Blogia
BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

LA VERGUENZA DE UN PELOTERO: WILLARD HERSHBERGER‏


Por Andrés  Pascual

       Bill McKechnie sospechó que algo andaba mal, por eso envió al hotel en que se alojaba el club al superfan Dan Cohen, que a menudo viajaba con el equipo, a que localizara al segundo receptor, Willard Hershberger…
       La temporada de 1940 fue sensacional para el Cincinnatti Reds: ganaron el 2do. pennat consecutivo de la Liga Nacional y sometieron al Detroit en 7 juegos en la Serie Mundial; sin embargo, ese fue el año de la tragedia de Willard Hershberger, por lo que la felicidad concluía donde asomaba su hocico el manto de la tristeza.
        El 31 de julio de 1940, el Cinci estaba en primer lugar y se disponía a jugar en Polo Grounds contra los Gigantes; esa noche, con el mejor ganador del club durante la temporada en la trinchera, Bucky Walters, llegaron al noveno con ventaja 4-1; pero, cerrando la entrada, los neoyorquinos se sublevaron, empataron a 4 y se llevaron la victoria por un jonrón del receptor Harry Danning.
         La derrota afectó duramente al catcher que recibió el juego, el suplente Willard Hershberger, porque, según él, era el único culpable del cuadrangular de Danning, tradicionalmente un fácil out contra Walters, porque le había pedido un lanzamiento equivocado al pitcher. El individuo estaba abochornado; peligrosamente abatido por la vergüenza, solo comprensible por los atletas de alto perfil moral que se han sentido responsables absolutos por una derrota en el juego colectivo.
        Ninguna muestra de consuelo por sus compañeros logró despejar los sentimientos auto-incriminatorios de la mente de Hershberger.
        Sin dudas que el jugador tenia problemas de depresión. Dos días después, en Boston, recibió en el segundo juego de un doble y se fue sin hits en 5 oportunidades, en ese momento promediaba sobre .300, además, aparentó estar ausente del partido: un machucón delante del plato lo sorprendió y no hizo esfuerzos ni por perseguir la pelota. En el dugout, el manager le preguntó si había algo mal, a lo que respondió, “Puedes apostar a que sí, después te cuento”.
         McKechnie llevó a Hershberger a cenar y quedó estupefacto cuando este le dijo que estaba considerando el suicidio. Los dos hombres estuvieron hablando durante casi toda la noche y, cuando se retiraron a sus habitaciones, el director consideró terminada la depresión del jugador.
         Al día siguiente, los Reds jugaban otro doble partido y Hershberger desayunó con el editor deportivo del Cincinnatti Enquirer, Lou Smith, quien declaró después que le había visto “en buen espíritu”.
         Pero, cuando el club arribó al estadio, Hershberger no estaba para tomar su prácticas de bateo y Gabe Paul, Secretario de Relaciones Públicas, lo llamó por teléfono para conocer la causa, “Me siento mal de salud”, respondió y Paul le ordenó que viniera al parque, que no tenía que vestirse para jugar ese día…fue la última vez que alguien habló con el catcher.
         Dan Cohen llamó al pelotero cuando abrió la puerta de la habitación y no recibió respuesta, entonces pasó al baño y se lo encontró en un charco de sangre dentro de la bañera…Hershberger se había degollado con una navaja.
         En 1940, Willard Hershberger no solo era el más confiable y mejor suplente de Ernie Lombardi, sino un buen bateador que promedió .300 cada año que jugó parcialmente, al momento de la tragedia lo hacía para .309; pero, sobre todo, era el más popular del club, un individuo que demostró, a través del suicidio, lo que deben significar la moral deportiva, la vergüenza y el amor, tanto por el club, como por el público.


 Hershberger no soportó la culpa por la derrota en un juego



ESO NO ES UN HOMENAJE, ES UNA PROFACION‏


Por Andrés Pascual

       Miami se ha desbordado de cubanos de “la comunidad”, que son los que llegan bajo una sola condición personal: “mi problema no es político”, cuestionable de arriba abajo, pero discutible en otras instancias.
       Como que no conocen la historia patria ni les interesa, pues tampoco tienen identidad, sino una etiqueta de ciudadano impuesta para representar y defender intereses de otro orden de cosas, que para vivirla con el orgullo que merece.
       Por estos días hay una convocatoria a un juego-homenaje al pitcher zurdo del Almendares Miguel Cuellar y a un catcher de la pelota castrista nombrado Pedro Luis Rodríguez (de quien nunca he escuchado quejas o denuncias por actividades castro-comunistas, vale la pena decirlo), que jugó para el equipo llamado Provincia Habana (o Habana campo) y que logró integrar la novena del dictador a eventos internacionales.
       Cuando de un pitcher como Cuellar se trata, supongo que muchos invitados duden entre asistir o no, sobre todo los ex peloteros que pertenecen a la Federación, porque, “figúrate, pudiera verse como una acción” al recientemente fallecido estrella del Baltimore, cuando lo que se debe tener bien claro es que lo que significaría una ignominia, que incluye a todos los muertos y vivos que jugaron pelota desterrados de su patria en el período 1961-1986 (año del retiro de Tani Pérez), además de a Cuba, a la lucha por su libertad y a los luchadores que han muerto tratando de lograrla, sería unirse a Marquetti y compañía para semejante escarnio.
       Gracias al creciente número de fanáticos de “la comunidad” de nueva edición es que  se posibilita este tipo de eventos, no solo de mal gusto, sino politizados en su objetivo que, a la manera como hace años el tirano autorizó en la Isla a que se invitara a peloteros que él mismo hizo abandonar el país, para hacer “un gran juego del recuerdo entre hermanos”, se busca dar una imagen de unión que no es posible por el abismo ideológico que separa, hasta dentro de Cuba, a las dos bien definidas nacionalidades que ya logró la tiranía.
       El carácter del juego que se organiza es mercantilista, en nada patriótico ni sublime por sus ideas, mucho menos que busque imponer ni el orden ni recuperar la hermandad entre dos públicos bien diferentes y separados de una ciudadanía.
       Cuéllar es un gancho de atracción para convencer al ex jugador de la Federación a que asista, sin embargo, el público único y natural de este tipo de jugador es el exiliado, que hace poco por recordar y atender a estos atletas promocionalmente ni investiga por qué las instancias patrioteras reclamantes que lo representan en la lucha, no toman al deporte en el carácter con que lo hace el castrismo: como un arma importante en la confrontación ideológica, útiles para contrarrestar actividades como esta o como el veneno que tratan de inocular desde MEGA-TV o AMERICA-TEVE; ni por recuperar la celebración de la fiesta anual del Salón de la Fama del Beisbol Profesional Cubano que, a lo mejor, ni conocen.
      Tal vez habría que investigar qué creen que es patria y, sobre todo, lucha por la libertad de Cuba entre todos ellos, desde congresistas hasta activistas radiales y/o líderes de organizaciones anticastristas, a ver cuál es la razón por la que se interesan tanto en Pablo Milanes; mientras Marquetti se bandea a como le dé la gana en cualquier terreno de Miami, con una fiesta cada dos semanas y las glorias del beisbol cubano, las verdaderas, sin recuerdo ni reconocimiento ni en la cafetería del Versalles.
      El público de Marquetti y el otro “homenajeado” está asegurado, ese sí responde a los llamamientos de “reafirmación socialista”, aunque lo quieran disfrazar con el anuncio de los nombres de Mike de la Hoz, Tony Taylor o Casanova haciéndola pasar como muestra de que “lo político no se debe mezclar con el deporte”. Es el mismo público que no sería capaz de identificar al Haitiano González en una foto ni le es familiar su nombre, lo peor y motivo como para que se rechacen este tipo de actividades, es que tampoco le interesa.
       La provocación, a pesar de cuidarse para poder tomarle el pelo al incauto, siempre está ahí, como símbolo de lo que cree el organizador que es el beisbol cubano: “Pedro Luis Rodríguez, considerado el catcher más bateador de la pelota cubana de todos los tiempos…”, lo anterior que, además, compromete al ex pelotero con algo tan sagrado como la leyenda del besibol cubano de forma negativa, eso solamente, es la  advertencia sobre la peste que debería alejar del lugar a los cubanos decentes y patriotas, fanáticos o ex peloteros.
      El miembro de la Federación que haga acto de presencia allí debería ser reconsiderado como miembro y, si pertenece al Salón de la Fama del Beisbol Profesional, expulsarlo; si hubiera que crear un estatuto al efecto, que se cree; a fin de cuentas, la Confederación del Caribe, para invitar a la tiranía al evento, viola constantemente uno que impide la participación de países cuyos gobiernos efectúen intervención capital en sus campeonatos de beisbol.
      La atmósfera, tan peligrosa para la libertad de Cuba, exige medidas radicales de este tipo; o, en poco tiempo, no habrá espacio ni para la resignación.



Pedro Luis pago los platos rotos y es lastimoso

 

EL JUGADOR CUBANO DE LOS 60’S EN SERIES NACIONALES‏

 




Por Andrés Pascual

      La pelota de la década de los 60’s no era lo mejor que el público cubano podía disfrutar; porque los grandes peloteros criollos de la época estaban fuera de Cuba jugando como profesionales en diferentes circuitos del Béisbol Organizado; se incluyen en el grupo de peloteros de Grandes Ligas y Triple-A a varios que no se les conoció nacionalmente, de La Habana o del interior, porque nunca jugaron en el champion, como José Cardenal, Tito Fuentes, Tani Pérez, Tony Oliva… o como el catcher Paulino Casanova, que quedó en el círculo de espera del Almendares para batear como emergente, cuando Enrique Izquierdo se convirtió en el ultimo out de la gloriosa Liga Cubana.
       En el medio, muchos jugadores que tuvieron poco tiempo como miembros del róster de los 4 equipos el último ano de la Liga Invernal, por lo que el fanático no los vio desarrollar y, debido a eso, son poco conocidos: Luis Tiant, Novato del Ano pitcheando para los Leones del Habana; el pitcher zurdo Marcelino López, que tenía 17 años cuando lanzó para el Almendares en la última temporada 1960-61; Martin Rossell, infielder del Marianao; Ramón Villar, jardinero del Almendares; Ivan Davis, pitcher también de los Azules; Lorencito Fernández, Marianao; Oscarito Flores, Marianao; Maximo García, Lorenzo “Habichuelas” Gómez, José Arcia, Jacinto “Jackie” Hernández, Dagoberto Blanco “Campy” Campaneris, Aurelio Monteagudo…En La Habana fueron conocidos aquellos novatos por la pelota juvenil y en el interior en ligas populares, municipales; o en Pedro Betancourt.
      Estos, además de los consagrados como profesionales, en Liga Grande o no, eran la cantera del béisbol nacional más lo que apareciera con el paso de los años, desde 1961 hasta el presente.
      Sin embargo, cuando Castro obligó a las Series Nacionales, a las que se les pretendió imponer como “el mejor béisbol del mundo”, los jugadores que conformaron los iniciales cuatro equipos, eran muy pocos que no quisieron firmar como Mario González, Jorge Triguora y Mariano Alvarez, dentro de la mayoría que no se profesionalizaron, porque los scouts y entrenadores de la Liga Cubana y de los Cubans Sugar Kings, no les vieron las condiciones que la categoría exigía, entre estos, Miguel Cuevas, Daniel Hernández, J.J. Alvarez o Rolando “El Gallego” Valdés, que se probaron con los Cubans en Morón más de una vez y no recibieron ofertas de contrato; o como Raul “Guaguita” López, Antonio “Ñico” Jiménez, Urbano González, Pedro y Diwaldo Antón, Antonio “Chucho” Rubio, Isidro Borrego, Aquino Abreu y muchos otros, que se presentaron a las pruebas en el Cerro de los clubes del Champion más de 2 veces cada uno, amén de al Ferroviario a probar con los Azucareros de Bobby Maduro.
      En 1961, Cuba perdió la Serie Mundial Juvenil en el Cerro contra Méjico, después que Manolo Hurtado y Manuel “Amorós” Hernández rindieron faenas increíbles como pitchers.
     La Serie Mundial Juvenil que debió jugarse en Méjico en 1962, no se efectuó por lo de la Crisis de Octubre; pero  de la Nacional de la categoría, que se jugó en Las Villas, salieron peloteros como Justino Gavilán, Felix Smith y, sobre todo, Félix Isasi. A aquella nacional juvenil asistió, con solo 15 años, el pitcher pinareño Emilio Salgado, quien estaría en el equipo nacional en 1964 y 1965 que efectuó encuentros con una representación canadiense en Cuba y en Canadá, al lado de Armando y José Capiró, Fermín Laffita, Agustín Marquetti, Oscar Romero…
      A partir de la entrada de Félix Isasi y Rigoberto Rosique (Cuba juvenil 1961), con la adición posterior de los juveniles del 64 y 65 que jugaron la Serie Nacional de Segunda Categoría en Camaguey, es que comienza a fortalecerse el béisbol de Castro, al que también habría que añadirle a Julián Villar, a Silvio Montejo (Cuba juvenil 1961 como pitcher) y a los juveniles de 1966 que tampoco viajaron al exterior y que colocó en Series Nacionales a Wilfredo Sánchez, a José A. Huelga y a Rodolfo Puente, entre otros.
     Cuando se entró a 1969-70, con muy pocos descartes del profesionalismo activos, se pudo decir que se estaba en presencia del inicio de la cantera abortada por el castro-comunismo que, con clase y en cantidad relativamente interesante, alcanzó hasta finales de los 80’s.
      En las manos de Changa Mederos, de Capiró, de Legón, de Isasi, de Marquetti, de Roberto Valdés, de Puente, de Owen Blandino, de Oscar Romero, de Wilfredo, de Rosique, de Huelga, de Rolando Macías, de Lazaro Santana…estuvo la etapa de juego que continuó hasta 1989 que, acaso, pueda considerarse la única de real fuerza jugada en Cuba en todos los 47 años de beisbol castrocomunista.

 

LOS RECORDS O MIENTRAS MÁS AÑOS PASEN‏

 


Por Andrés Pascual

       Cuando Ted Williams bateó .406, en 1941, fue un acontecimiento. No hay dudas de que ese ha sido un guarismo respetable siempre; tanto que solo algunos, como por decreto divino, han podido lograrlo..
        Sin embargo, Bill Terry, inicialista de los Gigantes, había producido para .401 en 1931 y, entre 1920 y 1930, varios jugadores pudieron montarse en el difícil y hoy indomable potro.
         En 1920 George Sisler bateó .407 y en 1922 .420, dejando detrás el .401 de Ty Cobb y Roger Hornsby; en cuanto al Melocotón de Georgia, era la tercera vez que bateaba para el promedio. El Rajá de los Cardenales, en 1924 y 1925, masacró al pitcheo enemigo con .420 y .403.  Harry Heilman concluyó 1923 con .403.
         Una marca en el beisbol será capaz de monopolizar la atención del público y de los eruditos mientras más años pasen sin igualarse ni superarse.
          Cuando Williams bateó .406 solo hacía 10 años que Terry lo había hecho iniciando la década de los 30’s, precedida por otra en que se produjo sobre .400 seis veces.
           Pero el tiempo pasó y, 70 años después, es que se reconoce ese promedio como patrimonio de jugadores con habilidades excepcionales o fuera de lo común.
           Como que para los historiadores no cuenta el “por poco…”, se puede afirmar que Lefty O’Doul no pudo ingresar a Cooperstown; porque, en la campaña de 1929, se quedó corto por dos milésimas del .400 con .398, aunque ganó el champion bate jugando para los Filis de Filadelfia. Este jugador concluyó su carrera de 11 años con .357 y dos campeonatos de bateo; el otro, en 1932, con .368 mientras actuaba con los Dodgers de Brooklin.
           En 1968 Dennis McClain, del Detroit, se convirtió en el último serpentinero en ganar 30 ó más juegos en la Americana al concluir con 31-6 y 1.96, por tal razón, obtuvo el Cy Young y el MVP del joven circuito. Por su parte, Bob Gibson se adueñó de los dos mismos e importantes galardones al terminar la temporada ese propio año con 22-9 y 1.12 lanzando para los Cardenales en la que llaman “del pitcher”, porque Carl Yasterzenski terminó delante de los bateadores de la Americana con .301 y la ofensiva del circuito estuvo por el suelo.
           El último serpentinero que ganó 30 juegos en la Liga Nacional fue Dizzy Dean, de los Cardenales, cuando terminó 1934 con 30-7; 1935 lo concluyó con 28-12.
           Es decir, desde que Dean consiguió 3 decenas en el Viejo Circuito hasta los 31 de McClain en la Americana, pasaron 34 años, desde entonces a la fecha, 43.
           En el beisbol existen otras marcas personales de temporada sencilla que, salvo los 56 juegos seguidos bateando de hit de Dimaggio en 1941; o las de jonrones en diferentes etapas de la historia (las dos últimas, de McGwire y Bonds, sospechosas y desacreditables por el asunto esteroides) son tenidas muy poco en cuenta como hazañas de valor incalculable: Hugh Duffy bateó .438 con Boston LN en 1894; en 1930 Hack Wilson impulsó a 191 corredores embasados jugando para Filadelfia LN; Earl Webb, que jugo 7 temporadas y promedió .306, dio 67 dobles en 1931 con el Boston AL; Owen Wilson, con .269 en su carrera de 9 años con los Piratas, 36 triples en 1912 e Ichiro 262 hits en el 2002 con Seattle.
        En 1994, en Miami, con Cuqui Rojas presente, le pregunté a Willie Mays la razón por la que ni él ni Aaron ni Mantle ni Frank Robinson pertenecen al club “40-40”, inaugurado por Canseco en 1988 y con credenciales otorgadas posteriormente a Bonds y a Alex Rodríguez. Su respuesta, convincente, fue que, en aquella época y más atrás, esos guarismos no se tenían en cuenta como capaces de influir o decidir en la capacidad y el rendimiento de un jugador, por lo tanto, la prensa no los promocionaba como hazañas monumentales. En sentido general, aquellos peloteros eran completos y su único objetivo era ganar a cualquier precio.
         Yo le creí, porque ningún jugador de esta era es ni la chancleta del propio Mays, ¡Ninguno!
          En cuestión de 23 años se implantó e igualó dos veces el 40-40. Si aquellos jugadores como Mantle, Mays, Aaron o Frank Robinso hubieran tenido como objetivo esa meta, que nadie dude de que, posiblemente, fuera 50-50, por lo menos, la marca en la raya de llegada.
          Algo que nunca se puede dejar al margen: cualquiera de ellos ganaba menos que Alex Rodríguez cuando hace un swing ¡Uno solo!




 

 John Owen Wilson dio 36 triples en 1912

“MCGWIRE NO HUBIERA ENTRADO DE NINGUNA FORMA”, TIM KURJIAN‏

 

Por Andrés Pascual

       Como un slugger puro, pelotero unidimensional que “para muchos votantes no tiene méritos suficientes con esteroides o si ellos”, describe el cronista de Baseball Tonight y Sportscenter, ambos programas de ESPN, Tim Kurjian, la imposibilidad por la que Mark McGwire nunca hubiera sido seleccionado a Cooperstown.
       Esta declaración, para mí, es el voto de alguien autorizado por la clase profesional de las viejas glorias del pasado, más olvidadas mientras más años pasan; pero más inmensas cada día que transcurre al lado de estos jugadores de hoy, de mucho dinero y poca verguenza en el terreno. Y Kurjian tiene solo 52 años.
       Tengo que confesar que me regocijó la opinión del cronista, porque ya estaba dudando si debía creerme a mí mismo o considerarme unas de las “últimas bebidas en el desierto”…siempre un día tras otro es el mayor socorro posible.
       Hay un pelotero venerado por Ted Williams y Babe Ruth al que el artillero del Boston dedicó media vida buscando materiales, opiniones con ex compañeros del jugador…tratando de reivindicarlo, en igual medida que acusando de responsable del fraude de 1919, que transcurrió como el Escándalo de los Medias Negras, a Charles Comiskey.
        El pelotero en cuestión es Joe “Shoeless” Jackson, uno de los tres más completos de la historia y lo mejor de su generación, a quien se refirió el inmortal intermedista que fuera su compañero en el Chicago de 1919, Eddie Collins, así: “Ted Williams es la réplica de Shoeless”; a quien Babe Ruth responsabilizó con su éxito al bate con “me hizo bateador” y copió su swing y, Adolfo Luque, que lanzó contra él en 1919, le contestó la pregunta que sobre el jugador le hiciera el cronista Pedro Galiana en 1955 así: “Ningún jugador de hoy era como él, ni más completo ni más bateador, ni Mantle, ni Mays…sólo Williams bateaba igual”
        Jackson no podrá estar en Cooperstown y en aquella Serie Mundial no cometió errores y su producción al bate fue impresionante y efectiva. Mientras, por Pete Rose se mueve cielo y tierra para que le abran las puertas del Templo y, un día tras otro, hay que dispararse por lo menos 4 horas de The Hustler en cualquier programa americano de deportes ¿Por qué no se hace igual con Jackson? Tal vez sea tabú contar la clase única del jugador de antaño para continuar tomándole el pelo al público, que va reconociendo el estrepitoso fracaso de los batazos de 500 pies por el asunto esteroides y cosas por el estilo.
       Mark McGwire solo alcanzó al 23 % del voto ante un 75 obligatorio para poder ser elegido al Salón de la Fama, desde su primer intento en el 2007. Sus números generales en 16 temporadas son: 6187 veces al bate; 1167 anotadas; 1626 hits; 252 dobles; 6 triples; 583 jonrones; 1414 impulsadas; 1317 bases por bolas; 1596 ponches; .394 de promedio de embasamiento y .588 de slugging. Además, Mark fue Novato del Año en 1987, temporada en que dio 47 jonrones, la cantidad más alta para un debutante en la historia. Estuvo en 12 Juegos de Estrellas. Consiguió 3 Bates de Plata; en 10 oportunidades logró votos para JMV. Fildeó para .993
        El similar de McGwire en la era que ya puede considerarse “vieja”, está instalado en Cooperstown, es el recientemente fallecido Harmon Killebrew. Por supuesto, contra este inicialista-antesalista no se exponen criterios de veto, porque enfrentó un pitcheo que ni soñaron estos jugadores desde 1988 hasta hoy; además, jugaron un beisbol de menos equipos, de más pasión, de más vergüenza, de más clase y sobre todo, sin esteroides.
        Los guarismos generales de Killebrew en 22 años fueron: 8147 veces al bate; 1283 anotadas; 2086 hits; 290 dobles; 24 triples; 573 jonrones; 1584 impulsadas; 1559 bases por bolas; 1699 ponches; .376 de embasamiento; .509 de slugging. Ganó un JMV y estuvo otras onces en la votación, 7 de ellas entre los12 primeros. Asistió a 11 Juegos de Estrellas. Fildeó para .992
        Según el manual que utilizan los cronistas de beisbol para elegir a un jugador a Cooperstown, el proceso favorable se cumple si “da positivo” a la suma de integridad más carácter y rendimiento en el terreno. En la historia de las votaciones se han violado algunas veces uno que otro de estos aspectos; sin embargo, cuando Tim Kurjian hizo el comentario sobre Mak McGwire, hay que reconocer que hay jueces de hoy que están “en la jugada”.






--

 

¡ESA GUAYABA AQUI NO, POR FAVOR!

Por Andrés Pascual

       Una imprudencia, una irresponsable y peligrosa imprudencia es festejar que un jugador de pelota alcance una de las marcas consideradas de mayor cuantía en las grandes ligas “en su carrera profesional”; es decir, incluyendo hasta los placeres de su país…bastante tenemos con el pisoteo de los nombres legendarios sin sospechas, que impusieron sus números en la Serie Mundial a los que, todos los días, les escamotean su importancia histórica ante el jugador que los logró “en postemporada alargada por los playoff”, algunos con más de 4 veces las oportunidades de bateo y con el estimulo ajeno a la naturaleza humana que, mejor, ni recordar.
        Hace poco escuché en un show de ESPN en español la información de que Hideki Matsui logró el jonrón 500 de su “carrera profesional”. Con carácter serio, ¿Se le debe abrir espacio de alguna importancia a semejante “marca personal”? En Japón sí, no lo cuestiono…
         Voy a comenzar por reclamar respeto para los números que el nivel de Grandes Ligas han hecho históricos, capaces de poner en Cooperstown el nombre de un jugador que los logre en…las Grandes Ligas; aunque, cuando se decidieron a abrirle espacio a los negros en el Salón de la Fama, no se encontró mejor ataque a la política de segregación que manosear a cualquier hora los 800 jonrones de Josh Gibson y, posiblemente, los más de 600 juegos ganados por Paige, ambos dudosos, porque las ligas negras eran de calendarios muy cortos y el Chimpancé hubiera necesitado más de 30 años para lograrlos y no los 17 en que los consiguió. Además, esos guarismos contemplan las ligas del Caribe, la Mejicana y hasta el taco en una esquina de Washington Heights. Por lo que es una irreverencia cualquier homenaje al competidor que sobrepasó los moldes porque actuó en un nivel muy inferior en todo a las Ligas Mayores.
         Martín Dihigo, Conrado Marrero y Orlando Peña ganaron más de 300 juegos cada uno en su “carrera profesional” ¿Y qué?  ¿Quién lo pregona? ¿Cuántos lo saben?
          Durante la década de los veinte, hubo un pitcher del champion cubano, apodado “Ardilla” Morera, que tenía por costumbre viajar al interior de la República a reforzar equipos municipales de cualquier pueblo por 4 pesos; por regla general, llevaba a un outfielder al que apodaban Evangelio “El Maromero”, creo que de Arroyo Arenas o Artemisa, no recuerdo, como segundo refuerzo.
         El caso es que Evangelio, que se embasaba con frecuencia y corría mucho, cuando salía al robo de una base saltaba por encima del infielder que debía tocarlo, caía detrás y resultaba quieto. Jamás se convirtió en motivo folclórico del juego, como ocurrió con el famoso jonrón de 605 pies de Gibson en la Baulander de Santa Clara, que nadie vio; pero, si rueda por aquí con seguridad, es porque Charles Monfort alega haberlo medido con su padre; sin embargo, mucho después de conectado y llevando la cinta hasta donde algunos fanáticos calculaban que había caído.
          En el beisbol japonés es rutinario que triunfen descartes de las Grandes Ligas, peloteros que no pudieron imponerse aquí y se fueron rápido; o tan lesionados y envejecidos que, al perder sus facultades, nada tenían que hacer en este nivel: Maury Wills, Larry Doby, Zoilo Versalles, Alex Cabrera, Karim García, Orestes Destrades…eso debería ser el mejor referente para contener el aluvión de comentarios sobre los 868 jonrones de Sadaharu Oh.
          Los 500 jonrones, los 300 ganados, las 500 robadas, las 1500 ó más empujadas…deben ser motivo de festejos solo cuando se alcancen en las grandes ligas, cualquier otra recordación festinada ajena a los estadios de este nivel, no solo es una contaminación; sino una falta de respeto.


El barullo alrededor del bateo de Gibson es una falta de respeto

LOS ORIOLES, CASTRO Y UNA HISTORIA REPETIDA‏

Por Andrés Pascual

       Ni jugar ping pong ni jugar beisbol ni jugar “al taco” pueden provocar acercamientos diplomáticos ni relaciones entre dos países que reflejen el gastado “confianza mutua”; sin embargo, la proposición es vieja, el deporte, por ejemplo el balompié, se ha encargado de crear odios y hasta guerras entre algunos países y Centro y Suramérica han sido teatros de esa barbarie.
      En 1976, por poco los Yanquis juegan una serie de entrenamiento contra el equipo de Castro y contra los Dodgers de Los Angeles en La Habana; eran los inicios del pusilánime y consentidor Jimmy Carter al frente de este país…
      De que no fueran se encargó el Comisionado Bowie Kuhn, que autorizaba un All Stars contra el deseo del tirano, que quería a los Mulos en el Cerro para pisotearlos en pleno entrenamiento. Castro también puso su rúbrica en la suspensión de la seriecita al desembarcar sus mercenarios en Angola y reconocerlo abiertamente, a finales de 1975.
       Pero Pete Angelos, dueño de los Orioles de Baltimore y colaborador de alto voltaje del partido demócrata en Maryland, como parte de la idea febril clintoniana de “arreglar el potaje” con la dictadura cubana, llevó su club al Cerro y le prometió a Castro que “nunca firmaría a un cubano desertor”; sin embargo, Danny Báez estuvo en su rotación de pitcheo...
      ¡Lo que puede el tiempo! Es el mismo club que se negó a jugar en exhibición en la primavera de 1960 por el exceso de odio antiamericano; porque consideraron a Cuba como lugar de alta peligrosidad para la integridad física de los peloteros americanos, una idea razonable de acuerdo a las circunstancias. Los dueños del club de aquella temporada ya no están ahí; los jugadores que se opusieron al viaje, como Willy Miranda y Gus Triandos, un catcher que había jugado en el champion cubano invernal, tampoco están ahí; pero quien estableció los patrones de enfrentamiento contra Estados Unidos todavía está y alimentando, 50 años después, el mismo odio del primer día…Entonces, ¿Qué anda mal en estos tiempos sino la moral y la vergüenza de una parte importante de la sociedad estadounidense? Estos americanos no son ingenuos; son otra cosa impublicable…
      A la actuación del Baltimore en Cuba la acompañó, ayer, el empecinamiento enfermizo demócrata de “entrarle a Castro por cualquier hendija”, no para removerlo del poder, que sería lo justo; sino para dejarlo como capataz de una finca que si pretenden engullirse completa hoy y vaciar a Cuba a través de sus inversiones, que tendrían como beneficiarios principales a los hombres de empresa “liberales” pro Castro como Andreas, Soros, el clan Rockefeller y a la propia “nomenklatura”… Otra incursión del club en la hora actual, sería más de lo mismo. No hay otra intención detrás.
      A Castro no le interesa el beisbol, sino la propaganda y estas cosas son buenas, incluso, para poner en orden malestares dentro del país; porque si le mete dos juegos por la cabeza a un club mediocre y sin preparación, el fanático adiestrado de Cuba lo entenderá como “la recuperación” del trono que perdieron en fase de hazmerreír en varias competencias en los últimos anos, entonces volverían los lemas de “el mejor beisbol del mundo está en Cuba” y hará olvidar por dos horas a muchos cubanos “que no tienen algo que llevarse a la boca como alimento decente y necesario”… ¿Para que más pueden servir visitas como la  del Baltimore a La Habana?



 

ESA PELOTA TIENE CANCER‏

Por Andrés Pascual

      
      Los fracasos internacionales del equipo de Castro tienen muy preocupados a sus fanáticos allá y aquí.


Tres pitchers de Industriales, El Duque, Arocha y Lazaro Valle


  
Pedro Chávez jugó con Industriales

         Cuando concluyó el segundo experimento del mal llamado Clásico de Béisbol, fracaso absoluto e indigno de que se continúe, a bombo y platillo se anunciaron dos retiros de “abuelos sempiternos del equipo castrista”: Pedro Luis Lazo y Ariel Pestano, taponero y receptor regular, fueron entrevistados, destacados y, como a un barco sin timonel, despedido desde el puerto que es ese valle de lágrimas y frustraciones mal llamado béisbol cubano.
         Sin embargo, para el venidero campeonato mundial, aparecen en el entrenamiento y, una vez ahí, todo el mundo sabe que lo integrarán oficialmente.
         ¿Qué está ocurriendo en Cuba que no se pueden retirar dos viejos para el juego en un país que sus defensores son capaces de decir que es “un semillero de jugadores”? Sencillamente, que defienden el hoy recostados a la almohada de un ayer de más de medio siglo. En otras palabras, que en Cuba no hay peloteros; así de sencillo…
          Un ejemplo: Napoleón Reyes, el segunda base regular del equipo Cuba durante dos años del período de la Edad de Oro del amateurismo, saltó en 1941; pero Mario Fajo y Leandro Pazos hicieron olvidar al oriental que jugaba para la Universidad.
          Andrés Fleitas no solo era el catcher regular, sino un artillero que se desplazaba entre el tercero y el cuarto en el orden al bate de equipos Cuba, saltó en 1942; pero otros receptores ocuparon su puesto con resultados satisfactorios.
          El zurdo Agapito Mayor concurrió a los Juegos Centroamericanos de 1938, cuando terminaron, cambió el uniforme del 6to. Regimiento de la Liga Interfuerzas Armadas por el color azul del glorioso alacrán, lo mismo ocurrió con Roberto Ortiz.
          Entre 1938 y 1945 saltaron todos los grandes estrellas del pitcheo amateur de Cuba, el mejor del área y material de Grandes Ligas la mayoría: Adrián Zabala, Marrero, Moreno, Limonar, Consuegra, Natilla, Antonio Estrella, Isidoro León, Daniel Parra…Saltaron los shortstops, los outfielders, los intermedistas, los antesalistas…y se seguía ganando.
          Hay un problema, los únicos peloteros negros que engrosaban el equipo verdaderamente cubano y de aficionados, tenían que ser de la Liga Interfuerzas Armadas y eran seleccionados cuando la DGD se encargaba de confeccionarlo; entonces los únicos jugadores sepias fueron Carlos Colás, catcher, Rafael “Villa” Cabrera, catcher y outfielder y los jugadores de cuadro Pedro “Charolito” Orta y Catalino Ramos, los tres últimos de Pinar del Rio por el Regimiento 7mo; en 1945 integró el equipo un mulato muy claro de Regla, Huevito Rodríguez y otro negro, de Ranchuelo, Pablo García.
         Ningún jugador profesional de raza blanca integraba los equipos Cuba ni negro tampoco; así, ni Cocaína García ni Ramón Bragaña ni Brujo Rossell ni Silvio García ni Alejandro Crespo ni Pedro Pagés ni Claro Duany ni Héctor Rodríguez…podían soñar con integrar, por su status, un equipo nacional; tampoco Roberto Estalella ni Gilberto Torres ni Fermín Guerra ni René Monteagudo ni Tomás de la Cruz ni Salvador Hernández ni Santiaguito Ulrico ni Tony Castaño ni muchos blancos más; las estrellas del béisbol cubano profesional no podían ni soñar, en aquella época, con integrar un plantel aficionado para representar a Cuba; pero no se perdía y aún así, el “trabuco” del evento amateur era la selección cubana.
          ¿A qué se debía eso? Al desarrollo, a la masividad ya en la década de los 30’s que, en 1958, ponía sobre el terreno a 100,000 peloteros de todas las categorías en el país; como contrapartida, en 1985 solo 10,800 en toda Cuba y de una sola categoría ajustada: profesional de estado
          El estancamiento es otra cosa; es hacer perder facultades al jugador que las tiene al someterlo a un nivel poco competitivo, en el cual no se esforzará ni hará lo posible por aprender, porque no lo necesita para brillar.
         

El nivel de juego adecuado a sus condiciones deben llevar a Kendry al estrellato

       ¿Se puede comparar la cantidad de jugadores que han decidido convertirse en profesionales últimamente con todos aquellos que, en Cuba antes de Castro, no podían representar al país por su status profesional? Entonces, ¿Por qué no pueden ganar estos?
        Hay otro detalle: Pedro Ramos, Edmundo Amorós, Orlando Peña y Camilo Pascual, tres de los mejores pitchers cubanos de todos los tiempos y uno de los grandes outfielders, no jugaron amateurs, saltaron del placer o la pelota juvenil directo al profesionalismo, como Cisco Campos y Luis Tiant también.
        Hoy no ganan porque ya no hay cantera, no hay de donde sacar ni cómo hacer una pelota fuerte sin la competencia ni la participación profesional paralela al estilo de antes de 1960 que, como otro elemento de grandeza y superioridad, tiene los resultados en Series del Caribe. Hoy se lleva lo mejor del país y no se puede ganar; si hubiera que rotar un día a los jugadores, ¿Qué pasaría? ¿De dónde saldrían los 20 jugadores con los que tal vez se le pudiera ganar a Sierra Leona si se le ocurriera asistir a un tercer evento?
         En Cuba no hay voluntad ni interés en rescatar la fuerza y la trascendencia histórica del beisbol cubano, sencillamente, no hay como y, posiblemente, el castrocomunismo creó las bases del debilitamiento de la pelota con el fin de decepcionar al fanático para, cuando abandone el estadio en el número que ya deben tener calculado, dar por terminado ese capítulo costoso e ideológicamente peligroso contra el sistema en los tiempos que corren; lo que ya intentó en 5 oportunidades provocando las entregas de juegos por dinero de apostadores; sin embargo, un fanatismo sin otra opción de entretenimiento diurna o nocturna, se mantuvo obligado en el compromiso con el beisbol, a pesar de la corrupción del juego de tantos que nadie sabe cuántos fueron.
         ¿Sabrá algún bloguero, periodista o analista de nueva factura de aquí o de Cuba que en la Liga Cubana existía un club al cual una Organización de Grandes Ligas le enviaba sus jugadores jóvenes para corregirle defectos y que la opinión del dueño-manager decidía si el novato debutaba o no ese año en las Mayores? Incluso si se quedaba como miembro oficial de los  Cardenales de San Luis durante la temporada; o si lo invitaban al entrenamiento, la única opinión  válida era la del ex catcher cubano Miguel Angel González. ¿Conocen qué fue la Liga del Pasillo? ¿Sabrán que esa sección del estadio del Cerro, entre home y tercera, conocida como Liga del Pasillo y bautizada así por el legendario Malayo fue el factor determinante del dominio cubano de todos los torneos profesionales del área?.
          No es que los blogueros o los cronistas sean castro-comunistas ni malas personas, pero algunos sitios como COCO, con una batería de oficialistas que sí son malos y comunistas, están empleando lo que dicen los exiliados en sus blogs para justificar allá; en algunos casos he leído: “tomado de publicaciones amigas”, o “hermanas”.


Lazo y Pestano. Todavía no se van

            Entonces, observando el panorama actual del béisbol cubano, Lazo y Pestano no se podrán retirar sino hasta que Castro quiera; aunque si ganan este torneíto que viene ahora, montarán una fiesta más grande que la del 26 de julio; dirán que se superaron todos los problemas y los analistas, a disposición de la mentira para seguir confundiendo en medio del poco seso para ver las cosas, de un lado; o de su fanatismo por el castro-comunismo, del otro, se unirán a la celebración de plañideras en la cual las alabanzas, por exageradas, son la madre de la ridiculez. ¿Lo peor del caso? Que unos desfasados en cuanto a la historia del beisbol cubano crean, manejen y propagandicen lo que Castro y el Partido quieren que, en cuanto al béisbol, es que todo cubano allá o aquí, facturado y empaquetado por el castrismo, no solo crea que Linares y Marquetti eran mejores que Ted Williams, sino que la pelota la inventó el tirano-dictador hace 48 años. Por lo menos eso es lo que se lee entrelíneas que se pretende imponer…


Y, ¿HASTA CUANDO VAN A DEJAR LA HISTORIA SIN DESEMPOLVAR?

Periodismo es problema, el que no lo quiera entender, tiene que dejar la profesión, o meditar sobre su decisión a ‘entrar’ a ese mundo…

 

Hay normas clásicas inviolables como ‘lo objetivo’ y hay imposiciones de los dueños, sean ‘The Miami Herald’, el ‘Nuevo Herald’, ‘The New York Times’ o el ‘Granma’ para menos de 100,000 lectores de la Cuba castrocomunista.

 

El periodismo liberal americano maneja a su favor la condescendencia, que no es más que contentar, con posiciones de factura comprometida y cobarde, muy ajenas a su verdadera esencia, a un importante sector de ‘iguales’.

 

Muchos  fanáticos cubanos de boxeo de factura castrista no simpatizarán con usted nunca si no les dice, abierta o sugeridamente, que Gamboa es mejor que Manny Pacquiao (o que a los grandes estrellas del pasado pugílistico nacional, a las que ni conoce ni le interesa conocer); o que los ‘trainers’ de hoy son superiores a los que hicieron a aquellas maravillas de antaño, reconocidas y respetadas en todos los países de Occidente. Son gente que les arrancaron involuntariamente su pasado; pero no tienen como compromiso personal rescatarlo como parte de la recuperación de su propia identidad.

 

Lo que les interesa es que “el boxeo cubano de hoy es superior al de ayer” y, allá va, como patada de ahogado, la cantaleta de las medallas que, a los ojos del profesionalismo, no tienen valor; porque, por ejemplo, un venezolano, un mexicano, un dominicano, un argentino…no sabe quién fue Samuel Belford, pero le podrá dar una cátedra sobre Jose Legrá.  

 

El amateurismo, en el mundo libre y democrático, solo tiene valor como vitrina de sus facultades para un circuito de mucha más clase, de mucha más responsabilidad personal y dedicación y de verdadera fuente de vida con ingresos que solo se pueden calcular en la manera como se aplique el peleador.

 

Entonces, a muchos cubanos de estos tiempos hay que convencerlos de que son ‘paisanos’ del cubano de ayer; pero hay que lograr que conozcan esa historia, que tengan una respuesta más realista cada vez que alguien, de otra nacionalidad, exprese que “lo de ustedes es en lo amateur”, dicho con desprecio y para lo que las medallas olímpicas no son suficientes como alternativa.

 

No, hay que saber, para poder ripostar, que ‘Mantequilla’ Nápoles, de la misma provincia de Stevenson, no logró ser el primer triple campeón de la historia latinoamericana, porque un campeón boricua, Carlos Ortíz, y otro italiano, Sandro Lopopolo, no le dieron oportunidad por miedo al cubanomexicano; pero, a pesar de eso, nadie puede quitarle el número 3 en el escalafón de los wélters del siglo pasado, según ‘The Ring’, ni de haber sido la primera cara hispana en ese ‘magazine’. Ni a los paisanos de Adolfo Horta, que Kid Gavilán y Luis Manuel Rodríguez estén bien posicionados en el histórico escalafón de las 147 1/2.

 

Muchos cubanos quieren que se escriba que Horta es superior a tres verdaderas maravillas del boxeo moderno a porque sí…Y eso no puede ser, porque no es verdad: Horta no fue como aquellos por muchas razones que no vale la pena comentar aquí.

 

¿Cuántos medios de información de Miami le brindan tiempo y espacio a la obligatoria reseña permanente de la gloriosa historia del beisbol y el boxeo cubano? En honor a la verdad, ‘La Voz de Miami Beach’, con Antonio Purriños y Melchor García; Libre, por mediación de Roberto Luque EscalonaPepe ‘Chamby’ Campos, en La Poderosa y el ‘DIARIO LAS AMÉRICAS’, conmigo.    

 

El empeño es en vano si no se lee o escucha con afán de conocer en vez de confrontar, que es el dilema que diferencia a muchos cubanos que se afectaron de un triunfalismo malsano, impropio e inaceptable, cuando de asuntos de Cuba se trate, de allá para acá.

 

El peor bochorno deportivo de la historia moderna americana, rezago del concepto esclavista que aplicaron los países del Pacto de Varsovia en su órbita, es la sostenida ‘barrera política’ contra el atleta cubano del boxeo y el béisbol, que les impide ser dueños de la capacidad de ‘ser humano’, al impedirles jugar o actuar profesionalmente; es decir, de pensar y actuar con soberanía, por tal razón, es más criminal e injusta que la barrera racial contra jugadores negros del siglo pasado.

 

Los negros de ninguna nacionalidad podían jugar en Grandes Ligas, pero nadie les impedía asistir a cualquier país en donde les pagaran por su juego; de hecho, Satchel Paige ganaba más de 40,000 anuales y tenía su propio avión, tampoco se les privó de fundar el circuito sepia, organizado en 1920.

 

Muchos equipos de Ligas Negras utilizaban los estadios de Grandes Ligas, como el ‘Homestead Gray’ el de los Senadores de Washington; los ‘New York Cubans’ a ‘Polo Grounds’; o los ‘Black Yanquis’ al Yanqui Estadio…vamos, que nadie puede comparar lo que se hace contra el pelotero cubano en Cuba con lo que ocurrió durante la barrera racial: ningún jugador negro estadounidense fue preso porque se dirigió a Cuba a jugar con el Almendares o al revés ni se le declaraba ‘no persona’ si se conocía el intento… Ni en sueños es la barrera racial del nivel de apartheid de la política que aplica la tiranía hasta con amenazas de no permitirles regresar nunca a Cuba por la decisión de ser libres y soberanos.

 

A través de trasnochados e intragables editoriales de decisión de gobierno conocidas como ‘Reflexiones’, se plantea la vieja política segregacionista del comunismo, que aún sobrevive gracias al apoyo de medio mundo por circunstancias de compatibilidad ideológica; o, del otro medio, por intereses puramente oportunistas de índole antiamericana.

 

Yo he hecho campaña contra esa barrera en prensa, en radio…yo solicito que se escriba, que se le dirija una queja permanente a todos los organismos de prensa, radio y televisión de Miami y de fuera;  a los conciertos políticos de los comelones del festín sostenido que tienen como plato de primera, de valor incalculable, a la República de Cuba.

 

Si el mundo apoya a Castro y vira la cabeza hacia el otro lado cada vez que escucha la frase, ‘libertad para Cuba’, que incluye al béisbol y al boxeo, que la demanda popular no les permita dormir como socios en ese asqueroso contubernio criminal. A ninguno.

 

Dihigo jugó donde le dio la gana y apoyo la abolición del profesionalismo

 

 

 

¿A QUIEN LE IMPORTA ESE JUEGO HOY EN DIA?

Por Andrés Pascual

       El Juego de las Estrellas le importa poco a los jugadores establecidos de hoy, como Dereck Jeter, que no va a estar ahí con sus más de 3,000 hits; o como a Josh Beckett, que el Bostón informó que “está en duda su participación”.
       Alex Rodríguez tiene un desgarramiento en el menisco…en los últimos 20 años, o la Liga Nacional o la Americana, han iniciado sin el pitcher elegido como # 1 alguna vez, ahora mismo, recuerdo a Gregg Madduxx…
       A la hora de hablar de récordes o de actuaciones dignas de tenerse en cuenta como difíciles de romper o de igualar, casi siempre viene al caso la racha de juegos seguidos bateando de hit de Joe Dimaggio o el último promedio de .400 de Ted Williams (ambos en 1941) que, en realidad, son más monumentales e imponentes a medida que pasa el tiempo.
       El Juego de las Estrellas, esa fiesta que algunos llaman Clásico de Verano, tiene más de 75 años de vida: el 1ero. se efectuó en Comiskey Park, Liga Americana, en 1933 y se convirtió en leyenda más que por ser el primero, porque el pitcher de los Gigantes, Carl Hubbell, Rey del Tirabuzón, ponchó consecutivamente a Lou Gerigh, a Babe Ruth, a Jimmie Foxx, a Al Simmons y a Joe Cronin, todos, como el propio lanzador, inquilinos de Cooperstown.
       Antes era un verdadero honor ser elegido y, yo no sé por qué, estaban allí “a la hora señalada”, sin excusas ni pretextos.
       En 1945 se canceló por problemas con el transporte y, en 1961, en Fenway Park, se concluyó empatado por la lluvia en 9 entradas; pero en el 2002, por orden del Comisionado, el encuentro se convirtió en algo sin sentido de la competencia cuando, al vaciarse los bullpens de ambos clubes, se decretó blackout en el onceno.
        Para estimularlo, impusieron desde el 2003 la ventaja como sede de apertura de la Serie Mundial a la liga que gane el juego de estrellas; antes era alternativa.
       Desde 1985  se celebra la competencia de jonrones el día previo al partido.
       Nadie puede dudar que hoy se gastan el dinero en festejos fastuosos; que esos dos ó tres días son parte de la memoria permanente de quien los viva y disfrute…Es la verdadera aplicación del concepto de Bill Veek de que “cada fanático un rey, cada juego un carnaval”.
       Los jugadores bisoños de hoy, de primer año, se fascinan; o aquellos que saben que fue un milagro de la Providencia que estuvieran en racha en junio y se les seleccionara. Antes, para Williams fue un acontecimiento de “niño con juguete nuevo” y para Musial, Aaron, Mays…año tras año.
        En esta era (nadie me puede convencer de que esté equivocado), para los superpeloteros de esteroides y HGH, de mucho dinero y poco alma; de absoluto irrespeto por el público, en especial por los niños que los adoran, el juego de estrellas debe ser como una especie de pesadilla de media temporada; a fin de cuentas, “no da dinero” y hay que lidiar con “ese público antipático” y con la prensa con cara hipócrita de buena gente.
         Revise cuántos jugadores iniciaron la temporada en lista de enfermos y a cuántos han ido adicionando o recayendo en la lesión hasta hoy; a pesar de las dietas, de los sistemas de preparación, de spikes que se “agarran” más al terreno y de terrenos-platos que ni piedras tienen; a pesar de que un outfielder se desliza desde el left hasta el center con el pecho y no se corta ni se hinca; a pesar de que las cercas son más mullidas que un colchón King de jet-set. A pesar de todo se lesionan en cantidades más que sospechosas… ¿Por qué ocurre eso hoy?
         Pero le voy a apostar algo, ¿A que el martes no se lesionará ninguno? Esto, todo, alrededor del Juego de las Estrellas, es un relajo sin forma humana de que se pueda imponer el concepto de responsabilidad individual sobre los jugadores que deben asistir por voto fanático.
         Al principio me referí a los llamados récordes difíciles o inalcanzables que quedan, de 60 ó más años de duración, a los que les incluyo las 191 carreras impulsadas de Hack Wilson en 1930.
          Sin embargo, los 24 juegos de estrellas jugados por Stan Musial y sus 6 jonrones en este tipo de encuentro son, sobre todo la primera, las marcas más difíciles de romper que tiene el beisbol; porque, con el asco que sienten los peloteros modernos por el evento, dudo mucho que ninguno alcance a jugar en 15.





  Ya no hay jugadores ni de la moral ni de la clase de estos

 

LAMENTOS INUTILES Y QUEJAS INOPERANTES‏

Por Andrés Pascual

      Una de las “cosas” de Castro que ven con más brillo de “estadista” los cronistas deportivos de izquierda, americanos y hispanos, es “el desmedido amor por el deporte” y, especialmente, por el beisbol, disciplina en la que, según un sinfín de “especialistas” de la gran prensa americana, “casi tenía más condiciones que Bob Feller”.
       Y yo no sé cómo esta mano de simpatizantes del castrismo a la distancia no han rectificado esa sarta de mentiras, tomando como ejemplo al propio tirano y a los plumíferos de los escuálidos pocos medios de la Isla: Castro jamás ha dicho ni escrito que jugó pelota ni ha permitido que sus esclavos de su prensa lo digan, porque no quiere verse envuelto en una mentira que no es de su propiedad y, por acá, siguen y siguen y siguen…
       La pelota la aman los Bush, padre e hijo y hasta fueron propietarios de los Texas Rangers durante un tiempo; no la ama ni la respeta Obama, que le gustan el básquet y el balompié y permitió que se retrasara el inicio del primer juego de una Serie Mundial para colocar un anuncio de campaña política; además, con eso demostró que respeta menos al fanático.
       En 1974, el tirano cubano inauguró la era de los Campeonatos Mundiales de Boxeo Amateur al solicitar y recibir para La Habana la sede del primero. La “palabra de orden”, tarea de “contingencia” de todo el pueblo habanero, entusiasta y fervoroso, fue asegurar totalmente, sin excusas ni pretextos, el “éxito del evento”.
       Parte de ese “triunfo” fue pagar todos los gastos, incluyendo pasaje, de los países “pobres y sometidos”, por ejemplo, los africanos.
       Más del 85 % de los participantes eran pobres, pero, los africanos, de vida gregaria y casi salvaje, sin conocimientos sobre confort o artículos de necesidad y uso rutinario.
       Pero la dictadura les tenía preparada una gran sorpresa, un momento que, algunos, tal vez lo vivieron esa vez y ni en fotos volvieron a relacionarlo: el gran hotel Havana Hilton, que en 1965 pasaría a manos de sus empleados por un contrato que los hacía propietarios colectivos del negocio, abría de par en par sus puertas para una multitud que jamás había defecado en una taza; entonces se tomaron el agua y hacían la necesidad en el piso, se limpiaban con las manos y estas en las paredes; dormían en el suelo con las cortinas como frazadas; apagaban la luz rompiendo el foco, porque nunca habían manipulado un interruptor; se llevaron los grifos de agua y destrozaron los espejos para llevarse un pedazo…
      A pesar de que Castro siempre ha sido un estúpido en cosas dignas de inteligencia, no entregó el hotel insignia de la república para que lo destruyeran ni por error ni por tonto ni por apasionado del deporte; sino como un acto proselitista ideológico, que pretendía imponerles a ese grupo de casi salvajes la idea de que solo con el sistema comunista podía, gente tan pobre y tan poco educada, vacacionar en un resort de lujo del antiguo jet-set cubano y mundial.
      Acaban de enviar otro jugador “libre” al mundo de “la pelota esclava”, desde Cuba me informaron que al tipo lo fue a recoger un taxi y, con su madre, delante de todo el pueblo de Campechuela, los llevaron hasta una playa desde donde viajó, posiblemente, a República Dominicana.
      Los únicos jugadores que no están disponibles para el Beisbol Organizado allá son los que utilizan como voceros de la dictadura, por eso se ve poco que le pregunten a los nuevos peloteros sobre el compromiso político individual que, aparentemente, dejaron para los retirados como Pedro Luis Lazo; los que nunca se podrán retirar porque no confían en el relevo, como Ariel Pestano; o los muy comprometidos, con el padre acusado por una agresión a Rafael Avila en Venezuela, como Lourdes Gourriell. Por lo demás, hasta el gato Pancho, en boxeo y en pelota, viene para acá, que para eso tienen sus representantes aquí, a los que prepararon como “agentes” y a algún que otro pseudo cronista deportivo, más la cadena de televisión (Mega TV) que se encarga de “presentarlos en sociedad”.
      Chapman mantuvo su pasaporte después que se “fugó incluso; integró el equipo de Castro luego de ser vigilado como posible “desertor”; Maya cayó preso hoy en Pinar del Río y pasado mañana se estaba comiendo un taco en Cancún… pero, ¿A quiénes creen que engañan, allá y aquí?
      La pelota de Castro no la van a arreglar, la van a dejar extinguirse entre lamentos falsos y tibias quejas de los dolientes, que debieron ser, de forma enérgica, en 1960-61-62. Hoy ni vale la pena ni surten efecto, porque (hay que leer los panfletos y los discursos de Raúl), ya se refirió a los problemas que ellos mismos le crearon al antiguo pasatiempo nacional con el objetivo de destruirlo: “DE AHORA EN ADELANTE, SE LE DARA PRIORIDAD AL DEPORTE SOCIAL, NO AL DE ALTO RENDIMIENTO”; o sea, a los fisminutos y ese tipo de actividades.
       Ellos saben que una vez quitaron a Cuqui Rojas y pusieron a Isasi y no pasó nada, ya impusieron el balompié y tampoco va a suceder. A lo más que se puede llegar es a avizorar que, en 10 ó 15 años, un individuo recuerde con otro: “cuando aquí se jugaba beisbol.. ¿Te acuerdas Pedro?” y chirrín chirrán.
     
      

Cuqui Rojas

DISCIPLINA Y HOMBRES FUERTES EN EL BEISBOL‏


Por Andrés Pascual

       Al margen de que, para poder salir de una racha de juegos perdidos nunca se ha botado ni a uno ni a dos ni a veintidós jugadores, sino al manager, hay que analizar que, a veces, la blandenguería, el paisanismo o cualquier otro tipo de “ismo” tolerante, puede ser la causa del derrumbe de un club.
       Por ejemplo, sin esconderse, a puertas y ventanas abiertas, tal vez porque creyó lo que escribían sobre él algunos cronistas hispanos borrachos del peligroso protagonismo regionalista, Omar Minaya se constituyó en la más formidable 5ta columna de los Mets de Nueva York; su aparente única preocupación fue competir con aquel Pittsburg de principios de los 70’s que salieron al terreno, un solo día, con una alineación de jugadores negros.
      El horizonte del dominicano era más amplio: no un line-up, sino un club “latino” completo. Para tan “progresista” idea, daba lo mismo un jugador hispano, preferentemente boricua o dominicano cojo, que un manco, que otro anciano, que alguien a quien le quedaran 2 días de aceptable rendimiento y sobre todo, acostumbrar “al nuestro”, “al hermano latino”, porque, a fin de cuentas “somos uno”, a la vagancia, a la apatía, al desgano y a la más inaceptable falta de respeto posible al público…si el americano se molestaba, bueno, era su problema y David Wright cayó afectado por la irresponsabilidad y la inefectividad asfixió su desempeño considerablemente.
      Entonces botaron a Minaya y contrataron a Alderson, que tuvo que enfrentar una casi conspiración de algunos como Reyes y Beltrán, que no se resignaban a perder el beneficio de hacer lo que les diera la gana y aguantaron el juego y tuvo que intervenir el dueño y hablar duro, con amenazas… que todo esto fue verdad lo refleja el cambio de actitud en esos dos jugadores y en otros.
       En los Marlins ocurrió igual con Hanley Ramírez y Edwin Rodríguez: el shortstop tenía vía libre para jugar como quisiera y, como lo que le interesaba era el salario, con un manager consentidor, pues, a vivir la vida tipo resort, sin muchas complicaciones ni responsabilidades… ¿El promedio? Si tiene permiso, especie de patente de corso en la relación entre “buenos socios” manager-jugador, ¿A quién le importa? ¿Que el equipo no gana? no te preocupes, que la epidemia del bajo rendimiento se expandirá a otros jugadores que se van a afectar por lo que se le permite a alguien y la culpa será colectiva y de todos los departamentos.
      La llegada de Jack McKeon y el jarabito de “o te compones o vamos a ver” que le dio a Hanley Ramírez y la recuperación paulatina de su juego, que se supone que sea el de una estrella, que justifique su salario, no dejan margen a dudas.
      Ahora, todo es posible por el “desarrollo y las concesiones del entorno laboral de hoy”: la agencia libre, el Sindicato, el contrato a largo plazo, la obligada colocación de gente poco eficiente y de carácter ajustado a patrones inaceptables para el cargo por lo del “cupo de las minorías” y, sobre todo, porque las oficinas de las Mayores no aguantan más desmoralización. Así de sencillo.


 Reyes y Beltrán, “más tranquilos que estate quieto”

 

NO SE VAYAN, QUE ESTO SE PONE BUENO…

 

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com
Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.La frase con que titulé este artículo es de marca registrada: la decía Buck Canel cada séptima entrada de cada juego que narrara para poner el encuentro a tono con la tradición americana de que el séptimo episodio es el “de la suerte”; o, en inglés, “el lucky seven”…en resumen, la interpretación correcta seria a lo Johnny Carson: “no se vayan que hay más…”
El caso de las sustancias de crecimiento es ambivalente: de una parte, lo que vaya apareciendo; de la otra, aparenta que hay quienes no quieren cerrar el capítulo. Posiblemente, ni en el 7mo. inning de este juego estemos, entonces lo que vale es la posición del más grande filósofo italoamericano que el beisbol haya producido: “el juego termina cuando termine…” Yogi Berra.
Donde el derecho constitucional no está estructurado para aplastar objetivos de interés, como en este país, en el que todo está “regulado” por más leyes que todas las del resto del mundo desde que se instauró el Derecho Romano, se utilizan frases para no ofender a un delincuente al que todavía no se le han podido establecer acusaciones relacionadas con el acto: “persona de interés…”, “se quiere conversar con…” A veces el tipo mató a la mujer; pero el cadáver no ha aparecido aún y no aparece todavía el arma homicida y, aunque 45 personas lo vieron, no se puede acusar…así es este país y yo no sé si grande o enano por tales formas de actuar, pero es así.
Los Yanquis creían que iban a gozar de un entrenamiento sin diversión alrededor de Alex Rodríguez: ya declaró bajo presión que había utilizado sustancias prohibidas, ¿Que más quiere el público? Bueno, el público no quiere algo más allá que ese harakiri de moral que se practicó, de hecho le perdonó y posiblemente nunca lo apartó como germen de una bacteria mortal para lo que una vez fue el pasatiempo nacional; pero están las leyes, las instancias que deciden más que la preferencia popular por un atleta ¿que es bueno o que es malo? incluso, quien puede ser culpable o inocente ante evidencias y, si bien no acusa muchas veces, pone en sobresalto la normalidad vital de un individuo al incluirlo en el proceso de Alex Rodríguez y su famoso giro del bate.investigaciones como “persona de interés”
Y Alex Rodríguez acaba de ser considerado en el rango de “persona de interés” ante la novísima investigación relacionada con el médico canadiense Tony Galea que involucra, entre otros, a Tiger Woods y al torpedero de los Mets de Nueva York José Reyes; a mi modo de ver y con una frase costumbrista muy utilizada en Cuba cuando se quiere establecer un grado de culpabilidad: “si no mato la vaca, le sujeto una pata…”
El problema es un medicamento hecho a base de plaquetas sanguíneas que también tiene un toque de sangre de becerros que se extrae de la pantorrilla de un atleta lesionado y se inyecta de vuelta luego de centrifugarla, según dicen y han comprobado, funciona ¿“mágicamente”? en la recuperación de lesiones. Esto también es una sustancia prohibida para los deportes.
Mickey Mantle, siempre padeció de piernas lesionadas.El ambiente aparenta una renuencia de instancias oficiales a aceptar cualquier cosa que mejore el rendimiento atlético y la recuperación de las lesiones; unas veces porque afecte la salud del usuario; otras porque afecte la salud de la historia, que también cuenta; o, ¿Qué hubiera pasado si Mickey Mantle hubiese tenido acceso desde 1951 a esta sustancia? Posiblemente su total de jonrones no estuviera en 536, ni fueran 18 los que conectó en Series Mundiales… ¿Qué hubiera pasado con Sandy Koufax? Estas son suposiciones dignas de tomarse en cuenta en niveles de importancia aunque al fanático de hoy les disguste que “les desvistan sus santos-héroes”, a fin de cuentas, son “héroes con pies de barro”
Sandy Koufax acompañado de René Cárdenas en Dodger StadiumEl contubernio de los dueños, la Asociación de Jugadores y las oficinas del Comisionado sacrificando la limpieza del deporte por la suciedad que produce el dinero indigno y mal habido, como robado, han posibilitado semejante sacrilegio.
Cuatro acusaciones pesan sobre Galea y hay un agravante que consiste en que Mary Anne Catalona, sus asistente, fue pescada en la frontera con, entre otras cosas, HGH en su poder…
Aparentemente los Yanquis, los Mets y quién sabe cuantos más van a tener no solo un entrenamiento “divertido” en los dos sentidos del término, sino que pudiera extenderse algo más allá del primer día oficial de la temporada.
Que nadie lo dude, por reflejos, por apariciones sistemáticas de pruebas condenatorias, el asunto de las sustancias prohibidas parece que solo está comenzando.

 

HUGHIE JENNINGS, REY DEL PELOTAZO RECIBIDO‏

Por Andrés Pascual

       De tanto escuchar y leer en Cuba sobre los “bolazos”, intencionales o no, de que era víctima Orestes Miñoso, muchos de mi generación y anteriores, tal vez crean que el Idolo del Perico es el máximo líder de la dolorosa casilla en Grandes Ligas.
        El outfielder del Chicago White Sox fue una invitación al pitcheo adentro para separarlo, por su forma de pararse en el plato completamente inclinado sobre este.
         Algunos jugadores de su época, como Orlando Peña, me han dicho que la revancha del matancero contra al pitcher que lo “tumbara”, era buscar el pelotazo, en el momento de mayor compromiso, con hombres en peligrosa posición anotadora.
          Pero los “bean balls”, los intencionales y con instinto homicida, tirados a zonas complejas como el costillar y la cabeza, son realmente peligrosos: al propio Miñoso, en la campaña de 1954, el pitcher de los Yanquis, Bob Grim, le dio cerca de la sién y le envió al hospital por varias semanas. Sin embargo, en esta época (en que los pitchers no tienen la clase de aquellos; pero si más velocidad), tiran a dar con más frecuencia que cuando los clubes eran solo 8 por liga y la encomienda del monticulista impedir que los corredores se embasaran. La rutina actual, por el bean ball o por la base por bolas, es un relajo y ni qué decir del wild pitch, a 2 metros del catcher y a 98 m/h. con corredor en tercera.
          Miñoso lideró la Liga Americana 10 veces en pelotazos recibidos y su gran total fue de 192 en 17 años, con un máximo de 23 en 1956.
          El 5to en mayor número recibido es el catcher Jason Kendall con 254 y un año de liderazgo.
          El 4to el ex bateador designado, inicialista y jardinero Don Baylor, que aguantó 267 pelotas en su anatomía con 8 liderazgos.
          El 3ero, un jugador pionero que jugó para varios clubes en el período 1887-1899, Tommy Tucker, que fue golpeado 272 veces y acaparó 5 veces el desagradable primer lugar.
           Con el tremendísimo Craig Biggio, seguro Hall of Famer, las hienas del box se ensañaron la friolera de 285 veces, con 5 temporadas como primer objetivo en la vanguardia.
            Pero es Hughie Jennings, un primera base que pertenece a Cooperstown, que jugó para varios clubes en 17 años de labor entre 1891-1918, el que lidera la casilla de golpeados por lanzamientos con 287 y cinco temporadas como puntero.
             Jennings bateó .312 de promedio general y, en 1896, lo hizo para .401, medía 5’8 y pesaba 165 en forma, era derecho para batear y para tirar. Jugó todo el infield y el outfield.
             Es el único que haya recibido más de 40 pelotazos en tres campañas con el récord de 51 en 1896; porque Ron Hunt, un infielder entre 1963-1974, fue golpeado 50 veces en 1971 y acumuló 243 y 7 liderazgos.



  Hughie Jennings hizo del dolor un arte      

HABLA “CONSTANCIA” FLEITAS SOBRE COCAÍNA Y EL PREMIER‏


Por Andrés Pascual

      Lo voy a repetir ¿Cómo fue posible que, formando parte del homenaje a Conrado Marrero por su centenario, nadie tuviera en cuenta a la única voz autorizada sobre el Guajiro en existencia? Porque en ninguna emisora radial, en ningún programa televisivo y solo en el Diario las Américas, referencia mía, se mencionó algo del rico anecdotario de la leyenda del Hershey y del Almendares, el catcher tan inmortal para Cuba como el pitcher del control milimétrico y el lanzamiento que rompía hacia arriba, Andrés Fleitas?
       Fleitas es una enciclopedia, nadie puede investigar sobre el beisbol cubano y dejarlo fuera como fuente de primerísima mano, igual que hasta principios de los 90’s con Rodolfo Fernández y, durante toda esa década, con Agapito Mayor, Jorge Comellas y varios más, lamentablemente fallecidos.
       Sin embargo, la diferencia entre Andrés y el resto acerca de Marrero, sobre sus inicios como pitcher, sobre sus lanzamientos embrujados es que nadie puede disertar igual que el hombre que le recibió “desde que se bajó de aquella mulita en Sagua la Grande, caminó hacia el box y dejó un juego empatado a cero contra la “Casa Stany”, la novenita que después se convirtió en el temido club Cienfuegos del circuito unionista. A partir de ese domingo, el club de la Perla del Sur contrató por 25 pesos por función (como regalía), al pitcher, cantidad que creció a 50.
       Si con 25 “me compro una vaquita”, como le decía Marrero a Fleitas, pues con 50 se compraba dos y, a mediados de los 40’s, cuando decidió saltar, ni se moría de hambre ni podía considerársele pobre en ninguna categoría: era un guajiro que comenzaba a “potentarse”.
       Según Titi Fleitas, al principio y hasta que no triunfó en los profesionales, Marrero fue un pitcher con poca seguridad en sí mismo, que no se consideraba capaz “de sacar un out” en el circuito rentado y que, en una oportunidad, le preguntó su opinión al catcher sobre su desempeño; después que le dijo “que era inteligente”, el Premier le contestó “bueno, eso es verdad…”; pero su recta, con poco extra, rompía hacia arriba y el slider incómodo y lanzado con el control más exacto que jamás tuvo algún pitcher en Cuba, era veneno.
       Entre las cosas interesantes que me ha contado Fleitas sobre Conrado Marrero, que casi nadie conoce, está la de que al Premier le recibía bolas como calentamiento del brazo una hermana, en su casa y a diario.
       Nadie puede escribir sobre Marrero, mucho menos los que nunca le vimos jugar, y dejar fuera la única opinión autorizada sobre el tema, la de Andrés Fleitas, su catcher en tantas contiendas memorables desde Series Mundiales Amateurs hasta el Champion Cubano de Invierno.
        Fleitas, el hombre que considera a Cocaína García como el mejor zurdo cubano de todos los tiempos, porque ganó más de 250 juegos en su carrera profesional, que debutó en Venezuela con un no hit no run y bateo perfecto de 6-6; el mismo que, cuando no pitcheaba con el Santa Clara de Emilio de Armas, ocupaba un jardín y bateaba cuarto por encima de Dihigo y de todos los estrellas sepias americanas que importaba el club.
        Sí, Manuel “Cocaína” García, que endrogaba a los bateadores en 1928-46, según Andrés, con “la bola empalmada”; esa que, para los cronistas que no tienen en cuenta a Fleitas, dicen que es “de los 70’s o los 80’s.


 Fleitas, una autoridad insoslayable.

Walker fue el primer negro en jugar ahi

Por Andrés Pascual
       El caso Jackie Robinson es un acontecimiento verdaderamente político y ni la prensa ni el público americano se cansan de hablar ni de ver en viejos materiales fílmicos ni de escribir sobre el mismo.       Ya no hay algo más que decir sobre el hombre que utilizaron “El Gran Innovador del Beisbol”, Branch Rickey y la Organización de los Dodgers del Brooklin para imponer al jugador negro en el circuito blanco, con lo que se conoce como “el derribo de la barrera racial”.      Entonces el ex All Around de UCLA se convirtió en un ícono de la política de los tiempos modernos sin que ningún partido tradicional pueda utilizar argumentos en su contra como arma de campaña, máxime cuando el Hall Of Famer fue veterano de la Segunda Guerra Mundial y, al pricipio de la contienda en Corea, en 1950, leyó, para la audiencia juvenil nacional, una carta en la que explicaba las razones de  esa confrontación como necesaria a la supervivencia de la democracia y el Mundo Libre.        Robinson fue un buen pelotero, pero por sus números nunca hubiera podido ser elegido a Cooperstown; aunque a su favor cuenta que llegó tarde al beisbol de Grandes Ligas, sin embargo, eso ocurrió con Paige, con Miñoso, con Willard Brown, con Luke Easter, con Talúa Dandridge o con Monte Irving.       La elección de Jackie Robinson al Salón de la Fama fue el resultado de haber aceptado jugar en el Brooklin cuando el Gerente General del club y algunos dueños decidieron romper aquel ignominioso acuerdo que sacó, a principios del siglo pasado, al pelotero negro del beisbol de los blancos y que, desfachatadamente, llamaron “El Pacto de Caballeros del Beisbol”, rubricado con un apretón de manos por algunos de los mas rabiosos racistas de la época como jugadores y dueños y que, increíblemente, están en Cooperstown.      Pero el primer negro en jugar en las Mayores fue Moses Fleetwood Walker, la diferencia con Robinson es que su participación se produjo durante la era considerada pionera, cuando no existía la barrera racial, la que contribuyó a construir, precisamente, la presencia de Walker y algún otro jugador sepia como George Stovey.      No es muy promocionada; pero, algunos jugadores negros hicieron su ruta normal hacia las Grandes Ligas desde los inicios; el primero de ellos fue el catcher Moses Fleetwood Walker, que transitó desde el nivel colegial hasta el profesionalismo.       En 1884, el excelente receptor sepia recibió para los Medias Azules de Toledo, en la Asociación Americana, entonces circuito de liga grande.      Walker, el hijo de un clérigo, primero jugo cricket en el Oberlin College. Cuando se unió al club de Liga Grande, de inmediato comenzó a sentir la presión racista: el pitcher de origen irlandés, Tony Mullane, ignoraba las señas que le daba tras el plato, porque: “no acepto órdenes de ningún negro” y, el mayor racista en el beisbol de aquellos tiempos, escarnio de la decencia humana instalado en Cooperstown en violación de los acápites sobre valores morales para tener acceso al mismo, pretendió sacar a Walker de un juego al considerar un boicot con chantaje al declarar, que: “si no no sacan ese negro del terreno yo no juego…” Pero el Capitán Anson regresó cuando le amenazaron con aplicarle forfeit a su pago si no jugaba.         Hubo jugadores negros antes que Walker en el beisbol profesional no considerado de circuitos mayores: Joe Jackson(nada que ver con Shoeless), apodado Bud Fowler, con el Newcastle de Pennsylvania en 1872; o Sandy Navas, que aun no se ha determinado su nacionalidad y mantenía como respuesta que era cubano por el solo hecho de encubrir el color de su piel; o Frank Grant, un magnífico intermedista al que apodaban “el Fred Dunlap negro”…Grant y Fowler están en Cooperstown.       Moses Walker fue tan bueno que Decon McGwire, el primer catcher que recibió 1,500 juegos en Grandes Ligas, durante su estancia como suplente de Waker, apenas podía trabajar.       En 1916, el pitcher Jimmy Claxton se coló por poco tiempo con el Oakland Oaks de la Costa del Pacífico, lo que se considera el primer pelotero negro en jugar en el Beisbol Organizado; pero no en Grandes Ligas y, para todo el mundo, oficialmente, fue Robinson el primero en hacerlo.       En Richmond, en 1884, el manager del Toledo recibió una carta amenazadora que decía: “…hay 75 hombres de verdad dispuestos a moler a ese negro si sale al terreno…”, en esos días, Walker estaba ausente del club por lesiones entre sus dedos de la mano izquierda, frecuentes entre los catchers de la época.        Cuando curó sus dedos, jugó para varios clubes de ligas menores, hasta que fue contratado por el Newark de la Internacional, que tenía como sedes a clubes de New Jersey, NewYork y Canadá, más tolerantes.        En Newark fue un favorito de la mayoría de los blancos y hasta canciones y versos compusieron en su honor, como una que rezaba:
Hay un catcher nombrado Walker, El tira a las basesCon facilidad y gracia…
             Definitivamente cursi, incapaz de poder compararse con los de Walt Whitman, pero ejemplo de que en el noreste del país se reconocía humanamente el valor del catcher como tal.            Hasta la revista Sporting News salió en su defensa, luego de unas declaraciones ofensivas y soeces de un períodico local, “el que escribió eso sobre un miembro de un club visitante, sin dudas que es inferior a Walker en educación, cortesía y modales”            Poco tiempo después de estar en el Newark se incorporó un pitcher que constituyó, junto a Moses, la primera batería de jugadores negros del beisbol: el zurdo de gran velocidad George Washington Stovey, cuyas habilidades fueron descritas por un reportero de Birmingham, Nueva York, como de “fenómeno” del pitcheo de aquella liga.          Ese año en que Stovey y Walker formaron batería en la Internacional, el pitcher ganó 35 juegos, récord aún vigente en el circuito.          Todavía la gran prensa americana del sector no acaba de hacer justicia en los casos de muchos jugadores sepias pioneros que, porque se les coloque en sitiales, no van a demeritar la imagen ultra conveniente a estos tiempos de Jackie Robinson por intereses que, como los manipulan, tienen poco que ver con el pasatiempo nacional.

 

"Moses" Walker fue el primer negro en jugar ahí

EL SALON DE LA FAMA DEL DEPORTE CUBANO Y OSCAR RICO‏

Por Andrés Pascual

       A veces hay legítimos exponentes de la estirpe considerable como leyenda deportiva, que pasan desapercibidos. En muchísimas ocasiones, alguien, que debe ser seleccionado a un recinto de memoria imperecedera, no logra impactar en el reconocimiento del honorable sino varios años después y, Buck Canel, es un ejemplo con respecto a Cooperstown, a quien la justicia se le hizo tarde, porque fue elegido postmorten y yo no voy a comparar ni pretendo que alguien lo haga, los méritos del argentino de la memorable frase con Oscar Rico.
       Pero, el marianense tiene méritos para integrar el Salón de la Fama del Deporte Cubano en el capítulo que atiende a managers y ejecutivos, porque poseyó y dirigió, reconocida por el Consejo Administrativo del Salón de la Fama de Ligas Negras, una sucursal del club que hizo parte de la leyenda de Satchel Paige y de Josh Gibson, los Monarchs de Kansas City.
       Rico también sirvió como scout de los Monarcas y fue, gracias a él, que muchos jugadores sepias cubanos se dieron a conocer en Estados Unidos como Panchón Herrera, Luis de la Tejera, Campanella Mieres, Enrique Maroto…por esa razón, alguien como Frank pudo recibir su pensión de Ligas Negras, avalado, entre otros, por Oscar.
       Si Rico no es ampliamente conocido ni reconocido en Cuba por injusticias nacidas yo no quiero ni pensar dónde, el recinto de Marino Martínez debe ser contribuyente al rescate del compatriota olvidado y, con su efectivo reconocimiento, colocarlo en los niveles que merece.
       Por lo que representó e hizo por el joven jugador negro de los cincuentas, Oscar Rico merece que le haga justicia el Salón de la Fama del Deporte Cubano; pero, por lo que significó para el beisbol negro americano, como cubano o como descendiente, solo es comparable a Alejandro Pompez, a José María García o a Abel Linares…si eso no es suficiente, no sé qué más se necesita para brillar en el firmamento que efectúa su fiesta anual en los salones del Big Five de Miami.
     

El SALON DE LA FAMA DEBE TENER A OSCAR RICO



BLANCO, NEGRO, FEO Y COOPERSTOWN‏

Por Andrés Pascual

       La idea de este artículo es de John B Holway, tratada en su blog con el título “¿Qué si Effa Manley hubiera sido  un hombre feo?”. La pregunta es curiosa; sin embargo, según Holway, su propia esposa le dijo “Cooperstown esta lleno de hombres feísimos…”
       Effa está en el recinto de los inmortales del beisbol desde hace 5 años; pero su esposo Abe, dueño y constructor de los Aguilas de Newark de Ligas Negras, el club que ella heredó y mantuvo en la función operativa que la llevó al Salón de la Fama del beisbol, no. ¿Es justo? Depende.
       A la Gran Dama del Beisbol del circuito sepia se le describe como “una bella y glamorosa mujer de negocios de las Ligas Negras” Tal vez, en este caso, la apariencia personal ayuda; no obstante, la señora demostró capacidad y liderazgo en las regulares y en las malas y nunca se contuvo ante la crítica a Monte Irving, al que, quizás injustamente, culpaba del desastre de su club cuando se produjo la estampida de los negros hacia el Beisbol Organizado.
       Para Holway, en el caso de Abe Manley, hombre y feo significa nunca elegido a Cooperstown; en igual medida supone que las puertas del templo las abrió una mujer con su atractivo como llave maestra…
       Es verdad que un hombre feo impresiona mal con respecto a otro “bien parecido”; sin embargo, existen una serie de colaterales de la personalidad que pueden derrumbar, a favor de un feo, negro o blanco, su “look”: modales, educación, cultura, inteligencia, tono al hablar… el problema es poder romper la barrera visual, porque, en el mundo moderno (hablo después de 1899), la presentación en cuanto a relaciones públicas comienza por la vista y termina casi ahí; no obstante, el feo que rompa el hielo se gana el premio y Abe Manley era negro y feo, durante su época, dos estigmas; hoy, solo uno, el segundo.
       Alex Pompez, el importante  personaje del beisbol de Ligas Negras de origen cubano, era “mulato claro”, de pelo casi como el de los blancos, ojos verdosos, alto y de modales diplomáticos; “handsome” para aquellas mujeres de su tiempo que concurrían a los sitios de diversión del Harlem de una era con sello de legendaria y tenía dinero. Entró al recinto en la elección que hizo a Effa la primera mujer co-equipera de Paige, Dihigo, Ruth o Peruchin en la inmortalidad del juego.
       Gus Greenlee era el propietario del Crawfords Grill, un sitio restaurant-bar-cabaret-banco de juego prohibido de los tantos que había en el famoso barrio neoyorquino, posiblemente uno de los que recibía la visita de Pompez con asiduidad tanto como la de Duke Ellington o Satchmo Armstrong.
        La relación de Greenlee con el beisbol es a través del que muchos consideran el mejor equipo de pelota de todos los tiempos, los Piratas de Crawford, fundado y manejado por él. Además, como amigo de Branch Rickey, casi participa en el derrumbe del Muro Racial y contribuyó con el Gran Innovador a la creación de la fracasada Liga de Estados Unidos en 1945. También tuvo mucho dinero.
         Gus Greenlee no es un “hombre negro feo”, pero, como Pompez, fue figura del Bajo Mundo como banquero ilegal, por lo que sea, no fue elegido al Salón ni en el 2006 ni lo ha sido después.
          ¿Qué pasa con Abe Manley y con Gus Greenlee que no les abren las puertas por las que entraron Cum Posey, Pompez y Effa Manley?
           J L Wilkinson fundó los Monarcas de Kansas City en 1920 y entró al recinto en el 2006, no es negro ni feo; pero, en 1909, fundó un equipo femenino de beisbol que la mitad eran trasvestis, nada importante, a no ser porque engañó a todo el mundo y se impuso a mujeres de verdad sin ningún tipo de pena. No le tuvieron en cuenta semejante embuste.





Genio y figura : Gonzalo Lopez Silvero‏

Por Andrés Pascual

       A la circunstancia política creada en Cuba de mantener como representantes únicos de la gloria nacional a sus “soldados de ideas”, se le responsabiliza con que muchísimos compatriotas, representantes trascendentales del verdadero mérito profesional de la mayor de las Antillas, pasen hoy como perfectos desconocidos para las generaciones de cubanos nacidos o criados durante estos 50 años de censura absoluta en la información. Es el desconocimiento del nombre glorioso y legendario por efectos del “tabú” en Cuba; o por la apatía y el desgano convertidos en olvido imperdonable de los que por aquí andan: peloteros, boxeadores, managers, entrenadores… ¡Qué se yo!
       También sucede con el periodismo y la narración deportiva. La gran prensa del sector que ha dejado huella más allá de los límites de Cuba, hoy solo es destacada por algunos cubanos cuando deberían venerarse como lo que fueron o, aún, son: verdaderos maestros del difícil arte de emborronar cuartillas o de describir, a través del micrófono, la acción desarrollada que se enriquece con el comentario agudo, justo e inigualable sobre el gladiador de la moderna Feria del Músculo.
      Si algún compatriota es una verdadera leyenda del deporte cubano es Gonzalo López Silvero; sin embargo, a su alrededor se imprime una ambivalencia notoria e injusta que, lamentablemente, nace en los cubiles del aparato político castrocomunista; pero no es capaz de sobreponerse por los cubanos libres como debería, con el resultado de que  una de las más grandes y trascendentales glorias nuestras a través del micrófono y la oficina de clubes de beisbol o del boxeo mundial, en Miami, en Puerto Rico, en Venezuela y en Cuba, sea tan desconocido u olvidado hoy como el que nació ayer a las 8 p.m en Luyanó o en Zaire.
       López Silvero ha sido, por su clase, por su ética y por sus condiciones ciudadanas, a mi modo de ver, la personalidad cubana que más lejos llegó en ascenso en el sector y en alcance internacional: narrador de primera, con el premio a Narrador del Año en la Cuba de ayer, repitió en Puerto Rico y en Venezuela el éxito por su impecable trabajo; administrador de los Elefantes del Cienfuegos en la Liga Cubana y de varios clubes en el beisbol invernal de Borinquen y de la patria de Rómulo Betancourt, también fue gerente en Triple-A y, junto a Felo Ramírez, narrador de los Cubans Sugar Kings para una emisora comercial; pero Gonzalo fue, durante más de 15 años, una alta personalidad de la Asociación Mundial de Boxeo en tareas que incluyeron la supervisión de este deporte en niveles de campeonato mundial o regional y fue vice-presidente de Productora de Programación Televisiva, una de las empresas sólidas y competitivas en el negocio en español, que vende su programación a Mund-2 y a  HBO entre otras. Desde el 2008 se acogió a un merecido retiro y reside en esta ciudad.
       Por su humildad y por la estabilidad que manifiesta, acorde con su personalidad de leyenda genuina, no permite que un ego desbordado lo aplaste: Gonzalo es grande en su faena, para muchos que lo hemos tratado personalmente, es un verdadero y trascendental valor de la historia nacional cubana en el sector deportivo.
       En esa legión de ilustres olvidados o desconocidos por imposición o por apatía y desgano, acompañan a Gonzalo otros guerreros de la crónica cubana del sector que, sin chovinismos, no son solo lo mejor de la historia de la prensa deportiva en Cuba; sino que, por su clase profesional, contribuyeron a hacer mejores las paginas deportivas; o la labor ante el micrófono de otros países.
      Verdaderos maestros del diarismo cubano de competencia: Cesar Temes, Sergio Varona, Rai García, René Molina, Pedro Galiana, Yiyo Jiménez, Eladio Secades, Rafael Rubí, Orlando Sánchez Diago, Fausto Lavilla, Jess Losada, Cuco Conde… de “vacas sagradas” a rehenes de una circunstancia que afecta todo el firmamento nacional e, injustamente, se han convertido en víctimas del veneno que eliminó sus  presencias del pasado glorioso de la patria.
       La inteligencia, el profesionalismo y la capacidad de respuesta ante “el colegial” ávido de conocer el difícil mundo del deporte, convirtió al amigo y compatriota López Silvero en un evangelio vivo, humilde y modesto de lo que es un gran cubano, en alguien del que no se podrá prescindir a la hora de enumerar personalidades de inigualables condiciones en el gran libro de la historia patria.

Una Leyenda Cubana frente al microfono

 

PITCHERS QUE TIRAN A MATAR‏

Por Andrés Pascual

       El boxeo es una de dos actividades humanas, para colmo, de entretenimiento, en la que el instinto criminal es perfectamente legal si se consuma la muerte o una lesión grave  del contrario. En este deporte, la culpa se desvía hacia el concepto “defensa propia”.
       La otra es el beisbol en la relación pitcher-bateador: un serpentinero le dispara una píldora dura a la cabeza a 160 kms/h a quien ocupa el plato bate en ristre. El 98 % de las veces, con el objetivo de golpearlo como represalia contra un batazo recibido del propio bateador o de un compañero; otras, porque el monticulista contrario golpeó a uno de sus teammates. Le dé o no, la cosa puede quedar en una cámara húngara con vaciado de los bancos; un par de golpes entre ambos rosters y una suspensión de tres ó cuatro partidos, más una multica por el incidente; otras, en un par de advertencias a los directores de los equipos involucrados por el umpire de turno.
      El beanball o lanzamiento intecional al cuerpo o a la cabeza, casi siempre, es ordenado desde el banco. En épocas pasadas, la base por bolas, justificada como obligatoria por el dichoso librito, se alcanzaba con un solo lanzamiento; porque se golpeaba al bateador en turno.
      La desfachatada e injustificada guerra de Roger Clemes contra el ex catcher de los Mets, Mike Piazza, llegó tan lejos que, además de varios “bean balls”, le devolvió ridículamente la mitad de un bate que cayó a sus pies, después de que el italoamericano le hiciera swing a un lanzamiento demasiado adentro.
      Warren Spahn perdió un año en su ascenso a los Abejas de Boston; porque, en el entrenamiento de 1941, Casey Stengel, entonces manager del club, le ordenó que golpeara a un bateador, a lo que el zurdo se negó, alegando que el necesitaba solamente doce pulgadas de zona de strike, por lo que no veía la razón.
       Pero Gibson, Lonborg o Drysdale tiraban a dar, duro y hacia zonas peligrosas; la diferencia con los de hoy es que aquellos pitchers sí dominaban sin utilizar el lanzamiento maldito; de hecho, el astro de los Cardenales y la estrella de los Dodgers son miembros de Cooperstown y Lonborg un lanzador mejor que el 70 % de los serpentineros de la actualidad.
      Hace un tiempo, Salomón Torres hizo estallar el casco de su paisano Sammy Sosa con un disparo de 98 m/h; cuando se ve la foto del impacto, solo queda erizarse por la forma como saltó en pedazos.
      Ya se sabe que es un código de honor que supera al de los miembros de la Cosa Nostra; pero no deja de ser peligroso y desagradable. Por lo frecuente de hoy, en relación con el aumento de la ineficacia para resolver situaciones difíciles, o como represalia cobarde, el pelotazo al bateador con intención criminal evidente más que estratégia, debería ser penalizado de otra forma, más severa; o, cualquier día, se corre el riesgo de que se tenga que lamentar una fatalidad que enlutezca al pasatiempo y, a como de lugar, eso no debe suceder.





 Este pelotazo salvaje pudo ser fatal para Sosa