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BEISBOL 007

Cronicas de Andrés Pascual

LA CARRERA QUE HIZO LA DIFERENCIA

Por Andrés Pascual

Cuando el pitcher Raúl Sánchez anotó la carrera decisiva en el juego entre los Cubans y el Minneapolis que le daba la victoria a los antillanos en la Pequeña Serie Mundial de 1959, el club de Bobby Maduro se convertía en mucho más que otro campeón por el Circuito Internacional Triple A del Beisbol Organizado…

El primer esfuerzo se convirtió en éxito a mediados de los 40 cuando, dese 1946, los Havana Cubans le cambiaron el nombre a la Liga de la Florida convirtiéndolo en Liga Internacional de la Florida Clasificación B. Este equipo, manejado en sus inicios por Merito Acosta y Joe Cambria, hizo una dinastía sus años en el circuito.

Maduro también participó como propietario de los Havana Cubans, sin embargo, el emprendedor urbanista iba mucho más allá que mantenerse en niveles inferiores a Clase Triple A.

Cuando fue aprobada la sede habanera para los Azucareros, Bobby era el dueño del Estadio del Cerro y de los Elefantes del Cienfuegos de la Liga Cubana, club que vendió a Cucho Rodríguez Gali y a Guille Alonso Bermúdez para dedicarse por entero al tremendísimo empeño de la franquicia en Triple A.

A diferencia de los demás equipos de la Liga Internacional, los Cañeros no eran un equipo sucursal en el sentido tradicional del término, sino que mantuvieron, hasta su desaparición, un Acuerdo de Trabajo con los Rojos del Cincinnatti que les permitía recibir refuerzos del club de la Nacional y venderles jugadores que serían promovidos a las Grandes Ligas.

Por tal razón, los Cubans se abastecían de jugadores cubanos o hispanos de otros países que no estuvieran bajo contrato con ninguna Organización, además de recibir el tipo de refuerzo permitido bajo el acuerdo con el club del Viejo Circuito.

Durante 6 campañas y media se mantuvieron los Havana Sugar Kings (nombre oficial para la Liga, una vez que en el Beisbol Organizado no se bautiza con el del país ni con el del Estado a un club) en la Liga Internacional con un buen par de buenos años, el primero, por una clasificación a los playoffs y el segundo, ganándolos e imponiéndose también en la Pequeña Serie Mundial.

Únicamente la política de intervención terrorista antiamericana del castro-comunismo podía liquidar el sueño de Bobby Maduro, que no concluía con los Cubans: el slogan “Un paso más y llegamos” representaba la posibilidad de recibir la garantía, por las expansiones de los sesentas, de que un club de Liga Grande pudiera trascender la frontera norteamericana e instalarse en el Mar Caribe.

Todavía ni a Bobby Maduro ni a los Cubans se les ha hecho la justicia que merecen como la más grande iniciativa del beisbol en la historia del deporte en Latinoamérica: por la osadía, las relaciones y la visión de Maduro se logró para La Habana el símbolo de la grandeza de la ciudad, porque un club de categoría Triple A solo era posible en una que cumpliera las muchísimas garantías y requisitos que exigían, tanto las Ligas Menores como el Dpto de Estado y el Beisbol Organizado en pleno.

Definitivamente, los Cubans Sugar Kings representan aún la diferencia entre una Habana magnífica, alegre y capaz, que tenía un prometedor futuro como posible asentamiento de un club de Grandes Ligas, lo que hubiera colocado a aquella capital en los niveles máximos de desarrollo de cualquier ciudad americana. Eso, a fin de cuentas, representaron los Reyes del Azúcar en el firmamento deportivo americano.

 

 

Nadie ha igualado el empeño todavía

Nadie ha igualado el empeño todavía

LO DE LOS MARLINS ES UNA TARA HEREDITARIA

Por Andrés Pascual

Nadie puede verlo de otra forma, hay una enfermedad maldita, presente en cada administración del equipo desde que debutó, casi en el rango de leyenda urbana, que impide que se facture un club ganador aquí, porque estar en la Serie Mundial y ganarla un año para sumergirse en las profundidades de la tabla después, no es construir un equipo championable, que debe ser el que se mantenga varias temporadas en los titulares y con mejor promedio que .500 en el standing.

 

Ahora, lo de los titulares es ambivalente, porque de ahí no bajan: si no es porque vendieron a todo el mundo o casi, es porque mintieron para llevarse el estadio gratis…bonita forma de hacer publicidad la de esa oficina.

Pero bueno, es lo que hay: “a falta de pan, casabe”, lo que pasa es que este último es muy caro, al extremo de que, posiblemente en breve, con el salario de una semana, si “quimbó” un trabajo no podrá pagar todo el gasto de un hijo y usted mismo en un día de solaz en el estadio “nuevo”, para ver a unos Marlins sin aguja en el terreno.

No es que cambien o vendan a jugadores a los que promovieron como obligatorios para lograr resultados decentes o competitivos el año “del estadio y del cambio de nombre”, sino que los movimientos parecen una reacción contra un fanático que conoce de quién hay que salir con nombre y apellido y lo ha pedido a voces, lo mismo en la instalación, que cualquier emisora de radio o portal de internet donde se pueda opinar. Es como un castigo por portarse mal.

Por ejemplo, la política de ese dueño con respecto al club funciona mirando su cuenta de banco y empleando cualquier táctica, nunca limpia y decente, sino sucia y grosera para conseguir su objetivo y casi todos los jugadores justifican a Loria con “sé que esto es así, un negocio”, no señor, usted no conoce nada, cuando se ejecuta de la forma como lo hace ese tipo, no puede ser “negocio” solamente la palabra empleada, debe acompañarla otra que, por dura y agresiva no debo repetir aquí por regla de decencia.

El venezolano Omar Infante era uno de los buenos jugadores que tenía el club, rápido, inteligente, infielder confiable y bateador con autoridad para la posición que debe ocupar y Aníbal un pitcher bueno para la rotación de nivel con que se engatusó al público.

¿Quién está a salvo de las voraces fauces del binomio Beinfiest-Loria? Nadie, solo hay que ponerle cuatro pesos y un pan con guayaba sobre el buró y salen como bolas por tronera Morrison, Stanton y Johnson.

Para arreglar el problema que afectó a todos los jugadores solo había que regalar a Hanley y botar a Eduardo Pérez y a Ossie Guillén.

Aunque, realmente, lo que lo resolvería radicalmente es que Loria se llene del valor que no tiene para hacer cosas positivas en varios niveles de interés y que le venda el club a alguien honesto y decente, que ame al juego y  que coloque a la novena en el nivel de prioridad que merece semejante propiedad.

Que nadie dude de que este desmantelamiento continuará con cualquiera, a fin de cuentas, “así es este negocio”.

 

 

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“NI GIBSON NI DRYSDALE NI KOUFAX NI… BRILLABAN HOY”, Rick Weiner

Por Andrés Pascual

Hay cronistas que, o quieren dar “un palo columnístico”, o buscan reírse del fanático a través del sello de “controversiales”, o no tienen otra forma de defender lo indefendible que cuestionando la clase portentosa de los inmortales del ayer.

Eso cree que hizo Rick Weiner. Lo malo de esta gente es que son tan mediocres que no cesan de buscar al de atrás para echarle la culpa de su incapacidad, tanto, que conduce a la falta absoluta de brillantez en su gestión.

Y controversial no es aplicable a casos como ese, sino agresión inaceptable por lo poco ético ante el asunto en cuestión.

Para Weiner, columnista de Bleacher Report, portal para el que una vez escribí y abandoné por exceso de trabajo y porque escogí a Seamheads, de mi amigo Mike Smith como mejor en todo, comenzando por la clase profesional y ética de los más de 20 cronistas e historiadores, la mayoría del SABR, que comentan o describen en el sitio, hay 25 inmortales de Cooperstown que, prácticamente, no podrían imponerse en las Grandes Ligas de hoy.

Voy a darles algunos de los nombres que consideró este plumífero americano como peloteros sin posibilidades de brillar como hicieron durante su época: Gaylord Perry, George Kell, Joe Tinker, Johnny Evers, Rube Wadell… manejados por todo el mundo como dignos del recinto, porque sus actuaciones lo ameritaron.

Sin embargo, voy a ofrecerles cinco más para que “se chupen los dedos”: Luis Aparicio, Don Drysdale, Bob Gibson, Robin Roberts y…… SANDY KOUFAX, ¡Shit! How it has been possible?

Dijo que Kell hubiera sido un jugador como Plácido Polanco, pero olvidó que el ex antesalista de Detroit de ayer era mucho mejor bateador, que ganó un campeonato de bateadores y que conectó sobre .300 en 10 temporadas de 15.

Entonces se aparece con la inaceptable “para jugar en la tercera base hay que batear con poder”, bueno…

Aparicio, según el tipo, hubiera sido un suplente para innings finales, lo coloca por debajo de Smith y de Vizquel en cuanto a juego diario y regular, yo creo que Luis hubiera jugado tanto como los dos portentos del tiempo actual, su estilo de juego ofensivo era tan importante como el de muchos artilleros capaces de poner la píldora lejos por su inteligencia y por su velocidad en el corrido de las bases. Sin él Alfonso López no hubiera podido dirigir a los Medias Blancas en la Serie Mundial de 1959 ni Hank Bauer al Baltimore en la de 1966.

“La saliva de Gaylord Perry le hubiera impedido ganar los que ganó”, pero existe una foto muy sospechosa de Mariano Rivera escupiendo la pelota, que adjunto.

Porque hoy los lanzamientos adentro son muy penados, pues el señorón considera que ni Drysdale ni Gibson ni Koufax hubieran podido lanzar aquí.

Estos comentarios no son contradictorios, porque no tienen un mínimo de credibilidad: proponer que, para casi todo el mundo el mejor zurdo de todos los tiempos, no hubiera podido ganar hoy es una colosal estupidez y una mayúscula falta de respeto hacia la historia del beisbol.

Ese tipo de aseveraciones ofensivas, liberales, deben efectuarse en una rueda de prensa con jugadores que batearon contra esos monstruos como invitados, por ejemplo, con Tony Oliva, para que le diga lo que me explicó cuando le dije que la recta con la que lo ponchó Sandy en el último juego de la Serie Mundial de 1965 estaba considerada una de las 5 más difíciles jamás lanzados. La justificación del pinareño fue “la recta de Koufax explotaba arriba de ti y rompía hacia arriba, un verdadero lío batearle…”. Y Aaron le daba hasta nalgadas a lo que le tirara el ex astro de los Dodgers, como Tony Gwynn a Greg Madduxx.

Hay que estar alerta, va y mañana se aparece con que Hank no hubiera podido dar un fly a tercera.

Los pitchers a los que intentó pisotear Weiner no solo eran mejores que los de hoy a la hora de dominar, sino que nunca lanzaron un wild con bases llenas ni golpeaban a un bateador también con los ángulos congestionados ni se lesionaban el día de la cena navideña con extensión a “perdió la temporada” porque vomitó por exceso de grasa en la comida.

Por lo anterior, lo mejor de aquellos con respecto a los tiempos modernos era que, por ejemplo Sandy, se sometía a verdaderas sesiones de tortura en su brazo zurdo artrítico para poder salir a cumplir su compromiso con el público, igual que Gibson, al que había que extraerle “medio cubo” de líquido senobial de las rodillas, además de darle la espalda al público varias veces en el juego, sacar su pañuelo y caerse a “fuetazos” con el inhalador que escondía para calmarse el ataque de asma.

Si Weiner cree que dio “un palo” periodístico con la basura que escribió, que observe el video: fue un manso elevado al cátcher.

 

 

 

Mariano, esa bola fue un “spitball”

Mariano, esa bola fue un “spitball”

 

EL AÑO DEL JINX

EL AÑO DEL JINX

Por Andrés Pascual

Al español lo traducen como “gafe”, que significa en la Península Ibérica “tipo con mala suerte”, lo de la mala suerte es tan malo que dicen que se “pega”.

Pero, en el beisbol, es más complejo considerar a un jugador que se desplomó en su segundo año porque no lo acompañó la buenaventura.

El jinx es el segundo completo de un jugador. Por lo general, el rendimiento de un pelotero en su segundo año se vigila con interés extremo, tal vez a partir de ahí se concluya de lo que podrá ser capaz.

Un cubano que se burló del jinx fue Tony Oliva, que no se conformó con ganar el champion bate en el primero y repitió en el segundo, como postre, discutió el cetro de los artilleros en el tercero y lo perdió contra Frank Robinson por una lesión en un dedo, terminó en segundo lugar. Esa campaña, 1966, el cuarto bate de los Orioles de Baltimore obtuvo la última Triple Corona por un bateador hasta hoy, promedió .316.

Orestes Miñoso bateó .326 en su primera campaña y le robaron el Novato del Año para favorecer a Gil McDougal, pero acumuló .281 el segundo.

Clemente bateó .255 en su debut, subió a .313 en el jinx, pero recayó a .253 el tercero. Asistió a 12 Juegos de Estrellas, el primero en su 6ta temporada (1960). Es uno de los casos que superó cualquier suposición derivada del rendimiento en los previos 5 ó 6 años al salto a la estelaridad.

Mark Trumbo y Brice Harper parece que tienen etiqueta de estrellas, por lo que quizás haya que irse despidiendo de cualquier objeción basada en el jinx.

El problema con el segundo año es que, después que un novato desfiló durante 500 o más veces al bate ante baterías de scouts contrarios, armados con radares que miden la velocidad en el corring, con fórmulas que arrojan el tipo de lanzamiento, la zona y la rapidez de los envíos que batearon o dejaron de batear, pudiera hacerse difícil volver a sacar el bate con autoridad la temporada siguiente.

Pero, si repiten la actuación del primero, hay que empezar a verlo como a una futura estrella del juego, que se adaptó bien y rápido a la exigencia de un pitcheo superior.

El cubano Yoenis Céspedes tiene estampa de pelotero y condiciones para triunfar, pero está en su primer año. Vamos a ver qué pasa con el tiempo, especialmente cuando tenga que regresar para el del jinx.

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Una estrella en embrión

UN LÍO LLAMADO ALEX RODRÍGUEZ

Por Andrés Pascual

De todos los jugadores convictos de usar sustancias químicas es Alex Rodríguez el único que nadie toca ni con el pétalo de una rosa, lo mismo para la prensa que para el público, el tipo pasa como si nunca hubiera delinquido, por lo que el desborde de adulonerías se mantiene igual que antes de sorprenderlo en la base pecadora.

No tengo dudas de que la "generación perdida" del beisbol estará en Cooperstown y solo van a dejar afuera a Palmeiro y a Canseco, por ser cubanos que no se hicieron en la isla cautiva ni son exponentes de "lo que fueron se lo agradecen a Fidel".

Por la influencia de muchos dueños con el Comisionado, amigos, socios y admiradores de las figuras de la tiranía cubana, posiblemente un día impongan a Omar Linares bajo un capítulo especialmente creado al efecto. Como están las cosas no lo dudo.

El salario de Alex Rodríguez no fue una monstruosidad, sino una  estúpida ridiculez, ¿A quién se le hubiera ocurrido darle la cantidad que le dieron en un multianual? Según se cuenta, a alguien que le "corrieron una máquina" y se montó, después, lo de los Yanquis al elevarlo y extenderlo no tuvo nombre, pero, en la franquicia rayada, hace 40 años que muy pocas cosas lo tienen.

Los últimos 3 años de Alex no han sido malos, incluso diría que han sido buenos, si no ganara lo que gana y con tanto tiempo de trabajo asegurado.

Cualquiera de los números de las tres campañas pasadas del neoyorquino pudieran asegurarle el Novato del Año a un recluta, incluso un aumento sustancial de salario a otro por su contribución al éxito del club, pero hablo de gente común y corriente, no de Alex Rodríguez.

El artillero tiene 36 años y ya asoma su feo hocico la baja acelerada de su curva de rendimiento.

Los últimos 3 años ni ha coqueteado con los .300 (.286 .270 .276) y este va con .268, sin embargo, empató con Gehrig en jonrones con bases llenas con 23.

Alex Rodríguez ha cumplido su cometido como jugador franquicia para el club, porque la gente que lo sigue, que no debe tener hígado por las decepciones casi a diario, no le tienen en cuenta su falta de decisión ante los momentos que lo ameritan, sencillamente, no ha bateado con los Yanquis bajo presión, pero sus números fueron impresionantes, buenos para seguir amasando números no dignos de Cooperstown, sino mejores que los del 75 % de los que están allí.

El problema es que, si bien esos números son dignos, el nombre de Alex Rodríguez no corre igual suerte.

Para los Yankees, en una encrucijada ante la baja sensible de la producción del antesalista, se va a presentar pronto el dolor de cabeza de tener que regalarle una montaña de dólares a un jugador que no hace nada por obtenerlos.

Sin embargo, en los anales del beisbol ha sucedido que, bateadores del temperamento de Alex Rodríguez, terminaron sus carreras con la oportunidad que no tuvieron durante mucho tiempo.

Cuando concluya su carrera, habrá otro momento peor para la prensa, consistente en ponerlo en Cooperstown con todo el mundo mirando.

 

 

 

 

  Un dìa estara en Coopertown

HIRALDO SABLÓN, EL CHIVO EXPIATORIO DE GENE MAUCH

Por Andrés Pascual

Gene Mauch fue uno de varios hombres de beisbol americanos que se les relaciona con Cuba en diferentes formas: jugó en el champion invernal; dirigió al Minneapolis en 1959 contra los Cubans y perdió; puso en la lista negra injustamente a Panchón Herrera y el artillero cubano, big-leaguer de arriba abajo, nunca pudo regresar a las Mayores; durante los sesentas, tuvo bajo su mando en los Phillies, además de a Herrera, a los criollos Tony Taylor, Cuqui Rojas y el Haitiano González.

En 1967, año en que el outfielder camagüeyano le discutió el champion bate del Viejo Circuito a Roberto Clemente, Mauch era el manager de los Cuáqueros. Para concluir la “conexión cubana”  del tipo, una jugada estúpida que le costó, según él, el banderín del circuito en 1964, desarrollada por el utility de cuadro Hiraldo Sablón, conocido fuera de Cuba como “Chico” Ruiz.

El villareño Hiraldo Sablón Ruiz fue un joven jugador de cuadro para el Cienfuegos de la Liga Cubana en los últimos 3 años del circuito, se le proyectaba como a un pelotero de condiciones capaz de alcanzar las Grandes Ligas, si lograba arreglar un problema físico que le zafaba el brazo derecho de la articulación con el hombro. Lo logró.

Al beisbol profesional entró por la vía del Cincinnatti como un producto firmado por Corito Varona, entonces scout principal de los Cubans.

Realmente nunca desarrolló como estrella, sin embargo, actuó lo suficiente como para haber recibido su pensión por 8 años de servicio, que nunca cobró por su muerte prematura en accidente de autos en San Diego en 1973.

Sablón consta como el único jugador que haya bateado de emergente por Johnny Bench, fue 1967.

Cuando en 1969 el shortstop de los Rojos se lesionó, pues la encomienda de ocuparse de la posición recayó en Sablón, sin embargo, en contra de la supuesta alegría que debe producir jugar regularmente, a los pocos días, el cubano irrumpió en la oficina del gerente del club con el ultimátum “o me sientan o me cambian”, rigurosamente cierto y constancia argumental como una de las más estúpidas frases dichas en el beisbol. Por supuesto, fue cambiado al San Diego de Preston Gómez.

Al 21 de Septiembre de 1964 lo llaman “El Día Negro del Deporte Philly”, según magos, adivinos, fanáticos presentes en el estadio y ausentes, jugadores, prensa y todo el mundo esa tarde se inició el más monumental colapso de club alguno en los anales de las Grandes Ligas.

El día funesto los Phillies de Filadelfia tenían en venta los tickets de entrada a la Serie Mundial, en pocas hora habían vendido más de 90,000; aunque el club no tenía un superestrella como Mays, Frank Robinson o Hank Aaron, estaba bien equilibrado y con buen pitcheo.

Esa tarde Gene Mauch colocó en el balk a Art Mahaffey que, a decir verdad, hizo su mejor trabajo del año, pero llegaron empatados al 6to inning y…

Con un out, Sablón metió rolling de hit al center, acto seguido, Vada Pinson encendió un cohete al right que quiso extender a doble, pero Johnny Callison se lo impidió con disparo perfecto a segunda y el cubano avanzó a tercera.

Acto seguido llegó al home Frank Robinson, no solo el mejor bateador que tenía el Cinci, sino uno de los mejores del beisbol, por lo que el pitcher se concentró en el artillero, al que colocó en un strike y dos bolas, mientras desatendia al corredor, un pelotero que podía cometer una “cayucada” en cualquier situación, porque nunca estaba al tanto del juego, por lo que el concepto “juego inteligente” no le era familiar, acaso ni medianamente.

Al 4to lanzamiento de Mahaffey, todo el mundo vio asombrado cómo el villareño se lanzó al home en intento suicida de robo por cuenta propia y cómo el lanzamiento, un wild afuera, le resultó imposible de retener al cátcher Clay Dalrymple.

Esa carrera fue suficiente para que el Cincinnatti ganara el juego, que terminó 1-0

¿A quién se le puede ocurrir intentar estafar el home con dos outs y con un bateador derecho en una y dos? Por su historial de cosas “raras”, a Hiraldo Sablón.

Todavía Frank Robinson abandona cualquier lugar en que se encuentre cada vez que le mencionan la jugada.

Pete Rose declaró “no puedo creer que una jugada, más que estúpida anormal, haya salido tan bien”.

Entre gritos y maldiciones, Mauch bautizó a Sablón como Chico “Fucking” Ruiz.

Después de esta derrota, se iniciaron una serie de acontecimientos que hicieron que Filadelfia perdiera la ventaja y el campeonato contra los Cardenales de San Luis.

Sin embargo, Gene Mauch nunca habló de la razón por la que, a partir del 21 de Septiembre, utilizó cada dos días a Jim Bunning y a Cris Short, a pesar de tener a Ray Culp en la rotación de abridores, lo que, casi seguro, tuvo que ver más que el home que le robó Sablón a Mahaffey por descuidarse, después de todo.

En 1972, mientras militaba en el California Angels, Sablón le sacó una pistola a Alex Johnson y lo hizo correr más que un maratonista olímpico. Por el hecho lo bajaron a Triple A.

 

 

 

 

Momento en que Chico Ruiz le roba el home a Mahaffey el 09-21-1964

Momento en que Chico Ruiz le roba el home a Mahaffey el 09-21-1964

 

 

¿GANA MUCHO? HAY QUE PONERLO

Por Andrés Pascual
El problema de los millones y el contrato multianual se puede convertir en un  dolor de cabeza de anjá para el club “que metió la pata” con un pelotero que, de pronto, no rinda  para lo que le dan, sino, como en el argot callejero, ni para “2 pesetas”.
En el capitalismo no se puede responder al salario sin actividad laboral, por lo que en el beisbol no se puede sentar a un jugador que gane millones porque atraviese una mala racha transitoria o con ribetes de eternidad, sencillamente, tiene que jugar.
Esto es parte de la condena que deben cumplir los que cometieron el sacrilegio de pretender cubrir con millones de dólares a muchos jugadores, porque veían multiplicarse quién sabe por cuánto sus propias ganancias, “tiro por la culata” o retrato en vivo de la forma como hace decadente y malo al llamado “mejor beisbol del mundo”, comparándolo con la era previa a 1975, el contrato a largo plazo.
Y, como que todavía en Triple A no se produce la espiral millonaria de las Grandes Ligas, pues ningún pelotero asegurado bajo condiciones de contrato multianual, por cantidades más que fabulosas fuera de lugar, puede ser enviado por bajo rendimiento a ese circuito, porque, sencillamente, “ese dinero no es de Triple A”.
¿Cuántos jugadores del beisbol moderno han demostrado en el terreno que “les robaron” el dinero a la Organización que los contrató, a través de un agente libre pícaro apoyado en la miopía de la gerencia?
Se pudiera hacer una enciclopedia con todas las posiciones bien cubiertas como referencia permanente a este desastre, que los es.
A través de los últimos 20 años, se ha podido comprobar que el contrato multianual es una grosera pieza de la maquinaria que perjudica al beisbol de Grandes Ligas, porque puede producir sentimientos peligrosos en el afortunado que linden con la apatía, el desgano y la vagancia, del que no se podrán desprender por las regulaciones legales y porque nadie ajeno se hace cargo de “un muerto de esa categoría”
Si se revisan los guarismos de más de 20 jugadores que han gozado o gozan de ese tipo de beneficio, logrado con anuencia absoluta de los dueños, incluso del público y parte de la prensa, pues se ratifica que juegan a matarse el último año del compromiso para cotizarse bien con miras al próximo contrato, por lo que son siempre el primero y el último en los que son capaces de demostrar su valor, alto quizás, pero no para esas montañas irracionales que reciben y que han colocado la perspectiva vocacional infantil  hacia el juego de pelota por encima de la Presidencia de la República.
Como que el desinterés y la baja forma deportiva es evidente durante el calendario regular de juego, pues que nadie dude que, como fantasma perjudicial contra el propio pelotero, también “sale en el training”, lo que pudiera formar parte de la sospechosa aparición de lesiones desde el mismo primer día en que se convoca al entrenamiento o durante el juego diario.
El último caso evidente se presenta en los Marlins con el cerrador Heath Bell, de 27 millones por tres años y un mundo de presagios positivos y otro de adulonerías hacia la Organización.
Por lo que “se va a lograr” cuando se anunció su contratación y los resultados hasta hoy, se está tratando con un tipo cuya labor negativa es indigna del salario mínimo en una factoría americana.
¿Qué van a hacer con Bell? Nadie sabe, pero, cuando un pitcher es tan inefectivo con tanto dinero como salario, no puede ni pensarse en un cambio, por lo mismo tampoco puede ser enviado a Triple A y, mucho menos, recetarle el banco que pudiera enfocarlo en el juego ganador.
Tal vez lo único que le quede al responsable por traerlo al club sea esperar que, bajo el fuego enemigo que ha sido incapaz de contener, siga actuando con regularidad hasta ver si puede recuperar la efectividad que le vieron para garantizarle semejante cantidad, imprudentemente, entre tres años.
: Bell, un caso típico de lo que representa negativamente el contrato multianual
: Bell, un caso típico de lo que representa negativamente el contrato multianual

MIGUEL CABRERA, COOPERSTOWN LEGÍTIMO

Por Andrés Pascual

Hay peloteros que, prácticamente, nacen con la inconfundible etiqueta de estrellas, solo el llamado “imponderable” puede obstruir su ascenso a la inmortalidad: lesiones, apatía, desviaciones de la conducta, distracción… ha sucedido.

Sin embargo, cuando el pelotero, fácilmente identificable como niño mejor que los demás en un grupo, se supera, ama al deporte, se mantiene respetuoso del juego y del público no lo para nadie en su carrera a la estelaridad.

Recuerdo en Cuba, época de las Series Nacionales, a Alfonso Urquiola, el original Niño de aquel beisbol que, con 14 ó 15 años, se podía decir, sin temor a equivocaciones, que a Félix Isasi no le saldrían canas como titular de la segunda base en ningún equipo en que tuviera que eliminarse contra el pinareño y lo sacó de regular cuando el matancero tenía 28 y Alfonso 20.

Cuando Omar Linares comenzó a jugar pelota con total dedicación, después de abandonar el campo y pista, tendría 12 ó 13 años y un mundo de tantas condiciones que, a los 14, se ganó la titularidad del equipo nacional juvenil.

Linares siguió desarrollándose de tal forma que, a los 17, lo reclamaron del equipo de mayores para que jugara la tercera base y lo instalaron en el 3er-5to turno en un evento internacional oficial, todavía le quedaban dos temporadas como juvenil, pero el hijo del sanjuanero zurdo que jugó el leftfield y bateó 3ero para los Indios de Araujo de la Liga Azucarera Pedro Betancourt bajo las órdenes de Andrés Fleitas, no regreso al terreno con muchachos.

A Omar Linares se le puede considerar como otro de esos desperdicios del beisbol cubano de los últimos 35 años, yo lo vi y lo mismo era una estrella en el shortstop que en el centerfield, jugador maduro de carácter desde la niñez, capaz de acomodarse a un lanzamiento “raro” si se lo tiraban dos veces y en eso se parecía a Wilfredo Sánchez allá y a Tony Gwinn y a Ken Griffith jr aquí.

Yo fui uno de tantos privilegiados que pudimos ver a Alex Rodríguez desde que comenzó en colegiales junior, no voy a exagerar con lo que diré: no tenía más condiciones que el pinareño, la diferencia era que Linares corría más, con mucho más brazo y, sin dudarlo, entre los dos, era el fildeador, como promesa al bate creo que eran similares, con Omar bateando líneas y Alex golfeando muchas veces.

Miguel Cabrera es un tipo de jugador como los anteriores, nació pelotero y lo demuestra todos los años, a estas alturas sería muy difícil que se frustre por circunstancias relativas al terreno, a no ser, como dije antes, que se lesione gravemente.

El venezolano no solo es uno de los mejores bateadores hispanos de estos tiempos, incluso entre americanos o de otras regiones, sino que su carrea va rumbo al Salón de la Fama, como la de Vladimir Guerrero, que concluyó y solo espera el tiempo de elegibilidad y la llamada que le inmortalizará.

Cuando Cabrera se retiré, posiblemente sea uno de los mejores cinco bateadores latinos de todos los tiempos con labor en Grandes Ligas.

A los 29 años y diez en las Mayores, va para su 9na campaña con 100 o más impulsadas que, si no son todas las que ha jugado, fue porque en el 2003 solo actuó en media, no obstante, empujó a 62.

El antesalista del Detroit promedia .317 (el año pasado ganó el champion bate), tiene 372 dobles (un liderazgo), 13 triples y 295 jonrones (otro liderazgo) además de otro en impulsadas y su total en este último capítulo es de 1055. Su embasamiento es un magnífico .395 (2 liderazgos) y el slugging de .556, con un total de verdadero inmortal, hasta hoy, de .950.

Bateador agresivo, de los que reconoce que su responsabilidad es más que embasarse, por eso se poncha más veces que las bases por bolas que recibe, porque llega al home con la encomienda de hacer lo que sea para que el corredor anote o avance.

Un anillo de Serie Mundial con los Marlins en el 2003 y otra participación infructuosa en Octubre con Detroit, 7 Juegos de Estrellasy la satisfacción de saberse uno de los tres mejores bateadores derechos del beisbol, son credenciales, junto a sus guarismos, que ponen a Cabrera en el rumbo seguro al máximo colofón de la carrera de un pelotero: la elección a Cooperstown.

 

Cabrera tiene estampa de inmortal

Cabrera tiene estampa de inmortal

 

RÉCORDS MUY DIFÍCILES DE IGUALAR

Por Andrés Pascual

Este año y yo diría que el pasado también, el pitcheo regresó al nivel de importancia que nunca debió perder.

El abandono a propósito de la vigilancia que debe existir en el Beisbol Organizado, produjo las famosas y fraudulentas carreras por el liderazgo de los jonrones, incluso la imposición de 73 por Bonds y, tres años antes, 70 por McGwire, marcas que son más infames mientras más pasan los años. Sin embargo, nadie se aproximó peligrosamente ni a los .400 de promedio ni a los 56 juegos bateando de hit consecutivamente de Dimaggio

Hoy no se debe soñar con 70 jonrones, porque, al pender sobre la cabeza de todo el mundo el “test sorpresivo”, el bateador como que pierde “el toque mágico” y el pitcher “se empina en el balk”.

Si los mandamases del juego mantienen interés sobre la prohibición de las sustancias químicas, si no vuelven a mirar a otro lado para que reinicie la espiral descontrolada, incluso si no acuerdan algún día legalizar el uso, pues algunos récordes de Grandes Ligas, tanto en el pitcheo como en el bateo, pudieran ni igualarse nunca.

Pero no es solo el uso y el abuso de drogas que mejoren el rendimiento lo que se erige en una seria oposición a la facturación de nuevas marcas históricas para todo el beisbol, por ejemplo, en el pitcheo, los 363 juegos ganados de Spahn son tan inalcanzables hoy como los 511 de Cy Young a través del tiempo, producto del uso indiscriminado del relevista, posiblemente improductivo en un 60 % de los casos, a la manera como los emplean en esta era, pasando de “apagafuegos circunstancial” a “enciéndelos rutinario”, o casi.

Los más de 5,000 ponches de Nolan Ryan y sus 7 no hits no runs son tema de un capítulo de Mitos y Leyendas especial, como aquel en que se cuenta de Rip Van Winkle.

Para los pitchers de la era del relevista ineficiente y a la cañona, no hay récord más distante que el de juegos completos, lo mismo de todos los tiempos que la marca para un año y no hablo de la barbaridad de749 de Cy Young, incluso ni de los 386 de Tommy Bond, que ocupa el 20 en la lista; sino de los 75 para una temporada de Will White en 1879, por cierto, este pitcher ocupa el puesto 22 con 64 en 1883. Por lo general, estas son marcas que les corresponden a hombres del siglo XIX y de inicios del XX, todos de la etapa conocida como “era de la bola muerta”.

Si analiza que el mejor en juegos completos de los activos es Roy Halladay, con 66 en 15 campañas, podrá deducir que nadie debe ni soñar con los guarismos impuestos hace más de 80 años algunos.

Batear .400 es difícil para el artillero de hoy por muchas cosas, una de ellas, según los entendidos, no se deben consumir más de 490 veces al bate, pero esto pudiera suceder un día, lo más difícil sería repetirlo una o dos veces.

Batear de hit en 56 juegos consecutivos lleva el mismo tiempo (1941) en cartelera que el .406 de Ted Williams y unos cinco años más que un teatro de Georgia exhibiendo, diariamente, “Lo que el viento se llevó”.

El récord de hits de George Sisler cayó destrozado por el nipón Ichiro. Un día quizás igualen el de impulsadas de Hack Wilson de 191, el de dobles, incluso el de triples de más de 30.

Cuando Roger Maris igualó y superó a Ruth con 60 y 61 jonrones, le pusieron un asterisco, sin embargo, ese año Sandy Koufax superó a Mathewson en ponches para la Liga Nacional y no le colocaron el signo acusador, ambos fueron ayudados para romper las viejas marcas por 8 juegos más en el calendario.

Hay un récord del que nadie habla que, como todos los impuestos en el período 1998-2004, fue ayudado también por los 8 juegos de más y, de forma grosera y capital, por el uso de sustancias de crecimiento: las tres campañas con más de 60 jonrones de Sammy Sosa, si la vigilancia, el buen juicio y la decencia continúan definiendo la frontera entre lo permisible y la delincuencia a favor de la honestidad, pudiera considerarse en el rango de tan difícil de igualar como los 5,000 ponches de Ryan.

Eso, a mi modo de ver el asunto, fue una monstruosidad, imposible de lograr sin la ayuda ajena a la naturaleza humana, sin embargo, porque no han sido eliminados de los libros los récordes de los delincuentes, está ahí como uno de esos retos que ni se sugieren, porque, cuando el pitcher recupera el comando del juego, ordinariamente, no se puede batear.

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Las 3 temporadas de 60 HR de Sosa se perfilan hoy como imposible de igualar

EL PREÁMBULO AL JUEGO DE ESTRELLAS ¿INSUFICIENTE?‏

Por Andrés Pascual

La única actividad de habilidades (si cabe esta definición), presente en el espectáculo previo al clásico de media temporada, es la llamada competencia de jonrones o Home Run Derby, con lo que imponen el sistema de juego a base de poder y presentan un cada vez más alejado concepto de lo que debe ser el beisbol con total y absoluta ausencia de la representación de la estrategia en el terreno de juego.

Si los intereses son presentar la fuerza, el poder como única alternativa, entonces deberían traer a los pitchers que tiran duro y ponerlos a competir entre ellos con 3 lanzamientos, a ver cuál hace un disparo más rápido, digo yo…

Desde 1959, cuando Mark Scott lo hizo un patrón televisivo promocional, el Home Run Derby es la competencia más estrambótica jamás vista: a un hombre que se para ahí le pitchean a medio brazo a ver cuántas bolas se van de zona buena, en nada participa el concepto "run" o carrera, por lo que, lo primero que debieron hacer, fue buscar un nombre adecuado, porque cinco pelotas que se van en un juego representan cinco anotaciones y esas cinco de la competencia no tienen nada que ver con eso ni aunque, como hacen, lo disfracen.

Antes asistían al Derby los mejores jonroneros del beisbol, que se eliminaban uno contra otro hasta llegar a dos que decidían, en realidad casi nunca es el de más poder el que se impone, sino el que mejor le dio a algunas pelotas que se fueron; ese evento lo han ganado pocas veces los que más lejos ponen la bola a lo largo de una campaña; por ejemplo, el año en que lo presentó Scott, compitió Hank Aaron, que no era un slugger de fuerza descomunal como Mickey Mantle, Killebrew, Willie Mays o Colavito, por nombrar a otros cuatro que participaron.

Durante los últimos años, el Home Run Derby ha perdido tanto interés entre los jugadores de poder genuino y consistente, que se ha visto participar a algunos que en 1958, 59… hubieran sido considerados "hitters" sin que se pusiera bravo nadie, por lo que no hubieran estado en la competencia.

¿Por qué tanto al Derby como al propio juego lo evitan como a un enfermo de peste bubónica algunos jugadores de renombre? Por dos razones: ganan mucho los estrellas reconocidos o están en la rutinaria lista de enfermos, operados, próximos a operar o en recuperación, a veces han dicho que "van a descansar" y nadie los obliga a cumplir el compromiso con "el respetable".

Entonces este evento va quedando como interesante, como carta de presentación y para su disfrute, prácticamente, del recluta que persigue, a como dé lugar, que su nombre aparezca en titulares el día siguiente, mimado durante poco tiempo por el fanático que le agradecerá su contribución al triunfo de su liga si hizo algo notable.

El Home Run Derby debería ser una competencia de una sola vuelta, todos contra todos, entre los hombres que ocuparon los primeros cinco puestos en cuadrangulares por cada liga el año anterior y los tres primeros del año en curso, un retirado por cualquier circunstancia o un lesionado debería ser reemplazado y 8 por cada escuadra es un número bonito, práctico y necesario para que no dure un día el encuentro personal. A fin de cuentas, este año, (no es la primera vez) un manager retirado volverá a dirigir a uno de los dos circuitos en el juego y no aparece el arreglo a tamaña barbaridad.

A mi modo de ver (lo hacen en algunos países del Caribe,  Cuba entre ellos), la presentación de la velocidad en la vuelta al cuadro y en una carrerita de 50 metros pudieran nivelar objetivamente el sentido del juego, que debe estar presente además del poder al bate.

Otro plato muy interesante, el tiro a un barril o a una circunferencia, desde el home a segunda base, por los catchers de mejor brazo de ambos circuitos y un buen tiro desde el center por los 5 mejores y más fuertes disparos de outfielders de cada liga.

Lo de las lesiones no debe ser objetado, a fin de cuentas, a diario se ve a un pelotero que sale trotando hacia primera en terrenos que son platos y, sin que encuentre ningún promontorio en el trayecto, llega a la inicial con un "músculo engarrotado o con un tirón".

Estas competencias del día anterior al Juego de Estrellas durarían lo mismo en total que por "llevarse la cerca" como se presenta hoy, pero sería mucho más interesante la propuesta por lo variado, que la monótona cantaleta anual, a la que asisten varios jugadores que no son reales sluggers, en una época en la que el récord es de 73 batazos de vuelta completa y el sub 70.




Snider, Mays y Musial sluggers del "buen tiempo ido"

 

DOS “CON EL AGUA AL CUELLO”‏

Por Andrés Pascual
La selección castrista que juega en La Habana contra una selección de daycares (círculos o jardines infantiles) norteamericanos, dicen que una serie de fogueo de 5 partidos, perdió el primero 3-4 y ganó por una los siguientes dos, el último, 9-8. Yo no dudo que la ganen, sin embargo, a quién le importa en Cuba, porque ni la asistencia al Cerro ni el seguimiento por radio o televisión lo desdicen.
Lo que comenta la prensa de allá sobre la forma cómo juegan estos peloteros es inaceptable, no solo porque enfrentan a jugadores que todavía ninguno ha de haber participado en su encuentro 500 de por vida; sino porque, cuando le ganan a rosters de estrellas de Grandes Ligas en los mal llamados clásicos, no hacen la misma proposición, basada en que no están “acoplados ni en juego”.
En el caso de aquel Baltimore de hace 15 años había razones con fundamento para proponer que ganaron deslealmente, o cuando lo hicieron contra Puerto Rico, contra Dominicana, o contra Santana y Venezuela en ese denigrante espectáculo que Bud Selig no acaba de imponer, porque es una falta de respeto y una humillación contra el Beisbol Organizado, llamado Clásico Mundial.
Por la experiencia de 30 años viviendo entre aquella farsa criminal que es el período “robolucionario” del castrismo, sé bien que no persiguen foguearse ni obtener experiencias, eso no les interesa a quienes viven de imponerle la mentira al pueblo, aquel engendro de dictadura vive del control ideológico absoluto, de la inyección del triunfalismo a como dé lugar, lo que, por la labor de destrucción del beisbol, por ejemplo, ya no pueden mantener. Ellos quieren ganarle a un equipo americano, el que sea, para tener material de re-adoctrinamiento a la población, hoy muy difícil de hacer, cuando no imposible, por lo menos al estilo de 1960-199…
Igual que con el engatusante logro del sistema de salud, que acaban de desnudar y pisotear ellos mismos, con el regreso al siglo XIX por una epidemia infectocontagiosa cuyo antecedente está en 1892 y su última muerte un año después, contra 16 en lo que va del 2012.
El peligro para el beisbol hace rato que dejó de serlo en Cuba, ya es una impactante realidad la decadencia forzada del juego para liquidarlo y tener a mano la justificación preparada desde hace 54 años, que será decirle al pueblo que “no tiene interés popular, entonces, como la harina que cambiaron hace 39 años por la libra de arroz, la vamos a retirar del mercado…”, si bien aquella pasta apestosa no tuvo sustituto, el beisbol tiene ahí el balompié, no por menos costoso, sino por menos cercano a lo patriótico y a los Estados Unidos, porque es un deporte por el que no hay que agradecerle nada al “Imperialismo” ni este “monstruo” lo domina mundialmente ni tiene figuras de relieve e importancia universal.
Pero al público que apoyaba fanáticamente “el peor y único beisbol esclavo del mundo”, también lo perdieron: hace rato que no leo ningún comentario en Juventud Rebelde que complemente lo que esos plumíferos quieren reimponer y eso es un logro, pero de la verdad, aunque sea sobre un terreno de pelota.

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Pie de grabado: Ya les arrancaron la careta en el beisbol

REGGIE, LA LENGUA SOLO ES BUENA ESTOFADA

Por Andrés Pascual

Hay algunos a quienes la fama “se les encarama en la cabeza” y se creen autorizados por las 7 potencias a repartir sandeces por el mundo a “tutti plen”.

El problema es que, posiblemente, se crean infuencia catedrática en asuntos en que lo mejor que hicieran fuera cerrar la boca.

El último de la legión de habladores de basura es Reggie Jackson, del que la mayoría de los medios sobre beisbol americanos han publicado un muy particular juicio sobre algunos miembros de Cooperstown que, según el tipo, no deberían estar allí.

He leído a varios cronistas que han dicho que Jackson no es un inmortal de plantilla legítimo y yo lo creo, sobre todo por su anémico promedio de .262 en 22 temporadas y más de 10,000 veces al bate.

Si en esta era se cuestiona a Jim Thome, mejor bateador que Jackson, como futuro miembro del Templo, pues que nadie dude que tiene razón el que le niegue a posteriori la entrada que ya hizo.

Según el artillero que beneficiaron con un MVP de Serie Mundial que le correspondía al cubano Berto Campaneris, Bert Blyleven no merece estar en Cooperstown, porque “el hombre grande del pitcheo en los 80´s fue Jack Morris”.

El problema es que Morris no ganó más ni tuvo mejor promedio de limpias ni más ponches ni más completos que el curveador que hizo historia con el Minnesotta.

El tipo quiere al héroe del Detroit con 39.8 de WAR adentro y sugiere sacar del recinto a alguien que compila 90.2 en el mismo renglón.

Incluso, cuando se refiere a algunos jugadores “indignos” de Cooperstown que ya fueron elegidos, como que los quiere complicar con el uso de sustancias prohibidas, entonces tampoco quiere allí ni a Puckett ni a Gary Carter ni a Jim Rice.

Carter, uno de los mejores catchers de la historia, compiló 66.4 de WAR, mientras Jackson 66.8. Como receptor, su promedio de .262 es mejor que el de zurdo que jugó 5 años para los Yanquis y terminó con el mismo average.

Kirby Puckett bateó .318 en 12 años de una carrera que la acortó el nefasto bolazo que le propinó Dennis Martínez y empujó más de 100 3 veces. Fue a 10 All Stars, ganó 6 Guantes de Oro y 6 Bates de Plata. Héroe de 2 Series Mundiales bateando y fildeando.

Por la otra carrilera, Reggie solo tuvo 5 campañas de más de 100 empujadas en 21 años de servicio, ningún Guante de Oro y solo dos Bates de Plata, aunque tiene un MVP y 17 All Stars. Mr Octubre por los 5 jonrones con los Yanquis en 1978, 3 de ellos en un juego, un bulto a la defensa desde que nació.

Todos estos hombres que están en Cooperstown y a los que atacó estúpidamente Reggie Jackson merecen estar ahí, igual que Jim Rice, uno de los grandes bateadores del Boston de la era moderna.

Lo que se diga en el rumbo de Jackson contra la elección de esos peloteros sería otra sarta de barbaridades sin razón, especie de basura que ni reciclable es.

 

 

A Jackson lo indigestó la fama

A Jackson lo indigestó la fama

 

MÁS DE LO MISMO O LA GENTE NO QUIERE ENTENDER…

Por Andrés Pascual

Hace unos días, Higinio Vélez declaró que no podían pagar por jugar en la Serie del Caribe, este tipejo tampoco tiene ni idea de qué es ni cómo funciona el evento. Por lo que se ve, ya en la ex Isla Bella quedan pocos, tal vez nadie, que pueda comentar sobre ese particular con autoridad.

También dijo que las puertas no estaban cerradas a la participación castrista, pero tampoco les interesaba pertenecer a la “agrupación”.

Señor, con el ningún respeto que merecen ni usted ni sus dueños, incluso los que quieren verlos en la Serie del Caribe violando estatutos de moral bien concebidos hace 64 años, la Serie del Caribe, proposición de dos extraordinarios deportistas venezolanos ya fallecidos, Oscar El Negro Prieto y Pablo Morales, no es una “agrupación”, sino una CONFEDERACIÓN de ligas, que es otra cosa.

Sería una sorpresa que gente acostumbrada a robar, a mendigar y a mentir estuvieran dispuestos a pagar la contribución, extensiva al organismo, que exige la participación. Sin embargo, porque ese evento ha perdido su calidad y su interés a manos de gente tan poco útiles ni capaces como los “dirigentes castristas”, pues nadie duda que les paguen el importe para verlos jugando ahí.

Ahora, el evento regional no es como para “foguearse para el Mundial”, como usted, ridículamente, dijo, porque asiste el campeón de cada liga (ligas invernales), más uno o dos refuerzos debidamente justificados, entonces, si la ex potencia regional se decidiera a jugar con los gastos pagados, tendría que hacerlo con “el símbolo de la pelota cubana, Industriales” y, si algún elemento joven decidió montarse en una balsa, pues con un sustituto.

Esas son la reglas, ahora, si el señor Puello, especie de nulidad al frente de la Confederación de Países del Beisbol Profesional del Caribe, quiere que ustedes vayan con el equipo de Castro completo, con lo que casi seguro juega este individuo, pues… allá ustedes, porque nadie sabe cómo justificarían perder contra Hermosillo sin Adrián, o contra el Escogido sin Pujol…

Algo que no acaban de entender para contárselo al público no cubano, es que ningún beisbol se fortalece con “intercambios”, ni amistosos ni enemigos, eso no hizo la grandeza que ustedes destruyeron porque era demasiada carga política “enemiga” de verdades insoslayables.

Acaba de ganar un juego en La Habana un equipo colegial americano, en el que un estudiante de apellido Conforto le metió un jonrón a un veterano castrista con bases llenas en el 5to y los “héroes de su pueblo” no pudieron igualar el score, que terminó 3-4. Dicen que la serie de cinco juegos es de fogueo.

Es un regreso a los 70´s, 80´s y 90´s de acuerdo a la clase que enfrentaban, por lo que de fogueo no tiene nada, más bien este tipo de ventana “a la buena voluntad” y al deseo de Víctor Mesa de que sea útil para acercar a ambos países (que nunca han estado separados pero ese individuo ni se lo imagina) es un paso formidable hacia atrás en lo que quiere la tiranía, que es acabar con el gusto popular por el beisbol para quitarlo con la justificación de que no se sigue masivamente y el balompié está ahí para algo.

Unos días antes le ganaron 4 a Nicaragua con un empate, otro fogueo espectacular.

Me llamó la atención, a pesar de la lluvia, que toda la grada del outfield estuviera vacía, eso no era posible antes con un equipito americano, tan colegial como este, en el Cerro entre 1979-1989.

También me sorprendió que se publicara lo eficaz y rápido como trabajó el equipo de drenaje para lograr que se jugara. No me sorprendió que siguieran escondiendo que el famoso drenaje del Estadio que hicieron Bobby Maduro y Miguelito Suárez fuera destrozado, sobre todo la fibra de vidrio, cuando al sátrapa se le ocurrió levantar el césped para situar allí las patas de cientos de animales uniformados durante la Tricontinental y como epílogo de esta, en 1966.

Uno de esos borregos (por carnero), del INDER, dijo que habían “desertado” 27 atletas, con lo que parece que van a iniciar un conteo de “emigrados” al estilo de lo que hicieron con las lanchas del Mariel: hay 400 ancladas, mañana 245 y así.

Hay gente a la que no le gusta el término “desertor” que le aplican allá a los que envían hacia acá “tapiñaos”, que son la mayoría, sobre todo en beisbol y en boxeo, acepción muy utilizada también por la prensa americana (defector), sin embargo, de acuerdo a lo que son para la tiranía, que así lo repiten esos genízaros cada vez que los despiden, los abanderan o los reciben, “soldados ideológicos del régimen”, no veo motivos para que se ponga bravo nadie. Es lo mismo que llamar Cuba a esos equipos, que llorar por ellos y criticar a quien no lo haga, pero sin posibilidad de exigirles y que se cumpla que Kendry Morales sea el cuarto bate de esa novena, o que dejen que Yunieski Betancourt juegue para Las Villas.

La pérdida de la calidad de ese beisbol se provocó durante 50 años, el objetivo fue y es político, a partir de que “el pueblo de Cuba no puede continuar adorando a los peloteros americanos ni a los cubanos que jueguen allá, porque el interés es crear un odio enfermizo, a muerte, contra los yanquis”, después se puede considerar el fenómeno del robo de la propiedad privada, porque la pelota profesional era un gran y exitoso negocio particular en la Cuba de antes de la horda.

En 1938 Agapito Mayor y Roberto Ortiz ganaron con el equipo Cuba el beisbol de los Juegos Centroamericanos y del Caribe; en 1939 Cuba ganó la verdadera primera Serie Mundial Amateur y ninguno de los dos estaba en el róster antillano.

En el período 1940-1945, la DGE confeccionó el equipo nacional a la 3era Serie Mundial Amateur 3 veces, lo que permitió que jugadores negros formaran parte del mismo, los pinareños Rafael “Villa” Cabrera, Pedro “Charolito” Orta y Catalino Ramos, el receptor habanero Carlos Colás, todos de la Liga Inter Fuerzas Armadas, o el villareño Pablo García y el reglano Huevito Rodríguez. El pelotero sepia no integraba el equipo cubano cuando era seleccionado por la UAAC, porque la Liga Nacional Amateur, fundada en 1914, estaba afiliada a la Unión Atlética desde 1922.

En 1940, el equipo Cuba ganó a pesar de prescindir de 6 jugadores de 1939, QuiIla Valdés entre ellos y perdieron en 1941 en La Tropical contra Venezuela por el error del Guajiro Rodríguez en el centerfield.

En 1942 ganaron de nuevo sin Napoléón Reyes, pero en 1943 tampoco tenían a Andrés Fleitas, ambos con el Almendares y en Ligas Menores.

En 1946 no estaban con el equipo Cuba ni Limonar ni Isidoro León ni Consuegra ni Jiquí ni Antonio Estrella ni Quicutis ni Luis Suárez, solo se mantuvieron Jorocón García y Bernardo Cuervo, casi ningún jugador que contribuyera a la victoria en la Edad de Oro de apenas 3 años antes, dejó de saltar al profesionalismo, pero, en 1950 y 1951, ganaron la Serie Mundial y los Panamericanos otra vez, solo con Amorós y Scull como figuras realmente importantes.

El problema es que, mientras se ganaba en los amateurs, una vez que se inició la Serie del Caribe, también se ganaba.

Cuba ganó en 1953, cuando Lindo Suárez le pronosticó el nueve ceros a los anfitriones en Venezuela, se los recordó inning por inning y se los propinó, ni Camilo ni Fornieles ni Humberto ni Noble ni Miñoso… ni Wito Alomá ni Willy.

Algo interesante, a la Serie del Caribe asistían los campeones de los premios invernales con uno o dos refuerzos justificados, por lo que el mejor jugador cubano de esa década, Orestes Miñoso, solo pudo estar en dos, que fueron las veces que ganó el Marianao, 1957 y 1958.

Todo esto quiere decir que no se puede culpar por la debacle provocada del beisbol a la ausencia extraña de 4 gatos, sin tener en cuenta la historia grandiosa del pasatiempo en Cuba, que desdice completamente tal justificación.

Hoy escuché por el canal 41 a un cronista decir que “tienen que hacer ajustes…” cuando se debe repetir lo que cansa: mientras siga esa tiranía allí, que logró desbancar al beisbol como deporte nacional, no se puede iniciar la recuperación del interés perdido por este deporte, porque la pelota fue grande y poderosa en Cuba por los que la administraban, primero, por la cantera que tenía y por sus relaciones con el Beisbol Organizado.

Esto es lo que nunca dirán allá porque lo desconocen a propósito y no les interesa, pero es lo que hay que machacar aquí hasta el cansancio, a ver si un día nos despertamos y no sabemos más nada de aquella caricatura mala de lo que fue una leyenda, acaso la única en el área, a pesar de Yoenis, de Viciedo, de Chapman…

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El colegial Conforto les dio el purgante del día

DUSTY BAKER HUELE A REVANCHISTA

Por Andrés Pascual

Resulta que el manager del Cincinnatti cuestionó a Tony Larusssa, porque escogió a Zack Greinke sobre el suyo, Johnny Cueto… El ex director de los Cardenales ripostó y tuvo a su lado a quien es su amigo personal, el Señor de los Anillos del Beisbol, Bud Selig.

Yo no soy admirador de ninguno de los dos, ni de Baker ni del tampeño, sin embargo, por lo que he podido leer, el abogado tuvo la razón.

Lo preocupante en este caso es que Dusty Baker ha intentado colisionar con los blancos más de una vez y no lo han hecho titulares, ¿Razones? ¡Vaya usted a saber! pero, si a un blanco se le ocurriera ponerse de parte de un jugador de su raza, tomar por el cuello a otro negro que dijo tres verdades (caso Barry Bonds-Jeff Kent), sobre poco interés en el terreno, no quedaría un barrio ni vietnamita ni coreano en pie en el Oeste del país ni habría tranquilidad hasta que no hubieran botado a los implicados blancos, sin derecho ni a retiro ni a pensión ni a hablar en ningún foro público o privado. Hoy por hoy, en este barril de pólvora que llaman Estados Unidos, la cosa está de “yuca y ñame” y parece que algunos como Baker quieren complicarlo más.

Hace varios años Dusty Baker se rió ofensivamente de los jugadores blancos, en aquel momento sugirió un “doble platoon” de juego porque, según ese individuo, el blanco poducía de acuerdo a la sesión de juego, diurna o nocturna y al sol.

Para reafirmar la peligrosa barbaridad, agregó que su madre era profesora de Estudios Sociales en San Diego y que él sabía de lo que hablaba.

Este tipo de cosas deben pararlas cuando salen de la boca de individuos racistas y revanchistas como el mencionado, o hay una seria exposición a la candela general cualquier día, todo está en que los blancos se cansen.

Yo creo que, conociendo “lo otro” de Baker, la esencia racista merodeó en su ataque a Larussa. Casi siempre este tipo de gente reacciona agrediendo como respuesta innecesaria a lo que casi nadie, sino ellos, ven en las acciones ajenas.

Por lo que se ve, como la Media, como muchos defensores de esta minoría a la que pertenece el manager sepia, que acusan el complejo de culpa por la Ley de Jim Crow hecha por sus antepasados, el Comisionado también les teme, tanto que no fue capaz de leer entrelíneas, pero hizo tierra a José Canseco, tal vez el único intento inútil que se ha hecho por salvar al beisbol, en igual medida que Baker y otros como él pueden enterrarlo.

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A Baker le gusta jugar “con los blancos”

ESTRELLAS DE UN MOMENTO Y ESTRELLAS DE TODO EL TIEMPO‏

Por Andrés Pascual

Existen dos tipos de jugadores que pueden estar en el Juego de Estrellas escogidos por el público: el jovencito que debutó el año pasado y la gente tiende a confundirlo con "otro Willie Mays", incluso el que, debutando este mismo año, son capaces de llevarlo al clásico de media temporada por dos líneas o un nueve ceros que propine y el veterano astro que un día estará en Cooperstown, porque tiene números sostenidos y carácter de liderazgo: en 1960 el cubano Tony Taylor fue por los Filis, después no volvió, Dontrelle Willis es otro caso y hay miles.

Sin embargo, a Williams, a Musial, a Mantle, a Aaron, a Mays, a Yaz, a Banks…los llevaron casi que con muletas. El colmo fue la elección de Mike Schmidt un año después de retirado.

Este año va a dirigir Tony Larussa a la Liga Nacional, que ya se retiró, porque ganó el pasado con los Cardenales, no será la primera vez que sucede, sin embargo, tal vez se vería mejor si fuera como piloto el segundo lugar.

Hay un sinfín de detalles de qué hablar respecto al Juego de Estrellas, a fin de cuentas, hay más Estados de la Unión que clubes en ambas ligas y algunos con  más de dos.

He leído algunas opiniones inconformes por la manera como eligen a los jugadores para el Juego de Estrellas de Grandes Ligas, según aquellos, la participación popular vía internet y la posibilidad de votar más de una vez no solo es injusta, sino casi descarada.

Sin embargo, el problema debe abordarse a partir de ¿Cuántos se quejan y lo hacen saber? y ¿Qué elementos tuvieron los que impusieron y mantienen esa moda para considerarla efectiva?

Si algo me asombra cada día más de este país, es ver cómo algunos invierten tiempo en cambiar el orden establecido, sobre todo y casi siempre, gente que ni es americano ni están dentro del negocio.

Por ejemplo, si yo fuera a criticar la forma como seleccionan al Juego de Estrellas, lo primero que haría es verificar con alguien de las Oficinas del Comisionado por qué lo hacen así. Porque, posiblemente, nosotros no estemos preparados para asumir una posición crítica consecuente, no por inferiores, que no lo somos, sino porque desconocemos y hablamos, que sí lo hacemos.

Sin embargo, todavía el público no tiene acceso al departamento de pitcheo, que lo escoge el manager.

El Juego de Estrellas, lo pinten como lo pinten, ya no despierta el entusiasmo de antes, ni la Serie Mundial, por eso han llenado el final del calendario de series de postemporada con las que puedan "recoger" lo que es imposible en el Clásico de Octubre de hoy.

Entre 1959-1962 se jugaron dos juegos de Estrellas por temporada, así de interesante era, la medida había sido aplicada primero en Ligas Negras, como que preveían el desgano ante el compromiso, pues abortó en 4 años.

Lo mejor que se puede hacer si se quiere escribir algo sobre el Juego de Estrellas, no es criticar la forma como seleccionan a un pelotero que, después de todo, estará allí también como regular o como suplente, sino el desgano, la desconsideración de los jugadores de hoy que, si se sacudieron la nariz hace un mes, informan gripe aviaria y no van.

Estos últimos 20 años del beisbol de Grandes Ligas están llenos de nombres ausentes del compromiso ante su público, recuerdo a Greg Madduxx diciéndole a la prensa 2 series antes del juego "no voy a estar, voy a descansar, que abra fulano…" retrato de lo que sienten por el público los jugadores modernos, es decir, nada.

El pelotero de hoy responde al dinero solamente, parece que el auto que entregan al JMV (antes era un Chevi, ahora ni sé si lo dan) no es digno de esos ricos, es decir, no correspondiente con la personalidad de estos millonarios, muchos un fraude deportivo, aunque abran el juego de estrellas.

Una vez Fausto Miranda me dijo "llevo x años votando para el Salón de la Fama, pero sé bien que, cuando llega la boleta nuestra con apellido hispano, ni la leen…"

Eso creía una de las grandes figuras de la prensa deportiva caribeña de todos los tiempos, de personalidad comprobada como para exponer un criterio fiable.

Ni Fausto ni nadie de la leyenda del diarismo hispano sobre beisbol acudirían a argumentos sobre la elección al Juego de Estrellas sin conocer la razón por la que mantienen esa forma de elegir.

Y eso es lo primero que se debe hacer al comentar como injusta una medida americana de un deporte también americano: INFORMARSE que, como son esta gente, deben tener argumentos demoledores para explicar sus actos, solo hay que solicitarlos… en inglés.

En la foto, las Estrellas de la Liga Americana de 1937, que nunca le fallaron al público: Cronin, Dickey, Dimaggio, Greenberg, Gheringer, Gehrig y Jimmie Fox

 

 

 

Eran otros tiempos, mejores tiempos: Cronin, Greenberg, Gheringer, Gehrig, Dimaggio, Foxx, Dickey, LA en 1937

Eran otros tiempos, mejores tiempos: Cronin, Greenberg, Gheringer, Gehrig, Dimaggio, Foxx, Dickey, LA en 1937

 

TORRE, COMO SIEMPRE, “UN POCO INDECISO”‏

Por Andrés Pascual

“Estoy un poquito prejuiciado”, “es como un hijo para mí”, palabras de Joe Torre después que respiró más aliviado que el propio Roger Clemens, cuando se conoció el fallo que exhoneraba al ex pitcher por acusaciones relacionadas con el uso de sustancias prohibidas y perjurio ante el Congreso.

Yo era fanático de Clemens, pero, ni el veredicto que lo libera de culpas hará que recupere la confianza en el individuo; sin embargo, nunca simpaticé con Joe Torre, ni como persona ni como manager, siempre lo vi como un tipo capaz de rebajarse ante cualquier ofensa para continuar en los Yanquis, tampoco lo creí un gran director ni como motivador ni como estratega.

A fin de cuentas, si entra a Cooperstown como aparenta, será más como aquellas plumas chinas de los 60s que entraban a Cuba exactamente iguales a la Paper Mate, pero que, cuando uno las utilizaba un par de veces, se partían por el lugar que se sostenían para escribir, este señor ha sido más una caricatura que un auténtico conductor de personalidad, sabiduría y brillo, porque existe una larga historia previa con otros clubes y, ¿Qué?

Definitivamente, el brookliniano es una factura total de Steinbrenner por medio de los Yanquis de Nueva York.

Con su opinión sobre la elegibilidad del ex pitcher al Salón de la Fama, el tipo es blandengue y medio contradictorio, sin la fuerza moral ni la personalidad suficiente para amparar con autoridad lo que dice, que es su voto por el Rocket y así se comporta Joe Torre, entre reclamante y concesivo, entre quiero y no quiero, entre soy yo, pero ni mi nombre conozco, ante todo y siempre.

Torre, como manager, es el resultado de los tiempos, sobre todo de la familia que controla a los Mulos desde hace 40 años.

Hace un tiempo dijo barbaridades de Alex Rodríguez, por lo que, tal vez cuando se presente el momento, no se refiera a las relaciones con el artillero como de “padre e hijo”; Alex, que dio positivo y lo reconoció, va a entrar a Cooperstown, porque su popularidad no ha bajado en lo absoluto ni para la crónica del sector, que lo siguen como si nada hubiera sucedido.

Hace unos años, un coach cubano que hacía de todo en los Yanquis: corrido de las bases, bateo, fildeo y hasta receptores, solicitó un aumentico que se parecía más a un par de pesos para un desayuno en Dennys que una merecida promoción salarial por su calidad de trabajo, sin embargo, a “la hora de los mameyes”, el manager Joe Torre no estaba en el lugar indicado para apoyarlo, sino al lado de la gerencia, por supuesto que el tipo renunció y se fue a otro club con su sapiencia, su esfuerzo y su responsabilidad ante la faena.

Si Clemens entra al Salón ningún jugador con números y liderazgo debe quedar fuera: ni Sosa ni Palmeiro ni McGwire ni Manny Ramírez… por supuesto, tampoco Alex Rodríguez.

El caso de Joe Torre, que lo van a meter en el recinto por obra y gracia de los Steinbrenner, que le buscaron los jugadores a tal efecto, a mi modo de ver y de acuerdo a la Historia, es más débil argumentalmente que el de cualquiera de los peloteros estigmatizados.

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El padre de Clemens habló “palante y patrá”

CON UN POCO DE VALOR Y DE DECENCIA RESOLVÍAN

Los hermanos Fleitas, Angel y Andrés, coincidieron en Chatanooga

Los hermanos Fleitas, Angel y Andrés, coincidieron en Chatanooga

Por Andrés Pascual

El nivel de juego en las Grandes Liga ha bajado en un 25 % con respecto a períodos anteriores producto de las expansiones, solo conocer que hay 150 lanzadores más es una barbaridad y un desencanto.

Eliminaron las clasificaciones B, C y D y el argumento justificativo es que del colegio salen con la misma preparación que cuando la mayoría tenía que transitar por los sacrificados e incómodos niveles de las categorías que desaparecieron. También se dice que el cierre de ligas tuvo como objetivo emplear ese dinero en las superiores y vivas aún, amén de los contratos y bonos monstruosos del tiempo actual.

El caso es que el fanático está viendo un pelotero en Grandes Ligas que ni idea tiene de las interioridades del juego por la poca experiencia con que llega a las Mayores y, sobre todo, por ninguna del juego profesional necesario, por lo que puede decirse que no sabe jugar pelota, pero, en esas condiciones,  debuta al bate en Yanqui Estadio por ESPN, o lanzando…

Cuando, como ahora, se apura a los jóvenes a sabiendas de que este es el deporte en el que más tiempo necesita un atleta para adaptarse y cuajar, no solo rebajan el nivel en las Mayores, sino que lesionan seriamente el de clase A, AA o AAA, porque ¿Qué clase de pelota se estará jugando ahí, si las Grandes Ligas están así?

Hasta 1961 era una hazaña jugar en las Menores. Aunque el tipo solo hubiera calentado el banco en clase A, era un fenómeno digno de verse, por lo menos así era en Cuba; un Triple A era algo de otro mundo, un big-leaguer era Dios vestido de pelotero.

Sí, estos de hoy son muy jóvenes,  son muy grandes, tiran duro, algunos corren bastante sobre terrenos diseñados para volar, pero no saben tocar la bola, tienen mucho poder con pelotas supervivas y estadios con las cercas más cerca y contra lanzadores que no tienen ni el control ni la inteligencia obligatorias para estar en Grandes Ligas y, radicalmente, carecen del cacumen, de la picardía y de la responsabilidad ante la faena.

Los que dirigen el juego, con esteroides o no, quieren supermanes con caras de estrellas del celuloide, por eso mantienen las pesas como parte del training, por eso y otros detalles es una falta de respeto a la inteligencia informar la cantidad de lesionados desde el primer día del entrenamiento, cuando se sabe que, antes, a un pitcher le prohibían hasta nadar para que no se le engarrotaran los músculos y les pagaban sumas ridículas por lo que hubiera hecho el año anterior, no montañas de dinero por 2, 3, 5, 10 campañas por lo que creen que harán.

Entre la expansión, los contratos multianuales y la sobreprotección que ofrecen la agencia libre y el sindicato liquidaron al llamado “mejor beisbol del mundo”, todo resumido en dinero, mucho dinero,  sin dudas que más de la cuenta.

A finales de los 40s, cuando se produjo la división de la pelota profesional de invierno en Cuba por las sanciones que le impuso el Beisbol Organizado a los “renegados” o jugadores que aceptaron irse a la Mexicana en el período dorado de los Pasquel, fue contratado para dirigir en el campeonato paralelo que se organizó el ex pitcher de los Yanquis y miembro de Cooperstown, Vernon “Lefty” Gómez, según contaba Yiyo Jiménez en una entrevista que le hizo para Información, el americano, luego de ver a Moín García y a otro pitcher nativo calentar el brazo, le dijo al legendario cronista que “aquí no hay que traer pitchers de ningún lado, sobran los buenos…”

Ramón “Moín” García jugó amateur con el Teléfonos, además de en la Liga Cubana, en otros países del área como Dominicana o Venezuela, en los que se desempeñó como una estrella de la serpentina.

Como varios cubanos de la época, tuvo su oportunidad con el Washington en 1948, tres años después de concluida la 2da Guerra Mundial, es decir, no como suplente de “los que iban al servicio militar”, situación que le dio cabida hasta a los cargabates en los rosters.

La actuación del ex telefónico no solo puede catalogarse como mala, sino como desastrosa: 0-0 en 3.2 entradas de 4 juegos, 11 hits, 7 carreras todas limpias, 4 bases por bolas, un golpeado y 2 ponches con un porcentaje de 17.48, el lanzador tenía 24 años durante esa campaña.

El recientemente fallecido receptor-inicialista cubano Andrés Fleitas, alabado por muchos, no jugó en Grandes Ligas, ni el Chino Hidalgo ni Mario Fajo ni Leandro Pazos ni Virgilio Arteaga ni Natilla Jiménez… Limonar apenas calentó el banco en el Washington, como Luis Suárez o como Mosquito Ordeñana, pero Asdrúbal Baro no pudo alcanzar la categoría mayor ni Leroux ni Luis Zayas ni Vicente López ni Musulungo Gutiérrez… de Isidoro León no debe decirse que estuvo allí ni de Choly Naranjo ni de Enrique Izquierdo…

De Reynaldo Ordóñez, con 3 Guantes de Oro, se decía que bateaba muy poco, aunque era regular de los Mets de Nueva York, sin embargo, visite los números de Ossie Alvarez, de José Arcia o de Jackie Hernández para que “se chupe los dedos”.

Los lanzadores que llegaron después de Arocha y este mismo, no solo han estado más tiempo en Grandes Ligas que muchos de los del período grande del beisbol cubano, sino que sus guarismos son mejores que los de la mayoría, con la excepción, extraña por cierto, de Yuniestki Maya.

Roberto Ortiz fue amateur con el Hershey, integró el equipo cubano a los Juegos Centroamericanos de 1938 junto a Agapito Mayor, otro pitcher criollo que tampoco ascendió a las Mayores.

Como Agapito, Ortiz es una leyenda cubana del profesionalismo con el Almendares y en México, sobre todo, donde está en el Salón de la Fama. Pudiera ser considerado, junto a Willy Miranda, como “los jugadores más populares de todos los tiempos en Cuba”.

Sin embargo, revise los números de la carrera del Gigante del Central Senado en las Grandes Ligas: en 6 campañas, 213 juegos y 659 veces al bate, anotó 67, impulsó a 78, conectó 168 hits, 18 de ellos dobles, 10 triples y 10 jonrones, robó 4 veces y lo atraparon 3, se ponchó en 95 oportunidades y le dieron 43 bases por bolas, el promedio de alguien al que se le consideró un bateador superior no pudo ser más anémico con .253. Durante su primer entrenamiento como pitcher con los Senadores, Ortiz sufrió un bolazo en la cabeza que le produjo fractura en el parietal izquierdo y esto vale la pena decirlo.

Los promedios en Grandes Ligas de Lorencito Fernández, de Juan Delís, de Rafael Noble, de Valdivieso (así como lo escribí), dan risa.

Hay algo notable a favor de Cuba, todos esos jugadores y los otros, en abrumadora mayoría, eran mejores que los de todos los países de Hispanoamérica juntos, que no podían colocar ni a dos a la vez en Grandes Ligas y los nombres que salvaron sus honrillas fueron Melo Almada, Jesse Flores, Hirán Bithorn, Rodríguez Olmo, Patón Carrasquel y dos o tres más, incluso durante los 50s y los 60s, los cubanos dominaron no solo a las Grandes Ligas, sino los campeonatos invernales de esas nacione y, más notable aún, jamás ningún hispano logró ser manager o coach en ningún tipo de pelota en Cuba, mientras los cubanos sobresalían y, muchas veces, fueron mayoría dirigiendo en esos campeonatos, coincidiendo hasta dos en Series del Caribe y tres en torneos de países, incluso en la Mexicana. Tanta historia hicieron, que algunos están en más de un Salón de la Fama en la región y eso dice algo ¿No?

A la tiranía le importa un pepino la debacle del beisbol nacional, a fin de cuentas, la provocaron durante más de 40 años, pero al fanático sí, entonces algunos periodistas de Cuba, que no tienen chispa para entender que Castro no quiere más pelota y por eso han colocado al juego donde está, se les consume el cerebro (el poco que tienen) proponiendo, criticando hasta donde pueden por el lado equivocado en los dos o tres libelos que circulan racionadamente allá.

Hasta el esbirro Taladrid, de la Mesa Redonda, ha funcionado como técnico proponiendo soluciones, menos profesionalizar el beisbol.

Como que no pueden reactivar la historia que el público no conoce ni debe conocer (ni Taladrid ni el hijo de Castro, Zar de la pelota allá, tampoco), historia perdida incluso para todos los plumíferos del feudo castro-comunista; por la fidelidad impuesta a aquellas frases que presagiaron el presente, “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava” y “tenemos el mejor beisbol del mundo”, dichas en 1962 y repetidas miles de veces después con la demoledora (de verdad), del propio Castro en el Aeropuerto de Rancho Boyeros al recibir a “su equipo” después de ganar pírricamente la Serie Mundial de 1969 “tenemos que hacer una revolución en el beisbol”, pues no pueden ni darse un poco de aliento con lo que conté antes y con lo que voy a decir, por derrotas continuadas, una de ellas, contra Holanda.

Si esa gente no estuviera interesada en la destrucción absoluta de la pelota destaparían el pasado y hablarían de lo mal que le fue a aquellos jugadores que, durante los 40s ó los 50s, por ejemplo, fracasaron ruidosamente, incluso ni jugaron en Grandes Ligas muchos con etiquetas de leyendas, pero ni para pasarle la mano al público arriesgan lo que imponen a través de la censura y la mentira.

Por ejemplo, pudieran decir que la pelota castrista es superior a la de antes, porque a nadie de Latinoamérica le dan lo que a los peloteros que mandan encubiertos hacia acá como agentes libres de primer año, a través de contratos multianuales; también que a jugadores pasados de edad los han hecho millonarios sin haber jugado pelota dura nunca, como a Contreras y al Duque, o que Alexeiv Ramírez y Yoenis Céspedes salieron de Cuba directo a las Mayores sin escala en ningún lado, con lo que tendrían de sobra para contentar al público castrista de allá y de aquí que no tiene consuelo. Si miran a México y comentan sobre lo que hacen Cañizares y Abreu…

Claro, tal vez no podrían ser capaces de explicar por qué, a pesar de rendir en Grandes Ligas, ni Céspedes ni Viciedo ni Ramírez… igualan ni a los peloteros de segunda de otros países y no hablo de Miguel Cabrera ni de Pujol ni de Alex Rodríguez, sino de jugadores en el nivel de  Merkis.

Tampoco podrían explicar la razón por la que sus campeonatos son mucho más débiles que los de la Confederación.

Ni por qué ningún manager o coach de ellos tiene argumentos para poder hacer ese trabajo en cualquier país del área con el éxito de Regino, Dihigo,  Castaño, Cheo Ramos, Patato, Prestón, Virgilio Arteaga… porque la Mexicana hizo un experimento y el tipo tuvo que irse por la cocina y a 100 kms por hora.

Yo sí tengo una respuesta: la pelota cubana, que es la de peor clase del área, todavía tiene algunos jugadores atractivos sin llegar a ser ni Dihigo ni Oliva ni Camilo Pascual, pero la decadencia de las Grandes Ligas es tal que se han permitido llegar sin escala previa y seguir “como Pedro por su casa”.

Lo otro para lo que no tienen valor ni arriesgan con tal de no afectarse su posición comunista, es para decir que, en un % no determinado, la desaparición del beisbol profesional cubano también ha afectado la clase general del Beisbol Organizado. Le guste o no al que lea esto que dije…

 

 

El guarismo perdido: “bateadores de .400 ”‏

Por Andrés Pascual

 

Una curiosidad, en 1930, la Liga Nacional promedió .303 de bateo;
ese año Hack Wilson empujo 191 carreras en el Viejo Circuito y Bill Terry
.401; indudablemente fue un ano para los artilleros…
Pero el promedio de
carreras limpias del líder de la liga, Dazzi Vance, del Brooklin, fue 2.61,
cayendo a 3.76 el segundo y a 3.95 el quinto…Charley Root, de los Cubs de
Chicago, propinó cuatro nueve ceros… Holloman, de los Cardenales,
ponchó a 177… Malone, de los Cubs de Chicago y Kremer, de los Piratas, ganaron
20 cada uno y Fred Fitzsimmons, de los Gigantes, con 19-7, el mejor promedio de
ganados y perdidos con .731… La liga fildeó para .970 y promedió 4.97 carreras
limpias por juego…Es decir, que no se puede batear bien y lanzar igual: cuando
hay pitcheo no hay bateo; pero, si los cañoneros se desbocan, es que la serpentina
perdió el embrujo esa campaña y hablo de años sin ayuda ajena al organismo por
las llamadas sustancias de crecimiento ni las cercas tan cerca como hoy ni de
la pelota superviva ni de los bates alterados; pero, sobre todo, de la cantidad
de lanzadores de un beisbol que ya no admite una franela más, con alrededor del
40 % de lanzadores que, el que se arriesgue a decir que son Triple-A estilo antiguo,
está loco de remate. A ver, ¿Cuántos lanzadores de los Marlins cabían en la
rotación de los Cubans Sugar Kings? Ahora, les aseguro que Orlando Peña, Mike
Cuellar y Raúl Sánchez eran “mejores y más prometedores” que sus iguales en la
franquicia del Sur de la Florida, pero los tiempos cambian, en algunas cosas
para mal y una de ellas es el beisbol, que da asco.
El promedio más alto en
la era moderna en una campaña fue de Napoleon Lajoie con .426 en 1901, primer año
de existencia de la Liga Americana y el más bajo de aquella época, de por vida,
Bill Bergen, que jugo entre 1901-1911 y, en 3028 apariciones a la caja de bateo
lo consumió la anemia con .170
El promedio más elevado para un novato en la
historia es el de Shoeless Jackson con .408 en 1911, mientras jugaba para Cleveland y, si
no ganó el campeonato de bateadores, fue porque a Ty Cobb se le ocurrió compilar
un nada despreciable .420, Shoeless Jackson y Ty Cobb fueron el modelo de bateo
de Babe Ruth: con los pies unidos, cuando el Bambino decidió convertirse en
artillero a tiempo completo.
Si 1941 fuera este, Williams hubiera
entrado al último juego que decidió su astronómico .406 en la cifra de .405 y
hubiera concluido con .411; porque enfrentaba una no auxiliadora regla del
sacrificio, de tal forma que, con corredor en tercera, si se producía una
carrera por out en elevado a los jardines, se le consideraba carrera impulsada
al bateador; pero vez al bate normal.
En la biografía de Ed Linn sobre Ted
Williams, el autor hace una referencia al desarrollo de la regla de sacrificio,
así:

—- En 1908, sacrificio, no vez al bate
—- En 1926, sacrificio si algún corredor avanza
—- En 1931, no hay regla de sacrificio
—- En 1939, sacrificio si el corredor anota
—- En 1940, carrera impulsada; pero se le carga vez al bate al bateador
—- En 1954, se reinstala la regla del sacrificio

Hasta poco tiempo atrás, varios jugadores han estado cercanos
a la cifra de .400 sin concluir con el promedio que, como animales raros de la
región ecuatoriana, está prácticamente en extinción, Comparativamente con lo que hubieran bateado esos peloteros durante lo que imperaba como regla de sacrificio cuando Williams , los números se hubieran comportado así:

En 1948 Stan Musial bateó .376, ese hubiera sido su promedio en 1941
En 1957 Ted Williams bateó .388… en 1941 hubiera sido .386
En 1947 Rod Crew produjo para .388, pero, en 1941, hubiera caído a .385
En 1980 George Brett .390…pero, en 1941 .384
En 1987 Tony Gwynn .370…y en el año citado .368
En 1993 Andrés Galarraga .370…en 1941 .366
En 1994 Tony Wynn .394…en 1941 .389

En realidad, con una regla de sacrificio como la que enfrentó Williams en su año de .400, todavía es ese el promedio más alto de cualquier bateador fuera del propio artillero del Boston.

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Pie de grabado: Batear .400 no es cosa de juego, nunca

OBJETIVO CURT SCHILLING‏

Por Andrés Pascual

“La maldición de Babe Ruth” la hizo tierra el derecho Curt Schilling, que llegó a un club históricamente poco corajudo para ganar “el último”, e impuso su personalidad de pitcher valiente contra la actitud de “rabo entre las piernas” del equipo para el que bateaba Ted Williams.

La historia del Boston de la Americana se recrea alrededor de “la guerra a muerte contra los Yanquis”, hasta cierto punto buena, pero, no absoluta, porque hubo épocas en que los Elefantes Blancos de Filadelfia o el Detroit cumplían a cabalidad y mucho mejor, porque ganaban, el papel de eternos rivales de los Mulos.

Casi nadie que escribe quiere acordarse de un pitcher de nombre Frank Lary, de los Bengaleses, cuyo récord contra la novena de Mantle, Ford y Berra fue 28-13, en una etapa (los cincuentas), en que el club de la ciudad automotriz no fue un serio contendiente por “el trapo” de campeones del Joven Circuito, pero se comportaron como “el Tata Cuñengue” del club del Bronx.

La tremendísima actuación de Schilling en la Serie Mundial que rompió “el maleficio” y obligó a jugar pelota a los paisanos de Ted Kennedy fue de tal impacto, que su media ensangrentada está en un museo con los spikes que calzó.

Curt Schilling tiene etiqueta de inmortal, sin embargo, parece que se le está “enyerbando el solar” que debe atravesar para instalarse en Cooperstown.

Comúnmente se oye decir, cuando no le conviene al interesado, que, “no se debe mezclar lo política con lo deportivo”, a sabiendas de que todo es político y que cualquier consecuencia se deriva de actos originados, muchas veces, en oficinas políticas, por lo que nunca podrá nadie separar una cosa de la otra.

Ahora mismo, hay una conspiración orquestada contra Curt Schilling, a partir de cierta investigación federal sobre préstamos que recibió; el pitcher, como se sabe, está en quiebra financiera por malas inversiones.

Pero, porque le conviene poner sobre la mesa en contra del pitcher “lo político”, Bryan Gumpbell, presentador izquierdista-liberal de Real Sports de la cadena HBO, no solo colocó a Schilling entre “las vergüenzas del mes” junto a Mayweather jr y Lance Armstrong, sino que aderezó la ensalada con “es miembro del Tea Party y se opone a préstamos bancarios y al crecimiento del gobierno”, después lo llamó bocón.

El colmo de los liberales está llegando tan lejos que han echado a rodar otra historia sobre el calcetín y los spikes ensangrentados que usó el lanzador en la Serie Mundial del 20003, consistente en que no fue verdad lo de la sangre, con el objetivo de crear duda y malestar sobre la integridad del pitcher y poder hacer lo que les dé la gana a la hora de dar a conocer los resultados de la votación al Templo, sin que nadie se moleste. Curiosamente, nada dicen del Boston, que, si ocurrió el fraude, seguramente fue elucubrado en las oficinas políticas del partido que atiende a los Medias Rojas, como refuerzo de impacto a la actuación del club, después de tanto tiempo sin ganar.

Para concluir, Wade Boggs fue a Cuba con su esposa y se desvivió más por Castro que la fea anciana que le acompaña desde hace 45 años.

Firmó una pelota para el tirano y le solicitó a este que le firmara otra, a mi juicio, tiene derecho, a fin de cuentas, Castro no le robó nada, no le fusiló a nadie ni le puso en prisión por largas sanciones a ningún familiar ni a él mismo.

Pero hay un problema, los Castro son una dinastía familiar de esencia asesina durante 54 años de dictadura y eso debería saberlo el ex tercera base y nadie puede hacerme creer que, oriundo de Tampa, desconozca la tragedia cubana.

La noticia del viaje a la Cuba oprimida de Boggs está en todos los sitios y periódicos liberales (la mayoría del país), sin críticas ni sugerencias.

Por el mínimo respeto a la libertad de opinión, que tan bien manejan a favor del filo-comunismo los editores izquierdistas del deporte en Estados Unidos, espero no tener problemas con este “derecho a réplica”, redactado bajo el mismo manto y con más derecho que el que encubre la inmundicia que se genera aquí, lo mismo en el terreno de juego que en la oficina de la sección deportiva de editores de periódicos y revistas impresas, de televisión o de internet.

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Esa media ensangrentada es el símbolo del valor en el terreno de juego

INVITACIÓN AL BOCHORNO‏


Por Andrés Pascual

       No es posible entender ciertas cosas como dichas por supuestos líderes en el beisbol de Grandes Ligas. El manager de los Marlins de Miami, Ossie Guillén, instó al club a abochornarse, "deberíamos abochornarnos…", eso dijo y no ha salido una sola crítica contra ese desparpajo, rara combinación de derrotismo con complejo de inferioridad prefabricado.

       Cuando los Marlins contrataron al paisano de Aparicio fui uno de los pocos, no sé si el único, que me arriesgué, porque lo creí fervorosamente, a considerar el movimiento que trajo al director a Miami como lo mejor de la temporada en el mercado de cambios y adquisiciones del mercenarismo beisbolero o "agencia libre".

      En un artículo que titulé "La mejor adquisición ha sido Guillén", expuse las razones por las que creí que el controversial piloto era positivo para la franquicia. Hoy no sé si tuve razón contra el silencio protector de toda la prensa miamense, que se mostró cauta y vigilante. Aunque no es mi estilo conceder contra lo que estimo, sucedieron cosas…

      De un manager protector de sus jugadores, de protestas sonadas por incomodidades ante la decisión del magistrado de home o de cualquier base, con un palmarés de "valiente capaz de comer candela y defecar ceniza", se produce la famosa frase política que incomodó al exilio cubano, y Guillén no encontró algo menos indigno que autodestruirse con una petición de perdón que sí fue un verdadero bochorno.

      Aquella actitud desvistió un "santo guerrero", le desnudó en medio de la multitud y dejó sin sentido cualquier adjetivo que le tratara de calificar como líder de la novena, necesario obligatoriamente para poder imponer la personalidad que solo provoca el team work, porque el club surfloridano, hasta hoy, carece de liderazgo entre sus jugadores: por diferentes motivos como los egos desmedidos inoportunos, quizás equivocados, en los Marlins no existe el jugador que influya en el resto como debe un verdadero líder y, sin líder no hay trabajo de equipo.

      Cuando la derrota continuada comienza a afectar el alma del pelotero empiezan los comentarios, las acusaciones ácidas sobre sospechas entre cada cual, injustas a veces y el equipo se convierte en la célebre "olla de grillos", un par de escalones más abajo del rutinario "tocar fondo".

      Lo tradicional en el beisbol es lo histórico, por eso, de igual forma que "detrás de un error viene un hit", cuando a un equipo le falla el bateo no se demora mucho para que se desplomen los 3 departamentos a la vez: el abridor no aguanta 4 entradas, el relevo no puede sacar un out y un elevado manso entre segunda base y jardinero derecho pasa entre ambos rumbo al suelo como "Pedro por su casa", es ley inexplicable del juego y, por lo que se ve, los Marlins están en ese hueco ya.

      Pero, la manera como asume el momento el manager Guillén, no es la más adecuada para revitalizar a un club que tiene jugadores de clase suficiente como para responderle a la fanaticada en la postemporada, es una falta de respeto a sí mismo, al club y al público, entre otras cosas, porque tiene un 60% de la responsabilidad ante la catástrofe, si tomamos en cuenta que, "lo malo no es pensar de una forma, políticamente hablando, si no vocearlo por ahí a los cuatro vientos".

      De momento, debería pedir la cesantía de su entrenador de bateo, el boricua Eduardo Pérez, que parece que está ahí como figura decorativa pagada y obligada, quién sabe por consideración exagerada a quién.

 




 Fue una expresión derrotista y ajena al propósito ganador