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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

EL AGUA CORRIÓ PA’BAJO, COMO TIENE QUE SER…

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Por Andrés Pascual

Por influencias que nadie entiende, la crónica beisbolera de Estados Unidos y la de Latinoamérica se han empeñado en edulcorar la realidad de la fortaleza del beisbol, por lo que es común leer u oír que Japón, Corea… son superpotencias del juego. Para incidir en la barbaridad como justificación, los orientales ganaron dos Clásicos, con lo que le dieron la razón a quienes los expusieron a consideraciones sacrílegas.
Por otro lado Cuba, que le tejieron una aureola de grandiosidad que parecía que corría 1957, 60… en el caso del beisbol castrista, era muy frecuente leer que se encontraba en el # 1 del ranking de la IBAF.
Por escribir algo, porque se remunere, porque se oriente contribuir a como de lugar a la construcción de lo competitivo de un fraude como el Clásico, no pueden hipotecarse ni la moral del cronista ni la credibilidad, semejantes opiniones, desde el 2006, son ridiculeces de primera categoría.
En el Oriente “se juega una especie de pelotica por peloteritos” comparado con el área caribeña y con USA, sus campeonatos son rellenados con importados-descartes del BEISBOL ORGANIZADO que juegan en plano de estrellas cuando por aquí no puede hacerlo en clase A.
La promoción a la cañona del equipo de los Castro no tuvo comparación: “el poderoso, el fortísimo…” desmostrando un desconocimiento absoluto de la realidad de un país que ya no es ni la sombra de lo que fue en el juego.
Ni la retahila de derrotas de los últimos 7 años, con 6 consecutivas contra Holanda, les abrió las entendederas y prefirieron persistir en ridiculeces fuera de tono y forma. En el caso de la ex Isla bella ya no cabe ni lo de tradición, que se ha visto pisoteada por otros intereses aplicados al deporte en perjuicio del beisbol.
Los europeos y Australia son una desverguenza general: equipos confeccionados con atletas cuyos ancestros pudieran estar en aquellos países, pero sin obligación, incluso manipularon a España tan fraudulentamente que la llenaron de peloteros negros de Cuba y, hasta donde yo sé, el origen del negro no es latino, sino africano, que no por gusto en este país le anteponen la raíz afró al gentilicio “afro-americano”.
Todo esto coloca en hazmerreir las expresiones de “no es lo mismo jugar por su patria o defender su bandera…” dichas por la prensa o por algunos jugadores, cuando de “postizos”, que ni habían visto al país que representaron, se trataba.
Es, sin duda, parte del plan maquiavélico de Bud Selig y las Federaciones para seguir “cogiendo billetes”. Estos elementos acaban de dar el parte del éxito en asistencia del evento, solo porque los boricuas y los dominicanos de Miami y sus alrededores colmaron el Marlins Park como apoyo a sus clubes, dándole continuidad al ya histórico enfrentamiento entre ambos países.
Pero este año el agua siguió su curso histórico y natural con dos países del Caribe discutiendo el campeonato…
Beisbol, en estos tiempos, es Venezuela, Dominicana (en la foto celebra el triunfo en el juego final ante Borinquen), Puerto Rico y USA, antes también, pero con Cuba, y México rezagado de la vanguardia por la pugna de intereses entre la Federación y la Liga Mexicana.
A simple vista, salta la clase sin necesidad de husmear tanto: las Grandes Ligas son estos países. El Asia, como el mulo de la campana en el arria, detrás…
Si algo dejó claro el Clásico es que, aún sin la fuerza tradicional, real e histórica de EUA, o sin la preparación adecuada todos, incluso con dificultades para adaptarse a series cortas, como Venezuela, el nivel de juego, la clase individual y colectiva y la docencia académica está en estos cuatro países más México.
Que dos de ellos dirimieran la final no es un logro, sino la confirmación de todo lo que dije.

A PROPÓSITO DE UN ANIVERSARIO: “¡SECADES , SI LO VES AHORA!”

Por Andrés Pascual

El pasado 27 de diciembre se celebró el 134 aniversario del primer juego de pelota oficial en Cuba (Liga General de Baseball, que duró hasta 1900, en el Estadio Palmar de Junco de la ciudad de Matanzas), referente como precursora de la poderosa y “asesinada” Liga Cubana de Beisbol Profesional de Invierno, su nombre verdadero, o “el Champion”, popularmente hablando.

En 1959, con motivo de celebrarse el 82 aniversario del juego que mencioné, por mucho el más “viejo” del área caribeña y solo detrás de los Estados Unidos en antigüedad, el Maestro de Maestros del diarismo deportivo cubano, Eladio Secades, redactó un material casi luctuoso para la sección deportiva de Bohemia, de la que era editor-jefe, por el estado punto menos que deplorable y crítico como veía el juego en Cuba, de acuerdo a la baja asistencia a los estadios y la pérdida de la pasión fanática “estilo antiguo”.

EL 1er Campeonato de Beisbol Cubano en 1878 lo jugaron los clubes Habana, Almendares y Matanzas; al año siguiente, Colón, Habana, Almendares y Progreso serían los encargados de la acción sobre el terreno.

En 1881 aparece el club Fe, al decir de Secades, “solitario, romántico y de gallardete amarillo”.

El Fe se convirtió en la zona neutra del champion, especie de palco preferencial para quienes rechazaban envolverse en la pugna entre escarlata y añil, que se resistían a ser arrastrados por una marea que, desde aquel momento, consumió toda la pasión y el proselitismo en el beisbol nacional, alterándolo todo, absorbiéndolo todo.

El Fe, según Secades, “significó la inconformidad, el aislamiento, la misantropía…, especie de equivalente a una secta aislada, exclusiva y casi misteriosa”.

En Cuba la gente era educada en la creencia de que el beisbol existía para que los habanistas rabiaran con los triunfos del Almendares o al revés, por lo que, cuando aparecía un héroe con el valor suficiente para proclamarse devoto del Fe, posiblemente despertara más sorpresa que descubrir al primer extraterrestre en el Parque Central habanero.

Según datos de la época, la primera gran alteración del orden recordada en los anales del beisbol cubano fue una victoria 8-7 de los Anacoretas del Fe sobre los Rojos del Habana.

El Habana protestó el resultado y el panel de árbitros escogido por la liga se declaró incompetente, por lo que el juego se anuló, evitando tal decisión que el Fe lograra su primera victoria.

El club perjudicado, a tenor con los años románticos de la sociedad, abandonó el campeonato por semejante ofensa.

Al año siguiente no apareció la enseña amarilla, que reapareció el próximo sin recursos, pero con dignidad suficiente como para lograr un raro éxito de campeón con 2 ganados y uno perdido.

El desarrollo de la preferencia del beisbol contó siempre con la sólida base de la compertencia entre Habana y Almendares.

En 1901, con evidente matiz patriótico, inicia su historia la Liga Cubana, organizando un campeonato con Habana, Almendares, Cubano, San Francisco y Fe.

Ese año comenzó una nueva etapa para el juego, más próspera, más sólida y con el fanatismo más preparado y entendido hacia el beisbol.

La rivalidad entre habanistas y almendaristas tuvo ciclos de locura incontrolable y de dramatismo de novela: balcones adornados en toda Cuba con el color predilecto en el terreno, el Almendares Park asaltado por verdaderas mareas rojas o azules según la ocasión ganadora o la locura inenarrable del público ante los jonrones de Dick Sisler y de Saguita Hernández.

El campeonato 1946-47 fue apoteósico por la rivalidad que alcanzó la serie extra con la yunta Agapito-Lanier como vencedora por el Almendares contra el Habana, que hizo a comentar por radio a René Molina que “quizás en 100 años todavía se recuerde”, el pasado febrero cumplió 66.

En aquel material de 1959, Secades hacía votos por la salud del pasatiempo porque, evidente en aquel momento, “a veces juegan los punteros y ni 2,000 asistentes ocupan las tribunas…”

Lo que nunca imaginó el inmortal diarista fue que esa propia instalación de la barriada del Cerro quedaría únicamente como la referencia de la gloria pasada, previa a 1962.

Hoy se puede decir que, por efectos de la influencia política de la horda, por sus intereses nada patrióticos, el beisbol está muerto en Cuba, pendiente y a la espera de la declaración de cadáver.

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Dick Sisler y Miguel Angel Gonzalez

EL ASCENSO A GRANDES LIGAS SE LO GANÓ EDWIN RODRÍGUEZ

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Por Andrés Pascual

Ya está en la sección escondida en que colocan los cronistas poco críticos a quienes, a veces, son los responsables máximos de una victoria en el beisbol: los managers.

Para hacerlos tierra sobran, para decir que puede ser lo mejor de un club con una faena fabulosa en un torneo, escasean… Para recibir ese reconocimiento están los jugadores.

El manager o es perdedor o ganador con mucha ayuda, lo “lógico” para la tribuna es que “lo hace un club”, por lo que nadie se arriesga a decir que en la historia han existido equipos que no hubieran podido sin el timonel que los guió.

Puerto Rico eliminó a USA porque los dirigió Edwin Rodríguez, van a estar con mucha posibilidades de ganar el CMB, porque fue este señor quien los condujo hasta donde están.

Edwin no es hablador ni gritón ni pertenece al grupo de managers o ex que han ganado notoriedad al ofrecer horas y horas de ridículos y aburridos manuales de ciencia del juego por radio o por televisión.

Tiene lo que debe sobrarle a un manager para hacerse confiable en la posibilidad de que sea exitoso: la intuición, porque se pueden conocer todas las reglas desde que se escribió la primera, se puede ser tan guapo e inspirar temor en lo personal con solo salir de la cueva, pero, si no se calcula lo que sucederá por influencia de esa extraña sensación de vidente que no posee todo el que mande el juego, no se pueden hacer grandes cosas.

Muchos managers no han sido intuitivos y han ganado porque los equipos han sido máquinas, algunos están en Cooperstown, sin embargo, uno de los tres mejores de Latinoamérica hoy, que debería estar entre los diez primeros en Grandes Ligas, pese a haber registrado una faena sensacional con su club en el Clásico, no tiene trabajo en las Mayores.

Edwin es el único que se ha ganado una oportunidad de promoción a las Mayores, más y mejor argumentada que cualquiera de los jugadores que se han visto en el llamado Clásico Mundial. ¿Se la darán los Padrecitos del Beisbol Organizado?, ¡Quién lo sabe! Por lo general, esa gente ahorra el dinero para pagar a jugadores que se justifican el 30 % o menos de las veces que se invierte sobre ellos.

No me sorprendió lo que logró Puerto Rico, porque estaba seguro de lo que podría el manager si le ponían en las manos un club batallador, de juego caliente y agresivo.

El año pasado, cuando nombraron a Edwin Rodríguez manager del equipo boricua, por “INTUICIÓN”, escribí esto:

http://beisbol007.blogspot.com/2012/10/el-mejor-manager-lo-tendra-puerto-rico.html

¡CUMPLIERON CON FIDEL, CON RAÚL Y CON LA ROBOLUCIÓN!

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Por Andrés Pascual

¿Por qué Holanda eliminó al equipito de la tiranía en el mal llamado Clásico de Beisbol? En primer lugar, ese equipo que les ha ganado ¡6 veces consecutivas! a las huestes del Asesino de Birán, es mejor que el representante de la crápula dueña tanto del país como de la propia novenita.

Holanda jugó con medio equipo por algunos regulares lesionados y lo mejor del pitcheo fuera de la rotación; así que, para darle un respiro a Yunietski Gourriell por el error en tercera y por un toque de bola tan mal ejecutado como descabellado por parte de Víctor Mesa, empecemos por ahí: HOLANDA ES MEJOR QUE EL EQUIPO DE CASTRO, porque varios de sus jugadores “no son promesas, sino big-leaguers”, lo que todo el mundo debería considerar.

En realidad, los antillanos tienen un solo jugador promisorio en el inicialista Abreu y promisorio no significa “que puedan firmarlo”, sino que lo conviertan en regular y que brille lo suficiente como para considerarlo estrella, los demás podrían jugar aquí, pero no tienen el material que los destaque y señale como, por ejemplo, a Céspedes o a Kendri en posición. Ni, mucho menos, el pitcheo enseñó otro Chapman en el staff.

Ese departamento está conformado por lanzadores como Maya, que no ha podido quedarse ni 45 días durante la ampliación del róster en septiembre con los Nacionales de Washington.

Según algunos narradores de ESPN Deportes, “fue una sorpresa la derrota cubana”, lo que quiere decir que no se prepararon para comentar sobre ese “contingente”, porque nadie que los siga, que conozca que hace 7 años que no ganan ni a las chapas con 6 derrotas seguidas contra Holanda, podía arriesgarse a semejante ridículo.

Cuba no existe como institución, como país, sino como un lote de terreno baldío, propiedad de una tiranía familiar que, lo que ha hecho para destruirlo todo, entre esto la pelota, le ha parecido poco en 54 años.

La temprana eliminación en Japón pudiera concretar lo que hace más de 40 años buscan: erradicar totalmente un juego que, hoy, por la entrada de los profesionales a la competencia, por sus derrotas rutinarias, únicamente produce un peligroso bochorno nacional e internacional, ya que, por lo mismo, tampoco pueden usarlo en la función en que lo mantuvieron en el período 1962-2000, es decir, como arma de penetración ideológica.

Para que no queden dudas del interés de la tiranía a estas alturas, posiblemente en ningún personaje de los dueños de Cepeda, Gourriell… haya impactado negativamente la derrota contra Holanda, eso queda para la porción de pueblo que todavía sigue ese deporte con frustración y decepción.

Si se analiza que el esbirro en función de vice que abanderó a la delegación no los alentó hacia la victoria, sino a que “regresen completo, sin traiciones”, pues hay que entender que esa novena perdedora en el terreno desde hace 7 años, ganó en el “corazón de Fidel, de Raúl y del Partido”, cualquier otra objeción creo que sobre.

Sin embargo, ¿Puede catalogarse la actitud de esos jugadores como digna, cuando reciben ese tipo de arenga que propone algo sucio para el deporte más allá de la derrota en Japón y le dan cumplimiento a la consigna regresando todos “sanos y a salvo del pulpo imperialista”

ESE TORNEÍTO NO TIENE FECHA PARA QUE BRILLE

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Por Andrés Pascual

Hoy leí una verdadera falta de respeto de un cronista hispano al beisbol y al significado de la palabra clásico, que, aplicando las normas de la Academia, quiere decir modelo por su belleza, por su importancia y por su trascendencia.

El caso es que el hombre se arriesgó al ridículo al considerar “un clásico” el juego México y Estados Unidos en el evento que han llamado así para robarle el dinero al poco público que lo sigue sin contemplaciones.

Desde que nació la idea, que solo sirve para que los presidentes de federaciones más Bud Selig se ganen “algún dinerito extra”, se sabía que, por razones obvias, ninguna fecha era buena para considerar óptima la forma atlética de los bigleaguers.

Ahora no están en condiciones; en medio de la temporada no hay forma posible de convencer, ni a los dueños ni al público americano, de que se detenga el calendario, por algo más de 15 días, para contentar a los directivos que se benefician y, después de la Serie Mundial, porque las cómodas camas de los caros hoteles de resorts en la Riviera o en la Costa Azul, que esperan a sus inquilinos millonarios del pasatiempo americano, no van a permanecer vacías porque la patriotería reclame la continuación del esfuerzo que ya agotó todo lo que vale para esa fecha.

Entonces, ¿Cuándo? realmente nunca, porque, como que esto no funciona igual que la FIFA, que dirige el fútbol de todos los países y controla el tiempo que quiera y cuando quiera con los jugadores en plenitud de forma; pues no hay espacio en el año en que pueda desarrollarse esta seriecita de serpentineros abridores de 65 lanzamientos o un poco más, a medida que ascienden, si lo logran.

Ese evento sirve para que, subrepticia o abiertamente, los enemigos de Estados Unidos se banqueteen con expresiones como “el clásico México-USA”, y, por lo que se sabe, los yankees caigan por efecto de la mala forma deportiva de sus peloteros ante el vecino del Sur u otro cualquiera.

Para nada positivo al deporte es útil, porque, como promotor mundial del beisbol, es un soberano fraude, una vez que las novenas, digamos que de Europa, juegan con plantillas repletas o casi del continente americano, así que…

Creer que el campeonato puede ser un éxito porque “los americanos lleguen lejos” es una soberana metedura de pata conceptual, a fin de cuentas, el americano no se parece en nada al dominicano o al boricua y en nada es en nada. Eso promete que, cada año, menos figuras estadounidenses se comprometan a participar, a fin de cuentas, los peloteros también son americanos.

Para el Clásico Mundial de Béisbol, reflejo del virulento antiamericanismo internacional, incluso del odio regional entre quienes se hacen llamar hermanos, la única fecha posible es suspenderlo para siempre.

De interés capital, el dinero que les pagan a los jugadores de Grandes Ligas es un freno enorme a la participación de peloteros como Justin Verlander o Félix Hernández, que expusieron la posibilidad real de una lesión.

Si un jugador de ese nivel asiste a uno de estos mal llamados clásicos y se lesiona, nadie saldría con el dinero que haría falta para cubrir la pérdida de su carrera, eso, que nadie lo dude.

FALLECIÓ UN LEÓN DE LOS AZUCAREROS DE LA HABANA

 

Por Andrés Pascual

Acaba de fallecer en Venezuela uno de los jugadores más “joseadores”, como se les llamaba en Cuba a quienes representaban el coraje, el entusiasmo contagioso y la invitación constante a ganar a sus compañeros, que vistieran la franela tricolor de los Cubans Sugar Kings.

El caso es que Pompeyo “YO-YO” Davalillo se despidió de este mundo por un fallo cardíaco producto de complicaciones renales a los 84.

Caso parecido al de algunos peloteros cubanos de posición de estos tiempos (Ramírez y Céspedes, que no vieron acción en las ligas menores), al venezolano lo firmaron como amateur agente libre y, sin completar su primer año como profesional, debutó a los 25 con los Senadores de Washington en 1953 desde el Charlotte clase A de la Tri State League, para los que bateó .309 en 455 veces al bate como campo corto durante 105 juegos. Con el club de Griffith solo actuó en 19 partidos y 58 comparecencias al home plate.

En 1954 no vio acción en el Besibol Organizado, pero en 1955 apareció en 147 encuentros en su primera temporada con los Cubans y batea .278, mayormente como segunda base, porque el club de Bobby Maduro tenía en el short stop a Johnny Lipon, con experiencia de Grandes Ligas.

En los Cañeros de 1955 jugó al lado de sus compatriotas Julián Ladera, Emilio Cueche, Camaleón García y Carrao Bracho.

Sin embargo, en 1956 fue readquirido por el Washington, que le enviaron a la Asociación Americana con el Louisville, para los que actuó durante 79 juegos en tercera y en segunda base.

A mediados de la campaña de 1956, los Filis de Filadelfia se hicieron del contrato del valioso infielder y lo enviaron a los Marlins de Miami como utility de segunda y campo-corto en menos de 40 juegos.

En 1957 regresó a los Cubans para quedarse durante todo el tiempo hasta que la franquicia le fue retirada a La Habana (julio de 1960), campaña que terminó con los Jerseys de New Jersey, donde fue reasentada. El año siguiente, 1961, también jugó con este club.

Con los Cubans de 1957 ocupó la antesala, porque el shortstop le pertencía a su compatriota y prometedor novato del Cincinnatti Elio “Pelayito” Chacón.

Las temporadas de 1962 y 1963 jugó en la Liga Mexicana con los Tigres y en 1964 como manager-jugador del Salamanca de la Liga Central. Ya tenía 36 años.

En 1976 y 1977 regresó a la Mexicana como manager del Aguascalientes y en 1978 dirigió al Coahuila.

Se ausentó del circuito azteca hasta 1997, en que volvió para dirigir al Tabasco esa y la siguiente temporada, concluyendo su paso por esa liga con el Unión Laguna en 1999.

El pimentoso infielder, una leyenda del beisbol caribeño, tuvo una destacada actuación en el beisbol de su país, pero se ha visto opacado porque era hermano de uno de los mejores peloteros hispanos en Grandes Ligas de todos los tiempos: Vic, que también jugó con los Cubans como pitcher de menos de 19 años en 1960 y en Grandes Ligas como outfielder y bateador de prestigio y efectividad.

De 5’3 de estatura y 140 libras de peso, Davalillo fue un antesalista de pie en tierra, capaz de parar con el pecho los bombazos que disparaban los mastodontes americanos del circuito internacional, en una época que no era frecuente que los latinos rebasaran los 6’ pies.

Que descanse en paz uno de los peloteros que contribuyó a hacer la leyenda del beisbol cubano defendiendo los colores de los Cubans Sugar Kings.

Davalillo en el centro

Davalillo en el centro

 

DOS CORTAS DE “PAPA MONTERO”

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Por Andrés Pascual

“El Barbero” Sal Maglie no tenía peluquería, se afeitaba poco porque “la barba de 3 ó 4 días infundía miedo en los bateadores”, bueno, la barba solo no, pero pegarles la bola a nivel de barbilla, son otros cinco pesos.

Maglie pasó por el firmamento de las Grandes Ligas como otros de los buenos pitchers que no se andaban con rodeos para “cerrar” a los bateadores, es decir, pitchearles adentro.

Pero, ¿Cómo “aprendió” el derecho, que también actuó en el champion, a lanzar pegado? Ni más ni menos que durante su estadía con los Gigantes mientras Adolfo Luque trabajó como pitching-coach para la Organización.

Lanzar adentro, a la altura de la barbilla, es un riesgo que se corre si el control es casi milimétrico, de lo contrario, ni pensarlo es recomendable.

El mejor pitcher cubano de la historia, digno de Cooperstown y víctima de quién sabe quiénes ni por qué, no solo fue el mejor pitcher hispano de una etapa en la que decir Grandes Ligas era una realidad (hasta mediados de los 80’s), que acepta como competencia entre derechos a Camilo Pascual, a Tiant, a Pedro y a Marichal, sino el primero que empleó el pitcheo cerrado o adentro con intención de imponer su dominio.

Luque, que dominó varios lanzamientos perfectamente, entre estos la curva, el knucleball, el slider y el palmball (se lo enseñó a Cocaína García, que lo convirtió en su famoso “lanzamiento brujo”), que lanzaba por encima del brazo y a tres cuartos según la ocasión y el bateador en turno, sin embargo, nunca tuvo la velocidad que pone en vilo a la clientela: por su capacidad superlativa en el balk, por su inteligencia, por su control y por su coraje puesto a prueba mil veces en las Mayores y en Cuba, no la necesitó.

VENEZUELA PUDIERA CONVENCER A FÉLIX PARA QUE ASISTA…

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Por Andrés Pascual

El contrato que logró Félix Hernández con Seattle “no lo brinca un chivo”, entonces el pitcher decidió responder al dinero antes que al “reclamo místico patriotero”.

Sin embargo, los “agitadores” de compromisos que, por lo general, no les gusta mezclar “lo político con el deporte” (Edwin Zerpa) y patria, de acuerdo a como lo usan para maltratar esa esencia sublime lo es, pudieran asegurar al lanzador para futuras competencias fraudulentas sin clase profesional de grupo, tal el clásico, para lo que solo tendrían que indemnizar al Seattle por la inversión hecha en el jugador, que debe ser bastante, porque ese pitcher no se hizo por sí mismo ni por consejos de Nicolás Maduro (si Castro no le da pasaporte a un médico porque “lo hizo la dictadura” y un solo pelotero de Triple A es una inversión superior a todos los galenos era castrista posiblemente, figúrese) y, de segunda mano, extenderle un contrato sustituto por diez campañas y 250-300 millones, que supondría sacarlo del Beisbol Organizado.

Todos los jugadores del Caribe pudieran ser empleados por sus países como obreros de esa extraña patria si hacen lo mismo, además, de una vez acabarían con el “odiado Norte” a través del beisbol, eso sí, más nunca acceso a nada que tenga que ver con las Grandes Ligas: ni topes ni entrenamientos, incluso, como hacían los castristas (hoy no, que se están integrando) ni bates ni pelotas ni tela para uniformes ni seguro médico ni de vida ni preocupación por las lesiones de los atletas ni luces en los estadios ni… ¿Podrían? ¿Por qué las federaciones no le proponen estas medidas para defender la patria de la agresión imperialista a sus gobiernos y a sus jugadores del Beisbol Organizado? ¿Cuándo se van a decidir en vez de hablar tanta basura?

Jim Palmer dijo que nunca hubiera jugado en el “mal llamado Clásico” (¡Qué bella construcción, la aprendí leyendo al Granma y a Marino Martínez en el Nuevo Herald, pero referida a la Serie Mundial de Grandes Ligas!) el HOF agregó que reconocía el empeño, pero que no hubiera sacrificado el entrenamiento por “esa gracia”. A Estados Unidos, donde predomina el billete, no se le puede incluir en la agenda propuesta, sobre todo, porque el presidente Obama no está muy interesado en asuntos patrioteros ni patrióticos, es decir, punto de partida.

En el único lugar que se toma en serio el Clásico es en la Cuba castrista, porque esa es su competencia, a la que llegan en juego y, si no llegaran, igual tenían que asistir, porque la tiranía hizo lo correcto para que sus jugadores la representen: rompió con todo lo relativo al Beisbol Organizado y, aunque el contrato fue por la eternidad sin dinero, premia a sus jugadores con el cariño y el respeto de todo un pueblo, encabezado por su MÁXIMO LÍDER y su robolución como bastiones de la dignidad insobornable del “hombre nuevo”.

Los manipuladores de los sentimientos y de la opinión pública en países de clásicos y ese tipo de basura, que no reconocen que dos jugadores mexicanos se ganaron lesiones por asistir, deberían apoyar las gestiones de los partidos liberales a ver si se llevan “el gato al agua” y, como dijo Chávez que hace el barco cubano, ponerse a navegar por esos mismos “mares de felicidad”.

Después, que preparen un par de palabritas para ofender a los que se vayan nadando hacia la cueva del monstruo, como hacen con Kendri Morales o el Duque Hernández, cuando la barca de Caronte comience a hacer agua.

Todo está en el ensayo… creo que es muy hipócrita sentir una condición política elemental y no hablar claro o, mejor, ni intentar ponerla en juego, ¿Cuándo van a decidirse a salir del closet?

¡QUÉ VIVA LA VINO TINTO! PERO, CUIDADO, PUEDE EMBORRACHAR

Por Andrés Pascual

El pitcher venezolano Henderson Álvarez “desobedeció” a los Marlins y participará en el dicen que Clásico por su país, lo publicó el Nuevo Herald; sin embargo, los clubes de Grandes Ligas no tienen autoridad para prohibirle a miembros de sus rósters que jueguen en ese peligroso torneo, por lo que no debería decirse desobedeció, sino “desoyó una petición”.

Álvarez llegó al club de Loria en el cambio con Toronto y algunos dicen que es “un prospectazo”, gente del Nuevo Herald, por eso no creo ni que su apellido incluya la “z”: cuando me lo digan o lo lea de quienes saben para proponerlo como tal, o hasta que no lo haga yo mismo, perdón, pero… NO.

Justin Verlander declinó participar, porque: “no voy a estar en forma”, que significa: “me matan a palos y me desprestigian los que no podrían darme un foul en condiciones normales”, malo; o, peor: “puedo lesionarme y, después ¿Quién paga para vivir como vivo?”

El problema del patriotismo se ha viciado tanto que atenta contra el buen juicio: Álvarez no es un miembro fijo del staff surfloridano hasta que no demuestre en el spring training que puede sacar outs, los que manipulan los conceptos patria y libertad en Venezuela no le pagan ni podrían, si de verdad es una buena pieza como recluta y desarrolla, lo que pediría mañana.

Sin embargo, lo que pudiera buscarse es una lesioncita que le costara el puesto de trabajo por ¿Patriotismo? No, por patriotería, que se parece pero no es igual.

En Cuba existe, hasta ahora, un solo nivel de pelota y todo el mundo responde a la convocatoria al equipo de la tiranía ¿Son patriotas? No, esclavos, cumplidores de órdenes con el pretexto de rendirle culto a la patria cuando, en realidad, responden gratuitamente a intereses político-ideológicos.

Félix Hernández, de quien se rumoró que pudiera tener dolores en el codo (tira 5 lanzamientos, es normal), logró 175 millones por 7 años de los Marineros de Seattle, como Verlander y muchos otros estrellas de Grandes Ligas, optó por declinar la invitación a jugar en el pésimo experimento de Bud Selig.

Casi todos los jugadores cubanos que actúan en el Beisbol Organizado quisieran jugar con el equipo de la tiranía, pero no los deja el aparato que controla los sentimientos patrióticos “del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”.

¿Cómo se puede definir a un americano o a un venezolano que, por su carrera, porque sabe que juega con fuego al poner en riesgo su futuro si asiste a un evento que no sirve ni para comprar una caja de cigarros, que tampoco pone en alto el nombre de nadie como no sea el de la tiranía castrista si ganan, que desista por propia voluntad de participar? ¿Traidor, antipatriota? Bien ¿Cómo a Céspedes, que quiere estar y los dueños de su patria (porque hay países en que la patria es propiedad privada, como Cuba y Venezuela) no se lo permiten?

Tal vez en Venezuela el sentimiento generalizado y vicioso de patriotismo ha dejado detrás el mínimo detalle que reinstale el sentido común, a fin de cuentas, el germen chavista no se diferencia en nada del castrismo, porque son los Castro los dueños de ambos.

Una cosa debe tener presente Henderson Álvarez: ese tipo de reacciones contra la mano que le da de comer tanto y tan buen alimento, no las puede convertir en rutina de clubhouse y dugout.

Todavía hay otra: si tuviera algún contratiempo con el brazo, ¿De dónde saldría el pagador de la patriotería con cheques iguales para satisfacer sus gustos y necesidades? Cosas como estas son las que ponen a Hispanoamérica a la zaga de un mundo cada día más claro en sus intenciones materiales, además, si de verdad el pitcher quiere “hacer patria”, que se sume como voz de importancia a los movimientos que tratan de liberar a su país del yugo que le bloquea el instinto patriótico a los jugadores cubanos “traidores”.

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Henderson Álvarez

¿A QUIÉN SE LE DEBE AGRADECER POR EL DERRUMBE DEL MURO RACIAL?

Por Andrés Pascual

De tanto oír y leerlo casi me lo creo: “A Jackie Robinson hay que estarle eternamente agradecido porque rompió la barrera racial…”, sin embargo, nunca he visto que se acuse a una pistola porque “derrumbó” a una víctima, sino al que disparó, el arma nunca es culpable… ni a la piedra que rompa una ventana, sino al que la lanzó.

Si Robinson, buen pelotero, excelente persona y mejor patriota, no hubiera contado con el Brooklin y con Branch Rickey detrás para que se lo dispararan al muro, ¿Hubiera podido hacerlo? Quiero una sola respuesta positiva, pero convincente.

El muro lo rompieron Rickey y los Dodgers y Jackie fue el elemento que emplearon.

Tal vez su importancia es por todo lo que representó para los negros y los latinos de igual raza, pero no definitorio de lo que tengo sobre el tapete: ¿Quién derrumbó la barrera racial? Por supuesto, no fue el ex alumno de UCLA.

Se toma en cuenta que soportó ofensas del público sin responderlas, lo que contribuyó a consolidar el éxito experimental, sin embargo, sobre el terreno jugó duro, como cualquier big-leaguer: deslizamientos fuertes, pivot pegado a la cabeza de los que se deslizaban y protestas violentas y casi fuera de control. Eso abrió las “entendederas” de los jugadores contrarios porque, si bien tenía mesura con el fanático, se hacía respetar en el campo de batalla en pie de guerra.

Todos los jugadores negros que han actuado en el Beisbol Organizado desde 1947 se lo deben agradecer a Branch Rickey y a los Dodgers, sin embargo, para crear un ícono de minorías, se escogió a Jackie Robinson que, con tal euforia y decisión, es un intocable e incuestionable por ambos partidos, aunque, a fondo, la justicia sea relativa.

El número 42, retirado de todos los cubes, bien que debería tener como equilibrio el nombre de Rickey para todos los estadios de Grandes Ligas, porque, aunque se hacía parcialmente necesaria la presencia negra en el beisbol, sin el riesgo que tomó el Gran Innovador, que arrastró a los Dodgers en el intento, no se hubiera producido, por lo menos en 1947, la victoria sobre el Pacto de Caballeros.

Y, que nunca se menciona, los ataques a la Organización del Brooklin por tener a un pelotero de raza negra en el róster, fueron tantos como los que tuvo que aceptar el jugador. Otro detalle que tampoco se menciona: la población negra fue más cruel con el intermedista que los propios blancos, porque era “su gente”, que tampoco aceptaban que “ese negro se convirtiera en otro Tío Tom”, ¿Qué cuesta decir las cosas como se supone que fueron? Aparentemente mucho, entre influencias e intereses, el caso Robinson, como el de Clemente, se le fue de las manos a lo deportivo y trasciende más por lo político. Quizás todo eso se llame dinero a ambos lados del color, incluso de la política bipartidista.

Pero los blancos hispanos no tienen nada que agradecerle a Robinson, estaban ahí mucho antes que Jackie debutara en 1945 con el Montreal: mucho menos a Clemente, incluso ni a Miñoso. Por eso es irreal y poco objetivo escucharle al cubano Octavio Rojas que “todos tenemos que agradecerle a Roberto lo que fuimos” ¿Sí? ¿Por qué?

En lo individual, nos podemos remontar a Esteban Bellán y al colombiano Luis Castro, pero, como en todo, el mérito es de los clubes que los contrataron.

Con respecto a los latinos blancos, el papel de Rickey lo desempeñó el Viejo Zorro Clark Griffith (en la foto, de izq a derecha, el embajador cubano en Washington, Roberto Estalella, Joe Cambria y Griffith) cuando firmó a los cubanos Rafael Almeida y Armando Marsans siendo manager del Cincinnatti.

Después, en igual función con los Senadores de Washington, a los que adquirió, porque le gustó el juego caliente y agresivo de los antillanos, su pasión y su clase competitiva, continuó firmando a jugadores de la Mayor de las Antillas.

Otros clubes también firmaron a peloteros cubanos como los Cardenales, los Yankees, Boston, ambos, Cubs… hasta que, a principios de los 30´s, el mexicano Melo Almada llegó a las Grandes Ligas, como a finales de esa década el venezolano Alejandro Carrasquel. Incluso el pitcher boricua Hiram Bithorn y el azteca Jesse Flores, entraron a las Mayores cinco años antes que Jackie Robinson y 13 antes que Clemente.

A Almeida y a Marsans se les debe venerar como los jugadores que le abrieron las puertas del Beisbol Organizado a los “hispanos”. Por circunstancias que nadie dice, pero se suponen (la constante alusión a Clemente refleja la baja pasión) evitar hacerlo es una profanación absoluta conducida por los medios americanos con reflejo en los hispanos.

A Clark Griffith deberían hacerle una estatua en todos los países latinos que juegan beisbol, porque, cuando “se la jugó con los cubanos”, estaban esperando turno los demás jugadores de otros países, que también llegaron primero que Robinson y que Clemente.

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Estalella, cónsul cubano, Cambria, Griffith

Los Bigleaguers Renuentes A Irse

Juan Vené en la pelota

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CORAL GABLES, Florida (VIP WIRE).-

“Las plantas venenosas sí se pueden comer… pero una sola vez”…Pacomio.-

Arizona y Florida cambian sus fisonomías. Arrancan los entrenamientos. Época cuando se descubren bigleaguers obligados a retirarse, aún cuando se resistan.

En estos dos Estados hay unas siete semanas de fiesta cada año, llamadas spring traing. Es cuando los jovencitos, invitados a los rósters de los 40, se rompen el pecho en busca de honorarios de liga Mayor.

A bordo de la ilusión ellos luchan para demostrar que tienen con qué. Algunos lo consiguen, y serán los novatos en las Mayores a partir de abril.

En el otro extremo, veteranos ya pasados de edad, se entregan a labores no menos duras, porque o demuestran tener aún las condiciones necesarias, o los mandan a sus casas de por vida.

Numerosas carreras han terminado durante los entrenamientos, porque es cuando mejor se puede calibrar al pelotero.

En una de las entrevistas que le hice a Billy Martin, cuando era mánager de los Yankees, le pregunté cuál era el momento más difícil para él ante sus peloteros. La respuesta…:

“Cuando tengo que informarles que quedan libres, porque ya no nos interesan”.

Y otro histórico mánager, Tony LaRusa, dijo una vez en conferencia de prensa…:

“Los bigleaguers lo hacen casi todo bien durante sus carreras. Pero muy pocas veces son capaces de aceptar cuando ha llegado el momento de su retiro inevitable”.

Lou Piniella comentaba…: “Para el veterano que le llega la hora de retirarse durante un spring training, todo es más difícil, porque ve que deja a sus espaldas a un buen grupo de jovencitos ganándose los puestos. Y ese es el lado opuesto de su situación”.

Los entrenamientos son una actividad necesaria de seis a siete semanas, para poner los 30 rósters de las dos Ligas Grandes a tono con el enorme esfuerzo que significa jugar durante seis meses, en busca de uno de los ocho exclusivos sitios de la postemporada.

Y es muy cierto que nadie llega al beisbol de octubre, si no se juega bien de abril a septiembre. En esta empresa no vale influencia ni recomendación, solo se requiere beisbol de calidad, superior en todo al de los demás equipos… Digo yo, ¿no?

RETAZOS…: ** Major League Baseball ordenó una investigación, ya en marcha, acerca de lo inconveniente de que sus bigleaguers participen en el llamado Clásico del Beisbol… ** LO MALO es que así son juez y acusado a la vez. Es decir, no se vale. Esas averiguaciones debe hacerla otra gente… ** AHORA, sin investigar mucho, y entre otros numerosos peligros, ¿es conveniente desbaratar un róster durante los entrenamientos para mandar a los peloteros a eso, exponiéndolos a lesiones?… ¿Cuál es el beneficio profesional, económico o de otro tipo que reciben equipos y bigleaguers?… ** EL LLAMADO Clásico sirve solo de ridícula imitación al Mundial de Fútbol, que es inimitable…

Gracias a la vida que me ha dado tanto

GANARON LOS YAQUIS ¿ POR QUÉ HAY TAN POCA NOTICIA?

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Por Andrés Pascual

Uno de mis hobbies con respecto al beisbol es analizar a fondo el “espíritu de batalla, el carácter competitivo y la pasión por el juego de los peloteros”, incluso de las oficinas, de los managers y de los coaches.

A veces un club pierde consuetudinariamente en Grandes Ligas y los americanos, tan decentes para muchas cosas como lo contrario para otras, por no decir “se arratonan a la hora cero”, inventaron lo de las maldiciones.

En la historia del juego, Boston, por ejemplo, estuvo una eternidad sin ganar, porque no balanceaban al club: con Williams bateaban y tuvieron un pitcheo aceptable, pero solo fueron a una Serie Mundial y los detuvo un staff de zurdos de los que ninguno está en Cooperstown.

La novena de Tom Yawkey era una yarda de rastras cargadas hasta los topes y, si no se corre como Dios manda, no se puede ganar, porque el impacto del destructor de cercas se puede anular por la cantidad de batazos necesarios para anotar una y los jonrones no se dan cada vez al bate.

En 1948, a la gerencia de los Medias Rojas les sugirieron que observaran a un joven negro de 17 años que jugaba short stop en el circuito sepia.

El dueño envió a un scout que ratifico lo que el manager del club de Ligas Negras, Dick Lundy, había reportado: muy rápido, excelentes manos, batea con poder asombroso y buen timing… pudieran convertirlo en un outfielder sensacional.

Sin embargo, aquel señor optó por llamar a la prensa y declarar que “no acopla con nuestro sistema de juego…” ¿Cómo se iba a acoplar Willie Mays a un “sistema” hecho para perder? Y así forzaron el desperdicio de la oportunidad de tener juntos en la alineación a Williams y a “Say Hey”.

Como se sabe, el club rompió la barrera racial con el mediocre Pumpsie Green en 1959, 12 años después de que los Dodgers la derrumbaran con Jackie Robinson, dos después de que se había retirado y 9 de que Mays debutara con los Gigantes.

La maldición que encubrió el miedo a “perder otra vez”, duró hasta que un grupo de peloteros brillantes, encabezados por Pedro y Schilling en la serpentina y por Manny Ramírez como bateador, decidieron demostrar que no temían perder, porque nadie les podría ganar.

Al Chicago Cubs no hay forma que lo exorcisen, aun con clubes bastante equilibrados, el pánico popular es tan grande que se lo transmiten a cualquier pelotero, aunque se haya bajado del avión “orita mismo”, por lo que un error, aunque tengan ventaja, los derrumba: “no vamos a poder” y… no ganan ¿Cuándo se impondrán? Cuando decidan que da lo mismo ganar que perder, o cuando tengan un club tan superior que ni el miedo pueda acabar con su moral.

Porque es la moral que se pierde lo que genera los complejos de “cobardes” en el juego, como decir que “un zangaletón” grita y se exhibe para intimidar a niños, hasta que uno le quita la careta, entonces le da hasta el cojo que le falta un brazo.

Dominicana y Venezuela se comportaron como el “zangaletón” del cuento en esta Serie del Caribe que se jugó en Hermosillo, pero ganaron los mexicanos por intermedio de los Yaquis de Ciudad Obregón.

En los últimos 13 eventos, los paisanos con refuerzos de Celerino han sido considerables en el rango competitivo siempre, porque, a diferencia de otras competencias en que lucen tan mal que dan lástima, en el evento regional juegan a matarse, como se supone que deben hacer profesionales, casi todos de Triple A o con experiencia en las Mayores.

Los aztecas, aparentemente, no toman en serio calendarios como, digamos, el fraudulento Clásico Mundial, de lo contrario no fuera posible que luzcan tan mal contra Cuba, por ejemplo, equipo inferior a cualquier selección mexicana posible.

Dentro de las posibilidades del pésimo desempeño de los peloteros mexicanos, el quebrantamiento de la disciplina individual obligatoria pudiera ser un factor importante en la forma como pierden en ese evento malo, de peor rimbombancia impuesta por Bud Selig.

Este año los Yaquis pusieron la 7ma raya mexicana en el casillero ganador de las Series del Caribe, sin embargo, raro y sospechoso, no se trabajó en los medios esa victoria como debió.

En Miami, el principal diario de la ciudad, El Nuevo Herald, no tuvo en cuenta ni a la población mexicana del Estado ni a la de otras nacionalidades que siguen el evento, lo que no hubiera sido igual si, en vez de los Yaquis, ganan los venezolanos o los dominicanos.

¿Por qué sucedió eso en la llamada Capital del Sol? Porque su editor en español es cubano, ola castrista, que no tiene idea de lo que representa ese evento, porque desconocen todo sobre el mismo y porque no está presente el beisbol de Castro.

Entonces abruman con los comentarios sobre el venidero fraude mundial, organizado para pisotear al jugador de Grandes Ligas; o con noticias de las Mayores que destaquen, mayormente, a venezolanos o a jugadores del beisbol castrista convertidos al profesionalismo.

Algo raro que sucedió en Hermosillo: el manager Todos Estrellas fue el de la selección quisqueyana, que era el supuesto trabuco, pero no ganó.

Al modo mío de ver la selección, debió ser el de Ciudad Obregón, porque ganó sin ser considerado el super favorito. El club colocó 6 jugadores en el All Stars, entre estos, a Douglas Clark (en la foto en swing ganador del juego), que decidió la Serie en el inning final con un jonrón 4-3 y al pitcher Luis Mendoza, MVP y carta ganadora del equipo durante el campeonato.

Cuando un club super-valorizado no gana, al primero que botan es al manager y si la cosa es de selección de estrellas, primero dejar desierto el casillero antes que elegirlo, digo, así fue siempre, pero, como los tiempos están como están…

EL SUPERCONTRATO Y EL JUGADOR HISPANO

 

Por Andrés Pascual

Una vez fui a ver a un amigo que vino de visita desde Cuba y, en medio de la conversación, un primo le preguntó qué comería esa tarde, después que la madre enumeró más de 10 exquisitos platos, que incluían tasajo y aguacate, el propio primo se le quedó mirando fijamente al visitante y, con la seriedad de un profesor universitario preocupado por el bajo índice académico, en tono grave, le dijo: “Pedro, tienes que tener mucho cuidado, porque se te asusta el c..o y te empachas…” bonita y original forma de establecer la diferencia entre esos pobres muertos de hambre (de la verdadera) y el exiliado.

Félix Hernández (en la foto), el sensacional pitcher venezolano de los Marineros de Seattle, acaba de firmar un contrato de extensión por 175 millones. A pesar de todo, debe tener mucho cuidado, porque se le puede asustar el que se sabe.

En la historia de los grandes contratos del Beisbol Organizado está comprobado que, preparados para recibirlos con el menor impacto negativo posible, los americanos, lo mismo negros que blancos.

Por idiosincrasia, por complejos que no se pueden borrar comprando un Ferrari o una casa de 25 millones, el pelotero “latino” confronta problemas de personalidad que le afectan la salud y el rendimiento con frecuencia superior a la del afro o el anglo.

A Alex Rodríguez se le ha convertido en flagelo insoportable la maldita carga de billetes que le dieron, porque, si hubiera ganado menos, no le hubiera exigido tanto, entonces el calvario ha sido jugar para los Yankees y ganar lo que Donald Trump casi.

Cuando Babe Ruth inauguró a finales de los 20’s la era del “billetazo” con solo 80,000 dólares, pero que representaban dos veces el salario del presidente de la nación, por su personalidad, por su jocosidad y porque era americano, fue capaz de responderle a Dan Daniel por una pregunta relativa al caso que “gano más que el señor Presidente porque tuve una temporada mejor”.

El Babe aceptó una rebaja de 5,000 en 1931, porque sus números no superaron ni igualaron los del año del contrato monumental, sin embargo, bateó más de 45 jonrones, más de .340 y empujó 150 cuando le redujeron la cantidad.

Igual sucedió con Joe Dimaggio, con Ted Williams, con Mickey Mantle o con Willie Mays, que inauguraron campeonatos como los mejor pagados y con cantidades iniciales fabulosas.

Cobb había iniciado la cúspide a millonario como jugador y Satchel Paige, desde 1930, ganaba más de 40,000 anuales y tenía su avión propio.

Sin embargo, cuando los latinos comenzaron a encabezar a los “billetudos”, algo raro contaminó el ambiente: Canseco dejó de ser el fenómeno que proyectaba para convertirse en un bateador de alternativas con propensión a las lesiones y Rubén Sierra perdió el toque que lo definía como uno de los mejores peloteros de ambas ligas, además de iniciar el calvario de la lastimadura también.

Jugadores como Juan González, Santos Alomar jr, Wilson Alvarez, Alex Fernández y un largo etcétera, no sobrevivieron a la responsabilidad de comportase centrados o preparaos para asimilar el desafío de cantidades mucho más que generosas.

Con Johan Santana sucedió igual, por una u otra razón, las molestias en el brazo han acabado virtualmente su carrera de pitcher que, como Tony Oliva en el outfield, estaba destinado a Cooperstown.

Ahora le han dado a Félix el encargo de hacer historia como el pitcher mejor pagado del beisbol, con una cantidad que, posiblemente con un préstamo bancario por la mitad, sirva para comprar la localidad donde nació.

Como que por lo general, cuando se habla de Santana o de Félix se trata de lanzadores tan buenos que pudieran compararse con los estrellas de cualquier época, pues habrá que rezar para que el joven derecho dure lo más que pueda en forma para poder disfrutar de su clase sin cuentos.

 

 

MÁS COMPLEJO EL AMBIENTE EN LA SERIE DEL CARIBE

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Andrés Pascual

Hay un ambiente raro en el evento caribeño y tiene relación con su supervivencia: en Hermosillo dos clubes amenazaron con abandonar por problemas financieros; en uno de los casos, el adeudo por parte de la oficina del club tenía que ver con un bono que es prohibido entregar por lineamientos de la Liga del Pacífico, entonces se otorgó por debajo del tapete; en el otro, la dirección del Escogido le debía una semana a los jugadores…

A una uña estuvo el campeonato de suspenderse y, como siempre, la labor de los cronistas se limitó a informar el problema (ESPN deportes), pero nadie a poner los puntos sobre las íes con respecto a la gravedad de esta tónica que, sin bien no es nueva, hasta un ensayo podría provocar la erupción y barrer con todo.

No entregarle el dinero prometido o garantizable por medio de contratos perfectamente legales a los jugadores significa una de dos: dueños ladrones (puede suceder), o dueños muy pobres (es imposible a estas alturas, porque lo prometieron o lo asimilaron como parte del convenio).

Todo el mundo debería conocer lo que producen las huelgas a mediano plazo, sino la explosión de la compañía o fuente de trabajo, porque, además de los problemas que tiene, añadiría otros que acelerarían la bancarrota.

Si los propietarios de clubes de los circuitos invernales (no todos por supuesto), están preocupados por la salud del evento; si la voz cantante que los representa, el dominicano Puello, aparenta que hace más por recuperar el entusiasmo popular que la UE por rescatar a Grecia de la bancarrota, al extremo de ocurrírsele la fatal idea de invitar al beisbol castrista, incluso de romper el esquema regional al invitar a un club del Pacífico para darle más competitividad, ¿Dónde se mete cuando algo tan peligroso y pernicioso como el retiro de clubes por incumplimiento de pagos, amenazó (y amenaza en el futuro) con convertirse en una agresión a la estabilidad y la existencia de la Serie del Caribe? A pesar de que cada liga es un ente cuyo cartel más visible reza “no pase, propiedad privada”, de alguna forma deberían crea un mecanismo intermediario, porque, este año, el evento estuvo en peligro de muerte por inanición.

Decía que la prensa… entiendo que describir el juego del Escogido es muy atractivo, o el de Puerto Rico, pero, para disfrutar con el gusto que se debe ese beisbol, para hablar de temas puritanos de solo el juego de hoy, hay que salvar el evento de lo que puede acorralarlo.

Sería un sacrilegio que desaparezca la Serie del Caribe por recursos inventados por la izquierda (agitadores), con culpa efectiva y comprobable de la supuesta derecha (propietarios), es necesario que los cronistas se metan en aguas profundas, que le hurguen el estómago a los dueños y les saquen lo que tienen dentro de desleales con el deporte, y que alerten del peligro de perder todo a los jugadores. Como decir que se impone que mezclen, aunque sea una dichosa vez, “lo político con lo deportivo”.

Nadie que maneje el beisbol de hoy ama esa disciplina, sino como medio de enriquecimiento, pero, aun para eso, necesitan pulcritud en las cuentas, es decir, equilibrio de saldos, o, como la Eastern, se hunde la Serie del Caribe por el despiadado ordeño hasta de la moral de grupo.

NADIE PUEDE EVITARLO, POR MUCHO QUE ALGUNOS QUIERAN

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Andrés Pascual

Yo cumplo básicamente con el principio que reza “por al Alma Máter, hasta la vida es poco…”, esa es la razón por la que el 70 % de lo escribo sobre cualquier tema, deportes, farándula… tiene invariablemente un toque político relativo a mi patria, de defensa de mi país, que cumplió el mes pasado 54 años de brutal explotación tiránico-dictatorial por los peores criminales de la historia: los comunistas.

Como que la plana, el radio a veces y, hasta la televisión otras, son mis modestas armas de combate en la casi imposible recuperación de la vergüenza y la dignidad necesarias para la liberación de un país que valía más que todos los izquierdistas, liberales, socialista y comunistas del mundo juntos, no puedo sacrificarlas porque apáticos de cualquier lugar, o simpatizantes con la barbarie de todos lados, quieran.

Yo sé cómo escribir o hablar de la Serie del Caribe en carácter puramente deportivo, sin embargo, no puedo sobreponerme a la rabia de aceptar en silencio consentidor que mi país no está ahí por obra y gracia de un desalmado asesino que, como mejor le hubiera resultado a Cuba, era muerto al nacer.

Me interesa mucho qué pudieran hacer el campeón mexicano o el dominicano, incluso quién gane en Hermosillo, pero más lo que no puede hacer una Cuba perdedora, porque no tuvo la ayuda que representa lo cubano anti castro-comunista como relator crítico de un desastre anunciado para quien no sea inteligente o no le preocupe cómo pudiera ser el futuro de su país si, por apatía o por falso y fatal “puritanismo de tema”, la lacra socio-política castro-comunista los invadiera por intermedio de nacionales tan ladrones, indignos y criminales como quienes se engulleron a la tierra que vio nacer a Orestes Miñoso.

José Ariel Contreras regresó de una visita de 15 días a Cuba de indudable intención humanitaria, porque a su madre le amputaron una pierna, sin embargo, el propio pitcher se encargó de “mezclar lo político con lo deportivo” al tratar de impresionar a los acólitos castristas con su actitud “pro Cuba”, de agradecimiento a la tiranía y con otros comentarios que, o es muy imbécil o muy militante de la ideología que sojuzga y mata a su pueblo.

En el caso de este individuo, como en el de la mayoría de los recientes “cuentapropistas” del beisbol, la conversión a entrante económico se cumple al 100 % sin ninguna relación con el rechazo a la tiranía. Por lo general, sus declaraciones al llegar a Estados Unidos son “quería probarme en la grande” o “buscaba un techo más alto”, que se cumplen por el contubernio del Beisbol Organizado con la dictadura “por debajo del tapete”, con México como terreno neutral de conversaciones sobre estas y otras cosas por venir en breve.

Contreras “¿se les escapó?”, precisamente, en la patria de Chile Gómez; ya estaba fichado por los Yankees, curiosamente, el club del tirano mayor, que mantiene como su ídolo no a Muñoz ni al propio Contreras, sino al Clipper de la franela rayada, a quien le solicitó una pelota firmada hace varios años y el ítalo-americano no halló algo peor que enviársela.

Sospechosamente, la gerencia del club de Babe Ruth fue multada por “violación del embargo” a los Castro, en relación con la firma del pinareño y de otros procedentes de la ex Isla bella como agentes libres.

Luego de apoyar tácitamente a la tiranía con cada palabra que ha dicho desde que llegó, la disyuntiva entre considerarlo estúpido o militante (siempre he creído las dos cosas) se presenta cuando dijo “nunca jugaré contra mi equipo, nunca lanzaré contra Cuba…”, es decir, el tipo pretende confundir a ¿Quiénes? Cuando considera a la caricatura de team propiedad del tirano, como la representación de mi patria (la mía), no la de él. Estas sabandijas no pueden ser mis compatriotas porque no cumplen el mínimo requisito para poder considerarlos cubanos.

Por el lado bueno del asunto, sin complicarlo con acusaciones de comunista, incluso ni como representante difusor de esa horda (que lo es), si el tipango hubiera tenido en cuenta que no puede jugar en esa novenita a pesar de que “el pueblo” lo recibió como a un héroe (foto ilustrativa), se hubiera callado antes de hacer semejante ridículo.

No se puede considerar como “su equipo” al que, para integrarlo, no es suficiente ser buen pelotero, incluso ni rechazado por la población, todo lo contrario.

¡Ah, pero el tirano lo llamó “el Titán de Bronce”! y ha tenido la poca vergüenza de aceptar el glorioso sobrenombre y permitir que otros lo llamen así, entonces es fácil entender la razón por la que cree que el equipo de Castro a eventos internacionales es su equipo.

Pestano, cátcher; Kindelán, 1b; Pacheco, 2da; Linares, 3era; Mesa, ss; Gourriell, rf; Víctor Mesa, cf; Casanova, lf y Pedro Luis Lazo como pitcher es la novena más fuerte de “todos los tiempos” en cualquier pelota; incluso “Alex Rodríguez… pero Linares era otra cosa…” o “el mejor short stop de todos los tiempos es Germán…” o “no ha habido un pitcher como Lazo en la historia” y que conste que no se refiere a Cuba, sino al mundo.

El ridículo continuado de estos embajadores de la tiranía es tal que retomó la frase de Camilo Pascual “donde yo disfrutaba pitchear era en el Cerro” y la moldeó para meterla a la fuerza en los equipos de Pinar del Río o en el del sátrapa, no nacional, sino personal.

Sin embargo, ¿Cuántos están comentando como se debe estas declaraciones infames y provocadoras? ¿Cuántos están haciéndole las preguntas que hace falta que responda desde su estupidez supina y su condición de reptil absoluto, aunque sea explicar por qué Gourriell es mejor que Babe Ruth o Pestano que Bench? Muy pocos eh, pero no voy a ser uno de esos, que se plegue a la conducta impropia con el silencio cómplice o con la reafirmación militante de esa sarta de basura y mentiras. En mi caso, como digo siempre, lea a otro, pero tenga cuidado, “porque el Diablo anda suelto y pasan cosas…”

Le sugiero a quienes no son cubanos que le presten atención a estos detalles, que son viejos y reveladores: a pesar de la Reforma de Obama, condiciones como las del Ajuste Cubano son poco posibles para otros pueblos, así que cuiden lo que tienen y mezclen un poco lo político con lo deportivo, porque el tiempo se les acaba, digo, si les importa su patria, si no, “sigan al farolero”.

Con esa conducta Contreras le hace una petición a la tiranía, posiblemente a nombre de todos los que están aquí, para que les permitan jugar “por su team”, contra el que “nunca jugaría”, yo no dudo que lo llamen para este próximo “clásico” y haría falta, para que le den la mano de palos combinada con el saco de bolas que receta y acostumbra, desde su poca estatura de cobarde absoluto, lo mismo en el juego que en el box.

Por eso Liván es uno de los mejores pitchers cubanos de todos los tiempos, no solo por su extraordinario total de más de 175 ganados en Grandes Ligas, si no porque siempre ha querido salir “a sacarle un ojo al equipo del tirano y… de Contreras”.

En realidad, la ofensa era tanto contra Musial como contra Bob Broeg

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Por Andrés Pascual

Dicen que Albert Pujols no estuvo de acuerdo con el mensaje de varias vallas colocadas por los Angelinos en toda la ciudad, en las que se le trataba como The Man; sin embargo…el club decidió retirarlas.

Siempre que puedo, imaginativamente, me llego a Cuba para entender mejor ciertas cosas a la luz de diferencias obligadas y de faltas de respeto salvajes; por ejemplo, cuando José Ariel Contreras era “un soldado de ideas” del batallón castro-comunista del juego de pelota, el propio asesino tuvo la gandinga, el descaro y la desverguenza de nombrarlo, luego de uno de sus triunfantes raids de “león pa’ mono y con el mono amarrao” de antes, con el sobrenombre que se conoció a una de las figuras máximas de la lucha por la Independencia, el Titán de Bronce; sin embargo, supongo que al asesino de Birán no le importó, ni a nadie de su entorno criminal, semejante agresión a Antonio Maceo.

 

Posiblemente a Contreras tampoco y se quedó bautizado, para la prensa y el fanático castrista, (hoy no sé) como lo había decidido el dueño de la granja.

Tal vez el pitcher ni entendió lo que significaba semejante blasfemia, pero, si lo hubiera visto en toda la extensión e importancia de tan brutal ofensa, como que no dijo nada, aceptó la complicidad, igual que Raúl Arce, que está por aquí u otros que quedan allá, al no llamar a capítulo moral al tirano, aunque fuera con un sutil y temblequeante “no, no, comandante, eso es demasiado…” en realidad demasiado es el descaro de esos oportunistas que aceptan cualquier cosa y después los envían para acá…

Sin embargo, Pujols creyó que se maltrataba el nombre del inmortal # 6 de los Cardenales, que ni durante su estancia con los Pájaros Rojos osaron compararlo y se quejó por “la afrenta” la que, al modo mío de ver las cosas, hubiera sido tanto a Musial como al cronista Bob Broeg, del San Luis Dispatch, porque fue este el que, después de escuchar al público de Ebbets Field la tarde del 23 de junio de 1946 referirse al toletero zurdo como “ahí viene el hombre otra vez”, contó el descubrimiento en su columna del día siguiente. Y así quedó bautizado el polaco para la posteridad.

Pero nadie debe dejar fuera del tintero que Artie Moreno inició su fortuna con vallas y carteles de propaganda, así que el uso de la mercadotecnia para promover su joya, tal vez formó parte del recurso “retro” en el proceso, mezcla de ambiente moderno con un toque nostálgico a cargo del dinero del propio dueño.

Viéndolo bien, si Pujols hubiera aceptado el apodo de Musial, sería mucho menos abominable que lo que hizo Contreras con el de Maceo: en primer lugar, porque Maceo es un símbolo patrio y, en segundo, porque, en lo deportivo, el pinareño no es ni la chancleta del dominicano, que, a pesar de estar 10 años coqueteando con lo mejor de las Grandes Ligas, entendió rápido y bien que a ese lanzamiento no podía hacerle swing.

TAMBIÉN FALLECIÓ RON FRASER, MANAGER DE LOS HURACANES

Por Andrés Pascual

Por lo general, cuando mueren dos figuras de la talla de Earl Weaver y de Stan Musial, inmortales casi mitos del profesionalismo americano, es muy difícil hacer pie en otra noticia-obituario, entonces se puede cometer un crimen imperdonable, como estuve a punto yo, si no hubiera sido porque el popular comentarista radial Pepe Campos, El Chamby, me recordó que, parte del luto del fin de semana, incluía también a quien, sin discusión, clasifica como uno de los mejores managers colegiales americanos de todos los tiempos: Ron Fraser, The Wizard (en la foto con George Steinbrenner).

Como que colegial en este país significa amateur, la valoración del ex director eleva su importancia a niveles de leyenda del juego, por lo que fue elegido al Salón de la Fama de ese circuito en el 2006.

Fraser nació en New Jersey el 25 de junio de 1933 y falleció en Weston, Florida, el pasado 20 de enero.

El legendario coach dirigió a los Huracanes desde 1963 hasta 1992 y fue bajo su tutela que el beisbol de la Universidad de Miami se incrustó en el nivel de importancia nacional que todavía tiene.

Con los surfloridanos ganó 1271 juegos con 438 derrotas y fue campeón mundial colegial en 1982 y 1985.

Estuvo al frente de los equipos nacionales americanos a eventos internacionales y nunca pudo ganarle a Cuba, porque, si bien entendió que los profesionales de estado eran eso, con experiencia de una década o más jugando colectivamente, con jugadores tan tiernos como los que dirigía le era prácticamente imposible dominar la pasión o el desconcierto de sus pupilos ante situaciones desventajosas como errores cruciales, que beneficiaban siempre a los soldados ideológicos de más de 25 años de edad de la tiranía, adiestrados en la lucha política con el terreno como teatro, que contaron siempre con la ventaja de la simpatía y el apoyo del fanatismo antiamericano de todos los países de la región en los que jugaban.

A Ron Fraser le decían El Mago por la capacidad de adelantarse a las circunstancias, con el resultado de efectuar el cambio aparentemente errado, o por elegir la jugada contraindicada que “salía bien”.

La mayor importancia del coach fue que logró “concientizar” el beisbol colegial en el público americano, al extremo de colocarlo en el nivel de atención e importancia que tiene hoy ante la Secretaria de Educación y ante el propio Beisbol Organizado.

Amigo personal de Tom Lasorda, le reclamaban con frecuencia para que le impartiera clínicas a los rookies de las sucursales de los Dodgers y de los Yankees, por su habilidad para manejar al pelotero juvenil.

Ron Fraser tenía 79 años de edad, Q.E.P.D.

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ADIOS AL BULLDOG DEL BEISBOL

ADIOS AL BULLDOG DEL BEISBOL

Por Andrés Pascual

El corazón del guerrero nunca está hecho a base de números fríos, rimbombantes y vacíos del reflejo de la pasión por el juego: Minnie Miñoso no tuvo números de Salón de la Fama, tuvo juego y vergüenza de inmortal, que debe contar en alguna de las casillas nuevas, repletas de basura pitagórica del “sabiométrico” moderno… si a Bill James, Gurú casi Brujo de los “expertos favorables al jugador “estimulado” ni se le ocurre considerar la importancia del hombre que juega a matarse o dirige fieramente, siempre a ganar, es porque representa al núcleo fundamental de la corriente que pretende imponer ridículamente, como mejores bateadores de todos los tiempos, al grupo que, como se vio este año, sin esteroides les cuesta más que un Ferrari a un trabador de factoría sin overtime batear 40 jonrones e impulsar 100.

Falleció Earl Weaver, manager que le dolía la derrota más que un tiro en las costillas posiblemente, que dirigió a un solo club en las Mayores, los Orioles de Baltimore de la última etapa dorada del beisbol.

Aquel equipo que tuvo Weaver, en su momento de esplendor, debe considerarse uno de los mejores de todos los tiempos. Su rotación de abridores no puede colocarse en otro peldaño que no sea el primero, porque, definitivamente, no tiene igual en los anales de las Grandes Ligas ¿Comparable? el de Cleveland en 1948, 49… hasta 1954.

A veces la opinión fanática sugiere que: “pero con ese club ganaba cualquiera”, cuando se sabe que los clubes de favoritismo evidente, sostenido y demoledor son más difíciles de dirigir que una “guerrilla”, porque sus peloteros ganan más, porque “todos son buenos” y cada uno exige el tratamiento de “Mr” con pronunciación inglesa de “Sir”.

Y Weaver fue tan inteligente que logró convencer a sus jugadores de que “el bueno era él”, a través del miedo que les impuso a la hora cero, decisiva, cuando no se puede aceptar el olvido de una seña ni el corazón para morirse en el terreno.

Le decía horrores a los peloteros que, en vez de odiarlo, lo adoraban, desde Frank Robinson, que escuchaba lo que le gritaba el manager con la cabeza baja, hasta “el buenazo de Brooks”, que temblaba cada vez que el bulldog de bolsillo lo llamaba sin ánimo de amonestarlo. Pero todos sabían que el tipo era un apasionado, que nunca dijo o hizo algo divorciado de la vergüenza competitiva lo que, si no se trae desde la cuna, no se tiene nunca.

Sus frecuentes protestas contra los umpires reflejaban el temperamento ganador que antes tuvo John Mc Graw, el Napoleón de bolsillo por la forma como manejó la estrategia en el juego.

Earl Weaver fue un manager inteligente, intuitivo, conocedor y arriesgado, por eso llegó Miguel Cuéllar al Baltimore: el cubano, que había perdido parte de la velocidad que tuvo con el Almendares, con los Cubans, con San Luis y en Puerto Rico, había aprendido a lanzar screwball por orientaciones del boricua Rubén Gómez cuando coincidieron ambos en el circuito mexicano de verano. Entonces lo adquirió el Houston y tuvo su primera gran temporada con los Astros en 1966 como un maestro del “tornillo”.

Como que el lanzamiento que dominaron también Hubbell, Tiant sr y Valenzuela obliga a batear por el suelo, pues Weaver, que lo vio en Puerto Rico y que estaba en los planes del Baltimore para sustituir a Hank Bauer, le sugirió a la gerencia que se hicieran de los servicios del villareño, porque, “con el cuadro que tiene este club ese zurdo no pierde…” esa fue la historia, según Orlando Peña y Gonzalo López Silvero.

Weaver ganó más de 1400 juegos, protestaba contra los magistrados con las manos introducidas en los bolsillos traseros, gritaba como cualquier chusma de solar habanero y ganó una Serie Mundial con otras tres participaciones fallidas, pero, que nadie lo dude, había que jugar como él dirigía: A MATARSE.

Este hombre, que falleció del corazón ayer mientras disfrutaba de un crucero pagado por los Orioles a los 82 años, es uno de los 5 mejores managers del beisbol de todos los tiempos, eso, que no lo dude nadie.

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CONTROL “OLÍMPICO” EN MLB

Por Andrés Pascual

Lance Armstrong salió del closet y contó “su verdad” en el show de Oprah Winfrey, se hizo el Harakiri (suicidio que, por cuestiones de moral, ejecutaban los samurais abriéndose el vientre con sus legendarias espadas y hasta una película homónima existe).

Lo que me llamó la atención del asunto fue que, según su confesión, se dopó para los siete Tour of France que ganó ¿Cómo fue posible que burlara tantas veces la supervisión obligatoria (control antidoping)?

Una de dos: o no servían para nada las pruebas, o no se las hacían al estadounidense (fraude) hasta que… todavía queda otra posibilidad: que no informaran el positivo, que hubo doping en cantidad industrial y aquí no cabe la especulación.

Bud Selig declaró que MLB llegó a un acuerdo con la Asociación de Jugadores para efectuarles el test de sangre a los peloteros al azar, la sustancia objetivo de esta prueba es el HGH.

Bien, un paso, según la mayoría, para controlar la ventaja competitiva que representa el uso de drogas que mejoran el rendimiento, además del peligro para la salud por el uso continuado.

Sin embargo, quedan 102 en el saco del Informe Mitchell, que nadie sabe quiénes son. Supuestamente, cuando esos nombres lleguen a las manos de la prensa en su momento, no habrá ningún impedimento para votar por ellos a Cooperstown ¿Por qué se actúa así? ¿Cómo es posible que unos cuantos, que no llegan a 10, tengan que arrastrar el estigma de momento y otros, ante el mismo pecado, tan comprobado como el de ellos, no?

En el más del centenar que esconden, con tanto celo materno ante el peligro como el de una leona por sus cachorros, han de estar los que faltan de la era sintética de hoy: los “dizque” mejores que Ruth, Mays, Williams, Mantle, Musial (en la foto), fallecido hoy a los 92 años.

Como no tengo ningún respeto por esta etapa del beisbol (Oficinas, Asociación de Jugadores, atletas y hasta la prensa), porque no son contribuyentes con la mantención saludable del pasatiempo y hasta en la forma de vestirse hay mal gusto y chabacanería, pues me arriesgo a colocar ahí lo mismo a Pujols que a Ichiro.

En el caso del dominicano, lleva 3 temporadas consecutivas con números en baja. Si no los compone para esta, hay que considerar que le robó el dinero a Arturo Cruz y que el miedo al “positivo” lo alejó del uso, provocando la caída en barrera de su “extra clase”. Al modo mío de verlo, creo que ha sido la razón de la pérdida acelerada de su rendimiento.

Y, si hablo claro con respecto a los dos que dije, es por la potestad que me atribuyo ante la negativa del Beisbol Organizado a contribuir con la verdad, lo que hace culpables a todos los jugadores del período, mucho más que inocentes. Ante casos como estos, no acepto ni el “beneficio de la duda”, porque no me dejan alternativas.

Si las Grandes Ligas fueron capaces de “premiar” el positivo de Melky Cabrera con la mantención del champion bate, nadie puede decirme que MLB y la Asociación de Jugadores buscan transparencia y honestidad en la aplicación de la medida que firmaron para aplicar en esta campaña. Los 50 juegos de suspensión que le impusieron es una farsa comparada con que le dejaran el campeonato de los bateadores de la Liga Nacional en su poder.

El año pasado se hicieron estas pruebas durante el training y la respuesta de los jugadores fue una sospechosa y elevada cantidad que dieron positivo durante el calendario regular.

Si muchos jugadores de Grandes Ligas son capaces de consumir sustancias para mejorar el rendimiento por encima de las advertencia y del supuesto temor que debe existir “si te pescan”, entonces las pruebas tienen que ser de otra índole, digamos que de su estado de salud mental, a ver cuántos son retrasados, porque, de otra forma, no es posible convalidar el suicidio personal que es el riesgo.

O reafirmar la ninguna credibilidad del Comisionado, porque esas pruebas pudieran ser efectistas para contentar a algunos, mientras, por detrás, continuarán advirtiendo a los que les interesen del día del análisis; o callando ante positivos de interés para no afectar sus ganancias, porque, como se vio este año por el zafarrancho de combate, estos bateadores de hoy NO SON NI LA CHANCLETA DE LOS INMORTALES DEL PASADO. Revise y verá el trabajo que le costó a los “estelares” batear 38 jonrones e impulsar 100 carreras. Detalle que nadie quiere mencionar.

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¿POR QUÉ NO SOMOS UN SOLO PUEBLO?

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Por Andrés Pascual

La pérdida de la identidad nacional del cubano no tiene nada que ver con que Orestes Miñoso fuera considerado para el acápite “fatiga extrema” de la prohibición de 1948 (afectaron a Bob Feller, que pensó jugar en el champion torneo 1948-49) para el campeonato invernal de 1949-1950 y que los Indios de Cleveland le hubieran pagado un dinerito extra para que no jugara, tampoco que hubieran utilizado esa justificación con el propio Miñoso, con Fornieles, con Camilo y con Consuegra para el de 1954-1955, la creación del capítulo prohibitivo a los peloteros cubanos que estaban en Grandes Ligas no los incluía a todos, esos son los argumentos de un perro del castrismo, el plumífero Elio Menéndez, farsante absoluto y de todos los que se dedican a confundir al pueblo, ni más ni menos que reproductores de las  mentiras que les prepara el DOR del PCC; porque, no lo dicen, los demás cubanos de aquellos años que jugaban en las Mayores, SÍ pudieron actuar en la Liga Cubana, luego no fue absoluta como imposición a todos los peloteros (los dolores en los brazos de los pitchers jugaron un papel importante y el bean ball a la cabeza que le tiró Grimm a Minnie pesó muchísimo), pero esos que escriben para aquel pueblo evaden hablar con seriedad, con la verdad, porque, nadie lo dude, ES LA MANIOBRA SUCIA Y ERRÁTICA de continuar imponiéndole una credibilidad muy particular a una población que, el 80 % creyó hasta que… por lo que, continuar a estas alturas…

 

Ya no cabe más estiércol sobre el cuerpo pestilente del experimento que llamaron “revolución” y que hoy, pese al fracaso más absoluto del comunismo en el mundo, 54 años después, sus “dirigentes” continúan explotando, reprimiendo y esclavizando a través de la frase “estamos construyendo el socialismo”.

La pelota cubana no fue grande y trascendental por obra y gracia de sus jugadores, sino de los hombres que la administraban, que hicieron las cosas casi copia al papel carbón del Beisbol Organizado, por lo que pertenecer, aplicar las formas de trabajo del circuito de ligas menores desde los 40’s, fue la garantía que selló la grandeza de nuestro pasatiempo, aun cuando, tomando a Cuba como ejemplo por su éxito, se creó la Confederación para aplicarle la experiencia, o tratar de hacerlo, al resto de la región que se organizó en Miami en 1948.

Recuerdo que hace más de 6 años leí un material de Elio Menéndez, cuyo objetivo fue alabar a Chávez durante un juego que celebraron en La Habana entre castristas y chavistas, en el que fustigaba a los dueños de los clubes de la Liga Invernal, porque “cambiaron” a Vidal López (en la foto), a Dumbo Fernández, incluso a René González, por importados americanos a través de la cuota de 9 refuerzos.

Bueno, Elio Menéndez no tiene cara y, lo que dice, como todos los que lo repiten sin analizar bien o desconociendo el asunto total o parcialmente, lo puede hacer porque no existe la tribuna neutral, que permita establecer la controversia que le dé al público la posibilidad de aprobar cuál argumento es confiable y, si no lo hacen, si no lo autorizan, es porque saben de antemano que no tienen la mínima posibilidad de convencer a nadie contra la crítica contraria. Esa es la razón de la mordaza a la opinión libre bajo la bota comunista: como no han dicho nunca un octavo de verdad, pues mejor que nadie saben que, si permiten el comentario diferente en el debate, están fritos, sin embargo, algunos plumíferos todavía no se reconocen en la extraordinaria derrota, en el monumental fracaso que es la Cuba castrista y deberían.

Entre las barbaridades que se leen de allá están las comparaciones erradas, a libre albedrío, para tapar el gran hoyo negro que es esa pelota corrupta en el terreno y en las oficinas del PCC en todos los niveles, desde apostadores comprando a peloteros, a vividores en puestos de “dirigentes” solo para vacilar y pisotear el ex gran deporte nacional, por ejemplo, ni Blandino ni Trigoura fueron mejores bateadores que Héctor Rodríguez ¿De dónde sacan eso? Trigoura fue un buen antesalista amateur del Teléfonos que no lo firmaron, a pesar de que jugó 6 campañas en la UAAC y Blandino no les gustó a los scouts tampoco, el tercera base del Almendares fue el mejor bateador de la Liga Cubana era moderna. Eulogio Osorio fue un buscador de contrato que vino de Oriente y no lo encontró, lo vi en 1961 en la Liga de Guerra Matos PR-2 y apenas pudo jugar con El Ciego (granja agrícola palaceña), porque, como que tenía profesionales de ligas menores enfrente ¿Qué podría hacer ante aquellos? Julio Rojo nació en 1940 y Marcelino López en 1943 ¿Por qué no firmó el pitcher derecho como sí el zurdo del Cotorro? Novato de condiciones que tuvo que quedarse Amorós Hernández, igual que Hurtado, que le dejaron los padres la firma para “el año que viene” y ya ven… A Tony González le pagaba el Marianao 80 pesos para que cogiera bolas en prácticas, todavía está asustado con Valdivieso, Lorencito y Ossie Álvarez, no solo por lo que bateaban, sino por como fildeaban: “muchacho, tú no te acuerdas de esa gente coñoooooó…. Eran la yaya”, dicho delante mío y de varios más, hace 3 ó 4 meses, cuando visitó Miami con un grupo de veteranos para jugar softball.

La salida del club Cubans Sugar Kings del circuito triple A, así como el descabezamiento del profesionalismo, estuvo relacionada con motivos políticos, pero de la parte castrocomunista, porque el tirano no tenía intención de dejar ventanas abiertas a los aires de independencia y soberanía individual o de grupo por medio de ningún negocio particular de gran envergadura y la pelota lo era.

Además, había que romper el nexo amistoso pueblo cubano-americano que estableció el beisbol, una vez que se buscaba sembrar un odio enfermizo y visceral contra todo lo que oliera a americano, sello que distingue la política devenida en catástrofe para el pueblo cubano hasta hoy.

Nada de lo que dicen los espadones del castrocomunismo en Cuba es verdad, pero nadie puede contradecirlos ni extraoficialmente, porque puede caer preso y hay más de 55,000 condenas conocidas por propaganda enemiga o desacato, solo por hablar este tipo de cosas en una esquina de una panadería, no digo yo en una columna de periódico.

Voy a contarles una anécdota, tengo un amigo en Cuba, decente, respetuoso y hablo en el estilo del cubano de antes, que el 80 % de hoy no es ni digno ni cubano porque carece de “identidad nacional”; bien, mi amigo, historiador del beisbol, profesor universitario con varios libros escritos, ha dedicado varios años de su vida a investigar, a recopilar datos, números…sobre todos los jugadores de beisbol cubano posibles, tanto amateurs como profesionales.

Todo ese trabajo ha dado al traste en una enciclopedia biográfica que, supongo, debe ser un excelente material de referencia. Sin embargo, en nuestro país, que es donde debería publicarse por el desconocimiento total de la población fanática del beisbol, ni ha hecho intentos por proponerlo porque, al estilo americano, no es “políticamente correcto”,  pero, diferente a esta gente, esa proposición no encontraría el editor ni la imprenta, sino al DSE para ponerlo en su lugar por “atentar contra los poderes del Estado” por la vía de la propaganda enemiga, supongo que, con lo que acabo de decir, no necesite más detalles, NADIE, para reconocerse como sometido y espadón o como libre y soberano.

Si Castro hubiera estado en Cuba en la fecha en que introdujeron el beisbol, nunca se hubiera conocido el juego, porque no lo hubiera permitido, que este no es un tipo caracterizado por hacer cosas buenas y agradables.

Antes hablé de la pérdida de la identidad nacional: la base de esa condición en una sociedad está hecha con la mantención en el lugar de privilegio que debe ocupar el renglón identidad cultural, cuya arista más visible e importante tiene que ser el conocimiento y el respeto por el pasado.

Con respecto al beisbol, un survey para verificar cuántos de las generaciones nacidas bajo la bota castrista conocen sobre la gloria legítima cubana pre-tiranía, sería ideal para confirmar quién tiene la razón con respecto a Miñoso, a los Cubans y a toda esa sarta de mentiras consuetudinarias que le inyectan a un pueblo, de cierta forma contuberniado con el escarnio, tiñosas pagadas que atentan contra su país por medio de la desinformación más absoluta, repudiable y descarada.

La transmisión televisiva del balompié profesional, su difusión mediática a la cañona, son parte del pisoteo de la identidad nacional, planificada desde 1959 por un monstruoso aparato al que le importa muy poco el asunto: el balompié está en las ternas en Cuba para desviar el gusto hacia este deporte, alejando al pueblo de la órbita americana por medio de la desaparición total de un símbolo en las relaciones “pueblo a pueblo” entre ambos países, es, nadie lo dude, parte importante en la construcción de la tumba del juego de pelota allá.

Además, como colateral: es otra contribución al derrumbe definitivo de la identidad nacional que, a estas alturas, parece que la politización ha logrado desbancar, por las facetas del “hombre nuevo”, el conocimiento de qué es  importante como condición para representar dignamente como cubano a esa nacionalidad. Definitivamente, no somos “el mismo pueblo” que algunos pregonan, yo soy cubano, los demás… ¿Quién sabe?