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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

NO SE PUEDE SER UNA ESTRELLA INFERIOR A RAÚL MONDESÍ‏

Por Andrés Pascual

El quisqueyano Raúl Mondesí, que fue presentado por los Dodgers con tanta fanfarria como han hecho en estos días ciertos grupos cubanos de Miami con Yoennis Céspedes, fue un buen pelotero, pero no una estrella, le faltó el “toque estelar”, especie de “nadie sabe qué es”; pero que existe, con lo que se hace la diferencia no solo con un jugador bueno, sino con los muy buenos.

En aquella época, el dominicano y el boricua Orlando Merced fueron tasados, por lo que creían que sería su desempeño, como Roberto Clemente. Fue un atropello a la inteligencia.

Pocos años antes, a un cronista americano se le ocurrió decir que ‘Eric Davis no tiene que envidiarle nada a Willie Mays…” La humanidad pierde la perspectiva muchas veces en cuestión de opiniones.

Mondesí fue bueno, quizás pudo hacer más, pero, como no lo hizo, “el muerto no cuenta”, algo parecido a ese bateador zurdo grande, elegante, de pueblo chiquito de América Latina, especie de joya comunitaria sin números ni trascendencia, pero que no hace contacto y la frustración de sus simpatizantes queda en “Ño, si la coge…” después de un swing que pudo ser firmado por Williams, Ruth o Mantle y que resultó en otro soberano ponche.

Nadie sabe la razón por la que presentan en sociedad ante el público “capitalista” a los peloteros cubanos de reciente ingreso al mercado profesional con: “produjo en la Liga Cubana…”; nadie entiende, primero, por qué a esos torneos de la tiranía los llaman “ligas” sin un cumplir un solo requisito: son corruptos, todos los equipos del mismo dueño, incluyendo instalaciones, implementos, peloteros, árbitros y público y están sometidos a normativas políticas: se hace lo que la dictadura quiera o no quiera. Después, son una miseria por la clase competitiva.

Cuando Yoennis Céspedes fue abierto a prueba ante buscadores de los clubes de Grandes Ligas en República Dominicana, no fueron todos los equipos a observarlo; sin embargo, posiblemente, en calentamientos, lució de tal forma que algunos “escuchas” pensaron que se podría “hacer algo” si se ajustara a los normas y aprendiera, porque el muchacho tiene, para comenzar, el swing muy largo, lo que en este beisbol se conoce como “out por regla” en elevados al cuadro o al outfield.

Cuando, desacertadamente, le integraron a una alineación de equipo que luchaba por clasificar de la Liga Invernal Dominicana, los responsables se comieron el clásico “millo del burro”, porque el jardinero no estaba firmado y porque estaban pidiendo una barbaridad, con la que no pudo contar un pelotero mejor que él, que lo hace en Grandes Ligas: Nelson Cruz.

Entre estiras y encoges, Céspedes se fue quedando solo, no porque no tenga para que lo firmen, sino porque exigen cantidades poco realistas por un pelotero que no creen que pase de bueno si acaso llega.

El caso fue se mantuvieron los Marlins como única y aparente alternativa visible y, hacia este equipo, enfiló su batería poco objetiva y menos conocedora el staff del Nuevo Herad que cubre al club, más Yiqui Quintana en el canal 41.

Tal vez no saben leer entre líneas, por lo que no se dieron cuenta de que el club de casa no tenía ningún interés en el cubano, porque, ¿Dónde jugaría? En realidad todo lo dicho hasta que lo descartaron fue una maniobra de mercado, a fin de cuentas, un arroz con frijoles negros y un bistec no cuesta casi nada en Estados Unidos y decirle que no a una barbaridad inmerecida era lo mismo que hacerlo con Albert Pujol con otra cantidad que metía miedo, solo que al dominicano le quedaban alternativas reales y lo logró.

Ossie Guillén acaba de decir lo que cree como director del club del Sur de la Florida sobre Yoennis Céspedes: de la forma más diplomática posible, le confesó a Espn Chicago que: “le había impresionado mucho, pero no estaba seguro de que pudiera iniciar su carrera con su novena”.

Como buen torpedero que fue, le dio la bola al presidente para que se responsabilizara con la conclusión de la doble matanza: “le escuché a Samson que tenemos un gran equipo y que estamos felices con lo que tenemos” Yo no descarto nada en la jugada de las oficinas, desde que lo que se pide es demasiado por la mercancía en juego, hasta la “cubanofobia histórica” de la franquicia que, para mí, es increíble por ser “el supuesto club de casi un millón de cubanos”, en una ciudad en la que no se puede prescindir de ellos si se quiere triunfar en el negocio, cualquiera que sea.

Entonces Ossie lo compara con Mondesí y concluye que cree que el dominicano es mejor. Incluso, agregó que escuchó comparaciones con Bo Jackson que, según el director, “no es pelotero”, lo que yo siempre he pensado también.

Al ex-jugador y manager triunfador no le gustó que el criollo dijera “no vine a jugar en ligas Menores…” y yo creo que, sin influencias paisanistas equivocadas, a nadie, eso fue una arrogancia sin sentido y poco objetiva; pero se debe reconocer que son los “rezagos del castrismo” y solo hay que leer lo que comenta el público cubano de reciente entrada al país para saber que no es “la etiqueta” del pelotero, sino generalizado como la amplia expansión de una infección bacteriana ambiental de medio siglo.

José Cardenal y Haitiano González fueron mejores que Mondesí, con una condición negativa en contra: la época que les toco jugar. En el caso del camagueyano (González) se habla del mejor jardinero central cubano de todos los tiempos que haya jugado en las Mayores y, al modo mío de ver el asunto, discute el primer puesto contra todos los hispanos defensivamente.

Para canalizar lo que demoraron en entender, el Herald está presentando materiales sin ton ni son de acuerdo a la realidad de Yoennis Céspedes y los Marlins, resumible todo en “no les gustó ni lo que vieron ni lo que les pidieron”, que sería lo mismo que vender en GoodWill a precio de Bal Harbor…

De la forma como están presentando a los cubanos aquí solo son merecedores quienes ya hicieron sus carreras, como Liván Hernández, Ordóñez y el Duque, o Kendri, Betancourt y Escobar, lo otro merece un mínimo de cautela al informar o se corre el riesgo de hacer un ridículo soberano como cronista.

Sin embargo, se arriesgaron a llamar “peloterito”, por boca de otro, a quien sí va a triunfar en esta pelota: Adonis García.

Cespedes update

A Céspedes le ha hecho daño el elogio irresponsable

“PELOTERITO”…PERO ¡QUÉ FALTA DE RESPETO TAN SUPINA!‏

Por Andrés Pascual

 

       Leí en el Herald que un buscador le dijo al editor que "Adonis García es un peloterito que puede llegar", más o menos eso, con la ofensiva palabra con intención de empequeñecer que se utiliza cuando se le pretende dar un relativo bajo precio de mercado a un jugador.

       Si de verdad un "escucha" trató así al jardinero cubano, el club de Grandes Ligas para el que maltrabaja debería botarlo, pero los encargados de la operación de saneamiento del área no leen el Nuevo Herald… suerte para algunos y mala para quien tenga que dispararse esas monsergas.

        Adonis García es un pelotero de Grandes Ligas, no solo porque posee vista, buen contacto, aceptable poder, velocidad y buena defensa ("timming le dicen en inglés a la suma de las tres facetas del bateo), sino porque ya se adaptó a la presión del beisbol profesional de competencia, que la Serie del Caribe lo es.

        El muchacho tiene la filosofía necesaria no solo para jugar en los circuitos mayores, sino para triunfar, que la manera como se desempeñó en Venezuela con el Magallanes y como refuerzo de los Tigres de Aragua dicen a la claras que su prospección debe acondicionarse al tratamiento de posible estrella.

         Yoennis Céspedes tiene condiciones para jugar en Grandes Ligas, pero, por lo que enseño García, pudiera ser que juegue primero en las Mayores, incluso, que brillé más, a fin de cuentas, no será la primera vez que ocurra que alguien al que un scout poco observador maltrate con epítetos supinos sea el que triunfe.

          Si algo tiene en condición deplorable al Beisbol Organizado es la pifia cuando seleccionan a los entrenadores y a los buscadores de talento en vertederos de la experiencia y de la capacidad necesarias para el oficio.

           Ante la evidente realidad, ¿Cómo no van a frustrar por su juego en el nivel de grandes ligas el 70 % de los peloteros de hoy, si a un scout se le ocurrió decirle a un cronista, poco conocedor también, que un peloterazo, prospecto indiscutible, es un "peloterito" y así lo informó el individuo.

 

 

Pie de grabado: Vamos a ver a este 'peloterito" rápido en Grandes Ligas

 

PUELLO TIRA LA TOALLA POR LA SERIE DEL CARIBE‏

Por Andrés Pascual
 
       En 1999 escribí un comentario sobre la Serie del Caribe que titulé: "Nubes negras en el horizonte…"; en el 2001 volví a la carga con "Ese evento se está muriendo…", cuando ocurrió el incidente de Vladimir Guerrero con el público de Venezuela, influencia total de la irresponsable, criminal y bárbara filosofía de los irremediables enfermos fanáticos del balompié, redacté otro cuyo título fue "A quién le interesa esta competencia", todos en el Diario las Américas.
       Cuando, un año y medio antes y basado en el promedio de entrada a los estadios de Puerto Rico, además de la avidez de jugadores activos o ex por comprar aquellos clubes, decidí comentar sobre esa liga renacida de sus cenizas esta campaña que pasó, escribí "Ni el Médico Chino salva ni a Puerto Rico ni a la Serie del Caribe"; en la Isla del Encanto se produjo un robo de público por el baloncesto, al estilo cubano con el balompié, que hoy solo puede llenar en el Cerro, mientras se juega con ausencia preocupante de público en el interior; sí, en la patria de de Miñoso, los estadios de fútbol están a reventar y el fanático conoce más de este deporte que de beisbol.
        Claro, el caso de Borinquen tiene como justificación que sus peloteros son sometidos al sorteo colegial americano, entonces ya no hay la cantidad de jugadores de hace solo 15 ó 20 años y esto aleja al fanático del estadio…los otros son los problemas propios de toda la región, que golpean duro y bien a la competencia de 61 años de existencia conocida como Serie del Caribe.
        A esta nuevas oficinas de la Confederación no las respeta el Beisbol Organizado, digan lo que digan; o, ¿Cuántas veces se ha visto a Bud Selig en palcos de uno de estos torneos desde que se apropió, como un gobierno de facto y con intrínseco interés de grupo, del cargo de Comisionado del Beisbol? Durante la era conocida como primera etapa del evento, era frecuente observar la foto en el país que sirviera de anfitrión ese año, no solo del Comisionado, sino del Presidente de los Circuitos Menores y otras personalidades del beisbol de la época. Tal vez la definición que deba utilizar para separar bien una era de otra, para diferenciar con justicia unos "oficiales" de otros, deba ser "distancia y categoría…".
      El área está saturada de beisbol, sin dudas que el gran aparato creado para entretener, la televisión, conspira contra la entrada a los estadios, porque todos los países pueden disfrutar de las Grandes Ligas por esa vía y son 6 meses y, en el invierno, la transmisión televisiva también es enemiga de la asistencia al terreno. Pero no hay iniciativas, ideas nuevas que refresquen el ambiente y calienten el espíritu competitivo del evento, por lo que al este campeonato solo le falta el epitafio.
      Como que ya, por la espiral salarial de las Mayores este asunto es un relajo y una tomadura de pelo, pues ningún jugador de estos tiempos, con etiqueta de liga grande, necesita trabajar en "tiempo muerto" ni quiere jugar en su país ni, mucho menos, en la Serie del Caribe si gana su equipo; o reforzar a otro que ganara y se lo pidiera, caso de que vea la acción limitada y esporádica de estos tiempos.
      La época de Roberto Clemente en las Series del Caribe por Puerto Rico; de Héctor López por Panamá; o Camilo Pascual por Cuba; así como de los tremendísimos refuerzos americanos como Willie Mays, Jim Bunning, Rocky Nelson, Norman Cash, o John  Roseboro pasaron a mejor vida: eran estrellas nuestras en las Mayores, incluso los importados que, año tras año, se les disfrutaba por su público natural y, al final, estaban allí, en el país que organizara la Serie del Caribe, como miembro del róster histórico de su club, o en calidad de refuerzo. Este acontecimiento se mantuvo en forma hasta 1989, después ha tenido destellos de su grandeza histórica como cuando se enfrentaron los todos estrellas de dominicanos y boricuas, por una circunstancia de hálito nacionalista, a mediados de los 90's.
       ¿Tendrá salvación la Serie del Caribe? La respuesta pudiera ser dudosa, pero hay una circunstancia que la perfila pesimista: el sr. Puello, flamante mandamás solo interesado en quién sabe qué, incapaz de demostrar ni la capacidad ni la intención de representar su cargo, como Dios manda, dentro de la Confederación, acaba de afirmar que hay que despedirse del jugador de grandes ligas y, ahí mismo, le echó el célebre cubo de agua fría a todo el mundo al decir que Cuba puede entrar cuando quiera al evento y que la competencia tiene que jugar "nuestro beisbol clase A".
      Gracias a un presidente como este se agravó ese cáncer, por lo poco reconocido como personalidad que es; por incapaz de reflejar la presteza que hombres inteligentes, respetuosos y respetables, hace 61 años, emplearon al crear el torneo y porque, aparentemente, desoye a los que, con buenas ideas y mejor intención, tratan de hacer algo hoy. A fin de cuentas, con sus últimas declaraciones, parece que Puello tiró la toalla…no puede verse de otra forma.
 
 
 
 
Pie de grabado: Puello no es ni la chancleta de "los padrecitos fundadores"

ESE CHIQUERO AL QUE LE LLAMAN GRANDES LIGAS‏

Por Andrés Pascual

 

       Chiquero, en Cuba, se utiliza para nombrar el lugar donde se crían chanchos, marranos, puercos o cochinos: agua, fango y mucha peste…

        En el deporte americano son las Grandes Ligas y varios equipos lo están ratificando por su interés en firmar a Manny Ramírez; en cualquier momento se informa de una espiral de ofertas que iguale, por lo menos, a la de David Ortiz… Esto no es un chiquero na' el habitat del puerco no es tan sucio y lo que hace el Beisbol Organizado en contra del pasatiempo no tiene nombre.

        Para mí que "la cosa nostra" que tomó hace rato el cuartel general de operaciones de las Mayores lo hace adrede para imponer su condición de especímenes capaces de todo, para que ni se intente cuestionar su poder en los movimientos de truco estilo "croupiers" de casino, para disgustar a "los tradicionalistas y conservadores" con el estribillo de "primero nosotros, otra vez nosotros y luego también" y para restregarle a todos en la cara que la moral, por los acontecimientos del espectro sociopolítico americano han demuestran que ni para sustituir el papel sanitario en baños populares de cafeterías de mala muerte sirve.

      No hay ética, o está tan baja que puede barrerse en las oficinas de estos hunos con dinero, casas millonarias y pinturas de Rembrandt que ni entienden colgando en lugares estratégicos de sus mansiones.

      En cuanto al beisbol no es que no entiendan la relación con aristas sensibles en la relación con el público, al que van acostumbrando, mejor pastoreando, por los caminos que imponen; sino que no lo aman, lo usan como fábricas de dinero, entonces no les interesa pisotearlo y lo hacen cada vez que pueden. La última agresión al juego es la persecución, tal un imberbe colegial de 17 años sano en alma y cuerpo, de Manny Ramírez, que, al modo mío de ver el asunto, no le envidia nada ni a Clemens ni a Bonds en la fase delictiva.

      El último capítulo que retrató al antisocial se pudo ver por televisión, cuando le arrancó de la mano un micrófono a una reportera desde dentro de su auto a la salida de la Corte de Miami y lo lanzó por la puerta…

     Es tras ese "ejemplo" de adalid de la Feria del Músculo que corren algunos clubes, entre ellos, el Baltimore, cuyo dueño "le prometió" al tirano Castro que "los peloteros que te traicionan nunca serán contratados por mi club", por lo menos lo dijo públicamente, entonces ¿Qué se puede esperar de esta piltrafa humana, capaz de reaccionar así ante un asunto que requiere, sobre todo, humanismo? ¿Cómo no va a correr tras el pelotero delincuente? Lo raro sería que se comportara al revés.

      En el caso de Manny Ramírez hay algo sospechoso: dio positivo a dos pruebas y solo cumplió 50 juegos de suspensión por la primera; cuando debió hacerlo con los 100 de la segunda, anunció el retiro de mentiras.

      Sin explicaciones sobre el particular, sin que ningún elemento de la prensa, de forma extraña, "meta la cuchareta" buscando la explicación acerca de cómo se va a resolver ni si hay intención de hacerlo, este asunto, el titular del día siguiente se esta redactando con la normalidad con que se hizo el de Prince Fielder, que no tiene necesidad de dar explicaciones.

      En este caso Manny Ramírez no tiene que justificar nada, son los dueños que lo quieren en sus clubes los que tienen que dar la cara.

      Es necesario que se haga público el problema de esos 100 juegos de la segunda suspensión del pelotero, porque, si no se puede, si los dueños obstaculizan el proceso investigativo, que no me venga nadie con el argumento capaz de convencerme de que lo de la lucha contra las sustancias prohibidas es verdad.

      Por lo de la moral, mejor, por la clase inmoral del circuito dirigente del Beisbol Organizado de hoy, que nadie se haga ilusiones que se hacen cosas dirigidas a sanear el ambiente corrupto del ex pasatiempo nacional.

 




 

¿Cuándo va a devolver los 100 juegos que debe?

 

 

 

PREOCUPACIONES DE TERCERA MANO‏

Por Andrés Pascual

 

Durante los 60’s, por diferentes indicios que observábamos muchos, por evidencias encubiertas difíciles de detectar si no se cuestionaba a fondo la labor de destrucción de la tiranía, comentábamos que la pelota estaba condenada por el castro-comunismo a desaparecer por su propio peso; eso decíamos, pero la prensa oficial impregnaba el ambiente de “entusiasmo y fervor revolucionario” (léase oportunismo político sometido) envuelto en la sobre-valoración de una pelota que cualquiera podía entender por qué “no llegaría a la esquina”. Fue cuestión de tiempo.

Sin embargo, desde hace diez años o doce años, donde el castrismo se supone que no tenga que ver ni con regar el terreno de juego, el beisbol invernal y la Serie del Caribe, comencé a escribir sobre la preocupante baja de asistencia a los terrenos de juego.

Resulta que ahora es que circulan fotos con el Quisqueya medio vacío y algunos cronistas empiezan a sospechar que algo anda mal. Sinceramente, hoy es más una imagen de propaganda, quién sabe con qué objetivo, que la presentación de un lamentable estado de cosas que, a ciencia cierta, nadie sabe cómo podrá resolverse ni si tiene solución.

 

 

 

 

serie del caribe 1954 publico en las gradas

Una vez Offerman agredió a un umpire, verdad que lo suspendieron, pero lo hizo; en otra oportunidad, a Vladimir Guerrero casi lo matan en Venezuela un grupo de fanáticos que equivocaron el terreno de beisbol con la arena estilo Coliseo Romano en que tienen convertido el estadio de balompié en Suramérica, Centro y Europa.

Cualquier circunstancia de violencia, lo mínimo que ocurra con los jugadores bajo contrato por el Beisbol Organizado, se convierte en la justificación que necesitan esos “señores” para actuar contra el beisbol del área de la mejor manera que conocen: impidiendo la presencia de los mejores jugadores de cada país con el objetivo de debilitar los eventos hasta que todo el mundo se canse y sucumban por su propia anemia de entusiasmo popular.

Algo que he escrito más de 100 veces es que las Grandes Ligas no le tienen ningún respeto a los dirigentes de loa Confederación, por lo menos no de la forma como durante la primera etapa, que fueron capaces de lograr que los big leaguers jugaran en las diferentes ligas de invierno sin autorización del Beisbol Organizado y, si no es así, pues no hay respeto ni interés por “el Norte” en contribuir al rescate del beisbol caribeño del hueco en que está; más bien, como se hace con quien no se estima, emplean la vieja sugerencia “si lo ves ahogándose, ponle el pie en la cabeza…para que no salga”

¿Qué se puede hacer? Bueno, aunque el sistema de academias en los países del Caribe es un arma a favor de los “Padrecitos de los clubes de Grandes Ligas” para ni tener que utilizar como vitrina de exhibición del material joven y disponible el invierno, es necesario trabajar con los jóvenes que, a fin de cuentas, cuando concluyan sus carreras como jugadores activos, buscarán el trabajo, sobre todo, en el beisbol criollo, para que, con valor, exijan que les permitan participar en los calendarios del circuito de la Confederación, de igual forma como deben aceptar cláusulas, muchas veces onerosas, en sus contrato.

En el marco de la avidez por jugadores para la cantidad de clubes que ya hay, cuya tendencia es a ampliarse más, el Lejano Oriente se convirtió en una opción con la que, quizás, crean que un día puedan desplazar el número de jugadores nativos del área en todo el circuito del Beisbol Organizado, ¿Quién sabe?

Foros, conferencias entre todos los interesados con una gran convención anual, si en Miami, ciudad neutral con público múltiple, mejor, que incluyan hasta al fanático, a fin de escuchar proposiciones con la televisión, el radio y la prensa escrita como participantes activos en las sugerencias, a ver si se puede detener la espiral de desgano que hace rato viene observándose en algunos países por el beisbol del Caribe y en el evento máximo regional que, como ocurre siempre, fue ahora, por un par de fotos de un estadio medio vacío, que se dio cuenta la prensa del desastre.

 

LA SERIE DEL CARIBE 2012 Y LOS PELOTEROS CUBANOS‏

Por Andrés Pascua

 

Los cubanos criados en Estados Unidos, como José Canseco y Rafael Palmeiro, quizás porque el dinero que recibían por jugar en grandes ligas les permitía emplear como verdaderas vacaciones el ‘tiempo muerto de invierno”, o porque la miraban por encima del hombro, con desdén equivocado impuesto por las circunstancias, nunca disfrutaron de la gloria que representa asistir con un club de liga invernal, aunque ajeno, a la Serie del Caribe; incluso la mayoría de los cubanos de la nueva hornada que huyen del castrismo, tampoco consideran “digno de su clase” al evento, ¡Qué equivocación tan estúpida como garrafal!

 

Claro, tanto para un grupo como para el otro, el único culpable por esas actitudes es la tiranía castro-comunista, que se encargó de borrar del mapa hasta las letras que componen el nombre Liga Cubana de Beisbol Profesional de Invierno, el insuperable y nunca olvidado “champion cubano de pelota” tanto como el del evento de la Confederación.

Cuando se desconoce, cuando se olvida o cuando no se valora la importancia del clásico regional, la enorme contribución de estas series a la gloria del beisbol cubano, cualquier cosa puede suceder, desde el desgano y la apatía, hasta la frase irresponsable por radio, como he podido escuchar, que busca demeritar y empequeñecer el nombre del más importante evento para los países de habla hispana que involucre la clase del beisbol de sus campeonatos y el orgullo por estar ahí, representando a sus países.

Los cubanos que deambulan por el beisbol profesional deberían estar advertidos de que, aun jugando para clubes que representan a otros países, al actuar en la Serie del Caribe representarían a Cuba solo por continuar la tradición de asistir y porque continuarían sosteniendo la bandera gloriosa en la historia del evento, sobre todo si logran contribuir al éxito del club que representan, porque engrosarían las listas de nombres dignos de tenerse en cuenta a la hora del recuento.

García con los Tigres de Aragua, o de Bárbaro Cañizares con los Yaquis de Ciudad Obregón quienes, además de ser tres de los mejores peloteros que actúan en Dominicana en esta edición, hacen un poco menos solitaria la estrella que, por obra y gracia de la dictadura que destruyó a Cuba, desde hace 49 temporadas ha estado más sola que nunca en uno de los mástiles para emblemas como el del Estadio Quisqueya.

 

 

 

 

Pie de grabado: Raúl Valdés está haciendo mérits para Cuba en el evento

 

SE ESTÁ JUGANDO BUEN BEISBOL EN DOMINICANA‏

SE ESTÁ JUGANDO BUEN BEISBOL EN DOMINICANA

 

Por Andrés Pascual

 

En campeonatos de calendarios muy cortos, como los de la Serie del Caribe, por lo general se necesitan “lanzadores de hierro” para poder ganar, sobre todo como relevistas, serpentineros dispuestos, preparados para trabajar todos los días si hiciera falta, aunque las imposiciones de hoy han cambiado algunos conceptos tradicionales.

Una serie casi relámpago, de 6 juegos entre cuatro clubes, necesita el caballo de batalla trabajador y preciso que pueda convertirse en el paño de lágrimas de un manager a cualquier hora de cualquier juego.

En esta edición de la Serie en Dominicana se está jugando la clase de pelota que le gusta al fanático que no identifica la belleza del pasatiempo con la cantidad de jonrones que se conecten, sino con la inteligencia con que se apliquen los conceptos del beisbol: cada actuación, cada partido disputado hasta anoche le ha recordado al público que, a pesar de todo, cuando se quiere se puede jugar a la manera de los grandes momentos pasados.

Con marcadores apretados que han logrado entusiasmar en cada juego, con faenas brillantes o notables de todos los abridores, se va desarrollando la mejor primera vuelta de este tipo de campeonato desde hace rato: cada ganador ha sido digno de la victoria y cada perdedor ha dejado en la boca del fanático la expresión “no debieron haber perdido…” lo que solo se produce cuando la pasión y la clase se combinan en el terreno para producir un espectáculo de alta calidad.

Anoche el Escogido derrotó al Aragua 5-2 en 13 peleados capítulos de principio a fin, el juego fue raro, porque los venezolanos cayeron después de remontar un score adverso 0-2 que empataron en el séptimo y, pocas veces, el club que viene de atrás en el ultimo tramo, cede la victoria, pero así es este juego.

De todo lo que he visto hasta hoy: buen pitcheo, el bateo controlado por la magistratura monticular y una defensa de altura, a pesar de algún que otro error, han sido las decisiones de los managers las que le han puesto el toque nostálgico al evento.

Por ejemplo, para empatar en el séptimo contra los Leones, el manager de los Tigres de Aragua le ordenó a César Suárez que tocara la bola en jugada de “squezze play” o por sorpresa con Miguel Rojas en tercera, adonde había llegado por hit y avance sobre batazos.

Esta jugada, que le hizo honor a su intención porque, quizás, ni el corredor estuviera advertido segundos antes del ultimo momento, se ejecutó con la precisión, con la belleza y con la inteligencia de épocas de mejores jugadores en la Serie. Si la hubieran firmado Aparicio o Mateíto no hubiera podido hacerse mejor.

Entonces, por ese lance, comprendí que este evento no va a defraudar y comprobé aquello que le declaró a un periódico de Nueva York Branch Rickey en 1960: “el hombre irá a la luna, pero, para mí, no existe algo más bello ni más perfecto que un toque de bola bien ejecutado”.

A los que nos gusta el beisbol en el sentido exacto de la complejidad con que se debe aplicar el rigor que exige este juego, hasta hoy, estamos complacidos y en espera de que se mantenga el nivel demostrado por los 4 clubes.

 

César Suárez tocó perfecto para empatar a 2 contra el Escogido

UN MEXICO DIFERENTE EN SERIES DEL CARIBE‏

Por Andrés Pascual

Siempre me he preguntado por qué México, con equipos de grandes ligas, con jugadores buenos, algunos muy buenos y otros estrellas, lucen tan mal en competencias de bajo nivel, cuya composición es a base de amateurs, de profesionales de baja clasificación o, como los siervos de la tiranía castrista, de profesionales de estado. Incluso la impresión mexicana en los mal llamados clásicos, más que lastimosa, es avergonzante.

Sin embargo, desde hace varios años, el beisbol azteca es el que mejor juega (y gana), en la Serie del Caribe, un circuito de corta duración en el que, si las cosas no se hacen bien en el terreno de juego, el nombre rimbombante sobra.

¿Qué llevan los campeones mexicanos al evento regional que escasea en sus selecciones? En primer lugar, la preparación, porque los ganadores de los premios invernales no salen de un “resort vacacional” a enfundarse en una franela y tratar de hacer las cosas, sino que salen del terreno casero a seguir jugando en otro de fuerzas niveladas.

A mi modo de ver, los equipos que representan a la patria de Beto Avila son los más equilibrados de este tipo de competencia, los más estables en su juego que, tal vez, sean los únicos posibles de confeccionarse allá de acuerdo con el sentido de la disciplina, de la responsabilidad y del amor por la camiseta, atributos exigidos no solo para triunfar, sino para lograr un desempeño decoroso si no se puede ganar.

En la exitosa relación manager-jugador de los clubes de la Liga del Pacífico, radica parte importante del tremendo desempeño en el terreno, a fin de cuentas, es la motivación y la seriedad que confluyen en el trabajo de equipo.

Casi todos los años la noticia es el artillero de Venezuela o de Republica Dominicana o el refuerzo de cualquiera de estas novenas que tanto “la ayudará a ganar…” mientras que, por lo general, los equipos fronterizos con el Norte, son mantenidos en un estado de duda informativa: nadie quiere hacerse responsable del pronostico que los favorezca para no verse demolido por la opinión ajena si no ganan; algo así como esperar porque “en esta sí se derrumban…”

Hoy mismo, los Yaquis de Ciudad Obregón le ganaron a los Indios de Mayagüez 2-0 con un soberbio trabajo del importado Randy Keisler, que fue respaldado por solo cinco hits, pero muy oportunos y una defensa impecable, sumado a eso, el eficiente trabajo de relevo, muy bien manejado por el manager.

Ayer cayeron en el inaugural 1-2 contra el Escogido en un juego que, para mí, debieron ganar; pero no siempre se puede con marcadores tan estrechos.

Por la forma como juegan año tras años los vencedores que representan a México en la Serie del Caribe, mejor ir pensando en incluirlos en el grupo de dos de grandes del circuito; aunque, se debería y no sería injusto, comenzar a hablar de la dinastía azteca del siglo XXI.

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Keisler tiró un juegazo contra Mayaguez

UN CONCEPTO EQUIVOCADO SOBRE LA SERIE DEL CARIBE‏

Por Andrés Pascual

 

       En estos días le escuché decir a un narrador, creo que cubano, que trabaja en la Liga Invernal Dominicana, que: "los equipos de la Serie del Caribe se refuerzan con lo mejor de sus países…"

       Sospecho que el tipo pertenece a la "nueva ola" del beisbol castrista, los que menos conocen la asignatura en la región, aunque hay algunos "hermanos" latinos que mejor ni hablar por las barbaridades que dicen o escriben.

       Para los "emigrados económicos cubanos" de la computadora o el micrófono no es suficiente integrar una batería mediática en países libres del área (excepto Venezuela, pero que tiene deporte profesional aún), porque los años de aceptaciones voluntarias, de concesiones  como la soberanía, que es la capacidad de pensar por sí mismo sin miedo u oportunismo, son fundamentales; a esta gente no solo le privaron de entender y conocer la realidad de la leyenda del beisbol cubano , sino el del Caribe también. En cada uno de sus casos, es demasiado como para poder recuperar  el tiempo perdido, si es que les hubiera interesado hacerlo.

       No, durante la llamada primera etapa, cuando Cuba mandaba este juego después de Estados Unidos, los refuerzos eran (nativos o importados que hubieran actuado en el campeonato del año) los necesarios, por lo general uno o dos, que ayudaran al club en posiciones (mayormente el pitcheo y la receptoría) con debilidades que justificaran el movimiento. Por razones de enfermedad o por la negativa de un refuerzo americano a acompañar al club que ayudó a ganar.

       Por esa razón, muchos buenos jugadores del área estuvieron en muy pocos de estos eventos; otros, en ninguno.

       El ejemplo más evidente fue Orestes Miñoso para Cuba, que solo asistió a dos, porque los Tigres de Marianao ganaron en 1957 y 1958 y, en los nueve restantes, ningún otro club campeón entendió que se justificara la presencia del outfielder como refuerzo, o con Héctor Rodríguez, o con Humberto Fernández, o con Román Mejías, o con Miguel Fornieles, Evelio Hernández, Vicente Amor… lanzadores de Grandes Ligas durante los 50's los últimos tres.

       Lo mismo le sucedió a Puerto Rico con Clemente, con Rubén Gómez o con Carlos Bernier, a Panamá con Héctor López o a Venezuela con Carrasquelito, con Aparicio o con Ramón Monzant.

       Se imagina alguien ¿Cuánto más  fuertes hubieran sido estos torneos si fuera verdad lo que dijo el narrador de marras, "lo mejor de sus países desde el inicio de la competencia"?

        Después sí, sobre todo a mediados de la década pasada: por la guerra fanática entre Puerto Rico y Dominicana han estado en el terreno, si no todos, por lo menos buena parte de lo mejor de cada país alguna que otra vez.

        Con la Serie del Caribe edición 2012 al borde de la inauguración, se puede decir que, sin margen a dudas y a pesar de la rimbombancia de los nombres de las plantillas de los mal llamados clásicos mundiales, este evento es superior a esa competencia falsa y vacía de sentido por la total ausencia de la moral competitiva en el terreno de juego, que hace imposible que el pelotero se desempeñe con el desborde de pasión y entrega como hacen los cuatro miembros campeones de la Confederación.




 

 Miguel Fornieles estuvo en dos Series del Caribe solamente

 

EN EL BEISBOL, LA DEFENSA NO HACE INMORTALES; PERO…‏

Por Andrés Pascual

Stalingrado, El Alamo… son lugares de batallas famosas en la verdadera épica mundial; los griegos contuvieron durante tres días el paso a Grecia de los persas de Jerjes con solo 300 hombres contra miles. El nombre de la batalla es las Termópilas, que Herodoto se encargó de dejar impresa en el recuerdo histórico… ¿Qué tienen todas estas acciones en común? Que fueron defensas de plazas o lugares.

Se gane o se pierda, es en la guerra real y de acuerdo a su importancia, que trascienden en el tiempo los nombres de sitios defendidos, incluso los de generales, mariscales o soldados valientes y brillantes, como dignos del recuento obligado, tanto en la academia como en la esquina profana de discusión habitual.

En el único deporte en que la defensa inmortaliza es en el boxeo si se pudo retener el campeonato; si no, aunque se haya vendido cara la derrota, el titular del día siguiente siempre será “anoche fulano de tal derrotó a…en 12 peleados y sangrientos rounds”.

Que un torpedero alcance un rolling entre tercera y short que casi se internó en el leftfield, detrás de la tercera base y sobre la raya de cal, tan difícil de ejecutar como el disparo de un “sniper” sitiado eliminando posiciones invasores, no es suficiente para que los “historiadores” encargados de inmortalizar a este tipo de defensor le reconozca carácter imperecedero la mayoría de las veces.

El problema es que, para los eruditos, lo difícil es batear, con lo que yo no estoy de acuerdo, porque los Ozzie Smith, Luis Aparicio, Brooks Robinson…por posiciones, escasean tanto o más que los buenos bateadores: un equipo, por lo general, puede tener 6 buenos bateadores regulares y 2 suplentes también aptos para conectar, pero, muchas veces, no tienen una sola maravilla del guante, incluso ni dos en rango de bueno.

Como que para poder jugar se exige batear, pues, posiblemente, en las Ligas Menores se hayan extinguido decenas de magos del guante, jugadores de cuadro o jardineros, que solo conocen en pueblos o ciudades donde radicaron los clubes a los que pertenecieron, porque, como que no podían superar la anemia de .200 de promedio, nunca fueron ascendidos.

Está bien, la cosa se rige por esa clase de ley impuesta por sabios impostores que no solo jamás ‘midieron un fly en un jardín”, sino que tampoco se agacharon nunca, desde sus cómodas sillas de cronistas en la redacción, a “recoger el papel que rodó difícil y raudo hacia el hueco debajo del buró”, pero, bueno…

Alguien dijo en titulares para ESPN que la elección de Ossie Smith a Cooperstown era el reconocimiento a la enorme contribución de los fildeadores al juego, lo que estuvo bien; lo malo fue que Aparicio ya estaba allí y, lo peor, que los cronistas hispanos se hicieron eco de aquella chapucería dicha por uno de los que hablan tanta basura como juicios brillantes.

Si Brooks Robinson no fildea como hizo no estuviera en Cooperstown, porque, según los jueces del beisbol, la tercera es una base para bateadores y el antesalista de los Orioles bateó menos que Oliva, que Oliver, que Dave Parker, que Tim Raines…que no lo acompañan en el recinto.

Entre otras cosas, también dicen que la primera base debe ser propiedad de artilleros de alto calibre, de los que disparan el proyectil a 400 ó más pies del plato con frecuencia.

A la hora de entregar el róster definitivo del club para una temporada, por lo general, entre dos opciones posibles, no se retiene al que más fildea, sino al que más batea, ni su brazo ni su velocidad ni su sentido de la colocación para el engarce cómodo o prodigioso; el bateo siempre encuentra un hueco entre 9 jugadores desde hace rato.

Pero no todos los bateadores de la historia han podido ser líderes de sus clubes ni motivarlos y lo que voy a decir, aunque parezca una barbaridad, es una verdad más grande que un templo: es más difícil ser un líder que un buen bateador y una cualidad no genera necesariamente la otra, por ejemplo, Barry Bonds, que nunca pudo con el ABC de esa cartilla.

En la historia de las Grandes Ligas existe un jugador, lo mejor de su posición, que ganó el liderazgo de los bateadores en 1979 con .344 y el difícil premio MVP de la Nacional ese año, un verdadero líder de condiciones que, además, es la primera base más elegante de todos los tiempos: Keith Hernández.

Keith ganó 11 Guantes de Oro consecutivos y estuvo en 5 Juegos de Estrellas.

El trofeo para reconocer a los mejores fildeadores del año, el Guante de Oro, es una línea de mercado con objetivo promocional de la compañía de implementos deportivos Rawlings, que se entregó por primera vez en 1957. A través del tiempo se le ha cuestionado por injusticias en las selecciones en más de una posición.

En sentido general, como elemento de inconformidad absoluta, entregan tres trofeos para los tres jardineros de mejor promedio, sin hacerlo por zona: izquierda, central y derecha, con lo que desatienden y desechan las diferencias que tiene cada una de ellas para cubrirlas, en las que la potencia del brazo necesario juega un papel fundamental.

El mayor ganador de estos premios ha sido el pitcher Gregg Maddux con 17. El único que lo ha obtenido por la excelencia en el cuadro y en los jardines es Derin Erstad.

Al cubano Rafael Palmeiro se lo regalaron en 1999 por jugar la primera base de los Vigilantes de Texas en solo 28 juegos, porque los 135 restantes actuó como designado.

Pero ahora viene lo bueno, observe detenidamente el siguiente cuadro:

Más Guantes de Oro por posición

Todos los máximos ganadores del premio por posición o están en Cooperstown o lo van a estar sin dudas, menos Keith Hernández… Yo lo que quiero es que alguien me diga cómo se pudo tener la cara tan dura para decir que Ozzie Smith “inauguró la era de los fildeadores al Salón de la Fama”, cuando el ex inicialista de los Mets y de los Cardenales no logró el mínimo de votos para mantenerse como candidato con tanto valor, con tanto mérito y con tanta justicia como Brooks Robinson, Aparicio o Smith.

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El caso Keith Hernández es una injusticia que pocos reclaman

PANICO EN EL AVION O EL SLOGAN TEMIBLE DEL ALMENDARES‏

PANICO EN EL AVION O EL SLOGAN TEMIBLE DEL ALMENDARES‏

Por Andrés Pascual

El Cienfuegos ganó la temporada de la Liga Cubana 1955-56 con un formidable club que tuvo uno de los mejores staffs de pitcheo nativos de todos los tiempos: Sota, Caballo y Rey de los Elefantes o Látigo Gutiérrez, Pedro Ramos y Camilo Pascual, quienes, junto al amendarista Orlando Peña, a Raúl Sánchez y al marianense Miguel Fornieles, son de lo mejor de la serpentina criolla de todos los tiempos, activos en la década de los 50’s.

Sin embargo, el enorme fanatismo favorable al Habana y al Almendares, que incluía a cronistas como Fausto Miranda o Manolo de la Reguera, no le abrió espacios a la sensatez, que es actitud juiciosa, por lo que las derrotas de los “eternos rivales” las ocasionaron “errores en la selección de jugadores o sustituciones a destiempo”, inclusive muchos hablaron de “la mala suerte” por lo de los “breacks en contra”.

Como siempre, para poner en orden las cosas y establecer los límites de la justicia por la victoria del club que dirigió Oscar Rodríguez, se necesitó que el mejor cronista deportivo cubano de todos los tiempos, Eladio Secades, hablara a través de su columna de editor en Bohemia, Tres Verdades, desacreditando con juicios demoledores cualquier opinión que no premiara la victoria del Cienfuegos por el tremendísimo equipo que lograron y por la forma como supo lograr el team-work el veterano manager; en “Cuando no gana nuestro equipo”, Eladio llamó a aplaudir a un club que, porque había ganado jugando mejor que todos, había que respetarlos.

Sencillamente, el mismo sentido, la misma actitud de sportsmanship que fue capaz de escribir en “Hogueras en San Juan, cuando Puerto Rico venció a Cuba”, en 1954 que, “…hay que aplaudir al Caguas, porque, al vencernos y coronarse campeones, demostraron que saben serlo en el más respetable y estricto sentido del término”.

Pero el Almendares tenía un slogan peligroso, generado en la batalla contra el alacrán por el veneno que puede inocular el dichoso animalito aun en los estertores finales: “El que le gane al Almendares se muere”.

La 8va Serie del Caribe tuvo por escenario a Ciudad Panamá y, como dato curioso, fue la que inició el despegue de Cuba en victorias en el evento con respecto a Puerto Rico: ganó el Cienfuegos (5-1) por su juego superior y porque poco pudieron hacer ante sus lanzadores los bateadores contrarios. Camilo Pascual obtuvo 2 victorias sin derrotas; Pedro, iguales guarismos y Látigo 1-0; para el curveador de la Virgen del Camino, fue el principio de su impresionante récord de 6-0 en este tipo de competencia, no igualado hasta hoy, que tiene como segundo en la lista a Orlando Peña con 5-1.

En 1960, también en el Istmo, los Elefantes de la Liga Cubana lograron la 5ta victoria consecutiva para Cuba, su 7ma en general y la segunda como club; también fue el cierre de lo que hoy llaman “primera etapa del evento”.

El viaje en avión desde La Habana a Ciudad Panamá transcurría sin contratiempos, algunos jugadores, como Juan Vistuer y el Cura Roberts, dormían; otros, como Pedro Ranos y Milton Smith, cantaban y un par más jugaban a las cartas; el resto, en silencio, por el respeto que, por lo general, se le tiene al viaje por aire.

De pronto, sin previo aviso, cuando estaban a menos de media hora de Panamá, el avión comenzó a perder altura por una condición meteorológica inmediata; con los jugadores y la prensa en un tipo especial de pánico que enmudece en vez de crear histeria, se oyó la voz del veterano Sandalio Consuegra desde el fondo del avión, que gritó lo que nadie quería escuchar en ese momento: después digan que no es verdad que “el que le gane al Almendares se muere…” El experto piloto logró sortear la dificultad y, a las 5 de la tarde del 10 de febrero de 1956, el Cienfuegos salía al terreno contra los anfitriones para el segundo del doble juego inaugural del campeonato.

LA MARFILADA MONUMENTAL DE CAMALEÓN GARCÍA EN LA VI SERIE DEL CARIBE‏

Por Andrés Pascual

 

       A la VI Serie del Caribe llegaron empatados en victorias Cuba y Puerto Rico, entonces principio y final de la clase beisbolera en el área, con 2 triunfos cada país.

       Si bien los cubanos concluyeron la primera etapa del evento como máximos ganadores con 7 campeonatos, con todos los clubes del champion triunfando en por lo menos uno, como equipo fueron los Cangrejeros de Pedrín Zorrilla los que se despidieron con más gallardetes, tres, en 1951, 53 y 55. Panamá, como eléctrico, se atravesó a boricuas y cubanos en el de 1950.

       Con el Estadio Sixto Escobar de San Juan por sede se desarrolló la VI Serie del Caribe entre el 18 y el 23 de febrero de 1954. Como era costumbre desde 1949, los países miembros de la Confederación regresaban al terreno de juego por el premio al equipo que mejor jugara una serie corta y peligrosa de 6 encuentros.

       Por Cuba regresó el Almendares, dirigido por Bobby Bragan; por Puerto Rico los Criollos Brujos de Caguas, con Mickey Owen como manager- jugador; por Venezuela el Pastora, con el cubano Napoleón Reyes mandando el juego y por Panamá el Carta Vieja, que lo condujo Al Kubski.

       N         otable durante la Serie el juego que Conrado Marrero le ganó a Panamá 1-0 en franca cuesta-abajo como lanzador y que hizo que Eladio Secades, en el suplemento deportivo de esa semana para el Diario de la Marina, le colocará como pie de grabado a una foto a toda página del glorioso serpentinero: "Siempre el Premier".

        Por los Alacranes lucieron al bate Sam Chapman y Angel Scull, que se encargaron de hacer lo que debió todo el club y no pudo. Muchos cronistas justificaron la derrota cubana porque el Almirante Rocky Nelson no hizo el viaje, lugar que ocupó el casi novato Julio Béquer, sin embargo, en 1955, Nelson estaba en la primera base y tampoco se pudo.

       Por Puerto Rico brillaron Tite Arroyo, Víctor Pellot y los importados Jack Cassini y Howerton, que se refugiaron en la Isla del Encanto después que se les descartó por todos los equipos del Champion, porque nadie daba un centavo por el juego de dos "viejos" que creyeron inservibles para empeños mayores, pero que contribuyeron tanto con su nuevo club que pesaron muchísimo en el triunfo del Caguas y, en el caso de Cassini, integró el Todos Estrellas como intermedista.

       Por Venezuela, Luis "Camaleón" García encabezó a los empujadores con 9 y fue seleccionado para el All Stars como antesalista. En esta serie debutó Luisito Aparicio.

       Camaleón tuvo dos momentos raros fuera de Venezuela, uno de ellos, poco conocido, relacionado con los Cubans durante su breve estancia con los Azucareros en 1955: resulta que el venezolano, en medio de una buena racha de bateo, sufrió la astilladura del bate con el que producía, entonces se le ocurrió ponerle unas puntillas porque, como hombre supersticioso, "ningún otro puede chocar la bola" y así salió al terreno del Cerro un domingo, desconociendo el reglamento, que se encargó de enseñárselo el chief-umpire de la tarde, Lynn Selata, con la prohibición de utilizar el bate impropio. A pesar de la bulla que hizo, de la infructuosa bronca de Padre y Señor mío que armó, no pudo batear con el madero alterado y… cayó en slump.

        La mañana del 18 de febrero de 1954 llovió a cántaros en San Juan, tanto que, en el resumen de las actividades del evento para el Diario de la Marina, Eladio Secades escribió: "llovió más que el día que enterraron a Bigote" 

        Sin embargo, a la una y treinta de la tarde, el agua amainó y permitió la inauguración de la serie con un doble juego que tuvo en el primer turno al Almendares contra el Carta Vieja y en el segundo al Caguas contra el Pastora.

        Los cubanos iniciaron con mal pie el calendario al perder 5-7 contra los itsmeños.

        A segunda hora salieron al terreno los anfitriones como visitadores contra el Pastora.

        Para abrir el juego, Mickey Owen, el catcher ex brookliniano, famoso porque cometió el passed-ball en el noveno inning del 4to juego de la Serie Mundial de 1941 contra los Yanquis, seleccionó al Divino Loco Rubén Gómez que, ocho meses después, luciría su anillo de ganador como miembro del róster de los Gigantes de Nueva York en el Clásico de Octubre. Por su parte, el cubano le dio la llave de apertura al importado Thornton Kipper.

       El juego, peleado desde el primer inning, llegó empatado al octavo por un jonrón de Camaleón García; sin embargo…

       Con un out en la pizarra, el rápido outfielder neoyorquino Jim Rivera, que no necesitaba instrucciones para echar a correr, se embasó por hit al right, Cassini se sacrificó y Víctor fue boleado intencionalmente, entonces entró al plato el veterano Howerton, hecho para situaciones de tensión por su estancia en Grandes Ligas que, en una bola y un strike, soltó un cohete hacia el hueco entre tercera y short, tan duro que muy pocos vieron cuando el debutante Aparicio se levantó con la bola en la mano para, según escribió el Maestro Secades, "pensando y actuando con malicia poco frecuente en jugadores tan tiernos como él, en vez de buscar el dobleplay por segunda, le envió la bola a Camaleón en tercera, con tiempo suficiente para sacar out al corredor"

      Todos en el estadio vieron asombrados cómo la bola entraba al guante del antesalista y cómo este, buscando en un abismo lo que tenía ante sus propias narices, comenzó a girar aturdido sin reaccionar a los gritos de sus compañeros. Mientras, Jim Rivera, advertido por la confusión del tercera base, continuó el viaje al home.

       Cuando el venezolano descubrió la píldora, ya el corredor había pasado por encima del plato con la carrera que serviría para que el Caguas presagiara el resultado final de la serie.

       Con score de 3-2 concluyó uno de los más dramáticos y extraños juegos en la historia del evento.

       Secades relató el angustioso momento de Camaleón García con la antigua expresión de desconcierto "Caballito de San Vicente, lleva la carga y no la siente", en la magnífica reseña del juego que tituló "Los zapatos homicidas de Jim Rivera"

       Caguas ganó aquella Serie del Caribe con 4 victorias y dos derrotas y se puso delante de Cuba por un juego; el Almendares concluyó en segundo con 3-3.




 

LOS YANQUIS CONTINÚAN LA BÚSQUEDA DE “EL DORADO”

LOS YANQUIS CONTINÚAN LA BÚSQUEDA DE “EL DORADO”

 

 

 

Por Andrés Pascual

 

       Antes, cuando los Yanquis lo eran de verdad (hasta 1962), por lo general contrataban por uno ó dos años a peloteros que ya estaban en edad de retiro, sin embargo, los clubes del Bronx de épocas previas a 1964 motivaban tanto, representaban tanto en las aspiraciones de aquellos jugadores por su interés en concluir sus carreras con el mérito suficiente como para hacer historia de poco tiempo que, algunos, estuvieron en etapas de leyenda como contribuyentes, incluso de un mes,  de dos ó de tres al éxito portentoso y continuado.

       Sin considerar en el grupo al tremendo artillero Johnny Mize, que se mantuvo por cinco años y fue pieza fundamental en la victoria de los neoyorquinos en cinco Series Mundiales consecutivas (1949-53)

        El pitcher cubano Pedro Ramos es uno de los casos: con 13 salvados en agosto-septiembre de 1964, ayudó a que el último club con nombres gloriosos estuviera en octubre contra los Cardenales, serie que perdieron en muy peleados 7 juegos.

       Durantes los 20’s-30’s obtuvieron a Joe Sewell por poco tiempo, el bateador más difícil de ponchar de la historia.

       El catcher Wally Schang estuvo con los Bombarderos en el período 1921-25, a la alineación que inició la dinastía llegó a los 32 años de edad, ya había jugado 8 campañas con los Elefantes Blancos y con los Medias Rojas.

       Con la maquinaria del Coronel Ruppert bateó sobre .300 en 1921 y 1922 y fue un fino receptor, cuyo promedio, de aceptable a malo de .967, no refleja lo bueno que era defensivamente, sin embargo, capturó a un magnífico 44 % robando.

       El pitcher Johnny Sain se incorporó al club cuando Dimaggio dijo adiós y Mantle inició el asalto al Firmamento, 1951 y tenía 34 años, procedía del Boston del Viejo Circuito, con el que ganó 24, 21 y dos veces 20, estuvo bajo la tutela de Casey Stengel hasta 1955 y el Viejo Profesor lo empleó como abridor y como relevista. Fue un bastión del staff de pitchers de la novena durante esas temporadas.

       Se pudiera hacer un libro de los grandes e importantes movimientos de aquellas gerencias que hicieron grande a los Yanquis durante su era de esplendor en el beisbol (1921-1964)

        Sin embargo, desde 1964 y, en especial, desde que los Steinbrenner son propietarios de la Organización, se puede hacer otro, más voluminoso, por los yerros ridículos que han cometido en el período 1971-presente en los movimientos de cambio, compra o venta de jugadores.

        Desde la adquisición de Alex Rodríguez y su contrato superior a lo que costaban ambas ligas en el período 1945-1955, hasta los experimentos Randy Johnson, Kevin Brown o Carl Pavano con A J Burnett aún en la rotación, pareciera que el club  tiene un compromiso con el Welfare, que incluye Medicare, más la estancia por un tiempo prudencial en Disney para disfrute de la búsqueda del Dorado de la historia, el lugar capaz de lograr el efecto de la “eterna juventud” por sus aguas milagrosas.

         El japonés Hiroki Kuroda tiene 36 años y un contrato en el bolsillo que no puede con él por lo que pesa la cantidad que contiene.

         No va a resultar en un nuevo Roger Clemens, como es la tradición que implantaron desde hace más de 20 años para ellos mismos, o será un rotundo fracaso, o un pitcher de alternativas de un día veremos y el otro también.

         Esta gerencia ha dejado pasar sin tirarle a varios de los mejores pitchers del mercado desde Johan Santana.

         Para el glorioso equipo el problema ha llegado tan lejos que, a pesar de ser los Yanquis, muchos agentes libres no quieren jugar ahí, otros incluyen hasta cláusulas de contrato que lo contemplan, porque no es cómodo ni gracioso estar con un colectivo cuyo dueño, como quien se toma una cerveza, le crea un estado de opinión negativa públicamente, tal como hizo The Boss con Dave Winfield, situación que se convirtió en un sello distintivo del club.

         Si la “matemática de bodega” no engaña, revisando la edad del róster y de acuerdo al envejecimiento y las lesiones crónicas de varios de sus puntales, sin que se aprecie un nutrido y atractivo grupo de relevos en los circuitos menores, a este club le quedan dos años tal vez en niveles de juego superior. A pesar de que algunos se consuelan con “ya comprarenos a fulano de tal”, olvidando que, a diferencia de tiempos pasados, sobre todo en el Oeste, hay dueños que también tienen mucho dinero, son más cómodos como propietarios y no creen el El Dorado.

¿POR QUÉ LARUSSA DIR IGIRÁ A LA NACIONAL EN EL JUEGO DE ESTRE LLAS?‏

Por Andrés Pascual

Al año siguiente de retirado Mike Schmidt, el público votó porque fuera titular de la esquina caliente del Viejo Circuito en el Juego de Estrellas.

Schmidt había sido muy popular en base a su clase como pelotero ejemplar de una alcurnia que ya se extinguió; sin embargo, ese gesto no lo tuvo el respetable con peloteros mejores y más trascendentales que el antesalista, digamos que como Babe Ruth, Ted Williams, Stan Musial, Willie Mays o Hank Aaron, tampoco Mantle ni Dimaggio; incluso ni Cal Ripken jr gozaron de semejante muestra de simpatía.

¿Por qué el fanático americano actuó así con el mejor tercera base de la historia? Nadie lo sabe, tal vez fue una muestra de a lo que conduce el análisis poco serio y menos profundo para tomar alternativas no solo descabellas, sino erráticas y peligrosas, porque el individuo ya estaba perfectamente liquidado para el juego.

Se dio a conocer que el tampeño Tony Larussa conducirá al escuadrón de la Liga Nacional durante el Juego de Estrellas de este año. La decisión es absoluta de las Oficinas del Comisionado, estoy seguro que esta posibilidad no pasó ni por la mente de un solo fanático; es decir que, en este caso, no jugó ningún papel el detalle “popularidad”. La selección anticipada post retiro sitúa al ex manager junto a John McGraw (1933 Liga Nacional) y Danny Murtaugh (también Viejo Circuito 1972) que se vieron distinguidos por el Comisionado del momento como acaba de suceder con Tony.

Tony Larussa se retiró cuando concluyó la Serie Mundial, tal vez molesto porque los Cardenales no retuvieron a Al Pujol y esto es un entredicho, pero por la tremenda relación que cultivó con el dominicano, no lo dudo.

¿Por qué tienen que traer a alguien que dejó al beisbol por jubilación? ¿Qué capitulo de ofensa al pasatiempo van a inaugurar con semejante paso? porque, viniendo de donde llegó la imposición, que no quepan dudas que será otra “curva” lanzada desde el ángulo más desfavorable posible al bateador, que no es el pelotero, sino la moral necesaria para poder mantener la cabeza en alto ante tantos golpes bajos.

La tiranía cubana, por 15 años, colocaba al frente de su selección de profesionales de estado a eventos internacionales a un testaferro de nombre Serbio Borges, el tipo no dirigía en las seriecitas nacionales, pero, por orden del propio dictador, se encargaba del timón de su nave.

Claro que esto no es Cuba y Larussa ganó con el San Luis la Serie Mundial, pero la situación debería tratarse tal y como se hace con esos jugadores seleccionados que no quieren asistir al encuentro y alegan lesiones. A fin de cuentas, el hombre ya se desvinculó del beisbol como dirigente.

Si la plaza de un juego quedó vacante por el retiro (pudiera invalidarse, incluso morir alguien) del manager que le hubiera correspondido legítimamente, ¿Cuál es la razón por la que no ocupa su lugar el perdedor de la serie de liga? ¿Por qué volver a repetir el acontecimiento a 40 años de la última vez que se produjo?

A todas luces, esto va a ser un precedente y hay “Selig para rato” por unanimidad de los dueños, es decir, como Johnny Carson, “todavía queda más…” Falta por conocer lo que buscan con esa decisión.

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Va a dirigir a la Liga Nacional por imposición de grupo

PODEROSO EL DETROIT AL BATE‏

Por Andrés Pascual

La firma de Prince Fielder por los Tigres de Detroit convirtió a los Bengaleses, de la noche a la mañana, en los propietarios del más formidable dúo de bateadores zurdo-derecho desde… ¿Desde cuándo? Hacia rato que un par de bateadores de superclase, como Miguel Cabrera y el recién llegado por 214 millones en 9 campañas, no formaban un-dos en la alineación de un club de Liga Mayor.

El venezolano está rumbo a Cooperstown, salvo imponderables, allí debe concluir su viaje galáctico. Con el permiso de todo el mundo, para mí es el mejor bateador derecho de ambas ligas, porque, lo que es Pujol, debe demostrar que el significativo bajón de su rendimiento en los últimos dos años es “pasajero”. De acuerdo a sus guarismos del año pasado y a que entró en sus 30’s, da la impresión de que a Cabrera y a Fielder hubieran tenido que doblarle la cantidad…

Sin embargo, en el beisbol, máxima antediluviana, no gana el que más estrellas tenga ni el que más rompecercas agrupe, sino el que mejor juegue.

En estos tiempos de más equipos, de conceptos tan viejos como manipulados a favor de intereses nocivos al beisbol, que ya ni se esconden, como “el pequeño mercado y el grande”, de frustraciones, de decepciones apabullantes, como a las que han acostumbrado los Yanquis a su fanaticada con tanta frecuencia que aburre, un equipo que valga mucho no necesariamente será el campeón ni de su liga ni de la Serie Mundial; sin embargo, el próximo año volverá a estar en la pelea, mientras, por cualquier razón como la estampida de sus agentes libres, por lesiones o por lo que sea, “el eléctrico”, con el que nadie contó en los pronósticos de primavera, que pudo jugar casi gracias a funciones musicales de beneficio para poder pagar los trajes y ganó, irá directamente al lugar que se le pronosticaba: los alrededores del frío y lúgubre sótano de su división, ¿Por qué se repite esta escena tan rigurosamente? Eso es lo que pocos pueden explicar que, por supuesto, deben ser los que tiene “la sartén por el mango”.

A pesar de la pérdida de ratings de la Serie Mundial, porque los juegos de pretemporada previa generan mucho más dinero que el propio Clásico de Octubre, es el argumento que casi seguro manejan Selig y compañía para imponer dos clubes más en las series de división.

Aunque el Detroit no ganara este año la Liga Americana, se puede descontar su parque repleto, incluso los que visite durante el calendario, porque espectáculo, lo que se concibe como disfrute de la posibilidad del cañoneo constante y demoledor, será ver a ese par de artilleros moviendo “la macana” en home.

El gigantón Cabrera, de 28 años y 9 campañas jugadas, con 6 Juegos de Estrellas a su favor y 3 Bates de Plata, batea para .317 con 277 jonrones (un campeonato ganado con 37 en el 2008), 346 dobles, 13 triples y 948 impulsadas, 8 temporadas con 100 ó más empujadas (lideró el 2010 con 126); este año obtuvo el campeonato de bateo con .344, el de dobles con 48 y el de promedio de embasamiento con .448, además, el de juegos jugados con 161. Miguelito fildea para .992 y acumula .395 de embasamiento .555 de slugging y .950

Por su parte, el Príncipe de la Selva, de 27 años y 7 temporadas de labor, promedia .282 con 200 dobles, 9 triples, 230 cuadrangulares y 656 impulsadas; en el 2007 lideró al Viejo Circuito con 51 bambinazos y en el 2009 a los empujadores con 141; ha conseguido 100 ó más empujadas durante 4 campañas; ha estado en 3 Juegos de Estrellas y exhibe en la vitrina de la sala de su casa 2 trofeos de Bate de Plata. Fildea para .992 con .390 de embasamiento .540 de slugging y .929.

¿Qué le falta al Detroit? Aparentemente nada; sin embargo, el Binomio de Oro tiene que producir como Dios, sus números y el dinero que les dan exigen; que el pitcheo no se desplome; que Verlander tenga una actuación parecida a la del año pasado y que el resto del staff, sobre todo el relevo, haga el esfuerzo obligatorio y cumpla con la encomienda.

Jugar con team work es la clave del éxito, sin este no se puede ganar y ya hay una baja lamentable con la ausencia del venezolano Vinny Martínez por lesión para toda la temporada; aunque, a mi modo de ver, el puesto de regular lo tiene perdido con el joven Al Avila, que se perfila como un receptor de calibre y buenas posibilidades de convertirse en un bateador de cuidado.

Siempre se dirán cosas como que “la lentitud de la parte central de la alineación…”; quizás otras, porque de algo vive el cronista, pero, con el manager que tienen, uno de los mejores de las Grandes Ligas modernas, este tipo de situación debe manejarse de tal forma que no cree caos en el juego ofensivo general.

Desde ya el Detroit es un fuerte contendiente al banderín del Viejo Circuito, las fieras están preparadas para iniciar la lujosa función que bien pudiera concluir cuando termine octubre.

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Su llegada al Detroit hará del club el más impresionante espectáculo de ambas ligas

POSADA TIENE PARA ENTRAR A COOPERSTOWN‏

Por Andrés Pascual

La entrada al Salón de la Fama del Beisbol está más complicada que el mito de Dédalo, el Laberinto y el Minotauro, porque están manejándose factores no injustos, sino raros por sospechosos, imagínese que hay quienes dicen que Jim Thome “tal vez” pueda ser elegido; otros, que ni cuente… y el tipo metió más de 600 jonrones ya y las impulsadas las produjo por tubería, sin embargo, el boricua Tani Pérez está ahí…

Esos mismos individuos “le fueron arriba al viejo tiempo” y cuestionan la estancia en el recinto del catcher Rick Ferrell y del “tic-tac-for”, como se le decía en Cuba a la mancuerna defensiva del cuadro de los Cubs de Chicago (short-segunda-primera) que ganaron la última Serie Mundial del club en 1908: Joe Tinker, torpedero, Johnny Evers, intermedista y Frank Chance, primera base. Hay otros intentos sacrílegos, pero creo que con estos dos basta.

Aunque se debe tener en cuenta que un miembro de Cooperstown no siempre es famoso, lo que lesiona su carácter de leyenda y el caso del catcher Ferrell, incluso el de la combinación de doble-plays que mencioné son evidencias; por ejemplo si se encuestara a 1,000 individuos entre fanáticos y gente de la crónica en español sobre todo, posiblemente 998 ni conozcan esos nombre ni los del 80 % del resto de los residentes en el templo.

Nunca he cuestionado la validez de las elecciones, aunque he considerado injusto que hayan dejado fuera a otros que lo merecen.

Pero, como ser humano, de vez en cuando me preguntó ¿Qué hacen Larry Doby y Monte Irving ahí? Para propaganda de corte político con uno basta, Jackie Robinson y, si la intención es premiar la trayectoria del ex centerfielder del Cleveland porque :inauguró el compromiso con el pelotero sepia en el Joven Circuito”; entonces Miñoso, primer negro hispano en jugar en Grandes Ligas, también debería considerarse bajo esa sombrilla de protección; o el intermedista boricua Carlos Santiago, primero firmado para el Beisbol Organizado (poco antes que Minnie), por Bill Veek en 1948, que lo invitó al campo de entrenamiento de la tribu de Ohio con solo 23 años; pero tres de Servicio Militar le “hicieron más viejo” y le mermaron las condiciones.

Jorge Posada, la ultima insignia de la receptoría del club del Bronx, anunció su retiro a los 40 años de edad, 17 de ellos con los Yanquis, 4 anillos de Serie Mundial, 5 Bates de Plata y, porque jugo durante la era de su paisano Iván Rodríguez, el mejor catcher de todos los tiempos a pesar de Bench, 5 Juegos de Estrellas.

A mi modo de verlo, el tercer gran receptor en la historia del famoso club junto a Yogi Berra y a Bill Dickey, mejor que Elston Howard y que Thurman Munson, porque este último tuvo poco tiempo de acción debido a su lamentable y prematura muerte.

El hijo de Jorge, ex preso político cubano que no pudo firmar como shortstop por el Filadelfia, precisamente por conspirar contra la tiranía y ser sancionado a 4 años en 1960 y primo segundo de Leo, el último cuarto bate de los Alacranes del Almendares, que también jugó en Grandes Ligas y dirigió para la Organización de los Dodgers durante 13 temporadas, tiene números dignos de un Inmortal, sobre todo, considerando que un receptor no necesita de guarismos estratosféricos para ser calificado así, que por algo juega de frente a la pizarra, incómodamente agachado y mandando al pitcher, es decir, el juego.

Posada dio 379 dobles, 10 triples y 275 cuadrangulares e impulsó a 1065 corredores hacia el plato, su promedio general fue de .273. Fildeó para .992 y atrapó al 28 % de los corredores que le salieron al robo, porciento que no es responsabilidad absoluta del receptor, sino compartida con el pitcher.

El bateador ambidiestro conectó 11 jonrones en postemporada con 23 dobles y 42 empujadas. Para emplear un numerito de hoy, su WAR es de 44.7

Para ser justos, este pelotero ha tenido que jugar con la presión extra que representó la enfermedad de un hijo, al que le han practicado varias intervenciones quirúrgicas cerebrales.

Sin entrar en comparaciones con Ernie Lombardi, porque fue un jugador lento, sin embargo, se supo sobreponer a esa condición negativa como hace más de 70 años el ex catcher inmortal del Cinci y los Cubs y cubrir con, más que decencia, maestría y clase, una posición tan exigente y difícil.

Para mi el boricua debería ser seleccionado cuando le corresponda, pero, por supuesto, hay “sabichosos” que venden los números de esa lotería que no ven algunas cosas ni si se las ponen delante de las narices y no por cegatos muchas veces.

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Posada forma parte del trío de oro de la receptoría en la historia de los Yanquis

MIGUEL ANGEL TIENE QUE HABER SIDO MUY BUENO‏

Por Andrés Pascual

 

       En Cuba, hasta los 60's o mediados de los 70's, nadie se refería a Miguel Angel González como "Mike", era Miguel Angel y se acabó, el otro nombre era asunto de "los americanos". Hoy no lo conoce nadie en su patria de ninguna forma.

       Antes de que se me olvide, tal vez haya sido el ex propietario y dueño de los Leones del Habana la única persona beneficiada, por orden directa del tirano, a disfrutar de todo su dinero en banco, cuando le ordenó al criminal, entonces a cargo de la destrucción de la red bancaria nacional, Che Guevara, que descongelara los mas de 800,000 dólares que tenía en su cuenta el glorioso ex jugador y manager.

      Fue el pago por los viajes a México y "al Norte", durante todo 1961, que el ex propietario del Habana hizo tratando de armar el rompecabezas que propiciara el desarrollo del campeonato 1961-62; Castro sabía que era imposible, pero le dio la oportunidad para aparentar que "quería pelota profesional ese año" y que el linchamiento de la Liga Invernal no era de su responsabilidad.

      Yo creo que un mes en Grandes Ligas para un cubano de entre 1911-1970 equivale a diez años de hoy; que .250 en esa época bien pudiera ser un .300 de la actualidad…Eso creo, nadie me podrán convencer nunca de lo contrario; pero respeto opiniones.

       Ricardo Torres, catcher y padre del Jibarito Gilberto, tiene que haber sido muy bueno: le recibía a Walter Johnson en la temporada regular; el otro hispano en hacerlo fue el tampeño Alfonso López, inmortal de Cooperstown, durante giras con clubes de estrellas fuera de temporada o "barnstorming".

       El Patón Carrasquel fue un lanzador extraordinario, si no ¿Cómo hubiera sido posible que lanzara en Grandes Ligas en la época que lo hizo?, o Hiram Bithorn, o Jesse Flores, o Melo Almada. Luque tiene que haber sido un fenómeno, igual que Miguel Angel, que recibió para cuatro clubes durante 20 campañas como segundo receptor.

        Papá Montero trabajó como instructor de pitcheo de los Gigantes de Nueva York, lo que sugiere que "sabía algo del departamento", porque, con tantos ex pitchers americanos retirados, ¡Que le dieran el puesto a un cubano…!

       Hoy existen hasta imposiciones que escapan al marco deportivo y caen en lo político por la vía del "cupo obligatoria para las minorías", que se creó para beneficiar a los negros, pero que el crecimiento del sector latino en el beisbol, tanto de jugadores como de público, ha hecho que proteja a los hispanos también. De antes, de cuando "la candela era brava", nadie se quiere acordar y parece que todo el mundo cree que siempre fue así de fácil: llegar, jugar, retirarse, entrenar a jugadores bajo contrato y hasta dirigir, lo mismo en las oficinas que desde el banco.

       Miguel Angel González fue asistente de tercera base de los Cardenales de San Luis por más de una década, ocupo el puesto de manager interino dos veces, la primera, en 1938. Fue una eminencia, de lo contrario no hubiera podido lograrlo en aquellos años.

        La Serie Mundial de 1946, que le ganaron los Cardenales al Boston, creó una imagen ambivalente del cubano por la jugada en home del juego que la decidió: para los americanos, Enos Slaughter anotó a pesar de Mike González, que intentó detenerlo en tercera; para los cubanos, los de San Luis ganaron porque Miguel Angel mandó al corredor hacia el plato…

        Existe una frase famosa en el beisbol americano, "good field no hit", que retrata a quien sea un buen fildeador, pero cuyo bateo oscile de mediocre a malo. Dicha frase, según historiadores americanos de total credibilidad, la escribió Miguel Angel como scout par-time en 1921, para un reporte que le envió a la gerencia de los Gigantes sobre el receptor-espía Moe Berg, el jugador firmó con el Brooklin.

        Miguel Angel es muy poco considerado en los países del Caribe como genio de la estrategia con vista de águila, por lo general, las citas de "fenómeno" de la dirección favorecen a Willy Calviño, a Tony Castaño, a Regino Otero, a Preston Gómez o a Lázaro Salazar, ¿Por qué razón? por lo mismo que Cristobal Torriente tampoco se menciona: no actuaron sino en Cuba y Estados Unidos.

        Los Cardenales le tenían tanta confianza y consideración al reglano que, muchos de sus novatos de interés, como Van Noy o Bill Virdon, fueron enviados a jugar en el invierno con los Leones del Habana y sus invitaciones al campo de entrenamiento del club, o la posibilidad de integrarlo, estaba en relación con el reporte del manager-propietario de la novena escarlata.

       Una vez un periodista cubano declaró que el Habana se daba el lujo de permitirle mejores refuerzos al Almendares, porque Miguel Angel era 10 juegos más inteligente que el resto de los managers.

        Porque se impuso en una era dura por lo competitivo en lo atlético, pero peor en lo social por las restricciones raciales, todavía ningún manager nacido en países hispanos, le llega a los talones a este hombre, como quiera que se llame, aunque le disguste a algunos lo que dije.





 

 Miguel Angel fue un genio hispano del baseball

 

El Juego De Beisbol Lo Cambio Lena Blackburne‏

Russell “Lena” Blackburne fue un jugador de cuadro que actuó ocho años en el período 1910-1927 para los Medias Blancas de Chicago, los Rojos de Cincinnatti, los Bravos de Boston y los Filis de Filadelfia, se le puede considerar fácilmente, sin ofender a nadie, de “nada del otro mundo” ni, posiblemente, de este tampoco. Después de concluir su carrera como jugador activo, dirigió a los Medias Blancas en 1928-29, antes, había trabajado como coach de este club en 1927-28 y, después, para los Carmelitas de San Luis en 1930 y para los Elefantes Blancos de Connie Mack en 1933-38; 1940-45 y 1947-48.

Nacido en Clifton Heights, Pensilvania, se mudó junto a su familia, a muy corta edad, hacia Palmyra, Nueva Jersey; bateador de mucho menos que modesto promedio de .214, jugó 550 juegos entre el campo corto, la tercera, la segunda y la primera base con una actuación como  pitcher de relevo en un juego.

Director en las Mayores con pésimo récord de 99-133 que trabajó como scout para los Atléticos de Filadelfia cuando se mudaron a Kansas City;  director parcial en las temporadas de 1916, 1921 y 1932 del Toronto de la Liga Internacional, falleció a los 81 años en Riverside, Nueva Jersey y lo sepultaron en el Cementerio Morgan, a las afueras de Palmyra.

¿Qué ofrece esta reseña biográfica para dignificar en el beisbol a Lena Blackburne? Aparentemente nada, porque nunca pudo descubrir el secreto de los pitchers que le ponían out con rutinaria facilidad; sin embargo, fue capaz de desenterrar el secreto del “fango” del Rio Delaware que, con cierto proceso, es la sustancia que emplean los umpires antes de cada juego de Grandes Ligas, Ligas Menores o Colegiales para quitarles el brillo del proceso de acabado a las pelotas antes de cada encuentro de beisbol.

Hasta más allá de los 30′s, para opacar las pelotas antes de cada juego, lo mismo se utilizaba el jugo de tabaco, que el betún para pulir zapatos, que la arena de los terrenos con agua o combinaciones de ellos; sin embargo, ninguna les daba la impresión correcta al tacto o a la vista al quedar muy oscuras y más blandas de lo deseado , lo que mantenía en casi estado de bola muerta al juego que, desde 1920, había sido declarado propiedad de la bola viva.

Cuentan que a Blackburne se le ocurrió la idea de a buscar una sustancia efectiva para el tratamiento del cuero de la pelota cuando un árbitro, mientras servía como asistente en tercera base de los Atléticos de Filadelfia, se le quejó del asunto.

Hasta un lugar específico y misterioso del río Delaware contempla la historia y también se cuenta que solo el lodo de ese lugar es el adecuado.

En principios, el producto fue autorizado solamente para la Liga Americana, porque Blackburne era un acérrimo partidario del Joven Circuito; sin embargo, ya para mediados de los 50′s, todos los circuitos beisboleros, incluidos los colegiales, lo empleaban.

El negocio se amplió tanto que es una marca registrada del beisbol americano y su comercialización, que se inició en 1938, ha pasado de mano en mano de sus descendientes hasta hoy.

Un detalle relacionado con el beisbol moderno es que, como no ablanda el cuero porque no mantiene humedad, el pulimento milagroso se convirtió en un elemento de importancia en la carrera de jonrones tras el record de Babe Ruth, porque concentra y mantiene el poder de rebote de cada pelota, haciéndola digna del concepto que, alrededor de la propia bola, cambió el juego en 1920 hacia el de “era de la bola viva”, que lo ha sido realmente después que se comenzó a usar el producto.

Cuando por amor al juego y al billete Lena Blackburne descubrió que, con el fango del río mencionado se mejoraba el tratamiento para quitarle el brillo a las pelotas, nunca pensó que como bateador de .214, 5 jonrones y 139 carreras impulsadas en su carrera, estaría en Cooperstown; sin embargo, su ungüento, conocido como Lena Blackburne Rubbing Mud, le ganó una mención en el recinto de los inmortales y, aunque se resistan a reconocerlo, fue el verdadero elemento que cambió el juego.

Andrès Pascual  /  http://seamheads.com/2012/01/18/el-juego-de-beisbol-lo-cambio-lena-blackburne-lena-blackburne-changed-the-game-of-baseball/

 

 

 

Lena Blackburne

EL DESCONOCIMIENTO ES ABSOLUTO EN LA CRONICA DEPORTIVA DE CASTRO‏

Por Andrés Pascual

¿A qué condujo la desaparición por decreto dictatorial de la pelota profesional en Cuba; si no a la más absoluta orfandad del reconocimiento de la memoria histórica legítima en los tiempos que corren?

Y no hablo del beisbol castrocomunista, jugado en la Isla desde 1962 y alejándose a pasos agigantados de la clase histórica criolla de tal forma que, hoy, no solo es “crítico” su estado ; sino de hazmerreír internacional.

Con aquella medida le escamoteó a Cuba la dictadura el estandarte que era de la Confederación de Países del Beisbol Profesional del Caribe, organismo que relaciona entre sí a las naciones reconocidas como miembros y los proyecta como una supuesta, (mentira moderna desde hace mas de 15 años), unidad monolítica de intercambio de mutuo beneficio con el Beisbol Organizado, que se copió de las exitosas relaciones de Cuba con la pelota americana y que logró, también como evento exitoso durante 12 años, la única y real era de grandeza y esplendor de la Serie del Caribe.

Con el beisbol profesional se perdió la participación de la prensa cubana del sector en el organismo regional.

Entonces la pelota cubana, su historia de influyente poderío, se encontró a merced de lobos emborronadores de cuartillas no cubanos que se dedican a omitir y descalificar la auténtica superioridad del juego criollo durante el periodo pre-1960.

¿No hay prensa cubana en la Confederación? No hay voto para el rosario de entidades tipo Salón de la Fama, coordinados algunos con empresas de consumo americanas, que beneficie y coloque en su justo lugar al imprescindible jugador isleño; entonces tampoco hay opiniones que contribuyan a la forma de cómo hacer estos nuevos recintos más nobles, más justos y verdaderos exponentes de la huella histórica significativa de la pelota en el área; a fin de cuentas, todo confluye con anuencia, apoyo y evidente indiscreción de la tiranía antillana que, ya se puede decir, liquidaron el ex pasatiempo nacional con toda intención.

Pero una prensa de la Cuba de hoy, representando a los libelos de la tiranía, sería el peor remedio que pudiera aplicársele a una enfermedad que requiere desmontar absolutamente el imperio político-ideológico que asola al país; porque no habría ningún tipo de soberanía ni de voluntad individual para hacer las cosas en bien del beisbol en el organismo; sencillamente, estarían a merced y a favor del viento que sople desde el Buró Político del CC del Partido, bien como amanuenses hastiados; o como militantes rancios que apoyan semejante crimen de lesa humanidad para los que el beisbol nacional, como todo el país, es una creación del dictador y así se le inocula a sus generaciones que, cuando llegan aquí, con facilidad y desconocimiento que ofende, consideran “todos los tiempos” en la historia del beisbol cubano a partir de 1962.

Desconocer el único estado de gloria y grandeza de la pelota cubana; es decir, el pasado, esconderlo, desparecerlo del manejo diario de la jerga de sus generaciones que no pueden evitar, ante el ridículo de los tiempos actuales, que el fantasma del ayer se haga presente como fiscal soberbio contra los únicos responsables de la tragedia de la pelota y de la nacionalidad, es la primera responsabilidad de la prensa castrocomunista.

De los cuatro jugadores negros que representaron a Cuba por primera vez en el periodo 1939-43, tres de ellos procedían de Pinar del Río y fueron los primeros pinareños en integrar un team Cuba. Jugaban en el poderoso circuito Inter Fuerzas Armadas: el artemiseño Pedro “Charolito” Orta, el guanero Rafael “Villa” Cabrera y el residente en la propia ciudad capital provincial, Catalino Ramos, el cuarto jugador sepia fue Carlos Colás.

El primer jugador vueltabajero en vestir el traje de la selección cubana en nivel juvenil fue el inicialista sancristobaleno Cayetano Páez durante la Primera Serie Mundial de la categoría en Mejico-1956.

En estos días Osvaldo Rojas Garay, del libelo Juventud Rebelde, escribió sobre Emilio Salgado Quesada, “Faro” para quienes lo tratamos, en relación con un torneo que llevará su nombre en Los Palacios; pero se le olvidaron cosas importantes: con solo 14 años, en 1962, reforzó al San Cristóbal a la Serie Nacional Juvenil que se efectuó en Las Villas; que integró un equipo castrista juvenil contra un similar canadiense a una serie “amistosa” jugada en La Habana y en Montreal, en 1964 y 1965, al lado de los hermanos Capiró, de Marquetti, de Oscar Romero, Laffita…y que a su cadáver le robaron la cabeza con propósitos de santería después de sepultado. Salgado fue uno de los mejores tres pitchers de Cuba en el periodo 1968-72, hasta que eol el tumor cerebral que le llevo a la tumba, tres años después, le obligó a dejar el juego.

La mala idea político-ideológica mezclada con conocimiento insuficiente fue presentar a Faro como “el primer pitcher pinareño que integró un equipo Cuba”, dicho indudablemente para ahondar más en el divorcio entre “los pichones” de hoy y la identidad cultural nacional, a través de la proscripción total de nombres del ayer.

Porque, el primer vueltabajero que integró un equipo Cuba como pitcher fue el consolareño Virgilio “Roque” Contreras, en 1950, a los Centroamericanos de Ciudad Guatemala, selección que integraron también Edmundo Amorós y Angel Scull y en la cual el serpentinero ganó un juego.

Contreras se hizo profesional y jugó en Ligas Menores y en el “champion cubano” hasta su traslado a la Mejicana, donde se retiró. Falleció hace algunos años en Monterrey.

¿Qué le hubiera costado decir lo anterior al plumífero? Aparentemente nada o todo, pero puesto en función del cristal a través del cual se vea; o se imponga…

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Salgado no fue el primer pitcher pinareño de equipo Cuba

DE LUQUE A CHAPMAN, “EL QUERIDO CINCI”‏

Por Andrés Pascual

Cincinnatti ha tenido en su rotación de abridores a un lanzador con algún ascendiente cubano en los últimos años, el derecho de Cayo Hueso Bronson Arroyo, que no habla español, sin embargo, sin revisar fuentes, creo que el último serpentinero antillano en actuar allí fue Osvaldo Fernández, que no pudo impresionar como debió porque, igual que casi todos los pitchers que se quedaron durante la década pasada, llegó algo viejo y con molestias en su brazo, en las piernas, o en la espalda como para ser exitoso a través de un calendario tan extenso y exigente, por lo tanto extenuante, como el de las Grandes Ligas.

Pero con Chapman pudiera ser diferente, porque es joven y, aunque necesita seriedad y responsabilidad ante el nuevo reto, lo demás lo tiene, que son las facultades atractivas del superprospecto. Pudiera darse el caso de que se esté en presencia de uno de los mejores pitchers cubanos de todos lo tiempos si logra imponerse.

¡Los Rojos de Cincinnatti! de gran importancia en la historia de la pelota cubana, porque en ese club debutaron Armando Marsans y Rafael Almeida, los primeros en actuar en las Grandes Ligas del siglo pasado, en 1911,

Con ese club se convirtió Marsans en el primer hispano en batear sobre .300, .317 en 1912 y también en el primero en lograr puntuación de MVP cuando terminó en el # 18.

Por eso se le decían El Querido Cinci en Cuba y porque allí se hizo la leyenda de Adolfo Luque y fue en esa ciudad que un cronista americano le apodó El Habana Perfecto.

Por el Cinci pasaron muchos cubanos como Raúl Sánchez, Orlando Peña, Leonardo Cárdenas, Chico Ruiz, Daniel Morejon, Rogelio Borrego Alvarez, Tony Haitiano González, Mike Cuéllar, Tani Pérez o Camilo Pacual en 1969.

Allí trabajó como coach Regino Otero y a esa Organización contribuyó Willy Calviño con su sapiencia de scout.

Fue al Cincinnatti que se afiliaron los Cubans Sugar Kings, desde su debut en la Liga Internacional en 1954, hasta que fueron trasladados a Jersey City en julio de 1960.

Aroldis Chapman no está en un club que apeste ni rechazable por poco competitivo, sencillamente, llegó al primer conjunto que le abrió los brazos al jugador cubano y en el cual se cumplieron varias hazañas de peloteros de la Mayor de Las Antillas en las Grandes Ligas, llegó a su casa.

Con el multimillonario contrato que tiene en el bolsillo, el Cincinnatti le dio la bola en el juego más importante de cualquier cubano en los últimos años, el de rescatar para su país el momento estelar, casi olvidado, desde el montículo de la vieja, venerada y tradicional franquicia que tanto hizo por nuestro beisbol.

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Armando Marsans : pionero con el "CINCI"