota, cuando no hay líder no hay team work, lo que afecta la confianza en sí mismos, porque comienzan las especulaciones, los nombres sospechosos en alta voz y los cuestionamientos sobre cómo cumplen algunos el compromiso diario.
         A la baja en la ofensiva se le atribuye la última serie de fracasos continuados; sin embargo, a este grupo prometedor se les está exigiendo como a los Yanquis o al Boston y se deja en el tintero que, porque son un equipo de nueva edición, sin experiencia contundente, tal vez están por encima de sus posibilidades reales.
         La política de la oficina de los Marlins continúa rara: pagan poco y exigen mucho y lo hacen sin contemplaciones. No obstante, le dieron a Javier Vázquez una cantidad que, bajo ninguna circunstancia merecía, porque hubo un aviso sobre la salud de su brazo, sobre la pérdida de la velocidad, que le podía convertir en un desperdicio. ¿Quién se dejó engañar y lo trajo?
         Botaron a John Mallee, entrenador de bateo y la movida ha provocado más división, porque el tipo era amigable y trabajador. Como siempre, alguien tenía que “pagar los platos rotos’. En su lugar, Eduardo Pérez tiene que demostrar que una cosa es pararse en un home improvisado por Baseball Tonight en un estudio, decir como se aguanta el swing para batear detrás de un corredor y, otra, hacer que Stanton coordine el “timing” y no le vaya a pelotas malas.
           Las derrotas por margen de una carrera  evidencian buen pitcheo de ambos lados y poca suerte por el juego equivocado de parte del perdedor.
          Este club tiene que jugar pelota, utilizar el suelo como sistema para sus jugadores rápidos, como Bonifacio y dejar de coquetear con el guarismo impresionante de 10-15 hits por juego. No es posible.
          Con un trío de abridores como Johnson, Nolasco y Aníbal hay que recuperar la confianza haciendo jugadas de todo tipo y estar claro en que, a pesar de la inconsistencia del relevo, al pitcher de menos de 3 carreras por juego, si le anotan 3 y pone hombres en primera y segunda, hay que sacarlo, que ya explotó, no se puede dejar que le hagan 6, 7, 8 que no solo le hundirán el porcentage, sino que decepcionará a un grupo que, al perder la confianza en un dirigente tan nuevo como ellos, la primera respuesta será la baja en el bateo y, después, en el fildeo, hasta que también se derrumbe el pitcheo; así de sencillo.



 

 Edwin Rodríguez, ¡Vamos a ver hasta cuándo estará ahí!         

TRES MALAS SERIES MUNDIALES DE MICKEY MANTLE‏


Por Andrés Pascual

      A Mickey Mantle lo hizo pelotero su padre, un minero de Oklahoma, fanático del beisbol, que jugaba catcher en partidos dominicales y le puso el nombre de Mickey a su hijo en homenaje al gran Mickey Cochrane, de los Elefantes Blancos de Connie Mack y de los Tigres de Detroit. Incluso la responsabilidad por el bateo ambidextro del gran jugador fue absoluta de su progenitor.
        Mantle no fue mejor por una lesión en una rodilla y por la “osteomielitis”, que padeció desde 1953.
      Con jonrones de 450 y más pies; con velocidad increíble de home a primera de 3.3 y 3.4 de acuerdo a si bateara a la zurda o a la derecha, se hizo la leyenda del “Niño Prodigio” rebautizado así por Buck Canel.
      The Mick, simplemente “El Migue” para el fanático americano que le veneró como a pocos jugadores de la historia del pasatiempo.
      Mantle contribuyó a su destrucción física por la adicción a la bebida y a la noche bohemia, en una ciudad que invita al pecado cuando se es un personaje de fama y, más, si se pertenece al mundo del entretenimiento deportivo a través de los Yanquis de Nueva York…
       Fue el mejor tocador de bola de las Grandes Ligas de su época; mantenía a su favor, por ese tipo de contacto, más de un metro en el corring a primera a la zurda.
      La etapa de los Yanquis entre 1951-1968 se llamó Mickey Mantle, un jugador franquicia que, el 96.8 % de los asistentes a Yanqui Estadio entre 1953 y 1963, pagaban para verlo jugar.
      Asistió a 12 Series Mundiales en 18 años con los Yanquis, bateó 18 jonrones, líder de todos los tiempos y .257 de average, promedio mediocre para un jugador tan grande.
      No en todas las Series mundiales a que asistió fue un buen productor; incluso ni contribuyente a la victoria de los Mulos, pero sucedía que los inquilinos del Bronx no dejaban de ganar por la baja al bate del sensacional jugador, lo que no ha ocurrido con Alex Rodríguez, que su pobre bateo ha arrastrado a los Bombarderos a la catástrofe del perdedor multimillonario.
     En 1960, cayeron contra los Bucaneros de Pittsburg por el “jonrón brujo” de Mazerotski; sin embargo, Mickey tuvo una gran Serie Mundial con promedio de .400, 1 doble, 3 cuadrangulares y 11 impulsadas.
     Sin dudas que una de sus mejores, pero, las próximas tres son, acaso, las peores jugadas por el astro de los Yanquis en sus 12 apariciones en el evento: en 1961, producto de las lesiones recurrentes de sus piernas, solo pudo jugar un juego completo y otros 5 innings contra los Rojos de Cincinnatti: un hit sencillo en 6 apariciones al plato y .167.
     En 1962, contra los Gigantes de San Francisco de Mays, Cepeda, McCovey, Felipe, Marichal  y Jack Sanford, los Yanquis, a pesar del pobre bateo de Mantle, ganaron otra vez:  3 en 25 para .120, un doble sin impulsadas.
     En 1963 los Yanquis envejecían rápido y no podían con las lesiones; entonces los Dodgers llegaron encabezados por Sandy Koufax y Don Drysdale. Los Bombarderos fueron barridos en 4 juegos; entre esas derrotas, una de 15 ponches de Koufax, récord hasta que Bob Gibson lo rompió contra el Detroit con 17, en la apertura de la Serie Mundial de 1968. Sin embargo, Sandy Koufax no pudo blanquear a los Yanquis, a pesar de los 15 chocolates, porque Mantle le sacó la bola con uno en base entre left y center a su distancia favorita de 450 pies: 2 en 15, 1 jonrón, 2 empujadas y .130.
     Para despedirse de las Series Mundiales, regresó a su forma contra los Cardenales en 1964, pero el club cayó en 7 juegos ante Bob Gibson y compañía: 8 en 24, 2 dobles, 3 jonrones, 8 impulsadas y .333.


 Pie de grabado: Aún sin Mantle jugar ni batear en 3 series, los Yanquis ganaron 2

EL MEJOR SEGUNDA BASE CUBANO ES TONY TAYLOR‏


Por Andrés Pascual

       Tony Taylor estaba considerado el mejor pelotero de Cuba cuando Fidel Castro decidió liquidar el profesionalismo. Cuesta abajo Miñoso por la pérdida de sus facultades, nadie como “El Chino” de los Azules del Almendares, jugador completo, para sustituirlo; además, era pelotero regular en Grandes Ligas. Había debutado en las Mayores en 1958, a los 22 años, con los Cubs de Chicago al lado del inmortal Ernie Banks a quien, dice, le agradece muchos de los secretos que necesitaba conocer un bisoño intermedista que había sido convertido en segunda base desde la esquina caliente. Con Banks formó una buena combinación de dobleplays.
       A Taylor lo firmaron los Gigantes de Nueva York quienes lo cambiaron al Chicago; en Cuba le ocurrió parecido: le firmó el Marianao y lo enviaron al Almendares y fue con los Alacranes que se produjo el cambio de posición.
       Un pelotero que por su juego seguro, alegre, agresivo y por su personalidad abierta de cubano buena gente sin hipocresía, alcanzó elevados niveles de popularidad en las ciudades en las que jugó o sirvió como coach: desde las Estrellas de Colón en la Liga de Pedro Betancourt, el Cerro de la Liga Cubana donde ganó un campeonato de bateo con el glorioso Alacrán, hasta Venezuela, pasando por Puerto Rico, donde también conquistó un champion bate, más las ciudades americanas que le sirvieron como casa en el beisbol mayor: Chicago, Detroit o Filadelfia, como jugador y asistente, o Toronto y Miami como coach.
      Antonio Nemesio Taylor, matancero, es un intermedista All Stars de los Filis de Filadelfia que, con el outfielder Antonio “Haitiano” González, cuenta entre los 100 mejores jugadores de la historia de la veterana franquicia del Viejo Circuito. Votado como uno de los cinco jugadores más populares de los Cuáqueros en su historia.
       Una carrera de toda la vida en el pasatiempo debe estar repleta de grandes momentos en el terreno de juego. Voy a recontar solo tres que engrandecieron al Chino como héroe o como villano, en Cuba y en Estados Unidos.
      El último campeonato de la Liga Cubana, conocido como “sin refuerzos” porque no se importaron jugadores americanos, no solo fue uno de los mejores del circuito profesional en su historia, sino uno de los más reñidos, que requirió un juego extra entre el Cienfuegos y el Almendares para decidirlo. Aquel evento, que fue un éxito en lo artístico y en lo deportivo, fue un fracaso ecónomico porque el publico, influido por la incipiente ideología destructora, le dio la espalda al grueso de peloteros más grande y de más clase que pudiera constituirse en todo el Caribe.
     Como se había hecho rutina, hasta que no concluyó el inoperante e inútil; pero agresivo y maratónico discurso del dictador, que comenzó alrededor de la una de la tarde y concluyó sobre las 9.50 p.m; es decir, 50 minutos de retraso de acuerdo al calendario entre los ejecutivos de la Liga y la televisión, fue que salieron los árbitros al terreno para ajustar la rutina previa al juego.
     Inmediatamente después de que Rafael Paz, como chief umpire, le entregó las alineaciones correspondientes a cada director, Tony Castaño por el Cienfuegos y Regino Otero por el Almendares, el primer bate azul, Angel Scull, hizo su aparición en el plato.
      En el montículo por los Elefantes Pedro Ramos, que constituía, junto a Orlando Peña, Camilo Pascual y Miguel Fornieles el cuarteto de más clase entre lanzadores cubanos o de cualquier país del área, que formo ese año con Hector Maestri y Tony Díaz “el sota, caballo y rey” de la baraja cienfueguera, ayudados por los relevos de Raul Sánchez. A Regino le criticaron que no hubiera abierto con el recluta zurdo Marcelino López, que había lanzado bien contra el Cienfuegos, en vez de con Orlando Peña, a quien habían matado a palos los representantes de la Perla del Sur.
     El juego no resultó un duelo de pitchers y concluyó con victoria para los Verdes 7 a 2; pero malo para que Pedro Ramos no alcanzara la Triple Corona del Pitcheo, al ceder el porcentaje de carreras limpias ante Julio Moreno.
     Pedro Ramos abrió con gran velocidad pero descontrolado, por tal razón, la recta se le quedaba alta. De milagro no lo acribillaron en el primer episodio cuando caminó sucesivamente a Scull y a Taylor y de la Hoz le dio un “texas leaguer” que picó detrás de segunda, congestionando las almohadillas; después, increíblemente, puso en 3 bolas sin strikes a Carlos Paula, a Amorós y al recluta del Boston Ramón Villar y abanicó a cada uno con bolas altísimas para un escón de ponches.
     Pero en el cuarto, sin outs, abrió Taylor con hit entre tercera y short, robó segunda y de la Hoz recibió pasaporte; Amorós elevó al primera base y Paula al catcher; entonces Villar bateó una línea de hit por encima de segunda que le permitió anotar a Taylor y colocarle el promedio de limpias a Pedro en 2.04, una centésima más que Jiquí Moreno (2.03). Un papel absoluto de villano del estelarísimo segunda base.
     El congresista republicano Jim Bunning fue el primer lanzador derecho que actuó en un juego de estrellas representando a cada liga; en la Americana defendió el montículo del Detroit; pero, en 1964, fue enviado al Filadelfia donde se reencontró con el cubano Tony Taylor, con quien había tenido fricciones durante el año que reforzó (1956-57) al Marianao.
      El Día de los Padres de 1964, 21 de junio, Bunning fue designado por Gene Mauch para que enfrentara a otro  conocido de los cubanos que actuó en el premio invernal de 1959-60, Traci Stallard, por los Mets de Nueva York, en la urbe mundial.
      El juego llegó al 8vo. con los Filis ganando 6-0 en medio de la mayor tensión posible, porque Bunning tiraba un juego perfecto…
     El inning lo inició el ex refuerzo de los Felinos de la Liga Cubana sacando fácil los dos primeros outs; entonces apareció en el home Ed Kranepool, zurdo y  buen bateador. Rápidamente, el derecho cuáquero se puso arriba en el conteo con 1-2; al próximo lanzamiento, Kranepool conectó de rolling entre primera y segunda, incómodo para el inicialista y demasiado lejos para el intermedista; pero, increíblemente, apareció Taylor que, zambulléndose, paró el metrallazo y desde el suelo  hizo el disparo que salvó la única y real amenaza que tuvo el derecho para lograr la hazaña.
      Desde el primer inning del juego que abrió el 14 de mayo de 1968 hasta la cuarta del que inició el 8 de junio, Don Drysdale eslabonó la friolera de 58 escones consecutivos, marca con la que rompió el récord de Walter Johnson de 55 2/3, que databa de 1913 por los Senadores de Washington.
     El 8 de junio de 1968 los Dodgers recibían como homeclub a los Filis de Filadelfia y Walter Alston envió al montículo al derecho Drysdale.
     Con un out en la pizarra en el 5to, compareció a batear Tony Taylor; luego de ponerse en conteo de dos bolas y un strike, dio hit de línea al izquierdo; acto seguido, Clay Dalrymple, receptor cuáquero, encendió un cohete al right con el que avanzó el cubano, que había salido en jugada de hit and run, a la antesala, desde donde anotó por elevado de sacrificio al center del emergente Howie Bedell, liquidando la cadena de escones de Drysdale.
     En la historia del beisbol cubano Tony Taylor conforma, junto a Tito Fuentes y Cuqui Rojas, el trío de mejores intermedistas de todos los tiempos: 19 años Taylor, 15 Fuentes y 16 Rojas en Grandes Ligas son suficientes para avalarlo.

Por Andrés Pascual
   

 

Tony Taylor esta considerado entre los 10 mejores peloteros Cubanos de todos los tiempos

CURIOSIDADES, RECORDES Y HECHOS NOTABLES‏

 


Por Andrés Pascual

       Babe Herman, de los Rojos de Cincinnatti, es uno de los grandes bateadores que quedan del “buen tiempo ido” que no pertenece a Cooperstown y sus méritos como artillero nadie los puede negar…Sus detractores, comúnmente, justifican la injusticia con “era un mal fildeador”. Pero el 10 de julio de 1935, haciendo lo que aprendió con calificación excelente, Herman dio el primer jonrón en juego nocturno contra los Dodgers de Brooklin.
      Jackie Robinson no solo fue el primer jugador negro oficialmente reconocido en actuar en Grandes Ligas en la era moderna; sino el primero en recibir el premio de Novato del Año en 1947. Varias temporadas después le cambiaron el nombre al galardón por el de Trofeo Jackie Robinson; pero todo el mundo lo sigue llamando por el nombre anterior.
     Respeto cualquier opinión; pero las exageraciones tendenciosas no…Resulta que en el libro “Beisbol al Sur de la Frontera”, un investigador de una universidad de la Florida, americano y mayor de edad, John Virtue, expone que fue la Liga Mejicana de la era Pasquel la primera en integrar el béisbol, ¿Cuál es la razón para desinformar gratuitamente al público así?  La Liga Cubana de Béisbol Profesional, que nació integrada en aquel lejano ya diciembre de 1878, fue durante más de 50 años el único circuito beisbolero integrado. Incluso durante la primera década del siglo pasado, no solo jugadores negros cubanos actuaban ahí (Méndez, 1908; Bustamante, 1902…); sino los negros americanos integraron clubes cubanos durante esa etapa como Rube Foster, Patriarca de las Ligas Negras; o John Henry Lloyd, el mejor y más completo jugador sepia de Estados Unidos.
      También desinforma el “analista” que la aparición de los Havana Cubans fue una manipulación del Béisbol Organizado para bloquear la posibilidad de que Jorge Pasquel acabara con las Grandes Ligas, pero no dice que Baldomero “Merito” Acosta hacía gestiones desde 1940 para colocar un club de Liga Menor en La Habana y que fue el precio del azúcar lo que se llevó “el gato al agua” por el crecimiento del poder adquisitivo en la capital cubana.
       En 1912, el doctor Joseíto Enríquez cumplió su sueño de inscribir en el Beisbol Organizado un club solo de cubanos. Así nació el Long Branch de la liga New York-New Jersey, que ganaron por 18 juegos de diferencia en 1913 y lo integraron todos los estrellas blancos de la época, desde Luque y Miguel Angel hasta Inocente Mendieta y Armando Marsans.
       Si algo tengo en cuenta para analizar el caso Pasquel como, más que una locura, una estupidez, es que a los jugadores negros lo que les interesaba eran los estadios de su país en Grandes Ligas; ante la novedad de la caída del muro racial en 1947, nadie pudo evitar que firmaran con clubes del Béisbol Organizado; incluso viejos y lesionados, preferían las Ligas Menores estadounidense que cualquier otra; entonces, ¿Con qué contaban los Hnos. mejicanos para tamaño empeño? Lo de los Pasquel fue una osadía insensata: un millonario mejicano no podía enfrentar a 16 ó más americanos con ningún éxito; sin embargo, dieron bonita pelea durante menos de un minuto de round…
        El 27 de junio de 1917 el catcher de los Bravos, Hank Gowdy, se convirtió en el primer jugador de Grandes Ligas en entrar al Servicio Militar durante la Primera Guerra Mundial y en octubre del año siguiente Eddie Grant, ex antesalista de los Filis de Filadelfia, en el primer pelotero de Ligas Mayores muerto en combate.
       En realidad, la racha de juegos consecutivos de 2130 de Columbia Lou Gehrig comenzó el primero de junio de 1925 cuando sustituyó como bateador emergente al shortstop Pee Wee Wanninger. El juego fue contra los Senadores de Washington. Pero el 6 de mayo del propio año, Wanninger reemplazó al torpedero Everett Scott finalizando la anterior de este jugador de 1307, hasta ese momento, la más prolongada en el béisbol.
        Jim Edmons corrió más hacia atrás que Willie Mays en la Serie Mundial de 1954 para fildear un batazo por el centro de espaldas al home; incluso tuvo que zambullirse por la pérdida del equilibrio al llegar a la lomita que nadie sabe a qué inteligente se le ocurrió hacer en ese territorio. Esta jugada es conocida como “La Atrapada” y sucedió el 10 de junio de 1997, en Kansas City, cuando el extraordinario jardinero central jugaba para Anaheim.
        El 1ero. de mayo de 1920, Babe Ruth bateó su primer jonrón en uniforme yanqui; se lo dio al zurdo Herb Pennock, del Boston. El pitcher fue compañero del Bambino en los Medias Rojas y, poco después, se reunirían en los Bombarderos. La estancia de Pennock en el club del Coronel Ruppert le trilló el camino a Cooperstown.
       Mickey Mantle le dio a una bola que rebotó en los asientos del right, zona alta, del estadio de Detroit y, cuando la revisaron, tenía rota una parte del cuero. ¿Qué clase de jugador que podía batear esos descomunales estacazos y luego correr de home a primera en 3.4 segundos?
        En un club de mala muerte que solía visitar en Nueva Jersey, Ty Cobb le respondió al animador del local que, “…hoy solo podría batear .280”; sorprendido y satisfecho porque había sometido a la era antigua con la respuesta de uno de sus íconos, el tipo le preguntó, “¿Como así?” y el Melocotón de Georgia, afinando la puntería, le disparó: “Ten en cuenta que tengo 73 años y estoy enfermo…”
         Después de observar al Rey Carlos de los Gigantes de Nueva York, Carl Hubbell, ponchar en fila a Ruth, Gehrig, Foxx, Simmons y Joe Cronin en el Juego de Estrellas de 1934, el inmortal infielder Frankie Frisch comentó: “Detrás de este tipo puedo jugar 15 años más. No necesita ayuda.”
         Cuando en 1951 el narrador del Salon de la Fama, conocido como la Voz de los Yanquis, Mell Allen, le preguntó a Vic Raschi que cual era su mejor lanzamiento, el serpentinero le respondió: “…cualquier línea, roletazo o fly que vaya hacia el territorio de Rizzuto…”

Por Andrés Pascual



 

Dame a ese, al descalzo…‏

 

  Así lo pedían en “los pitenes” en Pickens County, Carolina del Sur, porque el muchacho jugaba sin zapatos. Allí nació, el 16 de julio de 1889, Joe Jackson, a quien muchísimos cronistas, ex jugadores y fanaticos consideran “lo más completo que pisó un terreno de pelota”; para ser realistas, a Jackson hay que colocarlo en una lista de tres, lo mismo como bateador que como jugador de las famosas cinco herramientas, al lado de ¿Quién? Bueno, estas cosas son a gusto del consumidor, en mi caso, de Willie Mays y de Ty Cobb. En 13 años .356 dicen bastante.
 
En Grandes Ligas debutó con los Elefantes Blancos de Connie Mack con breves apariciones en 1908 y 1909; en 1910 fue cambiado a Cleveland y no vio mucha acción; pero, en 1911, su primera temporada completa, bateó .408 y no obtuvo el campeonato de bateadores porque Cobb produjo para .420; en 1912 lideró la liga en triples y en hits y bateó para .395; en 1913, promedió .373 y se adueñó del casillero de dobles y de slugging.
En 1914 su promedio se deslizó a .338 y le enviaron a los Medias Blancas de Chicago, al feudo de Charles Comiskey y en 1916 encabezó otra vez la liga en triples; en 1920 copó de nuevo los triples y promedió .382, fue su último año como jugador en Grandes Ligas.
Jackson fue un jugador de la era de la bola muerta, llamada así por el pobre rebote acorde con la contextura de la pelota; pero se le considera un bateador de poder por su producción de dobles y triples. Máxima inspiración en la construcción del swing de Babe Ruth, que lo copió, con las piernas unidas y cayendo encima de la bola con todo el peso del cuerpo; pero con accionar perfecto de muñecas.
Eddie Collins, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, le dijo a Ted Williams cuando fue su coach: “Lo único parecido a Jackson que he visto eres tú…” y Williams, que sentía gran respeto por el ex intermedista y se auto-reconocía como el bateador que realmente era, supo desde ese momento a qué atenerse en su concepción del outfielder caído en desgracia por el Escándalo de 1919.
Nadie tiene justificación moral por el arreglo de juegos; pero los jugadores que entregaron la Serie Mundial contra el Cincinnatti en 1919, se cansaron de solicitarle aumentos mucho menos que generosos al repugnante dueño del Chicago. Entonces un grupo de apostadores de la ciudad, la más corrupta del mundo incluso hoy, encabezado por el raquetero judío Al Rothstein, los convenció.
Nadie sabe cómo pudieron acercarse a Shoeless, pero lo hicieron…a un pelotero que le gustaba jugar y que jugaba con el alma, quien, además, estaba consciente de su papel de ídolo de la infancia y de la juventud de la ciudad.
Alrededor de Jackson y del capítulo escandaloso que sacudió al beisbol circulan dos historias: la primera, que no aceptó el dinero; la segunda, que lo tomó y, cuando lo quiso devolver, no se lo aceptaron. Ahora, lo que sí fue verdad, el jugador comentó con Comiskey lo que ocurriría y este no tomó cartas en el asunto, cubriendo con su inmovilidad y apatía la acción delictiva; mientras, nunca fue investigado por semejante actitud.
En 1920 un Gran Jurado juzgó la ofensa y Jackson se declaró inocente y salió absuelto; pero el gobierno intervino y, además de nombrar a un congresista del Comité de Relaciones Exteriores como supervisor del capítulo moral en el juego, impusieron a Ken Mountains Landis, un juez serio y recto en su profesión, como Comisionado del Beisbol de Grandes Ligas.
A pesar de que fueron eximidos por el juzgado civil, la primera acción de Landis, conocido como El Juez que Salvó al Beisbol por la medida, fue separar de por vida a los ocho acusados en la entrega.
Landis, durante los 20’s, se encargó de limpiar a Ty Cobb y a Babe Ruth de acusaciones por arreglos de juegos. Años después, el Melocotón de Georgia respondería en entrevista biográfica que: “Yo amaba mucho al juego como para hacer eso; pero, ¿Consideras lógico que un millonario entregue por un par de dólares?,  ¿Cuánto se necesitaba para comprometer a Ty Cobb?
La forma como Jackson jugó aquella Serie Mundial, sin errores, con .375, con 3 dobles un triple, un jonrón y como líder en impulsadas de su equipo, no evidencian un juego “entregado”.
La mejor defensa del outfielder la hizo Ted Williams, su más grande admirador: “Joe, que no hizo nada, pagó su sentencia y porque no se pueda resucitar a Landis (de acuerdo a que debe ser el mismo Comisionado que suspenda quien revise y limpie) no puede andar así eternamente…me da asco cada vez que veo debajo de mi placa y a pocos centímetros la de Comiskey y el Descalzo todavía esperando afuera.”
Shoeless falleció en su pueblo natal el 5 de diciembre de 1951.
Por Andrés Pascual,

 

ESTE DEPORTE SE JUEGA ASÍ, DURO…‏


Por Andrés Pascual

       En un comentario del infalible Jason Stark para espn.com, leo que Joe Torre, supervisor de las Grandes Ligas, pretende reunirse con el Administrador General de los Gigantes para que le explique sobre ciertos comentarios que hizo, en un programa radial de una emisora de San Francisco, acerca de Scott Cousins, el jugador de los Marlins que chocó con Búster Posey, su catcher, que perderá lo que resta de la temporada por una fractura en una pierna. Posey fue operado y esperan que esté listo para la campaña del 2012.
       Según dijo Brian Sabean por radio, la jugada fue malintencionada contra su receptor y se apoya en lo que le explicó Mike Matheny, ex catcher, sobre el particular.
       El problema es que la salida por toda la temporada de su máscara regular, uno de los mejores bateadores del club, debe tener a este hombre en calidad de “hospitalizable” por efecto de los nervios y, si se toma en consideración que Pablo Sandoval, otro de sus grandes bateadores, también debió estar fuera de juego por fractura, pues puede comprenderse perfectamente que el tipo se esté halando los pelos.
       Pero Sabean llegó lejos, porque ha ofendido al jugador sobre su capacidad de juego diario como pelotero de banco, además de que, con este tipo de declaración, puede encender los ánimos del nuevo y desconocido fanático del beisbol, más agresivo en la zona de California, que le está trasladando al beisbol la baja pasión, el salvajismo y el instinto criminal que caracteriza al balompié.
      Una vez que ocurrió la agresión contra un fanático de los propios Gigantes en la Costa Oeste, cuyos atacantes son hispanos, lo que pone malparada la herencia en el escrutinio popular, pues, cualquier manifestación que incite al odio o a la revancha violenta, no solo hay que detenerla, sino penalizarla antes de que se produzca una fatalidad.
      El jugador de los Agujas dejó en las manos de Matt Sosnick, su agente, cualquier declaración al respecto.
      Scott Cousins, como peligrosa consecuencia, ha recibido varias amenazas de muerte, lo que sienta un serio y preocupante precedente.
       Tanto Sabean como cualquiera que pretenda cuestionar la jugada fuerte en el beisbol, lesione o no a un contrario, debe entender que, en el afán por la victoria, lo intencional esta siempre presente; o, ¿Acaso no se observa a los corredores hacia segunda cómo buscan al pívot dos metros fuera de la base para romper el dobleplay?
        Este juego es duro, es para hombres; de igual forma que el llanto y los resultados por la jugada violenta y el chanchullo posterior, son cosa de mujeres. Así de sencillo.


Pie de grabado: Sabean, a llorar a otra parte.



¿CUANTOS SE ACUERDAN DE SAM “PALILLO DE DIENTES” JONES?‏


Por Andrés Pascual

       “Palillo de dientes” Jones no debe ser confundido con “El Triste” San Jones, que jugó durante finales de los 20’s hasta los 40’s en Grandes Ligas; este, al que apodaron como la pequeña astilla de madera para remover comida de entre los dientes, que ganó su apodo porque siempre masticaba uno en el montículo, fue un pitcher negro que actuó entre 1951-1964 para los Indios de Cleveland, club que lo firmó en 1950, para los Tigres de Detroit, para los Cardenales de San Luis, para los Gigantes de Nueva York y para los Cachorros de Chicago.
       Imponente desde sus 6’4 y 200 libras, tenía una velocidad aterradora lo que, unido a un ligero descontrol natural en la zona de strike, intimidaba; pero Hobbie Landrith, su receptor en los Oseznos y Stan Musial, su compañero en los Cardenales dijeron, cada vez que se les preguntaba que, durante los 50’s, la mejor curva de la liga nacional le pertenecía.
      Nacido en Ohio en 1927, fue en Cleveland donde comenzó su carrera en el beisbol al jugar las campañas 1947-49 con los Buckeyes, a los que acompañó a la Serie Mundial del circuito de ligas negras contra los New York Cubans, en 1947.
       Debutó en las Mayores en 1951 y fue el primer pitcher negro que integró una batería en las Mayores con un receptor sepia, Quince Trouppe, en 1952.
       El 12 de mayo de 1955 le dio no hit no run al Pittsburgh, convirtiéndose en el primer pitcher de raza negra en lanzar este tipo de juegos y el segundo en Wrigley Field, desde que Hippo Vaughn tiró nueve entradas de No-No para perder en el decimo 0-1, única vez en las Mayores en que dos lanzadores completaron nueve entradas sin hits ni carreras, acreditándose el no hit no run Fred Toney, del Cinci.
      Durante su no hit no run, Jones caminó a 7 por boletos y es de destacar el noveno, en que, después de llenar las almohadillas por bases por bolas, ponchó consecutivamente a Dick Groat, a Roberto Clemente y a Frank Thomas.
      Palillo de Dientes Jones trabajó 12 años en grandes ligas y concluyó con 102-101 y efectividad de 3.59; en 1643 entradas abanicó a 1376 bateadores.
      Su mejor año fue 1959, que terminó en segundo lugar para el Cy Young y en 5to. para el Jugador Más Valioso; en esa campaña integró la Selección de Estrellas de la Nacional a uno de los dos juegos de esa temporada; en 1955 también había sido seleccionado.
      Logró 3 liderazgos en ponches propinados y 4 en bases por bolas concedidas; uno en juegos salvados y otro en lechadas el mismo año, 1955; en 1959 encabezó a los lanzadores de la nacional en ganados con 21 y en porcentaje de limpias con 2.83.
      El 15 de junio de 1959 tiró un juego de un hit y el 26 de septiembre lanzó un no hit no run a través de 7 innings contra Fildelfia; pero el juego fue suspendido por lluvia y no se le acreditó el segundo de su carrera.
      Sam Jones, “Palillo de dientes”, un buen pitcher de los cincuenta y principios de los sesentas es, sin embargo, uno de los jugadores negros menos recordados a la hora de nombrar jugad ores sepias de importancia posteriores a Jackie Robinson. En West Virginia, a la edad de 45 anos, en 1971, falleció este lanzador.
     

FACTORES QUE SE OPONIAN A BRANCH RICKEY‏


Por Andrés Pascual

       Chet Brewer, de larga trayectoria en casi todo el Caribe, estuvo contratado a principios de los 30’s por un club de Ligas Menores, pero el Comisionado de ese circuito anuló la firma del pitcher negro.
        Jimmy Claxton, otro pitcher, perforó la barrera racial por dos meses con el Oakland Oaks de la Costa del Pacífico en 1918.
         Para integrar al beisbol no solo era un obstáculo el racismo con su Pacto de Caballeros; sino que existía otro de vital importancia: el alquiler de los estadios de las grandes ligas a los clubes de ligas negras cuando aquellos estaban jugando como visitantes.
         Los dueños sabían que la integración produciría un éxodo de estrellas negras hacia el beisbol de los blancos, lo que traería como consecuencia un sensible debilitamiento hasta su desaparición del circuito sepia y, con este, la del fanático de esa pelota, que se trasladaría hacia los terrenos de las Mayores; por lo tanto, los magnates de las Grandes Ligas perderían la fuente de ganancias que generaba la renta de sus instalaciones. Además, el 80 % de los peloteros negros, que eran la cantidad que no podría jugar en el Beisbol Organizado de inmediato, perderían sus ingresos para el sustento.
          Varios dueños de equipos de Grandes Ligas creían que, una parte considerable e importante para el negocio del público blanco, sería renuente a asistir al estadio para disfrutar del experimento. Si bien varios apostaron al triunfo del ensayo, otros lo consideraban como un posible fracaso peligroso si se practicaba.
           Pero el hombre que siempre tuvo confianza en el éxito del pasatiempo integrado fue Branch Rickey, quien entendía a qué se atendría; por lo que fue capaz de hacer el intento en el momento preciso y no cuando lo pretendió el periodista negro Wendell Smith, que le solicitó al presidente Roosevelt un decreto integracionista del beisbol y recibió como respuesta “eso está fuera de lugar ahora…”, o el tan manipulado “políticamente incorrecto”.
          Por su propio carácter, por su personalidad y por sus condiciones humanas, fue que Rickey se lanzó a lo que, en aquel momento, podía ser un vacío de dudas y conclusiones.
         Nadie describió mejor a Branch Rickey en su real capacidad de acción y pensamiento que el notable cronista deportivo del St. Louis Post-Dispatch, Red Smith: “jugador, manager, ejecutivo, abogado, predicador, vendedor de caballos, orador, innovador, esposo, padre, abuelo, campesino, lógico, oscurantista, reformista, financiero, sociólogo, cruzado, padre confesor, amigo y luchador”.
       Así fue Branch Rickey, el hombre que perforó el Muro Racial casi desde que se unió al Brooklin en 1942; porque fue el año que inició la escalada comenzando con la revisión de los peloteros negros disponibles para el gran acontecimiento; el individuo que inventó el sistema de sucursales o fincas que, incluso, pretendió una tercera liga mayor, el hombre capaz de imponerse a cualquier obstáculo para engrandecer el pasatiempo que amó como nadie.




Pie de grabado: Nadie hizo más por el beisbol que él

 

SOTA, CABALLO Y REY‏


Por Andrés Pascual

       El staff de pitcheo de un club es grande cuando los bateadores que ajustan su record, su dinero y su nombre se preocupan por enfrentarlo.
       Cuando Roberto Clemente competía por el champion bate contra el cubano Haitiano González en la campaña de 1967 (que finalmente ganó con dos últimas semanas soberbias), un periodista hispano de Nueva York le preguntó por las posibilidades inmediatas de mantener el promedio, iniciando el mes de septiembre. Tan rápido y agresivo como corría entre las bases, el Idolo de Carolina le respondió, “Después que pase la serie de fin de semana te digo…” Fue el homenaje respetuoso a la rotación de los Cardenales de San Luis, que ganaron la liga y la Serie Mundial contra el Boston ese año: Gibson, Carlton, Hughes, Washburn y Larry Jaster, o 62-36 del 101-60 con que finalizó el equipo.
        En estos tiempos, los Filis de Filadelfia tienen una rotación increíble, tal vez la mejor de hoy por lo profunda, si se incluye al zurdo Cole Hamels; esta novena posee también una batería de respaldo y respeto y un cuadro que sabe jugar a la pelota, en que el predominio del veterano es absoluto y eso ayuda.
        Sin embargo, los Marlins, con un club joven y prometedor, que no debe sorprender a nadie por lo que hacen ni, mucho menos, colocarlos en niveles de sospechosa sorpresa por el juego que están desarrollando, tienen, a mi juicio, el trío más dominante del momento en Grandes Ligas en Josh Johnson, el californiano Ricky Nolasco y el venezolano Aníbal Sánchez.
        Una serie contra el club surfloridano en que se tenga que enfrentar a los primeros tres abridores en fila, no solo le puede costar un bajón de 15 ó más puntos a cualquier promedio individual, sino 3 juegos de diferencia en el standing de los clubes a la novena contraria.
        Al momento de redactar este artículo, Halladay 6-3 y 3.29; Oswalt, 3-2 y 2.60 y Cliff Lee 4-4 con 3.50 como los tres primeros abridores del Filadelfia o 13-9 del récord del equipo, que es 32-19. El porcentaje sobre victorias del club del grupo es de 40.6, sin embargo, su responsabilidad sobre las derrotas es de 47.3.
        Mientras, el soberbio grupo de tres local presenta a Johnson con 3-1 y 1.64; Nolasco, 4-0 y 3.04 y a Sánchez con 4-1 y 2.60, bueno para el 37.9 % sobre los ganados y solo el 10 por ciento de las derrotas, al combinar 11-2 del 29-20 del equipo.
        Si el club sigue jugando así cuando lanzan estos tres estrellas del pitcheo, a pesar de la inestabilidad del boricua Javier Vázquez y del aparente bajo nivel competitivo de Voldstad, van a dar muchos problemas, porque, en el beisbol, no hay algo que refuerce más la moral de juego de un grupo  que confiar en que, cuando sube un pitcher de la clase de este trío a defender el montículo, el término intransitable adquiere su verdadero significado por el dominio que ejercen ante cualquier artillería enemiga. Solo la lesión traidora podría impedir un año sensacional en lo individual y en lo colectivo para estos serpentineros y para los Agujas.
         Johnson, Nolasco y Aníbal son, nadie lo dude, Sota, Caballo y Rey de la baraja del pitcheo de un club que, desde ahora, solo se podrá decir que no pudieron si, cuando caigan las cortinas de este campeonato, están en segundo en la división y, ¡Vamos a ver con lo del comodín qué pasa…!





 Pie de grabado: Johnson y Nolasco, dos cartas del trío formidable