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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

ELADIO SECADES SE REVUELVE EN SU TUMBA‏

Por Andrés Pascual

       Al panteón de las verdaderas glorias del diarismo cubano pertenece uno de los mejores cronistas deportivos de la Mayor de las Antillas, que ganara notoriedad internacional y un premio nacional de literatura a mediados de los 40’s, por la publicación de Estampas de la Época, retazos magistrales de la conducta y el modo de pensar del cubano tradicional, descritos a través de la prosa más brillantemente humorista, burlona y costumbrista que profundizara en algo tan simple y complejo a la vez como la personalidad del cubano.
      Eladio abandonó Cuba en 1962, porque se sintió traicionado por el castrocomunismo, que se impuso a la fuerza sobre el peligroso proceso revolucionario con el que simpatizó en 1959 y, todavía en 1960, le otorgaba el beneficio de la duda ante el rumor “de malas lenguas” de que el comunismo, con todo su lastre de crimen, represión y esclavismo social se imponía. Por tal motivo, cuando los Orioles de Baltimore, bajo una campaña de apoyo efectuada por el receptor Gus Triandos, que había jugado en Cuba, se negaron a realizar el entrenamiento primaveral de 1960 en La Habana, escribió en su leído editorial deportivo “Tres Verdades”, de Bohemia, un artículo que, poco después, los acontecimientos negaron de arriba abajo: “Campaña de injusto descrédito”; todavía, a principios de junio, cuando el Departamento de Estado, por intermedio de su Secretario Cristian Herter; de Frank Schaugnessy, Presidente de la Liga Internacional y de George Trautman, Presidente de los Circuitos Menores del Beisbol Organizado determinaron el traslado de los Cubans hacia Nueva Jersey, el Maestro Secades volvió a la carga por el lado equivocado y escribió, también en “Tres Verdades”, “Un atropello la expulsión de los Cubans”; en septiembre se ordenó que ningún jugador americano reforzara a clubes de la Liga Invernal y, en 1960-61, se jugó solo con criollos un gran campeonato; pero, si algo estaba claro, era que los americanos consideraron el asunto por el lado real: los lazos de amistad se habían roto; la imposición del odio hacia el vecino del Norte cobró matices alarmantes de aceptación por un pueblo al que se le desconocía semejante caudal de bajas pasiones.
     Entonces, como hombre inteligente, Secades entendió que, quien estuviera acostumbrado al libre ejercicio del pensamiento, no podía esperar algo más de aquello y se exilió vía México…
      Ya había trabajado en el sector periodístico en el país azteca  entre 1929-1934, donde cubrió boxeo, beisbol y su pasión incontrolable, como apostador que también fue, el Jai-Alai, del cual era un fenomenal cronista y al que Fausto LaVilla, otro maestro del diarismo deportivo cubano, bisabuelo del ex jardinero zurdo Luis González, bautizó como “El hombre que endiosó a Pistón”, por las crónicas que le dedicó al extraordinario delantero de la pelota vasca, héroe de las jornadas sabatinas habaneras de ese deporte.
      Secades nació en 1908, en 1926 casó con Carmen Torres, ese año debutó en periódicos de la época como reportero.  Fue Horacio Roqueta, uno de los pioneros del diarismo deportivo, quien descubrió el genio tremendísimo del cronista y escritor; quien lo puso en plantillas y al que Eladio se refería como “su Maestro”.
     Cuando regresó de México, tras un breve tiempo como redactor, se hizo cargo de la jefatura de las páginas deportivas de Alerta, sería hacia 1937 y, en 1940, comenzó a escribir las Estampas de la Época, insertas en la literatura cubana como joya de valor singular por su valor costumbrista. Al recibir igual responsabilidad en el Diario de la Marina, las Estampas continuaron escribiéndose en ese periódico. Por esa época, era el jefe de la sección deportiva de Bohemia, hacia donde llevó a un muy joven René Molina, su discípulo absoluto en la faena.
     La capacidad y la originalidad para utilizar la imagen y la metáfora en el deporte, única, le hacía describir elementos del juego de pelota, del boxeo o del que fuera con frases como “caballero del peto, la escafandra y la escobilla” para referirse a los umpires del beisbol; o “jugadores de juego y sin alma”, para el pelotero que no metía el cuerpo en el exigente beisbol invernal cubano.
     El título que le puso a un artículo sobre el boxeador cubano Florentino Fernández, también en Bohemia, hizo historia: “Ningún boxeador cubano ha pegado así” y, cuando Pascual Pérez se metió en problemas de cierta seriedad legal, que se iniciaron en el seno de su matrimonio, lo que el cronista magistral escribió lo tituló, “Sube la guardia, Pascual”
     Banquete para los novicios y especie de droga una vez que alguien lo conocía, confieso que leí todo lo que escribió en Bohemia y muchísimo del Diario de la Marina y que, todavía hoy, busco y leo con avidez de los archivos de Esto, de México, sus crónicas en ese periódico. Soy fanático de Secades como nunca he sido de otro periodista ni de ningún atleta y ni me arrepiento ni me averguenzo.
      Con todas las Series del Caribe de la primera etapa a su haber en esencia y presencia; con un caudal envidiable de asistencia a peleas de boxeo, tanto nacionales como internacionales en Cuba, en México o en Estados Unidos; con casi todos los juegos de la liga cubana y de la Liga Nacional Amateur por más de 30 años; con gran cantidad de asistencia a juegos de Grandes Ligas y como uno de los delegados de Cuba por la Liga Invernal que asistieron en Miami a la constitución de la Confederación de Países del Beisbol Profesional del Caribe y a la creación de la Serie del Organismo en 1948; sin dudas, fue una de las personalidades más respetadas en el circuito caribeño procedente de la Isla.
      A finales de 1959, ante los rumores de que Bobby Maduro tenía intencion de venderle al Cincinnati, para 1960, a Leonardo Cárdenas, a Borrego Álvarez y al  Haitiano González, que habían sido baluartes del triunfo del club en la Pequeña Serie Mundial, escribió un ácido material ante el rumor, que era cierto, contra el que ripostó la franquicia de los Azucareros desautorizando al cronista a participar en la reunión de invierno y en cualquier otra de las oficiales durante la próxima temporada, lo que Eladio tomo con filosófica resignación y, en otro artóculo, luego de reflejar el incidente, concluyo que, “ si lo que dije se refleja en la administración del equipo en algo positivo, si los Cubans no resultan afectados en el terreno de juego, me dolería mucho no asistir a esas reuniones; ahora, si la novena es lesionada por esos cambios de jugadores, hechos solo para llenar los bolsillos de alguien, entonces bienvenida sea esa prohibición que, a no dudarlo, yo sobraría ahí”
       Eladio Secades estuvo 4 años en México en su segunda etapa en ese país y, en 1966, se trasladó a Nueva York, donde trabajó en varios medios junto a sus amigos y colegas Pedro Galiana y Fausto Miranda. En 1974 lo agredió el cáncer óseo, que lo colocó en tan precaria y deplorable apariencia, que no admitía visitas.
       Bajo la administración de poderosos calmantes para aplacar el dolor, falleció, al lado de su compañera inseparable por medio siglo, Carmen, en 1976, el más grande cronista deportivo cubano de todos los tiempos; el hombre que describió como nadie la idiosincrasia del pueblo de José Martí: Eladio Secades.
      Todavía hay detalles, noticias de mal gusto, procedentes de Cuba sobre  Secades: la tiranía, a través del falso rescate de valores importantes que han sido objeto de prohibición, ha publicado una selección de las Estampas y no hay un periodista o estudiante que no haya tenido que escribir algo sobre su grandeza como regulador de un descubrimiento demasiado tardío, que tiene como objetivo único el oportunismo comercial.
     Como afrenta a su personalidad, pretenden robarse no solo su obra como usureros que son, sino su imagen y su trascendencia, que les posibilite mañana acercarlo, de alguna forma, a la repugnante y reaccionaria obra de Fidel y del Ché; como son esos elementos ¿Quién lo duda?
     


Eladio Secades

LAS EXAGERACIONES INDIGESTAN‏


Por Andrés Pascual

       Hace un par de días leí un reporte del corresponsal de AP, Eric Núñez, en el que se desvivía en elogios hacia José Bautista, el dominicano que juega para los Azulejos de Toronto, merecidos durante una de sus 8 campañas en Grandes Ligas (la pasada) y lo que va de esta. Demasiado poco para generalizaciones sensacionalistas sin fundamento de largo alcance.
       El comentario, que se publicó en varios sitios y periódicos del país, no está exento de exageraciones sobre la clase real de un bateador que, por lo menos con respecto a Al Pujols, tiene que demostrar más, mucho más que lo que ha hecho hasta el día de hoy.
        Pero cuando botó la pelota el cronista fue al colocar el bateo del quisqueyano en el mismo nivel que el de Babe Ruth, Joe Dimaggio y Ted Williams. Tal fue el impacto negativo del comentario, de su absoluta cosecha que, dos días después, desapareció del material. Ningún editor quiere que lo responsabilicen con semejante ¿Qué?, ¿Estupidez?, ¿Irresponsabilidad? En mi opinión, es en una mezcla de ambas y, acaso, otras...
        Utilizando el 80 % de opiniones ajenas como la de Joe Girardi, Núñez presenta un cuadro general de, acaso y aunque hayan censurado un párrafo engorroso y comprometedor de la inteligencia, un bateador con más exclusividades técnicas que todos los que hay en Grandes Ligas; es decir, en el mundo y lo llama “el mejor del beisbol de hoy”.
         Con guarismos como promedio de jonrones comparados con Curtis Granderson este año, o con la cantidad de Pujols durante la campaña pasada y lo que resta de la actual, pretende dar una imagen que nadie puede asegurar si durará en rango estelar.
         No debe poner en duda que José Bautista ha hecho ajustes en su timing o coordinación, que ha mejorado muchísimo; pero de ahí a colocarlo donde pretende Eric Núñez hay un tramo grande.
          Como refrescante, el inicialista zurdo Ferris Fain, que quedó en 4to lugar en la votación para Novato del Año, que jugó 9 campañas entre 1947 y 1955 para los Atléticos de Filadelfia, los Medias Blancas de Chicago y el Detroit, ganó los campeonatos de bateo de la Liga Americana en 1951 con .344 y en 1952 con .327, quedó 6to en ambos años para MVP y asistió a 5 Juegos de Estrellas… ¿Cuántos recordaron su nombre cuando lo cité?
          Porque tiene un hijo jugando en el Milwakee, es que algunos relacionan el apellido Fielder con Cecil, el slugger que, junto a Canseco, estremecía las tribunas a principios de los 90’s. El poderoso bateador que dominó en jonrones e impulsadas el bateo en Japón alguna vez durante los 80’s, fue líder en jonrones con 51 y en impulsadas con 132 en 1990 con el Detroit y repitió con 44 y 133 en 1991. En 1992 terminó delante con 124 empujadas. Totalizó 319 jonrones en 13 campañas, 1008 impulsadas y .255 entre 1985-1998. Dos veces en 2do. para MVP…
           Son dos ejemplos que, cualquiera que pretenda considerar a José Bautista, de forma irresponsable, fuera de lugar, a un bateador que promedia 15.6 dobles, 18.3 jonrones, 52.5 carreras empujadas con .252 de promedio en 8 campañas, debería tener en cuenta.

Ferris Fain

DONDE HAY MAJA, HAY CRITICA‏


Por Andrés Pascual

       ¿Qué pasa si usted es un vendedor de Wal-Mart y no cumple con los planes de ventas? y, ¿Si es maestro y el alumnado no aprende? A ver, ¿Qué sucede con un médico que se le mueran dos pacientes y 5,000 quejas y 6 demandas descansen sobre los buróes de las comisiones encargadas de velar por el buen trabajo en el sector de la salud? Si un boxeador pierde más de 3 seguidas no puede boxear en televisión (aunque estos tiempos son de ampanga y cualquiera llega adonde sea sin clase profesional) y pasará a convertirse en un topetón de mala muerte…Son detalles de la vida misma, rutina diaria vivida por cualquier mortal; pero el fin del cuento es: LOS BOTAN, así de sencillo.
         Entre “logros laborales”, debilidades del mercado y leyes especiales para proteger a los peloteros, se hunde el beisbol de hoy, ¿La culpa? De todos los involucrados en el negocio, de la propia sociedad que se suicida y el pasatiempo es parte de esa inmolación: el juego de pelota en este país tiene más contemplaciones con sus obreros que un abuelo con un nieto, porque se le permite todo y hasta los mecanismos de “independencia” justifican legalmente el relajo que existe.
         Cuando uno dice que los jugadores de hoy no son como los de antes, no es porque no puedan emularlos en circunstancias decentes; sino porque, los que hacen diferente al juego y a los jugadores son los dueños de esta era peligrosa y decadente, capaces de ofender a atletas que se lo tienen merecido por irresponsables, pero solo eso, porque no pueden hacer algo más que resuelva el problema de la pobre contribución al club y que respalde su enorme salario, por la existencia del sindicato poderoso, especie de mafia laboral que protege a “pobres y explotados jornaleros” que, el que debuta, se lleva medio millón como salario inicial, una Asociación Laboral más poderosa que Teamster.
         Lo de los Mets de Nueva York es la marca registrada del asunto: Fred Wilpon, el propietario, dijo barbaridades en contra de dos de los peloteros que alguna vez el ineficiente Omar Minaya, artífice del desastre del club de la Gran Manzana, llamó “sus símbolos”: Carlos Beltrán y José Reyes.
        Entre lesiones y baja producción, el boricua y el dominicano tienen un evidente buen % de responsabilidad en el ridículo del club durante el tiempo que estuvo el ex General Manager quisqueyano en funciones, por sus contemplaciones, por sus concesiones y por sus “paños calientes” con todo el hispano a su alcance, siempre que no fuera cubano (remember Liván y el Duque); pero, además de gritar, de acusar a diestra y siniestra, ¿Qué más puede hacer el propietario para arreglar un potaje que ellos, por su apatía ante el compromiso con el respetable y por su ambición desmedida capaz de permitirlo todo, han ayudado a corromper? Esos peloteros, como decimos en Cuba, han tirado “un majá” autorizado por la oficina del administrador y quedan secuelas, para evitar que no se produjera desde que Minaya lo inició, ¿Dónde estaba el propietario del club? ¿A qué vienen ese berrinche ahora?





Pie de grabado: Wilpon tiene que callarse primero y ejecutar después…si puede

LA SERIE DE LOS LECHONES‏


Por Andrés Pascual

       Para mí no hay otro más asombroso, disfrutable e interesante que el beisbol caribeño, grandeza magnificada por su enorme caudal de fantasías.
       En el Caribe se juega un beisbol particular, extraño para el refuerzo del Norte, porque, cualquier debilidad en el juego, es imperdonable por la tribuna apasionada, que obliga a actuar en el terreno en correspondencia como siente el pasatiempo: a morirse.
       Da la impresión de que el beisbol se inventó de Venezuela a México, con Colombia, el Istmo y Nicaragua incluidos, más las joyas del Caribe, lo que es una exageración, pero la pimienta, el juego pícaro y agresivo, de ganas perennes de echar a correr hacia la base inmediata, ese tipo de juego es de factura regional…
       Puerto Rico ha sido uno de los bastiones del juego de pelota en el área; existe una historia gloriosa en Series del Caribe y otra trazada por sus jugadores en el Beisbol Organizado.
       De Borinquen son nativos Coimbre, Millito y Perucho de la era romántica, víctimas del compromiso, injusto y abusivo, conocido como Pacto de Caballeros, que ratificó el Muro Racial.
       De allí es el Inmortal Roberto, el más grande de todo el área, genio y figura; Peruchín también, con Víctor Pellot y Alomar jr, más los que faltan. En pocos años venideros la pequeña isla tendrá mas jugadores en Cooperstown que el resto de los miembros de la  Confederación más Cuba y, por proyección demográfica (% sobre cantidad de habitantes), más que Estados Unidos incluso, ¿Qué hubiera pasado con un Puerto Rico con 11 millones? ¿Qué tal la cantidad de Venezuela? ¿Con la de México? “Ni pa’lla vo’a mirar…”
       Los Leones de Ponce suenan a la hora de articular sobre el beisbol puertorriqueño en igual medida que con la plena, tienen una historia gloriosa en los campeonatos desde la etapa amateur, semi-pro y profesional, esta, desde 1938.
       Por el Ponce pasaron muchos de los mejores peloteros boricuas, de ligas negras o de grandes ligas de la historia. En ese club jugó Pancho Coimbre, que merece un capítulo aparte, y Millito, recientemente fallecido.
       Para concluir la campaña de 1947, se efectuó una serie final entre Ponce y los Criollos Brujos de Caguas en la que el segundo logro meterle los primeros tres a los Felinos; entonces la ciudad preparó la fiesta con el tradicional lechón asado, plato fijo para la celebración tanto en Borinquen como en Cuba, con la seguridad de que el cuarto “papazo” sería cuestión de un par de horas, más o menos; pero, como señal de que en la vida hay que respetar al contrario, los Leones regresaron y, en fila, ganaron 4 veces para imponerse sensacionalmente.
       El Ponce, que le ganó en 1947 a los Yanquis cuando estuvieron de visita en Puerto Rico, los que venían de perder contra los Sabios del Vargas de Venezuela, también tuvo una historia de “maldición” estilo Medias Rojas de Boston. Pero la serie que le ganaron al Caguas pasaría a conocerse para siempre como “La de los Lechones” y se cita, en cualquier sector de la vida pública que requiera un llamado a la cordura, cuando alguien se precipita y da como hecho un resultado a su favor antes de, como en el juego, sacar el out # 27.




 Pie de grabado: Coimbra es el símbolo del Ponce.

 

Abreu igualó cifra de dobles de Gehrig‏

Pegó su tubey 534 para alcanzar el peldaño 32 de todos los tiempos




Anexen otra gema al curriculum de Bob Abreu. 

Sí, el aragüeño disparó ayer el doble 534 de su andar de 16 campañas en las Mayores, para empatar en la casilla 32 de todos los tiempos nada menos que con el miembro del Salón de la Fama, Lou Gehrig. 

"¿En serio?, ¿Lou Gehrig?", sonrió incrédulo el jardinero de Angelinos cuando un reportero le avisó que acechaba al ex pelotero de Yanquis. "Todo el mundo sabe quien fue Lou Gehrig. Él es uno de los mejores jugadores que ha pasado por aquí en la historia". 

Abreu aun está lejos del hombre que ha pegado más tubeys en Grandes Ligas, Tris Speaker (792), pero es el único venezolano con al menos 500 batazos de dos bases y el pelotero número 51 en superar dicha barrera en la historia de las Mayores. 

El Comedulce ya conoce de hazañas. Recuérdese que junto con Barry Bonds, Craig Biggio y Rickey Henderson son los únicos que superan los 500 dobles, y tienen además 250 o más jonrones (278), 2.000 o más hits (2.303), 1.000 o más remolcadas (1.285), 1.00 o más anotadas (1.378) y 1.000 o más boletos (1.376).

A sus 37 años se mantiene como uno de los peloteros más apreciados en la cueva de Angelinos, a pesar que en esta campaña ha pegado tan sólo dos jonrones, tiene 20 fletes y ligó para .269 en los primeros 47 juegos. 

Estas estadísticas están por debajo de lo que Abreu acostumbra a producir ofensivamente, pero ojo, no se confunda, el criollo promete mantenerse en las Mayores durante al menos tres campañas más. 

"Abreu todavía está jugando en un nivel alto, la velocidad y el ritmo de su swing se mantiene intacto y es un bateador inteligente", aseguró el manager de los Angelinos, Mike Scioscia a Los Ángeles Times, para dejar clara la estima que le tiene al zurdo. 

"Nadie tiene una bola de cristal para determinar el futuro, pero puedo decir que por las habilidades que exhibe en el terreno de juego su retiro aun está lejos". 

MANIGUA Y GRANDES LIGAS‏

Por Andrés Pascual

       En Cuba, ser calificado como un “burro” es soportable, en calidad de bruto, si lo comparan a uno con un “mulo”; ahora, si la palabra empleada era “cayuco” (hubo un pelotero de la era republicana que apodaban así, no sé por qué) ya eso no significaba ser bruto, sino un individuo diferenciado, algo como retrasado mental; de hecho, el bruto exagerado no es bruto, sino anormal.
       La diferencia entre amateur y profesional estriba en que el aficionado juega porque le gusta, por lo que se le pueden perdonar errores de colegial y hasta la escasez de la clase incluso intermedia que lo obliga a alejarse de la perfección o, por lo menos, de lo ideal en el momento adecuado.
       Al profesional le pagan, quizás todavía le guste el deporte como a un colegial; pero le gusta más el dinero, entonces tiene que responder con su clase al nivel de juego y hacer lo correcto o lo perfecto sin perdón ni contemplaciones.
       En el Beisbol Organizado, el circuito de Ligas Menores o sucursales, que por aquí llaman “sistema de fincas”, es el único peldaño docente del juego, donde se aprende a jugar, a pensar y a vivir como un profesional. A las Grandes Ligas se asciende para contribuir a ganar, ese es el supremo objetivo de la pelota grande.
       Sin embargo, que lo he visto dos veces este año, con hombres en primera y segunda sobre un batazo entre dos, el jardinero que recoge tira al home con el resultado de que ya el corredor había anotado y el bateador corredor alcanza una base más por el tiro: una carrera y hombres en segunda y tercera, situación que rompe esquemas defensivos aun si se juega a la base intencional ¿Y?
       Lo he visto 3 veces este año, la última en el juego dominical Tampa-Marlins que ganaron los Rays: con hombre en tercera y un foul-fly a las gradas algo detrás de primera hacia el right, suficientemente internado en el público para dificultar el fildeo y tan cerca que lo hacía fildeable, el inicialista Gaby Sánchez “se partió” las patas, casi entra al publico de cabeza e hizo el engarce, pero el hombre anotó caminado en pisicorre.
        El año pasado, un manager que clasifica como bueno, sacó a un pitcher que tiraba un no hit no run cuando termino el 7mo; el octavo lo abrió un relevista que embasó a dos por boletos y el tercero bateador le metió un doble al leftcenter de dos carreras. El juego concluyó 4-2, porque el Minnesotta, al momento en que Gardenhire extrajo al pitcher, ganaba 4-0.
        Cuando en Cuba se jugaba así, tan bruto, tan falta de iniciativas decentes, se le decía pelota de “manigua”. Las Grandes Ligas están a un paso de que les otorguen tan desacreditable certificado.

 Pie de grabado: Hoy juegan muy pocos como Carrasquelito y Nellie Fox

LLEGANDO Y LLEGANDO, LA BASE PA’L CORREDOR…

Por Andres Pascual
       Antiguamente, la forma como manejaba el fanático cubano las decisiones apretadas en la primera base era justificando a los árbitros que se inclinaban por el quieto favorable al corredor. Era en  los llamados “juegos de placer” o “sandlot” en inglés, sin categoría o nivel específico, en los que participaban desde profesionales hasta amateurs.       Pero en el beisbol organizado ningún “caballero del peto, la careta y la escobilla” tiene una regla que rece que debe decidirse por el corredor a la hora de cantar la jugada que, si bordea la injusticia porque es una “apreciación”, no tiene marcha atrás posible.      Cuando el pitcher venezolano de los Tigres de Detroit Armando Galarraga llegó primero por un paso a la primera base que el corredor de los Indios de Cleveland, Jason Donalds, en jugada que decretó quieto el umpire Jim Joyce en evidente error de “apreciación”, no solo se estaba ante el dilema de “otro error humano”, sino que se produjo en la novena entrada sobre el out veintisiete de un juego perfecto, sencillamente eso: P-E-R-F-E-C-T-O.      Para el archivo personal del serpentinero un verdadero crimen; para los anales de las grandes ligas, la posibilidad perdida de una temporada de 3 juegos de esa magnitud, casi uno sobre el otro.      La decisión arbitral es difícil, habría que estar en el lugar del magistrado para poderlo criticar con todas las armas disponibles; pero el juego del pasado miércoles 2 era la joya máxima y más rara de todo el beisbol, entonces cualquier arbitro debe estar advertido sobre la situación para no incurrir en semejante marfilada y conocer y actuar de acuerdo a la circunstancia: un no hit no run no es cualquier cosa; un juego perfecto… ¡Bueno!      Dicen que Joyce lloró, imploró y se autocriticó, incluso sus lágrimas, algunas de ellas, tuvieron como vertedero el hombro del lanzador afectado, pero nada de eso podía cambiar la situación…       Durante la década de los 40’s en la Liga Cubana, el jugador Battling Siki Roque bateó un rolling lento de frente al shortstop; se tiró de cabeza en la primera base quizás llegando antes que el tiro; pero el arbitro Kiko Magriñat lo decretó out porque, “para mi nadie que entre de cabeza desde el plato a la primera es quieto…” y chirrín-chirran... Varios días después, con Magrinat en primera otra vez, Roque conectó un batazo a lo profundo del leftfield del estadio Cervecería La Tropical que pasoó por encima de la cabeza de Pedro Pagés; insólitamente para el público, se tiroó de cabeza en primera y, acto seguido, le preguntó al umpire que como veía la jugada. Magriñat, sin inmutarse, le señaló al anotador que el jugador estaba expulsado y, como era común, dibujó con 10 dedos dos veces y cinco otra lo que representaba 25 pesos de multa por insubordinación.        No es igual que lo ocurrido en el juego Cleveland-Detroit en el cual se le clavó un puñal tanto al lanzador actuante como a la historia del beisbol; pero lo presento menos como anécdota de la pelota cubana que como ejemplo de lo que puede ser capaz un árbitro en un momento dado.       Anoche Jim Joyce optó por la vieja máxima cubana de “llegando y llegando la base pa’l corredor” craso error, porque la jugada no fue tan apretada y consiguió desencadenar la ira general que reclama la urgencia de cambiar la regla que dice “la apreciación es inapelable en todos los casos”, el juego perfecto que le robaron a Galárraga y al beisbol lo demostró.

 

 

ESTO FUE QUIETO SIN PROBLEMAS

A BAUTISTA NO LO LLEVARON; NI A NICK ETTEN TAMPOCO‏

Por Andrés Pascual

       Los regionalismos y otros “ismos” perjudican al juego de estrellas: por la renuencia a no participar en la competencia de jonrones de los obligatorios, esta fase del evento deberían quitarla de cartelera.
       En el juego de pelota existe el jugador “sin ángel”, que se cansa de dar palos y nadie lo ve. Inexplicablemente, se mueve como un fantasma en el terreno: batea .300, coloca 30 del lado de allá de las cercas, empuja 100 y cualquier fanático le puede preguntar, ¿Quién es ese?
       Esos jugadores son los olvidados del que selecciona y nunca están en la intención de voto, hagan lo que hagan, porque son invisibles…
       Tal vez eso le ocurrió a José Bautista el año pasado que, lamentablemente, se perdió la fiesta, que es lo único que tiene de atractivo ya, porque el juego en sí no lo es.
       Le ocurrió también a Nicolas Etten, un inicialista que jugó 9 temporadas en grandes ligas, 2 con los Atleticos de Connie Mack, 3 con los Filis y 4 con los Yanquis.
       La temporada de 1944 cubría la inicial para los neoyorquinos y concluyó como líder en jonrones en la Liga Americana.
       Eran los años de la guerra, por lo que muchos jugadores estaban en el Servicio Militar.
       Cuando el 7 de julio salió la Liga Americana a jugar el juego de estrellas # 13, Etten no estaba entre los seleccionados y la Nacional ganó 7-1 con sus pitchers limitando a 6 hits el bateo del joven circuito.
        En 1945, concluyó delante de los impulsadores de carreras con 111 remolcadas. Pero el juego se suspendió por los festejos derivados de la victoria aliada.
        ¿Por qué no fue seleccionado Nick Etten quien, además, jugaba para los Yanquis? Sencillamente, porque no era popular y, cuando un pelotero no es popular, casi nadie cree que valga un medio.
         Tal vez eso explique el problema de José Bautista. Sin embargo, en cuanto al dominicano, veremos a qué se atienen este año, que continúa matando a palos al pitcheo enemigo.



  Nick Etten

 

BLACKBURNE, EL FANGO DEL DELAWARE Y LA PELOTA DE BEISBOL‏

 

Por Andrés Pascual

       Russell “Lena” Blackburne fue un jugador de cuadro que actuó ocho años en el período 1910-1927 para los Medias Blancas de Chicago, los Rojos de Cincinnatti, los Bravos de Boston y los Filis de Filadelfia, se puede considerar fácilmente, sin ofender a nadie, de “nada del otro mundo”; ni, posiblemente, de este tampoco. Después de concluir su carrera como jugador activo, dirigió a los Medias Blancas en 1928-29, antes, había trabajado como coach de este club en 1927-28 y, después, para los Carmelitas de San Luis en 1930 y para los Elefantes Blancos de Connie Mack en 1933-38; 1940-45 y 1947-48.
       Nacido en Clifton Heights, Pensilvania, se mudó junto a su familia, a muy corta edad, hacia Palmyra, Nueva Jersey; bateador de mucho menos que modesto promedio de .214, jugó 550 juegos entre el campo corto, la tercera, la segunda y la primera base con una actuación como  pitcher de relevo en un juego.
       Director en las Mayores con pésimo récord de 99-133 que también trabajó como scout para los Atléticos de Filadelfia cuando se mudaron a Kansas City;  director parcial en las temporadas de 1916, 1921 y 1932 del Toronto de la Liga Internacional, falleció a los 81 años en Riverside, Nueva Jersey y lo sepultaron en en el Cementerio Morgan, a las afueras de Palmyra, no lejos de donde vivió, sobre las avenidas Henry y Cinnamonson.
       ¿Qué ofrece esta reseña biográfica para dignificar en el beisbol a Lena Blackburne? Aparentemente nada, porque nunca pudo descubrir el secreto de los pitchers que le ponían out con rutinaria facilidad; sin embargo, fue capaz de desenterrar el secreto del “fango” del Rio Delaware que, con cierto proceso, es la sustancia que emplean los umpires antes de cada juego de Grandes Ligas, Ligas Menores o Colegiales, para quitarles el brillo del proceso de acabado a las pelotas antes de cada encuentro de beisbol.
        Hasta más allá de los 30’s, para opacar las pelotas en cada juego de beisbol, lo mismo se utilizaba el jugo de tabaco, que el betún para pulir zapatos, que la arena de los terrenos con agua o combinaciones de ellas; sin embargo, ninguna les daba la impresión correcta al tacto o a la vista: quedaban muy oscuras y más blandas de lo deseado , lo que mantenía en casi estado de bola muerta al juego que, desde 1920, había sido declarado propiedad de la bola viva.
       Cuentan que a Blackburne se le ocurrió la idea de comenzar a localizar una sustancia efectiva para el tratamiento del cuero de la pelota cuando un árbitro, mientras servía como asistente en tercera base de los Atléticos de Filadelfia, se le quejó del asunto.
       Hasta un lugar específico y misterioso del río Delaware contempla la historia y también se cuenta que solo el lodo de ese lugar es el adecuado.
       En principios, el producto fue autorizado a usarse solamente por la Liga Americana, porque Blackburne era un acérrimo partidario del Joven Circuito; sin embargo, ya para mediados de los 50’s, todos los circuitos beisboleros, incluidos los colegiales, lo empleaban.
       El negocio se amplió tanto que es una marca registrada del beisbol americano y su comercialización, que se inició en 1938, ha pasado de mano en mano de los descendientes de Lena Blackburne hasta hoy.
       Un detalle relacionado con el juego moderno es que, como que no ablanda el cuero porque no mantiene humedad, este pulimento milagroso se convirtió en un elemento de importancia en la carrera de jonrones tras el record de Babe Ruth, porque concentra y mantiene el poder de rebote de cada pelota, haciéndola digna del concepto que, alrededor de la propia bola, cambió el juego en 1920 hacia el de “era de la bola viva”, que lo ha sido realmente después que se comenzó a usar el producto.
      Cuando por amor al juego y al billete Lena Blackburne descubrió que, con el fango del río mencionado se mejoraba el tratamiento para liquidar el brillo de las pelotas de beisbol, nunca pensó que, como bateador de .214, 5 jonrones y 139 carreras impulsadas en su carrera, podría estar en Cooperstown; sin embargo, su ungüento, conocido como Lena Blackburne Rubbing Mud, le ganó una mención en el recinto de los inmortales del pasatiempo.



Pie de grabado: De izquierda a derecha Eddie Collins, Lena Blackburne y Ty Cobb.

 

 

MURIO EL ASESINO EN SERIE DEL MINNESOTTA‏


Por Andrés Pascual

       En 1954, Harmon Killebrew no había cumplido aún 18 años y ya estaba vestido con el uniforme de los Senadores de Washington. El sistema de fichaje conocido entonces como “bonus baby”, que estimulaba a jóvenes casi niños, tuvo en este jugador, en Johnny Antonelli y en Al Kaline sus mejores resultados.
        1955 lo pasó con el club matriz de la Americana y 1956, 57 y 58 estuvo en ligas menores, con acceso a los Nacionales, brevemente, en 1957.
        En 1959 comenzó la leyenda de uno de los bateadores más salvajes que el beisbol haya conocido.
         Ocho campañas con más de 40 jonrones solo tienen competencia en la historia con Babe Ruth.
          Slugger de la “vieja escuela, su total de de 573 cuadrangulares fue respaldado por un aparente anémico promedio de .256 y 1699 ponches, pero su importancia y decisión en el clutch fue a prueba de dudas con 1584 impulsadas.
          Jugó durante 17 campañas completas en las Mayores con otras cinco de pocas apariciones al bate, siempre con Washington-Minnesotta, menos la última, que fue con Kansas City en 1975.
          En 1969 lideró la Liga Amricana con 162 juegos jugados, 49 jonrones, 140 impulsadas, 145 bases por bolas con 20 intencionales, en slugging con .427 y promedio de .276, todo bueno para llevarse el trofeo de MVP en la temporada.
          Su contribución ofensiva más la de Zoilo Versalles y Tony Oliva, pusieron a los Mellizos en la Serie Mundial de 1965 y en los playoff de 1969 y 1970.
          “Batazos de hombre”, asi llamó a la trayectoria de sus conexiones Buck Canel, que también solía decir que “tenía músculos hasta en las orejas”.
            Harmon Killebrew, según Camilo Pascual, fue un excelente ser humano y un magnífico compañero. Esa también es la opinión de su amigo Tony Oliva.
             Tanto Camilo como Oliva, incluso Versalles q.e.p.d. me dijeron alguna vez que las líneas que bateaba este hombre no tenían igual por su fortaleza.
             Contribuyente para cuanta causa humanitaria se le convocara, una de sus últimas actividades fue junto a Oliva y Rod Carew en pro de la joven Karen Frigstad, por medio de la Fundación Bob Allison contra el Mal de Ataxia.
              Participó en 11 Juegos de Estrellas y, en 1984, con el 83.3 % de los votos, le eligieron al Salón de la Fama.
              Ayer día 17 murió de cáncer del esófago en Scottsdale, Arizona, el Asesino de Pitchers del beisbol, había nacido en Idaho el 28 de junio de 1936.



 Pie de grabado: De izq. a derecha Carew, Karen Frigstad, Oliva y Killebrew.




HANLEY RAMIREZ Y “LA OLLA DE GRILLOS‏"

Por Andrés Pascual

       ¡Qué lío se buscan los managers cada vez que aparece un jugador como Hanley Ramírez! Sí, este tipo de jugador joven, por lo general, cree que es “la última Coca Cola en el desierto”.
       No “josea”, pertenece al tipo de jugadores latinos que, por la frialdad de su comportamiento en el terreno,  “peloteros de juego y sin alma” les llamaba el Maestro Eladio Secades, o congeladores capaces de enfriar la temperatura de todo el club en un momento inoportuno que, en el beisbol, son todos los que dure el juego.
        Lo que sucede es que el dominicano es poco pimentoso en su desempeño, antítesis del pelotero del Caribe; en la Cuba de antes, se diría que, si lo dejaran, “no metía el cuerpo” y, acaso por su personalidad pasiva, no pueda comportarse de otro modo.
         Pero, por la respuesta que le brindó a la prensa americana sobre Fredi González y cómo reaccionó al banco que le recetaron después que “se guilló” tras una bola que pateó y salió caminando a buscarla, con el resultado de que anotó “hasta el gato Pancho”, hay que pensar mal: “Ese nunca jugó en Grandes Ligas…” dijo refiriéndose al cubano, con lo que demostró que ni lo reconoce ni lo respeta; también dijo algo de sus compañeros, que saben que el tipo no juega ni con alegría ni con entrega…Bien, Jim Leyland tampoco jugó en Grandes Ligas, como su director en esta edición de los Marlins, lo hicieron en Ligas Menores; sin embargo, para sentarlo por lo que hizo, Fredi no necesitaba 20 temporadas de jugador en las Mayores, sino el olfato suficiente para reconocer la bacteria de la vagancia y el valor para ordenarlo.
         Ramírez es un bateador tan temperamental como su juego en sentido general, que no tiene coordinación al fildear, por lo que se atropella en las jugadas; definitivamente, con Uggla tal vez sean la combinación de torpedero y segunda de más poder en Grandes Ligas; pero, también, la que más se poncha y la de peores resultados defensivos.
         El quisqueyano pertenece al grupo de jugadores que creen que sin ellos el club no puede seguir; es evidente y, si no se toma ese tipo de medida como la que tomó González el lunes, puede convertir en un frente de guerra vietnamita el banco del equipo.
         Cuando aparecen jugadores así en clubes que necesitan urgentemente el juego de conjunto, lo mejor, casi siempre, es que “las gracias” las haga en Detroit, como aquel Miguel Cabrera que anda “más tranquilo que estate quieto”  bajo las órdenes de un director que se llama Jim Leyland, que una vez le dijo a Barry Bonds que lo iba a botar de los Piratas, que en otra ganó con los Marlins y que, como Fredi, nunca jugó en grandes ligas.





 Pie de grabado: Peloteros que hacen mas daño que bien.

POSADA NO ES UNA LEYENDA, ORTIZ‏

 

Por Andrés Pascual

       El pelotero de hoy, no conforme con el daño generacional que le ha hecho al deporte, o no entiende ciertos términos respetables, o pretende incluirse por voluntad propia y designio divino al lado de quienes sí no admiten comparación con payasos de factura mediática.
       A Jorge Posada lo bajaron al 9no. en el orden al bate de losYanquis, lo trataron bien, porque, de acuerdo a sus guarismos y la, a ojos vistas, imposibilidad de que recupere la coordinación o timming del swing, tenían que haberlo sentado y no esperar a que el tipo se ofendiera y decidiera por sí mismo, como si castigara con su decisión al club, al manager y a la gerencia, meterse en el banco a rumiar su evidente decadencia y a tomar un descansito a ver qué pasa con el transcurso de los días.
       Jorge Posada está en la curva descendente de su bateo, casi en el límite permisible para un pelotero de grandes ligas; como pelotero diario al campo, hace un par de años que no lo es.
       ¿Por qué está aún en el uniforme del club? Porque la gerencia no se quiere arriesgar, ni con los jugadores ni con el público hispano de Nueva York, a que se le acuse como causante de una posible afectación del team work (si se produjera) por haber atentado contra la familia. Aunque se diga que son profesionales, que responden a esto o a lo otro, lo cierto es que los niños mimados de la franquicia, que nacieron, se criaron y han envejecido en el club, como Mariano, Jeter o Posada han tenido fricciones por problemas de duración de contratos. El relevista y el shortstop tienen sus tarjas esperando en los talleres de Cooperstown, pero Posada no…sencillamente, no es un inmortal.
      Por regla general, los inmortales son las leyendas, como no haya aparecido una nueva concepción del término que “diga digo cuando se debió decir Diego”, por lo menos eso fue lo que reflejó David Ortiz al criticar “la manera como se portaron con Posada, que es una leyenda…”
        Ni el catcher ni él son legendarios ni en calidad de barrio, mucho menos posibles miembros del Salón de la Fama.
        El boricua no es comparable ni a Bill Dickey, ni a Berra, ni a Thurman Munson ni, posiblemente, a Elston Howard y estos 2 últimos, leyendas de los Yanquis, no están en Cooperstown. Munson fue 2 veces mejor que Posada en todo.
        Posiblemente Ortiz, el pobre, no sepa qué se quiere expresar con la palabra leyenda, como que cualquiera es diva o divo, el individuo coqueteó con la irresponsabilidad de usarla a libre albedrío y no encontró a alguien mejor que a Posada para demostrar que no solo lo apoya, sino que es parte de un frente anti-gerencia cuando “el deber lo reclame”.
        Yo recuerdo cuando Burnett dijo que no quería al puertorriqueño recibiendo, porque le cerraba la zona de strike. No puedo asegurar nada de lo anterior, pero sé que su promedio de capturados robando es de 28 %, igual a solo 386 en 1370 intentos; muy pobre para, como lo considera Ortiz, una leyenda del peto, la escafandra y la mascota.

 

 Pie de grabado: Posada castigó al club y al manager con su decisión.

DIHIGO EN LA LIGA MEJICANA‏

 


Por Andrés Pascual

       Martín Dihigo fue uno de los cinco mejores y más completos peloteros cubanos de la primera mitad del siglo pasado; en Estados Unidos le llaman de cinco herramientas al que mantenga en niveles idénticos el corrido de las bases, el brazo poderoso, el fildeo en niveles estelares, el bateo y la inteligencia. Le acompañan Cristóbal Torriente, Lázaro Salazar, Silvio García y Alejandro Oms, aunque el último tenía el brazo de promedio a pobre. Ni Bienvenido Jiménez ni Pablo “Champion” Mesa, porque no bateaban como los mencionados, ni Esteban “Mayarí” Montalvo, un fenómeno fugaz que solo duró con condiciones superestelares cuatro años.
      El Inmortal está considerado el mejor jugador versátil que el juego haya conocido.
     Si algún beisbol le quedó a la medida a quien el cronista cubano Adolfo Fonst apodó El Inmortal hace más de 75 años, fue el mejicano. Nadie brilló tanto ni con tanta intensidad allí como el matancero, de hecho, fue el primero en lograr algunos de los récordes individuales para un nivel de juego que, durante la etapa que le tocó jugar, era competitivo.
      Tan grande fue el impacto de este jugador, que se le considera  factor de importancia de primer orden en la evolución del beisbol azteca a partir de 1938.
      A pesar de que desde los veintes la presencia cubana en la pelota de Méjico era de interés y clase, rubricada por Alcibíades Palma, Lolo Correa, Agustín Bejerano o el increíble Ramón Bragaña, incluso alguien considerado de “los padres” de ese beisbol, como Agustín Verde, no fue sino hasta la llegada de Dihigo para la campaña de 1937, que un jugador, de absoluta categoría inmortal, se desplazó por los difíciles diamantes de aquella pelota con la maestría que le llevó a Cooperstown y que, por su juego en la patria de Juárez, también le convertiría en una de las reliquias más preciadas del Templo situado en Monterrey.
      En 1937, con la cooperación del pitcheo magistral de Martín y de su despiadado bateo, el Aguilas de Veracruz se imponía en el circuito que, desde ese momento, se vistió de largo como pasatiempo de fuerza indudable y se convertiría en la verdadera segunda casa del pelotero cubano.
      El primer gran resultado de Martín Dihigo en juego sencillo en la Liga Mejicana, ocurrió el 15 de septiembre de de 1937 en el parque de la ciudad de Veracruz, cuando dejó sin hits ni carreras al  Nogales, en juego que concluyo 4-0 por el club de Jorge Pasquel; además, Dihigo contribuyó con sencillo y doble de dos carreras a su victoria. La trascendencia de este juego resultó porque fue el primer no hit no run que se lanzó en el circuito.
     La manaña del domingo 18 de mayo de 1938, en el ya inexistente parque Delta de la capital, se convirtió en el fundador del “Club de los 6-6”  al batear cuadrangular, doble y cuatro sencillos en la victoria del Aguilas sobre el Agrario 10-3.
     El sábado 29 de julio de 1939, en Veracruz, derrotó al entonces Carta Blanca de Monterrey 3-2 con 16 ponches propinados y cuando, una semana después, en apertura consecutiva el 5 de agosto, abanicó a 18 bateadores de los Alijadores de Tampico en victoria 6-3, se convirtió en dueño absoluto del récord de más ponches propinados en dos aperturas consecutivas, no solo para la Mejicana sino para todo el beisbol; pero el Libro Rojo de marcas del juego, injustamente, homologó como único el del Meteoro de los Indios de Cleveland, Bob Feller, cuando, ese propio año, el 10 de septiembre, dejó con la carabina al hombro a 10 bateadores de los Medias Rojas de Boston y, el 2 de octubre, a 18 de los Medias Blancas de Chicago totalizando 28 ponches, 6 menos que los 34 del Inmortal cubano.
     Martín Dihigo fue una de las figuras más destacadas y trascendentales del beisbol cubano, un ídolo genuino dentro y fuera de la Isla, sin dudas, el pelotero más importante de la Liga Mejicana en el período 1937-45; es decir, en el momento justo que más necesitaba ese circuito a un pelotero de clase semejante.
     Nadie ha prestigiado mas el calificativo de Imortal que Martín Dihigo, que lo fue de verdad y así se le reconoce en cualquier lugar en el que tuvieron el privilegio de disfrutar de su juego increíble.



 

Pie de grabado: El Dihigo le fue indispensable al desarrollo del beisbol azteca.

FALLECIO DANNY MCDEVITT, GANADOR DEL ULTIMO JUEGO DEL BROOKLIN‏


Por Andrés Pascual

       A las nuevas generaciones de fanáticos cubanos no les aporta nada el nombre de Danny McDevitt; pero el tipo tiene un lugar en la historia del beisbol de Grandes Ligas y en la del champion invernal, aunque en facetas bien diferentes.
      El 24 de septiembre de 1957, el lanzador zurdo, en su temporada de recluta con los Dodgers de Brooklin, le metió nueve ceros a los Piratas de Pittsburg con solo 5 hits permitidos y 9 ponches propinados; su catcher fue JoePignatano en el último juego de la legendaria franquicia en Ebbets Field antes de instalarse al año siguiente en Los Angeles.
      Esa campaña el pitcher ganó 7 y perdió 4 con 3.25 clp. En 1959, su mejor año, jugando para los Dodgers de Los Angeles, su récord fue de 10-8, 5 salvados y 3.97 clp.
      Sus números totales en 7 temporadas en Grandes Ligas con Brooklin, Los Angeles, Yanquis, Minnesotta y Atléticos de Kansas City fueron 21-27 con 7 salvamentos y promedio de limpias de 4.40; se retiró en 1962.
     Después trabajó en la Aministración de Desarrollo Federal de Atlanta, como Real Estate y como director de una granja para el cultivo de árboles de Navidad.
     La campaña 1957-58 el pitcher estaba en La Habana actuando para los Elefantes del Cienfuegos, con los que tuvo una temporada perdedora por guarismos de 9 juegos pitcheados, 1 completo, 55 innings de actuación, 35 hits permitidos, 23 bases por bolas y 31 ponches, su récord en ganados y perdidos fue de 1-6.
     Sin embargo, a McDevitt se le recuerda en Cuba como al pitcher que se le insubordinó y ofendió al umpire nativo Armandito Rodríguez por inconformidad con un conteo.
    Rodríguez fue el primer árbitro hispano en actuar en Grandes Ligas, de amplia y fructífera trayectoria también en todo el Caribe y, preferentemente, en Méjico, donde falleció hace pocos años en Veracruz.
     Como respuesta por la protesta descontrolada, McDevitt recibio un caretazo en la cabeza de parte del cubano que requirió algunos puntos de sutura.
     Las causas de la muerte del pitcher de 78 años, según su nuera Kristie, son desconocidas. Lo sepultaron en Covington, Social Circle, Georgia
    
     

 Pie de Grabado: A McDevitt Armando Rodríguez le partió la cabeza en el Cerro por protestar sin control.

FALLECE EN MIAMI CARLOS “PATATO” PASCUAL‏

Por Andrés Pascual

      Comenzó como juvenil con el Ceiba custodiando el campo corto, bateando en el cuarto turno y pitcheando cada vez que se le necesitaba.  Llevó a esa novena al round final del campeonato provincial de La Habana de 1947 casi solo, hasta enfrentar la oposición de otros equipos fuerte del circuito como el Caimito, con el pitcher zurdo Raúl López como principal responsable por los triunfos de esa novena, o como el Bauta, que tenía a Tony Pacheco como principal contribuyente en el shortstop y en el bateo.
      Después firmo con los Broncos de Big Spring, sucursal de los Senadores de Washington de la Longhorn League de Texas.
      A la Liga Cubana entró por la vía de los Leones del Habana y se puede decir que es uno de los pocos peloteros cubanos que estuvo en casi todas las clasificaciones del Beisbol Organizado en el período 1948-1965.
       Una vez me contó que “todo lo que Miguel Angel hablaba era valioso”, se refería al ex manager-dueño de los Rojos, que actuó como director interino de los Cardenales dos veces y que tuvo una carrera impresionante con ese club de más de 30 años.
        De complicaciones del Mal de Alzheimer falleció hoy en Miami Carlos Pascual, el Patato, del que una vez “ese joven pitcher del Cienfuegos, Camilo, fue su hermano…”, para, en cuestión de un par de campañas, cambiarse los papeles a “ese es el hermano del curveador de los Elefantes…”; nada, la vida es así: de la inspiración de su único hermano, menor, a sostener el peso del lazo sanguíneo directo con uno de los tres mejores pitchers cubanos de todos los tiempos.
        Patato Pascual logró jugar en Grandes Ligas en la temporada de 1950 con los sotaneros capitalinos, en el período 24 sep. 1950-28 sept. Trabajó como lanzador con record de 1-1 y 2.12 clp en 17 innings con 3 ponches y 8 bases por bolas.
        Durante 12 temporadas estuvo en la Liga Invernal y asistió a Series del Caribe con el Almendares y con los Leones.
        Formó parte de los equipos Havana Cubans, clase B, Liga de la Florida y de los Cubans Sugar Kings, Triple A, de la Liga Internacional, asentados en La Habana.
        Después de la suspensión del beisbol profesional en la Isla, continuó en Miami, desde donde logró plazas de scout con los Mets de Nueva York y fundó una Academia con resultados exitosos durante mucho tiempo.
        Se mantuvo relacionado con el Caribe y su mayor mérito fue conducir al Magallanes a puerto seguro en la primera Serie de la Confederación de la segunda etapa, primera ganada por un club venezolano también..
         Este jueves 12 de mayo, la noticia de la muerte del popular y legendario ex manager y jugador, si bien no sorprendió, consternó a la gran familia beisbolera cubana del exilio.
         Patato nació en La Habana el 13 de marzo de 1931. Tenía 80 años y dos meses de edad. Pertenece al Salón de la Fama del Beisbol Profesional Cubano.


Pie de grabado: Patato fue un jugador de colorido y popularidad cuando “Cuba reía”.  

 

NO SOLO ESTEBAN BELLAN…

Por Andrés Pascual
      Porque la controversia sobre quién fue el primer hispano en jugar en una liga mayor en Estados Unidos siempre se centró en si el colombo-americano LuisCastro o el cubano Estebán Bellán, pocos saben que Rafael de la Rúa, también de la Mayor de las Antillas, cuenta como acompañante de Bellán como “los primeros en hacerlo”.      A los reconocidos historiadores del beisbol americano, Peter Morris y John Thorn, se agradece la adición del pitcher Rafael de la Rúa como otro “primer hispano en el beisbol americano”, porque, según sus investigaciones, jugó aquí en 1868.      A continuación, una nota que traduje, de César González, al respecto:            Cuando Esteban Bellán dejó el Colegio San Juan en 1868 para jugar beisbol (con los Unions de Morrisania), no era el único cubano en hacerlo.      Rafael de la Rúa, matancero, actuó en 12 juegos para los Unions de Lansingburgh de la Asociación Nacional en el propio año1868. De la Rúa fue un pitcher que tiraba un buen screwball o bola de tornillo (¡ya en aquella época!); pero con problemas de control.      De la Rúa se unió a Bellán como “el primer latino” en una liga organizada y altamente competitiva. La Asociación no sería considerada como Liga Mayor hasta convertirse en profesional, en 1871; pero, lo que si queda claro, es que son los primeros peloteros hispanos en competir en un nivel elevado de beisbol en Estados Unidos.      El descubrimiento fue hecho por Morris y Thorn, y yo he estado ayudando, durante varios días, para enriquecer las biografías de ambos jugadores, sobre Rafael de la Rúa, esto es lo que tenemos hasta el momento:     “Nació el 28 de enero de 1848 en Matanzas, Cuba. En 1860, a la edad de 12, aparece en un censo oficial de Estados Unidos como que vive en Newton, Massachussets. Estudió en una escuela pequeña dirigida por R.B. Blaisdell, en esa localidad. También aparece en el censo un Filomeno de la Rúa, de 18 años, aparentemente hermano de Rafael.     En junio de 1864, era uno de los pasajeros del vapor Havana que arribó a Nueva York desde la capital cubana, de acuerdo a una nota de The New York Times.    Rafael inició sus estudios preparatorios en el Colegio San Juan (Fordham), en Septiembre de 1864 y se mantuvo hasta 1867.  Estudió allí a la vez que Bellán. En el catálogo estudiantil del colegio consta como Julián R. Rúa, de Matanzas, Cuba.     El  año académico 1868-69, está matriculado en Rensselaer Polytechnic Institute en Troy, Massachusett, Nueva York. Allí estuvo 1 año y no se graduó.     Era en la misma ciudad Troy donde los Unions, miembros de la Asociación Nacional, estaban basados.    De la Rúa jugó 12 juegos con el club, mayormente como pitcher. A la vez, la Asociación todavía tenía clasificación amateur.   En una fotografía que aparece en el libro Smoke, de Peter Bjarkman y Mark Rucker, de los Unions de Lansingburgh de 1868,  se señala erróneamente a Bellán, que jugó para el equipo en 1869. Sin embargo, no se identifica a la Rúa, que sí está.   En documentos oficiales encontrados, de la Rúa aplicó para la ciudadanía estadounidense en 1874  declarándose “comerciante”.   Cuando aprobaron su ciudadanía y aplicó para su pasaporte, lo hizo como Rafael de la Rúa, con domicilio en 15th y la 32 en Nueva York, nacido el 28 de enero de 1848 en Matanzas, Cuba. Su peso, según el documento, era de 160 libras y medía 5’9.   Según las investigaciones de los periodistas cubanos Jorge Figueredo y Severo Nieto, Rafael de la Rúa nunca jugó en la Liga Cubana.   Sin dudas, una pieza muy importante de la historia del beisbol latinoamericano.”
     Unions de Lansingburgh (un pueblo adyacente a Troy), es el mismo club que más tarde se convirtió en los Troy Haymakers, miembros de la Asociación Nacional, circuito profesional, en 1871 y 1872.      Marshall Wright, en su libro Los Jugadores de la Asociación Nacional, 1857-1870, identifica al cubano solo como Rúa, róster de 1868. Mientras, Bellan aparece como miembro en 1969.

 

 

Esteban Bellán tiene competencia y cubana.

EL MIEDO, EL TIEMPO Y LA PLANTILLA MULTIMILLONARIA‏

Por Andrés Pascual

       El concepto amenazante de “Espada de Damocles” sobre las gerencias de algunos clubes de Grandes Ligas, con inversiones caras, comienza a hacerse sentir desde el inicio de la temporada.
       Parece una ridiculez que cunda el pánico entre la gerencia, la prensa y los fanáticos por los resultados en abril de clubes como Boston o los Medias Blancas de Chicago. Si mayo cuenta poco; si en junio, julio y, hasta en agosto, todavía nadie puede precisar a ciencia cierta quiénes clasificarán por divisiones; si, por encima del favoritismo, presente o ausente en la postemporada eliminatoria, las caras que se encuentran en la Serie Mundial, a veces, no eran familiares en el pronóstico 6 meses antes, ¿Cuál es el barullo?
       El dinero invertido averguenza cuando no se pudo ganar con plantillas que nunca han soñado más de 10 equipos que, como ha ocurrido, no solo han clasificado como comodines, sino que han estado en el Clásico de Octubre varias veces y hasta lo han ganado.
       Para la gerencia de un club, para su fanático natural y para la prensa de la ciudad, los grandes salarios, que inflan las posibilidades de victoria de, por ejemplo, los Yanquis y el Boston, son una presión extra con la que hay que lidiar; mejor, saber lidiar, porque no es fácil observar a Alex Rodríguez dejar anclada en bases, más de una vez, la carrera que pudo ponerlos en el estado superior de la competencia de postemporada; pero no es solo el antesalista de los neoyorquinos, el fraude, tan rutinario que cansa, son un buen grupo de peloteros que no responden como deben a la intención por la que se le contrató y, si a veces concluyen con buenos números, su participación decisiva en juegos determinantes brilló por su ausencia.
       Se va haciendo rutina en las Grandes Ligas que un grupo de peloteros, modestos en su desempeño, con salarios casi de miseria de acuerdo al pago por el nombre que reciben algunos, solo por exhibirse en los terrenos de juego; porque jugaron a matarse, fusionados en un solo rumbo de trabajo altamente destacable en cuanto al colectivismo, se imponga a otros que pudieran estar en Cooperstown algún día.
       La verdad más grande alrededor del juego de pelota es que, “en el beisbol no gana el mejor; sino el que mejor juegue”; ahora, ¿Cuál es la razón por la que una constelación de estrellas no puede imponerse en un circuito con, más que buen juego, actuaciones apabullantes?
       El beisbol de hoy, que dista mucho del de solo 30 años atrás, hasta palabras que identifican conductas individuales justificativas tiene: el ego del jugador.
       Sin embargo, porque pudiera cuestionar el mecanismo laboral que muchos consideran “un logro” para el pelotero, el contrato a largo plazo, no abordan con seriedad el hecho del poco interés que demuestra el jugador que está en el medio de ese tipo de compromiso, logrado como agente libre que, nadie lo dude, es el mayor escollo al normal funcionamiento del pronostico pre-temporada y del cumplimiento obligatorio de la actuación, verdaderamente estelar, del superestrella.
       No obstante, es una exageración aterrarse en abril o mayo por los resultados del club de preferencia, porque, durante esos meses, ningún departamento del juego está a tono con el juego ganador y, a veces, ni julio decide algo con respecto al resultado final.
       Si bien el pánico por poco cunde en Boston después de 5 partidos de temporada y el Chicago Medias Blancas está al borde del paroxismo por su 8-12 de inicio de campaña, tampoco un comienzo ganador es la medida de cómo concluirá la tabla de posiciones en octubre. Eso, también se ha visto muchas veces.



Pie de grabado: Con solo 20 encuentros jugados, casi cunde el pánico en Chicago.

 

ESTALELLA, EL PRIMER HISPANO QUE GANO LA TRIPLE CORONA EN EL BEISBOL ORGANIZADO

Por Andrés Pascual
       Roberto “Tarzán” Estalella (Cárdenas 1911-Hialeah 1991) fue el segundo gran jugador de posición cubano e hispano en  el Beisbol Organizado; el primero fue Armando Marsans, uno de los dos pioneros, junto a Rafael Almeida, cuando ya existían ambas ligas; primer bateador de .300 y primero en recibir votos para el MVP en Grandes Ligas durante la década 1910-20. Pero Marsans jugó pocos años.        A Estalella, cuando fue cambiado por los Senadores de Washington a los Elefantes Blancos de Connie Mack en 1943 junto a Jimmy Pofahl y dinero por Bob Johnson, que había jugado en el Juego de Estrellas del año anterior por la Liga Americana, el Viejo Zorro de los Atléticos lo presentó como un nuevo Al Simmons que, si no comete la equivocación de irse a la Liga Mejicana, hubiera continuado el desarrollo ascendente de su carrera en Grandes Ligas, porque sus mejores años fueron los tres previos a 1945, cuando dio el paso en falso, en los que había jugado 100 ó más juegos en cada una de esas temporadas con promedios superiores a .285 actuando en la esquina caliente y en los jardines del viejo club.        A Mexico fueron jugadores cubanos que cometieron un error garrafal, porque se hubieran impuesto en las Mayores, no solo Estalella, sino Adrián Zabala perdió la oportunidad única con los Gigantes; otros jugadores como Agapito Mayor, Mario Fajo o Chito Quicutis, que no tenían etiqueta de bigleaguers, tal vez hicieron bien; pero, quizás Jorge Comellas y, sobre todo Julio Moreno, tampoco hicieron bien las cosas. Para justificar la falta de clase que les hubiera impedido jugar en grandes ligas, muchos que no actuaron en ese nivel decían que “nadie se podía negar ante tanto dinero…”        Pero Estalella sí desperdició con la ida a la Mejicana y la posterior suspensión como renegado una carrera que pudo ser brillante.       En 1938, jugando para el Charlotte clase D de la Piedmont League, el matancero ganó la Triple Corona de Campeón de Bateo por primera vez para peloteros cubanos e hispanos en el Beisbol Organizado, al concluir la campaña con 38 jonrones, 123 impulsadas .378 de promedio, total de 325 bases recorridas y .754 de slugging.       Sin embargo, no fue esa la única gran temporada del Tarzán cardenense: en 1949, con el Minneapolis de la Asociación Americana, el mismo con el que 11 años antes había ganado Ted Williams la Triple Corona a los 19 años, Estalella produjo para .341 con 36 dobles, cinco triples, 32 jonrones y 134 empujadas.       El cubano estuvo en el Beisbol Organizado, incluyendo 9 temporadas en grandes ligas, desde 1934 al 1951 y en las Menores bateó 8 veces sobre .300; tuvo cuatro campañas con más de 30 jonrones y 1 sobre 20, además de que en 6 impulsó a más de 100 corredores. Su último buen año en Estados Unidos, luego de cumplir la sanción de las grandes ligas, fue en 1947 con el St. Jean de la Liga Independiente en que bateó .374 con 17 dobles, 2 triples, 24 jonrones y 101 empujadas en 321 veces al bate.     En 1942, el Jíbaro Luis Rodríguez Olmo se llevó la Triple Corona jugando para el Richmond de la Liga Piedmont, convirtiéndose en el segundo hispano en ganar el premio.     En 1950 Silvio García la obtuvo jugando para el Sherbrooke clase C de la Liga Peninsular con números como 21 jonrones, 116 impulsadas y .365 de promedio.     En 1956, con el St. Cloud clase C, también de la Peninsular, el puertorriqueño Orlando “Peruchín” Cepeda la conquistó por batear 26 cuadrangulares, enviar 112 corredores al plato y promediar .355.     En 1959, que fue opacado injustamente en Cuba por la victoria de los Cañeros de los Cubans en la Pequeña Serie Mundial contra el Minneapolis, el inicialista Frank “Panchón” Herrera se la llevó a su casa en el pueblo habanero de Santiago de Las Vegas por 37 jonrones, 128 impulsadas y .329 de promedio, jugando para los Bisontes de Búfalo de la Liga Internacional clase Triple A      Hasta 1962 y desde que en 1940 la obtuviera Cool Papa Bell, en la Mejicana la han ganado Wild Bill Right en 1943; Angel Castro en 1951; el cubano René González en 1952; el norteamericano Alonzo Perry en 1956; Claudio Solano, de la Liga Arizona-Mexico, en 1957 y Ramiro Caballero, de la Mejicana Central, en 1962.       Como adjuntos de interés, en 1956 Ken Guttler, jugando para el Shereveport de la Piedmont, bateó 62 jonrones y empujó 143, pero su promedio de .293 no fue suficiente para liderar la liga.       Quien si lideró la Longhorn clase C con el Roswell en los tres departamentos de Triple Corona fue Joe Bauman en 1954, en la que se puede considerar acaso la mejor temporada de bateador alguno en cualquier liga del mundo. El tipo produjo para 72 jonrones, 224 carreras impulsadas y .400 de promedio.

 

 Roberto Estalella desperdició su alternativa estelar en la Mejicana.

¡QUÉ PITCHEO TAN SOBERBIO!‏

Por Andrés Pascual

       Vuelvo sobre lo mismo, me gusta el detalle y llevó más de 10 años “tragando buches de sangre”, indefenso ante la masacre que se cometía (aún se hace en otras facetas) contra el beisbol y el problema de las sustancias de crecimiento.
        Ya se puede ver que los jugadores envejecen; además, se observa el efecto de lesiones sobre su capacidad de juego o ambas cosas combinadas, si no lo cree, mire el deterioro de los “jerarcas hispanos” en el asunto, los dominicanos, en base a la merma en el rendimiento de algunos de sus jugadores, luego de que se les “destapó” como positivos: David Ortiz, Miguel Tejada, Manny Ramírez…incluso Alex Rodríguez, nacido aquí y reportado como dominicano por la prensa quisqueyana, como hacen también los cubanos, tiene un evidente y preocupante descenso de su bateo con el incremento de dolencias que, definitivamente, le auguran el retiro más temprano de lo que se creía.
       Malo para ellos, bueno para el deporte, inobjetablemente, porque, ¿Cuánto tiempo hacía que no se producían jornadas de actuaciones soberbias por varios lanzadores en un solo día? Yo casi no recordaba que eso hubiera ocurrido, sin embargo, ese es el juego de beisbol en el nivel de Grandes Ligas.
      El zurdo de los Filis de Filadelfia, Cliff Lee, enfrentó a los Bravos de Atlanta durante 7 episodios, le dieron 9 hits, le anotaron 3, todas limpias, dio una base por bolas y repartió la escalofriante cifra de ¡16 ponches! Sin embargo, el derecho Dereck Lowe, desde la trinchera contraria, trabajó 6 entradas con solo 2 hits permitidos, ninguna carrera, una solitaria base por bolas y 4 chocolates recetados. El juego lo ganó Lowe (3-3, 3.22) y lo perdió Lee (2-3, 3.69). Como rutina de los tiempos, al cerrador cubano de los Filis, Danny Báez, le encendieron 3 cohetes y le hicieron 2 limpias… ¡Tenía que ser!
      Por acá, por el sur de la Florida, los Marlins recibieron a los Nacionales con ese prospectazo que se llama Ricky Nolasco en el box. Para reafirmar la inutilidad de una gran actuación monticular por la  inefectiva actividad del relevo: el llanero tiró 7 episodios con 6 hits permitidos, 2 carreras limpias, 2 bases por bolas y 11 ponches. La barrera que contuvo a la batería de los Agujas se llama J. Zimmerman, que no estuvo mal durante 6 entradas, con 5 hits, 2 carreras limpias, 2 bases y 4 ponches. Ninguno de los dos tuvo que ver con la victoria o la derrota.
     El mexicano Jaime García, como Loewe, solo permitió dos hits por los Cardenales contra el Milwakee en una victoria 6-0.
     A ver, ¿Acaso puede creer alguien que un juego de 5 ó 6 jonrones es más disfrutable que cualquiera de los juegos de la jornada de ayer?
     ¡Por favor! Que el beisbol siga así y que jamás regrese el fantasma que casi lo hunde en la ignominia: el pelotero de laboratorio.


 Pie de grabado: Cliff Lee ponchó a 16 y perdió.


CERO ESTEROIDES, MEJOR PITCHEO‏

Por Andrés Pascual

      Una de las justificaciones a favor del favoritismo personal ha sido “…bueno, pero todos los que lo usaron no lo consiguieron…”; era lo común y rutinario escuchar para encumbrar a Sosa, a Bonds, a Tejada o a Roger Clemens.
       El problema que presentan hoy “los abogados del diablo” es que, una vez inhabilitados los jugadores de usar sustancias de crecimiento por miedo a “la prueba al azar”, reaparece el pitcher como elemento de protagonismo único en el beisbol, papel que nunca debió perder en el guión de esta novela de horror que no fue cosa de un día, sino que identifica todo un período de suciedad y trampa, de contubernio generalizado contra el juego, contra el fanático, contra la historia y contra la moral del pasatiempo.
      Si no hubiera existido el período esteroides, Bonds y Clemens se hubieran retirado antes y no hubieran colocado sus récordes fuera del alcance de “los mortales”: esa retahíla de jonrones durante 5 ó 6 años; esa cantidad de victorias después de tener el brazo prácticamente arrancado; ese rosario de MVP’s y de CY YOUNG’s, son parte de la vergüenza nacional con culpa directa sobre el Comisionado, sobre el Sindicato y sobre los Dueños.
      Ahora mismo, hay pitchers cuya tarjeta de indentificación contiene, inexcusablemente, el dato de superestrella; en ruta al superstrellato, otros y el de buenos lanzadores una cantidad que iguala al de cualquier período grande de la historia, cuando el beisbol se dirigía y administraba seriamente, con la responsabilidad que requiere un deporte que no solo es el nacional, sino que tiene una notable influencia en la grey infantil y juvenil.
      Los serpentineros Josh Johnson, Félix Hernández, Roy Halladay, CC Sabathia o Tim Lincecum clasifican fácilmente como superestrellas de la serpentina, con otro grupo luchando por integrarse a los consagrados, entre los que se encuentra el venezolano Ricky Nolasco y otro mayor de magníficos lanzadores que tienen etiqueta de buenos estilo cualquier tiempo pasado.
      Sin embargo, los mecanismos “evolutivos”, empleados supuestamente para mejorar el juego, obstaculizan, aunque posean las herramientas para brillar con todo su esplendor, que los pitchers puedan colocar los números antaño grandiosos: los 300 juegos ganados están en ruta a desaparecer; las temporadas de 20 ó más victorias que pudiera tener un lanzador en el orden de 6, 8, 10, en una época que se juegan 8 partidos más que antes de 1961, pudieran no volverse a repetir; la disminución de los juegos de nueve ceros ya es una evidente realidad y la de los juegos completos.
     Los relevos, como resultado del número de lanzamientos o de innings trabajados, no solo crean un ambiente decepcionante para la labor de los abridores, sino sombría, más que clara y esperanzadora, para los propios clubes que, por regla general, dejan escapar victorias por esos cambios, tan frustrantes y rutinarios, que cansan.
    Sin embargo, la reducción del uso de sustancias de fuerza y crecimiento es lo que va regresando al beisbol de nuevo a la normalidad: el rey del juego es el pitcher y el 75 % de la responsabilidad en la victoria es de la defensa, que incluye al trabajo monticular.
     Los grandes bateadores, sin guarismos espantosos para fanáticos de la gradería, son posibles como elementos humanos, que encabecen los departamentos del bateo; pero no separados del resto de los hombres por una línea cuestionable, en igual medida que insalvable para la competencia histórica que, por eso, no podría emularlos en el mismo terreno y con las mismas y deshonestas armas que se usaron hasta el año antepasado.
     Ichiro está ahí, cada vez que uno mira los promedios del Seattle, el tipo está montado en el potro de los .300, y John Mauer, y Pujol y Miguel Cabrera…
     Hace falta que a estos mismos que descompusieron el potaje con demasiada sal, por miedo a la baja en los números de audiencia y asistencia, con lo que nunca tuvo que ver la cantidad de jonrones, sino la huelga, no se les vaya a ocurrir desarreglarlo con más picante otra vez y se forme un desbarajuste que no pueda resolverlo ni Mandrake el Mago.






 Pie de grabado: Josh Johnson domina como los monstruos de cualquier época.