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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

FALTA UNO DE LOS “PR IMEROS HISPANOS” EN LA LISTA‏

Por Andrés Pascual

Yo le llamo “complejo raro” al hecho de que, cada dos días, un cronista latinoamericano le estregue en el hocico a cualquiera que “Clemente es el símbolo de…”. Y Roberto es uno de mis ídolos, pero por lo que hizo en el terreno, no por esas circunstancias viciosas de la política de izquierda antiamericana, que quieren vender la imagen deportiva del extraordinario jugador encubierta como “la voz que se alzó por los derechos de…”.

Los primeros hispanos en el Beisbol Organizado y en el beisbol regional son los cubanos, incluso en el beisbol sepia americano, del que son los dueños de la representación por la cantidad y la calidad de sus jugadores.

Es común que una gran parte del área hispana, la que logró invadir e imponerse en el mercado del beisbol americano por las medidas de la tiranía contra el pueblo cubano, trate poco al circuito negro, lo que tiene su origen en que no brillaron ni fueron representados en ese beisbol ni con la clase ni con la cantidad meritoria como para llenar una cuartilla; mas allá de Coimbre, de Horacio, de Millito y de Canena Márquez, “se secó el manantial”.

Armandito, el primer umpire; Miñoso, el primer negro; Bellán, el primero siglo antepasado; Marsans y Almeida, los primeros era moderna pionera; Luque, el primero en jugar en Serie Mundial, el más ganador y el primer champion pitcher con récord de ganados (27) y el primero en clp (dos veces), en juegos competos y lechadas, también el pitcher de más edad en ganar un juego de Serie Mundial para todo el beisbol (1932), único que lanzó en la del Escándalo de 1919; otra vez Marsans, el primer bateador sobre .300 y el primero en recibir votos para MVP; Mike González, el primer manager, interino; Prestón Gómez, el primero a tiempo completo; Humberto Fernández, el primer shortstop que bateó más de 10 jonrones, con 20, para el Detroit; Versalles, el primer MVP; Mike Cuéllar, el primer Cy Young; Alexeiv Ramírez, primero en jugar en Grandes Ligas sin escala en ligas menores; Estalella, el primero que ganó Triple Corona (en ligas menores); Roberto Fernández Tápanes, el primer bateador sobre .400 (ligas menores); los Havana Cubans, el primer club en el Beisbol Organizado; los Cubans Sugar Kings, el primero y el único en nivel superior de juego (Internacional Triple A), hubo un ensayo de meses por los boricuas a principios de los 60’s, pero duró tan poco que ni los puertorriqueños lo saben, fue cuando Castro obligó a que los americanos trasladaran a los Cubans a Jersey City. Y, así…

Lo curioso es que en la patria de los fundadores del manoseado “club de primeros latinos en el beisbol”, desde hace 52 años, saben menos de sus glorias que en México o en Nicaragua; por cierto, únicos países en que se reconoce en toda su extensión la clase, la importancia y la trascendencia del beisbol cubano.

Y eso que Puerto Rico y Venezuela fueron invadidos por la mayoría de los jugadores desterrados desde 1961. Para que se analice si dejaron huella en esos países, cuatro jugadores cubanos fueron los campeones de bateo en Borinquen periodo 1962-65: Tony Oliva, Mike de la Hoz, Tony Taylor y Octavio Rojas, además de muchísimos otros liderazgos.

En Puerto Rico hubo clubes con tantos cubanos que pudieran haberse llamado Almendares, lo mismo sucedió en Venezuela.

Pero hay un primero que no es ni cubano ni venezolano ni dominicano, es nicaragüense, cumplidor absoluto de las virtudes para exhibir con justicia la condición de “sportsmanship”, que es la combinación de la decencia con la caballerosidad, la cultura y la clase profesional en la faena: el nicaragüense Rene Cárdenas fue el encargado de abrirle la difícil senda de las transmisiones en español de los clubes de Grandes Ligas a los hispanos que, por lo frecuente de hoy, se olvidan tan injustamente las glorias y ni se recuentan las memorias.

Parece que tanto el público como los comentaristas en español de los Marlins, del Arizona, de los Yanquis… creen que siempre existió que pudieran narrar o escuchar en la lengua de Cervantes, jugada por jugada y desde el terreno, las incidencias del partido del día.

En 1958, Cárdenas le propuso a la Organización de Walter O’Malley, ante el evidente crecimiento de la población mexicana de California, el experimento, la oficina aceptó e, inmediatamente, comenzó la transmisión directa en español de los Esquivadores, a cargo del propio René que, dos años después, invitó al ecuatoriano Jaime Jarrín, que narraba balompié, a que lo acompañara en funciones.

Lamentablemente, “la prensa y la mala maña” le han escamoteado al nica el lugar que le pertenece para regalárselo al oriundo de Ecuador y, tan lejos se ha bateado esa bola que, por gestiones directas del club, ocupa un lugar en el Salón de la Fama, precisamente, por “fundador de las transmisiones en español”.

Pero René se fue a una nueva franquicia de la expansión de 1961, los Colt’s 45 de Houston, que cambiaron el nombre después a Astros, por mucho mejores condiciones laborables y por la posibilidad de poder ejecutar sus ideas brillantes, como fundar la tan oída en Cuba (onda corta) e Hispanoamérica, Radio Cadena Deportiva Continental de los Astros de Houston, para lo que invitó a que lo acompañara al ya fallecido narrador cubano Orlando Sánchez Diago.

Tan lejos está aquel Houston que fue la época en que el cubano Román Mejías impuso el primer récord de jonrones para el club con 24 en 1963; cuando la segunda base la jugó primero que nadie Nellie Fox, al que sustituyó Joe Morgan; años en que el inmortal Eddie Mathews custodió el tercer cojín.

Rene Cárdenas fue también el primer hispano que narró para un equipo de estadio con techo, el Astrodome y el primero que siguió en cada apertura la consolidación en Grandes Ligas del cubano Mike Cuéllar desde que este fue adquirido por el club en 1966.

Radio y televisión, los Dodgers, los Vigilantes de Texas, el Houston, después de esto, ¿Merece René Cárdenas el recordatorio, de vez en cuando, de parte de una crónica hispana, tan moderna y más apática ante su nombre, que no es capaz de entender que, posiblemente esté ahí, entre otros factores, gracias al querido amigo? Fred Claire, un ex Vicepresidente Ejecutivo de los Dodgers, autoridad respetada en el beisbol, no solo lo considera como deberían todos: más que un sempiterno candidato a Cooperstown, un inmortal que ya debería tener su placa al lado de la de Buck Canel… Yo también lo creo.

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: Uno de los más importantes “primeros” del beisbol hispano

EL ELOGIO TIENE QUE SER CAUTELOSO…‏

Por Andrés Pascual

 

Ningún jugador que llegue de Cuba debe tener el exagerado “dossier” de virtudes para el juego como el que han rellenado para Yoenis Céspedes algunos cronistas, tradicionalmente cabilderos de la tiranía castrista varios, en lo que casi aparenta una bien engrasada campaña pagada. Hasta americanos han repetido lo que “vieron o salió” de República Dominicana.

¿Qué el pelotero es talentoso? Aceptable, ¿Qué casi es, como lo han descrito, un superestrella del juego capaz de emular a Willie Mays? Por favor…

Pero los tiempos son diferentes en todo a la etapa gloriosa del pasatiempo, cuando una estrella no tenía que justificar por medio del WAR, o de otros sofisticados parámetros que lo era, sino batear bien, fildear bien, tirar bien, correr las bases bien y, lo que no tienen muy en cuenta los “sabiométricos”, pensar mejor, saber cómo se juega y jugar con decencia y honestidad para el único que juzga con razones demoledoras: el respetable público. Todo lo demás es bobería.

Hasta las Grandes Ligas se están deslizando por este canal a ningún lado cuando basan sus argumentos en que “bateó tantos jonrones en la Liga Cubana (que no cumple un solo requisito para llamarla así), que promedió tanto, que corrió más cuanto…”

Yo quisiera saber la razón por la que los scouts, que se supone que estén al tanto de la decadencia de la pelota castrista; de su perdida sostenida de clase para empeños mayores, en la que el pitcheo del equipo que hacen para eventos internacionales no tiene la mínima clase competitiva profesional por el desconocimiento y la mala práctica técnica, valoran a Céspedes por lo que hizo en las seriecitas de allá, donde se supone que el desastre sea más evidente, porque si un pitcher de su equipo mal llamado nacional es como luce de incapaz, ¿Cómo será el 2do, 3er o 4to abridor de una de las novenas provinciales, precisamente contra quienes el oriental bateó la barbaridad que dicen?

Ojalá el muchacho sea mejor que Willie Mays, a fin de cuentas, nunca algo necesitó más de un palo efectista como el beisbol de la Cuba de hoy, el que, como la sociedad castrista, no solo ha perdido la clase histórica, sino la moral, la credibilidad y la honra que necesita para mantenerse como influencia de algún nivel de importancia en el circuito caribeño.

Sin embargo, después de 10 meses sin jugar, se le ocurre a algún inteligente que está detrás del pelotero, que no juega ni sabe cómo funciona el boomerang del juego de pelota por muy “agente estrella” que sea, permitir que las Aguilas Cibaeñas, en medio de la lucha por la clasificación en el beisbol Invernal de Dominicana, le incluyeran en su plantilla.

Hasta hoy, el jugador no había hecho nada notable, sino recibir 4 ponches en 7 veces al bate y un golpeado por lanzamiento.

Se supone que a las Grandes Ligas se llegue a jugar, no a aprender, lo que debe quedar para la trayectoria de Liga Menores, sin embargo, como que todo ha cambiado para mal del juego, pues un pelotero está solo dos meses, 3 o un año, entonces lo suben sin saber cómo se juega; es decir, lo envían a la “academia mayor”, al sitio que, se supone, su objetivo sea jugar para contribuir a la victoria.

Posiblemente a Céspedes le sugirieron que jugara para que fuera relacionándose, aprendiendo, al lado de Tejada y compañía, los secretos de un juego que es muy diferente al que acostumbraba en Cuba; sin embargo, el momento, porque es de competencia final con vistas a ganar el campeonato, le quita solidez a la idea: esta no es la época de hacer debutar a un aficionado de pelota clase mala en el profesionalismo caribeño, no procede.

A lo que sí exponen al jugador es a que los buscadores de las Mayores hagan lo que no hicieron antes, ni más ni menos que, luego de observar detenidamente al cubano con las Aguilas Cibaeñas, concluir que, posiblemente, Willie Mays le quede un poco más lejos que lo que les dijeron o vieron “haciendo sombra” sin la presión del juego.

 

 

 

Yoeni Céspedes, demasiada propaganda repugna

 

LIGA CUBANA: O NO LO RECUERDAN, O NO LO SABEN‏

Por Andrés Pascual

Estaba pensando en la propaganda sostenida que se hace el castrismo sobre “el juego que le ganaron al Baltimore”, repetido hasta el cansancio por sus cónsules de la prensa basura de Miami también, quizás hasta con algún dinerito “por debajo del tapete” y del absoluto silencio, por desconocimiento o por “mala idea”, del juego de exhibición que le ganó un grupo de novatos del Champion a los Piratas en una visita que hiciera el club del Viejo Circuito a La Habana, el 6 de marzo de 1953, con anotación de 4 x 1.

Sin cumplir los 18 años aún, el entonces rookie del Almendares, que en ese momento pertenecía a la Organización del Washington, Gonzalo Naranjo, se llevó la victoria con un pitcheo estupendo de 7 hits y 7 ponches en 9 innings, su catcher fue Isaac Seoane. ¿Por qué no forma parte de la “cantaleta” un acontecimiento como ese? ¿Porque no lo conocen o porque no les importa saberlo ni que los lectores lo sepan? Estos son los detalles que ponen sobre el tapete que, a fin de cuentas, no somos un solo pueblo na’: nosotros, cubanos; ellos, engendros de una nacionalidad acomodada a circunstancias de ideología tiránica sin identidad propia ¿Por qué pocos lo saben y menos lo recuerdan de las generaciones previas a la tiranía? Porque una victoria contra un club de grandes ligas no era necesaria para demostrar la grandeza de nuestro beisbol, fueron muchas y sostenidas.

Eso de estar en niveles de hombres casi sin afeitarse fue un hobby para Choly Naranjo: en 1951, su cumpleaños 17 se celebró en el dugout del equipo Cuba que estuvo en la Serie Mundial amateur en Mexico.

En 1954 Aristónico Correoso hacía 4 campañas que no pitcheaba en Cuba, ese tiempo lo había invertido manejando un taxi de su propiedad en Santiago de Cuba; pero, con Bobby Bragan dirigiendo al Almendares, que tuvo fama de probar a cualquiera en momentos de crisis del staff del club con la frase “si puedes tirar 9 strikes seguidos pitcheas hoy”, se presentó en el Cerro y, por mediación del serpentinero Gonzalo Naranjo, que gozaba de buena amistad con el americano, solicito la prueba y tiró los strikes.

Inmediatamente el americano le pidió a Monchy de Arcos, administrador de los Alacranes, que firmara al recién llegado.

En una breve conversación, Correoso le explicó a Bragan su especialidad: sacar out fácilmente al bateador que nadie pudo nunca en el champion: Pedro Formental; claro que el manager no le creyó, pero…

La noche siguiente, un encuentro entre los Leones y los Azules llegó empatado al noveno con el Almendares como homeclub y el Habana en turno al bate. Sin outs y con la primera desocupada, Bragan le ordenó a Joe Hatten que caminara al tercer bateador, Lou Klein, para llenar las bases; entonces llamó a Correoso para que enfrentara a… “Perico .300”, el mismísimo Formental. Sin velocidad, pero sin nervios, el pitcher colocó al gran bateador en 1 bola sin strikes y, al segundo lanzamiento, el artillero zurdo levantó un fly a segunda que le devolvió el alma al cuerpo de Bragan; con el próximo lanzamiento el bateador en turno bateó de rolling por segunda para un fácil dobleplay por la vía 4-6-3, es decir, segunda a short a primera.

Al día siguiente Correoso fue cesanteado y se le pagó el mes completo. Para el manager no era posible que se repitiera un milagro en un territorio poco frecuente a darse: el terreno de juego.

“Bicicleta” fue un personaje simpático y popular, empleado en el estadio del Cerro como responsable de recoger las pelotas en el terreno y de custodiarlas en el almacén, como que no se fue de Cuba, el castrismo lo mantuvo un tiempo en el trabajo durante sus primeras series nacionales, pero le cambió el nombre de su función al de j’ del departamento-almacén de pelotas para jugar beisbol del INDER, título casi nobiliario de acuerdo a la manera inoperante y ridícula del enjundioso léxico castrista.

Según el conocido personaje, por el respeto y la consideración que le tenían a Miguel Angel González, manager-propietario de los Leones del Habana, pocas cosas se le criticaban, aun decisiones influyentes en derrotas que no se debieron producir, como el cambio de jugador en el rightfield, al cual envió un infielder que nunca había jugado como jardinero, en el juego de desempate por el que perdió el campeonato 1946-47 contra el Almendares.

Contaba Bicicleta que Miguel Angel era capaz de producir juegos apretados entre Habana y Almendares cuando quisiera, porque le ordenaba que colocará en el refrigerador un lote de pelotas para un encuentro determinado que, cuando eran utilizadas, el frío y la humedad le habían afectado el rebote; entonces abría la acción ordenándole al primer bateador que tocara la bola, el estadio se le caía encima, pero anotaba una que, muchas veces, era suficiente.

Battling Siki Roque llegó de cabeza a la inicial en un juego del campeonato de 1944 y Bernardino Rodríguez lo decretó out, en medio de la protesta, el umpire le dijo que “nadie que se tire de cabeza en primera conmigo es quieto”, pero varios días después, con el árbitro en la inicial de nuevo, el bateador metió una línea que pasó sobre la cabeza del leftfielder y se extendió a lo profundo del amplio outfield del parque Cervecería La Tropical, entonces el bateador-corredor se deslizó de cabeza en primera por lo que Bernardino lo expulsó e hizo cinco veces la señal de cinco con una mano, indicándole al palco de anotación que estaba expulsado y multado en 25 pesos. Cosas de los tiempos, sin embargo, los magistrados de hoy, muy acorde con la clase de beisbol que se juega, son más malos que aquellos que hicieron la historia con alguna que otra decisión más simpática que descabellada o errada por ceguera instantánea o por vaya usted a saber.

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Gonzalo Naranjo le gano a los Piratas 4-1 con 18 años....

DAVID CONCEPCIÓN Y COOPERSTOWN‏

Por Andrés Pascual

Para medir a jugadores de peso e importancia en el beisbol, por lo general acostumbro a decir que fue “un buen…”, si cubría la posición con decencia; que fue “un gran jugador…” si lo hacía mucho mejor; pero, si fue el primero en la faena durante un período de entre 8-10 años, entonces el hombre es un inmortal genuino…el venezolano David Concepción es un miembro legítimo de Cooperstown, a quien le están escamoteando su derecho como integrante del róster de peloteros que son la leyenda del beisbol en niveles de Salón de la Fama, ¿Por qué? Vaya usted a saber…

Al margen de la enfermiza y viciada “hermandad regional” que nadie cree, solo por lo que hizo y representa la insignia de los Tigres de Aragua, nadie tiene el mínimo argumento para convencerme de que Concepción no mereció la exaltación al recinto desde que se inició su calvario con la Asociación de Cronistas que, increíblemente, continúa con el Comité de Veteranos.

Ya el venezolano no es el mejor torpedero del Cinci de Todos los Tiempos, ese lugar le pertenece por números y carácter de liderazgo a Barry Larkin, pero el paisano de Vizquel es un inmortal que nunca debió salir a “buscarse la vida” en los vericuetos del Comité de Veteranos.

Es una pena que estos señores que votan incidan tan a menudo en lo que, para ser decentes, llamamos “injusticia”, cuando merecen una palabra ofensiva e impublicable.

Yo no creo que, en el caso Concepción, incida el tan manoseado racismo, porque en Grandes Ligas ya no existe el flagelo ni contra negros ni contra hispanos negros o blancos, aunque la oportunista legión de liberales todavía levanten una bandera que no solo perdió la vigencia, sino que apesta.

Concepción bateo .267 con 101 jonrones, 950 carreras impulsadas, 389 dobles, 48 biangulares, 321 bases robadas, dos campañas sobre .300. Fildeó para .971.

El ex torpedero, al que descubrió y firmó para los Rojos el cubano Wilfredo Calviño a finales de los 60’s en su patria, estuvo en 9 Juegos de Estrellas, obtuvo 2 Bates de Plata y 5 Guantes de Oro, su promedio de embasamiento fue de .322 y el de slugging .357, lo que sumados arrojan .679.

Aunque sus números no espantan, nadie debe confundirse, hay que ubicarlo justamente como torpedero, lo que quiere decir que no son guarismo montoneros, precisamente, por la posición que cubrió. Promedios mejores quedan a cargo de unos cuantos torpederos en la historia del juego o en jugadores cuyas bases exigen el bateo como atributo obligatorio.

Resulta que David Concepción fue el shortstop de la era más grandiosa del Cincinnatti en Grandes Ligas, posiblemente el club más poderoso desde 1960 hasta hoy, en el que influir por la capacidad de liderazgo era un verdadero problema, porque ese róster tuvo a Foster, a Bench, a Tani Pérez, a Joe Morgan o a Ken Griffey en función de bujías de arrancada.

Sin embargo, el venezolano resplandeció entre aquellas estrellas y se construyó un nombre que, nadie lo dude, en lo profundo de su razón de ser, Cooperstown lo reclama, una opinión contraria sería por bajas e inservibles pasiones.

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CONVERSACIÓN CON UN VIEJO ALMENDARISTA

CONVERSACIÓN CON UN VIEJO ALMENDARISTA

 

 

Por Andrés Pascual

 

       Cada reunión, cena, desayuno, homenaje que involucre al pasatiempo nacional en el exilio, tiene ese carácter sublime que solo es frecuente en el recuerdo de lo que realmente contribuyó no solo a la grandeza del jugador; sino del propio deporte y, como que por extensión se incrusta definitivamente con letras de oro en orden de importancia en lo tradicional, en lo folclórico, pues constituye  una de las columnas imaginarias que soportan la identidad nacional nuestra.

       La última actividad a la que asistí con esas características, fue al acto de entrega del Premio Nacional de Periodismo al fallecido cronista cubano Angel Torres, un éxito y un merecimiento cumplido por lo obligado…

     Allí estuvo Sergio “Acho” Varona, diez años con los Alacranes del Almendares como coach del club insignia por excelencia en la historia de la pelota cubana; ex jugador y ex manager del Miramar Yatch Club, del circuito unionista

      Sin embargo Acho, que estuvo con los Azules durante una era inigualable de la pelota nacional, tal vez la etapa más fuerte del profesionalismo hasta su desaparición arbitraria por decreto unilateral del dictador, prefiere conversar sobre su padre Sergio, el editor de las páginas de El Mundo, uno de los mas prestigiosos diarios habaneros de antes del castrismo.

      Acho venera la memoria de su padre, uno de los baluartes clásicos del diarismo deportivo cubano, perteneciente a lo que ya se puede llamar sin equivocaciones “la vieja y gloriosa guardia”; de su capacidad de trabajo, que le absorbía por completo y por lo que apenas podía verlo durante su niñez, porque el veterano guerrero de la crónica fue de aquellos infatigables, capaces de cumplir día a día con más de 20 asignaciones de trabajo: beisbol, hipismo… las actividades deportivas de una Habana pródiga en exclusividades estaban en el itinerario, casi de fantasía, que ocupaba diariamente a Sergio Varona.

    El homenaje al cronista por sus 50 años en el sector en 1954 todavía provoca ese tipo de emoción difícil de ocultar en el hijo cuando lo recuerda: “Fue en La Tropical, con todos sus compañeros y colegas de la prensa y con nosotros (alude a su familia)…”

      Acho Varona fue uno de los entrenadores que preparó al equipo Cuba que arrasó en la Serie Mundial de 1961 en Costa Rica; abandonó el país en 1963 y no ha vuelto otra vez a la tierra que le vio nacer.

     En San Francisco, donde vivió durante un cuarto de siglo, cumplió faena en la profesión que tanto ayudó a enaltecer su padre en Cuba y, a la vez, que puso el nombre de Sergio Varona en letras de oro en la historia del gran deporte cubano previo a la catástrofe de 1959.

      Sin embargo, Sergio Varona, que falleció en La Habana en 1967, nunca abandonó la tierra en que nació a finales del siglo antepasado; porque, “Allá tenía su casa y no merecía morir en las condiciones en que nos tocó vivir a los que llegamos primero al exilio; hubiera sido muy duro para un anciano…”

     “Misceláneas deportivas”, ese era el título de la columna editorial en el periódico El Mundo del maestro Sergio Varona que, como las de Jess Losada, Secades, René Molina, Yiyo Jiménez o Pedro Galiana, entre muchos, son clásicos del periodismo deportivo cubano y, por extensión, del periodismo de opinión en la ex Isla Bella.

     Son esos los momentos de disfrute de un comentarista, encontrar a alguien como Acho, que tuvo su historia como jugador de pelota, como asistente, como preparador; pero que prefiere revivir la de su padre, una leyenda inserta en la propia del beisbol criollo con el celo y la preocupación de quien entiende que, por circunstancias conocidas, es norma viciosa anticubana del castrocomunismo allá y aquí, el empeño por mantener desterrada de la memoria histórica nacional la labor y la existencia de aquellos hombres, sin tener en cuenta que el vacío provocado y sostenido con malas intenciones, bloquea completamente la posibilidad de vivir bajo el seguro resguardo, que solo ofrece la identidad nacional, ante los tormentosos tiempos que enfrenta la nacionalidad cubana desde hace 50 años, y que mantiene huérfanos de alma máter a la mayoría de los 12 millones de habitantes que viven allá y a un buen porciento de los que emigran hacia acá.

 

 

LARKIN, UN PELOTERO QUE TODO LO HIZO BIEN‏

Por Andrés Pascual

¡Barry Larkin al recinto! Una de las veces que no se podrá protestar el fallo de los miembros de la Asociación de Cronistas es por la selección del ex torpedero de los Rojos de Cincinnatti a Cooperstown hoy.

Este hombre fue un jugador completo, de cinco herramientas y una sexta que bien pudiera ser que sabía cómo se jugaba a la pelota con seriedad y respeto al público, sencillamente, Larkin lo hacía todo bien en el terreno.

Luego de tres intentos resultó elegido, lo que continuó la saga de pésima actuación de los votantes que, a como han ido las cosas de un tiempo a esta parte, hasta elementos no tan decentes parece que juegan, porque, ¿Cuántos hits más bateó después de que no fue escogido en las dos primeras, en que le dieron la espalda? Esa pregunta debe responderla el grupo un día ¿Cómo pueden elegir a un candidato en el round # 3, 8, 13 ó 15, habiendo quedado desiertas incluso hasta dos vueltas en el período? ¿Qué de nuevo apareció sobre el tapete que estimulara al quórum que no se logró en su momento?

El gran jugador de la última era de poderío del Cinci, que contribuyó decisivamente a la victoria de su equipo contra un Oakland poderoso y mal dirigido en la Serie Mundial de 1990 es, nadie lo dude, uno de los más grandes shortstops de todos los tiempos y el mejor en la historia del club de Ohio.

Larkin bateó .295, se embasó para .371 y amasó .444 de slugging, con los que alcanzó .815 en la suma de ambas casillas.

Además, conectó 198 jonrones, 76 triples y 441 biangulares que le ayudaron a traer al plato a 960 corredores.

Un MVP, doce Juegos de Estrellas, 6 Bates de Plata y 3 Guantes de Oro pesaban demasiado como para arrastrarlo eternamente hasta que los caprichosos o quién sabe qué del jurado inquisitorial decidieran, con mal juicio y peor intención, si le daban una limosna de ultima hora tal vez 10 ó 12 años después de que se debió hacer realidad el merecimiento. El ex torpedero, que también robó 379 bases, fildeó para .975.

Esta elección engalana las paredes del Salón de la Fama, porque el nuevo miembro es un inmortal genuino; es una lastima que ya no haya jugadores así.

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Inmortal de la gorra a los spikes....

CON “MEDICINA” NO COOPERSTOWN; SIN ELLA, TAMPOCO‏

Por Andrés Pascual

 

¡Qué difíciles se le han puesto “los tiempos” a la mayoría de los peloteros que se han ido retirando después de jugar durante la era más vergonzosa de la historia del pasatiempo!

Por cada pelotero que arregló juegos en 1919, solo 8, hay más de 200 de todos los niveles, comenzando en los colegiales hasta las Grandes Ligas, que se involucraron en el nuevo escándalo que sí cimbro las bases del pasatiempo; por eso este período debe ser analizado siempre como “cuando el beisbol casi se derrumba por efecto del dinero”, lo peor es que, mientras aquellos peloteros del Chicago fueron un grupito manipulado por un par de gángsters, este de las llamadas sustancias prohibidas superó la cantidad que cualquiera crea, porque ni números dan y mantienen en “top secret” a más de 100 que deberían exponer, para que no se especule dándole la posibilidad a los “contradictorios’ de considerar a quien le venga en ganas, porque eso es lo que sucede cuando se trata de proteger a ciertos nombres, que todos, absolutamente todos, son sospechosos: inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, pero culpables porque el grupo delincuente de las oficinas, los dueños y el sindicato no “desembuchan” las pruebas, que son los nombres de la “hot list”…

Ya se sabe que la culpa es menos del jugador hasta cierto punto y que la forma extraña que emplearon los verdaderos responsables, “mirar a otro lado mientras la caja de caudales sonara”, los pone en plano de cómplices en vez de actores directos por permitir el delito, pero fueron los atletas quienes utilizaron, incluso propusieron, las sustancias.

En una oportunidad leí, escrito por un cronista americano de alto perfil, que Mark McGwire no hubiera entrado de ninguna forma al recinto de los inmortales, lo comparó con Harmon Killebrew para después, por más de una razón, considerar que el Asesino de los Twins, recientemente fallecido, era un legítimo miembro del Templo. Una soberana bofetada al beisbol de hoy, aunque, nadie lo dude, no totalmente justa.

Sin sustancias de crecimiento, ¿Cuáles hubieran sido los guarismos de Bonds y Clemens? A no dudarlo, hubieran jugado menos años, pero, si se tiene en cuenta que el Boston mandó al Cohete para Toronto con el brazo por el suelo y partir de ese año, 1997, despegó sin escalas luego de una rara y pronta recuperación hacia el definitivo y único espacio de “lo mejor lanzamiento por lanzamiento” de la historia, ya puede imaginarse: ni el ex Gigante ni el ex yanqui hubieran hecho lo que hicieron…

Bonds concluyó con .298, 762 jonrones y 1996 carreras impulsadas, obtuvo 7 MVP y robó más de 500 bases; sin embargo, fue entre 1990-93 que obtuvo los 3 primeros premios como más valioso, los 4 restantes los dejó para el período 2001-04; hasta el 2002, su promedio de bateo más alto fue .336 y entre el 2002-04 logró .370 .341 y .362.

Barry bateó 73 cuadrangulares en el 2001, pero ninguna otra temporada logró batear 50; acumuló 762 bambinazos, pero entre el 2002-04 dio 258, mas de la mitad de los 504 que había conectado en 15 años previos como jugador activo.

El artillero zurdo que, según Enrique Capetillo en un número de la sección deportiva de la Bohemia robada del 1984, le dijo a Luis Giraldo Casanova que “los cubanos sí tenían un sistema digno”, empujó 1996 carreras lo que, para la cantidad de jonrones que conectó, deja que desear como “hombre oportuno o de clutch”, aunque ese fue siempre un problema del outfielder.

Entre el 2001-04 le dieron 4 MVP y le incrustaron a la cañona en la punta de la grandeza del bateo del beisbol mundial.

Roger Clemens ganó 3 Cy Young’s entre 1986-1991, pero entre 1997-2004 le dieron un cuarteto.

Entre 1993-96 gano 40, perdió 39 y su promedio de limpias fue de 3.78; sin embargo, casi con el brazo arrancado, llegó a Toronto y abrió con 21 juegos ganados el periodo desde ese hasta el 2005, que le reportó 149-61 y 3.20 clp.

Esto no es cosa de juegos, es serio, si se convalidan esos números como sublimes y se les eleva al Salón de la Fama a estos impostores, sería la más colosal falta de respeto posible a la historia del beisbol.

Sin embargo, estos dos jugadores hubieran sido inmortales sin consumir sustancias prohibidas, porque su clase natural era de inmortales, pero no de monstruos como los han querido imponer.

Ahora, ¿Cuántos jugadores del período 1985-2009, que hoy están en las listas de candidatos con sospecha o sin esta de haber engañado, hubieran podido poner los números que los tienen esperando por la llamada que les informará que, en julio, deberán hacer un discurso de presentación en Cooperstown,  o sufriendo por la posible guillotina que los mantendrá en retén quizás por siempre jamás?

Por ejemplo, ¿Hubieran hecho lo que hicieron Sosa, Juan González y un etcétera que, por lo que se ve, nunca se conocerá si hubieran estado en una época de limpieza de cuerpo y de alma? Yo creo que no, pero es solo mi opinión.

Del otro lado del asunto, Bernie Williams, por su decencia, por su amor por el juego y por su caballerosidad, no debe haber consumido el material del Diablo, pero, también es mi criterio, no tiene ni los números ni la clase de un Salón de la Fama. Para revisar ciertas cosas relacionadas con lo que digo, vaya a los datos sobre Bob Meusel, sobre Gil Hodges, sobre Al Oliver, sobre Don Mattingly o sobre Dale Murphy para que analice mejor; si acaso necesita más, no deje de visitar las páginas de Lefty O’Doul, de Babe Herman, de Cecil Travis o de Tony Oliva, después, concluya por su cuenta.

 

Tony Oliva

:  Con 3 coronas de bateo y .304 está fuera de Cooperstown

 

SI LOS MARLINS CONSIGUEN A ZAMBRANO GANAN‏

Por Andrés Pascual

Ahora mismo son el perfecto club capaz de inspirar el más absoluto respeto, porque su plantilla va tomando una tonalidad diferente, que quiere decir decente para la competencia; pero, como que en el beisbol existen cosas raras, factores casi esotéricos que influyen hasta convertirse en saga histórica, entonces el problema es serio, porque los de casa nacieron con el sello de competitivos siempre, más o menos como que, si le abres un huequito perdiste. Nadie sabe por qué sucede en el beisbol, pero ocurre, que un club no tenga coraje a la hora cero y a otro le sobre.

Por ejemplo, los Yanquis tienen a Alex Rodríguez, el símbolo de la derrota prefabricada por el miedo a quedar mal ante el público y ante una gerencia que botó un dineral, solo para exhibirlo y para que ponga números que ayudan poco a lo que se supone que sea el objetivo del jugador y de una franquicia como los Mulos: más que ganar, barrer.

Con Ossie Guillén se acabó el relajo en los Marlins, se acabaron los vagos y los consentidos y eso lo sabe hasta el perrito Maxi de mi nieta Aileen, a partir de ahí, empieza la espiral ganadora inevitable de esta novena.

La combinación de short-segunda del club es de las mejores de ambos circuitos y el cuadro en general es defensivamente apto para empeños superiores, capaz de proteger con eficacia un gran staff de pitchers; los jardines, igual.

El bateo, que va a sonar la macana este año, por lo menos para mí, se centra en Mike Stanton, en los jonrones que va a meter, en el slugging que conseguirá y en las carreras que impulsará, con suerte o sin ella, entre 40-45, 110-125 y .550 ó más, porque tendrá gente delante en bases siempre y eso ayuda, sobre todo corredores veloces.

Ya tenían un staff casi como el de los años que ganaron: su carta principal de la baraja, Josh Johnson, es acaso el lanzador más dominante de la Nacional, aunque el menos bendecido entre los grandes con la suerte necesaria para lograr guarismos impresionantes, por lo que me arriesgo a decir que nunca el club tubo un lanzador de clase superlativa tan demoledora como el joven de 6’6.

Con Buehrle, Aníbal y Nolasco se pueden convertir en una rotación que cierre Octubre en el terreno como competidor por el viejo circuito; pero si traen a Zambrano, “apaga y vamos…’

El venezolano, que ha tenido problemas de concentración que le han afectado desde la localización hasta la velocidad, que no esta liquidado ni mucho menos, es uno de los pitchers más difíciles y trabajadores de ambos circuitos; con Guillén se supone que vuelva a recobrar su forma y el sendero del éxito personal. Además, el tipo puede batear mucho mejor que mediocre.

Desde el primer juego se sabrá lo que trae Zambrano, si llega como puede y bajo el ojo supervisor de su paisano, esto se llama “a recoger los bates que la temporada se acabó y a los Marlins no les gana nadie en el Este”, pero la carrera concluirá en la Serie Mundial. Cuestión de sentarse a esperar, solo eso.

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Si lo traen ganan

EDGAR ES INMORTAL, S I LOS “SABIOMÉTRICOS ” NO LO CREEN, ALLÁ ELLOS‏

Por Andrés Pascual

Las palabras para clasificar a los bateadores, con frecuencia más que exagerada en el beisbol de los últimos 35 años, dan risa: natural, puro… si un artillero no es puro, se supone que se utilice el antónimo lingüístico “impuro”, lo que nadie hace; sin embargo, salvo algunos “escribidores”, pocos se arriesgan al ridículo, porque llamar puro o impuro a un bateador es una soberana ridiculez.

Roberto Clemente fue calificado como bateador de “swing desorganizado” porque bateaba wildpitchs y todo el movimiento lo realizaba sobre la pierna delantera, pero nadie se lo endilga a Vladimir Guerrero, que también lo hace a menudo. Bueno, detalles sin importancia

Ya toca a las puertas casi la información, si acaso los padrecitos de la Asociación de Cronistas deciden no dejar pasar este año como uno de tantos strikes por el medio sin tirarle, sobre el nuevo o los nuevos miembros de Cooperstown.

Al modo mío de ver el asunto, Barry Larkin y Edgar Martínez deberían ser seleccionados, porque sus carreras no solo fueron brillantes, sino de etiqueta Hall of Famer, que es otra cosa.

Y ni hablar de Jeff Bagwell que, posiblemente, como dijo David Schoenfield en un comentario, “tal vez tenga problemas con el puritanismo desenfrenado, dispuesto hasta a eliminar a quien tenga músculos desarrollados”. Este individuo es un inmortal por encima del jurado inquisidor de la Asociación de Cronistas. En una encuesta de ESPN-MLB, el 89 % del público respondió afirmativamente a la pregunta sobre considerarlo digno de Cooperstown.

Pero el caso es Edgar, más que puro, impuro, natural, organizado o desorganizado fue un bateador “tranquilo”, de los que están ahí callados, pero sin engañar, en plano de héroes opacados por otros nombres que, a veces, no cumplen la encomienda que complemente el éxito absoluto.

Este hombre fue mejor que Miñoso y tan bueno como Oliva, a los que les reclamamos, con mucha razón, su sitio en el recinto; pero nadie lo tiene en cuenta como deberían, porque los boricuas tienen a Clemente, a Peruchín, a Alomar y a los que faltan; por eso tal vez crean que es suficiente, a fin de cuentas, “uno más o menos no se echa a ver”; pero es inaceptable que, con la cantidad de puertorriqueños que escriben por aquí, no hayan hecho una campaña sostenida contra la injusticia que se conocerá otra vez el lunes. Una reclamación que se oiga en la mismísima luna, porque es por un paisano que jugó 18 años, bateó .312 con 514 dobles y 309 jonrones, más 1261 empujadas como el mejor bateador designado, hasta hoy, desde que existe ese trabajo en el pasatiempo.

Si la manipulación de la inteligencia por gente como Bill James a través del “win-share” y todo ese lastre de oficinista trasnochado; si los supersabios, que incluso sugieren que 600 jonrones tal vez no sean un guarismo para entrar a Cooperstown, tienen sus propias “cuentas chinas”, capaces de influir en una crónica tan nueva como poco justa y menos conocedora, para dejar afuera del templo a Edgar, allá ellos, como el título de la vieja película de Cornell Wilde y Gene Tierney, “Que el cielo los juzgue”.

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Si Edgar no lo es, yo no sé qué significa “Inmortal”

FALLECIÓ “MANDRAKE EL MAGO”: GIGANTE DE 1951‏

Por Andrés Pascual

Hacía tiempo que pensaba escribir sobre el outfielder Don Mueller, sobre la clase maestra que brindaba cada vez que dirigía la pelota hacia huecos, por pequeños que fueran, dejados abiertos por los infielders contrarios, bolas que colocaba allí como “puestas con la mano” y que nadie hizo mejor. Por esa forma de encontrar la ruta segura a los jardines con el hit de línea o de rolling entre dos, fue que lo apodaron Mandrake el Mago, porque era una suerte de magia lo que hacía con el bate.

Sin embargo, la noticia infausta, que me obliga a escribir un comentario con mucho de luctuoso, fue la información sobre su muerte en San Luis, el pasado día 28, a la edad de 84 años.

Como muchos peloteros de gran valor que apenas son recordados, transcurrió la vida de Mueller, al que firmaron los Gigantes de Nueva York en 1944 y con los que debutó en 1948.

El outfielder había nacido el 14 de abril de 1927 en la misma ciudad en que falleció.

Don Mueller, bateador zurdo, fue el tipo de jugador que resuelve, que cumple con la encomienda en el club, pero que, como sus números no son de espantar, pues nadie le tiene en cuenta a la hora de recapitular ni de decir un par de cosas por su fallecimiento, la crónica moderna, tan afectada por los batazos salvajes de artilleros hechos a jeringuillazo puro, no conocen esta clase ya en desuso, de peloteros con poco bateo de poder, pero con la habilidad para abrir el rally que pondrá a su club en la línea ganadora, la clase a la que perteneció el pelotero fallecido.

A Don Mueller se le recuerda como al bateador que dio un hit, empujó una y se lesionó al deslizarse en tercera, en el inning en el que Bobby Thompson metió el jonrón que dejó al campo a los Dodgers en el juego de desempate del campeonato del Viejo Circuito de 1951. La lesión le impidió actuar en la Serie Mundial contra los Yanquis; sin embargo, jugó en la de 1954 y produjo para .389 como uno de los que brillaron en la barrida contra Cleveland.

Estuvo en las Mayores durante 12 años, los diez primeros con los Gigantes y los dos últimos con los Medias Blancas de Chicago; bateó para .296 y tres veces se subió al difícil potro de los .300, con guarismos de .333 en 1953 .342 en 1954 y .306 en 1955.

Pelotero que sabía jugar a la pelota, su desempeño en el terreno en una época superior a esta en todo, sugieren que hoy, por la debilidad tan manifiesta de la defensa en grandes ligas, hubiera sido tres veces mejor de lo que fue, lo que es igual a decir que nadie hubiera podido evitar que se hiciera un millonario del juego. Se retiró en 1959.

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Un Valioso jugador que pocos recuerdan

EL DÍA TRISTE DE 197 2: LA MUERTE DE ROBERTO CLEMENTE‏

Por Andrés Pascual

El 30 de septiembre de 1972 fue un día cualquiera en Cuba; un día de ver pasar las horas, una tras otra, sin trascendencia, sin sobresaltos, como no fuera, casi seguro, la amenaza del monstruo americano que, porque lo invocaran tantas veces los castristas, nunca llegó disfrazada de “Marines”; un día más de muerte histórica de una población condenada, quién sabe la razón ni por quién, al purgatorio eterno de una culpa infinita…

Yo no recuerdo que hacía en Cuba un día como aquel hace 39 años; pero sí mantengo en el recuerdo las palabras de Guillermo Portuondo Calá para la sección deportiva del noticiero de más rating en Cuba en esa época, el de la Voz de los Estados Unidos de América, cuando informó: “Hoy se convirtió Roberto Clemente en el bateador # 11 que conecta 3000 hits…”

Después, lo recuerdo perfectamente, salí hacia los portales de una peletería nombrada El Radar, allí me esperaba un grupo de amigos quienes, como yo, no nos resignamos a abandonar, por miedo a la represión resultante, la información sobre el béisbol de grandes ligas ni sobre cualquier cosa que entendiéramos como nuestro derecho más absoluto conocer; allí estaban un grupo de anticastristas desde el primer día: Cayetano Páez, Lauro Torres, Otilio González y Orlando Valdés, el fanático mas grande que haya conocido de los Yanquis de Nueva York y, como fanático, tampoco conocí a alguien que supiera mas sobre los Mulos que él; lamentablemente fallecidos los tres primeros, ya conocían los cuatro la noticia; entonces el momento era de comentarios sobre Clemente; sobre los jugadores cubanos en Grandes Ligas y sobre lo que, desde hacía 11 años, era una caricatura ridícula de la otrora poderosa pelota nacional: el béisbol castrocomunista de las series nacionales.

Yo no había visto jugar a Clemente nunca; pero mis amigos sí, entonces aparecieron detalles, anécdotas de juegos vistos por televisión: “No te acuerdas del tiro a home contra…en el Juego de Estrellas de 1959; o corriendo en tal inning; o la bola que fildeó hacia la izquierda; o de la línea que le metió entre dos a… nadie la vio salir ni desde el dugout”. Así homenajeamos a Clemente en Cuba, de la única forma posible.

Yo soy fanático histórico de Clemente, de Peruchín, de Víctor…del béisbol boricua del ayer; los respeto por la clase de jugadores que fueron y porque la Liga Invernal de Puerto Rico les ofreció trabajo en el invierno a mis compatriotas desterrados en medio de la tragedia cubana que ya conocemos. Y fueron muchos los cubanos que jugaron allí entre 1961 y 198…

Incluso cuando llegué a Estados Unidos, ya el fenomenal outfielder de Carolina hacia 17 años que había muerto; sin embargo, me aseguré de ver cada pie de película que existe, si cabe la exageración, sobre el pelotero para, aunque fuera así, disfrutar de ese juego tremendo e incomparable en el outfield; del corrido de bases mas alegre que haya visto y del bateo tan autoritario como desorganizado del más grande pelotero hispano de todos los tiempos en grandes ligas.

Roberto Clemente es un ídolo de los cubanos que piensan libremente también; para tenerlo en un pedestal, al lado de nuestros grandes jugadores, es preciso pensar y actuar diferente a la ideología castrocomunista…Si no lo cree, pregúntele a cualquier cubano de la época castrista, recién llegado, si lo conoce…Pero, primero, para que no pase el mal rato de descubrir que Roberto Clemente es un perfecto desconocido en Cuba, pregúntele por José Cardenal, por Zoilo Versalles, por Joaquín Azcue, por Marcelino López…solo para que no se sienta tan mal y si, por cosas del destino, le atrae algo de ese criminal sistema de explotación y muerte.

A fin de cuentas, el castrocomunismo, fatal desgobierno, nunca homenajeó a ninguno de los hijos de la patria de Martí que han sido elegidos a Cooperstown, lo que también debería ser un buen medidor del anti-cubanismo que, por hechos semejantes, no es encubierto.

Entonces, cuando el propio Portuondo Calá informó el 31 de diciembre de 1972 que Roberto había perdido la vida en un accidente de aviación en su tierra natal, desde hace 39 años que esa fecha es luctuosa, como las que señalan la pérdida de cualquier atleta ilustre de la patria de Orestes Miñoso y siempre será así, mientras quede vivo un cubano libre.

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Fue sensacional,un idolo de los Cubanos de ayer

LA ÚNICA SOLUCION POSIBLE

Por Andrés Pascual

 

Si una de las justificaciones que provocaron la salida del beisbol del calendario olímpico fue, según cronistas autorizados, la imposibilidad de “controlar el uso y/o abuso de sustancias prohibidas en el Beisbol Organizado”, lo que escribió Jeff Passan recientemente pone a la vieja e hipócrita Europa (catedral de la Inquisición que liquidó para siempre el espíritu del amateurismo para imponer el profesionalismo en el evento) en plano digno de calificarse tan duramente que la palabra es impublicable…

Según Passan, en el Viejo Continente se emplean recursos muy avanzados para aliviar dolores de roturas de huesos o de cualquier lesión que no produzca la perdida de la movilidad irreversible, incluso aceleran la curación. En Estados Unidos hay renuencia a utilizarlas, continúa el cronista, “lo que se debe hacer rápidamente en cualquier momento”.

¿Qué hay de malo en apresurar la cura de lesiones o el alivio de dolores? Nada, en realidad debería verse como un paso de adelanto en los estudios de la medicina deportiva; sin embargo, el puritanismo, yo entre ellos, siempre replicaremos contra el super-rendimiento, porque “ni Ruth ni Mantle ni Dimaggio tuvieron semejante tratamiento a su alcance…”, pero el que murió por una tupición de arteria, fácilmente tratada hoy, en 1930, 40, 50, 60…tampoco pudo continuar viviendo como un enfermo cardíaco de esta época.

¿Debo contribuir a crearle un complejo de culpabilidad a un “curado del corazón en estos tiempos, incluso por un trasplante”, porque, en 1954, no existiera el desarrollo de la medicina como hoy? ¿Por qué nadie toma en cuenta esto y lo trata como al pelotero o al atleta de cualquier disciplina ante el fenómeno de las sustancias de crecimiento? Porque es el deporte, expresión máxima de la pasión más absurda a través del fanatismo, a fin de cuentas, en muchos lugares, una derrota de un club de balompié produce suicidios, homicidios y destrozos dignos del capítulo barbarie social, mientras que el servicio puramente humano, en instalaciones médicas, es todo lo contrario, comenzando por la higiene mental.

Alex Rodríguez, según Passan, “fue a Alemania a recibir un tratamiento de sustancias de crecimiento llamado Orthokine, que requiere centrifugación sanguínea”. Además, para hacer más hipócrita la posición de la crápula que manda en el olimpismo, el columnista dijo que “igual hubiera podido ir a Italia, Francia que Israel…”, lo que sugiere que en Europa, hasta en una cantina de mala muerte, además de cerveza con longaniza, te pueden aplicar el tratamiento “prohibido” si te tomas dos laggers.

No hay otra forma de solucionar lo de las sustancias prohibidas que autorizando su uso regulado por especialistas, porque, posiblemente, ya existan algunas que no se puedan detectar en conteos de ningún tipo y porque, quizás en 20 años, deje de ser tan perseguida su aplicación como un miembro de Al Qaeda al borde de explotar un artefacto homicida para ser colocada en su justo lugar: otro paso de desarrollo de la medicina que alargue y mejore la calidad de vida de cualquier ciudadano común y corriente.

Sin embargo, siempre quedaremos los puristas inconformes, que arguiremos qué hubiera podido hacer Mantle si… y para nada tendremos en cuenta que Alex, Palmeiro… no tuvieron la culpa de nacer en esta era, de más desarrollo en todos los órdenes; pero, sobre todo, de mucho más dinero.

 

 

 

 

LA HAZAÑA CASI OLVIDADA DE PEDRO MARTÍNEZ‏

Por Andrés Pascual

El año 1934 se recuerda porque Joe Medwick dio jonrón en el Juego de Estrellas y repitió en Octubre contra los Bengaleses de Detroit; también porque Columbia Lou colocó en la vitrina de la sala familiar el trofeo de ganador de la Triple Corona en el Joven Circuito.

Sin embargo, 1934 fue el Año del Rey Carlos, Carl Hubbell, el pitcher zurdo de los Gigantes al que, se puede decir, el screwball (tornillo) contribuyó a su elección al Salón de la Fama de forma especial.

Los recuerdos de Hubbell concluyen en “aquel Juego de Estrellas del 10 de julio de 1934 en Polo Grunds, cuando ponchó en fila a Ruth (dio el primer cuatroesquinazo en este tipo de evento el año anterior, 1933, durante el primero de ellos), a Gehrig, a Foxx, a Simmons y a Joe Cronin”.

Fueron dos innings que, desde entonces, forman parte de la leyenda del beisbol: el 2do, con escón sobre Ruth, Gehrig y Foxx estando embasados Gheringer y Manush y, el tercero, en que abanicó a Simmons y a Cronin.

Cuando Hubbell dejó el juego por un relevista en el cuarto, el partido estaba 4-0 por la Nacional; cuando cayó el out 27, la Americana había ganado 9-7, pero la derrota no pudo opacar en lo mínimo la actuación del zurdo.

Pedro Martínez abrió el Juego de Estrellas por la Liga Americana el 13 de julio de 1999 y todo el mundo sabía que el Viejo Circuito iba a tener “una piedra en cada zapato” durante el tiempo que se mantuviera en el box; pero no de que fuera capaz de emular la soberbia actuación de Hubbell que, por circunstancias especiales de una época con respecto a otra, para mí, la superó.

El lanzador dominicano forma parte del cuarteto de serpentineros más dominante e intimidante de los últimos 25 años junto a Madduxx, Clemens y Randy Johnson, además, pertenece a la élite del pitcheo de todos los tiempos.

Una pregunta con su respuesta sobre la capacidad de inmortal pudiera ser ¿Cómo debe lucir en el montículo un verdadero Hall of Famer? Como Pedro Martínez, ese sí es un elemento de Cooperstown.

Si usted lee que los 5 artilleros que poncho consecutivamente Carl Hubbell en 1934 sumaron entre ellos 2,218 jonrones, quizás se asuste; pero, si revisa la cantidad de los cinco que abanicó Pedro Martínez en el primero y el segundo inning de 1999, entonces se espanta: 2,222 batazos de vuelta completa es el total de McGwire, Larry Walker, Sosa, Barry Larkin y Jeff Bagwell.

El primer inning trabajado aquel día por el otro ídolo de Quisqueya (además del Mariscal de los Gigantes), ratificó la case imponente, decisiva y decidida del gran pitcher: Barry Larkin abrió abanicando el tercero, Larry Walker dejó que el referí concluyera su turno cantando el ponche y Sosa le fue a una curva en cambio endemoniada; a paso de conga cubana: “uno, dos y tres” y el estadio casi revienta.

Como home club, la Americana le anotó dos al abridor Curt Schilling con 3 hits, una base por bolas y un robo de segunda de Kenny Lofton incluido, lo que hubiera sido suficiente; pero, como decía Johnny Carson, “todavía quedaba más”.

El segundo lo abrió Pedro ponchando a McGwire, que le tiró a los tres lanzamientos; pero Matt Williams se embasó por error del camarero sobre un lance que parecía fácil. Entonces Jeff Bagwell le tiró al tercero, mientras Matt Williams era atrapado en intento de robo de catcher a segunda para completar la doble matanza de un inning que, como actuación individual de pitcheo, coloca la de Pedro por encima de la de Hubbell por una sola razón: en la era Ruth NO SE UTILIZARON ESTEROIDES, la bola era menos viva, las distancias más cortas y lo que cuelga; al modo mío de ver las cosas, suficiente para comprender que ese dominicano hubiera sido igual, quién sabe sí más fenomenal en aquellos años, que lo que fue durante estos.

Al día siguiente, la prensa informaba una victoria 4-1 del Joven Circuito y a Pedro como ganador.

Sin embargo, increíblemente, a pesar de que fue uno de los grandes momentos de la historia del pasatiempo, pocos lo recuerdan en toda su grandeza.

Pie de grabado: A su grandeza como pitcher hay que agregarle el capítulo del ALL Star-1999

Leyendas olvidadas del beisbol cubano: Tony "Haitiano" González‏

Por Andrés Pascual

 

    La política anticubana, impuesta por la tiranía castrista para destruir a largo plazo el pasatiempo nacional incluyó, primero, eliminar el profesionalismo; después, borrar la historia, para que las generaciones nacidas a partir de 1959, nunca tuvieran referencias de la única etapa grandiosa del beisbol en la Isla.

 

No de otra forma se concibe que, durante 49 años, haya sido tabú que podía enviar a cualquiera a la cárcel por "propagador de ideas enemigas", comentar sobre las grandes figuras del beisbol pre castrista.

 

Sin embargo, por la omisión que hace lo de los nombres famosos de la Mayor de Las Antillas en ocasiones de importancia, pareciera como si la redacción del periódico más "billetudo" de Miami fuera una extensión de las oficinas de la propaganda política que, en La Habana, trazan, pulgada a pulgada, el triste destino de los cubanos.

 

Uno de los peloteros  "prohibidos" desde hace 50 años es Antonio "Haitiano" González, posiblemente el mejor centerfielder nacido allá de todos los tiempos.

 

Porque Tony o, como le conocíamos en Cuba, Haitiano, jugó en la liga amateur azucarera de invierno conocida como Pedro Betancourt, con sede en la provincia Matanzas, se confundía su lugar de nacimiento, porque el pelotero vino al mundo en el central Cunagua, provincia Camaguey, en 1936.

 

Como jugador profesional en Cuba brilló con los Elefantes del Cienfuegos de la Liga Invernal y con los Cubans Sugar Kings, clase Triple A, de la Liga Internacional. Tony custodiaba el centerfield de este club cuando le ganaron a los Millers de Minneapolis la Pequeña Serie Mundial en 1959.

 

Ascendido a Grandes Ligas por los Rojos de Cincinnatti a mediados de 1960, fue transferido a los Filis de Filadelfia ese propio en un canje que incluyó a Wally Post, Harry Anderson y Fred Hopke.

 

De 5'9 de estatura y 170 libras en su mejor momento, era un hitter con aceptable poder, capaz de atrasar el swing y dirigir la bola hacia lo profundo del leftcenter con fueza desde su condición de zurdo, para fildear lo hacía a la derecha.

 

Tony fue el primer jugador latino con etiqueta de estrella en el Filadelfia, ni Tony Taylor, a pesar de que es un All Star del club.

 

González fue escogido 3 veces entre los 30 MVP de la Nacional, incluyendo la campaña de 1963, que bateó para .306 con .436 de slugging. Con Filadelfia su producción de dobles y triples fue notable y, en 1967, secundó a Roberto Clemente en promedio de bateo en el Viejo Circuito con .337.

 

Un extraordinario centerfielder en el sentido clásico del termino, con gran velocidad en el desplazamiento hacia cualquier lado, de brazo poderoso y certero, estuvo casi dos temporadas completas (1962 y 1963) sin cometer errores.

 

Durante su carrera en uniforme Fili, puso out en bases a 10 ó más corredores en cada una que actuó como centerfielder regular.

 

En Filadelfia le consideran el precursor del juego de Garry Maddox, de Lenny Dykstra y de Shawn Victorino y es tan recordado como el inmortal Richie Ashburn. En sentido general, uno de los 3 mejores de la posición en el club.

 

Junto a su compatriota Tony Taylor, incluido entre los 100 mejores peloteros de la historia de la  novena cuáquera.

 

Su carrera concluyó antes de tiempo por problemas en la columna vertebral. Después de Filadelfia, tuvo dos buenas temporadas con Atlanta y San Diego en 1969 y 1970. Su último ao fue en 1971, con California, en la Liga Americana.

 

Para los Filis promedió .295 con 438 carreras impulsadas, 68 bases robadas y .993 de fildeo.

 

En 12 años de actividad en las Mayores bateó .286, 103 cuadrangulares, 615 carreras impulsadas, 690 anotadas, robo 79 bases y fildeó para .987.

 

Uno de los jugadores legendarios que, por la tragedia nacional, responsabilidad  absoluta de la tiranía, desconocen los fanáticos de la Isla que nacieron o crecieron después de 1959.

 

Pertenece al Salón de la Fama del Beisbol Profesional Cubano y al Salón de la Fama del Deporte Cubano.

 

 

 

 

 

  El Haitiano es otra víctima de la destrucción de la identidad nacional por la horda.

 

FALLECIÓ LA LEYENDA DEL CENTRAL CONSTANCIA

FALLECIÓ LA LEYENDA DEL CENTRAL CONSTANCIA

 Los artilleros del Hershey en 1940, Fleitas es el 4to izq-derecha

 

Por Andrés Pascual

 

       Andrés Fleitas fue y será siempre una leyenda cubana porque, el otrora pasatiempo nacional cubano lo tuvo como uno de sus máximos exponentes en el terreno en cuanto a clase profesional, decencia y amor por el juego.

       Uno de muy pocos miembros vivos, hasta el domingo pasado, día de su fallecimiento, de los Alacranes del Almendares de la década de los 40’s; era, además, el único sobreviviente de los Azules que se impusieron al Habana en el juego memorable que concluyó las hostilidades del campeonato 1946-47; incluso fue quien disparo el controversial cañonazo que decidió aquel encuentro.

      Fleitas tuvo la suerte de jugar y brillar en la década desde la que despegó, a alturas únicas en la región, el hoy maltratado deporte de las bolas y los strikes por la tiranía castrocomunista.

      Como uno de los mejores catchers cubanos de todos los tiempos; capaz de jugar con soltura y acierto la inicial también y considerable en el rango de gran bateador, que se hizo sentir en los dos circuitos, amateur y profesional, clasifica para la memoria histórica del beisbol cubano el venerable anciano de 95 años que, a pesar de su extraordinaria lucidez, no pudo seguir jugando “un inning más”, porque su organismo ya estaba muy debilitado.

      Estrella con los Azucareros del Hershey de la Unión Atlética; catcher regular y 5to bate de tres ediciones Cuba del período de la Edad de Oro; sin embargo, fue su trabajo como profesional, donde logró el MVP en la recordada temporada de 1946-47, en que jugó enfermo los últimos 13 juegos, el que lo inmortalizó.

     Asistió a 3 Series del Caribe y recibió el único no hit no run en ese tipo de evento, lanzado por Thomas Fine contra Venezuela en 1952, jugando para el Habana. Uno de los pocos peloteros que actuaron para los 4 clubes del champion, se retiró en 1956 y dirigió en 1957 y 1958 al Araújo en la Liga de Pedro Betancourt.

      Con seguridad que a Fleitas lo recordaron en todos los rincones en que sienten pasión por el béisbol en México; allá le consideran en su justa medida por las tres campañas que jugó durante la era Pasquel.

      Jersey City, Chattanoga, Havana Cubans, Cubans Sugar Kings fueron los clubes para los que jugó en el Beisbol Organizado y, si no actuó en Grandes Ligas, fue por equivocar el camino, como muchos otros, e irse a la Liga Mexicana; aunque por más dinero que lo que se pagaba en su época por jugar en las Mayores, con menos gloria y trascendencia.

      En 1962, afectado económicamente por la tiranía castrista, se exilió en Miami, donde continuó sirviéndole al beisbol como fanático y, en especial al cubano, como figura de importancia en el mantenimiento de su rutilante leyenda regional, a través de su colaboración con la Federación de ex Jugadores y del Salón de la Fama del Beisbol Profesional Cubano.

      Sin dudas, una perdida de magnitud irreparable para el beisbol y para el pueblo cubano. Que descanse en paz el glorioso compatriota, hombre decente y serio en el estricto sentido de los términos, que pertenece al Salón de la Fama del Beisbol Profesional Cubano y al del Deporte Cubano desde el 2003.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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NO ES RACISMO; ES DESCONFIANZA‏

NO ES RACISMO; ES DESCONFIANZA

Por Andrés Pascual

A la hora de juzgar la forma como enfrenta el Beisbol Organizado cualquier problema de su entorno latino, curiosamente, aparecen críticos hispanos que tienen como encomienda, con tendencia maliciosa, censurar detalles que, por lo general, no son de su incumbencia, aunque haya relaciones.

Por ejemplo, hace un par de días, el Diario las Américas publicó un comentario firmado por el abogado venezolano y columnista de ESPN deportes, Arturo Marcano, que es una oda a la intromisión en asuntos que no le competen, camuflado en el papel de víctima.

Según Marcano sugiere en el material “MLB no cuenta con los latinos para decidir sobre el sorteo internacional”, casi se está produciendo un apartheid racista regional tan “preocupante como alarmante”.

El barullo del paisano de Hugo Chávez resulta porque MLB designó una comisión para tratar los asuntos relativos al sorteo que comenzará en el 2014, en la que el único apellido en español es Javier, en la figura del dominicano Stan Javier…

El “palo periodístico”, garantizado en el público que habla español, cree el abogado que lo dio al decir que “…un nuevo Comité que no podrá comunicarse en español tendrá en sus manos el destino del beisbol en Latinoamérica…”

Francamente, cada vez que leo opiniones de ese tipo, venenosas, tendenciosas y sin freno al complejo de inferioridad, más entiendo ciertas cosas que, tal vez, no sea “políticamente correcto” decirlas para no mezclar lo “político con lo deportivo”.

¿Desde cuándo los americanos han tratado de establecer normas y reglas dentro del sistema Torre de Babel? ¿Conoce alguien que el magnate de aquí trabaje su negocio sin la ayuda seria y formal, si la necesitan, porque tenga participación o influencia de cualquier nacionalidad con lengua extranjera?

Sin embargo, se crearán subcomisiones de trabajo que, según Marcano, son una especie de “limosna para los hispanos” en cuanto a participar en el proyecto, ¿Qué quiere este individuo? ¿Acaso “figurar” como de importancia capital en algo que se le ha hecho obligatorio constituir al gringo por el relajo que se ha formado, precisamente, por dejar en manos hispanas, muchas corruptas e incapaces, un negocio que lo crearon ellos, lo atienden ellos, lo mejoran ellos y es de ellos? Por favor…

En las subcomisiones es que, quizás, radique la importancia del buen funcionamiento de este “filtro”, pero con la supervisión directa de los dolientes que no son la parte que defiende el picapleitos en función de censor del yanqui para ESPN deportes.

Con Omar Minaya los Mets se arriesgaron y el tipo destruyó un club que prometía mucho más que la piltrafa en que lo convirtió; todavía son tan pacientes que el tipo anda por ahí dando vueltas y acaba de obtener un nombramiento de relativa importancia.

La Republica Dominicana, por el fraude sostenido en todo lo que tiene que ver con el pelotero joven, la agencia libre y sus “scouts improvisados” allí, es un monumento a la corrupción; posiblemente Venezuela igual, pero la tiranía chavista impide el seguimiento profundo sobre el terreno.

Incluso con el jugador castrista no se pueden verificar irregularidades profundas y serias, como el fraude sobre la edad, (practicado desde hace más de 35 años y preparado por la propia dictadura), o sobre cómo se produjo la salida del país, si bajo estricta decisión personal, o enviados por el castro-comunismo como otra forma de burlar el embargo.

Es una falta de respeto o una atribución indebida que el señor Marcano haya visto tan claro esa ‘lamentable actitud de MLB” y “sea ciego” cada vez que, en cualquier país de la Confederación, el invierno inicie con uno ó mas managers extranjeros en perjuicio de la opción local.

Por supuesto que la voz de este individuo no es en defensa de lo hispano por buena voluntad, es antiamericanismo rancio y tan venenoso que, si un día se informara que es vocero de Chávez, por lo menos a mí no me sorprendería.

Señor Marcano, esa Comisión está integrada por esos elementos (algunos incapaces o poco conocedores según usted), porque la corrupción y la manipulación, que escalaron niveles escandalosos, agotaron la paciencia de los dueños; sencillamente el fraude, el robo y demás “atributos” que han identificado durante bastante tiempo a muchos hispanos que mataron “la gallina de los huevos de oro”, no solo los hizo perder la paciencia en espera del milagro en una zona poco dada a este tipo de acontecimiento, sino la confianza necesaria para que haya más de un apellido latino entre ellos que, al modo mío de ver las cosas y por la magnitud de los problemas, con ese sobra.

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Pie de grabado: Sandy Alderson, símbolo de la rectitud en MLB, es un miembro de esa Comisión

LA CLÁUSULA DE RESERVA Y EL NOMADISMO BEISBOLERO

Por Andrés Pascual

 

       Antes se le decía nómada a un pelotero que transitara la ruta entre 3 ó más ciudades exponiendo su talento; pero ese "antes" se refiere a la era de la cláusula de reserva, cuando un club era el propietario de los servicios del jugador y cualquier movimiento de cambio a otro equipo estaba sujeto al interés del que  lo tenía en plantilla en ese momento, nunca por cuenta propia n protegido por la decisión mercenaria, esencia de la agencia libre en los tiempos modernos.

       Sin embargo, a veces se es injusto al valorar la decisión de abandonar un club por más dinero o por un contrato más extenso: si en 1956 Mickey Mantle hubiera podido convertirse en agente libre, con seguridad que lo hubiera hecho, después de haber recibido la amenaza de los Yanquis de "si no te conformas con el aumento y reincides solicitando más, terminas en Kansas City", por entonces una especie de sucursal de nivel de grandes ligas de los Mulos. Ese abuso directo y sin tapujos lo posibilitaba la cláusula de reserva. En 1956 Mantle ganó la Triple Corona de Bateo en la Liga Americana…

       Nadie debe engañarse, si el pelotero anterior a 1975 no abandonaba un club luego de cinco años de contrato buscando mejores condiciones laborales por decisión propia, fue porque no pudo, porque la cláusula que hacía propietaria de sus servicios a la gerencia lo ataba legalmente.

       El caso Al Pujol puso sobre el tapete, otra vez, la controversia sobre el mercenarismo en el beisbol: para algunos, el paso dado por el ex jugador franquicia de los Cardenales cierra el ciclo de amor por un traje, capaz de hacerlo terminar enfundado en la franela que lo hizo debutar 15, 18 ó 20 años antes; sin embargo, siempre habrá algún o algunos jugadores de interés dispuestos a quedarse por tanto amor por el dinero y por el contrato multianual como el quisqueyano (no por la franela), para eso solo se necesita que el club "del alma" satisfaga al individuo.

        ¿Por qué el San Luis no le extendió la propuesta al inicialista por 10 años, máxime cuando su esposa declaró que el artillero estaba dispuesto a aceptar menos dinero de los Cardenales que lo ofrecido por Artie Moreno? Esa fue la base en la que se "escondió la bola" en el diferendo y todavía no se conoce nada. Siempre es bueno saberlo todo para poder valorar con justicia el acontecimiento.

        El antesalista Whitey Kurowski jugo 9 años para los Cardenales década de los 40's y el outfielder Terry Moore 11, ambos perdieron 3 por la guerra y se retiraron con los Cardenales; Hal Schumacher lanzó 13 campañas con los Gigantes y se retiró con ellos, también perdió 3 por la conflagración; el pitcher Ted Lyons concluyó su carrera tras 21 temporadas con el Chicago Medias Blancas; el intermedista de los Bengaleses de Detroit, Charles Geringer, se mantuvo sus 19 temporadas de acción en Grandes Ligas con el club de la ciudad automotriz; el outfielder Earle Combs debutó y cerró su ciclo de 12 años con los Yanquis; Tommy Henrich 11 con los Mulos y Charles Keller 12 también con los inquilinos de Yanqui Estadio, este último perdió 2 por la guerra.

        Son jugadores que se manejan poco por los neófitos, por esa razón no comentan con lógica cuando escriben, pero sus nombres están ahí para aclarar ciertos razonamientos. ¿Hubieran permanecido en sus equipos originales ante la perspectiva de partir tras el contrato mejor garantizado? Lo dudo.

         Tony Oliva con el Minnesotta como único empleador en 16 campañas; Clemente 18 con los Piratas y Edgar Martínez 19 con Seattle son los únicos representantes hispanos de interés en el capitulo.

         Incluso Ted Williams, que se cansó de hacer público su rechazo al Fenway Park, al público de Boston y al club Medias Rojas, posiblemente no hubiera concluido su carrera como modelo de fidelidad a una franquicia.

         El caso de más amor por una camisa en estos tiempos de agencia libre y de dinero por tuberías fue el de Tony Gwynn, el mejor bateador de contacto de la era moderna, este extraordinario pelotero demostró lo que valoraba al San Diego cuando no solo jugó por cantidades que dan risa al lado de las que recibieron otros bultos, sino que, sus dos últimos años, casi juega por limosnas recogidas a la entrada del estadio. El otro, era de la cláusula de reserva, el de Jackie Robinson, que decidió retirarse antes que jugar para otro club.

         A fin de cuentas, Pujol es el resultado de una época que logró someter a los dueños en perjuicio del beisbol; sin  embargo, nadie puede poner la fidelidad del pelotero de la cláusula de reserva por encima del Everest; porque, sencillamente, no tuvieron oportunidad de hacerlo. Ya hubiera querido ver yo a Bill Terry como un garantizado agente libre estilo tiempo actual, a ver si la gorra de su placa en Cooperstown era la de los Gigantes.

 

 

 

 

 

Pie de grabado: Jackie Robinson se retiró antes que jugar con los Gigantes

 

HAY UNA EXAGERACION EN ESE TRATAMIENTO‏

Por Andrés Pascual

Yo no simpatizo con Barry Bonds por su carácter revanchista y porque no tiene un adarme del sentido del carácter heroico para la sociedad.

Bonds pertenece al tipo de estrella deportiva al que le resulta muy difícil dejar en “hold” sus penas y sus complejos y entender el papel que la Providencia le ha asignado y, como los tiempos no están para juegos, pues esa inadaptabilidad social le aleja de otros que, como él, de su misma raza incluso, comprendieron pronto y bien en qué ángulo deberían ubicarse, positivamente hablando.

Hasta 1997, Bonds se proyectaba como uno de los mejores jugadores de la historia, no completos, sino mejores, por la forma como desarrollaba el bateo y la velocidad en las bases. No como Willie Mays, pero sí una gran cosa.

El artillero prometía una carrera de alrededor de 550 jonrones, 1700 impulsadas y 500 bases robadas, a fin de cuentas, soberbia y de genuino inmortal. Pero cometió la imprudencia de estimularse, de reactivar el hambre a una edad en que se está repleto de sensaciones espectaculares e infló en 4 ó 5 años sus guarismos, luciendo mucho mejor que en su período de esplendorosos 25-35 años.

¿Cuántas veces utilizó sustancias prohibidas? Nadie lo sabe, porque si algo ha quedado demostrado es que, por razones incomprensibles, se le ha escondido al público y a la parte de la prensa que no entró en el contubernio, más de una prueba positiva, ¿La culpa? Del triunvirato Major Leagues-Sindicato-Dueños de clubes. Responsables de todo este asunto por intereses que no vale la pena repetir.

El acontecimiento, circo mediático, en que han convertido el asunto Bonds, con un juicio civil casi corte marcial, con acusaciones a lo Bernard Maddoff, a mi modo de ver, no es justo ni prudente, porque esta no debe ser una situación que ponga a un individuo al borde de la prisión, aunque participe el Congreso, incluso Lincoln si resucita.

Hay formas de controlar y ejemplarizar la peligrosa espiral de los esteroides que, digan lo que digan, todavía no está ni en vías de solución: expulse para siempre al jugador con una sola ofensa; bórrelo del libro de récordes si los impuso y proscríbalo de cualquier relación con el beisbol para siempre. Todo lo anterior significa que nunca estará en Cooperstown.

Si algunos no están conformes, que creen su propio sistema de tratamiento de estos pecadores con un Salón de la Fama irregular para esta familia disfuncional. Pero ni sugiera la prisión para ninguno relacionado con el caso, porque eso sí son otros cinco pesos y, los que deberían estar tras las rejas, si acaso, los responsables únicos del problema, no han escuchado nunca ningún tipo de acusación en instancias respetables de jurisprudencia que les quite el sueño.

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Lo de Barry Bonds no es más que un penoso circo mediático

UNA PREGUNTA CONTROVERSIAL SOBRE MARTIN DIHIGO

Por Andrés Pascual

 

Si el cubano Martín Dihigo hubiera podido jugar en Grandes Ligas, ¿Estuviera en Cooperstown?

 

Este tipo de aseveración no solo es controversial, sino comprometedora de la capacidad de justicia de quienes vemos cualquier asunto relativo al beisbol, más allá que una respuesta tan fácil como “por supuesto que sí”.

 

Al circuito sepia del beisbol americano lo clasifican como “liga”, a pesar de que no cumple con el 90  % de los requisitos requeridos como asociación para constituirse en tal.

 

Comenzando por la organización, incluso la clase profesional administrativa y la deportiva, el beisbol de los negros americanos, más de algún blanco, no admite que se le considere como “ligas” al estilo del Beisbol Organizado.

 

Hecho para complacer a un público muy diferente al blanco, que respondía al entretenimiento de circo en igual medida que a lo deportivo, pues la actividad lindante con la payasería ocupaba un buen espacio en los intereses de sus fanáticos; de tal forma que, su más importante atracción de taquilla, era capaz de quebrar la seriedad del juego con frecuencia y ordenarle a todo el infield y el outfield del Kansas City Monarchs que se sentaran, mientras le pitcheaba a buenos bateadores y hablo de Satchel Paige. Solo en 1945 lo ensayó dos veces.

 

Si algo tuvo en cuenta Branch Rickey para elegir a Jackie Robinson como el jugador apropiado para romper el Muro Racial, fue su responsabilidad y su seriedad, de tal forma que se conoce como el único jugador que se negaba a complacer a Paige, provocando que el público le abucheara como respuesta a la desobediencia asumida ante quien se atreven a decir algunos que es “el mejor pitcher de todos los tiempos”.

 

Así eran las llamadas “ligas” negras, repletas de actos irresponsables y poco serios ante el juego, pero hechas al gusto de un tipo especial de fanático acorde con reglas a la medida de las circunstancias.

 

Como contribución a ese ambiente se utilizaba la versatilidad de Martín Dihigo, quien era enviado a cubrir una posición sin necesidad ni porque el regular se lesionara, solo para que el público lo viera jugarla.

 

Según la mayoría de quienes vieron jugar a Dihigo, el cubano era un pelotero de cinco herramientas; sin embargo, coinciden en que su mejor desempeño era como pitcher.

 

Por el uso indiscriminado como suplente a propósito, a Martín no lo selecciona nadie como miembro de ningún All Star del beisbol sepia, mientras que Cristóbal Torriente, otro cubano de clase extraordinaria, aparece como regular en varios, entre ellos, el de Wendell Smith, para el Pittsburg Courier, a principios de la década de los cincuenta.

 

Si Martín Dihigo hubiera podido jugar en el Beisbol Organizado desde que comenzó, el acceso al Salón de la Fama se le hubiera hecho más difícil, porque no hubiera podido demostrar su “versatilidad” como hizo en el beisbol sepia.

 

En Grandes Ligas se juega una posición como regular y el suplente espera en el banco por la oportunidad que, a veces, solo son un par de innings finales; si el pitcher es un buen bateador, lo debe demostrar durante las veces que le toque batear en el encuentro; hoy ni así en el Joven Circuito por el bateador designado.

 

Cuando la época de Dihigo, un pitcher buen bateador salía a batear de emergente a veces, como sucedía con Wess Ferrell, considerado no solo el mejor bateador como pitcher de todos los tiempos, sino que, cuando se retiró a mediados de los cuarentas, logró ganar la Triple Corona de Bateo en Triple A.

 

Sin dudas, Dihigo hubiera sido pitcher en Grandes Ligas, pero hubiera necesitado de la clase sostenida y de los números de Dizzie Dean, Carl Hubbell o Lefty Grove para ser seleccionado a Cooperstown.

 

Hay algo que no se puede dejar de analizar a la hora de considerar lo que ayudó a varios negros en sus propósitos de entrar al Salón de la Fama: se creó un comité de atención solo a ellos y, después que desapareció, el escrutinio continúa a través del Comité de Veteranos.

 

¿Hubieran merecido la elección a Cooperstown todos los negros que están? Nadie puede asegurarlo, porque las Grandes Ligas eran de calendario más largo que las del beisbol negro y, sin discusión, además de organizadas, atendidas y mejoradas anualmente, mucho más fuerte en lo deportivo.

 

Varias cosas hay seguras: si nunca se hubiera producido la segregación en el beisbol, tampoco hubieran existido las “ligas” negras, comprobable una vez que abandonaron en estampida, a partir de 1947, no solo ese circuito, sino al mexicano.

 

Con respecto a Dihigo se pone en igual duda que al resto de peloteros negros su triunfo absoluto en carácter de estrella en Grandes Ligas, así como que nunca hubiera disfrutado de lo que tanto contribuyó a su leyenda: la versatilidad…

 

Como que las Mayores tienen calendario de verano, se debe creer que Dihigo no hubiera pisado nunca un  terreno como jugador ni en México ni en Venezuela ni en Dominicana…porque tampoco hubiera abandonado la Liga Invernal Cubana por algún circuito de temporada en otro país; entonces ese aditamento, que refuerza su leyenda como “inquilino de cuatro Salones de la Fama”, salvo el cubano, tampoco hubiera formado parte del caudal de fantasías hechas a la exagerada medida del Inmortal. Eso, que nadie lo dude.

 

 

 

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Un gran pelotero y una duda razonable

Y AHORA RYAN BRAUN‏

Por Andrés Pascual

 

       Yo creo que la ingestión de hamberguers, de papitas fritas con ketchup, de hot dogs…como que influye en el nivel de estupidez de un tipo especial de niños que nacen y crecen aquí, de otra forma no es posible explicarse algunos comportamientos, como el del outfielder Ryan Braun y el positivo a sustancias prohibidas que informaron recientemente.

        Votado como el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional este año; con responsabilidad más que generosa en que los Cerveceros de Milwakee alcanzaran la postemporada, con un aparente mundo de condiciones; entonces se descubre que un examen de orina de septiembre estaba manchado por el flagelo de nunca acabar, con un conteo de testosterona por encima del límite permitido como producción natural.

        Hay quienes dicen que el PED no es un factor decisivo para la imposición de condiciones atléticas, que no es un "crimen"; sin embargo, controlable en el rango de "prohibido", ¿Cómo este jugador pudo meter su goma delantera derecha en un bache tan grande que se podía ver desde la luna sin ayuda tecnológica? Bueno, quizás porque creyó que "a mi no me atrapan"; o, porque han destapado a tantos con tal lesión a la moral y la decencia de una generación, elucubró que "con el daño hecho, seguir tal vez sea un sacrilegio, no del pecador, sino de quien debe juzgar las acciones que autoricen la entrada al Templo magnífico y sagrado".

       Como siempre, el pelotero se defendió a través de una declaración en la que se declaró inocente, ¿Qué otra cosa se podía esperar? Bueno, se podía esperar algo como lo que hizo Alex Rodríguez: aceptarlo como fallo humano controversial de elección y arrepentirse. Tal vez esa actitud le alivie la conciencia al neoyorquino y le haga soportables los remordimientos por el pecado con influencia en el publico, con respecto a mí funcionó.

       Nadie puede dudar de que se debe ser muy imbécil para dar positivo en tiempos en que la persecución de los infractores en Grandes Ligas supera la cacería que hubo contra Bin Laden hasta su muerte.

       Que Ryan Braun diera positivo a PED en septiembre, al borde de los playoff, es una falta de respeto y consideración a sí mismo. Deberían condenarlo a no poder comer ni hamberguers ni hot dogs ni papitas con salsa de tomate más nunca…ni a tomar root beer, que seguro lo bebe por galones.

       Por lo demás, alguien al que se le consideró como capaz de igualar a las grandes glorias pasadas, acaba de derrumbarse al perder toda la credibilidad por estúpido. Amén.

 

 

 

  Otra columna que se derrumbó por construcción deficiente