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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

LA REVANCHA DE LOS ESCRIBIDORES…

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Por Andrés Pascual

Los “sabiondos” del beisbol que tienen el triste oficio de elegir a Cooperstown y que se están convirtiendo en una pandilla más tristemente célebre aún por lo que no hacen, dejaron la clase de este año “vacía”, no por puritanismo, sino por lo contrario, por sucios y revanchistas: no poder elegir a los flagelados de la modernísima era “sustancias” fue la forma de irritar, de molestar al público, desconsiderando a aquellos que no cargan sospechas en sus hombros: ¡Mira lo que puedo hacer…!

Muchos de estos cronistas sienten la era de los 90’s como suya y, como están hechos en una etapa crucial de decadencia moral del país, pues, para algunos, el uso de sustancias ventajosas no debería ser un problema que impida entrar al recinto, en lenguaje popular: “eso no fue tan malo”, porque “Ruth, Cobb, Hornsby… son delincuentes de mil formas” ¡Ah! Pero a Hank Aaron, que admitió el uso de sustancias y está dentro de los grandes escándalos del juego, ninguno se atreve a cuestionarlo ¿Por qué? Por negro, por demócrata y por liberal. No sé cómo se arriesgan con Bonds, que se “juramentó judío” y digo como defensores del artillero, porque los judíos no les gustan a los escribidores liberales y la Asociación está llena de estos.

Este año he leído suficientes materiales en defensa de Bonds y Clemens como para reconocer la huella liberal detrás, a fin de cuentas, si hasta el presidente apoya el matrimonio gay y la mariguana entró en la votación rumbo a su “salón de utilidades” con total desparpajo ¿Por qué estos dos jugadores no van a ser inmortalizados oficialmente? Esto lo cuento, porque son detallitos que influyen en la población como reflejo de la sociedad decadente y, cuando la sociedad se contamina, se traiciona a sí misma, entonces no puede ser ni transparente ni justa con respecto al beisbol ni a nada en su entorno, por lo que debe haber más fanáticos que quieran a Bonds allí que “puritanos” que no lo acepten.

Alguien habló de Shoeless y de Rose, bien, para mi, al Salón nunca, aunque no dejo de reconocer que, con respecto al outfielder del Chicago Americano de 1919, tengo dudas sobre los arreglos, por lo raro de la relación entre su juego espectacular e inmaculado en las casillas del anotador de aquel Clásico de Octubre y la posibilidad de que entregara.

A Rose ni de visita, que se le comprobó y, sin justificar a los del club de Comiskey, nunca ganó la miseria que este le pagaba a sus jugadores estrellas de acuerdo a la época. Fuera del recinto y separado para siempre del deporte debería estar el propietario del club para el que lanzó Ed Cicotte.

Hay culpas y culpables, pero, con un bien determinado peso por los casos de esteroides y otros “arreglos” evidentes y nunca publicitados, están los Padrecitos del Beisbol Organizado, la Asociación de Jugadores y la manipulada Agencia Libre ¿Cabeza visible? Bud Selig y deberían habilitar algún rol federal para que ruede su testa, a ver si el juego puede mantener la suya, más que alta y gallarda, “sobre los hombros”.

La dirección del beisbol de hoy es una guillotina contra el deporte, porque, al perderse la credibilidad, se pierde la pasión fanática y la eliminación del Comisionado independiente se elucubró por esas mentalidades grises para hacer lo que les diera la gana por intereses personales.

Para nada se tuvo en cuenta que la creación de ese puesto fue la salvación del beisbol hace 92 años y, todavía, hay quienes dicen que el tipo que la ocupa hoy por un virtual “golpe de estado” contra Fay Vincent, representando a los dueños, ha hecho cosas positivas como, por ejemplo, hacer correr el dinero, mal único y contribuyente decisivo en convertir en un estercolero al pasatiempo.

En febrero del año pasado escribí en Beisbol Mundial un comentario titulado “Con medicina no Cooperstown; sin aquella tampoco”, referido a Mark McGwire y lo que cree sobre el inicialista un cronista americano, pero también concluí sobre Clemens y Bonds lo siguiente:

“Bonds terminó con .298, 762 jonrones y 1996 carreras impulsadas, obtuvo 7 MVP y robó más de 500 bases; sin embargo, fue entre 1990-93 que obtuvo los 3 primeros premios como más valioso (dos con los Piratas y uno con los Gigantes), los 4 restantes los dejó para el período 2001-04 hasta el 2002, su promedio de bateo más alto había sido .336 y entre el 2002-04 logró .370 .341 y .362.

Bateó 73 cuadrangulares en el 2001, pero ninguna otra temporada logró batear 50; acumuló 762 bambinazos, pero entre el 2002-04 dio 258, mas de la mitad de los 504 que había conectado en 15 años previos como jugador activo.

El artillero zurdo que, según Enrique Capetillo, en un número de la sección deportiva Bohemia robada de 1984 le dijo a Luis Giraldo Casanova “los cubanos sí tienen un sistema digno” (no sé cómo, porque Casanova habla español casi por instinto), empujó 1996 carreras que, para la cantidad de jonrones que conectó, deja que desear como “hombre oportuno o de clutch”, aunque ese fue siempre un problema del outfielder.

Entre el 2001-04 le dieron 4 MVP y le incrustaron a la cañona en la punta de la grandeza del bateo del beisbol mundial.

Roger Clemens ganó 3 Cy Young’s entre 1986-1991, pero entre 1997-2004 le dieron un cuarteto.

Entre 1993-96 ganó 40, perdió 39 y su promedio de limpias fue de 3.78; sin embargo, casi con el brazo arrancado, llegó a Toronto y abrió con 21 juegos ganados el periodo hasta el 2005, que le reportó 149-61 y 3.20 clp”.

Una vez que protegen los nombres de 100 positivos con más celo que Truman el Proyecto Manhattan, pues todos los jugadores son sospechosos, sin embargo, el exceso de seguridad para evitar más filtraciones de las que ya ocurrieron, ha de ser porque están “las vacas sagradas” que faltan, ¡TODAS!

Este comisionado corrupto ha colocado a una era completa en remojo por su negativa a descubrir a los que quedan que, por supuesto, han de ser los importantes, sobre todo, uno que, si siguen con el miedo al control, no bateará más nunca como lo hizo durante 7 ú 8 temporadas.

Pero es una falta de respeto soberbia no elegir ni a Biggio (en la foto) ni a Edgar, que nunca han sido sospechosos y son inmortales de la gorra a los spikes, para ratificarlo, revise sus números y decida.

Dejar un año sin elegidos por la Asociación es tan falso y fraudulento como los jonrones de Bonds por encima de 509, porque el año próximo van a elegir a alguno de los que, según estos contraindicados de la sapiencia mayoritariamente, no tuvo números ahora y, hasta hoy, ningún cronista que dejó de votar un año y votó al siguiente, o a los 10 por alguien al que no tuvo en cuenta a su debido momento, ha explicado qué novedad hubo, qué más hizo, cuánto más bateó o lanzó entre el año vacío y el que, definitivamente, resulte seleccionado un jugador.

A fin de cuentas, como en 1996, dejar pasar una campaña sin elección es una barbaridad, máxime cuando hay jugadores en las ternas con los números sobrados para entrar al recinto.

Pero, a mi juicio, este año castigaron a la gente porque, todavía y así lo dicen, los símbolos de la decadencia de lo que fueron las Grandes Ligas deben demorarse ante la opinión pública, viéndolo bien, ha sido una revancha contra eso que algunos mequetrefes llaman “puritanismo”.

LO QUE REFORMÓ LA TIRANÍA CON RESPECTO AL BEISBOL

Por Andrés Pascual

Para el 2013 pueden estar seguros que voy a aplicarme el sabroso estribillo que cantaba durante los 60’s Ibrahím Ferrer con los Bocucos: “¡AY MAMÁ, CÓMO VENGO ESTE AÑO…!”, más crudo, más acusador, más directo (no voy a callar un nombre contribuyente con la pérdida de Cuba y del exilio), como muestra, el botón que es este material de fines de diciembre del 2012. El compromiso obliga.
Están haciendo reformas en el beisbol de la tiranía, lo que nada tiene que ver con el terreno: los plumíferos han sido ordenados a “reformar” lo que le sucedió al beisbol profesional, con lo que dejan detrás aquello de “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”, que sacaban del discurso del tirano ante los CVD (consejos voluntarios deportivos) en los que explicó porqué decidió eliminar “la lacra” que representó el beisbol rentado.
Ponga en el buscador “discurso de Castro ante los CVD en 1961” y podrá asfixiarse leyéndolo, sin embargo, lo que no van a hacer ni pueden por recuperar la clase en el juego, lo están intentando en la prensa: fueron los americanos los que causaron el desastre, porque retiraron la franquicia de los Cubans; es decir, los disparos al aire la noche del 26 de julio de 1959, que rozaron a Verdi y a Cárdenas, fue mentira y, para envilecer más, utilizan artículos de Fausto Miranda y otros periodistas de la época contra la protesta del Rochester por lo de los disparos. Hay que ver que, a la hora de los mameyes, los comunistas no son cobardes, sino lo mejor que han inventado en ese sentido.
Claro que el Dpto de Estado ordenó el retiro de la franquicia de La Habana, pero por seguridad de sus jugadores o ¿Acaso se olvidó la fiebre antiamericana, el odio contra todo lo americano que multiplicó desde mediados de 1959?
Se ha pisoteado en Cuba como “herencia del ideario castrista” ¿A cuántos les falta conocer la carta del tirano a la santera Celia Sánchez en la que le dice que “mi guerra es contra los yanquis después de la victoria”? Por favor…
Para 1959 y 1960, a los autos que llevaban los jugadores cubanos desde aquí, que no les cambiaban la chapa históricamente, porque regresaban con ellos, les ponían hasta 100 multas en una hora, ¿Entonces?
¿Por qué cuba debate y un par de sitios prostitutas de la desinformación amañada, comenzaron a tergiversar el problema de la suspensión (erradicación decía el tirano) del beisbol cubano?
Porque fueron ellos los que liquidaron al profesionalismo, al amateurismo y a la grandeza del pasatiempo, porque ni pueden ni están interesados en resolver la desaparición del nombre una vez glorioso, pero, dirigido a una población que se come la que le den, que ha invadido el territorio miamense incluso, para responsabilizar al “imperialismo” con su obra destructora contra el beisbol, inyectárselo y que lo repita esta “gente nueva”, mientras, se lavan las manos, llenas de mierda y de sangre, por supuesto.
Les falta advertirles que el profesionalismo fue parte de la propiedad privada en Cuba, por lo que supongo que deben estar buscando un chivo expiatorio para explicar por qué le quitaron la bodega al gallego, la panadería a mi abuelo y la Tropical a Julio Blanco.
También supongo que la nueva hornada piense en esto y lo pregunte, a ver que explicación les dan Juan Marrero y Taladrid.
Y todavía Marino Martínez cree que fue “un error del gobierno” y hasta les sugiere que… No tengo dudas de que este escribidor sea un buen material receptivo de la nueva reforma castrista al beisbol y de que, en cualquier momento, les otorgue “el beneficio de la duda”.

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LA FAMA Y COOPERSTOWN; MÉXICO Y JAPÓN Por Andrés Pascual

Por Andrés Pascual

Roger Maris fue un pelotero famoso sin etiqueta inmortal, en su caso, nadie puede decir que no esté en el recinto por piñas racistas o de otra índole: en 1961 bateó 61 jonrones bajo una lluvia de criticas injustas, pero con ese guarismo solamente no se le puede elegir por méritos especiales a una casa que, para que no queden espacios sin contaminar, la nueva hornada con derecho al voto busca pisotear a como dé lugar.
Maris no es material de Cooperstown, aunque haya impuesto un récord que, más injusto aún, debió transitar tres décadas con un absurdo asterisco por lo de los “8 juegos más producto de la expansión”, mientras, en 1961 también, Sandy Koufax rompió el de ponches para el viejo circuito, impuesto en 1903 por CRISTHY MATTHEWSON y nunca se opacó con ningún símbolo extremista. Yo supongo que el puritanismo se originó en que no es lo mismo “Matty” que Babe para el beisbol, digan lo que digan…
Sin embargo, con un asterisco, con dos ó con tres debería vivir cualquier referencia que se haga al récord de hits conectados de Ichiro, beneficiado también por los 8 juegos extra en los calendarios.
El japonés fue 77 veces al bate más que George Sisler (en la foto) y superó la marca del ex inmortal 1era base del San Luis Brown por 8 solamente.
Por su promedio general en 1922, por su clase superior como bateador, el infielder Carmelita quizás hubiera conectado 30 hits más que los 254 que derrumbó Susuki con 262. En buen español, todavía el récord absoluto estuviera en poder del padre de Dick.
El outfielder Jim Piersall fue un pelotero famoso que se popularizó por sus arranques fuera de control.
El Loco, porque actuaba de forma irresponsable y sin que ningún tipo de alternativa pacificadora pudiera ponerlo a buen recaudo de la crisis de insanidad, lo mismo agredía a un contrario sin razón aparente que se sentaba en unas de las bases de los monumentos a sus inmortales que erigieron los Yankees en el outfield (antes estaban en zona fair) y se quedaba dormido.
Como jugador no tiene récord para convalidar con la inmortalidad su popularidad casi negativa durante varios años de peregrinar por las Grandes Ligas.
Famosos fueron Leon Wagner, Colavito, Roy Sievers, Hank Bauer, Mike García y muchos otros, sin embargo, tampoco pudieron pasar con nota excelente la prueba que la categoría divina exige.
Posiblemente el 4to bate del Cleveland, que jugó en el ocaso de su carrera con los Yankees, Rocky Colavito, haya sido más popular que aquel jonronero de los Piratas, que solo jugó 11 campañas, pero promedió más de 30 jonrones por año y más de 100 impulsadas, quien, pese a que lo demoraron como es costumbre por los electores, no lo pudieron dejar fuera del Salón: Ralph Kiner.
A principios de los 80’s, la “familia” beisbolera creyó que la Fernandomanía presagiaba un boom mexicano para el Beisbol Organizado: descartada la vuelta de Cuba a las Grandes Ligas y sin que Rafael Ávila iniciara la cantera dominicana con la importación del sistema academia, iniciado por él mismo para los Dodgers, la popularidad de Valenzuela despertó expectativas sobre cuántos otros jugadores, tan buenos como el pitcher de Los Angeles, pudieran haber estado empacando en el país vecino para someterse a tan riguroso examen, aprobarlo y no solo hacer el grado, sino brillar como lo hacía el zurdo con el club de Tom Lasorda. A fin de cuentas, pese a que, desde entonces han llegado buenos peloteros aztecas a los circuitos mayores, para lo que se les consideró hipotéticamente fueron espejismos lo que vieron.
Con Ichiro sucedió lo mismo, aunque peor a fin de cuentas, porque los jugadores japoneses han demostrado no ser tan buenos como los mexicanos y solo el outfielder del récord de hits hace la diferencia.
Con los nipones no se puede crear un estado sólido de valores en el mercado americano a pesar del empecinamiento, porque no son suficientemente brillantes como para apoderarse de un espacio ni de relativa importancia en la vanguardia del juego por esta parte del mundo.
Eso sí, le han robado el dinero a las Grandes Ligas como nadie, porque ninguno vale lo que les han pagado por jugar con un 10-20 % menos de calidad que el caribeño en sentido general.
Las ligas japonesas son circuitos para descartes del Beisbol Organizado, en las que juegan los que ya no pueden aquí; incluso brillan los que nunca pudieron actuar para un club de Liga Mayor.

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George Sisler

EL DINERO NO HACE FAVORITOS

Por Andrés Pascual

¿Por qué esas inversiones monstruosas en los jugadores mercenarios producen tanta angustia y decepción con frecuencia rutinaria?
¿Es espejismo o realidad considerar la explosión de la chequera de los clubes que pagan tanto por tanto tiempo, como un cheque al portador directo a la postemporada?
Sí y no, porque, el trabajo conseguido a largo plazo, genera la predisposición a no jugar como se supone que lo haga una figura de gran cartel, que firma, además, por montañas de dólares que no se ha ganado honestamente; es decir, al agente libre le están pagando por lo que creen que hará en 5, 7, 10 años, por lo general, poco comparado con lo que le pagan.
Esas firmas a largo plazo son un riesgo, un robo y una falta de respeto con total autorización de la víctima, que no es el dueño, sino el público.
Sin embargo, como consecuencia de la llegada de un “monstruo” a un club, que puede frustrar a cualquiera desde la primera vez al bate o desde el primer lanzamiento al home que efectúe, muchas veces se ha beneficiado un pelotero subestimado, que esperaba su oportunidad para lucir su clase con el juego diario cuando lo envíen como “contra”, para completar la operación, a otro equipo que le dará oportunidad de juego diario y, el caso Omar Vizquel, un inmortal indudable, es un ejemplo magnífico.
En los cambios para la campaña del 2013 los cubanos Adeiny Hechavarría (en la foto) y Yunel Escobar resultaron beneficiados: el primero, porque pudiera recibir la encomienda del short stop regular con los Marlins; el segundo, porque, al no retenerlo los surfloridanos, tiene la oportunidad de actuar para un team con posibilidades de ser contendiente.
Otro que debería estar celebrando el cambio de club es Kendry Morales, que le atrasó el desarrollo como artillero de números impresionantes la lesión que puso en peligro su carrera. En Seattle, el ambidextro cubano pude recuperar el valor que sus condiciones tienen; además, se aleja del radio de impacto negativo que podría ocurrir en Anaheim si, como creo, Al Pujols continúa por 4to año consecutivo su baja escalonada con números cada vez peores al anterior.
Una vez los Marlins cambiaron a Trevor Hoffman al San Diego y le abrieron las puertas de Cooperstown, con Johan Santana sucedió igual que con Escobar, porque fue enviado al Houston sin ver la Ciudad del Sol.
Pero no son los Marlins los únicos que sacrifican talento, más que superestelar, de vergüenza y pundonor, ha sucedido con varios clubes durante esta era de la agencia libre.
En lo individual, después de ratificarse como el peor fracaso de la historia Alex Rodríguez con los Yankees, nadie decepcionó tanto, nadie hizo más robado el dinero que le regalaron que Al Pujols.
Hay que ver si, para esta temporada, se le da vuelta al monigote o se afina el público para la chifladura rutinaria.

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Adeiny Hechavarria

“LO QUE ÉL HACE, NADIE MÁS LO PUEDE HACER…”, Fredi González

Por Andrés Pascual

En una edición de Bleacher Report de esta semana, un sabio, militante de la secta de pesos y medidas aplicada al beisbol que creó Bill James, volvió a “coger la sartén por debajo”, por supuesto, se achicharró…

Resulta que es una gracia desacreditar a los jugadores “viejos” que pertenecen al Salón de la Fama, que están ahí porque los seleccionó alguien.

La impresión que da es que estos “escribidores de hoy” no critican solo a los jugadores, sino que buscan desacreditar a una crónica a la que ellos no pueden ni tocarle a la puerta, no solo porque sabían más y escribían mejor y más elegante, sino porque eran la esencia de la moral deportiva, de la decencia y de la honestidad en el oficio, que no por gusto el término “sportsmanship” se creó por aquellos inmortales del micrófono y de la prensa escrita.

¿Qué hubieran hecho Gleason, Povich, Frick, Dan Daniel… ante los acontecimientos que ensombrecen al pasatiempo en niveles mucho más que generosos? Al modo mío de ver las cosas, lo que siempre hicieron: luchar contra lo que afecte la razón de ser del pasatiempo como influencia de peso insoslayable en la infancia y la juventud, primero; para continuar defendiéndolo siempre, como vehículo de primera en el entretenimiento ciudadano, con la importancia que requiere tamaño compromiso.

Metiendo la mano en el saco de estupideces que dijo ZACHARY D. RYMES, ( el “opinador pagado” de Bleacher), http://bleacherreport.com/articles/1450089-baseball-hall-of-famers-who-would-flop-in-todaygame?utm_source=newsletter&utm_medium=newsletter&utm_campaign=mlb, no solo quedarían “fuera de Cooperstown” Ted Lyons, Mazerotski o Rick Ferrell, sino hasta el mismísimo Bob Feller, porque, hoy… ¿Por qué? ¿Por la clase del que muchísimos consideran capaz de discutir el mejor lanzador de la historia? No, por la de los que tienen la responsabilidad de colocar en el recinto al que quieren, les paga o les ordenan…

Según el tipo, Feller no hubiera podido entrar porque “no sabía hacia dónde enviaba sus disparos”, para cometer semejante sacrilegio, dice que el tremendísimo serpentinero del Cleveland tiene peor índice de descontrol que Carlos Zambrano y aquí no voy a continuar, porque, “mejor que me calle, que no diga nada…” a fin de cuentas, las abnegadas y buenas madres de estos cretinos no tienen la culpa de haber traído al mundo a esas alimañas…

¿Por qué esta crónica acomplejada, pésima, está tratando de convalidar el delito de las sustancias con desfachateces como “pero los números están ahí” o, ¿Cuántos más lo hicieron? sencillamente, porque, como ellos, esos jugadores son el producto de una era sin un ripio de moral ni de vergüenza, por lo que desacreditarlos sería la subvaloración del empleado del sector, propiamente hablando.

Fundamentalmente, hacia donde hay que mirar es a la clase individual de los jugadores: los peloteros, desde 1925, son mejores que los de los últimos 20 años, etapa en que han hecho de todo para aparentar lo contrario.

Hoy no saben cómo se juega pelota ni tienen amor por el juego; la memorabilia, incluso las firmas de pelotas o fotografías, las dan en shows bajo escrutinio legal y federal a regañadientes, pero ganan millones con contratos cuya duración es un desprestigio y se los dan a cualquier peloterito que no hubiera podido jugar con el Almendares en el champion cubano.

¿Qué hacen bien? Conspirar contra el pasatiempo, que va desde efectuar huelgas peligrosas para la estabilidad del juego, quién sabe si elucubradas en todas las oficinas interesadas, que desembocó en la carrera de sustancias de crecimiento con el fin de crear jonroneros y pitchers de laboratorio químico bajo la justificación de “era necesario traer de vuelta al fanático”.

Esa carrera de usuarios con la protección de “mira hacia otro lado”, se reactivó otra vez y algunos no han sido cautos, pero, ningún elemento sabiondo de la prensa ha tenido el valor de cuestionar la razón por la que, sospechosamente, han vuelto al positivo tantos jugadores este año.

La frase con que titulé este material es otra forma de empequeñecer al juego con respecto a su clase histórica: Fredi llamó a Chipper Jones (en la foto ambos) y le pidió que jugara un par de juegos en las Menores el año pasado, el antesalista se negó, porque hacen lo que les da la gana y el manager cubano “aportó” una serie de justificaciones favorables como bateador del renegado que ni Ted Williams en su mejor momento.

Bonita forma de desviar la atención del ningún respeto por la dirección ni por la oficina del club que tuvo el bateador ambidextro.

Antes, cuando la era en que ningún jugador merecía estar en Cooperstown, a Chipper Jones no le suplicaban que fuera a las Menores a arreglar el “timing”, sencillamente se lo informaban y, si replicaba, si se quejaba, corría el riesgo de quedarse jugando en esos circuitos de poco dinero, mala comida y peores relaciones por siempre.

El resquebrajamiento de la disciplina y los cronistas para los que Feller “no hubiera sido inmortal hoy” tienen al deporte en franca y evidente clasificación de relajo, ni más ni menos.

Chipper Jones and Fredi Gonzalez - Florida Marlins v Atlanta Braves

DEL VIEJO BAÚL CON POLVO Y TELARAÑAS

Por Andrés Pascual

Fue idea del creativo Bill Veek, especie de competencia de Branch Rickey, aunque no siempre con la seriedad del “Gran Innovador”, poner los nombres de los jugadores en la espalda de sus uniformes en las Grandes Ligas.

La fecha es 1960 y el team los Medias Blancas de Chicago, para quienes trabajaba como Administrador General.

Veek, inmortal por la vía de Cooperstown, hizo debutar al primer negro en la Liga Americana, el outfielder Larry Doby, mientras era dueño de los Indios de Cleveland. Aunque, posiblemente, la idea más conocida del exéntrico personaje sea la vez al bate que reservó para un enano (Eddie Gaedel) de forma oficial, cuando era gerente de los desaparecidos Carmelitas de San Luis del Joven Circuito.

La primera campaña de 60 jonrones la tuvo Tony Lazzeri, un HOF que fue comprado por los Yankees a finales de 1925 por $75,000.

La Liga de la Costa del Pacífico fue considerada hasta los 40′s el circuito más fuerte después de las Mayores.

La temporada de 1925 la jugó Lazzeri con el club Salt Lake City Bees de la Costa y no solo conectó 60 cuatroesquinazos, sino que empujó a 222 corredores y anotó 202, con un producto de CARRERAS PRODUCIDAS, según las estadísticas modernas, de 364, muy superior al récord de Grandes Ligas de 301, impuesto por Lou Gehrig en 1931. Este total se logra por la suma de carreras impulsadas y anotadas menos los jonrones.

Cuando Lazzeri debutó con los Mulos, en 1926, fue instalado en la intermedia como reemplazo de Joe Dugan. Ese año empujó a 114, una de 6 temporadas con 100 ó más para los Bombarderos.

Sin embargo, la trascendencia de su campaña de novato no está relacionada con hazaña alguna en el terreno, sino con el ponche que le metió el inmortal Pete Alexander en el 7mo inning del 7mo juego de la Serie Mundial de 1926, que salvó el juego y la victoria de los Cardenales en el evento.

Los New York Knickerbockers (en la foto), fueron el primer club que vistió uniformes en el beisbol en 1849. El team lo formó Alex Cartright, entonces un joven de 25 años, en 1945 y la indumentaria consistió en camisas blancas, pantalones azules y sombrero.

En el 6to inning del cuarto juego de la Serie Mundial de 1933, Heinie (apodo de Henry) Manush de los Senadores de Washington, bateó un difícil rolling entre tercera y short que logró detener el torpedero de los Gigantes Hughie Critz para ponerlo out en primera.

Inconforme con la decisión del umpire Charley Moran, Manush incluyó en su protesta halar suavemente el lacito de la corbata estilo “pajarita” del magistrado, que procedió a expulsarlo.

Única vez en la historia que un jugador fuera expulsado, no solo de un juego de Serie Mundial, sino de cualquier otro evento del beisbol, por “arreglar la pajarita” de un oficial del terreno.

Parte del éxito de Bill Terry en aquel Clásico de Octubre radicó en que anuló el bateo de Heinie Manush (2 en 18 sin impulsadas para .111) y en la confianza que tuvo en el cubano Adolfo Luque hasta permitirle resolver como relevo el juego que decidía la vida o la muerte en el trayecto.

El tercer juego de la Serie Mundial de 1992, Atlanta vs Toronto, se convirtió en el primero de este tipo de campeonato jugado fuera de Estados Unidos; el 6to, ganado por los Azulejos, en la primera vez que un club no americano ganó el evento. También Cito Gastón se acredito como el primer manager afroamericano que ganará el Clásico de postemporada.

El primer manager de las tan manoseadas “minorías” en el Beisbol Organizado fue el cubano Armando Marsans cuando dirigió, en 1924, a los Coroneles de Elmira de la Liga Nueva York-Pensilvania.

Por sustitución, en Grandes Ligas, otro cubano, Miguel Ángel González a los Cardenales en 1938.

A tiempo completo, alguien que por 11 horas no nació en Cuba (todos sus hermanos son cubanos): “el tampeño” Alfonso López con los Indios de Cleveland. López pertenece a Cooperstown y, mientras confeccionaron un ALL STAR hispano que incluyó a Ted Williams y a Reggie Jackson, dejaron fuera a quien debe ser considerado uno de los tres mejores catchers de “origen latino” de todos los tiempos y, sin discusión, el mejor manager, ¿Por qué lo dejaron fuera? Porque no conocen ¿Por qué otra cosa? Posiblemente ni recordaron ni sabían que hubo alguien con ese nombre relacionado con el beisbol.

En el 2001, el Milwakee Brewers se convirtió en el primer club de Grandes Ligas con más ponches recibidos que hits conectados.

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knickerbockers 1849

LOS MARLINS Y EL PÚBLICO “CUBANO” DE RECIENTE EDICIÓN

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Por Andrés Pascual

Llevan medio siglo soportando el peor beisbol posible en el país que una vez fue la segunda potencia del juego, que es más, mucho más de lo que, humanamente, se puede aguantar sin protestar; porque, todavía, el peor fanático del mundo “no irá más al estadio mientras la tiranía esté allí”, que debieron practicarlo desde el mes de febrero de 1962 o, quizás, 1961 y no se escucha una voz que lo haga valer dentro de Cuba ni en los movimientos de disidencia.
La realidad es que la población castrista no ha soñado con hacerle “ese desaire a Fidel”; se quejan tibiamente y hasta proponen estructuras para, según ellos, mejorar la pelota castrista.
Las cantaletas son en los sitios de internet, pero no practican en Cuba contra la serie nacional lo que invitan y “se comprometen” a hacer contra los Marlins una vez aquí, y eso que la horda sí le hizo daño al beisbol cubano, por lo que no puede existir comparación entre lo que, supuestamente, destruyó una gerencia de liga grande con su club y lo que, desde hace medio siglo, impone un partido asolador y criminal contra el juego, contra el fanático y contra la dignidad de todos.
Pero son así y no pasa un día en que usted no oiga o lea las amenazas de estos tremendos ejemplares de lo que no es un cubano en cuanto al carácter de Juan Fanático, que fue la representación máxima del conocimiento del juego en Cuba, atacando a la gerencia del equipo de Stanton porque, “acabaron con el equipo”.
Ni en la Esquina Congelada ni en ninguna llamada a Radio Rebelde prometen ausentarse del estadio “LATINO”, eso es tabú, por el contrario, esas pésimas e incómodas instalaciones se repletan (foto del estadio del Cerro durante un juego del equipo oficial castrista contras Honduras hace un par de años) como si fueran a presenciar el último juego del premio profesional de invierno de 1946-47.
Porque no tienen “autoestima” y escasean de principios, son incapaces de entender que hacerlo aquí es la más vergonzosa actitud oportunista y aprovechada vista en Miami hasta hoy, tal vez rara para quien no sea cubano por la exageración, pero rutinaria para los que conocemos el paño desde el inicio.
El dueño de los Marlins es un bandido, que se impuso con el estadio porque algunos políticos se lo permitieron ¡Vaya usted a saber bajo qué regla o promesa por debajo del tapete!
Ahora, si con algo no va a tener problemas Loria será con ese público llegado de la Isla, “desarraigado” de la identidad cultural obligada para responderle con carácter y personalidad a la identidad nacional, que no sabe quiénes son Jackie Monasterio ni Allie Reynold, incluso ni Hilario Valdespino o Eduardo Bauta.
Porque, reconocido y cuantificado, es el público de menor asistencia al parque desde que Loria decidió desmembrar a los campeones del 2003, a pesar de constar como mayoría en la ciudad.
Como contrapartida, observe las fotos y los videos de la ripiera de serie nacional que les ofrece la tiranía y verá los estadios llenos, sin comida, sin luces y en muy mal estado… como también la cara de satisfacción y agradecimiento masoquista que tienen, a través de la más aberrante conducta jamás vista en un pueblo.
Los Marlins, las Grandes Ligas, como jueguen y con quienes jueguen, son infinitamente superiores que el beisbol que están obligados a ver allá y no chistan.
Que nadie lo justifique con el cuento de que lo hacen porque “aquí se paga la entrada”, que en Cuba hace 15 años que no hay frazadas de piso y un tipo los obliga a comer moringa y tampoco hay quejas y eso, para aguantarlo como hacen, es más delicado e inmoral que justificar lo que hizo un dueño con su propiedad, mucho menos agresivo al bolsillo y a la dignidad que la práctica de los asesinos y ladrones que los martirizan sin ser los propietarios legales de nada.

TENÍA TREMENDO PODER AL BATE…

Por Andrés Pascual

El viernes pasado falleció el “Orgullo de Santa Lucía”, Pinar del Río, Rogelio Álvarez, apodado Borrego (6to de izq a derecha fila del centro con el Cienfuegos, campeón en 1959-60) en todos los países en que disparó sus monumentales jonrones.

“En el Cerro metió uno que pasó por encima de los almacenes del left…” comienzo y final de la categorización del inicialista como el bateador derecho de más poder visto en Cuba en la era moderna; porque el castrismo no pudo imponérsele nunca con la longitud de los batazos de sus artilleros por tres cosas: cercas más cortas, bate de aluminio y, sobre todo, diferencias abismales en el pitcheo.

Borrego quedó para la posteridad como el símbolo cubano del poder al bate, sin embargo, casi nadie recuerda que su jonrón contra Humberto Robinson, en 1960, decidió para Cuba (Cienfuegos, club con el que actuó en 3 campañas del Champion) la última Serie del Caribe de la primera etapa.

Tenía diabetes y no tenía control de su apetito, sobre todo por la carne de puerco ni por la cerveza: “se mató el mismo…como Chacumbele” y eso que sobrevivió 25 años a una operación de próstata.

Pero fue una persona buena, decente, bonachón… guajiro de recitar décimas y cantar temas del campo; alegre siempre que, aunque tuviera penas o dolores, por lo menos supo esconderlas.

A Borrego lo firmaron los Cubans en un try out en 1956. Por el convenio de relaciones de trabajo del club cubano con el Cincinnatti, del cual no era sucursal, le propusieron al joven de 18 años al equipo de la Nacional, que aceptaron y lo enviaron a las Ligas Menores.

En 1958 debutó con los Cañeros y fue uno de los jugadores que ganaron la Pequeña Serie Mundial, Clase Triple A de 1959, contra el Minneapolis Millers.

Fuera de Cuba, área caribeña, se le recuerda más que en su patria, no solo porque jugó mucho en varios países, sino porque, como todos los profesionales que escogieron hacer valer su soberanía, decidió continuar realizando su trabajo en el “exterior capitalista”, lo que le valió la condición de “no persona” (nunca existió) común en casos como este y tan rutinario que cansa, al extremo de que el 80 % de la población no es capaz de relacionar su nombre con el juego.

Cuando un grupo de jugadores decidieron viajar a Cuba en el período off-season de 1961 y esperar con su familia el comienzo de los campos de entrenamiento para 1962, Borrego estuvo entre ellos.

El viaje a la Isla puso en vilo sus contratos, porque la tiranía decidió no autorizarlos a salir vía México y fue necesaria la designación de un representante para que “suplicara” por todos, responsabilidad que recayó en el intermedista Tito Fuentes, que resolvió porque su padre, viejo miembro del PSP, era el chofer y hombre de confianza de uno de los dirigentes del viejo partido de Fabio Grobart, devenido castrista desde antes de las ORI. Ese “impasse político” frustró la posibilidad de que el criollo debutara con los Senadores de Washington, adonde había sido enviado ese año.

Pero Borrego no fue exiliado nunca, sino un emigrado sin vuelta atrás por razones laborales, como casi todos los atletas profesionales que se fueron por circunstancias impuestas ajenas a su voluntad.

Sus viajes a Cuba y su negativa a responderme una pregunta para un reportaje sobre los Cubans Sugar Kings de 1959, porque: “me puede buscar problemas y no podré ir allá”, son contundentes. A pesar de que le dije que no tenía trasfondo político, no aceptó.

Pero el hombre fue bueno, querido por su familia, por sus compañeros, por sus amigos y tan conocido en Nicaragua o México que, puede decirse, alcanzó para esos pueblos la categoría de leyenda, en igual medida que, en su patria, decir Borrego Álvarez no significa absolutamente nada, porque nunca han escuchado ese nombre. Ahí radicó el éxito de esa pandilla para consumar el pisoteo de la identidad nacional del cubano desde hace 54 años.

cienfuegos 1960 borrego 6to fila del centro

El unico cheque en blanco ofrecido a un pelotero cubano

Edmundo Amorós regresó a Cuba en 1962, tenía 31 años, jugaba en Triple A para los Reales de Montreal de la Liga Internacional  y estaba consciente de que Castro había liquidado el beisbol profesional para siempre; pero tenía 30,000 en el banco y una finquita pequeña en Matanzas. Lo que no sabía era que Ché Guevara no permitía que se tocara un centavo de ninguna cuenta bancaria de quienes se irían de Cuba definitivamente o regresarían a sus trabajos fuera del país

A Orlando Peña y a Orestes Miñoso se los hizo saber personalmente y, como si fuera poco, también les confiscó las propiedades y los autos. El de Peña se lo pidieron a Eddy Martin, a quien el serpentinero del Almendares se lo había dejado.

A Amorós se le complicó todo cuando decidió “darle unos meses” para ver si se “aflojaban” y el tiempo pasó.

Para agravar más su situación, en 1962 le propusieron la dirección del equipo de pelota que viajaría a los Juegos Centroamericanos de Kingston, lo que el matancero rechazó…Tal reacción se entendió como un insulto “al pueblo” y el gran Sandy, el de la monumental atrapada en la Serie Mundial de 1955, que salvó al Brooklin y le permitió imponerse a los Yanquis por primera vez, hacía su entrada al panteón de los “non-personna”, medida habitual tomada por la dirigencia comunista contra quienes les molestan o les insultan, incluso de presencia o de nombre y lo convirtieron en “un nuevo hombre que nunca existió”, sepultado en vida en “el paraíso de las libertades y los derechos del proletariado”. Edmundo Amorós pudo salir de Cuba en 1967 y ni el anillo de campeón, que fue lo primero que le quitaron, pudo sacar.

Advertidos los Dodgers de Los Angeles y las Grandes Ligas de que el cubano se encontraba en Estados Unidos, John McHale, de la oficina del Comisionado de entonces, llamo a Buzzie Bavassi, de la Organización del club, para decirle que Amorós necesitaba solo siete días para darle cumplimiento a los cinco años necesarios que le aseguraban la pensión como ex pelotero a partir de los 45.

Bavassi le propuso a Walter O’Malley, propietario de los Esquivadores, incluir al Héroe de Serie Mundial como jugador activo de la nómina, para que completara el tiempo que le calificara como ex big leaguer. O’Malley estuvo de acuerdo con el gesto y, ese mismo día, le ordenaron a Rudy Rufer, scout del club en el área de Nueva York, que localizara al cubano y lo llevara a Filadelfia, donde jugaban una serie.

En horas de la mañana del día siguiente, Emundo Amorós era un jugador de las Mayores otra vez; pero, ahora, se encontraba sentado en el 4to. piso del hotel Sheraton del centro de la ciudad, en la oficina del Secretario de Viajes de los Dodgers, Lee Scott… el humilde cubanito de raza negra había regresado “a la cima del mundo”.

Eran señales de lo que podían la caridad, el recuerdo y el agradecimiento por la contribución del criollo a la victoria de 1955 en la Serie Mundial, los Dodgers no estaban dispuestos ni a olvidarlo; ni, mucho menos, a abandonarlo.

Esa mañana, el prematuramente envejecido Amorós firmó un contrato en blanco. El orgullo de Pueblo Nuevo no tenía idea de que los Dodgers le estaban pagando un mes por su regreso de 7 días al club. Tenía 37 años y su pensión comenzaría a recibirla a los 45.

Al año siguiente, 1968, por efecto de lo hecho por los Dodgers, Cal Griffith, propietario de los Mellizos de Minnesotta, llamó a sus oficinas al inicialista Julio Bécquer, quien se encontraba jugando en la Liga Mejicana,  y le aplicó, exactamente, la medida de los Dodgers con Amorós, solo que a Bécquer le faltaba un mes; pero igual, Griffith, que tenía un especial aprecio por los jugadores cubanos, herencia de su tío Clark, colocó en el roster del club de la Liga Americana al ex inicialista de los Tigres de Marianao con el fin de que pudiera disfrutar de tranquilidad en los años posteriores.

Hasta hoy, el de Amorós es el único caso del famoso cheque en blanco que, ridículamente,  entrenadores del beisbol castrista han dicho que algunas franquicias le ofrecieron a Luis G. Casanova o a Omar Linares para que jugaran en Grandes Ligas, pretendiendo colocar en plano de tontos a medio mundo sin ningún tipo de pena ni de respeto por la “inteligencia”.

Andrés Pascual /  http://www.conexioncubana.net/tres_verdades/el-unico-cheque-en-blanco-ofrecido-a-un-pelotero-cubano/

 

 

 

Edmundo Amorós

¡QUÉ CLASE DE CABALLEROS…!

Por Andrés Pascual

Antes, cuando “los perros se amarraban con longanizas y no se las comían”, el respeto y la decencia abundaban de tal forma que, cualquier acuerdo a que llegaran dos individuos, incluso involucrada una o más propiedades, se sellaba con un apretón de manos. La violación de la palabra comprometida era el peor estigma posible, conducente hasta a la muerte en duelos.

El muro racial no se firmó como ley ni como acápite, por tal razón la política no podía intervenir en lo que no existía en papeles, pero estaba en la palabra comprometida de todos los dueños para prohibir la participación del jugador negro en el beisbol mayor desde el siglo antepasado: fue un Acuerdo de Caballeros del Beisbol, aunque se vea como se quiera.

Todo lo moderno es decadente, incluso la carrocería de los autos con respecto al tiempo ido en cuanto a protección de los pasajeros, las comidas envenenadas de mil formas, los juguetes que matan niños, los presidentes que traicionan hasta a su madre, se ríen y el público los aplaude…

El hombre común y corriente de hoy no merece caballeros en gestiones de importancia, porque, abrumadoramente, tampoco lo es.

Y, si existe algo cuya moral anda tan bajo que se puede barrer, son las oficinas del juego, es la prensa y es el fanático de esta disciplina.

Por lo general, la media de hoy, para justificar el efecto maldito sobre el beisbol de la agencia libre y todo lo que le cuelga, comúnmente usa expresiones como: “la criminal cláusula de reserva…” y otros iguales, ¿Será posible leer y escuchar esto Señor mío? Bueno, es a gusto del consumidor…

Yo le pregunté a un dizque comentarista en español sobre la agencia libre y la conclusión a que llegue fue que no conoce nada ni cómo se originó, pero ha utilizado las palabritas en algún material

Si los periodistas americanos se dedicaran a leer cómo apareció la agencia libre, fueran un poco más cuidadosos al referirse al estado del pelotero y su relación con los propietarios de un club, porque la posibilidad de dependencia fue a solicitud de ellos mismos, durante una época en que era prácticamente incontrolable el cambio continuado a otra franquicia, de tal forma que, en dos días, un atleta podía estar en 4 clubes: dos en un doble juego el sábado y dos el domingo.

Entonces exigieron la cláusula de reserva como forma de terminar con tan engorrosa e incómoda situación.

¿Por qué no se hablan estas cosas? Porque, como en Cuba, aunque con objetivo diferente, la mejor forma de imponer el relajo y la decadencia es evitando contar lo trascendental de la historia, que es igual a esconderla por sus propios intereses, hablo de la media, en total contubernio con las oficinas del Beisbol Organizado y con los clubes de las Mayores, aunque, a veces, reaccionen tibiamente a otros tópicos.

Resulta que Jeffrey Loria “se mandó y se zumbó de caballero”, cuando engatusó a Reyes y a Buehrle para que integraran la nómina como agentes libres de un club que se veía en la postemporada por casi todo el mundo.

Claro, no puede culparse al público, porque el equipo lucía bien, tenía “pinta championable”, capaz de poder clasificar y yo lo creo todavía, pero pasaron cosas que afectaron la moral, el team work y el carácter de liderazgo, relacionadas con Ramírez y con Guillén y la gerencia se deshizo del dominicano con el corazón roto, porque ese era el pelotero de Loria.

Y Hanley puede ser buen material donde exista un manager mejor que él, una gerencia mejor que él y jugadores mucho más atractivos que él.

Donde pueda bandearse como “el guapo del barrio” es un  problema de mayor cuantía, especie de bomba de no tanto tiempo. Los Dodgers es un club bastante bueno para que rinda con la obligación que necesita jugar.

Ahora se cuenta que la falta de ética de la gerencia de los Marlins llegó tan lejos, que no sostuvieron ni la palabra empeñada con Buehrle y Reyes, a quienes les aseguraron que no saldrían del club con la facilidad a que han acostumbrado a todo el mundo.

Sin embargo, Jeffrey Loria pertenece a una clase de dueños tan desprestigiada e indecente que, cuando dicen algo, se debe leer lo contrario.

Nadie puede exigirle a este tipo por haber alardeado de caballero, a fin de cuentas, ese es el comportamiento de esta gente aunque tengan millones.

Si Stanton no se va antes del training se irá a mediados de campaña, al final o por la época en que salieron hacia Toronto Johnson, Buehrle y José Reyes.

Lo único que queda por hacer es que todos los agentes libres tomen nota y ninguno firme con este club,  que el fanático no asista al estadio; sin embargo, por la carencia de fuerza moral en ambos grupos, por la escasez mucho más que generosa de caballerosidad que los cunde, nada de eso va a suceder y eso lo sabe bien un elemento como Jeffrey Loria.

HIRALDO SABLÓN, EL CHIVO EXPIATORIO DE GENE MAUCH

Hiraldo Sablón, el chivo expiatorio de Gene Mauch: jugó en el champion invernal; dirigió al Minneapolis en 1959 contra los Cubans y perdió; puso en la lista negra injustamente a Panchón Herrera y el artillero cubano, big-leaguer de arriba abajo, nunca pudo regresar a las Mayores; durante los sesentas, tuvo bajo su mando en los Phillies, además de a Herrera, a los criollos Tony Taylor, Cuqui Rojas y el Haitiano González.

En 1967, año en que el outfielder camagüeyano le discutió el champion bate del Viejo Circuito a Roberto Clemente, Mauch era el manager de los Cuáqueros. Para concluir la “conexión cubana” del tipo, una jugada estúpida que le costó, según él, el banderín del circuito en 1964, desarrollada por el utility de cuadro Hiraldo Sablón, conocido fuera de Cuba como “Chico” Ruiz.

El villareño Hiraldo Sablón Ruiz fue un joven jugador de cuadro para el Cienfuegos de la Liga Cubana en los últimos 3 años del circuito, se le proyectaba como a un pelotero de condiciones capaz de alcanzar las Grandes Ligas, si lograba arreglar un problema físico que le zafaba el brazo derecho de la articulación con el hombro. Lo logró.

Al beisbol profesional entró por la vía del Cincinnatti como un producto firmado por Corito Varona, entonces scout principal de los Cubans.

Realmente nunca desarrolló como estrella, sin embargo, actuó lo suficiente como para haber recibido su pensión por 8 años de servicio, que nunca cobró por su muerte prematura en accidente de autos en San Diego en 1973.

Sablón consta como el único jugador que haya bateado de emergente por Johnny Bench, fue 1967.

Cuando en 1969 el shortstop de los Rojos se lesionó, pues la encomienda de ocuparse de la posición recayó en Sablón, sin embargo, en contra de la supuesta alegría que debe producir jugar regularmente, a los pocos días, el cubano irrumpió en la oficina del gerente del club con el ultimátum “o me sientan o me cambian”, rigurosamente cierto y constancia argumental como una de las más estúpidas frases dichas en el beisbol. Por supuesto, fue cambiado al San Diego de Preston Gómez.

Al 21 de Septiembre de 1964 lo llaman “El Día Negro del Deporte Philly”, según magos, adivinos, fanáticos presentes en el estadio y ausentes, jugadores, prensa y todo el mundo esa tarde se inició el más monumental colapso de club alguno en los anales de las Grandes Ligas.

El día funesto los Phillies de Filadelfia tenían en venta los tickets de entrada a la Serie Mundial, en pocas hora habían vendido más de 90,000; aunque el club no tenía un superestrella como Mays, Frank Robinson o Hank Aaron, estaba bien equilibrado y con buen pitcheo.

Esa tarde Gene Mauch colocó en el balk a Art Mahaffey que, a decir verdad, hizo su mejor trabajo del año, pero llegaron empatados al 6to inning y…

Con un out, Sablón metió rolling de hit al center, acto seguido, Vada Pinson encendió un cohete al right que quiso extender a doble, pero Johnny Callison se lo impidió con disparo perfecto a segunda y el cubano avanzó a tercera.

Acto seguido llegó al home Frank Robinson, no solo el mejor bateador que tenía el Cinci, sino uno de los mejores del beisbol, por lo que el pitcher se concentró en el artillero, al que colocó en un strike y dos bolas, mientras desatendia al corredor, un pelotero que podía cometer una “cayucada” en cualquier situación, porque nunca estaba al tanto del juego, por lo que el concepto “juego inteligente” no le era familiar, acaso ni medianamente.

Al 4to lanzamiento de Mahaffey, todo el mundo vio asombrado cómo el villareño se lanzó al home en intento suicida de robo por cuenta propia y cómo el lanzamiento, un wild afuera, le resultó imposible de retener al cátcher Clay Dalrymple.

Esa carrera fue suficiente para que el Cincinnatti ganara el juego, que terminó 1-0

¿A quién se le puede ocurrir intentar estafar el home con dos outs y con un bateador derecho en una y dos? Por su historial de cosas “raras”, a Hiraldo Sablón.

Todavía Frank Robinson abandona cualquier lugar en que se encuentre cada vez que le mencionan la jugada.

Pete Rose declaró “no puedo creer que una jugada, más que estúpida anormal, haya salido tan bien”. Entre gritos y maldiciones, Mauch bautizó a Sablón como Chico “Fucking” Ruiz.

Después de esta derrota, se iniciaron una serie de acontecimientos que hicieron que Filadelfia perdiera la ventaja y el campeonato contra los Cardenales de San Luis.

Sin embargo, Gene Mauch nunca habló de la razón por la que, a partir del 21 de Septiembre, utilizó cada dos días a Jim Bunning y a Cris Short, a pesar de tener a Ray Culp en la rotación de abridores, lo que, casi seguro, tuvo que ver más que el home que le robó Sablón a Mahaffey por descuidarse, después de todo.

En 1972, mientras militaba en el California Angels, Sablón le sacó una pistola a Alex Johnson y lo hizo correr más que un maratonista olímpico. Por el hecho lo bajaron a Triple A.

ANDRES PASCUAL

 

 

 

LA PENÚLTIMA CANALLADA

 

 

Por Andrés Pascual

Hace 93 años, un escándalo de arreglos de juegos por 8 peloteros del Chicago White Sox, casi liquida la perspectiva del beisbol no solo como deporte de multitudes, sino como pasatiempo nacional. Entonces contrataron a un recio hombre público, de respeto y mano dura contra las malformaciones sociales, para que se hiciera cargo de “meterlo en cintura” con la creación del Imperio de la Ley y el Respeto en lo que algunos se habían empeñado en convertir en una selva.

El hombre separó para siempre de cualquier relación con el deporte a los implicados e hizo otra cosa: solicitó que las instancias políticas ejecutivas nombraran un supervisor permanente en la figura de un miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara; así, el beisbol llegó tan lejos en consideración, que todavía goza de la política de exención impositiva, hoy francamente nociva por el manejo fraudulento y abusador de su beneficio con afectación del deporte.

Kenneth “Mountains” Landis pasó a conocerse desde aquel momento como “El Juez que salvó al beisbol”, sin embargo, los liberales americanos modernos, sin un ripio ni de vergüenza ni de principios, capaces de destruir no solo al deporte, sino a la estructura sociopolítica absoluta, evaden reconocer la gestión por la que el beisbol, a pesar de ellos, todavía existe e identifican en la media controlada a aquel “salvador” como “racista”, evitando relacionar los “errores” de estos modernos decadentes con la efectiva acción que contribuyó a colocar al juego en niveles de privilegio en todos los países que lo tienen como preferencia.

Porque, que no lo dude nadie, el beisbol es conservador americano, creado por conservadores, (olvídese de las historias de “los indios en Cuba o los marcianos en Marte”), desarrollado y perfeccionado a lo largo de su primera gran era por quienes lo amaban tal reflejo patriótico, digno de cuidarse como lo que es: un símbolo de la tradición americana, de su identidad nacional.

Sin embargo, los liberales de izquierda que cunden todas las oficinas del Beisbol Organizado, desde el Comisionado hasta el último-a oficinista, para los que importa poco la nación, el estado, la ciudad o el pueblo, manejan las operaciones del beisbol con la avidez de lobos con doble objetivo: enriquecerse a costa de una población significativamente liberal, con la ayuda de la media politizada contra todo lo que represente la lucha hacia actividades antiamericanas y utilizarlo como trinchera de sus decadentes propósitos políticos e ideológicos con visos oportunistas al efecto.

Jeffrey Loria “castigó” a todos los que creyeron en él con la sentencia “si lo hicimos para discutir el primer lugar y quedamos últimos…” entonces envió a Josh Johnson, a Mark Buehrle y a José Reyes a Toronto… por ahora, bastante.

“El señor le dio un galletazo a los políticos que lo ayudaron a conquistar Miami” en fase de invasor vulgar y rapiñero; a la media local que, por orientaciones de los dueños de periódicos, del radio y de la televisión, tan liberales como Loria, nunca han podido decir “esta boca es mía” contra esas oficinas, despiadadamente despreciables y ¿Quién sabe si por el tan llevado y traído “acuerdo de mutuo beneficio”, por el que lograban un palquito para la familia, o para un amigo que llegó de Cuba y, cuando regrese,  se encargará de promover al tipo en el “barrio” como a un cronista de “punch”? Eso, como alimento del ego, no tiene desperdicio… pero, ¿Y el beisbol, los Marlins? Bien, que fildee el de atrás, que también cobra…

Sin embargo, Miami nunca fue entusiasta como para mantener una franquicia saludable de clase B ni de triple A ayer, mucho menos de liga grande hoy, porque no tiene el público necesario para hacerla exitosa: los cubanos “viejos” prefieren hablar de pelota que asistir al estadio; los nuevos tienen al balompié como primer deporte desde que salen de Cuba; con dominicanos, boricuas o nicas no se hace quórum y los venezolanos tienen demasiados intereses, el soccer también cuenta, como para hacer triunfadora en asistencia la franquicia, ¿Qué queda cuando, para ponerle la tapa al pomo, la televisión se encarga de “en vivo, directo y a todo color”, una sustancialmente buena cantidad de juegos como para ahorrar la barbaridad que hay que pagar por la gracia de estar allí? después, el radio como segunda opción.

Nadie sabe por qué se aprobó la compra del club por Jeffrey Loria, que hundió al Montreal y que por poco lo hace en contubernio con Bud Selig con el Minnesota y nunca se ha esclarecido aquella actividad delincuente.

Un individuo que nunca se cansó de justificar su necesidad por el estadio y lo imposible de costearlo con la queja de que no podía pagar ni la tintorería del club, el mismo que ¿no había podido? con otra franquicia de pequeño mercado en Canadá y necesitó que el grupo de dueños y el Comisionado se encargaran de ella, hasta que apareció un comprador y la trasladaron a Washington… ¿Quién tiene la culpa de todo este problema con los Marlins?

Los que crearon una agencia libre que convierte en mercenario al jugador con contratos a largo plazo, de los que juega al 100 % solo uno o dos años; los que se dejaron imponer ¿o fabricaron? una Asociación de Jugadores que dirigen verdaderos picapleitos, reales fulleros profesionales; los que no pagan la culpa por el asunto sustancias prohibidas, que, sospechosamente, como que renace hoy en medio de bajas de asistencia no solo en Miami; los que debilitan el pasatiempo con la expansión y quieren recoger el dinero que no logran en la Serie Mundial con la ampliación de la postemporada; los que buscan suplantar febrilmente la importancia del Clásico de Octubre de Grandes Ligas, con ese otro que es una vergüenza como competencia, al que promueven muchos cronistas con poca chispa como para advertir la tomadura de pelo con intereses detrás, o por demasiada simpatía por el liberalismo…

A fin de cuentas, los que desmontaron, con el apoyo de casi todo el mundo y ninguna protesta en contra, ese imperio-edificio de la decencia y la tradición americana llamado beisbol (a pesar de la Cláusula de Reserva y por encima de esta) cuya primera piedra la colocó el Juez Landis hace 91 años, al crear las reglas de estabilidad para algo tan sensible como el juego de pelota en Estados Unidos.

Los mismos que pisotearon el legado histórico al elegir a Bud Selig, jefe del clan asolador del beisbol moderno, al que pertenece Loria, que fueron capaces de expulsar al independiente Fay Vincent para no tener ni objeciones en contra de sus planes vandálicos contra el otrora deporte nacional.

Se parece demasiado a la acción de la horda castro-comunista con respecto a la pelota cubana como para que, cuando uno piense en un Juego de Estrellas suspendido sin decisión por decreto del Comisionado; o en el retraso del primer juego de una Serie Mundial para que un presidente liberal, buen representante y apoyo de ellos, colocara un anuncio de campaña, vayan a intentar meterle limones por mangos a quienes hemos hecho de la defensa de los verdaderos valores político-sociales un evangelio.

¡Por favor!, ya nada es nuevo y todo es peligroso, comenzando por lo que hizo Jeffrey Loria y continuará haciendo, aunque Selig diga que está revisando el canje, incluso aunque lo detenga. Este deporte, como toda la sociedad americana, está en un verdadero lío logrado con anuencia de la población, no hay alternativas, porque no hay vergüenza.

DETRÀS DE LA COSTURA

DETRÁS DE LA COSTURA


Por Andrés Pascual
Hace unos días vi un documental de 2 horas en el MLB Channel sobre pitcheo de título “BEHIND THE SEAM” o Detrás de la costura.
En realidad los autores se recrean en lo que consideran “la evolución” del departamento desde 1960, haciendo hincapié en el desarrollo de la medicina deportiva aplicada a los brazos de los lanzadores, es decir, a las intervenciones quirúrgicas, sobre todo la conocida como Tommy John.
Al modo mío de ver el asunto, yo no le llamaría “evolución” del pitcheo al período 1975 hasta hoy en cuanto a la salud de los brazos, sino “involución”, mejor aún, hecatombe, para lo que la prevención, que debería ser lo principal, a pesar de los 100 lanzamientos y toda esa mercancía de bazar barato, brilla por su ausencia con los resultados prácticos en las exageradas cantidades de brazos lesionados que, cada año, afectan el standing y la caja de caudales de las franquicias.
El año antepasado leí que el llamado “no wind-up” estaba en la línea de mayor importancia con respecto a las lesiones de los brazos de los pitchers, incluso decían que estaba “trabajándose” en la práctica en una liga menor la recuperación de los movimientos estilo “antiguo”.
Posiblemente es verdad que esos movimientos sin impulso, sin la ayuda de todo el cuerpo, con los que quisieron fabricarle un templo al modernismo, formen parte de la causal de tantas lesiones, sin embargo, para concluir lo contrario e imponer lo que hay, debieron invertir más dinero que el desperdiciado por Obama, además de que tendrían que negar las tesis de “afamados especialistas”, basuras mediáticas que se arriesgaron a ridiculeces como: “hoy se pitchea con tres partes del brazo” y una sarta de barbaridades que, a lo único que han contribuido es a liquidar la carrera de muchos lanzadores o a reducirle la efectividad y la durabilidad en número mucho más que generoso a otros.
Me contaba un ex bigleaguer cubano que hasta 1968-70 a los lanzadores les dosificaban hasta el tiempo de piscina como entretenimiento, porque sabían que este ejercicio, de forma abusiva, engarrotaba los músculos de los brazos, igual de supervisado era el poco ejercicio con pesas. Lo que se indicaban como fundamental para la fortaleza del brazo era correr y eso hacían los pitchers de aquellos períodos: corrían mucho.
Hasta la era de Gibson, Marichal, Camilo Pascual, Pedro Ramos… un monticulista podía enviar al plato más de 120 pitcheos por apertura, ganar o caer apretado, salir con el out 27 y estar perfectamente dispuesto en 4 ó 5 día para la próxima sin quejarse.
En esta última Serie Mundial a Verlander le pidieron que abriera el 3er juego, con 4 días de descanso, en total derecho a proteger su brazo, se negó, porque no es esa la frecuencia de tiempo como trabaja.
Pero, en 1965, Sandy Koufax (en la foto antes de una apertura), que padecía de artritis en su codo izquierdo y se tenía que someter a tratamientos bárbaros por lo dolorosos antes y después de cada salida, le metió dos juegos al Minnesotta en menos de 4 días, lo bueno de la historia fue que le pidió la bola a Walter Alston para el 2do de ellos, casualmente, el 7mo y último de aquella Serie Mundial en que le tiró a Oliva el que consideran el más difícil lanzamiento jamás hecho en el evento: una recta al pecho de 95-96 millas que “curveó hacia arriba” a la que el cubano le tiró “mañana”.
Como quiera que sea, la cantidad de operaciones y lesiones antes de empezar cada campaña incluso, desdicen de la aplicación del training moderno como benefactor de la salud del pitcher, algo anda mal y la medida del conteo de lanzamientos nada resuelve.
Algo tienen que hacer, porque ese detallito es parte de lo que conspira no solo contra la buena actuación de un club, sino contra la cantidad de buenos serpentineros que requiere el nivel de grandes ligas.
Hace poco observaba un video de Aroldis Chapman en el que caía sobre el carcañal de su pie de péndulo, caramba, lo mismo que hizo Camilo Pascual durante por lo menos 4 años de carrera hasta que se lo corrigieron, con el resultado de una lesión en la espalda que requirió de operación y la pérdida del 10-15 % de la efectividad en su recta.
Lo mejor es el vino cosecha… ¿Qué cosecha? La de mientras más añeja mejor… No hay algo más parecido al vino que el juego de pelota: urge un regreso a aquellas viejas cosechas que, mientras más años pasan mejor saben, para ver si se deja de escuchar que “en el mundo escasean los pitchers”, cuando hay más de 200 en plantillas que hasta 1969.

HORA DE REFLEXIÓN Y CUENTAS

Por Andrés Pascual

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¿Qué fue lo más sobresaliente de los Gigantes en su victoria en la recién terminada Serie Mundial?

Sí, ya sé, los latinos dirán algo alrededor de “los hermanos”: que si Scutaro, que si Sandoval o que si el activista de la Raza Sergio Romo y tienen razón, porque esos jugadores pusieron el tradicional “granito de arena” en una victoria por la que nadie se arriesgaba a poner un logro como no fuera “de a peso y nadie juega”.

Antes de continuar, este evento fue el tercero de menos rating de la historia con 8.9, lo que justifica la razón por la que Bud Selig pudiera convertir en “series de postemporada” el calendario regular, todo está en que lo dejen hablar con consenso y quórum suficientes, porque, desde su proyección como series previas con equipos mejores y de mucho más fanaticada que después no logran avanzar al ex Clásico de Octubre, venden mucho más que esta bancarrota que todavía vocean como aquel acontecimiento magnífico que cerraba el campeonato de ambas ligas.

No es posible continuar con el bateador designado en una liga y lo saludable no es obligar al Viejo Circuito a incluirlo, sino abolirlo, que no solo cambió la belleza y la estructura del juego, sino la dirección en el terreno, por la total imposibilidad de encontrar soluciones estratégicas brillantes de los managers, dada la forma como debilita al pitcheo. Viéndolo bien, no hay muchas diferencias entre el uso de sustancias y el bateador de cortesía a los efectos de pisotear la historia y la moral del beisbol.

El bateador designado es la más soberbia falta de respeto al pasatiempo que se haya concebido legalmente hasta hoy y no digo al público, porque nunca protestó con suficiente entereza y personalidad como para hacerse escuchar o valer ante tamaña agresión de intereses mercantiles.

Volviendo a los Gigantes, ¿Cuántas veces en los anales de la Serie Mundial un pitcher estrella, cabecera de la rotación que la ganó, que obtuvo premios Cy Young y considerable como uno de los 3 mejores lanzadores de su era, salvo un par de breves relevos, vio ganar a su club desde el bullpen?

¿Qué hizo grande la victoria del San Francisco? el acople y la cohesión que llaman “team work”, por eso el manager de ese es club, calladito la boca, sin levantar sospechas sobre su capacidad, es hoy por hoy lo mejor de la faena, porque, como motivador y como estratega, demostró que es un director completo, de 5 herramientas.

¿Qué puede decirse que afee esa victoria? Nada, no le vale a nadie justificar con que “el Detroit se enfrió, porque concluyó el paseo contra los Yankees muy temprano”, menos aún que los Gigantes tenían a su favor el tan manoseado “debían perder porque nadie pensó que podían ganar”.

No, no hay justificaciones posibles, ganó el que mejor jugó, el que bateó con oportunidad, el que le corrió el cerrojo de la puerta del home a tiempo a los “rompecercas” de Michigan.

Sencillamente, lo mejor de este año que, además, logró sobreponerse a otro escándalo rutinario de los tiempos modernos, con Merky Cabrera dando positivo a sustancias de crecimiento.

MIKE REDMOND Y LA PAPA CALIENTE

Por Andrés Pascual

¿De qué depende que Mike Redmond haga un buen trabajo con los Marlins? Tal vez dije mal y debí preguntar “de quién…”, al modo mío de ver el asunto, de él mismo.

Buen trabajo, en este caso, quiere decir mejor que el de “Palucha” Guillén, que no pudo hacerlo peor: pisoteó la moral general por su cobardía y procedió a derrumbar la autoestima de una novena que prometía mucho más que lo que le obligaron a hacer.

Cualquier culpa grave con respecto al team es un derivado del único responsable: Jeffrey Loria, desde traer a Ozzie Guillén hasta justificar lo injustificable, como la salida del equipo de Omar Infante y Aníbal Sánchez.

Ahora viene Mike Redmond, con experiencia de liga menor, que fue cátcher y, como se sabe, los mejores managers han sido receptores, porque son quienes mejor conocen el pitcheo, salvo un par de infielders como Larussa y Jimmy Dykes.

Sin embargo, se comenta que este individuo ha sido tan bien llevado que se convirtió, en su momento, en una especie de bufón dentro del club durante el período 1998-2004.

Tomando en consideración que lo de menos sapiencia en la dirección del juego es ordenar la jugada a la ofensiva o defensiva al cuadro, que las adivinan los cientos de miles de fanáticos que, ese día, presencien el juego en vivo o por otros medios, queda como elemento de verdadera sapiencia el movimiento del pitcheo desde el bullpen hasta cada lanzamiento al plato.

Si Redmond logra establecer la obligada separación entre manager y jugador de tal forma que no influya en la pérdida del respecto de sus subalternos, pues nadie debe dudar que lo hará mejor que el que botaron, para lo que no tendrá que excederse tanto.

Para lo otro, lograr guarismos competitivos, tiene que esperar por la gerencia, a ver si aparece el valor y completan la nómina con algo un poco mejor que Carlos Lee.

Si el cátcher no controla su personalidad y se da al exceso de bueno exagerado, tanto que “coma cáscaras de piña”, entonces “Remember Yogi” que, en 1964, dirigió a los Yankees, ganó la Liga Americana y perdió en 7 apretados juegos la Serie Mundial contra los Cardenales, pero, por su categoría de filósofo populachero medio serio medio en broma, los dueños del club estimaron que no lo respetaban lo suficiente y lo botaron.

Lo anterior debe ser lo prioritario para Mike Redmond, para su triunfo personal que, viéndolo bien, sería sobrevivir en esa selva.

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COMO EN LOS TIEMPOS DE “ÑAÑÁ SERɔ

Por Andrés Pascual

Antes de comentar el tema dos cosas: la Serie Mundial no puede tratarse como a otra más de postemporada, porque es el evento más importante que tiene el calendario de grandes ligas, de hecho, define al campeón, por lo que tiene que ser aparte, que no por gusto se han escrito cientos de libros sobre ella, incluso muchos sobre algunas solas, como la de 1960 o la de 1975.

Un par de datos para archivar: el staff de los Cardenales que derrotó a los Medias Rojas en 1946 estuvo integrado solo por zurdos. El “as” de aquella baraja fue Harry “el Gato” Breechen.

Las únicas rotaciones de pitcheo que no incluyeron zurdos en Serie Mundial fueron los Indios de Cleveland en 1954 y los Medias Rojas de Boston en 1967, ambas perdieron contra los Gigantes y contra los Cardenales.

Miguel Cabrera debutó como voz segunda desafinada en el trío que menos ha bateado en la Serie Mundial con la Triple Corona a cuestas. Su promedio de .231 con 3 impulsadas lo “empareja” con Ty Cobb, mientras que Ted Williams se mantiene como la mejor y más afinada voz prima negativa con .200, una empujada y sin extrabases.

Los Tigres de Detroit no perdieron porque no batearon, justificación que empleamos a menudo cuando evitamos reconocer al club que nos apabulló, más bien se debe decir que los Gigantes ganaron porque “sus pitchers” corrieron el cerrojo de una artillería de la que, como yo, se esperaba mucho más.

Otra vez el bateo fue sometido por la serpentina, porque fue una serie de pitcheo, a pesar del primer juego. Los lanzadores de San Francisco contaron con breves fisuras del montículo enemigo y, por ahí mismo, se colaron los artilleros Gigantes para anotar justo las que necesitaron y ganar por barrida.

El Detroit, con un line-up que debió tener otra conformación (Infante en el segundo turno), muy alejado del juego “por el suelo” que debió hacer su tanda baja hasta el 2do turno en medio del dominio del pitcheo opositor, decidieron “fajarse” con el aire buscando cerca y dio pena ver a jugadores de Grandes Ligas, incluyo a Cabrera y a Fielder, barriendo el home detrás de lanzamientos bajos y afuera con intención de halarlos. Así no puede ganarse.

Romo, que tiene un lanzamiento que no es slider, pero que se va de la zona de strike hacia afuera; que, además, depende el 70 % de lanzamientos en sinker, dominó plenamente a bateadores que se pararon como estacas en el home y ni intentos hicieron por flexionar las piernas tratando de seguir la trayectoria de los pitcheos, Berry fue una víctima especial de este tipo.

Los Gigantes ganaron porque jugaron mejor y porque tienen un uno-dos de 3ro y 4to de mucho cuidado en Sandoval y en Posey, pero la contribución fue general y los manejaron con maestría estratégica. Y todo con Lincecum, uno de los mejores pitchers del beisbol de hoy, en el bullpen.

El pitcheo repitió el nivel de importancia que tiene en el juego, como decía Connie Mack, es el 70%.

Algo quedó muy claro: los ganadores no se impusieron con el elemento a través del cual pretenden someter al “buen tiempo ido” por el atractivo, pero poco eficiente y menos convincente modernismo: la bola de fuego de 100 millas de pitchers wilds que solo eso tiran, que no aprenden y cobran mucho, poco corajudos, sino de la única forma que se puede, en el mejor estilo de los maestros de antes: con mucho control, con más valor y “moviendo la bola” fuera del alcance del bate, suficientemente mala para que no le llegue  el artillero y suficientemente buena como para que la cante strike el chief-umpire si la deja pasar.

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LA TRIPLE CORONA EN SERIE MUNDIAL

Por Andrés Pascual
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En 1954, los campeones de bateo de ambas ligas contendieron en la Serie Mundial: Beto Avila por el Cleveland y Willie Mays por los Gigantes de Nueva York lucieron peor que colegiales a la hora de producir en el Clásico de Octubre. Solo Mays, por la conocida jugada defensiva sobre el enorme batazo de Wertz por el center, se salvó del más absoluto anonimato.
Los únicos artilleros que llevaron sus liderazgos anuales a la postemporada y respondieron como el público les exigía fueron Babe Ruth, que nunca ganó la Triple Corona, Lou Gehrig y, en grado ligeramente menor, Joe Dimaggio, Yogi Berra, Johnny Mays, Hank Bauer y Duke Snider.
Porque no asistieron al evento de Octubre, o porque su producción no se correspondió con el logro obtenido de primero en los tres principales departamentos del bateo durante la campaña, el caso es que un solo ganador de la Triple Corona demostró por qué la había merecido ese año: El Halcón Polaco Carl Yastrzemski (en la foto), del Boston Red Sox, en 1967.
Cuando Hugh Duffy, Tip O´Neal y Paul Hines obtuvieron el triple premio, todavía no existía el Clásico de Octubre, estos peloteros jugaron en el siglo antepasado, incluso cuando la ganó Nap Lajoie, en 1901, tampoco.
El primer ganador que asistió al evento fue Ty Cobb en 1909 y su desempeño fue muy pobre, con promedio de .231, 3 tubeyes y 5 empujadas, incluso en el corrido de las bases robó dos y fue capturado una.
Ni Roger Hornsby, que la ganó dos veces, ambas con promedio superior a .400, asistió a la Serie Mundial los años que obtuvo la Triple Corona.
Tampoco estuvieron el Filadelfia de Chuck Klein ni el Boston de Jimmie Foxx ni los Yankees de Lou Gehrig ni los Cardenales de Joe Medwick cuando estos acapararon los rótulos en jonrones, impulsadas y promedio. Pero el Boston de Ted Williams tampoco y fueron dos veces que La Astilla las conquistó.
Fue Mickey Mantle el segundo bateador que llevó a la Serie Mundial su preciada conquista. Su desempeño, sin ser extraordinario, fue digno de un artillero que exhibía en otoño la distinción de lo mejor del beisbol en su función: conectó 3 jonrones, un doble, empujó 6 y promedió .250.
Diez años después, luego de ganarle el champion bate a Tony Oliva en la raya por una astilladura en un dedo del cubano, Frank Robinson, adquirido en el invierno del año anterior (1965) por el Baltimore, porque, “a los 31 años estaba viejo para los planes de reestructuración del Cincinnatti”, condujo a los Orioles de Baltimore al título de la Americana con la triple corona en su poder.
Aquellos Orioles, dirigidos por una leyenda de los Mulos de Manhattan y Héroe de Serie Mundial, Hank Bauer, aplastaron a los Dodgers y su famoso dúo de pitcheo Koufax-Drysdale barriéndolos en 4 juegos.
Robinson contribuyó con un doble, dos cuadrangulares, 3 impulsadas y .286 a una victoria cuya responsabilidad principal recayó en el pitcheo, pero que pudiera considerarse como de absoluta faena colectiva por la participación de todos en la conquista del evento, desde Curt Blefary y Paul Blair a Luis Aparicio, Andy Echetbarren, Jim Palmer (dio nueve ceros con 20 años) o Moe Drabowski.
Un año después, en 1967, se enfrentaron el Boston y los Cardenales en la Serie Mundial, Carl Yastrzemski, que sustituyó a Ted Williams en el club, llevó su Triple Corona a cuestas.
Ese año se vieron frente a frente los líderes en impulsadas de cada circuito: Orlando Cepeda por el San Luis y “Yaz” por el Boston, cada uno sería seleccionado como el JMV de su liga también.
Fue Yastrzemski el mejor en producción en el evento de los 4 ganadores de la triple corona que asistieron a la Serie Mundial el año que la obtuvieron hasta 1967.El ídolo de los Medias Rojas promedió .400, 2 dobles, 3 jonrones y 5 empujadas.
Esta campaña juega en la Serie Mundial el tremendísimo Miguel Cabrera con el Detroit, hasta hoy, solo ha conseguido un hit en 5 veces con una empujada, pero le quedan por lo menos dos juegos para improvisar, si sigue con anemia, entonces pudiera convertirse en el peor bateador que jugó en el Clásico de Octubre con la triple corona en su poder.
Todos los ganadores del premio hasta Yastrzemski están en el Salón de la Fama, los clubes que han ganado con tamaños bateadores en su line-up han sido los Yankees en 1956 y el Baltimore en 1966, depende en parte importante de la contribución de Cabrera a la victoria del Detroit para incluirse en el grupo de los que decidieron por la victoria de su equipo o en el de los que la posteridad tratará como responsable del fracaso, a pesar de la extraordinaria temporada que tuvo.

Sin Cuentas Pendientes

SIN CUENTAS PENDIENTES

Por Andrés Pascual

La palabra clave para que el éxito sea absoluto en la Serie Mundial es Yankees, en lo artístico, en lo deportivo y, sobre todo, en lo económico…

Ya se puede decir que la pérdida de audiencia en el Clásico de Octubre-Noviembre se debe a que la participación del club del Bronx está al debutar en el capítulo de “rarezas del beisbol” por lo fácil y rutinario que se quedan con las ganas.

Sin embargo, existe un aliciente ajeno a los Mulos y es la rivalidad histórica  entre otros clubes como, por ejemplo, Cardenales-Detroit.

El equipo de Michigan es un club veterano, tradicional y entusiasta del Joven Circuito, por el que han pasado muchas de las grandes estrellas del “buen tiempo ido”, con ellos jugaron Cobb, Greenberg, Gheringer, Cochrane, Kaline, Norman Cash o Jim Bunning, pero su hito en rivalidad lo marcaron contra los Cardenales 4 veces.

Fue el Detroit, a pesar de lo que se diga del Boston Red Sox, el club más difícil que enfrentaron los Yankees en el terreno, para ratificarlo, el récord de 28-13 del serpentinero Frank Lary contra los Bombarderos durante los cincuentas. El problema parece que persistirá por la forma como los Bengaleses apalearon este año a los inquilinos del Bronx.

Los Gigantes, mucho más promocionados y queridos durante sus años en Nueva York, es una de las referencias obligadas a la hora de recontar hazañas y actuaciones de moral y de prestigio en Grandes Ligas, no por gusto cuentan con el mayor números de jugadores en Cooperstown.

La casa del Napoleón del Beisbol, el mejor manager de la historia, John Mac Graw; la franquicia que mudó a California el hombre que amó a su club más que a su auto, Horace Stonehan; allí jugaron Johnny Mize, Mays, McCovey, Cepeda, Mel Ott, Bill Terry, Harry Danning, Carl Hubbell, Hal Schumacher, Marichal…

Fue con los Gigantes que Adolfo Luque ejecutó la primera gran actuación de un pelotero cubano o hispano, al cerrar un juego contra Washington en 1933 con cero en todo durante 3 innings y 6 ponches, consolidando la victoria del club que dirigía Terry.

Ese día, el habanero se convirtió en el pitcher de más edad en lograr una victoria en Serie Mundial.

En 1951, el cátcher cubano Rafael Noble salió a batear de emergente contra Ed Lopat, de los Mulos, primer negro con ese uniforme que lo hizo.

Por lo raro pudiera ser determinante en el rating del evento de este año la confrontación Este-Oeste, porque entre los Gigantes y el Detroit no hay nada pendiente, sin embargo, por la cantidad de “latinos” entre ambos equipos, se da por descontado su atracción para esta minoría.

Pero para el americano, que es quien hace la puntuación que mide la sintonía, esa guerra no existe, es tan falsa como aquel período que llamaron Guerra Fría y atemorizó al mundo.

La atracción que propone esta Serie Mundial quizás sea observar cómo se comporta el dúo artillero zurdo-derecho del Detroit, disfrutar de lo que haga Verlander, o si los Gigantes, con el pitcheo recuperado más Posey y Sandoval (en la foto ambos)  en la línea, realizan otro milagro y ganan contra un club mucho mejor que ellos, en el lugar menos dado a apariciones y cuestiones místicas o esotéricas posible: el terreno de juego en Grandes Ligas.

LA MEJOR CAMPAÑA DE UN BATEADOR POR SIEMPRE, ¿QUÉ SIGNIFICA ESO?

Andrès Pascual

 

La tendencia es clasificar como lo mejor de la historia la temporada en la cual un artillero logró el récord en cuadrangulares: la de sesenta de Ruth en 1927, los 61 de Maris en 1961, los 70 de McGuire en 1998 y los 73 de Bonds 4 años después, ocupan mayor espacio a la hora de hacer referencia al asunto.

Sin embargo,  hay tela por donde cortar, porque un bateador, por un récord de jonrones, no dominó la Liga ni fue el mas difícil de someter por el pitcheo enemigo…

Al artillero fuera de grupo le identifica una frase popular: “…no hay quien lo saque out,” Y su mejor temporada debe ser la que dominó la mayor cantidad de departamentos ofensivos.

En 1901, el infielder y extraordinario bateador de principios de siglo pasado de los Filis de Filadelfia, Napoleón Lajoie, ganó la Triple Corona del Bateo; pero agregó 8 liderazgos más que hicieron un total de 11 en la campaña.

El irrepetible Ty Cobb, durante muchos años “orgullo” de los Tigres de Detroit, lideró 11 departamentos de bateo en las zafras de 1909 y 1911; pero, en 1917, acaparó 10…

Joe Sholess Jackson, a quien se refiriera el inmortal segunda base Eddy Collins como el antecedente directo de Ted Williams, uno de los más grandes bateadores de la historia del juego, tuvo, como mejores años de dominio en el papel, 1912 y 1913 con 3 liderazgos.

Roger Hornsby (en la foto), el Rajá de los cañoneros derechos, debería ser considerado como el segunda base más grande del juego por su bateo; sin embargo, muchos apóstatas gratuitos de la historia se han arriesgado a colocarlo en el banco o fuera de un club All-Stars: 2 triples coronas y 3 veces sobre .400… en  1922, año que ganó una de estas, se apoderó de 11 departamentos en total; en 1925, con otra triple corona, otros 11; pero, en 1921, llegó delante en 12, además,  otros 8 con entre 6 y 8 casillas lideradas.
El más grande shortstop de la historia es el fenómeno de los Piratas de Pittsburg Honus Wagner, un bateador de fuerza descomunal y con velocidad extraordinaria. Jugó durante la llamada “era de la bola muerta”; es decir, hasta 1920. Wagner dominó la Nacional y el béisbol en 1908 con 10 liderazgos y en otras 4 campanas lo hizo con 7.

Babe Ruth es el pelotero mas grande de la historia, tan grande  que casi equivale al propio juego y su apodo identifica al jonrón: “bambinazo”, nadie fue más popular ni bateó más que este hombre, que también hacía carrera de inmortal del pitcheo antes de lesionarse el brazo y dedicarse al juego diario.

En 1927 impuso el récord, que después superó Roger Maris, de 60 jonrones, esa campaña dominó en total  9 departamentos; pero tuvo otras 6 con 9 y dos con 10. Junto a Cobb, nadie ha sido tan fuera de liga bateando.

Columbia Lou Gehrig, el Caballo de Hierro de los Yankees de Nueva York, es el mejor y más contundente ejemplo de por qué la cláusula de reserva superaba a la agencia libre en el respeto al público:  fue Lou el inicialista novato que, en 1925, sustituyó a un regular, metió dos líneas y se adueñó de la posición… más allá de los 2130 juegos consecutivos está la clase superior de Gehrig y su extraordinaria producción de extrabases de todas las dimensiones, que le convirtieron en uno de los mas despiadados impulsadores de carreras de todos los tiempos en solo 14 temporadas. En 1934, Gehrig dominó 9 departamentos, más otros dos años con 7 y uno con 6.

Ted Williams fue el último bateador de .400 en el béisbol, uno de dos con un par Triples Coronas de Bateo (el otro, Hornsby) y el exponente máximo de la ciencia de la especialidad; pero, para ser bateador “se nace”, esta no es una circunstancia de acumulación de datos y estadísticas docentes, sino una huella de la Naturaleza o de Dios.

Williams perdió 5 años por dos guerras en los que dejo de poner números fabulosos, porque fueron en su mejor momento. En 1949, el increíble del Boston domino 12 departamentos de la artillería pesada; tuvo otros 4 con 8 y 2 con 7.

Barry Bonds, McGwire y Alex Rodríguez perdieron la credibilidad al dar positivo a esteroides varias veces, con todas “tapadas”, en el caso del ex Gigante, por alguien interesado en pisotear la gloria de los viejos tiempos.

De ninguna forma Bonds hubiera hecho lo que hizo si no se ayudaba con algo ajeno a la naturaleza humana, porque nadie puede acopiar fuerzas y entusiasmo para el juego como sucedió con él, después que dejó detrás la etapa de mejor producción y desempeño que es entre 25-35 años.

En el 2002 bateo 73 jonrones con otro liderazgo más uno en carreras impulsadas y su número más elevado en las producidas fueron 137, incluso no llegó a 2000 de por vida: una temporada con 7 liderazgos, 3 con 5 y 2 con 4…
Recio en el sentido de poderoso, capaz de conectar líneas que casi nadie podía seguir, Jimmie Foxx, el fortísimo inicialista que apodaron La Bestia, que tuvo sus años grandes con los Elefantes Blancos de Connie Mack y con los Medias Rojas de Boston entre 1925-1940.

Con una Triple Corona en 1933 y una envidiable producción de carreras impulsadas clasifica, junto a Hornsby, como los dos mejores bateadores derechos de la historia: dos temporadas con 8 departamentos liderados,  una con 7, dos con 5 y otra con 4…

Elevado merecidamente a Cooperstown, Jim Rice fue uno de los mejores bateadores derechos de su era: estuvo cerca de lograr la Triple Corona en la campana de 1978. Además, fue lider en 11 departamentos ese año; sin embargo, logró algo raro y difícil al encabezar los triples, los jonrones y las carreras impulsadas.

En 1937, el jardinero izquierdo Joe Medwick, apodado Ducky, se convirtió en el último jugador de la Liga Nacional que ganó la Triple Corona jugando para los Cardenales de San Luis. Medwick fue un bateador hacia todas las direcciones y cuando en 1963 se produjo el cambio de la zona de strike, dijo: “…a mí no me interesaría mucho, yo le tiraba a la que me gustaba, bateé para .324 en mi carrera, lo que no parece tan malo”. Nunca recibió más de 45 bases por bolas en una campaña.
Medwick debutó con los Cardenales a los 20 años, esperó otros 20 para ser elegido a Cooperstown y lo comentó así: “…nunca tuve un slump tan grande…”…fue elevado en 1968.

En la Serie Mundial de 1934 se convirtió en el único jugador sacado de un juego por orden del Comisionado.Para su protección, Landis le sugirió al manager del San Luis que lo sentara y evitar de esa forma que fuera golpeado por la lluvia de objetos que le lanzaban al jardín izquierdo los fanáticos de Detroit, porque, en un deslizamiento excesivamente violento en tercera base, lesionó a Marv Owens, que debió salir del juego en camilla. Ducky fue sustituido en el leftfield por Chick Fullis; a pesar de eso, bateó para .379 con un jonrón y cinco impulsadas en el Clásico.
En 17 campañas, Joe Mewicki estuvo 8 veces en el tope por el MVP y asistió a 10 Juegos de Estrellas.

En 1937, por su fabulosa temporada, le dieron el Jugador Más Valioso. Con la Triple Corona (.374, 31 y 154) adicionó otros 9 departamentos.
Medwick, de carácter hosco y pendenciero con todo el mundo, es uno de los grandes peloteros que, por lo poco que se le toma en cuenta, aparenta que lo borraron de los libros del beisbol.
Pero, su campaña de 1937 es una de las más grandes de todos los tiempos.

Este año cerró con el venezolano Miguel Cabrera acaparando honores de Triple Corona, sin embargo, no tiene un número notable de departamentos liderados, además de esos tres, como para competir con todos los que mencioné antes.

 

Hornsby , La mejor campaña

Hornsby , La mejor campaña

¿QUÉ LE FALTA A LOS YANKEES?

Por Andrés Pascual

Ya no son aquel club que cualquier niño tuvo como la meta suprema en sus sueños por jugar pelota en cualquier parte del mundo.
Hasta hoy, ser yanquista ha sido pertenecer a una congregación de obligado respeto y permanente veneración.
Desde 1921, el club se erigió en la más formidable academia fanática del beisbol mundial: “como Babe, como Dimaggio, como Mantle, como Rizzuto…” esos nombres eran la referencia inevitable a la hora de enumerar las razones por las que existía la palabra “ganar”.
El fanático de antes (tampoco el de hoy, pero sin garantías) no se conformaba con el segundo lugar: para los ex Bombarderos nunca fue aceptable perder la Serie Mundial, porque no los consolaba el segundo lugar.
Los inquilinos del Bronx se imponían, porque avasallaban a la oposición con el juego más inteligente y seguro que jamás se ha vuelto a repetir, porque nunca perdían la confianza en sí mismos y eso, cuando se combina con “determinación”, significa “imbatibilidad”.
A finales-principio de los 30´s jugó un club superior a los Yankees en todo, hecho con paciencia milimétrica por su dueño: los Elefantes Blancos de Connie Mack o Atléticos de Filadelfia, sin embargo, solo pudieron disfrutarse 3 temporadas a todo tren de la novena, porque Mack, apremiado por razones económicas, tuvo que vender a sus principales columnas como Lefty Grove, Jimmie Foxx o Mickey Cochrane.
Ante este lamentable acontecimiento por exigencias de mercado, se puede decir que hasta la suerte estuvo de parte de los Yankees, porque, ¿Qué hubiera sucedido si Connie Mack no desintegra al Filadelfia? ¿La historia de los 30´s y una parte de los 40´s en la Liga Americana hubiera sido como fue? Yo tengo dudas.
Acaban de perder por barrida la Serie de Liga del Joven Circuito, los masacró el Detroit, porque son un club superior a los ex Mulos en todo, incluso en la dirección en el terreno y ni hablar de las oficinas.
Verdad que se lesionó Dereck Jeter, sin embargo, no creo que hubiera sido suficiente su presencia para imponerse.
Hay un problema, el fanático de los Yankees no quiere abrir los ojos a la realidad de que este club es otro más con posibilidades, pero no el favorito a la cañona, hace rato que la familia Steinbrenner viene conspirando contra la supremacía absoluta del equipo, por lo que parece que le falta poco para cruzar el estambre después del ganador permanentemente. En esta carrera entraron segundos del club del barrio de la Motown.
Tan desacreditados están que, de ser el objetivo supremo del pelotero de cualquier latitud, se han convertido en una organización apestada, que la rechazan muchísimos jugadores de gran nivel y hasta cláusulas establecen para impedir su traslado hacia el equipo.
No quieren ayudarlos a ganar cuando están en plena forma y evitan enfundarse en la franela gloriosa, sin embargo, a sabiendas de que tienen un gerente pésimo, consentido de una familia-dueño también pésima para manejar la franquicia como debe ser desde hace 41 temporadas, esos jugadores se ponen a la disposición del club cuando ya no valen un centavo como atletas, para robarles el dinero con contratos que son una vergüenza por lo exagerados e improductivos.
El principal problema que tienen los Yankees son sus propietarios, el gerente general, el público de la ciudad y la media encargada de agitar a ese fanático, capaces de destruir a un pelotero, a un manager o a “Juan Bimba” sin contemplaciones, de las mil y una forma que conocen.
Y eso no se puede arreglar, porque la falta de oportunidad ante situaciones que lo ameritan de Alex Rodríguez, también es responsabilidad de la gerencia, que lo trajeron al equipo con un contrato que nunca debió ser por lo extravagante: al dominicano o a cualquiera que jugara para los Yankees por ese dinero se le iba a convertir en un infierno el terreno en esta era de expansión, de Sindicato, de beisbol convertido en stage de farándula y de historias de brujas como la de los esteroides.
La caída del Imperio del Bronx comenzó hace más de 5 años, ahora es que empiezan a abrirse a la realidad los interesados.

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¿Acaso van a botar a Cashman y poner al club en venta?