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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

SIGLO Y MEDIO DE ACERBO CULTURAL NEGRO EN BEISBOL‏

Por Andrés Pascual

       Según David A. Denny, un redactor del servicio noticioso de Washington, la rica historia de los afroamericanos en beisbol data de casi 150 años, “como la mayoría de los estadounidenses, los negros fueron expuestos al beisbol por primera vez durante la Contienda Civil (1861-1865). Para miles de soldados, apunta, el juego era una forma entretenida de pasar el tiempo libre en los campamentos…”
      “Al terminar la guerra, los ex soldados llevaron el juego a sus pueblos y ciudades en todo el país, donde arraigó y creció”, concluye Denny.
      Fue en 1867 que se registra la primera participación de equipos negros cuando los Uniques de Brooklin enfrentaron a los Excelsiors de Filadelfia. Ese año recibieron los negros el primer rechazo de los blancos a su participación en el juego, preludio de lo que vendría después con forma de Barrera, a través del sucio “pacto de caballeros”, cuando la Asociación Nacional de Jugadores de Beisbol, primera liga organizada en este país, desechó la solicitud del club sepia Pythians de Filadelfia para formar parte del circuito.
     Para los 1880’s algunos jugadores negros lograron jugar en equipos de blancos y la Liga Internacional aceptó, por poco tiempo, jugadores “afros”  en sus clubes, según los historiadores, “como política de la liga”. El caso es que en 1887 decidieron mantener a aquellos jugadores negros que ya tenían contrato prohibiendo la admisión de más atletas de raza negra.
     Según negroleaguebaseball.com, desde 1880 se formaron en el país más de 200 equipos independientes de negros que actuaban en toda la nación.
     Para todas las fuentes, Andrew “Rube” Foster, un pitcher Hall of Famer que actuó varias temporadas en Cuba entre 1905 y 1915, ya ex lanzador en 1920, gerente y propietario del club Chicago American Giants, fundó la Liga Nacional Negra ese año.
     Desde Washington, Raymond Doswell, conservador y Director de Educación del Museo de Ligas Negras del Beisbol en Kansas City, le dijo a Denny que el beisbol profesional negro significaba empleos y, utilizando a los Monarchs de Kansas City como ejemplo, afirmó: “en los vecindarios afroamericanos, especialmente cerca de los estadios de beisbol, los negocios florecían a través de tiendas de ropa, restaurantes o clubes de jazz…todas esas cosas se animaban cuando los Monarcas estaban en la ciudad”
     Si algo de importancia logró el beisbol entre los negros, fue erigirse en vehiculo soberbio de fusión cultural, según Doswell, los viajes les ofrecían a los jugadores negros la posibilidad de conocer Estados Unidos, Canadá, el Caribe hispano, Méjico y, en algún momento, Japón.
     Para Doswell, incluso para muchos negros de la época, el beisbol sepia se describe como algo que “contrabalanceaba muchos aspectos negativos de la era de la segregación”
     Cuando Branch Rickey firmó a Jackie Robinson para los Royals de Montreal en 1945, no solo iniciaba el camino que conducía al derrumbe del Muro Racial, sino también el desplome de las Ligas Negras; porque, para evitar desventajas competitivas, otros equipos del Beisbol Organizado contrataron a jugadores negros como Willard Brown, Talúa Dandridge, Roy Campanella, Luke Easter, Monte Irving, Don Newcombe, Orestes Miñoso… política que continuaría después con la contratación de Willie Mays, Ernie Banks, Hank Aaron, Canena Màrquez, Clemente, Amorós, Rubén Gómez, Rafael Noble y cuanta estrella negra en embrión, americana o caribeña, apareciera en el firmamento. No obstante, la desorganización de las Ligas Negras y la explotación a que sometían a aquellos jugadores los dueños, no le dejaron dudas a los negros en cuanto a qué hacer y, como “alma que llevaba al diablo”, abandonaron en estampida el beisbol independiente sin detenerse a  pensar en la herencia negra.
     Al incorporarse a los clubes de Grandes Ligas lo mejor de los circuitos sepias, pues también se llevaban con ellos al fanático de su raza, que comenzaron a seguirlos en el Big Show, dejando huérfana del inquilino de las gradas a la Liga Nacional Negra, totalmente debilitada después de 1950.
     Fue en la década de los 60’s que se desbandó el último equipo profesional negro, sin ningún tipo de añoranza por el mismo: el Kansas City Monarcas.
     La mayor influencia en el reconocimiento al pelotero negro que condujo a la aceptación de este por Cooperstown, está contenida en el discurso de agradecimiento por su exaltación, en 1966, de Ted Williams cuando dijo:     “Espero que algún día Satchel Paige y Josh Gibson sean incorporados al Salón de la Fama como símbolos de aquellos jugadores que no están aquí, simplemente, porque no se les dio la oportunidad…”. Las palabras del extraordinario artillero del Boston surtieron efecto y, en 1970, se creaba el Comité que, al año siguiente, eligió a Paige y, en 1972, a Gibson.
     En lo adelante, durante 9, a un pelotero sepia anualmente,  con un 1976 especialísimo, al elegir a uno que, además, era cubano: Martín Dihigo. En el 2003 seleccionaron el más amplio grupo de jugadores y personalidades relacionadas con el juego de todos los tiempos con 17 de los circuitos negros, entre ellos, los cubanos Méndez y Torriente y, como propietario y ejecutivo, a Alex Pompez, americano de padres cubanos.
     Según dijo Jim Gates, director de la biblioteca de Cooperstown en el 2001, “nuestro objetivo es asegurarnos de que cada estadounidense sepa que, cuando la sociedad estuvo segregada, también lo estuvo el beisbol y todos estos pasos se dan para recordar una parte olvidada de la historia de este país”
  
    

 Pie de grabado: El Chicago American Giants de Ruber Foster. Torriente, 1ero. de pie de izquierda a derecha, Foster es el 5to.

 

LOS NO HIT NO RUN FEOS DE ALGUNOS PITCHERS


Por Andrés Pascual

      Cuando Francisco Liriano comenzó era una copia al papel carbón de Johan Santana, hasta los movimientos eran similares, si no 100 %, por lo menos al 55. Pero sufrió de la “brujería” contra el pelotero moderno y se lesionó, porque tiene que ser un “daño” lo que hay con esto hoy.
      El problema es que, de aquel fenomenal prospecto zurdo, lo que va quedando es “un pitcher de un día no y el otro vamos a ver”. No por gusto tiene más de 5.00 de promedio de carreras limpias permitidas y, sin la velocidad de un ciclón ni algo que lo parezca, tendencia a wild, con pitcheo mayormente en zona mala para él.
      Ahora tiró un no hit no run en el nivel del que, hace unos años, cuando militaba con los Marlins, lanzó A.J. Burnett: 6 bases por bolas para el dominicano, mientras el hoy derecho de los Yanquis concedía 9 pasaportes de libre tránsito aquel domingo en Arizona.
     Mirándolo bien y a pesar de que no permitieron hits ni carreras, ¿Se puede considerar dominante a un pitcher que embasó por bases por bolas a 6 bateadores? En la lógica ajena a la realidad de la anotación, una base es un sencillo, porque coloca un corredor en la inicial, ¿Entonces? Mike Mussina tiraba perfecto una noche en Boston, hasta que Carl Everett, en el 9no. con dos outs y en dos strikes sin bolas, le dio un cañonazo al right. Las cosas del beisbol. No había dado bases por bolas…
      Una vez, en 1926, el inmortal Pete Alexander tenía al Chicago sin hits ni carreras en el noveno, con dos outs  y le enviaron de emergente a un excelente chocador de bolas, para colmo, su amigo. El tipo, con el bate bien corto, le metió un rolling saltarín por encima de segunda que siguió viaje al center riéndose del sueño roto con que había coqueteado, segundos antes, uno de los grandes que nunca pudo adjudicarse un juego de no-no.
     Yo vi a David Ortiz conectar un batazo por todo el campo central de Yanqui Estadio, fildeado por Merkis Cabrera, después de “partirse las patas corriendo”, como a 400 pies del home-plate. En ese propio juego, Pedroia dejó caer una entre Robinson Canó y Bobby Abreu que daba grima.
     Pero, siendo justos, estos detalles no son patrimonio del tiempo actual: los dos famosos no hits no runs seguidos de Johnny Vander Meer, tuvieron una más que generosa ración de bolas malas y, como complemento sobre uno de ellos, Leo Durocher declaró, “este que se lo apunten al tercera base, que paró 5 cohetes con etiqueta de hits…”
     Liriano, como hace unos años Burnett y muchos más Vander Meer, pertenecen a la galería de “pitchers que lanzaron no hits no run feos”; es decir, que el dominio, ese día, viéndolo bien, fue relativo.

Pie de grabado: Con seis bases por bolas en un juego sin hits ni carreras, el hermetismo es relativo

 

LOS PELOTEROS NECESITAN MAS TIEMPO PARA MADURAR

Por Andrés Pascual

 

      Los casos de jugadores de beisbol que son seleccionados en el draft colegial; o firmados como agentes libres fuera de Estados Unidos, con la excepción de los cubanos y los asiáticos, que logran ingresar a las Grandes Ligas de inmediato, son infrecuentes.

      Por la agencia libre, nadie del área caribeña ha podido firmar y debutar en Grandes Ligas, sino que, obligatoriamente, han tenido que pasar por el proceso de Ligas Menores y, después,  si hacen el grado, ascender a las Mayores, a las que llegan menos del 50 % de los que firman.

      En la NFL y en la NBA no ocurre así: del sorteo, a vestir la camiseta del club que lo eligió; tampoco existen ligas de categoría inferior que los preparen para asimilar la diferencia de juego, aparentando que son deportes de menos complejidad atlética, en que la experiencia previa y la madurez no deciden mucho a la hora de ser escogido. También ha sucedido que algunos han logrado la categoría superestelar como reclutas de primer año y muchos comienzan como regulares en sus equipos.

     Los casos cubanos y asiáticos no son comparables con los del resto del área caribeña, incluso con la mayoría de americanos, porque muchos llegan pasados de edad, en rango de veteranos, para la durabilidad laboral que justifique su inversión, entonces los apuran.

     Con los nipones, por su experiencia profesional en una liga que, aunque no tiene ni el 70 % de la media del nivel de las Mayores, supera con creces la calidad del resto del mundo, la tendencia es a hacerlos debutar más rápido o directo, con menos margen de error en cuanto al éxito personal por el riesgo de firmarlos.

     El único caso, extraño e incomprensible, es el del infielder Alexei Ramírez, que llegó sin conocer los circuitos menores con más de 25 años de edad y, con desempeño  por encima de lo relativo o promedio, triunfó antes que su compatriota Kendry Morales, de más proyección y clase. Incluso Orestes Miñoso, que se baraja a menudo como merecedor del Salón de la Fama, necesitó una escala en las Menores para poder ascender, definitivamente, a las Mayores. En el caso del Cometa de Chicago, al momento de firmar, tenía experiencia en la Liga Cubana y en Ligas Negras, lo que hace mucho más raro el caso de Ramírez.

      Cuando Johnny Antonelli firmó a los 18 años con los Gigantes de Nueva York, Al Kaline a los 19 con los Tigres de Detroit y Harmon Killebrew a los 17 con los Senadores de Washington, se convirtieron en sensaciones y fueron directamente al banco de sus clubes sin jugar como regulares; entonces les llamaban "bonus babies" a los peloteros que, a edad tan tierna, no solo firmaban, sino que integraban las plantilas de equipos de Grandes Liga.

       Kaline ganó el champion bate de la Americana al año siguiente, 1954, a los 20, pero Killebrew necesitó 4 para establecerse,

       El caso de Joe Nuxhall no es interesante, porque Cincinnatti lo llevó al club a los 15 años y lanzó en menos de un inning, pero lo bajaron y regresó después de 6 campañas a los Rojos. Bob Feller estaba a los 19 años en la trinchera del Cleveland, en 1938.

      Ken Griffith jr. debuto a los 19 años con el Seattle; pero había sido seleccionado en el sorteo colegial de 1987.

      En 1973, un estrella del baloncesto colegial se decidió por el beisbol y entró directo a las Grandes Ligas vía Padres de San Diego. Sin embargo, en ese momento, Dave Winfield tenía 22 años.

       Mel Ott, uno de los más grandes jugadores de la historia, firmó como agente libre en abril 2 de 1926 y debutó el 21 del propio mes y año con los Gigantes de Nueva York. Esa campaña, con solo 16 años (no había cumplido 17), John McGraw lo puso a jugar en 35 juegos, al siguiente en 82 y, en su tercero, con solo 18-19, en 124.

       Pero, no es frecuente que, en el beisbol, se llegué sin experiencia profesional previa, lo que hace a este juego más complejo en preparación psíquico-física que todos los otros de conjunto.


 


 

 

 Mel Ott debutó y comenzó a brillar cuando aún no se afeitaba.

Mel Ott - The Lineup: New York’s Best RF - MSG.com | http://www.msg.com/photos/the-lineup-new-york-s...


A LOS 105 AÑOS FALLECE MILLITO NAVARRO‏

Por Andrés Pascual
       La noticia lo presenta como “el primer jugador boricua en Ligas Negras”, supongo que, para las generaciones de hoy, poco dadas a interesarse por los pioneros del juego, es insuficiente.
       Yo hubiera escrito: “uno de los más brillantes peloteros nacidos en Puerto Rico, que los ha producido inobjetablemente buenos”, con 3 en Cooperstown y los que faltan.
       De aquellos lejanos 20’, 30’s y 40’s, Emilio Navarro llenó la noticia del sector en su patria junto a Perucho Cepeda, padre de Peruchín y a otro de los grandes estrellas del pasatiempo caribeño, Francisco “Pancho” Coimbre, astro del buen tiempo ido quien, al lado de Alejandro Oms, constituyen dos injusticias meridianas de ese Comité de Veteranos, que nadie sabe hacia dónde miran cuando le manejan ciertos nombres.
      Una vez Cheo Ramos me dijo en Cuba que Coimbre no le envidiaba a nadie ni como bateador ni como fildeador; pero que Millito Navarro era “un jamo” de pescador, por lo rápido que se movía en la posición hacia todos lados.
       Uno de los más rápidos corredores, en el sentido de la competencia de pista que se haya podido ver en el beisbol caribeño, de hecho, él y Coimbre eran atletas de ese sector también. Pero Millito fue un extraordinario tocador de bolas y un productor de bounts para embasarse notable.
       Los Cubans Stars de la Liga Negra del Este y la Liga Negra Nacional lo tuvieron en su róster como shortstop y como intermedista, y le colocaron en el primer turno del line-up, por su velocidad y buen tacto al batear, en 1928 y 1929.
      Uno de los primeros jugadores del Ponce original de nivel semiprofesional, en 1922, regreso para la campaña 1942-43 con los Leones, ya constituida la Liga Invernal de Puerto Rico (1938).
       Al final de su carrera, jugó en República Dominicana y Venezuela; fue profesor de Educación Física y administrador del estadio de la ciudad por 20 años.
      En el 2008, en un draft especial de homenaje en el que, cada uno de los 30 clubes de Grandes Ligas seleccionaron un pelotero que hubiera actuado en Ligas Negras, los Yanquis escogieron a Millito.
      Pertenece al Salón de la Fama del Beisbol de Puerto Rico y al del Deporte de ese país.

Pie de grabado: Una leyenda del beisbol puertorriqueño
 
 
 

ABOGADO, LINGUISTA, ESPIA Y PELOTERO: MOE BERG‏

Por Andrés Pascual
       Moe Berg fue un catcher de reserva y de bullpen durante 15 campañas en Grandes Ligas; no se destacó como un gran jugador, porque fue peor que mediocre como bateador, pero sí un gran receptor defensivo.
       Ameno, culto y educado, judío de padres rusos emigrados a Estados Unidos a finales del siglo antepasado, vino al mundo en Nueva York, el 2 de marzo de 1902.
       Se dice que la famosa frase del cubano Mike González, “good field, no hit”; o, “bueno a la defensa, no al bate”, la escribió en un reporte sobre Berg a mediados de los 20’s.
       Moe Berg es una figura fascinante, enigmática y extraña de la historia contemporánea de Estados Unidos: graduado de Leyes en Princeton durante la era de Albert Einstein en la docencia en el alto centro, su avidez por los textos originales le convirtieron en filólogo-políglota, estudios que realizó aquí y en la Sorbona de París.
       Sin embargo, el erudito acostumbraba a responderle a los que se sorprendían por su cultura y elevado desarrollo intelectual: “…de nada me sirven ni las leyes ni las lenguas cuando entro al home a batear…”
       En una oportunidad, alguien dijo delante del inmortal Ted Lyons que “Berg aparenta algo diferente…”, a lo que el lanzador ripostó con “Moe es diferente, no aparenta…”
       El beisbol lo introdujo en Japón, en 1873, un profesor visitante, pero se convirtió en pasión después que vieron jugar a peloteros de las Grandes Ligas, que visitaban el país agrupados en All Stars y, sobre todo, después que vieron a Babe Ruth conectar 13 jonrones en una de esas giras.
       En 1934, un Todos Estrellas formado por Ruth, Gehrig, Gheringer y Foxx, que incluyó a Moe Berg, entre otros, visitaron al País del Sol Naciente para su gira rutinaria.
       Sin embargo, el catcher se entretuvo en actividades ajenas al diamante, una de ellas, desde el techo del hospital en el que había dado a luz una hija del embajador americano, con una cámara especial ajustada a una de sus piernas, fotografiar los alrededores de la ciudad y de los posibles complejos y bases militares japonesas. Siete años antes del ataque a Pearl Harbor, un pelotero nombrado Moe Berg, espiaba los movimientos del despliegue militar nipón en la capital. Antes de que la Rosa de Tokio iniciara su campaña sicológica radioléctrica contra los americanos.
      En 1939, su último año como bigleaguer, Berg comentó con preocupación, en el bullpen de los Medias Rojas de Boston, “…uno aquí, bromeando; Europa al borde del incendio y este país a las puertas de la confrontación, tal vez por el lado Oeste…”
      En 1939 y 1940, Berg se mantuvo como coach de beisbol; pero, después del bombardeo a la base aérea norteamericana del Pacífico, se le seleccionó para que leyera en japonés un mensaje al pueblo nipón, en el que les decía, entre otras cosas, que era una estupidez entrar en guerra contra Estados Unidos, por lo que el presidente Roosevelt le felicitó. Desde ese momento, se inició la labor de infiltración de Moe Berg en las filas enemigas.
      De 6’1 de estatura, trigueño, siempre vistió de traje, corbata negra y camisa blanca. Hablaba y escribía 8 lenguas, entre ellas, la rusa, la francesa, la italiana, las eslavas, alemana y español. Fue su alto perfil intelectual lo que le permitió servir a su patria en el difícil, peligroso y oscuro mundo del espionaje durante la 2da. Guerra Mundial.
      La primera asignación importante del espía fue durante principios de 1942, en que se le destacó en algunos países de Latinoamérica, por la relevancia que cobraba la propaganda hitleriana, como Argentina, Chile, Uruguay o Brasil.
      Poco después, comenzaría la peligrosa misión de gran relieve del ex catcher, al descender en paracaídas en Yugoslavia, para tratar de localizar posibles científicos nucleares nazis en Alemania y los movimientos en los laboratorios en que se trabajaba el llamado “agua pesada”. 
      Alli le escuchó decir a uno de esos científicos que “Estados Unidos no está ni remotamente cerca de nosotros en esto”. Entonces la información sobre el arma atómica se convirtió en obsesión para Roosevet. Un mensaje de Berg calmó parcialmente al presidente: “todavía no, pero en 6 meses la tendrán…” lo que aceleró los planes para los bombardeos quirúrgicos a objetivos especiales dentro del Tercer Reich.
       Otro objetivo del espía fue localizar a científicos disgustados con Hitler, contribuir a sus deserciones y hacerlos salir hacia países aliados.
       Moe rehusó recibir la Medalla al Mérito Civil, por su labor en el frente antifascista, a riesgo de su propia vida. Ni su hermano conoció la actividad que hizo que muchos le consideraran traidor hasta que concluyó la guerra.
        Tampoco se sabe si, después del conflicto, continuó en operaciones con la oficina de Servicios Estratégicos, célula originaria de la CIA. Berg nunca habló del asunto.
        No se casó, pero tenía una amiga íntima en Inglaterra que le relacionaron como compañera sentimental.
        En Cooperstown está la medalla que le rechazó a Truman, en 1946, como trofeo de incalculable valor para el beisbol y para la historia patria.
        En una oportunidad, el cronista Dan Daniel, como Moe, judío, escribió: “…si no hubiera sido real, nadie hubiera podido crear un carácter semejante”.
         Durante los 50’s, Casey Stengel dijo, “Ese es el tipo más extraño que haya estado en el beisbol jamás”.
          El 29 de mayo de 1972, tras una caída en su apartamento, en Newark, murió Moe Berg. Tenía 70 años.
Pie de grabado: Moe Berg fue un hombre de verdadero alto principio.

PASION, ORGULLO Y VERGUENZA: EL CIRCUITO UNIONISTA

 

 

Por Andrés Pascual

 

       La entrega absoluta en el terreno de juego; el juego caliente, alegre y agresivo son las credenciales de la pasión por el deporte. La pelota en Cuba había que jugarla con apasionadamente, por amor al juego y por respeto a un público que, además, pagaba su entrada…

       Así se jugaba el béisbol de la Liga Nacional, adscrita a la UAAC; o Unión Atlética Amateur de Cuba; mejor todavía, el circuito unionista de pelota aficionada, hasta 1959.

      La historia de las competencias del béisbol de la Liga Nacional Amateur fue pródiga en hechos notables, por lo que, virtualmente, llenó los anales del sector en Cuba; tan populares fueron sus campeonatos veraniegos que, en determinadas etapas, alcanzaron mayor arraigo entre la afición que el premio profesional de invierno.

      Los fanáticos de aquellas generaciones recuerdan con nostalgia el auge fabuloso que alcanzaron los amateurs de la época en que coincidieron jugadores de la talla de Roberto Ortiz, Adrián Zabala, Agapito Mayor o Sandalio Consuegra entre muchos, así como conservan latente la imagen de aquellas concurrencias extraordinarias que se reunieron, en el Estadio Cervecería la Tropical, con motivo de las Series Mundiales de lo que se dio en llamar la Edad de Oro del amateurismo cubano: 1939-1945.

      Fue nutriéndose  de las figuras más sobresalientes del amateurismo que los campeonatos profesionales de invierno adquirieron esplendor y consiguieron atraer a multitudes: la firma de Napoleón Reyes por el Almendares, en 1941, fue seguida, al año siguiente, por la de otras estrellas como Andrés Fleitas, dando comienzo al llamado Ciclo de Oro del Profesionalismo, que se inició con organización superior, a partir de 1943 y se reafirmó desde 1947, por alza de los precios del azúcar y la zafra nacional superior a 7 millones.

     Sin embargo, el asalto al profesionalismo por las estrellas amateurs, provocó la primera fase del declive del béisbol unionista: incorporados a la Liga Cubana la mayoría de los ídolos del amateurismo nacional y funcionando libremente la contratación de elementos valiosos por scouts del Béisbol Organizado, que necesitaba suplir con jóvenes extranjeros la ausencia de los norteamericanos que marchaban a la guerra, los campeonatos amateurs decayeron notablemente en calidad y, por reflejo natural, cedieron terreno en la atención del público.

            Sin embargo, a pesar de los factores negativos, la Liga Nacional de Amateurs se mantuvo hasta 1959 con su pabellón en alto, cumpliendo con su misión de agrupar a centenares de jóvenes jugadores cubanos y sirviéndoles de intermediarios hacia las filas del béisbol rentado.

         …Fue el 12 de abril de 1914 que se puso en marcha el primer campeonato amateur de pelota en Cuba, con la participación de los clubes Vedado Tennis, Instituto de La Habana, Atlético de Cuba y Sociedad de Marianao.

        Las actividades de aquel campeonato fueron regidas por la Liga Nacional, fundada ese año a instancias de los clubes que participaron; Sixto de Sola fungió como primer presidente y fue secundado por el doctor José L. Pessino como Secretario y, como Tesorero, por Augusto Muxó. Los primeros delegados ante la Liga Nacional fueron el doctor Guillermo de Zaldo, por el Vedado Tennis; Gustavo Gutiérrez, Instituto de La Habana; Miguel Suárez, Sociedad de Marianao y el arquitecto y posteriormente alta figura del Comité Olímpico Nacional, Miguel Angel Moenk, por el Atlético de Cuba.

        La Liga mantuvo un carácter extraoficial hasta el 26 de abril de 1917, fecha en que la inscribieron  en el Registro Especial de Asociaciones del Gobierno Provincial de La Habana, con el número 3973 del folio 285 en el libro 11; fue la primera organización deportiva constituida en Cuba.

        Cuando, el 22 de marzo de 1922, se fundó la Unión Atlética de Amateurs de Cuba, la Liga acordó someterse a su jurisdicción; aunque, conservó autonomía para elegir su directiva por intermedio de los equipos participantes. Por efectos de esta combinación, se estableció no permitir en sus torneos a aquellos clubes que no pertenecían a la Unión Atlética.

        No obstante, entre 1928-1931, se sancionó una serie de 3 juegos entre el campeón de la Liga Social y el campeón de la Unión Atlética, que tuvo como resultados que el Teléfonos, representando los dos primeros años a la Social y dependiendo del pitcher zurdo Narciso Picazo, ganara el gallardete y, cuando los Telefónicos entraron al circuito unionista, volvieron a ganar el evento, que tuvo como nombre la Serie Cocriolla. Fue con el Círculo de Artesanos de San Antonio de los Baños, representando a la Social, que debutó Antonio “Quilla” Valdés en el amateurismo. Después, el Artesanos entraría a la Unión Atlética y Quilla también, pero por intermedio de los Azucareros del Hershey.

       Hasta 1933 se mantuvieron inalterables los lazos entre la Unión Atlética y la Liga Nacional; pero, el 31 de marzo de ese año, fueron aprobadas nuevas modificaciones de sus estatutos, a través de los que se estableció que, en lo adelante, el Secretario-Tesorero de la Liga, sería el mismo de la Unión Atlética.

       A través de su historia, el circuito unionista vio aparecer y desaparecer varios  clubes desde sus originarios 4 de 1914: Cubaneleco, Fortuna, Regla, Santiago de las Vegas, Circulo Militar, Deportivo Matanzas, Hershey, Asociación de Colonos, Miramar Yatch Club, Vedado Tennis, Casino Español, Liceo de Guines…en calendarios que funcionaron desde 16 clubes hasta 28.

      La Unión Atlética anidó una constelación de estrellas que fueron capaces de jugar en ambos circuitos,  amateur y profesional.

      Grandes jugadores, que hicieron poderoso aquel béisbol, fueron: Jose A. Reguera, Pedro Flores, Gustavo Alfonso, Cándido Hernández, Roberto Ortiz, Agapito Mayor, Conrado Marrero o Isidoro León, de etapas anteriores a 1946; o, Tata Solís, Vicente López, Miguel Fornieles, Carlos Balvidares, Mario González, Manguito Puente, Manolo García, Luis Olivares, Pancho Villa Armas, José Mir, Derubín Jácome, Jiquí Suárez, Mario Cossío, Miguel de la Hoz, o Cuqui Rojas, posteriores al año mencionado.

      ¿La esencia de la grandeza del circuito?     El juego honesto, decente y apasionado, demostrativo de que el béisbol tiene que mantenerse ajeno al escándalo, para que cumpla a plenitud su papel de guía social de la niñez y la juventud.

      De la Unión Atlética, mayormente, con la contribución de la Liga Inter Fuerzas Armadas, primero, y de la de Pedro Betancourt, después, salían los poderosos y verdaderos equipos amateurs Cuba, que se medirían en la arena internacional a lo mejor del área, con resultados superiores para los cubanos.

     Tan poderoso fue ese circuito durante su Edad de Oro que, a la inversa de lo que hicieron los jugadores negros en Grandes Ligas, la Unión Atlética, donde solo jugaban blancos, no solo tuvo más fuerza en arraigo deportivo que la Liga Cubana durante una época, sino que logró salvarse de la catástrofe económica e interesar al fanático, cuando saltaron al profesionalismo los jugadores amateurs de clase y prestigio del circuito aficionado

 

 

 

 

Pie de grabado: Natilla Jiménez, a la derecha, fue uno de los grandes estrellas de la Unión Atlética

LA SERIE MUNDIAL FUE DIFICIL PARA VARIOS LATINOS‏

Por Andrés Pascual

      Un pelotero es un ex ligagrande si actuó los años suficientes para merecer el retiro.
      La mayoría de los jugadores cubanos de los 20’s, los 30’s, los 40’s y algunos de los 50’s ó los 60’s, están en la categoría de no ligamayoristas en carácter oficial; lo mismo ocurrió con la mayoría de hispanos que accedieron a las Grandes Ligas desde que lo hiciera el azteca Melo Almada, en 1933, hasta los 70’s.
      La primera mitad de la década de los cuarentas fue relativamente pródiga en jugadores de la Mayor de Las Antillas de poca acción en las Grandes Ligas; porque se les utilizó como reemplazo de los jóvenes americanos que eran enviados al Servicio Militar. Incluso eran peloteros de poco servicio en Ligas Menores y, algunos, en edad francamente descartable bajo situaciones normales; pero eso no importaba mucho en medio de la Segunda Guerra Mundial.
      De esa forma lograron vestir uniformes de las Mayores Isidoro León, Santiago Ulrich, Moín García, Mosquito Ordeñana, Regino Otero, Luis Suárez y varios más.
      Para aquellos cubanos y algún que otro hispano, la única posibilidad de jugar en una Serie Mundial estaba relacionado con actuar para un club poderoso como Yanquis, Cardenales, Gigantes o Dodgers.
      Después de 1945 (en que por poco se cuela el inicialista cubano Regino Otero con los Cachorros de Chicago), el boricua Luis Rodríguez Olmo tuvo la suerte de jugar para el Brooklin, que ganó en 1947 y ser perfectamente elegible por fecha.
     Cuando Orestes Miñoso se convirtió en el primer jugador de raza negra, cubano e hispano, en jugar en Grandes Ligas en 1949, se inició la era en que la clase demostrada en Ligas Menores decidía la promoción al beisbol de las Mayores más que el experimento de tapar un hueco por urgente necesidad de poco tiempo.
     Pero Miñoso, de larga y fructífera carrera en Grandes Ligas, no pudo asistir al Clásico de Octubre, porque el Chicago Medias Blancas no ganó sino hasta 1959 y, lamentablemente, el cubano fue cambiado al Cleveland a finales de 1958, jugó todo 1959 con la Tribu y 1960 lo sorprendió, otra vez, enfundado en la franela del club de la Liga Americana que representa a la Ciudad de los Vientos…Mala suerte.
      El torpedero cubano Willy Miranda tampoco pudo jugar en la Serie Mundial de 1953, con los Yanquis, porque no fue elegible por tiempo de juego. De la vieja guardia, Héctor López se “puso las botas” con los Mulos desde 1960. Y Roberto Clemente también con los Piratas.
      Otro jugador estrella hispano, Victor Pellot Power, tampoco tuvo acceso al Clásico Otoñal, porque ni Kansas City ni Cleveland fueron grandes contendientes y, en 1954, el boricua no estaba en este club, como sí el mejicano Beto Avila. Tony Taylor y Orlando Peña, con 19 y 14 temporadas, tampoco respiraron el beisbol de Octubre en el terreno de juego, sino por televisión desde la comodidad de sus casas.
      Irónicamente, el receptor cubano Rafael Noble, que apenas calentó el banco de los Gigantes de Nueva York, se metió un ponche contra el zurdo Ed Lopat en 1951.
     Ni Humberto Fernández, ni Chico Carrasquel, ni Haitiano González…pudieron asistir al evento; pero el zurdo cubano Marcelino López se montó en el “cabú” y, con el brazo lesionado, asistió con el Baltimore en 1970.
     El también cubano José Tartabull, acompañó al Boston, en 1967, como jardinero y con este el pitcher Josè “Palillos” Santiago, de Puerto Rico.
    Y Marichal y los hermanos Alou estuvieron en 1962 con los Gigantes. En 1961, el torpedero cubano Leo CÁrdenas le dio un biangular en tres turnos a Bill Stafford, de los Yanquis, jugando con Cincinnatti. También Julián Javier acompañó 3 veces al San Luis a la competencia.
     Nadie puede dudar que, el hecho de la sempiterna presencia de los Yanquis en  Series Mundiales durante los 50’s, era un escollo, porque este club no acostumbraba a contratar hispanos con frecuencia, en el caso de Willy Miranda, como suplente y por muy poco tiempo; entonces quedaba un solo club para ocupar plaza que, como fueron los Gigantes, los Dodgers y los Bravos de Milwakee, con plantillas jóvenes, pues el hispano estaba resignado a firmar, para poder jugar rápido en Grandes Ligas, con clubes poco competitivos. Aunque Sandy Amorós actuara para el Brooklin y Félix Mantilla y Terín Pizarro para los de la ciudad cervecera en las de 1957 y 58; además de Aparicio con los Medias Blancas del 59.
    Por eso el Washington se llevó a Camilo Pascual, a Pedro Ramos y a Miguel Fornieles, los tres mejores prospectos del pitcheo cubano durante los 50’ y, por eso, debutaron tan jóvenes (con 20 años).
    El colmo de la mala suerte lo tuvo Pedro Ramos, a quien contrataron los Yanquis a finales de la temporada de 1964 como relevista y les ayudó decisivamente a obtener el banderín; sin embargo, no pudo estar en la Serie Mundial por inelegibilidad de fecha; 4 años antes, el zurdo boricua Tite Arroyo, sí jugó con los inquilinos del Bronx en el Clásico.
   Hoy la presencia hispana en Series Mundiales no es de “salvar la honra”, sino abrumadora a veces: la expansión y el incremento de la clase del jugador regional, hacen la diferencia y, como que no solo los Yanquis son favoritos y los Dodgers casi un equipo marrullero, de muchas expectativas y poco cumplimiento, con unos Mets de Nueva York que se las traen, pues cualquier jugador hispano, aun sin rango de estrella, se puede llevar a su casa el anillo de ganador; o el dinerito necesario de perdedor en el evento.

Pie de fotografia: Miñoso tuvo mala suerte en 1959




LA PEQUENA SERIE MUNDIAL DE 1959‏

 



Por Andrés  Pascual

      La Pequeña Serie Mundial es el encuentro de postemporada que decide el campeón, clasificación Triple-A, entre el ganador de la Liga Internacional y el vencedor de la Asociación Americana.
      Según escribió Stew Thornley en el libro “La gloria y la fama de los Molineros de Minneapolis”, pocas en su historia fueron tan excitantes y peligrosas como la que jugaron, en 1959, los Cubans Sugar Kings, de La Habana, y el club objeto del libro.
      Y es que no solo fue una de las más disputadas juego por juego, en la que el séptimo se decidió en el noveno inning, con otros dos en entradas extras; sino que, según Thornley, testigo presencial del evento como reportero, “Fue la única en que las ametralladoras y fusiles superaban la cantidad de bates de ambos equipos juntos…”
      Los Molineros, un equipo sucursal de los Medias Rojas de Boston, dirigido ese año por Gene Mauch era, en 1959, defensor del banderín ganado el anterior por barrida en 4 juegos contra los Reales de Montreal. El de 1959 sería el Clásico # 42 de su tipo.
      Minneapolis hacía su tercera aparición en cinco años en la Pequeña Serie Mundial, a la que asistió reforzado con dos jugadores que, en 1960, estarían en el club matriz de la Liga Americana: el jardinero Lou Clinton y el entonces segunda base de 19 años, inmortal del juego, Carl Yastrzemski, que unió al equipo durante los playoff de la Asociación.
      Del otro lado, los Cubans habían concluido 1958 en el sótano de la Internacional; pero, en 1959, terminaron en el tercer lugar del estado de los equipos del calendario regular; entonces se impusieron al Columbus y al Richmond en los playoff, ganando el boleto al evento.
     A los Cubans los dirigió Preston Gómez y su plantilla fue una mezcla de peloteros latinos con mayoría cubana y de refuerzos americanos aportados por el club matriz, los Rojos de Cincinnatti. Varios de los jugadores de los Azucareros ganarían respeto y fama en Grandes Ligas como Leonardo Cárdenas, Miguel Cuéllar, Cuqui Rojas, Haitiano González o, por sus soberbios relevos para los Yanquis en Serie Mundial, el lanzador zurdo boricua Luis “Tite”Arroyo.
     Fue el año, 1959, en que Cuba perdió la categoría de “paraíso”, convirtiéndose en una pesadilla que alcanzaría niveles de infierno en muy poco tiempo; en el cual,  bajo condiciones únicas de peligro, no vistas ni antes ni después en esos eventos, se celebró la más grande e importante serie jugada por un equipo cubano e hispanoamericano jamás hecha posible, hasta hoy, en el Beisbol Organizado.
    El peligro por el evento terrorista con justificación política, o por desborde de la enfermiza pasión por la consolidación de la confusión de todo el pueblo, repercutió en la pelota: poco después de la medianoche del 26 de Julio, mientras jugaban los Cubans contra los Alas Rojas de Rochester el 11no. inning, en el Cerro, un partido del calendario regular, las demostraciones de celebración por la fecha del Ataque al Cuartel Moncada, 6 años antes, incluyeron tableteo de ametralladores y disparos continuados con fusiles, pistolas y revólveres, que convirtieron a La Habana en una plaza en guerra extraña. Varios plomos encontraron su camino de descenso dentro del terreno de juego, hiriendo levemente al coach de tercera del Rochester, Frank Verdi y al torpedero cubano Leonardo Cárdenas. Este incidente estuvo a escasos milímetros de adelantar el traslado de ciudad de los Cañeros, por el peligro que representaba tan irresponsable acción, el que se produjo en julio del año siguiente bajo señalamientos de “peligro extremo”, sobre todo para los jugadores de los clubes visitantes, que se quejaron por la anomalía.
     Roberto “Bobby” Maduro, propietario de los Cubans, para no perder la oportunidad de celebrar la Pequeña Serie Mundial en el estadio de la barriada del Cerro, elevó al Presidente del circuito, Mr. Frank Schaugnessey, un comunicado que decía: “No hay violencia en La Habana ya. Los fanáticos, por ahora, solo tienen presente el beisbol en sus intereses.” Fidel, personalmente, garantizó la observación que, indudablemente, fue una súplica. Las Ligas Menores, a través de Mr. George Trautman y el propio Circuito Internacional, así como del Secretario de Estado, Cristian Herter, lo aceptaron…la Pequeña Serie Mundial tenía bandera de vía segura por el carril antillano.
    La serie se inició en Bloomington, en el estadio Metropolitano. Allá iban a ser jugados los primeros dos juegos del evento; pero un repentino tiempo invernal, con grandes nevadas, decidió el destino del resto de los juegos en el estado…
    El domingo 27 de septiembre, solo 2,486 fanáticos asistieron a ver caer su equipo 2-5 contra los Cubans en el inaugural. A 1,500 millas de casa, con un frío desconocido para ellos, alrededor de 1,000 fanáticos cubanos estaba en las gradas de aquel  estadio, con la algarabía natural del Cerro, con el Hombre de la Sirena y con el incansable repicar de tambores y trompetas de la conga de Papa Boza apoyando a los suyos, de tal forma, que los Molineros aparentaban ser huérfanos de fanaticada en su casa. Según escribió Thornley, “parecía que la tierra se tragaría al estadio, cuando los visitantes lograron un racimo de cuatro carreras en el tercero, por el atronador ruido de maracas y sirenas generalizado, matizado con el ondear de banderas cubanas por varias secciones de la instalación”.
     El tiempo empeoró y la asistencia mermó para el juego # 2, con solo 1,062 pagando la entrada; pero esto no detuvo a la artillería de largo alcance de los Molineros, que revertieron desventajas de 0-2 y 2-5 para, finalmente, imponerse 6-5: Roy Smalley, cuñado del manager Gene Mauch, metió un jonrón para empatar a dos en el segundo y Lou Clinton y Red Robbins reempataron a cinco, también con cuadrangulares, cerrando el octavo. La victoria de los de casa se produjo por medio de otro jonrón, de Ed Sadowski, en el noveno.
      Los jugadores de los Cubans parecían más afectados por la fría temperatura que por los racimos de anotaciones de los Molineros, el consumo de grandes cantidades de café hirviendo y el uso de toallas y colchas para envolverse, daban una imagen ártica al dugout visitante. La revista Bohemia publicó una curiosa foto de AFP en la que se veían Al catcher Enrique Izquierdo, al pitcher Raúl Sánchez y al infielder Octavio “Cuqui” Rojas, alrededor de un latón de basura, que encendieron dentro del dugout, para calentarse en medio del tremendo frío.
      El 29 de septiembre se suspendió el juego por nevada y la Comisión de Ligas Menores decidió el traslado a La Habana de los partidos restantes. Para muchos que participaron en el acontecimiento, desde jugadores a narradores, la solución de emergencia benefició al club cubano, al extremo de que consideran que el campeonato se ganó por el traslado total de los juegos restantes al Estadio del Cerro.
    Si a la Serie entre Yanquis y Mets hoy, como a la de los Bombarderos y el Brooklin ayer, se les llama “La del Metro”, la que se jugó como colofón a la campaña de Triple A de 1959 se debió bautizar como la del Estrecho de la Florida. Empezaba entonces el enfrentamiento, ante su público, del verdadero momento de grandeza de la pelota cubana, hasta el día de hoy, con los Cubans contra Minneapolis.
     En medio de una majestuosa parada de bienvenida desde el aeropuerto a la ciudad, luego del arribo a La Habana de  ambos equipos y en una gala  al efecto, Bobby Maduro dijo: “Esto es un evento nacional”. Fidel Castro estaba presente y no habló; pero asistiría a cada desafío efectuado y toda la cúpula gubernamental fue obligada a presenciar en vivo, por lo menos, un juego como política personal dictada por el sátrapa.
     Castro entró al terreno por el centerfield para el primer y último juego celebrados en Cuba y se sentó en diferenes secciones de palcos, en uno de los partidos, le retrataron en el dugout de los Cubans, entre Borrego Alvarez y Ray Shearer.
      En la pequeña ceremonia en el plato que precedió el primer juego, el dictador se dirigió a los mas de 25,000 asistentes: “Vine aquí para ver a nuestro equipo derrotar al Minneapolis, no como Premier, sino como fanático. quiero que nuestra novena gane la Pequeña Serie Mundial… ¿Qué mejor después del triunfo de la Revolución?” Acto seguido, le dio la mano a cada jugador de los dos equipos.
    Según Stew Thornley, los Molineros estaban nerviosos con aquellos barbudos, que los saludaban con señas de manos y cabezas hasta 7 veces cada uno, por lo que salían muy poco de sus cuartos en el Havana Hilton. Algunos consideraron ese detalle como trabajo colateral de apoyo a la victoria.
     Aunque Gene Mauch siempre dijo que nunca se sintieron amenazados, más de 1,000 soldados estaban allí, durante los juegos, alineados como segunda barrera de protección a las reglas de terreno por el público dentro del diamante, o en los dugouts…
    Ted Bowsfield, pitcher del Minneapolis, describió así su preocupación: “Eran jóvenes, muchos de 14, 15 y 16 años, jugando con sus armas al lado de uno. A cada rato escuchábamos disparos fuera del estadio y nunca supimos la razón…”
   Tom Umphlett, jardinero central visitante, al entrar al dugout después de hacer una cogida a lo profundo de su posición, le comentó a Mauch: “Uno de esos barbudos me prometió que me iba a matar e hizo la señal de media circunferencia, con el dedo a través del cuello, que en Cuba no se hace como para cortar la cabeza; sino como símbolo de victoria en un juego. Evidentemente, el Minneapolis jugó aterrorizado aquella serie.
     El tercer juego lo abrió el club de la Asociación con ventaja de 2-0; pero los Cubans empataron en el octavo a dos y ganaron con otra en el décimo. Yastrzemski, que la sacó a 400 pies por entre el right-center, escribió en su autobiografía: “Era una revolución en las calles y las armas, disparadas constantemente en tus narices, hacían violento el espectáculo”
    Los Sugar Kings empataron a tres el cuarto juego en el cierre del noveno, con sencillo de Daniel Morejón, que también empujó la anotación ganadora con otro hit en el onceno.
    A uno de la eliminación en 4 juegos, el Minneapolis se sobrepuso y ganaron los proximos dos, empatando a tres la serie.
    Para el séptimo, Castro alteró su entrada desde el centro del terreno y, en vez de pasar frente a la cueva de los cubanos, lo hizo por la de los visitantes. De acuerdo a Lefty Locklin, del Minneapolis, cuando pasó frente al bullpen, despacio y mirándolo fijamente, le dijo en inglés, mientras se tocaba la pistola que llevaba: “Hoy ganamos nosotros”.
     Sin embargo, los Molineros dieron la impresión de que no creían en supuestos fantasmas y Joe Macko abrió el cuarto episodio con jonrón al izquierdo, mientras Lou Clinton hacía lo mismo en la sexta para poner delante a su equipo 2-0.
      La ventaja forastera se mantuvo hasta el 8vo. cuando Pelayito Chacón abrió con sencillo y, después de un out, Morejón bateó una línea que picó y se internó en el público, bajo reglas de terreno, para un doble. Ray Shearer se ponchó sin tirarle para el segundo out; pero el emergente Larry Novak conectó hit al center que empató el desafío.
     En el cierre del noveno con el score empatado, los Cubans colocaron corredores en segunda y primera con dos outs. La mala suerte de los Molineros, además de la nieve que les canceló servir de anfitriones en 2 juegos, reapareció en el plato en la figura del Jugador Más Valioso del evento, el recientemente fallecido jardinero Daniel Morejón el que, al primer lanzamiento, conectó hit de línea al centro, que le permitió al corredor Raúl Sánchez llegar de cabeza, antes que el tiro de Umphlett, con la carrera que decidió el memorable juego.
      Los Molineros de Minneapolis regresaron a su casa tristes por la derrota, pero aliviados por la tensión de la actividad irresponsable, enmascarada en juerga y diversión a que, aún, acostumbra la tiranía.
     Ted Boewsfield declaró después: “No tuvo peso perder el juego en ese país y bajo aquellas condiciones, estábamos felices de regresar sanos y salvos…”
     Mientras, La Habana iniciaba tres días de fiestas por la tremendísima victoria de los Cubans que, al año siguiente y por esa fecha, Castro se había encargado de opacar para siempre obligando a las autoridades americanas a trasladar el club a Nueva Jersey.
  
    

 


POSICION DE MALABARES Y FILIGRANAS, EL CAMPOCORTO

 

Por Andrés Pascual


       En épocas pasadas, un torpedero era apreciado por lo que fuera capaz de rendir a la defensa y no por lo que produjera ofensivamente; eso fue posible porque, la mayoría de los bateadores son derechos y, las conexiones hacia el campocorto, más frecuentes que hacia la parte derecha del terreno.
        Todos los lanzamientos que se tiran hoy y que muchos consideran como propiedad exclusiva del “tiempo moderno” (incluso hay quienes creen que hace 20 ó 30 años que existen), se utilizaban desde principios o antes de mediados del siglo pasado.
         En la medida que los bateadores fueron enfrentando curvas, sliders, tenedores, nudillos, tornillos, palma de la mano…con incremento del cambio de velocidad, pues los batazos por el suelo se hicieron más comunes.
         Entonces se hizo necesario colocar en el campocorto jugadores más rápidos, de buen brazo, con la inteligencia suficiente para ubicarse en la posición de acuerdo al lanzamiento efectuado a un bateador.
         Fue común, durante la era de la bola muerta, colocar jugadores de físico más pequeño que el resto, porque se creía que hombres menos altos y más delgados podían desempeñarse mejor, con más agilidad; sin embargo, no todos los torpederos de la era de la bola muerta fueron alfeñiques: si bien Rabbit Maranville media 5’5 y pesaba 155 libras, Honus Wagner, el primer superestrella de los Piratas de Pittsburg hasta 1919, media 5’11 y pesaba 200 libras, lo que no le impidió ser un gran fildeador ni un gran estafador de bases.
         John Henry Lloyd, apodado “Pops” en su país y “Bemba de Cuchara” en Cuba, donde participo en 13 campeonatos de la Liga Invernal, tenía la estatura de Wagner y 195 libras de peso.
         A Lloyd y a Wagner se les considera, comúnmente, lo mejor de la posición en todos los tiempos; porque, según muchos historiadores, ningún otro ha sido más completo. En el caso de Lloyd, que no pudo jugar en Grandes Ligas por  la barrera racial, no faltan, como Babe Ruth, quienes digan que jamás pisó un terreno de pelota alguien mejor que este jugador.
    John Peter Wagner era un hombre corpulento, que no se adjustaba a los moldes clásicos del torpedero de la época, de brazos largos y manos extremadamente grandes que le permitían, a veces, fildear batazos con su mano derecha; pero sus reacciones, sus reflejos y su velocidad -robó 772 bases-, más la potencia de su brazo, no tienen comparación; sino con Lloyd, que también era así.
     Wagner fue 8 veces campeón de bateo de la Liga Nacional, jugó 21 campañas hasta 1918 y bateaba separando las muñecas como Ty Cobb. Conectó 3,430 hits, empujó 1,732 carreras, anotó 1,740, más 252 triples y su promedio general es, todavía, el más alto de cualquier torpedero .329.
     John Henry “Pops” Lolyd solo jugó en el béisbol independiente de Pre Ligas Negras, de las Ligas Negras y en el cubano. La infame barrera racial privó al fanático blanco de ver a este superpelotero en Grandes Ligas; estuvo activo entre 1905-1932 y militó en varios clubes de la pelota sepia: Cuban Giants, Chicago Leland Giants, Lincoln Stars, Brooklin Royal Giants, Columbus Buckeyes, Bacharat Giants, Hilldale y New York Black Yanquis. Fue manager y, hasta la llegada de Tom Lasorda, se le consideró el más motivador de todos los tiempos. Salón de la Fama en 1977 por la vía del desaparecido Comité de Ligas Negras. Bateador extraordinario y fildeador superlativo, fue un peligroso corredor en la época en que un lanzador necesitaba una sola carrera para ganar un juego. De excelente control del bate en home, podía tocar una bola con autoridad y con esa misma batear con poder. Un verdadero maestro en la jugada de bateo y corrido. En algún momento, Honus Wagner dijo que era un privilegio que le compararan con este hombre. Lloyd nació en 1884 y falleció en 1965, de causas naturales.
      Vendrían otros grandes shortstops de la primera mitad del siglo pasado como el liliputiense Rabbit Maranville, uno de los cinco que más outs sacó en la historia de la posición, una verdadera muralla del campocorto.
       Entre 1930 y 1950, jugó el campocorto para los Medias Blancas de Chicago Luke Appling que participó en 2218 encuentros y terminó su carrera con .310 de promedio ofensivo. Obtuvo el campeonato de bateo en 1936 con .388 y en 1943 con .328, participó en 6 juegos de estrellas y estuvo diez veces en el tope entre los seleccionados para el Jugador Más Útil a su club. Después de cumplir 40 años, bateo .301, .314 y .314 consecutivamente. Uno de los grandes productores en conteo de cero bolas y 2 strikes de todos los tiempos. Como los anteriores, su nombre esta inscrito en Cooperstown.
      Cecil Travis es una de las grandes injusticias de los que votan para el Salón de la Fama sin ser ni negro ni latino -de que los hay los hay-. Estuvo 12 años en Grandes Ligas, todos con los Senadores de Washington…poco tiempo, porque fue de los peloteros enviados al Servicio Militar durante la 2da. Guerra Mundial y tuvo una lesión que le afectó la visión del ojo derecho; bateó .317 y 8 veces se montó sobre el difícil potro de los trescientos, con promedios de .359, .344, .335 y .322.
        Travis lideró la Liga Americana con 218 hits en una oportunidad y se destacó por ser un maestro en la jugada de bateo y corrido; podía ser capaz de dirigir la bola hacia espacios vacíos con precisión casi milimétrica. Que no integre el grupo de Cooperstown es una verdadera vergüenza para aquellos que votan, posiblemente tan vergonzoso como mantener fuera del recinto a Lefty O’Doul, a Alejandro Oms, a Babe Herman, a Luis Tiant, a Tony Oliva, a Miñoso o a Concepción.
      Lou Boudreau, quien sí está en Cooperstown, es más conocido por la formación que creó para anular a Ted Williams. También porque hizo dos jugadas de leyenda, que ayudaron a interrumpir la racha de Joe Dimaggio en el juego # 57; pero Boudreau fue una estrella de dimensión mayúscula, un jugador completo: en 1948 encabezó el fildeo en su posición, jugando para los Indios de Cleveland, con .975 y el bateo con .355, anotó 116 carreras e impulsó 106. En 15 años de labor, siempre con la Tribu, produjo para .295.
     El inmortal Joe Sewell, que jugó con Cleveland en el periodo 1920-1930 y con los Yanquis desde 1931 a 1933, no solo es uno de los mejores torpederos defensivos de la historia; sino el jugador más difícil de ponchar en todos los tiempos: en 7132 veces al bate consumió solo 114 chocolates, 1 cada 63 veces; o sea, tomando cuatro veces como patrón de medida, un ponche cada 16 juegos. A los Indios llegó como reemplazo de Ray Chapman, la única muerte registrada en el pasatiempo en juego oficial y en turno al bate, por un beanball lanzado por el pitcher de movimientos submarinos Carl Mays, de los Yanquis de Nueva York. Con .329 de promedio, se adueño de la posición vacante e inició un peregrinar productivo de 14 años por la caja de bateo conectando sobre .300. Fue un bateador eminente de contacto y un tocador perfecto. En la temporada de 1932, con los Yanquis, se ponchó tres veces en más de 550 oportunidades.
       Durante los 40’s y los 50’s, aparecieron en el escenario de las Grandes Ligas dos de los mejores y, a la vez, más populares de todos los tiempos, favorecidos por los clubes para los que defendían la posición: Harold “Pee Wee” Reese y Phil Rizzuto, el primero con los Dodgers de Brooklin y, el segundo, con los Yanquis de Nueva York; dos estrellas manufacturadas para el concepto clásico del jugador del campocorto: pequeños, rápidos, ágiles, inteligentes y capaces de provocar preocupación entre los lanzadores y el cuadro enemigos por el bateo de contacto y la capacidad para dirigir las bolas hacia cualquier ángulo del terreno. Grandes tocadores de bola, Rizzuto está considerado un maestro de la jugada que nadie es capaz de realizar con éxito continuado hoy.
        Pertenecen al Salón de la Fama, aunque Rizzuto debió esperar una eternidad para integrarlo, tanto que por poco no puede disfrutarlo en vida.
        Marty Marion, de los Cardenales de San Luis, fue un jugador del campo corto de gran estatura y, sin dudas, uno de los buenos de la posición durante los 40’s.
          Vernon Stephens, que jugo en varios clubes, uno de ellos, el San Luis Browns, fue un gran bateador que hacía gala de poder jonronero en su época.
           En 1953, por la vía de los Cubs de Chicago, entró a la Liga Nacional un torpedero proveniente de las Ligas Negras que cambió la estrategia del bateo de los jugadores de la posición: Ernie Banks…Gran fildeador con poder bestial, sobre el tapete estaba la idea de que un torpedero podía batear jonrones en cantidades competitivas como slugger, entonces, Banks se convirtió en una proposición para el béisbol como shortstop.
        Luis Aparicio trajo de vuelta al béisbol de Grandes Ligas la velocidad como bastión ofensivo al lado del cubano Orestes Miñoso y de Nellie Fox para los Medias Blancas de Chicago de los 50’s, ganó nueve Guantes de Oro y promedió .262, participó en 2581 juegos; hizo 1553 asistencias y ganó 9 títulos en bases robadas.
        De inteligencia poco usual, range increíble y brazo poderoso, es un legítimo miembro del Salón de la Fama y una leyenda del béisbol.
        También han estado ahí Roy McMillan, Maury Wills, Joe Demaestri, Mark Belanger, Leonardo Cárdenas o David Concepción…hasta Ossie Smith, un acróbata del campocorto, que es la filigrana hecho torpedero.
         Sin embargo, posiblemente el verdadero y auténtico mejor defensor del campocorto de todos los tiempos sea Omar Vizquel, que pasea mejor que nadie el calificativo de increíble, dueño de casi todos los records de fildeo de la posición. Su seguridad de manos, su inteligencia, que le permite colocarse debidamente para cada bateador, lo que provoca que no atropelle jugadas para crear fantasías espectaculares, es una credencial superior a la de Ossie Smith.
         Vizquel estará en Cooperstown en su momento y, cuando sea elegido, convertirá al boricua Roberto Alomar en un intermedista con dos  campocortos en el recinto: Ripcken jr. y él mismo.



 

 Pie de grabado: Wagner fue el primero de los grandes de la era moderna.

 



 

MALA SUERTE ; MALA COSTUMBRE

MALA SUERTE; MALA COSTUMBRE

Por Andrés Pascual

       Cuando el pitcher derecho cubano de los Filis de Filadelfia, José Ariel Contreras, comenzaba a cuajar como serpentinero de Grandes Ligas, aunque en función de relevista, se molesta el codo del brazo de lanzar.
       El serpentinero, una vez el mejor del equipo castrista a eventos internacionales, parece que domó sus nervios y adaptó su temperamento a situaciones complicadas en un tipo de beisbol en el cual la clase y el nivel de competencia, tienen que demostrarse diariamente, entre otras cosas, porque, lo que se recibe en pago por cada actuación de obligado alto perfil, ni son abrazos de dirigencia ni diplomitas al mérito político sobrepuesto a caprichos enfermizo de índole mentecata, sino millones de dólares, contantes y sonantes.
       El pinareño, todo un veterano de 20 campañas en general y más de 35 años de edad, está en una carrera contra el tiempo y, lesionarse, representa un retroceso en el rumbo positivo que llevaba en lo que ya son sus días finales en el beisbol con, tal vez, esta y otra temporada, más o menos, productiva.
       Pero da risa y pena que en Filadelfia, por el miedo a perder terreno en la división Este del Viejo Circuito, se busque un chivo expiatorio a quien culpar por la lesión del cubano, claro, el alboroto lo produce que su cerrador, Brad Lidge, esté en la lista de enfermos por problemas en el hombro, sin que se pueda definir, a ciencia cierta, su regreso; mientras, Contreras lo estaba supliendo de tal forma que el dueño de la posición no lo hubiera hecho mejor.
       Charlie Manuel ha tenido que defenderse de mil acusaciones como responsable por la lesión por exceso de trabajo sobre el brazo del antillano: que si 4 de 5 veces con un día por el medio de descanso, que fue exagerada la utilización del cerrador suplente…Sin embargo, ¿Qué hubiera sucedido si se hubiesen perdido 2 de 5 de esas victorias, porque explota otro relevo? ¿A quién estuvieran matando hoy?
        Charlie Manuel, más claro que el agua, le dijo a todo el que quería escucharlo que era quien dirigía y que lo hacía para ganar. El respaldo absoluto del General Manager Rubén Amaro jr. tal vez le colocó el chirrín chirrán a la historia que, por si fuera poco, cuestiono también los 130 lanzamientos de Roy Halladay en su último juego.
        Los tiempos, que nadie que razone como debe ser puede cuestionarlo, están de “ampanga” en las concesiones a los jugadores en detrimento del pasatiempo…
        La noche del 2 de julio de 1963, en el estadio Candlestick Park, de San Francisco, jugaron un extrainning de 15 entradas los Gigantes y los entonces Bravos de Milwakee, el juego concluyo con victoria 1-0 del club que capitaneaba Willie Mays quien, precisamente, sacó la bola por el leftfield para dejar al campo al equipo de Hank Aaron.
        El jonrón se produjo por una curva que se le quedó alta a Warren Spahn en el que fue su lanzamiento # 201 del encuentro; el pitcher ganador fue el dominicano Juan Marichal, que concluyo la noche con 227 envíos al plato.
       Datos de interés: ese año Spahn cumplió 42 y Marichal, un mes después, 26; el zurdo terminó la campaña con 23 ganados y el quisqueyano con 25.
      Ambos, inmortales con residencia fija en Cooperstown, en 1963 Spahn jugaba su temporada # 20 y Marichal la 4ta.
       Lo mejor, visto a la luz de los acontecimientos del beisbol actual, nadie acusó a los managers por haber dejado efectuar la cantidad de lanzamientos que hicieron en el juego ambos lanzadores; porque, por vergüenza, por fortaleza física y por profesionalismo, tampoco a alguien le dolía ni el codo ni el hombro con la sospechosa rutina del tiempo actual.


 Pie de grabado: Son “damas de compañía”, no pitchers de Grandes Ligas

 

SOSPECHOSO TRATAMIENTO MEDIATICO AL PREMIER




Por Andrés Pascual

      ¿Por qué razón, a raíz del centenario de Conrado Marrero ayer, la prensa de Miami decidió seguir la forma como celebra la tiranía el cumpleaños?
      Por ejemplo, en una entrevista con el ex lanzador, se dirigen algunas preguntas hechas a ex entrenadores de Series Nacionales como Juan Gómez, “El Coco”, que dijo que Marrero “había influido mucho en ellos”, lo que no es cierto, porque en ningún pitcher de la cosecha 1969-presente, se aprecia algo que recuerde que, alguna vez, un pitcher de mucho control, solo con recta y slider (nunca tiró otra cosa), que forma parte de la leyenda del beisbol cubano, tenga un legado en generaciones que solo aprenden si se fugan hacia el beisbol profesional. Todo lo que se dice son habladurías, el único lanzador en el que se vio que, personalmente, el Guajiro fue tenido en cuenta durante su aventura por la provincia de Oriente, fue en Braudilio Vinent, con un tremendo slider, no sé si como el del ex pitcher de los Azules o mejor, pero sí tremendo. Pero el Duque, con un lanzamiento a ¾ mortífero, probada su eficiencia en Grandes Ligas, no relaciona al venerable centenario del sempiterno tabaco en su aplicación de alumno aventajado, por lo menos, nunca lo ha dicho.
       Orlando Peña, otro ex lanzador estrella del club azul de la Liga Cubana, que logró dominar un slider tremendo, además de la saliva y el tenedor, también le agradece al Premier “todo lo que sé como pitcher”, y utilizó el pitcheo que identificó al pitcher estrella del Cienfuegos de la Unión Atlética con éxito en las Mayores de 8 y 10 clubes por circuito.
       Sobre Marrero, el dato manejado por la prensa oficial de la Isla, “es el último pitcher que haya vestido uniforme de liga-grande con 100 ó más años de vida”, forma parte de la celebración; pero nadie ha dicho que, junto a Andrés Fleitas, son los únicos sobrevivientes del glorioso y verdadero emblema del beisbol cubano en cualquier época: los Alacranes del Almendares década de los 40’s segunda parte; porque el Idolo del Central Constancia abandonó el país desde 1962. Que lo censuren allá, bueno, pero, ¡Qué se imite la medida aquí…! Por favor.
       Se ha entrevistado a Marrero sobre sí mismo en La Habana; incluso a algunos que pueden decir muy poco sobre la grandeza del Premier; pero, a uno de sus catchers, a Fleitas, otra leyenda auténtica e indesteñible, no se le entrevista para que enriquezca, con el anecdotario que tiene de su larga y estrecha relación con el ex lanzador; ni a Orlando Peña, al que el Guajiro de Laberinto le sugirió que “no le fajes al rolling por el cuadro, déjaselo al jugador de atrás, que lo hace mejor” ni a Camilo Pascual ni a Felo Ramírez… ¿Dónde está el detalle?
       Son, a fin de cuentas, cosas curiosas y caprichosas que nadie adivina por qué ocurrieron en la prensa y la radio de Miami. Ahora, justo es decirlo, en Cuba han hecho todo esto no por la grandeza del pitcher; sino, porque no quiso irse de Cuba, decisión soberana y respetable y porque nunca ha dicho ni una palabra en contra del castrismo.
       Si a Marrero se le hubiera escapado un lanzamiento oral, especie de wild-pitch político, nadie se acordaría ni de su nombre ni de que cumplía 100 años ayer ni, incluso, dónde estaría ahora mismo. Sucedió con Salvador Hernández, con Luis Suárez, por ejemplo.
       En esto, El Premier de los lanzadores de Cuba” ha demostrado más control que el que tenía cuando pitcheaba; sin embargo, por aquí no se puso un solo lanzamiento en zona de strike, convincente tanto para el umpire como para “el respetable”…hasta los relevistas perdieron el control. ¡Qué barbaridad!



 Pie de grabado: ¡Qué lástima! Ninguno de sus compañeros ha sido escuchado fuera de Cuba.



No solo fue grande como pelotero

Por Andrés Pascual
       El 22 de noviembre de 1964, el tabloide Inside News publicó, detalladamente, la noticia de cómo Mickey Mantle salvó a dos jovencitas de un violador en el Parque Central de Nueva York.       Según la publicación, un depredador sexual les arrancaba la ropa mientras blandía un cuchillo; entonces se presentó The Mick       Ante la presencia del superestrella de los Yanquis, el individuo dejó caer el arma y decidió correr a enfrentarlo. Poco después fue detenido.       Las jóvenes, dos amigas casi niñas aún, eran considerables en el rango de “bobby-sox”, que son justo las que están en la transición de niña a adolescente y el nombre responde al cambio de medias, con dibujos rosados de Blanca  Nieves, a las largas de nylon con ligas; o al de las muñecas Barbi por el enamorado de ocasión.      Porque 1964 fue especial en el espectro juvenil de Occidente, era fanáticas de The Beatles y el hecho ocurrió durante el regreso a sus casas, después de ver la última película del grupo británico.      A la hora de armar un comentario, crónica o artículo sobre Mantle, por lo general el interés del autor enfila hacia el terreno de juego, donde metió los más largos jonrones que se recuerden; en el que corría más que nadie del plato a primera y en el que, también, obtuvo 3 premios de Jugador Más Valioso por sus memorables actuaciones; o, hacia sus 12 Series Mundiales jugadas, con 7 anillos logrados y 18 cuadrangulares conectados.      En lo personal, su figura de rubio de ojos azules, muy atractiva para mujeres; su origen de clase obrera procedente del renglón de la minería en Oklahoma y su afición por la bebida, que se confabuló para llevarlo a la tumba, además de acusaciones de padre que atendió muy poco la crianza de sus hijos y de esposo que no pudo ser peor, fueron “la noticia”, con la de alguna que otra escaramuza, al lado de Billy Martin, en clubes nocturnos neoyorquinos, que llenaba espacios noticiosos sobre el jardinero central de los Mulos de Manhattan.      Sin embargo, la información de Inside News refleja que, cuando la sociedad le necesitó en papel de verdadero héroe fuera del terreno, no rechazó el importante compromiso, creando las bases para la pregunta, ¿Cuántas veces más habrá actuado así, no dado a conocer por el parco pelotero? Incluso, ¿Cuántos otros jugadores habrán escrito páginas de igual importancia como servidores del deber ciudadano? Nadie sabe; pero, en el caso del hombre que no permitía que le tomaran fotos mientras vendaba hasta la cintura sus deplorables piernas, porque tenía en su cuerpo más de 20 lesiones desde el cuello, para que el fanático no estableciera diferencias en su juego que favorecieran la piadosa lástima, todo puede ser capaz…     Esa forma como entendía Mantle que debía verlo el público, sin influencias de su dolor ni de sus limitaciones ante cada actuación, suponen un valor fuera de lo común ante el reto diario que, lo mismo podía ser contra el derecho del Detroit  Frank Lary, bate en ristre y en el plato, que ante un delincuente armado que pretendió mancillar el honor de dos jovencitas de la Gran Manzana en 1964.

CURIOSIDADES DEL BEISBOL PROFESIONAL CUBANO‏

Por Andrés Pascual

       Jorge Figueredo, autor de tres soberbios libros sobre el beisbol profesional cubano, dos de ellos en inglés, que contaron con la colaboración de su hermano Mario q.e.p.d, de Pepe Tuya y de Charles Monfort como archivista, editó a principios de la década de los 80’s, con Monfort como “ayudante”, la útil e interesante revista “Pelota Cubana: Momentos Estelares”, que ha sido el 75 % de la fuente de datos para este trabajo.
        Durante la visita del Cincinnatti a Cuba en 1909, acompañó al club escarlata un umpire de apellido Betley, a quien enseguida apodaron los fanaticos cubanos “Mr. Escobilla”, por la cantidad de veces que limpiaba el home con el instrumento de aseo. La notoriedad histórica del “caballero del peto, la escafandra y la escobilla”, como llamó alguna vez a los umpires Eladio Secades; sin embargo, la merecio porque fue el que introdujo la modalidad de cantar los strikes levantando el brazo derecho y las bolas el izquierdo.
         El primer jugador cubano en vestir uniforme de un club de Grandes Ligas fue Luis “Mulo” Padrón, cuando los Medias Blancas de Chicago le invitaron al campo de entrenamiento en 1908. Sin embargo, por una denuncia racial, fue dejado en libertad a dos días de iniciarse la campaña.
        El día de Nochebuena de 1908, José de la Caridad Méndez perdió su segundo juego del año, al caer ante los Leones del Habana 0-1. El juego lo ganó el Chino González.
       Cuando el Almendares viajó a Key West a efectuar una serie de juegos, el acontecimiento se convirtió en histórico porque era la primera vez que jugadores blancos y negros se mezclaron en el Sur de Estados Unidos. Sin incidentes los dos primeros partidos, durante el tercero, la agresividad tomó niveles preocupantes, lo que ocasionó que los criollos perdieran la serenidad y el nerviosismo se apoderara del club provocando su derrota en un juego que debieron ganar; amenazados hasta con revólveres, se necesitó la presencia del cónsul Carrasco en el terreno para calmar a los extremistas. La cosa había llegado tan lejos, que el alcalde de la ciudad entró al terreno a ofender al pitcher Joseíto Muñoz y a Regino García lo amenazaron  con lincharlo después de batear un triple.
      El único jugador del Almendares que no vio acción en Key West fue Armando Cabañas; porque el médico de la Sanidad lo consideró “chino de nacionalidad”.
      Ty Cobb, quien ganó la Triple Corona en 1908, no acompañó al Detroit a su serie en Cuba ese año; tampoco asistió Sam Crawford y su torpedero regular, Owen Bush, solo jugó dos encuentros, sustituyéndolo Bob Hopke, que había jugado dos semanas antes con el Indiannapolis.
      En esa serie, que fue un éxito en todos los órdenes, el Detroit perdió contra el Habana y contra el Almendares 4 juegos por dos, con Joseíto Muñoz domando dos veces a los felinos por los Alacranes; mientras, Chicho González participaba en tres encuentros por los Leones, ganando dos como abridor y uno de relevo. Méndez ganó un juego y cayó en dos por el club añil.
      Después de concluir la serie del Detroit, llegó a La Habana un All Stars de las Mayores que incluyó a Fred Merckle, de los Gigantes, el de la famosa marfilada contra los Cubs al no pisar una base; Addie Joss, pitcher del Cleveland, muerto prematuramente y miembro de Cooperstown y Mordecai “Tres Dedos” Brown, maestro de la curva y también en el Salón de la Fama. Chicho González les dio la bienvenida ganàndoles 2-1 con la ayuda de un jonrón del Mulo Padrón en el 5to.
      El segundo Almendares Park se construyó en 1919 y la pelota se jugaba por la mañana; a las doce y media, había que dejar el terreno en condiciones para el balompié, aunque se suspendiera un juego. La tarde era el horario preferente. En 1923, se produjo un motín por exceso de público que no cupo en las gradas al cubrir la pelota el turno de la tarde, un tercio del graderío fue destruido. Ese interés por el beisbol, decidió a la administración del parque a alternar el turno entre ambos deportes.


Pie de fotografía: Méndez lució regular en las series internacionales de 1908 y 1909




Hasta una sucursal de lujo tenian los Yankees, Kansas City AS‏

Por Andrés Pascual

     Los Yanquis, sobre todo a partir de la entrada de Babe Ruth, significaron más dinero que todas las demás franquicias; su propietario, el Coronel Jacob Ruppert, no escatimó recursos financieros en construir no solo Yanqui Estadio con la ayuda de Babe Ruth; sino la más grande, la más ganadora y la más importante franquicia profesional deportiva del mundo.
     No regateaban precios para la adquisición de jugadores franquicias; pero fue a partir de 1924, cuando firmaron un contrato de exclusividad con el promotor y matchmaker del Madison Square Garden, que también era el promotor personal de Jack Dempsey, Tex Rickart, para efectuar regularmente carteleras de boxeo en el estadio, que una cantidad, mucho más que generosa de dinero, le comenzó a entrar a la gerencia como un suero refortificante, que utilizaban en operaciones de mercado de jugadores vía compra directa; o de cambios con dinero acompañante.
     El béisbol vivía “la era de la cláusula de reserva” con detractores y defensores que, por el desastre del tiempo actual, acaso muchos más la consideren hoy efectiva y radical, por “el amor al juego” y por el compromiso obligatorio con la camiseta, que a esta etapa de “agencia libre”, que ha convertido en un relajo institucional, de arriba a abajo, al pasatiempo.
     Connie Mack, venerable manager y propietario de los antiguos Atléticos de Filadelfia por 51 años y toda una institución para el béisbol, nunca tuvo las arcas llenas del dinero necesario para mantener un club en condición ganadora, o para construir dinastías. Pero, a partir de 1923, sus scouts firmaron un grupo de jugadores jóvenes que, a finales de la década, se constituyeron en una amenaza real para la naciente dinastía del Bronx, porque tenían mayoría de estrellas como los pitchers Lefty Grove, Ehmko o Earnshaw y, para jugar en posiciones, otro grupo de Hall of Famers como Jimmie Foxx, Mickey Cochrane, Jimmy Dykes, Ben Chapman, Mulo Hass o Al Simmons…(Dykes, Chapman y Haas no son SDLF)
      Con semejante pitcheo y artillerÍa a su disposición, los Elefantes Blancos ganaron la Liga Americana en 1929, 30 y 31 con dos Series Mundiales…pero el veterano propietario no tuvo dinero para mantener a sus estrellas y desbandó el club hacia otros equipos, beneficiándose el Boston de la Americana, que adquirieron a Lefty Grove y a Jimmie Foxx, con el tremendísimo catcher Cochrane haciendo puerto en los Tigres de Detroit como manager-jugador. Se cuenta que Mack estuvo un mes llorando cuando vio a Grove en el uniforme del Boston.
     La entrada a la década del cincuenta de los Atléticos de Filadelfia, encontró a Connie Mack anciano, cansado y sin recursos financieros; entonces vendió el club, al que trasladaron a Kansas City.
     Una franquicia todavía pobre, la gerencia de Kansas City llegó a un acuerdo silencioso, casi pacto de caballeros con los Yanquis, que le convirtió en el principal proveedor de jugadores directos de un club de Grandes Ligas a otro por la vía de la venta o del cambio. Incluso fue al Kansas City a donde enviaron los Yanquis al que era su mejor promesa como novato a mediados de los cincuentas, el inicialista boricua Víctor Pellot Power, para no tener que romper la barrera racial del club con un negro hispano, lo que hicieron con el catcher-outfielder Elston Howard.
    Desde el Kansas City llegaron a los Yanquis jugadores como Joe Demaestri, Roger Maris, Bob Cerv o Héctor López.
    Pero, cuando el excéntrico Charles O. Finley adquirió el club, su meta no era seguir abasteciendo a unos Yanquis que, porque prácticamente abandonaron su sistema de sucursales, estaban exhaustos, con jugadores envejecidos, adoloridos y sin sustitutos de clase tradicional a la vista; por tal razón,  1964 fue su último de la década en asistir a la Serie Mundial y por los próximos 12.
    O’Finley, un tacaño, se llevó el club a Oakland e inició, desde Kansas en 1964, el rejuego de vender lo mejor que tuviera para quedar último y pedir primero o segundo en el draft…así comenzó a construir el imperio que no pudo mantener por la explosión de la agencia libre y Jim Catfish Hunter fue a los Yanquis como el primer millonario de contrato a largo plazo del béisbol. Reggie Jackson fue redirigido desde el Baltimore también a la franquicia del Bronx y Blue Moon Odom, Vida Blue, Rollie Fingers, Bert Campaneris, Sal Bando o Rick Monday cogieron las de Villadiego.
     El hombre que se negó a continuar la política desleal con el beisbol de los Yanquis y los Atléticos, Charles O’Finley, que ganó las Series Mundiales de 1972, 73 y 74; también, como designio fatal sobre ese club, debió vender, porque no podía mantener ni a una novena con colegiales que le jugaran solo por la merienda.
    Con George Steinbrenner se reactivó la política de la compra sin regateo, al extremo de que, con el salario de 252 millones de Alex Rodríguez, le tomaron el pelo, porque el jugador no solicitaba eso y, por acapararlo, el Jefe pago mucho más, no solo de su valor real, sino de lo que hubiera contentado al pelotero; a pesar de todo, entre 1981 (derrotados por los Dodgers), hasta 1996, no volvieron al Clásico de Octubre.
    Hoy tienen un club que puede ganar; pero están en dependencia de que su vedette y cuarto bate esté curado del  miedo por la presión extra que pone jugar para semejante franquicia, el que no tenían ni Ruth ni Gehrig ni Dimaggio ni Mantle ni Berra ni Reggie Jackson…ni, hoy, tampoco Dereck Jeter. Luego, con estos Yanquis modernos; a pesar de los nombres y del dinero, hay que esperar, por una u otra cosa, siempre hay que esperar…



 Pie de grabado: Al Coronel Jacob Ruppert se le agradece el Imperio del Bronx

¿JUEGO DE ESTRELLAS O NI UN “PITEN” DE BARRIO?‏




Por Andrés Pascual

       Aparentemente, el slogan de la campaña de Obama por la presidencia de Estados Unidos ha pegado, como marca registrada por lo que se repitió, en muchos otros sectores del país: el cambio  también llegó a las oficinas del Beisbol Organizado y, su sentido del contrasentido, se le aplicó a los estatutos del Juego de Estrellas, para lo que se creó una comisión que incluye hasta a Tony Larussa.
       Un jugador más y van 34; el bateador designado hasta en la sopa y lo que venga... ¡Que fildee el de atrás, que también cobra!
        El Juego de Estrellas fue un acontecimiento tan esperado por la fanáticada como la propia Serie Mundial, cuando aquello, el beisbol tenía verdadero significado para el pais, al extremo de que, Franklin D. Roosevelt, lo mantuvo en horario diurno durante el difícil periodo de tiempo de guerra, como estandarte de la moral nacional.
        Entre 1959 y 1962 se celebraron dos juegos por temporada, con entradas y audiencias radiotelevisivas increíbles. Era la época de la cláusula de reserva y al fanático se le respetaba como lo que es, el único Rey del Pasatiempo.
         Pero, ¿Qué queda de aquello? Memorias. Perdón, la memoria es inservible cuando se está ante una situación como la actual; en que están hundiendo al beisbol en las narices de todos y, como si con nadie fuera, todos contentos.
       Selig decretó blackout o suspensión de un juego en empate a siete carreras, porque, “se acabaron los pitchers de cada club” ¿La alternativa? Un jugador más que ni lanzador sería.
         Sin embargo, nadie habla de los 30 minutos que demoró el inicio de una Serie Mundial, para colocar un anuncio de campaña política del entonces candidato Barack Obama, mácula permanente sobre los hombres de Bud Selig por siempre jamás.
          La pelota americana es una colosal mentira que tiene indigestados a los que desean orden, clase profesional y respeto.
          A fin de cuentas, el Juego de Estrellas de las Mayores de esta época no es competitivo ni en el nivel de aquellos enfrentamientos de muchachos de dos barrios, en cualquier pueblo cubano o de otro país, a los que en la Isla le llamábamos “pitenes”; estos fantoches de lo  que alguna vez llamaron “mejor beisbol del mundo”, ni juegan con la pasión con que jugaban aquellos jovencitos ni sienten el pasatiempo como lo que debe ser: parte de su corazón. Así que, por ahí, calcule a los que mandan.



CAMILO PASCUAL O EL TIEMPO EQUIVOCADO‏


Por Andrés Pascual

     Cuando empezó a jugar beisbol era “el hermano de Patato” y, en la historia del juego, tal vez haya sido el jugador más barato adquirido por un club en una liga profesional; porque la transacción que le envió al Cienfuegos desde el Marianao se concretó así: “…dame 12 bates y llevátelo…” De esa forma, los Elefantes de la Liga Cubana adicionaron a su departamento monticular a uno de los más dominantes lanzadores cubanos e hispanos de todos los tiempos: Camilo Pascual Luz.
    Patato había sido la estrella del club Ceiba en la temporada juvenil de 1947. Después vendría el champion para Carlos; el Big Spring de la Longhorn League en Texas y, en 1950, los Senadores de Washington.
   El hermano mayor era un corajudo y valioso pitcher y jugador de cuadro de inteligencia innata para el juego, aptitud que le llevó a ser un scout estrella y un manager de talla, capaz de conducir al Magallanes a la primera Serie del Caribe que ganó Venezuela en 1970.
   Durante su niñez y su adolescencia, Camilo estaba indeciso entre jugar el campocorto o utilizar la serpentina; pero, cuando firmó para los sempiternos sotaneros por excelencia de la época cuando las Grandes Ligas eran verdaderamente grandes, los Senadores de Washington, ya estaba decidido a ocupar la posición que le convirtió en leyenda. Tenía solo 17 años cuando comenzó su carrera profesional en Ligas Menores, como Patato, también con los Broncos de Big Spring en 1951.
     Luego de tres temporadas de aprendizaje en sucursales, Camilo fue ascendido, con 20 años de edad, al equipo matriz del venerable Clark Griffith. Comenzaba el calvario de fracasos de quien presentaban como “el mejor prospecto derecho junto a su compatriota y compañero de equipo, Pedro Ramos”, pero incapaces de poder ganar, porque actuaban para un club que, en aquellos años, no sabia cómo se jugaba al beisbol. El impacto de Camilo y Pedro fue tan grande que, en 1957, los Yanquis de Nueva York los compraban al precio que fuera.
     Sus primeras cinco temporadas en Grandes Ligas concluyeron con récord de 26-66 y 4.69, pésimo si se le compara con sus números finales de toda una vida: 174-170, con 3.63 clp.  2167 ponches en 2930 innings; 132 completos de 404 abiertos y 36 lechadas; pero, en sus primeras cinco en Minnesotta, con un prácticamente muy mejorado y reforzado ex Senadores, concluyó con 85-44.
     Con la franquicia de expansión, está entre los 10 primeros pitchers de los Mellizos de todos los tiempos en porcentaje de ganados y perdidos; entre los que más han ganado; en juegos abiertos y en promedio de limpias por juego; contra lo común hoy de ser sustituidos sin importar la situación del juego, también está entre los diez primeros en juegos completos y en lechadas.
     Hombre tranquilo, decente y caballeroso, según Hal Naragon, que fue catcher del Washington y del Minnesotta durante la era de Camilo en esos equipos y compañero de cuarto en los juegos fuera de la ciudad capital, el lanzador cubano temía responder al teléfono; a pesar de que ya dominaba el inglés como para poderlo hacer y fue el propio Naragon quien le dijo, “…mañana respondes tú…” rompiendo el bloqueo que se autoimponía el cubano sin razón lógica más allá de “hacer el ridículo”.
     Camilo Pascual siempre se las arregló para jugar en el invierno en Cuba; a pesar de que, por su juventud y por dolores crónicos en el hombro, el dueño de los Senadores, Clark Grffith, temía que, por el exceso de trabajo en las Grandes Ligas y en el exigente beisbol invernal criollo, sufriera de cansancio conducente a una lesión. De hecho, una vez me comentó que en el único lugar que disfrutaba lanzar era en el Estadio del Cerro.
     A finales de los 50’s, una dirigencia mas preparada, más capaz y de mucha más personalidad que la de hoy en la Confederación de Países del Beisbol Profesional de Invierno, logró un acuerdo con las Ligas Mayores consistente en que cualquier jugador nativo o importado podría actuar en sus ligas asociadas de Panamá, Cuba, Venezuela y Puerto Rico sin necesidad del permiso del equipo de Grandes Ligas a que perteneciera; pero, para regular por cuenta propia el asunto, los clubes de las Mayores comenzaron a colocar una proposición de bono en su contrato anual, que era la forma con la que la “Cláusula de Reserva” intentaba imponerse a la autorización; era la etapa sin el dañino contrato multianual y se cuenta que a Camilo Pascual, para la temporada de 1958, le ofrecieron 2000 dólares por no lanzar con el Cienfuegos; sin embargo, por dolencias reales en el brazo, el oriundo de la Virgen del Camino solo trabajó en 3 juegos en aquella campaña, 1957-58, que fue ganada por el Mariano con Bob Shaw, Miguel Fornieles y el zurdo Rodolfo Arias como “sota, caballo y rey” de la “Ciudad que Progresa”; después seguiría en la trinchera de los Elefantes hasta la suspensión del beisbol profesional en 1961.
      En 1962 Camilo perdió 34 juegos del calendario por lesiones y en 1963, 36; en 1965 ya estaba lesionado de tal forma que, aunque se mantuvo 6 años más en Grandes Ligas, no recuperó otra vez su extraordinaria forma; por lo que su actuación en la Serie Mundial de ese año contra los Dodgers de Koufax fue breve e inefectiva.
      Conocedor natural del juego como serpentinero de inteligencia intuitiva, solo le escaseó el elemento que nunca se puede dejar en el olvido a la hora cero: la suerte…a este tremendísimo monticulista, como a Ramos, a Luque, a Consuegra y a Fornieles, les tocó lanzar en el club y en el tiempo equivocados.



 Pie de grabado: Para cualquier cubano “de antes”, Camilo Pascual discute el mejor pitcher de todos los tiempos en la Isla.

 

POCOS CONOCEN AL ESTELAR “TURKEY” STEARNS‏

Por Andrés Pascual

        Si los fanáticos cubanos recuerdan a Felipe Sarduy, un inicialista zurdo que bateaba parado completamente con las muñecas casi a nivel de la cintura; entonces se pueden imaginar la forma como lo hacía uno de los más grandes bateadores de la historia del beisbol sepia: “Turkey” Stearnes, el gran artillero de las Estrellas de Detroit en el circuito negro del período 1920-1935 y, junto a Ty Cobb y Al Kaline, las tres joyas del beisbol de la Ciudad Automotriz y la Motown Records.
         Por su forma de batear, poco ortodoxa, de Stearnes, comúnmente, se dice que peor que la de Stan Musial y que la de Gil McDougal; pero eso no es interesante si, el bombardeo con artillería pesada que sale del plato es, rigurosamente, destructor como el de Turkey.
        Norman “Turkey” Stearnes nació el 8 de mayo de 1901 en Nashville; pero su carrera como jugador extraordinario se inicio en Detroit, con las Estrellas de la ciudad, en el circuito sepia.
        Su debut, impresionantes para un recluta, fue la presentación de las credenciales de uno de los mejores bateadores de la historia del pasatiempo: 17 jonrones, segundo del líder ese año, Oscar “Heavy” Johnson, que dio 18 y .365 de promedio.
       En 1932 fue enviado al Chicago American Giants donde ganó los lideratos en dobles, triples, jonrones y bases robadas, algo nunca igualado en el beisbol de los blancos y solo hecho por Oscar Charleston algunos años antes.
       Entre 1933 y 1935 promedió .342, .374 y .430, su más alto en una temporada. En su carrera ganó tres campeonatos de bateo y seis en jonrones. Solo Willard Brown acaparó más liderazgos por temporadas que Turkey y muchos historiadores del beisbol no se esconden para reafirmarlo como el mejor primer bate de la historia, por encima incluso de Rickey Henderson con su carrera en el Beisbol Organizado..
       El artillero zurdo, que asistió a cinco Juegos de Estrellas, fue cambiado a los Monarcas de Kansas City en 1940, con los que actuó hasta 1942; sin embargo, cuando Branch Rickey creó la Liga de Estados Unidos en 1945, Turkey Stearnes le respondió positivamente al Gran Innovador del Beisbol y jugó ese año con los Cachorros de Toledo, verdadero último año del pelotero..
       Según Satchel Paige, Stearnes no tenía algo diferente al bate que Josh Gibson como no fuera “que bateaba a la zurda”.
       En una oportunidad, un periodista le preguntó en Nueva York a Jimmy Bell, el legendario Cool Papa, por Turkey Stearnes y sus posibilidades de ser elegido a Cooperstown algun día y el sensacional ex outfielder le respondió: “Si Turkey no puede estar allí a mí deben sacarme ya…”
       En el 2000, las puertas del controversial Templo con sede en el pueblito de Nueva York se abrieron para uno de los mejores bateadores de ligas negras y del beisbol en general; por supuesto, tarde, algo que tiene como vicio el grupo que vota por los veteranos.
       Turkey Stearnes falleció en Detroit, el 4 de septiembre de 1979. Cuando, en 1971, le preguntaron en Kansas City por su total de jonrones, con honestidad y haciendo valer que lo importante de un juego es ganar, declaró: “Nunca conté mis jonrones; si no ganaba, lo que yo hiciera no me resultaba interesante…” Voz autorizada de una época que han enterrado los enemigos del beisbol para siempre; a pesar de su decencia, de su entrega y de su clase profesional y humana para el pasatiempo.




LOS QUE NO SALIAN AL TERRENO DE JUEGO…‏

 

Por Andrés Pascual

       Aun en medio de la prohibición impuesta de la historia del beisbol profesional previo a 1962, todavía algunos cubanos de generaciones recientes son capaces de nombrar ex jugadores como Méndez, Marrero, Dihigo y un par más.
       El hecho de haberse perdido completamente el conocimiento sobre las formas de comportamiento del profesionalismo, sobre sus intereses y proyecciones, hace que el cubano atribuya la fuerza de aquella pelota al hombre que brilló en el terreno; incluso, fuera de Cuba, pocos tienen en cuenta que, lo que se logró antes de 1962, no es responsabilidad del jugador…
       La grandeza de nuestro beisbol, su patriarcado absoluto, su clase sin cuentos ni exageraciones está asentada en las bases en que se constituyeron “las oficinas” de aquella pelota: presidentes de ligas, dueños de clubes, j’ de relaciones publicas, promotores, tesoreros, vocales…hasta la prensa nacional.
      Todo el mundo habla de Méndez, pero casi nadie de Abel Linares y la historia del juego en que Torriente dio 3 jonrones por el Almendares y Ruth solo dos como refuerzo de los Gigantes de Nueva York, se recrea constantemente como joya de la tradición oral cubana, pero del nombre del dueño de los Alacranes, que le pagaba a los jugadores cubanos y que hizo lo mismo con el Bambino, nadie se acuerda.
      Es norma que se utilice al Santa Clara como ejemplo de la fuerza del beisbol nacional durante los 20’s, un equipo repleto de estrellas negras como Oms o Paige; pero, ¿Quién conoce a alguien considerado entre los grandes promotores de la historia del espectáculo cubano, uno de los hombres más conocedores del juego en Cuba, propietario de los Leopardos, que respondía al nombre de Emilio de Armas?
      La famosa serie corta que decidió el campeonato 1946-47 quedó incrustada en la memoria del pasatiempo nacional con la frase del pitcher zurdo del Almendares, Max Lanier, al también zurdo cubano Agapito Mayor y aquello de “Sal y gana hoy, que yo me encargo mañana”; sin embargo, detrás de la franquicia añil estaban los 10 millonarios que constituían la directiva del Vedado Tennis Club de la capital.
     ¿Cuántos recuerdan o saben que el Almendares, por el valor inversionista, hubo un momento en que valía más que los Carmelitas del San Luis de la Liga Americana? Eso fue posible por el nivel económico de sus propietarios, por su amor al juego y porque fueron capaces de poner su talento de hombres exitosos en el negocio ajeno al estadio, en función del deporte nacional.
      Algo para refrescar: el Almendares y el Habana pertenecían al hombre considerado el responsable del empuje definitivo del beisbol cubano, por haber derrotado en la competencia por el público habanero al balompié, Abel Linares.  Después que murió, su viuda se mantuvo operando con asesores las dos franquicias; sin embargo, en la transición de los 30’s a los 40’s, decidió venderlas y, al primero que se las ofreció, fue al legendario Miguel Angel González, que solo compró a los Leones del Habana, pero le propuso a Adolfo Luque la compra de los Alacranes, lo que Papá Montero rehusó. Entonces se la propuso al Dr. Julio Sanguily, uno de los miembros de la Junta Directiva del Vedado Tennis a que me referí antes.
      La viuda Linares pedía 10.000 dólares por cada equipo, que le fueron dados por el Dr. Sanguily quien, en la próxima junta de la institución Vedado, le dijo a los 9 miembros restantes: “Acabo de comprar el Almendares a nombre de todos por la cantidad expuesta, denme cada uno los 1,000 dólares de vuelto que es un gran negocio...
      Ciso Camejo, Alfredo Pequeño, Arturo Bengochea, Mike González, Bobby Maduro, el grupo del Vedado… eran millonarios al servicio del beisbol cubano. Fueron los verdaderos responsables de colocar a Cuba, a través de más de 70 años, en niveles de privilegio para el Caribe y solo en segundo lugar después de Estados Unidos.
       Fueron capitalistas triunfadores que jugaban al ganador, costara lo que costara, para quienes el beisbol era realmente una pasión como fanáticos que, para hacer lo que lograron, se rodeaban de asesores altamente competitivos y tenían al Beisbol Organizado como primera referencia; por su éxito con las Grandes Ligas, este nivel los tomó como ejemplo y le sugirió al resto de países de desarrollo relativo del área la creación de la Confederación de Países del Beisbol Profesional de Invierno en 1948.
      Sin ellos no hubiera sido posible hacer la leyenda del beisbol nacional: ni Dihigo, ni Bellán, ni Mayarí Montalvo, ni Champion Mesa, ni Torriente, ni Miñoso, ni Camilo, ni Oliva, incluso ni Kendry Morales ni Alexis Ramírez hubieran podido hacer lo que hicieron o hacen…
      Fueron los verdaderos artífices del beisbol nacional; por supuesto, son una clase mucho más difícil de encontrar, cada uno por separado, que un club de beisbol competitivo en todos sus departamentos.
     Únicamente son posibles en sociedades capitalistas abiertas sin miedo ni al trabajo ni a la competencia y sin imposiciones o participaciones políticas de tiranías. Para conseguirlos donde les erradicaron o no existan, se necesitan varias generaciones de curtido social.
    En la Cuba de hoy pueden enviar a los peloteros adonde sea; pero el lugar que alcanzó el pasatiempo, con su legendario champion a la cabeza, nunca más se podrá reeditar; porque ya no existen en la Isla hombres como aquellos.


 

 Pie de grabado: Bobby Maduro es la referencia obligada a la hora de analizar la clase administrativa que hizo al beisbol cubano

ISRAEL ROLDAN DEBERIA SER MAS RESPONSABLE AL HABLAR‏

Por Andrés Pascual

       El presidente de la Federación de Beisbol de Puerto Rico, Israel Roldán, consideró en un debate sobre el beisbol por el 50 aniversario de la creación del INDER, en La Habana, que “el jugador cubano es discriminado por razones políticas (no puede jugar en Grandes Ligas por la ley del embargo), por lo que recibe un tratamiento diferente al venezolano, dominicano, boricua…” ¿Esto fue un guión escrito por un “humorista castrista” para reírse del ejecutivo? Hay que averiguar, porque “el evento” se produjo en la sede de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba).
        Varias veces Israel Roldán ha dejado pasar rollings entre las piernas cuando del castrocomunismo se trata, ¿Por qué actúa así? Yo no sé, pero que nadie lo justifique con lo “del pájaro y las dos alas” de Lola Rodríguez, porque sería una afrenta a la verdad histórica en las relaciones entre Cuba y Puerto Rico.
         El Señor Roldán también dijo que los artistas cubanos vienen a Estados Unidos con contratos de trabajo y habló de los Van Van, por lo que hay dos cosas: o no sabe que existe un acuerdo entre Obama y la dictadura llamado “intercambio cultural”, sin consideraciones monetarias; o sabe más que el exilio y se le está pagando a los artistas; mientras se niega en cualquier instancia el hecho.
         En noviembre de 1961, antes de que se decretara el embargo a Cuba, en un discurso dirigido a los entrenadores deportivos agrupados en los CVD (Consejos Voluntarios Deportivos), incluidos los del beisbol, más una nutrida representación de miembros de los Países del Pacto de Varsovia, Castro definió el rumbo deportivo del país, pero, con importancia en los deportes profesionales: mercantilistas, elitistas, explotadores… ¡Jamás!
         Nunca un pelotero sería remunerado por jugar. Se había consumado “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”. Para el monstruoso aparato de mentiras con sede en el DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria), nacía “el mejor beisbol del mundo”.
         Al jugador cubano no le ha permitido profesionalizarse el régimen, porque no ha estado nunca a la disposición de las ideas de carácter liberal que generarían la condición de dueño de su fortuna: un pelotero profesional autorizado por la tiranía sería alguien extraviado en el 95% de su conducta “revolucionaria-militante”; porque lo perdería el 100% de su independencia económica.
         De ninguna manera puede aceptarse eximir de la culpa ante el asunto a un régimen que trata como traidores a quienes optan por ser dueños de sus destinos; o que coloca en la criminal situación de “no persona” al que pesquen intentándolo.
         El jugador cubano es un privilegiado ante el resto del área: lo firman como novatos por el dinero que no invierten con los de otros países y, la mayoría, se descartan con respecto a su clase real; obvian cualquier investigación sobre edades, que las adultera la propia dictadura para usarlos como juveniles 4 ó 5 años más allá del límite permitido y no establecen una política de “stop” a los que se fugan para verificar si son enviados o actuaron por cuenta propia, porque cuesta trabajo creer una información que diga que Yunietski Maya fue sorprendido y puesto preso hoy y, pasado mañana, está en México esperando a un agente tan oscuro y dudoso como la situación del jugador.
         Lo otro que cuelga, México siempre ha estado conversando con el propio Castro sobre la posibilidad de firmarle a sus jugadores, ¿Por qué no se ha producido la autorización? Más cuando se sabe que un jugador, bajo contrato por la Liga Mejicana, no puede cruzar la frontera y venir a jugar con el Detroit, por las relaciones de trabajo y respeto entre el Beisbol Organizado y el circuito azteca, lo que liquidaría el concepto traidor.
         Conclusión, Castro descabezó al beisbol profesional de Cuba por problemas políticos; abandonó la Confederación porque quiso y dice hasta alma mía de la pelota rentada…los “atletas traidores” le son necesarios como alimento de la verborrea retórica contra EUA.
         A Roldán parece que se le olvidó todo lo que dije, aunque, verdaderamente, nadie puede definir si el boricua “no sabe, o se hace…”




 
Pie de grabado: Israel Roldán tiene la “bola escondida”

HAY UNA EXAGERACION EN ESE TRATAMIENTO‏

Por Andrés Pascual

       Yo no simpatizo con la persona Barry Bonds por su carácter revanchista y porque no tiene un adarme del sentido del carácter heroico para la sociedad.
       Bonds pertenece al tipo de estrella deportiva al que le resulta muy difícil dejar en “hold” sus penas y sus complejos y entender el papel que la Providencia le ha asignado y, como los tiempos no están para juegos, pues esa inadaptabilidad a su papel obligatorio, le aleja de otros que, como él, de su misma raza incluso, comprendieron pronto y bien en qué ángulo social deberían ubicarse, positivamente hablando.
       Hasta 1997, Bonds se proyectaba como uno de los mejores jugadores de la historia, no completos, sino mejores, por la forma como desarrollaba el bateo y la velocidad en las bases. No como Willie Mays, pero sí una gran cosa.
       El artillero prometía una carrera de alrededor de 550 jonrones, 1700 impulsadas y 500 bases robadas, a fin de cuentas, soberbia y de genuino inmortal. Pero cometió la imprudencia de estimularse, de reactivar el hambre a una edad en que se está repleto de sensaciones espectaculares e infló, en 4 ó 5 años, sus guarismos, luciendo mucho mejor que en su período de esplendorosos 25-35 años.
       ¿Cuántas veces utilizó sustancias prohibidas? Nadie lo sabe, porque si algo ha quedado demostrado es que, por razones incomprensibles, se le ha escondido al público y a la parte de la prensa que no entró en el contubernio, más de una prueba positiva, ¿La culpa? Del triunvirato Major Leagues-Sindicato-Dueños de clubes. Responsables de todo este asunto por intereses que no vale la pena repetir.
       El acontecimiento, circo mediático, en que han convertido el asunto Bonds, con un juicio civil casi ley marcial, con acusaciones a lo Bernard Maddoff, a mi modo de ver, no es justo ni prudente, porque esta no debe ser una situación que ponga a un individuo al borde de la prisión, aunque participe el Congreso, incluso Lincoln si resucita.
        Hay formas de controlar y ejemplarizar la peligrosa espiral de los esteroides que, digan lo que digan, todavía no está ni en vías de solución: expulse para siempre al jugador con una sola ofensa; bórrelo del libro de récordes si los impuso y proscríbalo de cualquier relación con el beisbol para siempre. Todo lo anterior significa que nunca estará en Cooperstown.
        Si algunos no están conformes, que creen su propio sistema de tratamiento de estos pecadores, con un Salón de la Fama irregular para esta familia disfuncional. Pero ni sugiera la prisión para ninguno relacionado con el caso, porque eso sí son otros cinco pesos y, los que deberían estar tras las rejas, si acaso, los responsables únicos del problema, no han escuchado nunca ningún tipo de acusación en instancias respetables de jurisprudencia que les quite el sueño.


Pie de grabado: Lo de Barry Bonds no es más que un penoso circo mediático